Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y sacóme al patio de afuera hacia el norte, y trájome a la cámara que estaba delante del espacio que quedaba delante del edificio de hacia el norte. Por delante de la puerta del norte la longitud era de cien codos, y la anchura de cincuenta codos, Contra los veinte codos que estaban en el patio de adentro, y contra el solada que estaba en el patio de afuera, donde estaban las cámaras, las unas en frente de las otras, de tres en tres. Y delante de las cámaras el paseadero de diez codos de anchura, a la parte adentro, hacia el un codo; y sus puertas hacia el norte. Y las cámaras más altas eran más estrechas; porque las cámaras más altas quitaban de las otras, de las bajas y de las de en medio del edificio. Porque eran de tres en tres; y no tenían columnas como las columnas de los patios: por tanto eran más estrechas que las de abajo, y las del medio desde la tierra. Y el muro que estaba afuera delante de las cámaras, hacia el patio afuera delante de las cámaras, era de longitud de cincuenta codos. Porque la longitud de las cámaras del patio de afuera era de cincuenta codos; y delante de la delantera del templo había cien codos. Y abajo de las cámaras estaba la entrada del templo del oriente, entrando en él del patio de afuera. A la larga del muro del patio hacia el oriente delante de la lonja, y delante del edificio estaban las cámaras. Y el paseadero que estaba delante de ellas era semejante al de las cámaras que estaban hacia el norte: conforme a su longitud asimismo su anchura, y todas sus salidas, conforme a sus puertas, y conforme a sus entradas. Y conforme a las puertas de las cámaras que estaban hacia el mediodía a la puerta que salía al principio del camino, del camino delante del muro hermoso, que estaba hacia el oriente a los que entran. Y díjome: Las cámaras del norte, y las del mediodía, que están delante de la lonja, son cámaras santas, en las cuales los sacerdotes que se acercan a Jehová comerán las santas ofrendas: allí pondrán las santas ofrendas, y el presente, y la expiación, y el sacrificio por el pecado; porque el lugar es santo. Cuando los sacerdotes entraren, no saldrán del lugar santo al patio de afuera: mas allí dejarán sus vestimentos con que ministrarán, porque son santos; y vestirse han otros vestidos, y así se allegarán a lo que es del pueblo. Y acabó las medidas de la casa de adentro, y sacóme por el camino de la puerta que miraba hacia el oriente, y lo midió todo en derredor. Midió el lado oriental con la caña de medir, quinientas cañas de la caña de medir al derredor. Midió el lado del norte, quinientas cañas de la caña de medir al derredor. Midió el lado del mediodía, quinientas cañas de la caña de medir. Rodeó al lado del occidente, y midió quinientas cañas de la caña de medir. A los cuatro lados lo midió: tuvo el muro todo al derredor quinientas cañas de longitud, y quinientas cañas de anchura, para hacer apartamiento entre el santuario, y el lugar profano.
Primera lectura
Aconteció en los días de Acaz, hijo de Joatam, hijo de Ozías, rey de Judá, que Rezín rey de Siria, y Face, hijo de Romelías, rey de Israel, subieron a Jerusalem para combatirla, mas no la pudieron tomar. Y vino la nueva a la casa de David, diciendo, como Siria se había confederado con Efraím; y estremeciósele el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento. Entonces Jehová dijo a Isaías: Sal ahora al encuentro a Acaz, tú, y Searjasub tu hijo, al cabo del conducto de la pesquera de arriba, en el camino de la heredad del batanero. Y díle: Guarda, y repósate: no temas, ni se enternezca tu corazón a causa de estos dos cabos de tizones que humean, es a saber, por el furor de la ira de Rezín y del Siro, y del hijo de Romelías: Por haber acordado maligno consejo contra ti el Siro, con Efraím, y con el hijo de Romelías, diciendo: Vamos contra Judá, y despertarla hemos, y partirla hemos entre nosotros, y pondremos en medio de ella por rey al hijo de Tabeal. El Señor Jehová dice así: No permanecerá, y no será. Porque la cabeza de Siria será Damasco, y la cabeza de Damasco Rezín. Y dentro de sesenta y cinco años Efraím será quebrantado, y nunca más será pueblo: Entre tanto la cabeza de Efraím será Samaria, y la cabeza de Samaria el hijo de Romelías. Si no creyereis, cierto no permaneceréis. ¶ Y habló más Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandando en el profundo, o arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. Y dijo: Ahora oíd, casa de David: ¿No os basta ser molestos a los hombres, si no que también lo seáis a mi Dios?
