Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
¶ Y sueltos ellos, vinieron a los suyos, y contaron lo que los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos les habían dicho. Los cuales habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tú eres Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todas las cosas que en ellos están: Que por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado los paganos, y los pueblos han pensado cosas vanas? Se levantaron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron a una contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se juntaron contra tu Santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Heródes, y Poncio Pilato, con los Gentiles, y el pueblo de Israel, Para hacer lo que tu mano y tu consejo antes habían determinado que había de ser hecho. Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra. Extendiendo tu mano para que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu Santo Hijo Jesús. Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados se conmovió; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaron animosamente la palabra de Dios.
Primera lectura
¡Ay de los que establecen leyes injustas, y determinando determinan tiranía: Por apartar del juicio a los pobres, y por quitar el derecho a los afligidos de mi pueblo: por despojar las viudas, y robar los huérfanos! ¿Y qué haréis en el día de la visitación? ¿y a quién os acogeréis que os ayude, cuando viniere de lejos el asolamiento? ¿y en dónde dejaréis vuestra gloria? Sin mí se inclinaron entre los presos; y cayeron entre los muertos. Ni con todo eso cesará su furor, antes todavía su mano extendida. O! Asur, vara de mi furor, y palo él mismo, mi enojo en la mano de ellos. Enviarle he contra nación fingida; y sobre pueblo de mi ira le enviaré, para que despoje despojos, y robe presa, y que lo ponga que sea hollado, como lodo de las calles. ¶ Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera: mas su pensamiento será de desarraigar, y cortar naciones no pocas. Porque él dirá: ¿Mis príncipes no son todos reyes? ¿No es Calno como Carcamis; Armad como Arfad; y Samaria como Damasco? Como halló mi mano los reinos de los ídolos, siendo sus imágenes más que Jerusalem y Samaria: Como hice a Samaria y a sus ídolos, ¿no haré también así a Jerusalem y a sus ídolos? Mas acontecerá, que después que el Señor hubiere acabado toda su obra en el monte de Sión, y en Jerusalem, visitaré sobre el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria, y sobre la gloria de la altivez de sus ojos: Porque dijo: Con fortaleza de mi mano lo he hecho, y con mi sabiduría, porque he sido prudente: que quité los términos de los pueblos, y sus tesoros saqueé; y derribé como valiente los que estaban sentados. Y halló mi mano las riquezas de los pueblos, como nido; y como se cojen los huevos dejados, así apañé yo toda la tierra; y no hubo quien moviese ala, o abriese boca y graznase. ¶ ¿Gloriarse ha la segur contra el que corta con ella? ¿ensoberbecerse ha la sierra contra el que la mueve? como si el bordón se levantase contra los que lo levantan; como si la vara se levantase: ¿no es leño? Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos enviará flaqueza sobre sus gordos; y debajo de su gloria encenderá encendimiento, como encendimiento de fuego. Y la luz de Israel será por fuego, y su Santo por llama que abrase y consuma en un día sus cardos y sus espinas. La gloria de su breña, y de su campo fértil consumirá desde el alma hasta la carne; y será como deshecha de alférez. Y los árboles que quedaren en su breña, serán por cuenta, que un niño los pueda contar. Y acontecerá en aquel tiempo, que los que hubieren quedado de Israel, y los que hubieren quedado de la casa de Jacob, nunca más estriben sobre el que los hirió; porque estribarán sobre Jehová, Santo de Israel, con verdad. ¶ Los restos se convertirán, los restos de Jacob, al Dios fuerte. Porque si tu pueblo, o! Israel, fuere como las arenas de la mar, los restos se convertirán en él. La consumación fenecida inunda justicia. Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos hará consumación, y fenecimiento en medio de toda la tierra. ¶ Por tanto el Señor Jehová de los ejércitos dice así: No temas, pueblo mío, morador de Sión, del Asur. Con vara te herirá, y contra ti alzará su palo por la vía de Egipto: Mas desde aun poco, un poquito, se acabará el furor, y mi enojo, para fenecimiento de ellos. Y levantará Jehová de los ejércitos azote contra él, como la matanza de Madián a la peña de Horeb; y alzará su vara sobre la mar, por la vía de Egipto. Y acaecerá en aquel tiempo, que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz; y el yugo se empodrecerá delante de la unción. ¶ Vino hasta Ajad, pasó hasta Migrón: en Micmas contará su ejército. Pasaron el vado: alojaron en Geba: Rama tembló: Gabaa de Saul huyó. Grita a alta voz hija de Gallim: Laisa, haz que te oiga la pobrecilla Anatot. Madmena se alborotó: los moradores de Gebim se juntarán. Aun vendrá día cuando reposará en Nob: alzará su mano al monte de la hija de Sión, al collado de Jerusalem. He aquí que el Señor Jehová de los ejércitos desgajará el ramo con fortaleza; y los de grande altura serán cortados, y los altos serán humillados. Y cortará con hierro la espesura de la breña; y el Líbano caerá con fortaleza.
