Bosko

Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Isaías 40:11-17

Como pastor apacentará su rebaño: en su brazo cogerá los corderos, y en su sobaco los llevará: pastoreará suavemente las paridas. ¶ ¿Quién midió las aguas con su puño; y aderezó los cielos con su palmo; y con tres dedos apañó el polvo de la tierra; y pesó los montes con balanza; y los collados con peso? ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién demandó consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la carrera de prudencia? He aquí que las naciones son estimadas como la gota de un acetre; y como el orín del peso: he aquí que hace desaparecer las islas como un polvo. Ni todo el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para sacrificio. Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es.

Primera lectura

Génesis 11

Era entonces toda la tierra de una lengua, y de unas mismas palabras. Y aconteció, que como se partieron de oriente, hallaron campo en la tierra de Sennaar, y asentaron allí. Y dijeron los unos a los otros: Dad acá, hagamos ladrillo, y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. Y dijeron: Dad acá: Edifiquémosnos una ciudad, y una torre, que tenga la cabeza en el cielo: y hagámosnos nombrados; por ventura nos esparciremos sobre la haz de toda la tierra. ¶ Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. Y dijo Jehová: He aquí, el pueblo es uno, y todos estos tienen un lenguaje, y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de ejecutar todo lo que han pensado hacer. Ahora pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero. Así los esparció Jehová de allí sobre la haz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló Jehová el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la haz de toda la tierra. ¶ Estas son las generaciones de Sem: Sem de edad de cien años engendró a Arfajad, dos años después del diluvio. Y vivió Sem, después que engendró a Arfajad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. Y Arfajad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sale. Y vivió Arfajad, después que engendró a Sale, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sale treinta años, y engendró a Jeber. Y vivió Sale, después que engendró a Jeber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Jeber treinta y cuatro años, y engendró a Faleg. Y vivió Jeber, después que engendró a Faleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Faleg treinta años, y engendró a Reu. Y vivió Faleg, después que engendró a Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Sarug. Y vivió Reu, después que engendró a Sarug, doscientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sarug treinta años, y engendró a Nacor. Y vivió Sarug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Nacor veinte y nueve años, y engendró a Tare. Y vivió Nacor, después que engendró a Tare, ciento y diez y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Tare setenta años, y engendró a Abram, a Nacor, y a Arán. Y estas son las generaciones de Tare. Tare engendró a Abram, y a Nacor, y a Arán; y Arán engendró a Lot. Y murió Arán antes de su padre Tare, en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos. Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram fue Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Melca, hija de Arán, padre de Melca, y padre de Jesca. Y Sarai fue estéril, que no tenía hijo. ¶ Y tomó Tare a Abram su hijo, y a Lot hijo de Arán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán: y asentaron allí. Y fueron los días de Tare doscientos y cinco años, y murió Tare en Harán.

Primera lectura

Génesis 12:1-9

Empero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré: Y hacerte he en gran gente, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y fuése Abram, como Jehová le dijo, y fue con él Lot: y era Abram de edad de setenta y cinco años, cuando salió de Harán. Y tomó Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y toda su hacienda que habían ganado, y las almas que habían hecho en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán: y llegaron a tierra de Canaán. Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el alcornoque de More: y el Cananeo estaba entonces en la tierra. Y apareció Jehová a Abram, y díjole: A tu simiente daré esta tierra. Y edificó allí altar a Jehová, que le había aparecido. Y pasóse de allí al monte, al oriente de Bet-el, y tendió allí su tienda, Bet-el al occidente, y Hai al oriente. Y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová. Y movió Abram de allí caminando, y yendo hacia el mediodía.

