Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y aconteció en Iconio, que entrados ambos en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron a los Gentiles, y corrompieron los ánimos de ellos contra los hermanos. Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo, hablando animosamente en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos. Y la multitud de la ciudad fue dividida; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles. Mas haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles, juntamente con sus príncipes, para afrentarlos y apedrearlos, Entendiéndolo ellos se huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra al derredor. Y allí predicaban el evangelio.
Primera lectura
Desciende, y asiéntate en el polvo virgen hija de Babilonia: asiéntate en la tierra sin trono, hija de los Caldeos: que nunca más te llamarán tierna, y delicada. Toma el molino, y muele harina: descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. Será descubierta tu vergüenza, y tu deshonor será visto: tomaré venganza, y no encontraré como hombre. Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, Santo de Israel. Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los Caldeos; porque nunca más te llamarán Señora de reinos. Enojéme contra mi pueblo; profané mi heredad, y los entregué en tu mano: no les hiciste misericordias: sobre el viejo agravaste mucho tu yugo, Y dijiste: Para siempre seré señora. Hasta ahora no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mi no hay más: no quedaré viuda, ni conoceré orfandad. Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad, y viudez: en toda su perfección vendrán sobre ti, por la multitud de tus adivinanzas, y por la copia de tus muchos agüeros. Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría, y tu misma ciencia te engañó, a que dijeses en tu corazón: Yo, y no más. Vendrá pues sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás: caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y vendrá sobre ti de repente destrucción, la cual tú no conocerás. Estáte ahora entre tus adivinanzas, y en la multitud de tus agüeros, en los cuales te fatigaste desde tu niñez: quizá podrás mejorarte, quizá te fortificarás. Háste fatigado en la multitud de tus consejos: parezcan ahora, y defiéndante los contempladores de los cielos, los especuladores de las estrellas, los que enseñan los cursos de la luna, de lo que vendrá sobre ti. He aquí que serán como tamo, fuego los quemará: no salvarán sus vidas de la mano de la llama: no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, tus negociantes, desde tu niñez: cada uno echará por su camino, no habrá quien te escape.
Primera lectura
En aquel día cantarán este cantar en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos: salud puso por muros y antemuro. Abríd las puertas, y entrará la nación justa, guardadora de verdades. Sentencia firme: Que guardarás paz, paz; porque en ti se han confiado, Confiád en Jehová perpetuamente; porque en Jah Jehová está la fortaleza de los siglos. ¶ Porque él derribó los que moraban en lugar sublime: humilló la ciudad ensalzada, humillóla hasta la tierra, la derribó hasta el polvo. Hollarla ha pie, pies de afligido, pasos de menesterosos. ¶ Camino derecho para el justo: Tú, recto, pesas el camino del justo. Aun en el camino de tus juicios, o! Jehová, te esperamos: a tu nombre, y a tu memoria es el deseo del alma. Con mi alma te deseo en la noche; y entre tanto que me durare el espíritu en medio de mí, madrugaré a buscarte; porque desde que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. ¶ Alcanzará piedad el impío, no aprendará justicia: en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová. Jehová, por mucho que se levante tu mano, no verán: verán, y avergonzarse han con zelo del pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá. Jehová, aparejarnos has paz; porque también obraste en nosotros todas nuestras obras,
