Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido, y será ensalzado, y será muy sublimado. ¶ Como te abominaron muchos, en tanta manera fue desfigurado de los hombres su parecer; y su hermosura, de los hijos de los hombres: Así salpicará muchas naciones: los reyes cerrarán sobre él sus bocas: porque verán lo que nunca les fue contado; y entenderán lo que nunca oyeron. ¿Quién creyó a nuestro dicho? ¿Y el brazo de Jehová, sobre quien se ha manifestado? Y subirá, como renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura: le veremos, y sin parecer, tanto que le deseemos. Despreciado, y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza; y como que escondimos de él el rostro: menospreciado, y no le estimamos. ¶ Ciertamente nuestras enfermedades él las llevó, y él sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos a él por azotado, herido, y abatido de Dios. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros. Todos nosotros nos perdimos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová traspuso en él el pecado de todos nosotros. ¶ Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel, y del juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes: por la rebelión de mi pueblo plaga a él. Y puso con los impíos su sepultura, y su muerte con los ricos: aunque nunca él hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová le quiso moler, sujetándole a enfermedad. Cuando hubiere puesto su vida por expiación, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será prosperada en su mano. Del trabajo de su alma verá, y se hartará. Y con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos; y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y a los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida a la muerte, y fue contado con los transgresores habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores. Alégrate, o! estéril, la que no paría: levanta canción, y jubila, la que nunca estuvo de parto; porque más serán los hijos de la dejada, que los de la casada, dijo Jehová.
Primera lectura
Y será, que cuando te vinieren todas estas cosas, la bendición, y la maldición que yo he puesto delante de ti, y volvieres a tu corazón en todas las gentes a las cuales Jehová tu Dios te echare, Y te convirtieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, Jehová también volverá tus cautivos, y habrá misericordia de ti: y tornará, y juntarte ha de todos los pueblos, a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allá te juntará Jehová tu Dios, y de allá te tomará. Y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y heredarla has: y hacerte ha bien y multiplicarte ha más que a tus padres. ¶ Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma para tu vida. Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores, que te persiguieron. Y tu volverás, y oirás la voz de Jehová, y harás todos sus mandamientos, que yo te mando hoy. Y hacerte ha Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra para bien: porque Jehová se convertirá para gozarse sobre ti en bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley, cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te mando hoy no te es encubierto, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién nos subirá al cielo, y tomárnoslo ha, y recitárnoslo ha para que le cumplamos? Ni está de la otra parte de la mar, para que digas: ¿Quién nos pasará la mar para que nos lo tome, y nos lo recite, para que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está el negocio, en tu boca y en tu corazón para que lo hagas. ¶ Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal: Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios: que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos y sus estatutos, y sus derechos, porque vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para heredarla. Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres impelido, y te inclinares a dioses ajenos, y les sirvieres; Yo os protesto hoy que pereciendo pereceréis: no tendréis luengos días sobre la tierra, para ir a la cual pasas el Jordán, para que la heredes. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente: Que ames a Jehová tu Dios: Que oigas su voz y te allegues a él: porque él es tu vida, y la longura de tus días: porque habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar.
Primera lectura
Y después que él hubo acabado de hablar con Saul, el alma de Jonatán fue ligada con la de David, y amóle Jonatán como a su alma. Y Saul le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron alianza Jonatán y David, porque él le amaba como a su alma. Y Jonatán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, y otras ropas suyas, hasta su espada y su arco, con su talabarte. Y salía David, donde quiera que Saul le enviaba, y conducíase prudentemente. Y Saul le hizo capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los criados de Saul. Y aconteció que como ellos volvieron, y David volvió de matar al Filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con adufes, y con alegrías y panderos a recibir al rey Saul. Y cantaban las mujeres que danzaban y decían: Saul hirió sus miles, y David sus diez miles. Y enojóse Saul en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles y a mí miles: no le queda más que el reino. Y desde aquel día Saul miró de través a David. Otro día aconteció que el espíritu malo de Dios tomó a Saul, y profetizaba dentro de su casa; y David tañía con su mano como los otros días; y estaba una lanza a mano de Saul. Y arrojó Saul la lanza, diciendo: Enclavaré a David con la pared; y dos veces se apartó de él David. Mas Saul se temía de David, por cuanto Jehová era con él, y se había apartado de Saul. ¶ Y Saul le apartó de sí, e hízole capitán de mil, y salía y entraba delante del pueblo. Y David se conducía prudentemente en todos sus negocios, y Jehová era con él. Y viendo Saul que se conducía tan prudentemente, temíase de él. Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.