Oración matutina — primera lectura

Génesis 19

Vinieron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la tarde: y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma: y viéndolos Lot, levantóse a recibirlos, e inclinóse la faz a tierra. Y dijo: He aquí ahora, mis señores, ruégoos que vengáis a casa de vuestro siervo, y dormiréis, y lavaréis vuestros pies: y por la mañana os levantaréis, e iréis vuestro camino. Y ellos respondieron: No, que en la plaza dormiremos. Mas él porfió con ellos mucho, y viniéronse con él, y entraron en su casa, e hízoles banquete, y coció panes sin levadura, y comieron. Y antes que se acostasen, los varones de la ciudad, los varones de Sodoma, cercaron la casa desde el mozo hasta el viejo, todo el pueblo de cabo a cabo. Y llamaron a Lot, y dijéronle: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácanoslos, para que los conozcamos. Entonces Lot salió a ellos a la puerta, y cerró las puertas tras sí; Y dijo: Hermanos míos, ruégoos que no hagáis mal. He aquí ahora, yo tengo dos hijas, que no han conocido varón; sacarlas he ahora a vosotros, y hacéd de ellas como bien os parecerá: solamente a estos varones no hagáis nada, porque por eso vinieron a la sombra de mi tejado. Y ellos respondieron: Quita allá. Y dijeron aun: Vino solo para habitar: ¿y juzgará juzgando? Ahora te haremos más mal que a ellos. Y hacían gran violencia al varón, a Lot: y llegáronse para quebrar las puertas. Entonces los varones extendieron su mano, y metieron a Lot consigo en casa, y cerraron las puertas. Y a los varones, que estaban a la puerta de la casa, hirieron con ceguedades, desde el pequeño hasta el grande; mas ellos se fatigaban por hallar la puerta. ¶ Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aun aquí alguno? Yernos, y tus hijos, y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, saca de este lugar. Porque destruimos este lugar, porque el clamor de ellos se ha engrandecido delante de Jehová; por tanto Jehová nos ha enviado para destruirlo. Entonces salió Lot, y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y díjoles: Levantáos, salíd de este lugar; porque ha de destruir Jehová esta ciudad: mas fue tenido como burlador en los ojos de sus yernos. Y como el alba subía, los ángeles dieron priesa a Lot, diciendo: Levántate, toma a tu mujer, y tus dos hijas, que se hallan aquí, porque no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano, y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas, en la misericordia de Jehová que era sobre él: y sacáronle, y pusiéronle fuera de la ciudad. Y fue, que sacándoles fuera, dijo: Escápate: sobre tu alma no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura, en el monte escápate, porque no perezcas. Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos: He aquí ahora, ha hallado tu siervo gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia, que has hecho conmigo, dándome la vida: mas yo no podré escaparme en el monte, que quizá no se me pegue el mal, y muera. He aquí ahora, esta ciudad está cercana para huir allá, la cual es pequeña, escaparme he ahora allí; ¿no es pequeña, y vivirá mi alma? Y respondióle: He aquí, yo he recibido tus ruegos también por esto, para no destruir la ciudad de que has hablado. Dáte priesa, escápate allá; porque no podré hacer nada, hasta que hayas llegado allá. Por esto fue llamado el nombre de la ciudad Segor. El sol salía sobre la tierra, cuando Lot llegó a Segor. Y Jehová llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de Jehová desde los cielos: Y trastornó las ciudades, y toda aquella llanura con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. ¶ Entonces su mujer miró atrás de él, y fue vuelta estatua de sal. Y levantóse Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová; Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra, como el humo de un horno. Y fue, que destruyendo Dios las ciudades de la llanura, Dios se acordó de Abraham, y envió a Lot de en medio de la destrucción, destruyendo las ciudades donde Lot estaba. ¶ Empero Lot subió de Segor, y asentó en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedar en Segor, y asentó en una cueva él y sus dos hijas. Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra: Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre generación. Y dieron a beber vino a su padre aquella noche: y entró la mayor, y durmió con su padre; y él no supo cuando la hija se acostó, ni cuando se levantó. El día siguiente dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra, duerme con él, y conservaremos de nuestro padre generación. Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y levantóse la menor, y durmió con él; y él no supo cuando la hija se acostó, ni cuando se levantó. Y concibieron las dos hijas de Lot, de su padre. Y parió la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab: el cual es padre de los Moabitas hasta hoy. La menor también parió un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los Ammonitas hasta hoy.