Primera lectura
Y llegáronse los días de David para morir, y mandó a Salomón su hijo, diciendo: Yo voy el camino de toda la tierra; esfuérzate, y sé varón. Guarda la observancia de Jehová tu Dios andando en sus caminos, y guardando sus estatutos y mandamientos, y sus derechos, y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que seas dichoso en todo lo que hicieres, y en todo aquello a que te tornares. Para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren su camino andando delante de mí con verdad, de todo su corazón, y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón del trono de Israel. Y también tú sabes lo que me ha hecho Joab, hijo de Sarvia, lo que hizo a dos generales del ejército de Israel, es a saber a Abner, hijo de Ner, y a Amasa, hijo de Jeter, a los cuales el asesinó, derramando en paz la sangre de guerra, y poniendo la sangre de guerra en su talabarte que tenía sobre sus lomos, y en sus zapatos que tenía en sus pies. Tú harás conforme a tu sabiduría; no harás descender sus canas al sepulcro en paz. A los hijos de Berzellai Galaadita harás misericordia, que sean de los convidados de tu mesa: porque ellos vinieron así a mí, cuando iba huyendo de Absalom tu hermano. También tienes contigo a Semeí, hijo de Gera, hijo de Jemini de Bajurim, el cual me maldijo de una maldición fuerte, el día que yo iba a Mahanaim. Mas él mismo descendió a recibirme al Jordán, y yo le juré por Jehová, diciendo: Yo no te mataré a cuchillo. Mas ahora no le absolverás: que hombre sabio eres, y sabes como te has de haber con él; y harás descender sus canas con sangre a la sepultura. Y David durmió con sus padres, y fue sepultado en la ciudad de David. Los días que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años: siete años reinó en Hebrón, y en Jerusalem reinó treinta y tres años. Y Salomón se asentó en el trono de David su padre, y fue su reino firme en gran manera.
Oración matutina — primera lectura
Y tenía Acab en Samaria setenta hijos: y escribió cartas Jehú, y enviólas a Samaria a los principales de Jezrael, a los ancianos, y a los ayos de Acab, diciendo: Luego en viniendo estas cartas a vosotros los que tenéis los hijos de vuestro señor, y los que tenéis carros y gente de a caballo, la ciudad pertrechada, y las armas; Mirád cual es el mejor, y el más recto de los hijos de vuestro señor, y ponédle en el trono de su padre: y peleád por la casa de vuestro señor. Y ellos hubieron gran temor, y dijeron: He aquí, dos reyes no pudieron resistirle, ¿cómo le resistiremos nosotros? Y enviaron el mayordomo, y el presidente de la ciudad, y los ancianos, y los ayos, a Jehú, diciendo: Siervos tuyos somos; todo lo que nos mandares, haremos; y no elegiremos por rey a ninguno: mas tú harás lo que es bueno en tus ojos. Él entonces les escribió la segunda vez, diciendo: Si sois míos, y queréis obedecerme, tomád las cabezas de los varones, de los hijos de vuestro señor, y veníd mañana a estas horas a mí a Jezrael. Y los hijos del rey, setenta varones, estaban con los principales de la ciudad, que los criaban. Y como las cartas llegaron a ellos, tomaron a los hijos del rey, y degollaron setenta varones, y pusieron sus cabezas en canastillos, y enviáronselas a Jezrael. Y vino un mensajero que le dio las nuevas, diciendo: Traído han las cabezas de los hijos del rey. Y él dijo: Ponédlas en dos montones a la entrada de la puerta hasta la mañana. Venida la mañana él salió, y estando en pie dijo a todo el pueblo: Vosotros sois justos, y, he aquí, yo he conspirado contra mi señor, y le he muerto: mas, ¿quién muerto ha todos estos? Sabéd ahora que de la palabra de Jehová, que habló sobre la casa de Acab, nada caerá en tierra: y que Jehová ha hecho lo que dijo por su siervo Elías. Y mató Jehú a todos los que habían quedado de la casa de Acab en Jezrael, y a todos sus príncipes, y a todos sus familiares, y sus sacerdotes, que no le quedó ninguno. Y levantóse de allí, y vino a Samaria: y llegando él a una casa de trasquiladura de pastores en el camino. Halló allí a los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y díjoles: ¿Quién sois vosotros? Y ellos dijeron: Somos hermanos de Ocozías, y habemos venido a saludar a los hijos del rey, y a los hijos de la reina. Entonces él dijo: Prendédlos vivos. Y después que los tomaron vivos, los degollaron junto al pozo de la casa de la trasquiladura, cuarenta y dos varones, que ninguno de ellos dejó. Y partiéndose de allí, topóse con Jonadab, hijo de Recab, y después que le hubo saludado, díjole: ¿Es recto tu corazón como el mío es recto con el tuyo? Y Jonadab dijo: Es, y es. Dáme pues la mano. Y él le dio su mano, e hízole subir consigo en el carro. Y díjole: Ven conmigo, y verás mi zelo por Jehová. Y pusiéronle en su carro. Y como vino a Samaria, mató a todos los que habían quedado de Acab en Samaria, hasta raerlos del todo, conforme a la palabra de Jehová, que había hablado por Elías. ¶ Y juntó Jehú todo el pueblo, y díjoles: Acab poco sirvió a Baal: mas Jehú le servirá mucho. Llamádme