Oración matutina — primera lectura
Y dijo Samuel a todo Israel: He aquí, yo he oído vuestra voz en todas las cosas que me habéis dicho, y os he puesto rey. Ahora, pues, he aquí vuestro rey va delante de vosotros. Porque yo ya soy viejo y cano; mas mis hijos están con vosotros, y yo he andado delante de vosotros desde mi mocedad hasta este día. Aquí estoy, contestád contra mí delante de Jehová, y delante de su ungido, si he tomado el buey de alguno, o si he tomado el asno de alguno, o si he calumniado a alguno, o si he injuriado a alguno, o si he tomado cohecho de alguno por el cual haya cubierto mis ojos: y satisfaceros he. Entonces ellos dijeron: Nunca nos has calumniado, ni injuriado, ni has tomado algo de mano de ningún hombre. Y él les dijo: Jehová es testigo contra vosotros, y su ungido también es testigo en este día, que no habéis hallado tras mí cosa ninguna. Y ellos respondieron: Así es. Entonces Samuel dijo al pueblo: Jehová, que hizo a Moisés y a Aarón, y que sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto. ¶ Ahora pues estád, y yo os pondré demanda delante de Jehová, de todas las justicias de Jehová que ha hecho con vosotros, y con vuestros padres. Como Jacob hubo entrado en Egipto, y que vuestros padres clamaron a Jehová, Jehová envió a Moisés, y a Aarón, los cuales sacaron a vuestros padres de Egipto, y los hicieron habitar en este lugar. Y olvidaron a Jehová su Dios, y él los vendió en la mano de Sísera capitán del ejército de Asor, y en la mano de los Filisteos, y en la mano del rey de Moab, los cuales les hicieron guerra. Y ellos clamaron a Jehová, y dijeron: Pecamos, porque hemos dejado a Jehová, y habemos servido a los Baales, y a Astarot: líbranos pues ahora de la mano de nuestros enemigos, y nosotros te serviremos. Entonces Jehová envió a Jeru-baal, y a Badán, y a Jefté, y a Samuel, y os libró de mano de vuestros enemigos al derredor; y habitasteis seguros. Y como visteis que Naas rey de los hijos de Ammón venía contra vosotros, me dijisteis: No, sino rey reinará sobre nosotros; siendo vuestro rey Jehová vuestro Dios. Ahora, pues, veis aquí vuestro rey, que elegisteis, que pedisteis; veis aquí que Jehová ha puesto sobre vosotros rey. Pues si temiereis a Jehová, y le serviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, así vosotros como el rey que reina sobre vosotros, seréis tras Jehová vuestro Dios. Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, la mano de Jehová será contra vosotros como contra vuestros padres. Y también ahora estád, y mirád esta gran cosa, que Jehová hará delante de vuestros ojos. ¿No es ahora la siega de los trigos? Yo clamaré a Jehová, y él dará truenos y aguas, para que conozcáis y veais, que es grande vuestra maldad, que habéis hecho en los ojos de Jehová, pidiéndoos rey. Y Samuel clamó a Jehová, y Jehová dio truenos y aguas en aquel día: y todo el pueblo temió en gran manera a Jehová y a Samuel. ¶ Y dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a Jehová tu Dios, que no muramos: porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal, de pedir rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: No temáis. Vosotros habéis cometido todo este mal; mas con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servíd a Jehová con todo vuestro corazón. No os apartéis en pos de las vanidades, que no aprovechan, ni libran; porque son vanidades. Que Jehová no desamparará a su pueblo por su grande nombre; porque Jehová ha querido haceros pueblo suyo. Y lejos vaya también de mí, que peque contra Jehová, cesando de rogar por vosotros; antes os enseñaré por buen camino y derecho: Solamente teméd a Jehová, y servídle de verdad con todo vuestro corazón: porque considerád cuán grandes cosas ha hecho con vosotros. Mas si perseverareis en hacer mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.