Oración matutina — primera lectura
Y fue en el año de cuatrocientos y ochenta, después que los hijos de Israel salieron de Egipto, en el cuarto año del principio del reino de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el mes segundo, él comenzó a edificar la casa de Jehová. La casa que el rey Salomón edificó a Jehová, tuvo sesenta codos de largo, y veinte de ancho, y treinta codos de alto. Y el portal delante del templo de la casa, de veinte codos de largo, delante de la anchura de la casa: y su anchura era de diez codos, delante de la casa. E hizo ventanas a la casa, anchas por de dentro, y estrechas por de fuera. Y edificó también junto al muro de la casa un colgadizo al derredor, pegado a las paredes de la casa en derredor del templo y del oratorio, e hizo cámaras al derredor. El colgadizo de abajo era de cinco codos de ancho: y el del medio, de seis codos de ancho: y el tercero, de siete codos de ancho: porque por de fuera había hecho diminuciones a la casa al derredor, para no trabar de las paredes de la casa. Y la casa cuando se edificaba, la edificaban de piedras enteras como las traían: de tal manera que cuando la edificaban, ni martillos ni hachas fueron oídos en la casa, ni ningún otro instrumento de hierro. La puerta del colgadizo del medio estaba al lado derecho de la casa: y subíase por un caracol al del medio, y del medio al tercero. Y labró la casa, y la acabó, y cubrió la casa de tijeras y de maderos de cedro puestos por orden. Y edificó también el colgadizo en derredor de toda la casa de altura de cinco codos: el cual trababa la casa con vigas de cedro. Y fue palabra de Jehová a Salomón, diciendo: Esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos, e hicieres mis derechos, y guardares todos mis mandamientos, andando en ellos, yo tendré firme contigo mi palabra que hablé a David tu padre: Y habitaré en medio de los hijos de Israel: y no dejaré a mi pueblo Israel. Así que Salomón labró la casa, y la acabó. Y edificó las paredes de la casa por de dentro de tablas de cedro, vistiéndola de madera por de dentro, desde el solado de la casa hasta las paredes de la techumbre: y el solado cubrió de dentro de madera de haya. Edificó también al cabo de la casa veinte codos de tablas de cedro desde el solado hasta las paredes, y labróse en la casa un oratorio que es el lugar santísimo. Y la casa tuvo cuarenta codos, a saber, el templo de dentro. Y la casa era cubierta de cedro por de dentro, y tenía unas entalladuras de calabazas silvestres, y de botones de flores. Todo era cedro; ninguna piedra se veía. Y adornó el oratorio por de dentro en medio de la casa, para poner allí el arca del concierto de Jehová. Y el oratorio estaba en la parte de adentro, el cual tenía veinte codos de largo, y otros veinte de ancho, y otros veinte de altura; y vistiólo de oro purísimo: y el altar cubrió de cedro. Así que vistió Salomón de puro oro la casa por de dentro: y la puerta del oratorio cerró con cadenas de oro, y vistiólo de oro. Y toda la casa vistió de oro hasta el cabo: y asimismo vistió de oro todo el altar que estaba delante del oratorio. Hizo también en el oratorio dos querubines de madera de oliva, cada uno de altura de diez codos. La una ala del un querubín tenía cinco codos; y la otra ala del mismo querubín otros cinco codos: así que había diez codos desde la punta de la una ala hasta la punta de la otra. Asimismo el otro querubín tenía diez codos; porque ambos querubines eran de un tamaño, y de una hechura. La altura del uno era de diez codos, y asimismo el otro. Estos querubines puso dentro de la casa de adentro: los cuales querubines extendían sus alas, que el ala del uno tocaba la pared, y el ala del otro querubín tocaba la otra pared; y las otras dos alas se tocaban la una a la otra en la mitad de la casa. Y vistió de oro los querubines. Y esculpió todas las paredes de la casa al derredor de diversas figuras, de querubines, de palmas, y de botones de flores, por de dentro y por de fuera. Y el solado de la casa cubrió de oro, de dentro y de fuera. Y a la puerta del oratorio hizo puertas de madera de oliva, y el umbral y los postes eran de cinco esquinas. Las dos puertas eran de madera de oliva, y entalló en ellas figuras de querubines, y de palmas, y de botones de flores, y cubriólas de oro, y cubrió los querubines y las palmas de oro. De la misma forma hizo a la puerta del templo postes de madera de oliva cuadrados. Las dos puertas eran de madera de haya; y los dos lados de la una puerta eran redondos, y los otros dos lados de la otra puerta también redondos. Y entalló en ellas querubines, y palmas, y botones de flores; y cubrió de oro ajustado las entalladuras. Y labró el patio de adentro de tres ordenes de piedras labradas, y de un orden de vigas de cedro. En el cuarto año, en el mes de Zif, se pusieron los cimientos de la casa de Jehová: Y en el undécimo año, en el mes de Bul, que es el mes octavo, la casa fue acabada con todas sus pertenencias, y con todo lo necesario. Y edificóla en siete años.
Epístola
Mas el que se gloría, gloríese en el Señor. Porque no el que se alaba a sí mismo, el tal luego es aprobado; mas aquel a quien Dios alaba. ¡Ojalá toleraseis un poco mi insensatez! Mas, sí, tolerádme. Porque os zelo con zelo de Dios; porque os he desposado con un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo.
