Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Mas no quiero, hermanos, que ignoréis, que nuestros Padres todos estuvieron debajo de la nube, y todos pasaron por la mar; Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; Y todos comieron la misma vianda espiritual; Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, la cual Roca era Cristo: Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; porque fueron derribados en el desierto. Empero estas cosas fueron tipos para nosotros; a fin de que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron: Ni seáis adoradores de ídolos como eran algunos de ellos, como está escrito: Sentose el pueblo a comer y a beber, y se levantaron a jugar: Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil: Ni tentemos a Cristo, como algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes: Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destruidor. Mas todas estas cosas les acontecieron por tipos, y son escritas para nuestra amonestación, sobre quien los fines de los siglos han llegado. Así que el que se piensa estar firme, mire no caiga. No os ha tomado alguna tentación, fuera de las que son comunes a los hombres; mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis; antes dará también salida con la tentación, para que la podáis llevar.
Primera lectura
Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, o! casa de Israel. Jehová dijo así: No aprendáis el camino de las naciones; ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las leyes de los pueblos vanidad son; porque leño del monte cortaron, obra de manos de artífice con cepillo. Con plata y oro lo engalanan, con clavos y martillos lo afirman, porque no se salga. Como una palma lo igualan, y no hablan: son llevados, porque no pueden andar: no tengáis temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, o! Jehová, grande tú, y grande tu nombre en fortaleza. ¿Quién no te temerá, o! rey de las naciones? porque a ti compete; porque entre todos los sabios de las naciones, y en todos sus reinos no hay semejante a ti. Y todos se enloquecerán, y se entontecerán: enseñamiento de vanidades es el mismo leño. Traerán plata extendida de Társis, y oro de Ufaz: obrará el artífice, y las manos del fundidor: vestirlos han de cárdeno y de púrpura: obra de sabios es todo. Mas Jehová Dios es la verdad, él mismo es Dios vivo, y Rey eterno: de su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su saña. Decirles heis así: Dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perezcan de la tierra, y de debajo de estos cielos. El que hace la tierra con su potencia, el que pone en orden el mundo con su saber, y extiende los cielos con su prudencia: A su voz se da multitud de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra: hace los relámpagos con la lluvia, y hace salir al viento de sus escondederos. Todo hombre se embrutece a esta ciencia: avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, ni hay espíritu en ellos. Vanidad son, obra digna de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob; porque él es el Hacedor de todo; e Israel es la vara de su herencia, Jehová de los ejércitos es su nombre. ¶ Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en lugar fuerte: Porque así dijo Jehová: He aquí que arrojaré con honda esta vez los moradores de la tierra, y afligirlos he, para que hallen. ¡Ay de mí! sobre mi quebrantamiento, mi llaga es llena de dolor. Yo empero dije: Ciertamente enfermedad mía es ésta, y de sufrirla he. Mi tienda es destruida, y todas mis cuerdas rotas: mis hijos fueron sacados de mí, y perecieron: no hay ya más quien extienda mi tienda, ni quien levante mis cortinas. Porque los pastores se embrutecieron, y no buscaron a Jehová: por tanto no prosperaron, y todo su ganado se esparció. He aquí que voz de fama viene, alboroto grande de la tierra del aquilón, para tornar en soledad todas las ciudades de Judá, en morada de culebras. Conozco, o! Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es ordenar sus pasos: Castígame, o! Jehová, mas con juicio, no con tu furor, porque no me aniquiles. Derrama tu enojo sobre las naciones que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron a Jacob, y se lo tragaron, y le consumieron, y su morada destruyeron.
Primera lectura
La palabra que fue a Jeremías de Jehová, diciendo: Levántate, y vete a casa del ollero, y allí te haré que oigas mis palabras. Y descendí en casa del ollero, y he aquí que él hacía obra sobre una rueda. Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del ollero; y tornó, e hízolo otro vaso según que al ollero pareció mejor hacerlo. Y fue a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este ollero, o! casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del ollero, así sois vosotros en mi mano, o! casa de Israel. En un instante hablaré contra naciones, y contra reinos, para arrancar, y disipar, y perder: Empero si esas naciones se convirtieren de su maldad, contra el cual mal yo hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado de les hacer. Y en un instante hablaré de la nación, y del reino, para edificar y para plantar: Y si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, arrepentirme he del bien que había determinado de le hacer. Ahora pues, habla ahora a todo hombre de Judá, y a los moradores de Jerusalem, diciendo: Así dijo Jehová: He aquí que yo compongo mal contra vosotros, y pienso contra vosotros pensamientos: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorád vuestros caminos, y vuestras obras. Y dijeron: Es por demás, porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir; y cada uno el pensamiento de su malvado corazón hemos de hacer.