Epístola
Y finalmente sed todos de un consentimiento, de una afección, amándoos hermanablemente, misericordiosos, amigables, No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo: sabiendo que para esto vosotros fuisteis llamados, para que poseáis en herencia bendición. Porque el que quiere amar la vida, y ver los días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño. Apártese del mal, y haga bien: busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones: el rostro del Señor está sobre aquellos que hacen mal. ¿Y quién es aquel que os podrá empecer, si fueseis imitadores del bueno? Mas también si alguna cosa padecéis por amor a la justicia, sois bienaventurados. Por tanto no temáis por el temor de aquellos, y no seáis turbados; Mas santificád al Señor Dios en vuestros corazones; y estád siempre aparejados para responder a cada uno que os demanda razón de la esperanza que está en vosotros; y esto con mansedumbre y reverencia;
Primera lectura
El vino hace burlador: la cerveza, alborotador; y cualquiera que en él errare, no será sabio. Bramido, como de cachorro de león, es el miedo del rey: el que le hace enojar, peca contra su alma. Honra es del hombre dejarse de pleito: mas todo insensato se envolverá en él. El perezoso no ara a causa del invierno: mas él pedirá en la segada, y no hallará. Aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre: mas el hombre entendido le alcanzará. Muchos hombres pregonan cada cual el bien que han hecho: mas hombre de verdad ¿quién le hallará? El justo que camina en su integridad, bienaventurados serán sus hijos después de él. El rey que está en el trono de juicio, con su mirar disipa todo mal. ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? Doblada pesa, y doblada medida, abominación son a Jehová ambas cosas. El muchacho aun es conocido por sus obras, si su obra es limpia y recta. El oído oye, y el ojo ve: Jehová hizo aun ambas cosas. No ames el sueño, porque no te empobrezcas: abre tus ojos, hartarte has de pan. El que compra, dice: Malo es, malo es: mas en apartándose, él se alaba. Hay oro, y multitud de piedras preciosas: mas los labios sabios son vaso precioso. Quítale su ropa, porque fió al extraño; y préndale por la extraña. Sabroso es al hombre el pan de mentira: mas después, su boca será llena de cascajo. Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con industria se hace la guerra. El que descubre el secreto, anda en chismes; y con el que lisonjea de sus labios, no te entremetas. El que maldice a su padre, o a su madre, su candela será apagada en oscuridad tenebrosa. La herencia adquirida de priesa en el principio, su postrimería aun no será bendita. No digas: Yo me vengaré: espera a Jehová, y él te salvará. Abominación son a Jehová las pesas dobladas; y el peso falso, no es bueno. De Jehová son los pasos del hombre: el hombre pues, ¿cómo entenderá su camino? Lazo es al hombre tragar santidad; y después de los votos andar preguntando. El rey sabio esparce los impíos; y sobre ellos hace tornar la rueda. Candela de Jehová es el alma del hombre, que escudriña lo secreto del vientre. Misericordia y verdad guardan al rey; y con clemencia sustenta su trono. La honra de los mancebos es su fortaleza; y la hermosura de los viejos, su vejez. Las señales de las heridas son medicina en el malo; y las plagas en lo secreto del vientre.
Oración matutina — segunda lectura
Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto, Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa alguna en aquellos días: los cuales pasados, después tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan. Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo. Y le dijo el diablo: A ti te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos; porque a mí es entregada, y a quien quiero la doy. Tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos. Y respondiendo Jesús, le dijo: Quítate de delante de mí, Satanás; porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y a él solo servirás. Y le llevó a Jerusalem, y le puso sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo. Porque escrito está: Que a sus ángeles te encomendará, para que te guarden; Y que en sus manos te llevarán, porque nunca hieras tu pie en piedra. Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. Y acabada toda la tentación, el diablo se separó de él por algún tiempo. ¶ Y Jesús volvió en virtud del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de al derredor. Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. ¶ Y vino a Nazaret, donde había sido criado, y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer. Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y como desarrolló el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido; para dar buenas nuevas a los pobres me ha enviado; para sanar a los quebrantados de corazón; para publicar a los cautivos redención, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los oprimidos; Para predicar el año agradable del Señor. Y arrollando el libro, como le dio al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga se clavaron en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. En verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra: Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro. Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas. Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. ¶ Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí los enseñaba en los sábados. Y estaban fuera de sí de su doctrina; porque su palabra era con potestad. Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, eres el Santo de Dios. Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno. Y cayó espanto sobre todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen? Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. ¶ Y levantándose Jesús de la sinagoga, se entró en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. Y volviéndose hacia ella, riñó a la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió. Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios; mas él riñéndoles no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo. Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos. Y él les dijo: También a otras ciudades es menester que yo anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
Salmo responsorial
Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron en tus puertas, o! Jerusalem. Jerusalem, la que es edificada como una ciudad que está unida consigo a una. Porque allá subieron las tribus, las tribus de Jehová, el testimonio a Israel, para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio: las sillas de la casa de David. Demandád la paz de Jerusalem: sean pacificados los que te aman. Haya paz en tu antemuro, descanso en tus palacios. A causa de mis hermanos y mis compañeros hablaré ahora paz de ti. A causa de la casa de Jehová nuestro Dios buscaré bien para ti.