Primera lectura
Jehová, Dios mío eres tú: ensalzarte he, y alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas; los consejos antiguos, la verdad firme. Que tornaste la ciudad en montón, la ciudad fuerte en ruina: el alcázar de los extraños que no sea ciudad, ni nunca para siempre sea reedificada. Por esto te dará gloria el pueblo fuerte: la ciudad de naciones robustas te temerá. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor, porque el ímpetu de los violentos, como turbión contra hastial. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como con calor que quema debajo de nube, harás marchitar el pimpollo de los robustos. ¶ Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos. Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está extendida sobre todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y limpiará el Señor Jehová toda lágrima de todos los rostros; y quitará la vergüenza de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios, a quien esperamos, y salvarnos ha: este es Jehová a quien esperamos, gozarnos hemos y alegrarnos hemos en su salud. Porque la mano de Jehová reposará en este monte; y Moab será trillado debajo de él, como es trillada la paja en el muladar. Y extenderá su mano por medio de él, como la extiende el nadador para nadar; y abatirá su soberbia con los brazos de sus manos. Y allanará la fortaleza de tus muros altos: humillarla ha, derribarla ha a tierra, hasta el polvo.
Oración matutina — segunda lectura
Mas cuando fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo, y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Así que embarcándonos en una nave Adramittena, nos partimos para navegar por las costas de Asia, estando con nosotros un tal Aristarco, Macedonio, de Tesalónica. Y al día siguiente llegamos a Sidón, y Julio tratando a Pablo humanamente, le permitió, que fuese a sus amigos para ser de ellos bien tratado. Y alzando velas de allí, navegamos bajo de Chipre; porque los vientos eran contrarios. Y habiendo pasado la mar que está junto a Cilicia y Pamfilia, vinimos a Mira, que es ciudad de Licia. Y hallando allí el centurión una nave Alejandrina, que iba a Italia, nos puso en ella. Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto a Salmón. Y doblándola apenas, vinimos a un lugar que llaman Bellos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo los amonestaba, Diciendo: Varones, veo que con perjuicio y mucho daño, no solo del cargamento y de la nave, mas aun de nuestras vidas, habrá de ser la navegación. Mas el centurión creía más al maestre y al piloto, que a lo que Pablo decía. Y no habiendo puerto cómodo para invernar, los más acordaron de pasar aun de allí, por ver si de algún modo pudiesen llegar a Fenice, e invernar allí, que es un puerto de Creta, que mira al sudoeste, y al norueste. Y soplando blandamente el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas iban costeando la Creta. Mas no mucho después dio contra la nave un viento tempestuoso que se llama Euroclydón. Y siendo arrebatada por él la nave, que no podía resistir al viento, la dejamos, y éramos llevados. Y corriendo debajo de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife: El cual tomado, usaban de remedios ciñendo la nave; y teniendo temor que no diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados. Y habiendo sido atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente día alijaron el buque. Y al tercero día nosotros con nuestras manos echamos los aparejos de la nave. Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña sobre nosotros, ya era perdida toda la esperanza de salvarnos. ¶ Y habiendo ya mucho que no comíamos, Pablo puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme escuchado a mí, y no haber partido de Creta, para ganar este perjuicio y daño. Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios, de quien soy, y a quien sirvo, Diciendo: Pablo, no tengas temor: es menester que seas presentado delante de César; y, he aquí, Dios te ha dado a todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tenéd buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha sido dicho. Mas es menester que demos en una isla. ¶ Empero venida la catorcena noche, y siendo llevados de una a otra parte por el mar Adriático, los marineros a la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra. Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. Y teniendo temor de dar en escollos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día. Mas procurando los marineros de huirse de la nave, echando el esquife a la mar, con parecer como que querían largar las anclas de proa, Pablo dijo al centurión, y a los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife, y dejáronle caer. Y como se comenzó a hacer de día, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el catorceno día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada. Por tanto os ruego que comáis, porque esto es para vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomando el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos; y rompiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas y setenta y seis. Y hartados de comer, aliviaban la nave, echando el grano a la mar. Y como se hizo de día, no conocían la tierra; mas veían una ensenada, que tenía playa, a la cual acordaban de echar, si pudiesen, la nave. Y alzando las anclas, se dejaron a la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse a la playa. Mas dando en un lugar de dos mares, la nave dio al través; y la proa hincada estaba sin moverse, mas la popa se abría con la fuerza de las olas. Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen a los presos; porque ninguno huyese escapándose nadando. Mas el centurión, queriendo salvar a Pablo estorbó este acuerdo; y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen al agua los primeros, y saliesen a tierra: Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave: y así aconteció que todos se salvaron a tierra.