Epístola

Romanos 12:1-5

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os conforméis a este siglo; mas transformáos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cual sea la voluntad de Dios, la buena, agradable y perfecta. Digo pues, por la gracia que me es dada, a cada uno de los que están entre vosotros, que no piense de si mismo más elevadamente de lo que debe pensar; sino que piense discretamente, cada uno conforme a la medida de fe que Dios le repartió. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, empero todos los miembros no tienen el mismo oficio: Así nosotros siendo muchos, somos un mismo cuerpo en Cristo, y cada uno, miembros los unos de los otros.

Primera lectura

Génesis 11

Era entonces toda la tierra de una lengua, y de unas mismas palabras. Y aconteció, que como se partieron de oriente, hallaron campo en la tierra de Sennaar, y asentaron allí. Y dijeron los unos a los otros: Dad acá, hagamos ladrillo, y cozámoslo con fuego. Y fuéles el ladrillo en lugar de piedra, y el betún en lugar de mezcla. Y dijeron: Dad acá: Edifiquémosnos una ciudad, y una torre, que tenga la cabeza en el cielo: y hagámosnos nombrados; por ventura nos esparciremos sobre la haz de toda la tierra. ¶ Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre, que edificaban los hijos del hombre. Y dijo Jehová: He aquí, el pueblo es uno, y todos estos tienen un lenguaje, y ahora comienzan a hacer, y ahora no dejarán de ejecutar todo lo que han pensado hacer. Ahora pues, descendamos, y mezclemos allí sus lenguas, que ninguno entienda la lengua de su compañero. Así los esparció Jehová de allí sobre la haz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí mezcló Jehová el lenguaje de toda la tierra, y de allí los esparció sobre la haz de toda la tierra. ¶ Estas son las generaciones de Sem: Sem de edad de cien años engendró a Arfajad, dos años después del diluvio. Y vivió Sem, después que engendró a Arfajad, quinientos años, y engendró hijos e hijas. Y Arfajad vivió treinta y cinco años, y engendró a Sale. Y vivió Arfajad, después que engendró a Sale, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sale treinta años, y engendró a Jeber. Y vivió Sale, después que engendró a Jeber, cuatrocientos y tres años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Jeber treinta y cuatro años, y engendró a Faleg. Y vivió Jeber, después que engendró a Faleg, cuatrocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Faleg treinta años, y engendró a Reu. Y vivió Faleg, después que engendró a Reu, doscientos y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Sarug. Y vivió Reu, después que engendró a Sarug, doscientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Sarug treinta años, y engendró a Nacor. Y vivió Sarug, después que engendró a Nacor, doscientos años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Nacor veinte y nueve años, y engendró a Tare. Y vivió Nacor, después que engendró a Tare, ciento y diez y nueve años, y engendró hijos e hijas. Y vivió Tare setenta años, y engendró a Abram, a Nacor, y a Arán. Y estas son las generaciones de Tare. Tare engendró a Abram, y a Nacor, y a Arán; y Arán engendró a Lot. Y murió Arán antes de su padre Tare, en la tierra de su naturaleza, en Ur de los Caldeos. Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres: el nombre de la mujer de Abram fue Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Melca, hija de Arán, padre de Melca, y padre de Jesca. Y Sarai fue estéril, que no tenía hijo. ¶ Y tomó Tare a Abram su hijo, y a Lot hijo de Arán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo: y salió con ellos de Ur de los Caldeos, para ir a la tierra de Canaán: y vinieron hasta Harán: y asentaron allí. Y fueron los días de Tare doscientos y cinco años, y murió Tare en Harán.