Evangelio
Porque yo os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, estará expuesto a juicio. Yo pues os digo, que cualquiera que se enojare sin razón con su hermano, estará expuesto a juicio; y cualquiera que dijere a su hermano: Raca, estará expuesto al concilio; y cualquiera que a su hermano dijere: Insensato, estará expuesto al fuego del infierno. Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente.
Salmo responsorial
Los cielos cuentan la gloria de Dios; y el extendimiento denuncia la obra de sus manos. El un día pronuncia palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría. No hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz. En toda la tierra salió su línea, y al cabo del mundo sus palabras: para el sol puso tabernáculo en ellos. Y él como un novio que sale de su tálamo, alégrase, como un gigante, para correr el camino. Del un cabo de los cielos es su salida, y rodea por sus cabos; y no hay quien se esconda de su calor. ¶ La ley de Jehová perfecta, que vuelve el alma, el testimonio de Jehová fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová rectos, que alegran el corazón: el precepto de Jehová puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová limpio que permanece para siempre, los derechos de Jehová, verdad, todos justos. Deseables más que el oro, y más que mucho oro afinado: y dulces más que miel, y que licor de panales. Tu siervo también es amonestado con ellos: en guardarlos, gran salario. Los errores, ¿quién los entenderá? de los encubiertos líbrame. Asimismo de las soberbias detén a tu siervo, que no se enseñoreen de mí: entonces seré perfecto, y seré limpio de gran rebelión. Sean voluntarios los dichos de mi boca; y el pensamiento de mi corazón delante de ti, o! Jehová, roca mía, y mi redentor.
Salmo responsorial
Jehová, en tu fortaleza se alegrará el rey; y en tu salud se regocijará mucho. El deseo de su corazón le diste; y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. Selah. Por tanto le adelantarás en bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, se la diste: longura de días, por siglo y siglo. Grande es su gloria en tu salud: honra y hermosura has puesto sobre él. Porque le has bendecido para siempre: alegrástele de alegría con tu rostro. Por cuanto el rey confía en Jehová: y en la misericordia del Altísimo no titubeará. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos: tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, y fuego los consumirá. Su fruto destruirás de la tierra: y su simiente de entre los hijos de los hombres. Porque tendieron mal contra ti: maquinaron maquinación, mas no prevalecieron. Por tanto ponerlos has a parte: con tus cuerdas apuntarás a sus rostros. Ensálzate, o! Jehová, con tu fortaleza: cantaremos y alabaremos tu valentía.
Salmo responsorial
Oígate, Jehová, en el día de la angustia: ensálcete el nombre del Dios de Jacob. Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sión te sustente. Tenga memoria de todos tus presentes, y encenice tu holocausto. Selah. Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Alegrarnos hemos con tu salud, y en el nombre de nuestro Dios alzarémos pendón: cumpla Jehová todas tus peticiones. Ahora he conocido que Jehová ha guardado a su ungido: oírle ha desde los cielos de su santidad con las valentías de la salud de su diestra. Estos en carros, y aquellos en caballos confían: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Estos arrodillaron, y cayeron: mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. Jehová, salva: que el rey nos oiga el día que le invocáremos.