Salmo responsorial
Dicho de la rebelión del impío en medio de mi corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Por tanto se lisonjea en sus ojos para hallar su iniquidad, para aborrecerla. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; no quiso entender para hacer bien. Iniquidad piensa sobre su cama; está sobre camino no bueno, no aborrece el mal. ¶ Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; tu verdad hasta las nubes. Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande; al hombre y al animal conservas, o! Jehová. ¶ ¡Cuán ilustre es tu misericordia, o, Dios! y los hijos de Adam se abrigan en la sombra de tus alas. Embriagarse han de la grosura de tu casa: y del arroyo de tus delicias los abrevarás. Porque contigo está el manadero de la vida; en tu lumbre veremos lumbre. Extiende tu misericordia a los que te conocen; y tu justicia a los rectos de corazón. No venga contra mí pie de soberbia; y mano de impíos no me mueva. Allí cayeron los obradores de iniquidad; fueron rempujados, y no pudieron levantarse.
Evangelio
Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco insensatas. Las que eran insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron aceite consigo. Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron. Y a la media noche fue oído un clamor, que decía: He aquí, el esposo viene, salíd a recibirle. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dádnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte a nosotras y a vosotras, id antes a los que venden, y comprád para vosotras. E idas ellas a comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velád pues, porque no sabéis el día ni la hora, en la cual el Hijo del hombre ha de venir.
Salmo responsorial
¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has dejado? ¿estás lejos de mi salud, de las palabras de mi gemido? Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. Y tú, santo, habitante, alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y los salvaste. Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron. Y yo, gusano, y no varón: vergüenza de hombres y desecho del pueblo. Todos los que me ven, escarnecen de mí: echan de los labios, menean la cabeza. Remítese a Jehová, líbrele, que le quiere bien. Empero tú eres el que me sacó del vientre: el que me haces esperar desde los pechos de mi madre. Sobre ti estoy echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca: porque no hay quien ayude. Rodeáronme muchos toros: fuertes toros de Basán me cercaron. Abrieron sobre mí su boca, como león que hace presa y que brama. Como aguas me escurrí, y descoyuntáronse todos mis huesos: mi corazón fue como cera desliéndose en medio de mis entrañas. Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mis paladares: y en el polvo de la muerte me has puesto. Porque me rodearon perros: cercáronme cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contaría todos mis huesos: ellos miran, me consideran: Partieron entre sí mis vestidos: y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes: fortaleza mía, apresúrate para mi socorro. Escapa de la espada mi alma; de poder del perro mi única. Sálvame de la boca del león: y de los cuernos de los unicornios óyeme. ¶ Contaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, alabádle; toda la simiente de Jacob, glorificádle; y teméd de él toda la simiente de Israel. Porque no menospreció, ni abominó, la aflicción del pobre, ni escondió su rostro de él: y cuando clamó a él, le oyó. De ti será mi alabanza en la grande congregación: mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los pobres, y hartarse han: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. Acordarse han, y volverse han a Jehová todos los términos de la tierra; y humillarse han delante de ti todas las familias de las gentes. Porque de Jehová es el reino: y él se enseñoreará de las naciones. Comieron, y adoraron todos los gruesos de la tierra: delante de él se arrodillaron todos los que descienden al polvo: y sus almas no vivificaron. La simiente le servirá: será contada a Jehová perpetuamente. Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo.
Salmo responsorial
A Jehová llamé estando en angustia; y él me respondió. Jehová, escapa mi alma del labio mentiroso: de la lengua engañosa. ¿Qué te dará a ti, o qué te añadirá la lengua engañosa? Es como saetas de valiente agudas con brasas de enebros. ¡Ay de mí que peregrino en Mesec: habito con las tiendas de Cedar! Mucho se detiene mi alma con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico; y cuando hablo, ellos guerrean.
Salmo responsorial
No a nosotros, o! Jehová, no a nosotros, mas a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad. Porque dirán los Gentiles, ¿Dónde está ahora su Dios? Y nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso, hizo. Sus ídolos son plata y oro: obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablarán: tienen ojos, mas no verán. Tienen orejas, mas no oirán: tienen narices, mas no olerán. Tienen manos, mas no palparán: tienen pies, mas no andarán: no hablarán con su garganta. Como ellos sean los que los hacen: cualquiera que confía en ellos. O! Israel, confía en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Casa de Aarón, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Los que teméis a Jehová, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Jehová se acordó de nosotros: bendecirá, bendecirá a la casa de Israel: bendecirá a la casa de Aarón. Bendecirá a los que temen a Jehová: a chicos y a grandes. Añadirá Jehová sobre vosotros: sobre vosotros y sobre vuestros hijos. Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Los cielos, los cielos son de Jehová: y la tierra dio a los hijos de los hombres. No los muertos alabarán a Jehová, ni todos los que descienden al silencio, Mas nosotros bendeciremos, a Jehová, desde ahora hasta siempre. Alelu-Jah.