Oración matutina — segunda lectura

Mateo 9

Entonces entrando en una nave, pasó a la otra parte, y vino a su ciudad. Y, he aquí, le trajeron un paralítico echado en una cama; y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados. Y, he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Cuál es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico:) Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó, y se fue a su casa. Y las gentes viéndolo, se maravillaron, y glorificaron a Dios, que hubiese dado tal potestad a hombres. ¶ Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre, que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo, y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a comer en la casa, he aquí, que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Y viendo esto los Fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dijo: Los que están sanos, no tienen necesidad de médico; sino los enfermos. Andád, antes aprendéd que cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido a llamar los justos, sino los pecadores a arrepentimiento. ¶ Entonces los discípulos de Juan vienen a él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Y les dijo Jesús: ¿Pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán. Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura. Ni echan vino nuevo en cueros viejos; de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente. ¶ Hablando él estas cosas a ellos, he aquí, cierto principal vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco ha; mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. Y, he aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido; Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré sana. Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora. Y venido Jesús a casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y el gentío que hacía bullicio, Díceles: Apartáos, que la joven no es muerta; sino que duerme. Y se burlaban de él. Y como la gente fue echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la joven se levantó. Y salió esta fama por toda aquella tierra. Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. Y venido a casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirád, que nadie lo sepa. Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. ¶ Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. Mas los Fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda dolencia en el pueblo. Y viendo las multitudes, tuvo misericordia de ellas; que eran derramadas y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha; mas los obreros, pocos. Rogád pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Salmo responsorial

Salmos 17

Oye, o! Jehová, la justicia; está atento a mi clamor: escucha mi oración, hecha sin labios de engaño. De delante de tu rostro salga mi juicio: vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón; me has visitado de noche; refinásteme, y no hallaste: lo que pensé no pasó mi boca. Para las obras humanas, por la palabra de tus labios yo observé los caminos del violento. Sustenta mis pasos en tus caminos, porque mis pies no resbalen. Yo te he invocado, por cuanto tú me oyes, o! Dios; inclina a mí tu oreja, oye mi palabra. Haz maravillosas tus misericordias, salvador de los que en ti confían, de los que se levantan contra tu diestra. Guárdame como a lo negro de la niñeta del ojo, escóndeme con la sombra de tus alas. De delante de los malos que me oprimieron: de mis enemigos que me cercan por la vida. Cerrados con su grosura: con su boca hablan soberbiamente. Nuestros pasos nos han cercado ahora: ponen sus ojos para tendernos a tierra; Parecen al león que desea hacer presa: y al leoncillo que está escondido. Levántate, o! Jehová; anticipa su rostro: póstrale: escapa mi alma del malo con tu espada; De los varones con tu mano, o! Jehová: de los varones de mundo cuya parte es en esta vida: cuyo vientre hinches de tu tesoro: hartan sus hijos, y dejan la resta a sus chiquitos. Yo en justicia veré tu rostro: hartarme he cuando despertare a tu semejanza.

Evangelio

Lucas 2:42-52

¶ Y como fue de doce años, ellos subieron a Jerusalem conforme a la costumbre de la fiesta. Y acabados los días, volviendo ellos, se quedó el niño Jesús en Jerusalem, sin saberlo José y su madre. Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un día; y le buscaban entre los parientes, y entre los conocidos. Y como no le hallasen, volvieron a Jerusalem, buscándole. Y aconteció, que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles, y preguntándoles. Y todos los que le oían, estaban fuera de sí por su entendimiento y respuestas. Y como le vieron, se espantaron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor. Entonces él les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios que son de mi Padre me conviene estar? Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. ¶ Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura, y en favor acerca de Dios y de los hombres.

Salmo responsorial

Salmos 10

¿Por qué estás lejos, Jehová? ¿por qué te escondes en los tiempos de la angustia? Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean tomados en los pensamientos que pensaron. Por cuanto se alabó el malo del deseo de su alma: y diciendo bien del robador, blasfema de Jehová. El malo por la altivez de su rostro no busca a Dios: no hay Dios en todos sus pensamientos. Sus caminos atormentan en todo tiempo: altura son tus juicios delante de él: en todos sus enemigos resopla. Dice en su corazón: No seré movido de generación a generación, porque no fui en mal. De maldición hinchió su boca, y de engaños y fraude: debajo de su lengua molestia y maldad. Está en las asechanzas de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente: sus ojos están mirando por el pobre. Asecha de encubierto, como el león desde su cama: asecha para arrebatar al pobre: arrebata al pobre trayéndole en su red. Encógese, abájase, y cae en sus fuerzas multitud de afligidos. Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro, nunca lo vio. ¶ Levántate, o! Jehová Dios, alza tu mano: no te olvides de los pobres. ¿Por qué ensaña el malo a Dios? dijo en su corazón: No inquirirás. Tú has visto: porque tú miras el trabajo, y el enojo, para dar en tus manos: a ti se remite el pobre; al huérfano tú fuiste ayudador. Quebranta el brazo del depravado y del maligno: buscarás su maldad, y no la hallarás. Jehová, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruidas las gentes. El deseo de los humildes oíste, o! Jehová: tú dispones su corazón, y haces atento tu oído: Para juzgar al huérfano y al pobre; no volverá más a quebrantar el hombre de la tierra.