pues luego a todos los profetas de Baal, a todos sus siervos, y a todos sus sacerdotes, que no falte ninguno, porque tengo un grande sacrificio para Baal: cualquiera que faltare, no vivirá. Esto hacía Jehú con astucia, para destruir los que honraban a Baal. Y dijo Jehú: Santificád un día solemne a Baal. Y ellos convocaron. Y envió Jehú por todo Israel, y vinieron todos los siervos de Baal, que no faltó ninguno, que no viniese. Y entraron en el templo de Baal, y el templo de Baal se hinchió de cabo a cabo. Entonces dijo al que tenía cargo de las vestiduras: Saca vestiduras para todos los siervos de Baal. Y él les sacó vestiduras. Y entró Jehú con Jonadab, hijo de Recab, en el templo de Baal, y dijo a los siervos de Baal: Mirád, y ved que por dicha no haya aquí entre vosotros alguno de los siervos de Jehová, sino solos los siervos de Baal. Y como ellos entraron para hacer sacrificios y holocaustos, Jehú puso fuera ochenta varones, y díjoles: Cualquiera que dejare vivo alguno de aquellos hombres, que yo he puesto en vuestras manos, su vida será por la del otro. Y después que ellos acabaron de hacer el holocausto, Jehú dijo a los de su guardia, y a los capitanes: Entrád, y matádlos, que no escape ninguno. Y pasáronlos a cuchillo, y dejáronlos tendidos los de la guardia y los capitanes, y fueron hasta la ciudad del templo de Baal; Y sacaron las estatuas de la casa de Baal, y las quemaron. Y quebraron la estatua de Baal, y derribaron la casa de Baal, e hiciéronla necesarias hasta hoy. Así rayó Jehú a Baal de Israel. ¶ Con todo eso Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, de en pos de los becerros de oro, que estaban en Bet-el, y en Dan. Y Jehová dijo a Jehú: Por cuanto has hecho bien, haciendo lo que es recto delante de mis ojos, conforme a todo lo que estaba en mi corazón has hecho a la casa de Acab, tus hijos se asentarán sobre el trono de Israel hasta la cuarta generación. Mas Jehú no guardó andando en la ley de Jehová Dios de Israel con todo su corazón, ni se apartó de los pecados de Jeroboam, el que había hecho pecar a Israel. En aquellos días comenzó Jehová a talar en Israel: e hiriólos Hazael en todos los términos de Israel, Desde el Jordán al nacimiento del sol, toda la tierra de Galaad, de Gad, de Rubén, y de Manasés: desde Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, a Galaad, y a Basán. Lo demás de los hechos de Jehú, y todas las cosas que hizo, y toda su valentía, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Jehú con sus padres, y le sepultaron en Samaria, y reinó en su lugar Joacaz su hijo. El tiempo que Jehú reinó sobre Israel en Samaria fue veinte y ocho años.
Epístola
Mas el fin de todas las cosas se acerca. Sed pues templados, y velád en oración. Y sobre todo tenéd entre vosotros ferviente caridad; porque la caridad cubrirá la multitud de pecados. Hospedáos amorosamente los unos a los otros sin murmuraciones. Cada uno según el don que ha recibido, adminístrelo a los otros, como buenos dispensadores de las diferentes gracias de Dios. Si alguno habla, hable conforme a los oráculos de Dios: si alguno ministra, ministre conforme a la virtud que Dios da: para que en todas cosas sea Dios glorificado por medio de Jesu Cristo, al cual es gloria, e imperio para siempre jamás. Amén.
Primera lectura
Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por su nombre a Beseleel hijo de Uri, hijo de Jur, de la tribu de Judá, Y lo he henchido de espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio, Para inventar invenciones para obrar en oro, y en plata, y en metal. Y en artificio de piedras para engastar, y en artificio de madera, para obrar en toda obra. Y he aquí que yo he puesto con él a Ooliab, hijo de Aquisamec de la tribu de Dan: y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado. El tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y la cubierta que estará sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo, Y la mesa y sus vasos, y el candelero limpio y todos sus vasos, y el altar del perfume, Y el altar del holocausto, y todos sus vasos, y la fuente, y su basa, Y las vestiduras del servicio, y las santas vestiduras, para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para que sean sacerdotes, Y el aceite de la unción, y el perfume aromático para el santuario, el cual harán conforme a todo lo que yo te he mandado. ¶ Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo soy Jehová, que os santifico; Así que guardaréis el sábado porque santo es a vosotros: El que lo profanare, muriendo morirá: porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella alma será cortada de en medio de sus pueblos. Seis días se hará obra; y el séptimo día sábado de reposo será santo a Jehová: cualquiera que hiciere obra el día del sábado, muriendo morirá. Guardarán pues el sábado los hijos de Israel, haciendo sábado por sus edades, pacto perpetuo: Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó. ¶ Y dio a Moisés, como acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.