Oración vespertina — primera lectura
Mas su casa edificó Salomón en trece años, y la acabó toda. Y asimismo edificó la casa del bosque del Líbano, la cual tenía cien codos de largura, y cincuenta codos de anchura, y treinta codos de altura, sobre cuatro ordenes de columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las columnas. Y estaba cubierta de planchas de cedro arriba sobre las vigas, que estaban puestas sobre cuarenta y cinco columnas, cada ringlera tenía quince columnas. Las ventanas estaban por tres ordenes, una ventana contra la otra tres veces. Y todas las puertas y postes eran cuadrados: y las unas ventanas estaban en frente de las otras tres veces. E hizo un portal de columnas que tenía de largo cincuenta codos, y treinta codos de ancho, y aquel portal estaba delante de ellas, y sus columnas y vigas delante de ellas. Hizo asimismo el pórtico del trono en que había de juzgar, que es el pórtico del juicio, y vistiólo de cedro de suelo a suelo. Y en la casa en que él moraba, había otro patio, dentro del portal, de obra semejante a esta. Edificó también Salomón una casa para la hija de Faraón, que había tomado por mujer, de la misma obra de aquel portal. Todas aquellas obras fueron de piedras de precio, cortadas y aserradas con sierra según las medidas, así por de dentro como por de fuera, desde el cimiento hasta las vigas, y asimismo por de fuera hasta el gran patio. El cimiento era de piedras de precio, de piedras grandes, de piedras de diez codos, y de piedras de ocho codos. Mas de allí arriba eran piedras de precio, labradas conforme a sus medidas, y de cedro. Y en el gran patio al derredor había tres ordenes de piedras labradas, y un orden de vigas de cedro, y así el patio de la casa de Jehová, el de adentro, y el patio de la casa. ¶ Y envió el rey Salomón, e hizo venir de Tiro a un Hiram, El cual era hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, y su padre había sido de Tiro, que labraba en metal, lleno de sabiduría, y de inteligencia y saber en toda obra de metal. Este vino al rey Salomón, e hizo toda su obra. Este hizo dos columnas de metal: la altura de la una columna era de diez y ocho codos: y a la otra columna cercaba un hilo de doce codos. Hizo también dos capiteles de fundición de metal, para que fuesen puestos sobre las cabezas de las columnas: la altura del un capitel era de cinco codos, y la altura del otro capitel era de otros cinco codos. E hizo unas trenzas a manera de red, y unas cintas a manera de cadenas para los capiteles que habían de ser puestos sobre las cabezas de las columnas, siete para cada capitel. Y cuando hubo hecho las columnas, hizo también dos ordenes de granadas al derredor en el un enredado, para cubrir los capiteles que estaban en las cabezas de las columnas con las granadas: y de la misma forma hizo en el otro capitel. Los capiteles que estaban puestos sobre las columnas estaban labrados a manera de flores como los que se veían en el portal, por cuatro codos. Los capiteles que estaban sobre las dos columnas tenían también doscientas granadas en dos ordenes al derredor en cada capitel encima del vientre del capitel, el cual vientre estaba delante del enredado. Estas columnas puso enhiestas en el portal del templo. Y cuando hubo enhestado la columna de la mano derecha, púsole nombre de Jaquín: y enhestando la columna de la mano izquierda, púsole nombre de Boaz, En las cabezas de las columnas había una obra de lirios: y así se acabó la obra de las columnas. Hizo asimismo un mar de fundición de diez codos del un labio al otro, redondo al derredor: su altura era de cinco codos: y ceñíale todo al derredor un cordón de treinta codos. Y cercaban aquel mar por debajo de su labio al derredor unas bolas como calabazas, diez en cada codo, que ceñían el mar todo al derredor en dos ordenes, las cuales habían sido fundidas en su fundición. Y estaba asentado sobre doce bueyes: los tres miraban al norte: los tres miraban al poniente: los tres miraban al mediodía: y los tres miraban al oriente. Sobre estos estaba el mar encima, y las traseras de ellos estaban hacia la parte de adentro. El grueso del mar era de un palmo, y su labio era labrado como el labio de un cáliz, o de flor de lis: y cabían en él dos mil batos. Hizo también diez basas de metal: la largura de cada basa era de cuatro codos, y la anchura de cuatro codos, y la altura de tres codos. La obra de las basas era esta: tenían unas cintas las cuales estaban entre molduras: Y sobre aquellas cintas que estaban entre las molduras, figuras de leones, y de bueyes, y de querubines. Y sobre las molduras de la basa, así encima como debajo de los leones y de los bueyes, había unas añadiduras de obra extendida. Cada basa tenía cuatro ruedas de metal, con mesas de metal: y en sus cuatro esquinas había unos hombrillos, los cuales nacían de fundición debajo de la fuente de cada una parte de las añadiduras. Su boca entraba en el capitel un codo para arriba: y su boca era redonda, de la hechura de la basa, de codo y medio. Había también sobre la boca entalladuras con sus cintas, las cuales eran cuadradas, no redondas. Las cuatro ruedas estaban debajo de las cintas, y los ejes de las ruedas nacían en la misma basa. La altura de cada rueda era de un codo y medio. Y la hechura de las ruedas era como la hechura de las ruedas de carro; sus ejes, sus rayos, y sus mazas, y sus cinchos, todo era de fundición. Asimismo los cuatro hombrillos a las cuatro esquinas de cada basa, y los hombrillos eran de la misma basa. Y en lo alto de la basa había medio codo de altura redondo al derredor: y en la altura de la basa sus molduras y cintas, las cuales eran de ella misma. E hizo en las tablas de las molduras y en las cintas entalladuras de querubines, y de leones, y de palmas, delante de las añadiduras de cada una al derredor. De esta forma hizo diez basas fundidas de una misma manera, de una misma medida, y de una misma entalladura. Hizo también diez fuentes de metal: cada fuente tenía cuarenta batos, y cada fuente era de cuatro codos, y cada fuente estaba sobre