Primera lectura
Y juntando Josué todas las tribus de Israel en Siquem, llamó a los ancianos de Israel, y a sus príncipes, a sus jueces, y sus alcaldes, y presentáronse delante de Dios: Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es a saber, Tare padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños. Y yo tomé a vuestro padre Abraham de la otra parte del río, y trájele por toda la tierra de Canaán, y aumenté su generación, y díle a Isaac. Y a Isaac di a Jacob, y a Esaú: y a Esaú di el monte de Seir, que lo poseyese; mas Jacob y sus hijos descendieron en Egipto. Y yo envié a Moisés, y a Aarón, y herí a Egipto, como lo hice en medio de él, y después os saqué. Y saqué a vuestros padres de Egipto: y como llegaron a la mar, los Egipcios siguieron a vuestros padres hasta el mar Bermejo con carros y caballería: Y como ellos clamasen a Jehová, él puso una oscuridad entre vosotros y los Egipcios: e hizo venir sobre ellos la mar, la cual los cubrió. Y vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto: y estuvisteis muchos días en el desierto. Y os metí en la tierra de los Amorreos que habitaban de la otra parte del Jordán: los cuales pelearon contra vosotros, mas yo los entregué en vuestra mano: y poseisteis su tierra, y yo los destruí de delante de vosotros. Levantóse después Balac hijo de Sefor rey de los Moabitas, y peleó contra Israel: y envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese. Mas yo no quise escuchar a Balaam, antes os bendijo de bendición, y yo os libré de sus manos. Y pasado el Jordán vinisteis a Jericó, y los señores de Jericó pelearon contra vosotros: los Amorreos, Ferezeos, Cananeos, Jetteos, Gergeseos, Heveos, y Jebuseos, y yo los entregué en vuestras manos. Y envié tábanos delante de vosotros que los echaron de delante de vosotros, es a saber, a los dos reyes de los Amorreos: no con tu espada, ni con tu arco. Y os di la tierra en la cual nada trabajasteis; y las ciudades, que no edificasteis, en las cuales moráis: y las viñas y olivares, que no plantasteis, de las cuales coméis. Ahora pues teméd a Jehová y servídle con perfección y con verdad: y quitád los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres de esotra parte del río, y en Egipto; y servíd a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogéos hoy a quien sirváis: o a los dioses, a quien sirvieron vuestros padres: cuando estuvieron de esotra parte del río, o a los dioses de los Amorreos, en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos a Jehová. ¶ Entonces el pueblo respondió, y dijo: Nunca tal nos acontezca, que dejemos a Jehová por servir a otros dioses: Porque Jehová nuestro Dios, es el que nos sacó a nosotros, y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre: el cual delante de nuestros ojos ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos entre los cuales hemos pasado. Y Jehová echó de delante de nosotros a todos los pueblos: y al Amorreo que habitaba en la tierra. Por tanto nosotros también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.
Primera lectura
Estos pues son los mandamientos, estatutos, y derechos, que Jehová vuestro Dios mandó que os enseñase que hagáis en la tierra a la cual vosotros pasáis para heredarla; Para que temas a Jehová tu Dios guardando todos sus estatutos, y sus mandamientos, que yo te mando, tú, y tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, y que tus días sean prolongados: Oye pues, oh Israel, y guarda que hagas, para que hayas bien, y seáis muy multiplicados, como te ha dicho Jehová el Dios de tus padres, en la tierra que corre leche y miel. Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu poder. Y estas palabras, que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón. Y repetirlas has a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y acostándote en la cama, y levantándote: Y atarlas has por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos. Y escribirlas has en los postes de tu casa, y en tus portadas. ¶ Y será, que cuando Jehová tu Dios te hubiere metido en la tierra, que juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, para dartela a ti, ciudades grandes y buenas, que tú no edificaste; Y casas llenas de todo bien, que tú no henchiste, y cisternas cavadas, que tú no cavaste, viñas y olivares que tú no plantaste: y comieres, y te hartares; Guárdate que no te olvides de Jehová, que te sacó de tierra de Egipto de casa de siervos. A Jehová tu Dios temerás, y a él servirás y por su nombre jurarás: ¶ No andaréis en pos de Dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros al derredores: Porque el Dios zeloso Jehová tu Dios en medio de ti está, porque no se aire el furor de Jehová tu Dios contra ti, y te destruya de sobre la haz de la tierra. ¶ No tentaréis a Jehová vuestro Dios, como le tentasteis en Massa. Guardando guardaréis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios, y sus estatutos, que te ha mandado. Y harás lo recto y lo bueno en ojos de Jehová, para que hayas bien, y entres, y heredes la buena tierra, que Jehová juró a tus padres. Para que él eche a todos tus enemigos de delante de tu presencia, como Jehová ha dicho. ¶ Cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué son los testimonios, y estatutos, y derechos, que Jehová nuestro Dios os mandó? Entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte: Y dio Jehová señales y milagros grandes y malos en Egipto sobre Faraón, y sobre toda su casa delante de nuestros ojos: Y nos sacó de allá para traernos, y darnos la tierra, que juró a nuestros padres. Y nos mandó Jehová que hiciésemos todos estos estatutos, para que temamos a Jehová nuestro Dios, para que hayamos bien todos los días, para que nos dé vida, como parece hoy. Y tendremos justicia, cuando guardáremos haciendo todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.