Oración matutina — primera lectura
Discurríd por las plazas de Jerusalem, y mirád ahora, y sabéd, y buscád en sus plazas si hallareis varón, si haya alguno que haga juicio, que busque verdad; y yo la perdonaré. Y si dijeren: Vive Jehová: por tanto jurarán mentira. O! Jehová, ¿no miran tus ojos a la verdad? Azotástelos, y no les dolió: consumístelos, no quisieron recibir castigo: endurecieron sus rostros más que la piedra, no quisieron tornarse. Yo empero dije: Por cierto ellos son pobres: enloquecido han; pues no conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Irme he a los grandes, y hablarles he, porque ellos conocen el camino de Jehová, el juicio de su Dios. Ciertamente ellos también quebrantaron el yugo, rompieron las coyundas. Por tanto león del monte los herirá, lobo del desierto los destruirá, tigre asechará sobre sus ciudades: cualquiera que de ellas saliere, será arrebatado; porque sus rebeliones se han multiplicado, multiplicádose han sus deslealtades. ¿Cómo por esto te perdonaré? tus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Hartélos, y adulteraron, y en casa de ramera se juntaron en compañías. Caballos bien hartos fueron a la mañana: cada cual relinchaba a la mujer de su prójimo. ¿No había de hacer visitación sobre esto? dijo Jehová. ¿De una nación como esta, no se había de vengar mi alma? Escalád sus muros, y destruíd: mas no hagáis consumación. Quitád las almenas de sus muros; porque no son de Jehová. Porque rebelando se rebelaron contra mí la casa de Israel y la casa de Judá, dice Jehová. Negaron a Jehová, y dijeron: Él no; y no vendrá sobre nosotros mal; ni veremos espada, ni hambre; Mas los profetas serán como viento, y palabra no será en ellos: así les será hecho. Por tanto, así dijo Jehová Dios de los ejércitos: Porque hablasteis esta palabra, he aquí, yo pongo en tu boca mis palabras por fuego, y a este pueblo por leños, y consumirlos ha. He aquí, yo traigo sobre vosotros nación de lejos, o! casa de Israel, dice Jehová, nación robusta, nación antigua, nación cuya lengua ignorarás, y no entenderás lo que hablare. Su aljaba como sepulcro abierto, todos valientes. Y comerá tu mies y tu pan: comerá tus hijos y tus hijas: comerá tus ovejas y tus vacas: comerá tus viñas y tus higueras; y tus ciudades fuertes en que tú confías, tornará en nada a cuchillo. También en aquellos días, dijo Jehová, no os acabaré del todo. Y será que cuando dijereis: ¿Por qué hizo Jehová el Dios nuestro con nosotros todas estas cosas? entonces decirles has: De la manera que me dejasteis a mí, y servisteis a dioses ajenos en vuestra tierra, así serviréis a extraños en tierra ajena. Denunciád esto en la casa de Jacob, y hacéd que esto se oiga en Judá, diciendo: Oíd ahora esto, pueblo insensato, y sin corazón; que tienen ojos y no ven; que tienen oídos y no oyen. ¿A mí no temeréis, dice Jehová? ¿delante de mi presencia no os amedrentaréis? que puse arena por término a la mar por ordenación eterna, la cual no quebrantará: Levantarse han tempestades, mas no prevalecerán: bramarán sus ondas, mas no lo pasarán. Empero este pueblo tiene corazón falso, y rebelde: tornáronse, y se fueron. Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo: los tiempos establecidos de la segada nos guardará. Vuestras iniquidades han estorbado estas cosas; y vuestros pecados impidieron de vosotros el bien: Porque fueron hallados en mi pueblo impíos: asechaban como quien pone lazos: asentaron la perdición para tomar hombres. Como jaula llena de pájaros, así están sus casas llenas de engaño: así se hicieron grandes y ricos, Engordáronse, e hicieron tez resplandeciente; y aun sobrepujaron hecho de malo: no juzgaron la causa, la causa del huérfano; e hiciéronse prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. ¿Sobre esto no tengo de visitar? dice Jehová; ¿y de tal nación no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra: Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes tomaban por sus manos; y mi pueblo lo quiso así. ¿Qué pues haréis a su fin?
Epístola
¶ Porque a lo que pienso, Dios nos ha puesto a nosotros, los apóstoles, por los postreros, como a sentenciados a muerte; porque somos hechos espectáculo al mundo, y a los ángeles, y a los hombres. Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros sois sabios en Cristo: nosotros flacos, y vosotros fuertes: vosotros nobles, y nosotros viles. Hasta esta hora hambreamos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos heridos de pescozones, y andamos vagabundos, Y trabajamos, obrando con nuestras propias manos: siendo maldecidos, bendecimos: padeciendo persecución, la sufrimos: Siendo difamados, rogamos: somos hechos como la basura del mundo, como las inmundicias de todas las cosas, hasta ahora. No escribo esto para avergonzaros; mas os amonesto como a mis hijos amados.