Salmo responsorial

Salmos 11

En Jehová he confiado, ¿cómo decís a mi alma: Muévete a vuestro monte, como ave? Porque, he aquí, los malos flecharon el arco: apercibieron sus saetas sobre la cuerda para asaetear en oculto a los rectos de corazón. Porque los fundamentos serán derribados: ¿el justo qué ha hecho? Jehová en el templo de su santidad: Jehová en el cielo su trono: sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo, y al malo, y al que ama la rapiña aborrece su alma. Lloverá sobre los malos lazos, fuego y azufre; y viento de torbellinos será la parte de su vaso. Porque el justo Jehová amó las justicias: al recto mirará su rostro.

Salmo responsorial

Salmos 11

En Jehová he confiado, ¿cómo decís a mi alma: Muévete a vuestro monte, como ave? Porque, he aquí, los malos flecharon el arco: apercibieron sus saetas sobre la cuerda para asaetear en oculto a los rectos de corazón. Porque los fundamentos serán derribados: ¿el justo qué ha hecho? Jehová en el templo de su santidad: Jehová en el cielo su trono: sus ojos ven, sus párpados prueban a los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo, y al malo, y al que ama la rapiña aborrece su alma. Lloverá sobre los malos lazos, fuego y azufre; y viento de torbellinos será la parte de su vaso. Porque el justo Jehová amó las justicias: al recto mirará su rostro.

Oración vespertina — primera lectura

Génesis 20

De allí se partió Abraham a la tierra del mediodía, y asentó entre Cádes y Sur; y peregrinó en Gerar. Y decía Abraham de Sara su mujer: Mi hermana es. Y Abimelec, rey de Gerar, envió, y tomó a Sara. Empero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y díjole: He aquí, muerto eres por la mujer que tomaste, la cual es casada con marido. Mas Abimelec no había llegado a ella, y dijo: Señor: ¿matarás también la gente justa? ¿El no me dijo: Mi hermana es; y ella también dijo: Mi hermano es? Con sencillez de mi corazón, y con limpieza de mis manos he hecho esto. Y díjole Dios en sueños: Yo también sé que con entereza de tu corazón has hecho esto: y yo también te detuve de pecar contra mí, por tanto no te permití que tocases en ella. Ahora, pues, vuelve la mujer a su marido, porque es profeta; y orará por ti, y vive. Y si tú no la volvieres, sepas que muriendo morirás con todo lo que fuere tuyo. Entonces Abimelec se levantó de mañana, y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos, y temieron los hombres en gran manera. Después llamó Abimelec a Abraham, y díjole: ¿Qué nos has hecho? ¿y qué pequé yo contra ti, que has metido sobre mí, y sobre mi reino tan gran pecado? Obras que no son de hacer has hecho conmigo. Y dijo más Abimelec a Abraham: ¿Qué viste, para que hicieses esto? Y Abraham respondió: Porque dije: Cierto no hay temor de Dios en este lugar: y matarme han por causa de mi mujer. Y también cierto mi hermana es, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y toméla por mujer. Y fue, que cuando Dios me hizo salir vagabundo de la casa de mi padre, yo le dije: Esta será tu misericordia que harás conmigo, que en todos los lugares donde viniéremos, digas de mí, Mi hermano es. Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos, y siervas, y dio a Abraham, y volvióle a Sara su mujer: Y dijo Abimelec: He aquí, mi tierra está delante de ti, en lo que bien te pareciere, habita. Y a Sara dijo: He aquí, he dado mil pesos de plata a tu hermano; he aquí, él te es por velo de ojos a todos los que estuvieron contigo, y con todos: y escarmienta. Entonces Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y parieron. Porque cerrando había cerrado Jehová toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.