Epístola
Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, es a saber, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesu Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. También son tres los que dan testimonio en la tierra, el espíritu, y el agua, y la sangre; y estos tres son uno. Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios, ha hecho mentiroso a Dios; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo.
Salmo responsorial
Bienaventurado el varón, que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se asentó en silla de burladores. Mas antes en la ley de Jehová es su voluntad: y en su ley meditará de día y de noche. Y será como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo: y su hoja no se marchita, y todo lo que hace, prosperará. ¶ No así los malos: sino como el tamo, que lo lanza el viento. Por tanto no se levantarán los malos en el juicio: ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos: y el camino de los malos se perderá.
Salmo responsorial
El que habita en el escondedero del Altísimo, morará en la sombra del Omnipotente. Diré a Jehová: Esperanza mía y castillo mío: Dios mío: asegurarme he en él. Porque él te escapará del lazo del cazador: de la mortandad de destrucciones. Con su ala te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga, es su verdad. No habrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día, Ni de pestilencia que ande en oscuridad: ni de mortandad que destruya al mediodía. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás; y verás la recompensa de los impíos. Porque tú, o! Jehová, eres mi esperanza: y al Altísimo has puesto por tu habitación. No se ordenará para ti mal: ni plaga tocará a tu morada. Porque a sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, porque tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el basilisco pisarás, hollarás al cachorro del león, y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también le escaparé: ponerle he alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Llamarme ha, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: escaparle he, y glorificarle he. De longura de días le hartaré: y mostrarle he mi salud.
Evangelio
¶ Y como fue tarde aquel mismo día, el primero de la semana, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús; y púsose en medio, y les dijo: Paz a vosotros. Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los discípulos se regocijaron, viendo al Señor. Entonces díceles otra vez: Paz a vosotros: como me envió mi Padre, así también yo os envío. Y como hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibíd el Espíritu Santo. A los que perdonareis los pecados, les son perdonados; y a los que los retuviereis, les son retenidos. ¶ Empero Tomás uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Y ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: entonces vino Jesús cerradas las puertas, y púsose en medio, y dijo: Paz a vosotros. Luego dice a Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Entonces Tomás respondió, y le dijo: Señor mío, y Dios mío. Dícele Jesús: Porque me has visto, oh Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron. Y también muchas otras señales por cierto hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas empero están escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Salmo responsorial
Alabarte hemos, o! Dios, alabarte hemos; que cercano está tu nombre: cuenten todos tus maravillas. Cuando yo tuviere tiempo, yo juzgaré rectamente. La tierra se arruinaba, y sus moradores: yo compuse sus columnas. Selah. Dije a los malvados: No os enloquezcáis: y a los impíos: No alcéis el cuerno. No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz gruesa. Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento. Porque Dios, que es el juez; a este abate, y a aquel ensalza. Que el cáliz está en la mano de Jehová, y lleno de vino bermejo de mistura, y él derrama de aquí: ciertamente sus heces chuparán, y beberán todos los impíos de la tierra. Y yo anunciaré siempre: cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: y los cuernos del justo serán ensalzados.