Oración matutina — segunda lectura
En aquel tiempo iba Jesús por entre los panes en sábado; y sus discípulos tenían hambre, y comenzaron a coger espigas, y a comer. Y viéndolo los Fariseos, le dijeron: He aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. Y él les dijo: ¿No habéis leído, qué hizo David, teniendo hambre él, y los que estaban con él? ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposición, que no le era lícito comer de ellos, ni a los que estaban con él, sino a solos los sacerdotes? O ¿no habéis leído en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa? Pues yo os digo, que uno mayor que el templo está aquí. Mas si supieseis qué es: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenaríais a los inocentes. Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre. ¶ Y partiéndose de allí, vino a la sinagoga de ellos. Y, he aquí, había allí uno que tenía una mano seca; y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle. Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y la levante? ¿Pues cuánto más vale un hombre que una oveja? Así que lícito es en los sábados hacer bien. Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restituida sana como la otra. Y salidos los Fariseos consultaron contra él para destruirle. Mas sabiéndolo Jesús, se apartó de allí; y le siguieron grandes multitudes, y sanaba a todos. Y él les mandó rigurosamente, que no le descubriesen; Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo: He aquí mi siervo, al cual he escogido; mi amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y a los Gentiles anunciará juicio. No contenderá, ni voceará; ni nadie oirá en las calles su voz: La caña cascada no quebrará; y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio; Y en su nombre esperarán los Gentiles. ¶ Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo hablaba y veía. Y todo el pueblo estaba fuera de sí, y decía: ¿Es éste aquel Hijo de David? Mas los Fariseos, oyéndolo, decían: Este no echa fuera los demonios, sino por Belzebú, príncipe de los demonios. Y Jesús, como sabía los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad o casa, dividida contra sí misma, no permanecerá. Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino? Y si yo por Belzebú echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos, por quién los echan? Por tanto ellos serán vuestros jueces. Y si por el Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa. El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia del Espíritu no será perdonada a los hombres. Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. O hacéd el árbol bueno, y su fruto bueno; o hacéd el árbol carcomido, y su fruto podrido; porque por su fruto es conocido el árbol. ¡O generación de víboras! ¿cómo podéis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazón habla la boca. El buen hombre del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el mal hombre del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. ¶ Entonces respondieron unos de los escribas y de los Fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. Y él respondió, y les dijo: La generación mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta. Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Los de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás; y, he aquí, uno mayor que Jonás en este lugar. La reina del austro se levantará en juicio con esta generación, y la condenará; porque vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y, he aquí, uno mayor que Salomón en este lugar. Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándole, Entonces dice: Me volveré a mi casa, de donde salí. Y cuando viene, la halla desocupada, barrida, y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados moran allí; y son peores las postrimerías del tal hombre, que sus primerías. Así también acontecerá a esta generación mala. ¶ Y estando él aun hablando al pueblo, he aquí, su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querían hablar. Y le dijo uno: He aquí, tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar. Y respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre, y mis hermanos. Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.
Salmo responsorial
Dios, Dios mío eres tú, a ti madrugaré: mi alma tuvo sed de ti, mi carne te desea en tierra de sequedad, y sequiosa sin aguas. Así te miré en el santuario, para ver tu fortaleza y tu gloria. Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será harta mi alma: y con labios de alegría te alabará mi boca, Cuando me acordaré de ti en mis camas, cuando a las alboradas meditaré de ti; Porque has sido mi socorro: y en la sombra de tus alas me regocijaré. Mi alma se apegó a ti: tu diestra me ha sustentado. Mas ellos para destrucción buscaron mi alma: descendieron en lo más bajo de la tierra. Matarlos han a filo de espada: porción de zorras serán. Y el rey se alegrará en Dios, será alabado cualquiera que jura por él: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.
Evangelio
Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, es a saber, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros también daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Estas cosas os he hablado, para que no seáis ofendidos. Os echarán de las sinagogas: aun más, la hora viene, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios. Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni a mí. Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis de ello, que yo os lo había dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.