Segunda lectura

Juan 11

Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad se quedó dos días en aquel lugar donde estaba. Luego después de esto dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez. Dícenle sus discípulos: Rabbi, ahora poco procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, bueno estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba de dormir de sueño. Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues Jesús, y hallólo, que había cuatro días que estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios. Y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de su hermano. Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, le salió a recibir; mas María estaba sentada en casa. Entonces Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres a Dios, te lo dará Dios. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; Y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Ella le dice: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo. Y esto dicho, se fue, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama. Ella, como lo oyó, se levanta prestamente, y viene a él. (Porque aun no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había salido a recibir.) Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús entonces como la vio llorando, y a los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, gimió en espíritu, y se turbó, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y lo verás. Jesús lloraba. Dijeron entonces los Judíos: ¡He aquí cómo le amaba! Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriera? Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, que era una cueva, la cual tenía una piedra puesta encima. Dice Jesús: Quitád la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya; que es muerto de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy porque me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa del pueblo que está al rededor lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. Entonces el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatádle, y dejádle ir. ¶ Entonces muchos de los Judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Mas algunos de ellos fueron a los Fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, Ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que desde aquel día consultaban juntos para matarle. De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas se fue de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraím; y estábase allí con sus discípulos. Y la pascua de los Judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse. Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá a la fiesta? Mas los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese donde estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen.

Segunda lectura

Romanos 11

Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis lo que dice en Elías la Escritura? cómo se queja a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han muerto, y a tus altares han minado, y yo he quedado solo, y procuran quitarme mi vida. Mas ¿qué le dice la divina respuesta? Yo me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla delante de la imagen de Baal. Así también, pues, en este tiempo ha quedado un residuo según la elección de la gracia. Y si por gracia, luego no es por obras: de otro modo la gracia ya no es gracia. Mas si por obras, ya no es gracia: de otra manera la obra ya no es obra. ¶ ¿Pues qué? Lo que buscaba Israel, aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado; y los demás fueron endurecidos. (Como está escrito: Dióles Dios espíritu de adormecimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan;) hasta el día de hoy. Y David dice: Séales hecha su mesa un lazo, y una red, y un tropezadero, y una retribución; Sus ojos sean oscurecidos para que no vean; y agóbiales siempre el espinazo. ¶ Digo pues: ¿Tropezaron luego de tal manera que cayesen del todo? En ninguna manera; antes mas bien por la caída de ellos vino la salud a los Gentiles, para que por ellos fuesen provocados a zelos. Y si la caída de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más la plenitud de ellos? Porque, a vosotros hablo, Gentiles, en cuanto a la verdad yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio ensalzo, Si en alguna manera provocase a emulación a los de mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos. Porque si el desechamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos? Porque si el primer fruto es santo, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son los ramos. Y si algunos de los ramos fueron quebrados, y tú siendo acebuche has sido injerido en lugar de ellos, y has sido hecho participante de la raíz, y de la grosura de la oliva; No te jactes contra los ramos; mas si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Dirás pues: Los ramos fueron quebrados para que yo fuese injerido. Bien: por su incredulidad fueron quebrados, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme; Porque si Dios no perdonó a los ramos naturales, teme que a ti tampoco te perdone. Mira pues la bondad, y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en su bondad; de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injeridos; que poderoso es Dios para volverlos a injerir. Porque si tú fuiste cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste injerido en la buena oliva, ¿cuánto más estos, que son los ramos naturales, serán injeridos en su oliva? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes; y es, que el endurecimiento en parte ha acontecido a Israel, hasta tanto que entrase la plenitud de los Gentiles. Y así todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad. Y éste es mi concierto con ellos, cuando quitaré sus pecados. Así que, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; mas en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres. Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios. Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por ocasión de la incredulidad de ellos; Así también estos ahora no han creído, para que en vuestra misericordia, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. ¶ ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría, y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e investigables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él son todas las cosas. A él sea gloria por los siglos. Amén.