Salmo responsorial
Cantád a Jehová canción nueva: cantád a Jehová toda la tierra. Cantád a Jehová, bendecíd su nombre: anunciád de día en día su salud. Contád en las naciones su gloria: en todos los pueblos sus maravillas. Porque grande es Jehová, y muy alabado: terrible sobre todos los dioses. Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos: mas Jehová hizo los cielos. Alabanza y gloria está delante de él: fortaleza y gloria está en su santuario. Dad a Jehová, o! familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y la fortaleza. Dad a Jehová la honra de su nombre: tomád presentes, y veníd a sus patios. Encorváos a Jehová en la hermosura de su santuario: teméd delante de él toda la tierra. Decíd en las naciones: Jehová reinó, también compuso el mundo, no se meneará: juzgará a los pueblos en justicia. Alégrense los cielos, y regocíjese la tierra: brame la mar y su plenitud. Regocíjese el campo y todo lo que en él está: entonces exultarán todos los árboles de la breña, Delante de Jehová que vino: porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad.
Segunda lectura
Carga de Babilonia, que vio Isaías, hijo de Amós. Levantád bandera sobre un alto monte; alzád la voz a ellos: alzád la mano para que entren por las puertas de los príncipes. Yo mandé a mis santificados, asimismo llamé a mis valientes para mi ira, que se alegran con mi gloria. Murmullo de multitud suena en los montes, como de mucho pueblo: murmullo de sonido de reinos, de naciones congregadas. Jehová de los ejércitos ordena las haces de la batalla. Vienen de tierra lejana, de lo postrero de los cielos, Jehová y los instrumentos de su furor, para destruir toda la tierra. Aullád, porque cerca está el día de Jehová: como asolamiento del Todopoderoso vendrá. Por tanto todas manos se descoyuntarán; y todo corazón de hombre se desleirá, Y henchirse han de terror: angustias y dolores los comprenderán: tendrán dolores como mujer de parto: cada uno se embelesará mirando a su compañero: sus rostros, rostros de llamas. He aquí que el día de Jehová viene cruel; y enojo, y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre: el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor. Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y la altivez de los fuertes abatiré. Haré más precioso que el oro fino al varón; y al hombre, más que el oro de Ofir. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día de la ira de su furor.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están por toda la Acaya. Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu Cristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación. El que nos consuela en todas nuestras tribulaciones; para que podamos nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados de Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por Cristo nuestra consolación. Y si somos atribulados, es por vuestra consolación y salvación, la cual es eficiente en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, es por vuestra consolación y salvación. Y nuestra esperanza de vosotros es firme, estando ciertos que como sois participantes de las aflicciones, así también lo seréis de la consolación. Porque, hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia, que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas, de tal manera que aun dudábamos de la vida. Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos: El cual nos libró de tamaña muerte, y nos libra: en el cual esperamos que aun nos librará; Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por el don alcanzado para nosotros por medio de muchas personas, por muchas también sean dadas gracias por nosotros. Porque nuestra gloria es esta, es a saber, el testimonio de nuestra conciencia, que en simplicidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, mas en la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y más con vosotros. Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también reconocéis; y espero que aun hasta el fin las reconoceréis: Como también en parte nos habéis reconocido que somos vuestra gloria, como también vosotros sois la nuestra, en el día del Señor Jesús. ¶ Y en esta confianza quise primero venir a vosotros, porque tuvieseis otro segundo beneficio: Y pasar por vosotros a Macedonia; y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser llevado por vosotros a Judea. Así que pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? ¿o lo que pienso hacer, piénsolo según la carne, para que haya en mí sí, sí, y no, no? ¶ Antes como Dios es fiel, nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no. Porque el Hijo de Dios, Jesu Cristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado por mí, y Silvano, y Timoteo, no ha sido sí y no; mas en él ha sido sí. Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él Amén para gloria de Dios por nosotros. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios: El cual también nos selló, y nos dio las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, de que por perdonaros, no he venido hasta ahora a Corinto: No que nos enseñoreamos de vuestra fe; antes somos ayudadores de vuestro gozo, porque por la fe estáis en pie.