Salmo responsorial
Alabád a Jehová, invocád su nombre: hacéd notorias sus obras en los pueblos. Cantád a él, decíd salmos a él: hablád de todas sus maravillas. Gloriáos en su nombre santo: alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscád a Jehová, y a su fortaleza: buscád su rostro siempre. Acordáos de sus maravillas, que hizo: de sus prodigios, y de los juicios de su boca, Simiente de Abraham su siervo: hijos de Jacob sus escogidos. El es Jehová nuestro Dios: en toda la tierra están sus juicios. Acordóse para siempre de su alianza: de la palabra que mandó para mil generaciones: La cual concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac. Y establecióla a Jacob por decreto, a Israel por concierto eterno, Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, por cordel de vuestra heredad. Siendo ellos pocos hombres en número, y extranjeros en ella. Y anduvieron de gente en gente: de un reino a otro pueblo. No consintió que hombre los agraviase: y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis en mis ungidos: ni hagáis mal a mis profetas. Y llamó a la hambre sobre la tierra: y toda fuerza de pan quebrantó. Envió un varón delante de ellos: por siervo fue vendido José. Afligieron sus pies con grillos: en hierro entró su persona, Hasta la hora que llegó su palabra: el dicho de Jehová le purificó. Envió el rey, y soltóle: el señor de los pueblos, y le desató. Púsole por señor de su casa: y por enseñoreador en toda su posesión. Para echar presos sus príncipes, como él quisiese; y enseñó sabiduría a sus viejos. Y entró Israel en Egipto: y Jacob fue extranjero en la tierra de Cam. E hizo crecer su pueblo en gran manera: e hízole fuerte más que sus enemigos. Volvió el corazón de ellos, para que aborreciesen a su pueblo: para que pensasen mal contra sus siervos. Envió a su siervo Moisés: a Aarón, al cual escogió. Pusieron en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Echó tinieblas, e hizo oscuridad, y no fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, y mató sus pescados. Engendró ranas su tierra en las camas de sus reyes. Dijo, y vino una mezcla de diversas moscas, piojos en todo su término. Volvió sus lluvias en granizo: en fuego de llamas en su tierra. E hirió sus viñas, y sus higueras; y quebró los árboles de su término. Dijo, y vino langosta, y pulgón sin número; Y comió toda la yerba de su tierra, y comió el fruto de su tierra. E hirió a todos los primogénitos en su tierra, el principio de toda su fuerza. Y sacólos con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo. Egipto se alegró en su salida; porque había caído sobre ellos el terror de ellos. Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche. Pidieron, e hizo venir codornices; y de pan del cielo les hartó. Abrió la peña, y corrieron aguas; fueron por las securas como un río. Porque se acordó de su santa palabra con Abraham su siervo. Y sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. Y dióles las tierras de los Gentiles: y los trabajos de las naciones heredaron: Para que guardasen sus estatutos; y conservasen sus leyes. Alelu-Jah.
Salmo responsorial
Mirád, bendecíd a Jehová todos los siervos de Jehová, los que estáis en la casa de Jehová, en las noches: Alzád vuestras manos al santuario, y bendecíd a Jehová. Bendígate Jehová desde Sión, el que hizo los cielos y la tierra.
Salmo responsorial
Acuérdate, o! Jehová, de David, de toda su aflicción: Que juró a Jehová, prometió al fuerte de Jacob: No entraré en la morada de mi casa: no subiré sobre el lecho de mi estrado: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, Hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el fuerte de Jacob. He aquí, en Efrata oímos de ella: hallámosla en los campos del bosque. Entraremos en sus tiendas: encorvarnos hemos al estrado de sus pies. Levántate, o! Jehová, a tu reposo, tú, y el arca de tu fortaleza. Tus sacerdotes vistan justicia; y tus piadosos se regocijen. Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro. Juró Jehová verdad a David, no se apartará de ella: de fruto de tu vientre pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi alianza, y mi testimonio que yo les enseñaré: sus hijos también se asentarán sobre tu trono para siempre. Porque Jehová ha elegido a Sión: la codició por habitación para sí. Este será mi reposo para siempre: aquí habitaré, porque la he codiciado. A su mantenimiento daré bendición: sus pobres hartaré de pan. Y a sus sacerdotes vestiré de salud; y sus piadosos exultarán de gozo. Allí haré reverdecer el cuerno de David: yo he aparejado lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión; y sobre él florecerá su corona.