una basa; en todas diez basas. Y las cinco basas asentó a la mano derecha de la casa: y las otras cinco a la mano izquierda de la casa: y el mar puso al lado derecho de la casa, al oriente hacia el mediodía: Asimismo hizo Hiram fuentes, y muelles, y lebrillos, y acabó toda la obra que hizo a Salomón para la casa de Jehová. Es a saber, dos columnas, y los vasos redondos de los capiteles que estaban en lo alto de las dos columnas, y dos redes que cubrían los dos vasos redondos de los capiteles que estaban sobre las cabezas de las columnas. Ítem, cuatrocientas granadas sobre las dos redes, es a saber, dos ordenes de granadas en cada red, para cubrir los dos vasos redondos que estaban sobre las cabezas de las columnas. Ítem, diez basas, y diez fuentes sobre las basas. Un mar, y doce bueyes debajo del mar. Ítem, bacías, y muelles, y lebrillos, y todos los otros vasos que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Jehová, de metal acicalado. Todo lo hizo fundir el rey, en la campaña del Jordán, en arcilla de la tierra, entre Socot y Sartán. Y dejó Salomón todos los vasos sin inquirir el peso del metal, por la grande multitud. E hizo Salomón todos los vasos que eran pertenecientes a la casa de Jehová: un altar de oro, y una mesa sobre la cual estaban los panes de la proposición, también de oro. Ítem, cinco candeleros a la mano derecha, y otros cinco a la izquierda, de oro purísimo, delante del oratorio: y las flores, y las lámparas, y despabiladeras, de oro. Asimismo los cántaros, vasos, lebrillos, cucharones, e incensarios de oro purísimo. Los quiciales de las puertas de la casa de adentro, es a saber, del lugar santísimo, y de las puertas del templo, de oro. Y acabó toda la obra que hizo hacer el rey Salomón para la casa de Jehová; y metió Salomón lo que David su padre había dedicado, es a saber, plata y oro, y vasos, y púsolo todo en guarda en las tesorerías de la casa de Jehová.
Segunda lectura
¿O ignoráis, hermanos, (pues hablo con los que saben la ley,) que la ley solamente se enseñorea del hombre entre tanto que vive? Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras él vive, está ligada a su marido por la ley; mas muerto el marido, ella está libre de la ley del marido. Así que viviendo el marido se llamará adúltera, si fuere de otro varón; mas si su marido hubiese muerto, está libre de la ley, de tal manera que no será adúltera, si fuere de otro marido. Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro esposo, es a saber, del que resucitó de los muertos, para que llevemos fruto a Dios. Porque mientras estábamos en la carne, los afectos del pecado que eran por la ley, obraban en nuestros miembros para llevar fruto a la muerte: Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquello en que nos detenía presos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de la letra. ¶ ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Antes yo no conociera al pecado, sino por la ley; porque no conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. Empero el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, obró en mí toda suerte de concupiscencia; porque sin la ley el pecado estaba muerto. Así que, yo sin la ley vivía en algún tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. Y hallé que el mandamiento, que de suyo era para vida, a mí era para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. ¿Luego lo que es bueno, para mí me es hecho muerte? No, sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte; para que, por el mandamiento, el pecado se hiciese sobre manera pecaminoso. Porque ya sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido debajo del pecado. Porque lo que hago, no lo apruebo, pues el bien que quiero, no hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. Y si lo que no quiero, esto hago, consiento que la ley es buena. De manera que ya no obro yo aquello, sino el pecado que mora en mí. Porque yo sé que en mí, es a saber, en mi carne, no mora cosa buena; porque tengo el querer; mas obrar lo bueno, no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, esto hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, en queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley; que el mal habita conmigo. Porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios; Mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley de mi espíritu, y llevándome cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy a Dios por Jesu Cristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con el espíritu sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Segunda lectura
El anciano al bien amado Gayo, al cual yo amo en verdad. Mi amado, yo deseo muy mucho que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad. Porque yo me regocijé grandemente, cuando vinieron los hermanos, y dieron testimonio de tu verdad; como tú andas en la verdad. Yo no tengo mayor gozo que estas cosas, y es de oír que mis hijos andan en la verdad. Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros; Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: a los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien. Porque ellos son partidos por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles. Nosotros, pues, debemos recibir a los que son tales, para que seamos coadjutores de la verdad. Yo he escrito a la iglesia; mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe. Por esta causa si yo viniere, haré a la memoria las obras que hace, como parla con palabras maliciosas contra nosotros; y ni aun contento con estas cosas, no solo no recibe a los hermanos, pero aun prohibe a los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia. Amado, no imites lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien, es de Dios; mas el que hace mal, no ha visto a Dios. Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero. Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte con tinta y pluma. Porque espero de verte en breve, y hablaremos boca a boca. Paz a ti. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre.