Segunda lectura
Tenía empero por cierto también el primer concierto ordenanzas de culto, y santuario mundano. Porque el tabernáculo fue hecho; el primero, en que estaban el candelero, y también la mesa, y los panes de la proposición, el cual es llamado el lugar santo. Y detrás del segundo velo estaba el tabernáculo llamado el lugar santísimo, Que tenía el incensario de oro, y el arca del concierto cubierta de todas partes al rededor de oro: en que estaba una urna de oro que tenía el maná, y la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del concierto; Y sobre ella los querubines de gloria haciendo sombra al propiciatorio: de las cuales cosas no podemos ahora hablar en particular. Y estas cosas así ordenadas, en el primer tabernáculo siempre entraban los sacerdotes para cumplir las funciones del culto divino; Mas en el segundo, solo el sumo sacerdote entraba una sola vez en el año, no sin sangre, la cual ofrece por sus propios pecados de ignorancia, y por los del pueblo: Dando a entender el Espíritu Santo esto, que todavía no estaba patente el camino para el lugar santísimo, entre tanto que el primer tabernáculo estuviese aun en pie. Lo cual era figura para aquel tiempo presente, en el cual se ofrecían dones y también sacrificios, que no podían hacer perfecto al que daba culto, en cuanto a la conciencia; Que solamente consistía en viandas, y en bebidas, y en diversos lavamientos, y justicias de la carne, impuestas hasta el tiempo de la corrección. Mas estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes que han de venir, por medio del mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es a saber, no de esta creación; Ni por la sangre de machos de cabrío, ni de becerros, mas por su propia sangre entró una vez en el santuario, habiendo obtenido redención eterna para nosotros. Porque si la sangre de los toros y de los machos de cabrío, y la ceniza de una becerra, rociada sobre los impuros, los santifica para limpiamiento de la carne, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purgará vuestras conciencias de las obras muertas para que deis culto al Dios vivo? Y por esta razón él es el mediador del nuevo testamento, para que entreviniendo muerte para la redención de las transgresiones que había debajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, necesario es que intervenga la muerte del testador. Porque el testamento es firme después de muertos: de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive. Así que ni aun el primero fue consagrado sin sangre. Porque habiendo leído Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos de cabrío, con agua, y lana de grana, e hisopo, asperjó a todo el pueblo, y juntamente al mismo libro, Diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios os ha mandado. Y allende de esto, el tabernáculo también, y todos los vasos del ministerio asperjó con la sangre. Y casi todas las cosas según la ley son purificadas con sangre; y sin derramamiento de sangre no hay remisión. Así que necesario fue que los dechados de las cosas celestiales fuesen purificados con estas cosas; empero las mismas cosas celestiales, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, que es la figura del verdadero, mas en el mismo cielo, para presentarse ahora por nosotros en la presencia de Dios: No empero para ofrecerse muchas veces a sí mismo; (como entra el sumo sacerdote en el santuario cada un año con sangre ajena;) De otra manera fuera necesario que hubiera padecido muchas veces desde el principio del mundo: mas ahora una vez en la consumación de los siglos, para deshacimiento del pecado se presentó por el sacrificio de sí mismo. Y de la manera que está establecido a los hombres que mueran una sola vez; y después de esto, el juicio: Así también Cristo habiendo sido ofrecido una sola vez para cargar con los pecados de muchos; la segunda vez aparecerá sin pecado a los que le aguardan para salud.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia a vosotros y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu Cristo. Damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo, orando siempre por vosotros: Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis para con todos los santos, A causa de la esperanza que os es guardada en los cielos: de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio: El cual ha llegado hasta vosotros, como también ha pasado por todo el mundo; y fructifica, y crece, como también en vosotros, desde el día en que oísteis, y conocisteis la gracia de Dios en verdad: Como también habéis aprendido de Epafras, consiervo amado nuestro, el cual es por vosotros fiel ministro de Cristo; El cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu. Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual; Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios: Corroborados de toda fortaleza, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad con gozo: Dando gracias al Padre que nos hizo idóneos para participar en la herencia de los santos en luz: El cual nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos traspasó al reino del Hijo de su amor, En quien tenemos redención por su sangre, remisión de pecados:
Evangelio
Hemos hablado primero, oh Téofilo, de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer, y a enseñar, Hasta el día en que, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fue recibido arriba: A los cuales, después de haber padecido, se mostró también vivo con muchas pruebas infalibles, apareciéndoseles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios. Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dice, de mí. Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos. Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor, restituirás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, mirándole ellos, fue alzado, y una nube le recibió, y le quitó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, he aquí, dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos; Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir al cielo. Entonces se volvieron a Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado. Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro y Santiago, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, y Simón el Zelador, y Júdas, hermano de Santiago. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. ¶ Y en aquellos días Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo: (el número de nombres de los que estaban juntos era como de ciento y veinte:) Varones y hermanos, era menester que se cumpliese esta Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Júdas, que fue el guía de los que prendieron a Jesús, El cual era contado con nosotros, y tenía parte de este ministerio. Este pues adquirió un campo con el salario de su iniquidad, y colgándose reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron. Y esto fue notorio a todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo sea llamado en su propia lengua Aceldama, esto es: Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella: y, Tome otro su obispado. Conviene, pues, que de estos varones, que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue tomado arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección. Y señalaron a dos, a José, que se llama Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual has escogido de estos dos, Para que tome parte de este ministerio, y apostolado, del cual cayó por prevaricación Júdas, para irse a su propio lugar. Y les echaron las suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
Evangelio
Y saliendo del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro, y Santiago, y Juan, y Andrés: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas las cosas han de ser acabadas? Y Jesús respondiéndoles, comenzó a decir: Mirád que nadie os engañe: Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. Mas cuando oyereis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbéis; porque es menester que suceda así, mas aun no será el fin. Porque nación se levantará contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos por los lugares, y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores serán estos. Mas vosotros mirád por vosotros; porque os entregarán a los concilios; y en las sinagogas seréis azotados; y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí, por testimonio contra ellos. Y en todas las naciones es menester que el evangelio sea predicado antes. Y cuando os llevaren entregándoos, no premeditéis que habéis de decir, ni lo penséis; mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablád; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. Y entregará a la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo.