Oración vespertina — primera lectura
Y Atalía madre de Ocozías viendo que su hijo era muerto, levantóse, y destruyó toda la simiente real. Y tomando Josaba, hija del rey Joram, hermana de Ocozías, a Joas, hijo de Ocozías, hurtóle de entre los hijos del rey que se mataban, a él y a su ama, de delante de Atalía; y escondióle en la cámara de las camas, y así no le mataron. Y estuvo con ella escondido en la casa de Jehová seis años: y Atalía fue reina sobre la tierra. Y al séptimo año envió Joiada, y tomó centuriones, capitanes, y gente de guardia, y metiólos consigo en la casa de Jehová, e hizo con ellos liga juramentándolos en la casa de Jehová, y mostróles al hijo del rey. Y mandóles, diciendo: Esto es lo que habéis de hacer, la tercera parte de vosotros que entrarán el sábado, tendrán la guardia de la casa del rey: Y la otra tercera parte estará a la puerta del Sur. Y la otra tercera parte, a la puerta del postigo de los de la guardia, y tendréis la guardia de la casa de Messa. Y las otras dos partes de vosotros, es a saber, todos los que salen el sábado, tendréis la guardia de la casa de Jehová junto al rey. Y estaréis al rededor del rey de todas partes, teniendo cada uno sus armas en las manos: y cualquiera que entrare dentro de estos ordenes, sea muerto. Y estaréis con el rey cuando saliere, y cuando entrare. Y los centuriones lo hicieron todo como el sacerdote Joiada les mandó, tomando cada uno los suyos, es a saber, los que habían de entrar el sábado, y los que habían salido el sábado, y viniéronse a Joiada el sacerdote. Y el sacerdote dio a los centuriones las picas y los escudos que habían sido del rey David, que estaban en la casa de Jehová. Y los de la guardia se pusieron en orden teniendo cada uno sus armas en sus manos, desde el lado derecho de la casa, hasta el lado izquierdo, junto al altar y el templo, cerca del rey al derredor. Y sacando al hijo del rey, púsole la corona y el testimonio; e hiciéronle rey, ungiéndole; y batiendo las manos dijeron: Viva el rey. Y oyendo Atalía el estruendo del pueblo que corría, entró al pueblo en el templo de Jehová. Y como miró, he aquí el rey, que estaba junto a la columna, conforme a la costumbre, y los príncipes, y los trompetas junto al rey, y que todo el pueblo de la tierra hacía alegrías, y que tocaban las trompetas. Entonces Atalía rompiendo sus vestidos dio voces: Traición, traición. Entonces el sacerdote Joiada mandó a los centuriones, que gobernaban el ejército, y díjoles: Sacádla fuera del cercado del templo, y al que la siguiere, matádle a cuchillo. (Porque el sacerdote dijo, que no la matasen en el templo de Jehová.) Y diéronle lugar, y vino por el camino por donde entran los de a caballo a la casa del rey, y allí la mataron. ¶ Entonces Joiada hizo alianza entre Jehová y el rey y el pueblo, que sería pueblo de Jehová, y asimismo entre el rey y el pueblo. Y todo el pueblo de la tierra entró en el templo de Baal, y le derribaron; y quebraron bien sus altares, y sus imágenes. Asimismo mataron a Matán, sacerdote de Baal delante de los altares; y el sacerdote puso guarnición sobre la casa de Jehová. Y después tomó los centuriones, y capitanes, y los de la guardia, y a todo el pueblo de la tierra, y llevaron al rey desde la casa de Jehová, y vinieron por el camino de la puerta de los de la guardia a la casa del rey, y sentóse sobre el trono de los reyes. Y todo el pueblo de la tierra hizo alegrías, y la ciudad estuvo en reposo, muerta Atalía a cuchillo en la casa del rey. Joas era de siete años, cuando comenzó a reinar.
Segunda lectura
Y aconteció en Iconio, que entrados ambos en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron a los Gentiles, y corrompieron los ánimos de ellos contra los hermanos. Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo, hablando animosamente en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos. Y la multitud de la ciudad fue dividida; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles. Mas haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles, juntamente con sus príncipes, para afrentarlos y apedrearlos, Entendiéndolo ellos se huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra al derredor. Y allí predicaban el evangelio. ¶ Y un varón de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo: el cual, como puso los ojos en él, y vio que tenía fe para ser sano, Dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Y las gentes, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua Licaonia: Dioses en semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Barnabás llamaban Júpiter; y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Entonces el sacerdote de Júpiter que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, quería con el pueblo ofrecerles sacrificio. Lo cual como oyeron los apóstoles Barnabás y Pablo, rompiendo sus ropas, saltaron en medio de la multitud, dando voces, Y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos. El cual en las edades pasadas ha dejado a todas las naciones andar en sus propios caminos: Aunque no se dejó a sí mismo sin testimonio, bien haciendo, dándonos lluvias del cielo, y tiempos fructíferos, llenando de mantenimiento, y de alegría nuestros corazones. Y diciendo estas cosas, apenas contuvieron las multitudes a que no les sacrificasen. ¶ Entonces sobrevinieron unos Judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud; y habiendo apedreado a Pablo, le sacaron arrastrando fuera de la ciudad, pensando que ya estaba muerto. Mas rodéandole los discípulos, se levantó, y se entró en la ciudad; y un día después se partió con Barnabás a Derbe. Y como hubieron anunciado el evangelio a aquella ciudad, y enseñado a muchos, volviéronse a Listra, y a Iconio, y a Antioquía, Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos que permaneciesen en la fe; y enseñándoles que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. Y habiéndoles ordenado ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habían creído. Y pasando por Pisidia vinieron a Pamfilia. Y habiendo predicado la palabra en Perges, descendieron a Attalia. Y de allí navegaron a Antioquía, de donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que ya habían acabado. Y como vinieron, y juntaron la iglesia, relataron cuán grandes cosas había hecho Dios por medio de ellos; y como había abierto a los Gentiles la puerta de la fe. Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos.