Segunda lectura
Esto manda, y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud; mas sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en pureza. Entre tanto que vengo, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar. No menosprecies el don que está en ti, que te es dado para profetizar, con la imposición de las manos de los presbíteros. Medita estas cosas; ocúpate cabalmente en ellas; de manera que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina: persiste en esto; porque si así lo hicieres, a ti mismo salvarás, y a los que te oyen.
Segunda lectura
Porque Cristo, cuando éramos aun sin fuerza, a su tiempo murió por los impíos. Porque apenas morirá alguno por un justo; aunque quizá por uno bueno podrá ser que alguno aun osare morir. Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más, ahora justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesu Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.
Evangelio
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda dolencia. Y los nombres de los doce Apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, su hermano: Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano: Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Mateo el publicano: Santiago, hijo de Alfeo, y Lebeo, que tenía el sobrenombre de Tadeo: Simón de Cana, y Júdas Iscariote, que también le entregó. Estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis: Mas íd antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicád, diciendo: El reino de los cielos ha llegado. Sanád enfermos, limpiád leprosos, resucitád muertos, echád fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. No proveáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento. Mas en cualquiera ciudad o aldea, donde entraréis, buscád con diligencia quien sea en ella digno, y morád allí hasta que salgáis. Y entrando en la casa, saludádla. Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros. Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salíd de aquella casa o ciudad, y sacudíd el polvo de vuestros pies. De cierto os digo: Que el castigo será más tolerable a la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad. He aquí, yo os envió, como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardáos de los hombres; porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán. Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los Gentiles. Mas cuando os entregaren, no os congojéis cómo, o qué habéis de hablar; porque en aquella hora os será dado que habléis. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que lo soportare hasta el fin, éste será salvo. Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor. Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al mismo padre de familias llamaron Belzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y nada oculto que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decídlo en luz; y lo que oís al oído, predicádlo desde los tejados. Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: teméd antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? Y uno de ellos no caerá a tierra sin vuestro Padre. Y vuestros cabellos también, todos están contados. No temáis pues: más valéis vosotros que muchos pajarillos. Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, galardón de justo recibirá. Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un jarro de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su galardón.
Oración vespertina — segunda lectura
El anciano a la señora elegida, y a sus hijos, a los cuales yo amo en verdad; y no solo yo, pero también todos los que han conocido la verdad; Por causa de la verdad que mora en nosotros, y será perpetuamente con nosotros. Será con vosotros gracia, misericordia, paz, de Dios el Padre, y del Señor Jesu Cristo, el Hijo del Padre, en verdad y amor. Heme regocijado grandemente, porque he hallado de tus hijos que andan en la verdad, como nosotros habemos recibido el mandamiento del Padre. Y al presente, señora, yo te ruego, (no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio,) que nos amemos los unos a los otros. Y éste es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento, como vosotros habéis oído desde el principio, que andéis en él. Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan Jesu Cristo ser venido en carne. Este tal engañador es, y anticristo. Mirád por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que habemos obrado, mas recibamos el galardón cumplido. Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en vuestra casa, ni aun le saludéis. Porque el que le saluda, comunica con sus malas obras. Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no las he querido escribir por papel y tinta; empero yo espero de venir a vosotros, y hablar con vosotros boca a boca, para que nuestro gozo sea cumplido. Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén.