Oración vespertina — primera lectura
Hijo de un año era Saul cuando reinó: y dos años reinó sobre Israel. Cuando Saul se escogió tres mil de Israel, los dos mil estuvieron con Saul en Macmas, y en el monte de Bet-el, y los mil estuvieron con Jonatán en Gabaa de Ben-jamín: y envió a todo el otro pueblo cada uno a sus tiendas. Y Jonatán hirió la guarnición de los Filisteos, que estaba en el collado, y oyéronlo los Filisteos, y Saul hizo tocar trompeta por toda la tierra, diciendo: Oíganlo los Hebreos. Y todo Israel oyeron que se decía: Saul ha herido la guarnición de los Filisteos; y también que Israel olía mal a los Filisteos: y el pueblo se juntó en pos de Saul en Galgal. Entonces los Filisteos se juntaron para pelear con Israel, treinta mil carros, y seis mil caballos, y pueblo como la arena que está a la orilla de la mar en multitud: y subieron, y asentaron campo en Macmas al oriente de Bet-aven. ¶ Mas los hombres de Israel viéndose puestos en estrecho, (porque el pueblo estaba en estrecho,) el pueblo se escondió en cuevas, en fosas, en peñascos, en rocas, y en cisternas. Y algunos de los Hebreos pasaron el Jordán en la tierra de Gad y de Galaad: y Saul se estaba aun en Galgal, y todo el pueblo iba tras de él temblando. Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había dicho, y Samuel no venía a Galgal, y el pueblo se le iba. Entonces dijo Saul: Traédme holocausto, y sacrificios pacíficos. Y sacrificó el holocausto. Y como él acababa de hacer el holocausto, he aquí Samuel que venía: y Saul le salió a recibir para saludarle. Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saul respondió: Porque ví que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los días, y que los Filisteos estaban juntos en Macmas; Dije en mí: Los Filisteos descenderán ahora a mí en Galgal, y yo no he rogado a la faz de Jehová. Y esforcéme, y ofrecí holocausto. Entonces Samuel dijo a Saul: Locamente has hecho, que no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que él te había mandado. Porque ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. Mas ahora tu reino no será durable. Jehová se ha buscado varón según su corazón, al cual Jehová ha mandado, que sea capitán sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. Y levantándose Samuel subió de Galgal en Gabaa de Ben-jamín: y Saul contó el pueblo, que se hallaba con él, como seiscientos hombres. Y Saul y Jonatán su hijo, y el pueblo que se hallaba con ellos, se quedaron en Gabaa de Ben-jamín: y los Filisteos habían puesto su campo en Macmas. Y salieron del campo de los Filisteos tres escuadrones a correr la tierra. El un escuadrón marchaba por el camino de Efra a la tierra de Sual. El otro escuadrón marchaba hacia Bet-orón, y el tercer escuadrón marchaba hacia la región que mira al valle de Seboim hacia el desierto. Y en toda la tierra de Israel no se hallaba oficial; que los Filisteos habían dicho entre sí: Para que los Hebreos no hagan espada, o lanza. Y así todos los de Israel descendían a los Filisteos cada uno a aguzar su reja, su azadón, su hacha, o su sacho, Y cuando se hacían bocas en las rejas, o en los azadones, o en las horquillas, o en las hachas, hasta un aguijón que se había de adobar. Así aconteció que el día de la batalla no se halló espada, ni lanza en la mano de ninguno de todo el pueblo, que estaba con Saul y con Jonatán, sino fueron Saul y Jonatán su hijo que las tenían. Y la guarnición de los Filisteos salió al paso de Macmas.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la ordenación de Dios Salvador nuestro, y del Señor Jesu Cristo, esperanza nuestra; A Timoteo, verdadero hijo mío en la fe: Gracia, misericordia, y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor. Como te rogué, que te quedases en Efeso, cuando me partí para Macedonia, para que denunciases a algunos que no enseñen diversa doctrina: Ni escuchen a fábulas y genealogías interminables, que dan cuestiones más bien que edificación de Dios, que es en la fe: así házlo. Pues el fin del mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida: De lo cual apartándose algunos, se han desviado, dándose a discursos vanos: Queriendo ser doctores de la ley, y no entendiendo ni lo que hablan, ni lo que afirman. Mas sabemos que la ley es buena, si se usa de ella legítimamente: Sabiendo que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y contaminados, para los matadores de padres y de madres, para los homicidas, Para los fornicarios, para los que se contaminan con varones, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros; y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina, Conforme al evangelio glorioso del Dios bienaventurado, el cual a mí me ha sido encargado. ¶ Gracias doy al que me fortificó, a Cristo Jesús Señor