Segunda lectura
Y yo me paré sobre la arena de la mar. Y ví una bestia subir de la mar, que tenía siete cabezas, y diez cuernos; y sobre sus cuernos diez diademas; y sobre las cabezas de ella un nombre de blasfemia. Y la bestia que ví, era semejante a un leopardo, y sus pies como pies de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder, y su trono, y grande potestad. Y ví la una de sus cabezas como herida de muerte, y la llaga de su muerte fue curada; y hubo admiración en toda la tierra detrás de la bestia. Y adoraron al dragón que había dado la potestad a la bestia; y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante a la bestia, y quién podrá batallar contra ella? Y le fue dada boca que hablaba grandes cosas, y blasfemias; y le fue dado de hacer la guerra cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y a los que moran en el cielo. Y le fue dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fue dado poder sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nación: Y todos los que moran en la tierra la adorarán, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fue inmolado desde el principio del mundo. Si alguno tiene oído, oiga. El que lleva en cautividad, en cautividad irá: el que a cuchillo matare, es necesario que a cuchillo sea muerto. Aquí está la paciencia, y fe de los santos. Después ví otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, mas hablaba como un dragón. Y ejerce toda la potencia de la primera bestia en presencia de ella; y hace a la tierra, y a los moradores de ella adorar la primera bestia, cuya herida de muerte fue curada. Y hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra por medio de las señales que le han sido dadas para hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra, que hagan la imagen de la bestia, que tiene la herida de espada, y vivió. Y le fue dado que diese aliento a la imagen de la bestia, a fin de que la imagen de la bestia hablase, y también hiciese que cualesquiera que no adoraren la imagen de la bestia, fuesen matados. Y hace a todos los pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, tomar una señal en su mano derecha, o en sus frentes; Y que ninguno pueda comprar o vender, sino el que tiene la señal, o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia; porque el número es del hombre, y el número de ella es Seiscientos sesenta y seis.
Segunda lectura
Porque convenía, que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual son todas las cosas, habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, hiciese consumado al príncipe de la salud de ellos por medio de padecimientos. Porque el que santifica y los que son santificados de uno son todos; por cuya causa no se avergüenza de llamarlos hermanos, Diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la iglesia salmearte he. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí yo, y los hijos que me dio Dios. Así que por cuanto los hijos participan de la carne y de la sangre, también él de la misma manera participó de las mismas cosas; para que por medio de la muerte redujese a la impotencia al que tenía la potencia de la muerte, es a saber, al diablo; Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre. Que ciertamente no toma a los ángeles, mas toma a la simiente de Abraham. Por lo cual fue necesario que en todo semejase a sus hermanos, para que fuese un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo perteneciente a Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Porque en cuanto él mismo padeció, siendo tentado, es poderoso para también socorrer a los que son tentados.
Segunda lectura
Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesu Cristo glorioso en acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra algún varón, que trae anillo de oro, vestido de preciosa ropa, y también entra un pobre vestido de vestidura vil, Y pusiereis los ojos en el que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Tú asiéntate aquí honoríficamente; y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; o, siéntate aquí debajo del estrado de mis pies: ¿Vosotros, no hacéis ciertamente distinción dentro de vosotros mismos, y sois hechos jueces de pensamientos malos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, que sean ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿Los ricos no os oprimen con tiranía, y ellos mismos os arrastran a los juzgados? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que es invocado sobre vosotros? Si ciertamente vosotros cumplís la ley real conforme a la Escritura, es a saber: Amarás a tu prójimo como a ti mismo; bien hacéis; Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois acusados de la ley como transgresores. Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y sin embargo se deslizare en un punto, es hecho culpado de todos.
Evangelio
Y salido Jesús del templo, íbase; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra que no sea derribada. ¶ Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron a él los discípulos aparte, diciendo: Dinos cuando serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo. Y respondiendo Jesús, les dijo: Mirád que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis guerras y rumores de guerras: mirád que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aun no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y serán pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principio de dolores. Entonces os entregarán para ser afligidos; y os matarán; y seréis aborrecidos de todas naciones, por causa de mi nombre. Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos a otros; y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin. ¶ Por tanto cuando viereis la abominación de asolamiento, que fue dicha por Daniel el profeta, que estará en el lugar santo, el que lee, entienda. Entonces los que estuvieren en Judea, huyan a los montes; Y el que sobre la techumbre, no descienda a tomar algo de su casa; Y el que en el campo, no vuelva atrás a tomar sus ropas. Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crían en aquellos días! Orád pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en día de sábado. Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. ¶ Entonces si alguien os dijere: He aquí, está el Cristo, o allí; no creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas; y darán señales grandes y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun a los escogidos. He aquí, os lo he dicho antes. Así que si os dijeren: He aquí, en el desierto está; no salgáis. He aquí, en las cámaras; no creáis. Porque como relámpago que sale del oriente, y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán también las águilas. ¶ Y luego después de la aflicción de aquellos días, el sol se oscurecerá; y la luna no dará su lumbre; y las estrellas caerán del cielo; y las virtudes de los cielos serán conmovidas. Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo, y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra; y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con poder y grande gloria. Y enviará sus ángeles con trompeta y gran voz; y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, del un cabo del cielo hasta el otro. De la higuera aprendéd la comparación: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabéd que está cercano, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación que todas estas cosas no acontezcan. El cielo y la tierra perecerán, mas mis palabras no perecerán. ¶ Mas del día o hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo. Mas como los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, tomando mujeres, y dándolas en matrimonio, hasta el día que Noé entró en el arca, Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y los llevó a todos; así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo; uno será tomado, y otro será dejado: Dos mujeres moliendo a un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada. ¶ Velád pues, porque no sabéis a que hora ha de venir vuestro Señor. Esto empero sabéd, que si el padre de familias supiese a cual vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto también vosotros estád apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir a la hora que no pensáis. ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual su Señor puso sobre su familia, para que les dé alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare haciendo así. De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá. Mas si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor se tarda de venir; Y comenzare a herir sus compañeros, y aun a comer y beber con los borrachos: Vendrá el Señor de aquel siervo el día que él no espera, y a la hora que él no sabe, Y le apartará, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes.