Segunda lectura

Romanos 8:1-11

Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible a la ley, en cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de la carne del pecado, y por pecado, condenó al pecado en la carne; Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son según la carne, piensan en las cosas que son de la carne; mas los que son según el Espíritu, en las cosas que son del Espíritu. Porque el ánimo carnal es muerte; mas el ánimo espiritual, vida y paz; Por cuanto el ánimo carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tan tampoco puede. Así que, los que son según la carne, no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no sois según la carne, sino según el Espíritu: si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. Empero si Cristo es en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado; mas el Espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús, mora en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

Segunda lectura

2 Corintios 7:1-9

Así que, amados míos, pues que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Admitídnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos defraudado. No para condenaros lo digo; que ya he dicho antes, que estáis en nuestros corazones para morir, y para vivir con vosotros. Mucho atrevimiento tengo para con vosotros, mucha gloria tengo de vosotros: lleno estoy de consolación: sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes en todo fuimos atribulados: de fuera había contiendas, de dentro temores. Mas Dios que consuela a los que están abatidos, nos consoló con la venida de Tito. Y no solo con su venida, mas también con la consolación con que él fue consolado de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro zelo por mí, así que me regocijé tanto más. Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento: aunque me arrepentí, porque veo que aquella carta, aunque por poco tiempo, os contristó. Ahora me huelgo: no porque hayáis sido contristados, mas porque hayáis sido contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, de manera que ninguna pérdida hayáis padecido por nosotros.

Evangelio

Juan 11

Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad se quedó dos días en aquel lugar donde estaba. Luego después de esto dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez. Dícenle sus discípulos: Rabbi, ahora poco procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, bueno estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba de dormir de sueño. Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues Jesús, y hallólo, que había cuatro días que estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios. Y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de su hermano. Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, le salió a recibir; mas María estaba sentada en casa. Entonces Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres a Dios, te lo dará Dios. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; Y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Ella le dice: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo. Y esto dicho, se fue, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama. Ella, como lo oyó, se levanta prestamente, y viene a él. (Porque aun no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había salido a recibir.) Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús entonces como la vio llorando, y a los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, gimió en espíritu, y se turbó, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y lo verás. Jesús lloraba. Dijeron entonces los Judíos: ¡He aquí cómo le amaba! Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriera? Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, que era una cueva, la cual tenía una piedra puesta encima. Dice Jesús: Quitád la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya; que es muerto de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy porque me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa del pueblo que está al rededor lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. Entonces el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatádle, y dejádle ir. ¶ Entonces muchos de los Judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Mas algunos de ellos fueron a los Fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, Ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que desde aquel día consultaban juntos para matarle. De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas se fue de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraím; y estábase allí con sus discípulos. Y la pascua de los Judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse. Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá a la fiesta? Mas los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese donde estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen.

Oración vespertina — segunda lectura

Romanos 9

Verdad digo en Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo: Que tengo gran tristeza, y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema de Cristo por causa de mis hermanos, los que son mis parientes según la carne: Que son Israelitas, de los cuales es la adopción, y la gloria, y los conciertos, y la ley dada, y el culto, y las promesas; Cuyos son los padres, y de los cuales vino Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. No empero que la palabra de Dios haya faltado; porque no todos los que son de Israel son Israelitas: Ni por ser simiente de Abraham luego son todos hijos; mas: En Isaac te será llamada simiente. Quiere decir: No los que son hijos de la carne, estos son los hijos de Dios; mas los que son hijos de la promesa, estos son contados en la generación. Porque la palabra de la promesa es esta: Como en este tiempo vendré; y tendrá Sara un hijo. Y no solo esta, mas también Rebeca concibiendo de una vez, a saber, de Isaac nuestro padre; (Porque no siendo aun nacidos, ni habiendo hecho aun ni bien ni mal, para que permaneciese el propósito de Dios conforme a la elección, no por las obras, sino por el que llama;) Le fue dicho, que el mayor serviría al menor: Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué diremos pues? ¿Qué hay injusticia acerca de Dios? En ninguna manera. Porque a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia; y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que corre; sino de Dios, que tiene misericordia. Porque la Escritura dice de Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece. ¶ Me dirás pues: ¿Por qué pues se enoja? ¿porque quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿tú, quién eres, para que alterques con Dios? ¿o dirá el vaso de barro al que le labró: Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el ollero, para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza? ¿Y qué, si Dios queriendo mostrar su ira, y hacer notorio su poder, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira, preparados para destrucción; Y haciendo notorias las riquezas de su gloria para con los vasos de misericordia, que él ha antes preparado para gloria; A los cuales también llamó, es a saber, a nosotros, no solo de los Judíos, mas también de los Gentiles? Como también en Oséas dice: Llamaré al que no era mi pueblo, pueblo mío; y amada, a la que no era amada. Y será que en el lugar donde antes les era dicho: Vosotros no sois pueblo mío; allí serán llamados hijos del Dios viviente. Isaías también clama tocante a Israel: Aunque fuere el número de los hijos de Israel como la arena de la mar, un residuo será salvo. Porque él consumará la obra, y la abreviará en justicia; porque obra abreviada hará el Señor sobre la tierra. Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma fuéramos hechos, y como Gomorra fuéramos semejantes. ¶ ¿Qué diremos pues? Que los Gentiles que no seguían justicia han alcanzado la justicia: es a saber, la justicia que es por la fe; E Israel que seguía la ley de justicia, no ha alcanzado a la ley de la justicia. ¿Por qué? Porque no la buscaron por fe; mas como por las obras de la ley. Por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo; Como está escrito: He aquí, pongo en Sión piedra de tropiezo, y roca de caída; y todo aquel que creyere en él, no será avergonzado.