nuestro, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio: Habiendo yo sido antes blasfemo, y perseguidor, e injuriador; mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad. Mas la gracia del Señor nuestro superabundó con la fe y amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Mas por esto fui recibido a misericordia, es a saber, para que Jesu Cristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios, sea honor y gloria por siglos de los siglos. Amén. ¶ Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia: Reteniendo la fe y una buena conciencia, la cual echando de sí algunos hicieron naufragio en la fe. De los cuales son Himeneo y Alejandro, que yo entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
Segunda lectura
Y en cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, seáis ignorantes. Sabéis que eráis Gentiles, yendo, como eráis llevados, a los ídolos mudos. Por tanto os hago saber, que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y que nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Empero hay diferencias de dones; mas el mismo Espíritu. Y hay diferencias de ministerios; mas el mismo Señor. Y hay diferencias de operaciones; mas el mismo Dios es, el que obra todas las cosas en todos. Empero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría: al otro, palabra de ciencia por el mismo Espíritu: A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu: A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discernimiento de espíritus; y a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como él quiere. Porque de la manera que es uno el cuerpo, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros de este un cuerpo, siendo muchos, son un mismo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un mismo Espíritu somos todos bautizados en un mismo cuerpo, Judíos o Griegos, siervos o libres; y a todos se nos ha hecho beber en un mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos por sí en el cuerpo, como él quiso. Que si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? Mas ahora muchos miembros son, empero sin embargo un solo cuerpo. No puede el ojo decir a la mano: No te he menester: ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes, los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son mucho más necesarios; Y los miembros del cuerpo que estimamos menos dignos, a estos ceñimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos decentes, tienen más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad de nada; mas Dios templó a una el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; Para que no haya disensión en el cuerpo, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros. De tal manera que si el un miembro padece, todos los miembros a una se duelen: o si el un miembro es honrado, todos los miembros a una se regocijan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero enseñadores, luego milagros, luego dones de sanidades, auxilios, gobernaciones, géneros de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿son todos enseñadores? ¿son todos hacedores de milagros? ¿Tienen todos dones de sanidades? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Empero deseád con vehemencia los mejores dones; y aun yo os enseño un camino más excelente.
Segunda lectura
¿Y quién es aquel que os podrá empecer, si fueseis imitadores del bueno? Mas también si alguna cosa padecéis por amor a la justicia, sois bienaventurados. Por tanto no temáis por el temor de aquellos, y no seáis turbados; Mas santificád al Señor Dios en vuestros corazones; y estád siempre aparejados para responder a cada uno que os demanda razón de la esperanza que está en vosotros; y esto con mansedumbre y reverencia; Teniendo buena conciencia, para que en lo que dicen mal de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que calumnian vuestro buen proceder en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, (si la voluntad de Dios así lo quiere,) que no haciendo mal. Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, mortificado a la verdad en la carne, pero vivificado por el Espíritu. En el cual también fue, y predicó a los espíritus que estaban en cárcel: Los cuales en el tiempo pasado fueron desobedientes, cuando una vez se esperaba la paciencia de Dios, en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca, en la cual pocas, es a saber, ocho personas, fueron salvas por agua. A la figura de la cual el bautismo, que ahora corresponde, nos salva a nosotros también, (no quitando las inmundicias de la carne, mas dando testimonio de buena conciencia delante de Dios,) por medio de la resurrección de Jesu Cristo: El cual, siendo subido al cielo, está a la diestra de Dios: a quien están sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.