Evangelio
¶ Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme. Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. E hizo Leví un gran banquete en su casa, y había mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento. ¶ Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos; mas tus discípulos comen y beben? Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días. ¶ Y les decía también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
Evangelio
Como Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos a la otra parte del arroyo de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él, y sus discípulos. Y también Júdas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos. Júdas pues tomando una compañía de soldados, y ministros de los sumos sacerdotes y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas. Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él, salió delante, y les dijo. ¿A quién buscáis? Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús: Yo soy. (Y estaba también con ellos Júdas el que le entregaba.) Y como les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra. Volvióles pues a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno. Respondió Jesús: Ya os he dicho que yo soy: pues si a mí buscáis, dejád ir a estos: Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha; y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: ¿la copa que mi Padre me ha dado, no la tengo de beber? Entonces la compañía de los soldados, y el tribuno, y los ministros de los Judíos prendieron a Jesús, y le ataron. ¶ Y le trajeron primeramente a Annás, porque era suegro de Caifás, el cual era sumo sacerdote de aquel año. Y era Caifás el que había dado el consejo a los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo. Y seguía a Jesús Simón Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote. Mas Pedro estaba fuera a la puerta. Entonces salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, y metió dentro a Pedro. Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy. Y estaban en pie los criados y los ministros que habían hecho fuego de carbón, porque hacía frío, y se calentaban; y estaba con ellos Pedro en pie calentándose. Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús de sus discípulos, y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde siempre se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, estos saben lo que yo he dicho. Y como él hubo dicho esto, uno de los ministros que estaba allí, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal; mas si bien, ¿por qué me hieres? Habíale enviado Annás atado a Caifás sumo sacerdote. Estaba pues Pedro en pie calentándose: y le dijeron: ¿No eres tú también uno de sus discípulos? El lo negó, y dijo: No soy. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te ví yo en el huerto con él? Y negó Pedro otra vez; y luego el gallo cantó. ¶ Y llevan a Jesús de Caifás al pretorio; y era de mañana; y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traeis contra este hombre? Respondieron, y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado. Díceles entonces Pilato: Tomádle vosotros, y juzgádle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no nos es lícito matar a nadie. Para que se cumpliese el dicho de Jesús que había dicho, dando a entender de qué muerte había de morir. Entonces Pilato volvióse a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu misma nación, y los sumos sacerdotes, te han entregado a mí: ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos, ahora pues mi reino no es de aquí. Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, es a saber, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, volvió a los Judíos, y les dice: Yo no hallo en él crímen alguno. Empero vosotros tenéis costumbre, que yo os suelte uno en la pascua: ¿queréis pues que os suelte al Rey de los Judíos? Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era un ladrón. Así que entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana, Y decían: Dios te guarde, Rey de los Judíos; y le daban de bofetadas. Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crímen hallo en él. Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles Pilato: ¡He aquí el hombre! Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los ministros, dieron voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomádle vosotros, y crucificádle; porque yo no hallo en él crímen. Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo el Hijo de Dios. Pilato pues como oyó esta palabra, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato de soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, habla contra César. Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se llama el Pavimento, y en el Hebreo Gabbatha. Y era la preparación de la pascua, y como la hora de sexta: entonces dijo a los Judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Mas ellos dieron voces: Quítale, quítale, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los sumos sacerdotes: No tenemos rey, sino a César. Entonces pues se le entregó para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le llevaron. Y él llevando su cruz, salió al lugar que se llama el lugar de la Calavera, y en Hebreo Gólgota: Donde le crucificaron, y con él otros dos, de una parte y de otra, y Jesús en medio. Y escribió Pilato un título, el cual puso encima de la cruz; y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los Judíos leyeron este título; porque el lugar donde fue crucificado Jesús, estaba cerca de la ciudad; y era escrito en Hebreo, y en Griego, y en Latín. Y decían a Pilato los sumos sacerdotes de los Judíos: No escribas: Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos. Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes (a cada soldado una parte,) y también la túnica, mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. Dijeron pues entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella cuya será; para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Estas cosas pues los soldados hicieron. ¶ Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cléofas, y María Magdalena. Y como vio Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Y luego dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. ¶ Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Tengo sed. Y había allí puesta una vasija llena de vinagre. Entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y puesta sobre un hisopo se la llegaron a la boca. Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado está. Y abajando la cabeza, dio el espíritu. ¶ Entonces los Judíos, por cuanto era el día de la preparación, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, porque era gran día aquel sábado, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados. Vinieron pues los soldados, y a la verdad quebraron las piernas al primero, y al otro que había sido crucificado con él: Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: Hueso no será quebrantado de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán a aquel al cual traspasaron. ¶ Pasadas estas cosas, rogó a Pilato José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto, por miedo de los Judíos, que él quítase el cuerpo de Jesús: lo cual permitió Pilato. Entonces él vino, y quitó el cuerpo de Jesús. Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo una mistura de mirra y de áloes, como cien libras. Y tomaron el cuerpo de Jesús, y le envolvieron en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. Y en aquel lugar, donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto alguno. Allí pues pusieron a Jesús, por causa del día de la preparación de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca.
Evangelio
Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan. Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldijere a padre o a madre, muera de muerte. Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere a su padre o a su madre: Toda ofrenda mía a ti aprovechará; Y no honrare a su padre o a su madre, será libre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entendéd. No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejádlos: guias son ciegos de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la necesaria? Mas lo que sale de la boca, del mismo corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. ¶ Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. Y, he aquí, una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio. Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Así es Señor; pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. Entonces respondiendo Jesús, dijo: ¡O mujer! grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora. ¶ Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea; y subiendo en un monte, se sentó allí. Y llegaron a él grandes multitudes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos, y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó: De tal manera, que las multitudes se maravillaron, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos; y glorificaron al Dios de Israel. Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo misericordia de la multitud, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran multitud? Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a las multitudes que se recostasen en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, los rompió, y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. Y eran los que habían comido cuatro mil varones, sin las mujeres y los niños. Entonces despedidas las multitudes, subió en una nave, y vino a los términos de Magdala.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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