Oración vespertina — segunda lectura
Toda alma sea sujeta a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios: las potestades que son, de Dios son ordenadas. Así que el que se opone a la potestad, al orden de Dios resiste; y los que resisten, ellos mismos recibirán condenación para sí. Porque los magistrados no son para temor de las buenas obras, sino de las malas. ¿Quieres pues no temer la potestad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; Porque te es el ministro de Dios para bien. Mas si hicieres lo malo, teme; porque no sin causa trae la espada, porque es el ministro de Dios, vengador para ejecutar su ira al que hace lo malo. Por lo cual es necesario que le seáis sujetos: no solamente por motivo de la ira, mas aun por la conciencia. Porque por esto les pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven a esto mismo. Pagád pues a todos lo que debéis: al que tributo, tributo: al que impuesto, impuesto: al que temor, temor: al que honra, honra. ¶ No debáis a nadie nada, sino que os améis unos a otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. Porque esto: No adulterarás: no matarás: no hurtarás: no dirás falso testimonio: no codiciarás; y si hay algún otro mandamiento, en esta palabra se comprende sumariamente: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo, así que el amor es el cumplimiento de la ley. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos esta más cerca nuestra salvación, que cuando creíamos. La noche ya pasa, y el día va llegando: desechemos pues las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. Andemos honestamente, como de día: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia: Mas vestíos del Señor Jesu Cristo; y no penséis en la carne para cumplir sus deseos.
Evangelio
¶ Y aconteció que después de estas palabras, como ocho días, tomó a Pedro, y a Juan, y a Santiago, y subió a un monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente. Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías, Que aparecieron en gloria, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban con él. Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para ti, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decía. Y estando él hablando esto, vino una nube que los hizo sombra; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd. Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo, y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. ¶ Y aconteció el día siguiente, que bajando ellos del monte, un gran gentío le salió al encuentro; Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo el único que tengo. Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza de modo que echa espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole. Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y le despedazó; mas Jesús riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió a su padre. Y todos estaban fuera de sí de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: ¶ Ponéd vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían esta palabra; y les era encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra.
Evangelio
El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste selló, que Dios es verdadero; Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; porque no le da Dios el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida; sino que la ira de Dios queda sobre él.
Evangelio
Entonces Jesús habló a la multitud, y a sus discípulos, Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se asientan los escribas y los Fariseos: Así que todo lo que os dijeren que guardéis, guardádlo, y hacédlo; mas no hagáis conforme a sus obras; porque dicen y no hacen. Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover. Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos, Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres, Rabbi, Rabbi. Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbies; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y vuestro Padre no llaméis a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. Ni os llaméis doctores; porque uno es vuestro Doctor, el Cristo. Mas el que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enalteciere será humillado; y el que se humillare será enaltecido. Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que entran dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas con color de larga oración; por esto llevaréis más grave juicio. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros. ¡Ay de vosotros, guias ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es. ¡Insensatos y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? Y, cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre él, deudor es. ¡Insensatos y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, o el altar que santifica al presente? Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él. Y el que jurare por el templo, jura por él, y por el que habita en él. Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por el que está sentado sobre él. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta, y el eneldo, y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es a saber, el juicio, y la misericordia, y la fe. Esto era menester hacer, y no dejar lo otro. ¡Guias ciegos! que coláis el mosquito, mas tragáis el camello. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo que está de fuera del vaso, o del plato; mas de dentro está todo lleno de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! limpia primero lo que está dentro del vaso y del plato, para que también lo que está de fuera se haga limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que de fuera, a la verdad, se muestran hermosos; mas de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad. Así también vosotros, de fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas. Así que testimonio dais a vosotros mismos que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. Vosotros también henchíd la medida de vuestros padres. ¡Serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno? Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas; y de ellos unos mataréis y crucificaréis; y otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, al cual matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generación. ¡Jerusalem! ¡Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas a los que son enviados a ti, cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste. He aquí, vuestra casa os es dejada desierta. Porque yo os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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