Segunda lectura
Evangelio
Dijo después a los discípulos: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. Mirád por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Pésame: perdónale. ¶ Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedecería. ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto come tú y bebe? ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decíd: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos. ¶ Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea. Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y como él los vio, les dijo: Id, mostráos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. Y el uno de ellos, como se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Y se derribó sobre su rostro a sus pies, haciéndole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha sanado. ¶ Y preguntado de los Fariseos, cuando había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; Ni dirán: Héle aquí, o héle allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Héle aquí, o héle allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis. Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre: Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: Como esto será el día que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordáos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la vivificará. Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. Dos hombres estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Oración vespertina — segunda lectura
Mas digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo. Antes está debajo de la mano de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre debajo de los elementos del mundo. Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho debajo de la ley; Para que redimiese los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, envió Dios el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba. Padre. Así que ya no eres más siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por Cristo. ¶ Empero entonces, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; Mas ahora habiendo conocido a Dios, o más bien siendo conocidos de Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los flacos y necesitados rudimentos, a los cuales queréis volver a servir? Guardáis días, y meses, y tiempos, y años. Miedo tengo de vosotros, de que no haya yo trabajado en vano en vosotros. ¶ Os ruego, hermanos, que seáis como yo; porque yo soy como vosotros: ningún agravio me habéis hecho. Vosotros sabéis, que en flaqueza de la carne os anuncié el evangelio al principio. Empero mi tentación que fue en mi carne no desechasteis ni menospreciasteis; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como al mismo Cristo Jesús. ¿Dónde está, pues, vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio, que si hubiera sido posible, vuestros mismos ojos hubierais sacado para dármelos. ¿Me he hecho pues vuestro enemigo, diciéndoos la verdad? Ellos tienen zelo por vosotros, mas no bien; antes os quieren separar de nosotros para que vosotros tengáis zelo por ellos. Bueno es ser zelosos, mas en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos, por quienes vuelvo otra vez a estar en dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros: Querría estar presente con vosotros ahora, y mudar mi voz; porque estoy perplejo acerca de vosotros. ¶ Decídme, los que queréis estar debajo de la ley, ¿no oís a la ley? Porque escrito está: Que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva, y uno de la libre. Mas el que era de la sierva, nació según la carne; el que era de la libre, nació por la promesa: Las cuales cosas son una alegoría; porque estos son los dos conciertos. El uno del monte de Sina, que engendra para servidumbre, el cual es Agar. Porque Agar es Sina, monte de Arabia, el cual corresponde a la Jerusalem que ahora es, la cual está en servidumbre con sus hijos. Mas aquella Jerusalem que está arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros. Porque está escrito: Alégrate estéril, que no pares; rompe en alabanzas y clama, tú que no estás de parto; porque más son los hijos de la desamparada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Empero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que nació según el Espíritu; así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre. De manera que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Evangelio
Y como fue hora, se sentó a la mesa; y con él los doce apóstoles. Y les dijo: Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca. Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplido en el reino de Dios. Y tomando la copa, habiendo hecho gracias, dijo: Tomád esto, y distribuídlo entre vosotros. Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando pan, habiendo hecho gracias, lo rompió, y les dio, diciendo: éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado; hacéd esto en memoria de mí. Asimismo también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama. Con todo eso, he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. Y a la verdad el Hijo del hombre va según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cual de ellos sería el que había de hacer esto. ¶ Y hubo también entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. Entonces él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que precede, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se asienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se asienta a la mesa? mas yo soy entre vosotros como el que sirve. Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí; Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os asentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
Evangelio
Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad se quedó dos días en aquel lugar donde estaba. Luego después de esto dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez. Dícenle sus discípulos: Rabbi, ahora poco procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, bueno estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba de dormir de sueño. Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues Jesús, y hallólo, que había cuatro días que estaba en el sepulcro.
Evangelio
Dijo después a los discípulos: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. Mirád por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Pésame: perdónale. ¶ Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedecería. ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto come tú y bebe? ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decíd: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos. ¶ Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea. Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y como él los vio, les dijo: Id, mostráos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. Y el uno de ellos, como se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Y se derribó sobre su rostro a sus pies, haciéndole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha sanado. ¶ Y preguntado de los Fariseos, cuando había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; Ni dirán: Héle aquí, o héle allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Héle aquí, o héle allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis. Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre: Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: Como esto será el día que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordáos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la vivificará. Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. Dos hombres estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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