Evangelio
Y les dijo aquel día, cuando fue tarde: Pasemos a la otra parte. Y enviada la multitud, le tomaron así como estaba en la nave, y había también con él otros barquichuelos. Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se llenaba. Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no te importa nada que perezcamos? Y levantándose él, riñó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fue hecha grande bonanza. Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis tan medrosos? ¿Cómo es que no tenéis fe? Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
Evangelio
Y pasadas estas cosas, andaba Jesús en Galilea; que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban de matarle. Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, llamada, de las cabañas. Dijéronle pues sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces; Porque ninguno que procura ser insigne, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no es venido; mas vuestro tiempo siempre es presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. Vosotros subíd a esta fiesta: yo no subo aun a esta fiesta; porque mi tiempo no es aun cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no manifiestamente, mas como en secreto. Entonces los Judíos le buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquel? Y había grande murmullo acerca de él entre el pueblo; porque unos decían: Buen hombre es; y otros decían: No, antes engaña al pueblo. Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos, Y al medio de la fiesta, subió Jesús al templo, y enseñaba. Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este hombre letras, no habiendo aprendido? Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de el que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si es de Dios, o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo, gloria propia busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. ¶ ¿No os dio Moisés la ley; y sin embargo ninguno de vosotros guarda la ley? ¿Por qué me procuráis matar? Respondió el pueblo, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar? Jesús respondió, y les dijo: Una obra hice, y vosotros todos os maravilláis. Cierto que Moisés os dio la circuncisión, (no porque sea de Moisés, sino de los padres,) y en sábado circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre? No juzguéis según lo que parece, mas juzgád justo juicio. ¶ Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarle? Y, he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Han entendido ciertamente los príncipes, que éste es verdaderamente el Cristo? Mas éste, nosotros sabemos de donde es; empero cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea. Entonces clamaba Jesús en el templo enseñando, y diciendo: Y a mí me conocéis, y sabéis de donde soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros ignoráis. Empero yo le conozco; porque de él soy, y él me envió. Entonces procuraban prenderle; mas ninguno metió sobre él la mano, porque aun no había venido su hora. Y del pueblo, muchos creyeron en él, y decían: ¿El Cristo cuándo viniere, hará más milagros que los que éste ha hecho? ¶ Los Fariseos oyeron al pueblo que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos enviaron esbirros que le prendiesen. Y Jesús les dijo: Aun un poco de tiempo estoy con vosotros, y luego voy al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir. Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿Dónde se ha de ir éste que no le hallarémos? ¿Irá a los dispersos entre los Gentiles, y enseñará a los Gentiles? ¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir? En el postrer día, día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie, y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su vientre correrán ríos de agua viva. Y esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyesen en él; porque aun no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús aun no había sido glorificado. Entonces muchos del pueblo oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el Profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura: Que de la simiente de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, vendrá el Cristo? Así que había disensión entre el pueblo a causa de él. Y algunos de ellos le querían prender; mas ninguno metió sobre él las manos. Y los esbirros vinieron a los príncipes de los sacerdotes, y a los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? Los esbirros respondieron: Nunca así ha hablado hombre, como este hombre habla. Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Sois también vosotros engañados? ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los Fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, malditos son. Díceles Nicodemo, el que vino a Jesús de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga nuestra ley a hombre alguno, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? Respondieron, y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña, y ve, que de Galilea nunca se levantó profeta. Y volviéronse cada uno a su casa.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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