Evangelio

Mateo 5:38-48

¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo; y diente por diente: Mas yo os digo: que no resistáis al mal: antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quisiere ponerte a pleito, y tomarte tu ropa, déjale también la capa. Y a cualquiera que te forzare a ir una milla, ve con él dos. Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses. ¶ Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo; y aborrecerás a tu enemigo. Yo pues os digo: Amád a vuestros enemigos: bendecíd a los que os maldicen: hacéd bien a los que os aborrecen, y orád por los que os calumnian y os persiguen; Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos e injustos. Porque si amareis a los que os aman, ¿qué galardón tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos? Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Evangelio

Juan 2:1-11

Y al tercero día hiciéronse unas bodas en Cana de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fue también llamado Jesús, y sus discípulos a las bodas. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Y le dice Jesús: ¿Qué tengo yo que ver contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. Su madre dice a los que servían: Hacéd todo lo que él os dijere. Y estaban allí seis tinajuelas de piedra, conforme a la purificación de los Judíos, que cabía en cada una dos o tres cántaros. Díceles Jesús: Llenád estas tinajuelas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Y díceles: Sacád ahora, y presentád al maestresala. Y presentáronle. Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, y no sabía de donde era; (mas los que servían, lo sabían, que habían sacado el agua:) el maestresala llama al esposo, Y le dice: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando ya están hartos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. Este principio de milagros hizo Jesús en Cana de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

Evangelio

Juan 11

Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad se quedó dos días en aquel lugar donde estaba. Luego después de esto dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez. Dícenle sus discípulos: Rabbi, ahora poco procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, bueno estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba de dormir de sueño. Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues Jesús, y hallólo, que había cuatro días que estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios. Y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de su hermano. Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, le salió a recibir; mas María estaba sentada en casa. Entonces Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres a Dios, te lo dará Dios. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; Y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Ella le dice: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo. Y esto dicho, se fue, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama. Ella, como lo oyó, se levanta prestamente, y viene a él. (Porque aun no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había salido a recibir.) Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús entonces como la vio llorando, y a los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, gimió en espíritu, y se turbó, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y lo verás. Jesús lloraba. Dijeron entonces los Judíos: ¡He aquí cómo le amaba! Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriera? Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, que era una cueva, la cual tenía una piedra puesta encima. Dice Jesús: Quitád la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya; que es muerto de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy porque me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa del pueblo que está al rededor lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. Entonces el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatádle, y dejádle ir. ¶ Entonces muchos de los Judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Mas algunos de ellos fueron a los Fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, Ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que desde aquel día consultaban juntos para matarle. De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas se fue de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraím; y estábase allí con sus discípulos. Y la pascua de los Judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse. Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá a la fiesta? Mas los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese donde estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.