Primera lectura
Mejor es el pobre que camina en su simplicidad, que el de perversos labios, e insensato. El alma sin ciencia no es buena; y el presuroso de pies, peca. La insensatez del hombre tuerce su camino; y contra Jehová se aira su corazón. Las riquezas allegan muchos amigos: mas el pobre, de su amigo es apartado. El testigo falso no será sin castigo; y el que habla mentiras, no escapará. Muchos rogarán al príncipe: mas cada uno es amigo del hombre que da. Todos los hermanos del pobre le aborrecen, ¿cuánto más sus amigos se alejarán de él? buscará la palabra, y no la hallará. El que posee entendimiento, ama su alma: guarda la inteligencia, para hallar el bien. El testigo falso no será sin castigo; y el que habla mentiras, perecerá. No conviene al insensato la delicia, ¿cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes? El entendimiento del hombre detiene su furor; y su honra es disimular la prevaricación. Como el bramido del cachorro del león es la ira del rey; y como el rocío sobre la yerba su benevolencia. Dolor es para su padre el hijo insensato; y gotera continua las contiendas de la mujer. La casa y las riquezas herencia son de los padres: mas de Jehová la mujer prudente. La pereza hace caer sueño; y el alma negligente hambreará. El que guarda el mandamiento, guarda su alma: mas el que menospreciare sus caminos, morirá. A Jehová empresta el que da al pobre; y él le dará su paga. Castiga a tu hijo entre tanto que hay esperanza: mas para matarle no alces tu voluntad. El de grande ira, llevará la pena; porque aun si le librares, todavía tornarás. Escucha el consejo, y recibe la enseñanza, para que seas sabio en tu vejez. Muchos pensamientos están en el corazón del hombre: mas el consejo de Jehová permanecerá. Contentamiento es a los hombres hacer misericordia; y el pobre es mejor que el mentiroso. El temor de Jehová es para vida; y permanecerá harto: no será visitado de mal. El perezoso esconde su mano en el seno: aun a su boca no la llevará. Hiere al burlador, y el simple se hará avisado; y corrigiendo al entendido, entenderá ciencia. El que roba a su padre, y ahuyenta a su madre, hijo es avergonzador, y deshonrador. Cesa, hijo mío, de oír el enseñamiento, que te haga desviar de las razones de sabiduría. El testigo perverso se burlará del juicio; y la boca de los impíos encubrirá la iniquidad. Aparejados están juicios para los burladores; y azotes para los cuerpos de los insensatos.
Oración matutina — segunda lectura
Y pasadas estas cosas, andaba Jesús en Galilea; que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban de matarle. Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, llamada, de las cabañas. Dijéronle pues sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces; Porque ninguno que procura ser insigne, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no es venido; mas vuestro tiempo siempre es presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. Vosotros subíd a esta fiesta: yo no subo aun a esta fiesta; porque mi tiempo no es aun cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no manifiestamente, mas como en secreto. Entonces los Judíos le buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquel? Y había grande murmullo acerca de él entre el pueblo; porque unos decían: Buen hombre es; y otros decían: No, antes engaña al pueblo. Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos, Y al medio de la fiesta, subió Jesús al templo, y enseñaba. Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este hombre letras, no habiendo aprendido? Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de el que me envió. El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si es de Dios, o si yo hablo de mí mismo. El que habla de sí mismo, gloria propia busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. ¶ ¿No os dio Moisés la ley; y sin embargo ninguno de vosotros guarda la ley? ¿Por qué me procuráis matar? Respondió el pueblo, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar? Jesús respondió, y les dijo: Una obra hice, y vosotros todos os maravilláis. Cierto que Moisés os dio la circuncisión, (no porque sea de Moisés, sino de los padres,) y en sábado circuncidáis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre? No juzguéis según lo que parece, mas juzgád justo juicio. ¶ Decían entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarle? Y, he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Han entendido ciertamente los príncipes, que éste es verdaderamente el Cristo? Mas éste, nosotros sabemos de donde es; empero cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea. Entonces clamaba Jesús en el templo enseñando, y diciendo: Y a mí me conocéis, y sabéis de donde soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros ignoráis. Empero yo le conozco; porque de él soy, y él me envió. Entonces procuraban prenderle; mas ninguno metió sobre él la mano, porque aun no había venido su hora. Y del pueblo, muchos creyeron en él, y decían: ¿El Cristo cuándo viniere, hará más milagros que los que éste ha hecho? ¶ Los Fariseos oyeron al pueblo que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos enviaron esbirros que le prendiesen. Y Jesús les dijo: Aun un poco de tiempo estoy con vosotros, y luego voy al que me envió. Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir. Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿Dónde se ha de ir éste que no le hallarémos? ¿Irá a los dispersos entre los Gentiles, y enseñará a los Gentiles? ¿Qué dicho es éste que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estoy, vosotros no podéis venir? En el postrer día, día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie, y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su vientre correrán ríos de agua viva. Y esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyesen en él; porque aun no había sido dado el Espíritu Santo, porque Jesús aun no había sido glorificado. Entonces muchos del pueblo oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el Profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura: Que de la simiente de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, vendrá el Cristo? Así que había disensión entre el pueblo a causa de él. Y algunos de ellos le querían prender; mas ninguno metió sobre él las manos. Y los esbirros vinieron a los príncipes de los sacerdotes, y a los Fariseos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? Los esbirros respondieron: Nunca así ha hablado hombre, como este hombre habla. Entonces los Fariseos les respondieron: ¿Sois también vosotros engañados? ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los Fariseos? Mas esta gente que no sabe la ley, malditos son. Díceles Nicodemo, el que vino a Jesús de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga nuestra ley a hombre alguno, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? Respondieron, y dijéronle: ¿Eres tú también Galileo? Escudriña, y ve, que de Galilea nunca se levantó profeta. Y volviéronse cada uno a su casa.
Salmo responsorial
Guárdame, o! Dios: porque en ti he confiado. Dijiste, o! alma mía, a Jehová: Tú eres, Señor; mi bien no viene a ti: A los santos que están en la tierra, y a los fuertes, toda mi voluntad en ellos. Multiplicarán sus dolores de los que se apresuraren tras otro dios; no derramaré sus derramaduras de sangre, ni tomaré sus nombres en mis labios. Jehová la porción de mi parte, y de mi vaso: tú sustentarás mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos: asimismo la heredad se hermoseó sobre mí. Bendeciré a Jehová, que me aconseja; aun en las noches me enseñan mis riñones. A Jehová he puesto delante de mí siempre: porque estando él a mi diestra, no seré conmovido. Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el sepulcro: ni darás tu Santo para que vea corrupción. Hacerme has saber la senda de la vida, hartura de alegrías hay con tu rostro: deleites en tu diestra para siempre.
Evangelio
Y después de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, a los cuales envió de dos en dos, delante de su faz a toda ciudad y lugar a donde él había de venir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogád al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Andád, he aquí, yo os envío como a corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie saludéis en el camino. En cualquier casa donde entrareis, primeramente decíd: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posád en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa. Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os recibieren, coméd lo que os pusieren delante; Y sanád los enfermos que en ella hubiere, y decídles: Se ha allegado a vosotros el reino de Dios.
Salmo responsorial
Oígate, Jehová, en el día de la angustia: ensálcete el nombre del Dios de Jacob. Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sión te sustente. Tenga memoria de todos tus presentes, y encenice tu holocausto. Selah. Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Alegrarnos hemos con tu salud, y en el nombre de nuestro Dios alzarémos pendón: cumpla Jehová todas tus peticiones. Ahora he conocido que Jehová ha guardado a su ungido: oírle ha desde los cielos de su santidad con las valentías de la salud de su diestra. Estos en carros, y aquellos en caballos confían: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Estos arrodillaron, y cayeron: mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. Jehová, salva: que el rey nos oiga el día que le invocáremos.
Salmo responsorial
El Dios de dioses, Jehová, habló; y convocó la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. De Sión, perfección de hermosura, Dios resplandeció. Vendrá nuestro Dios, y no callará: fuego consumirá de su presencia: y al rededor de él habrá grande tempestad. Convocará a los cielos de arriba: y a la tierra para juzgar a su pueblo. Juntádme mis misericordiosos: los que concertaron mi concierto sobre sacrificio. Y denunciarán los cielos su justicia; porque Dios es juez. Selah. Oye pueblo mío, y hablaré: Israel, y contestaré contra ti: Yo soy el Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé sobre tus sacrificios; porque tus holocaustos delante de mí están siempre. No tomaré de tu casa becerros: ni machos de cabrío de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del monte: millares de animales en los montes. Yo conozco a todas las aves de los montes; y las fieras del campo están conmigo. Si tuviere hambre, no te lo diré a ti; porque mío es el mundo y su plenitud. ¿Tengo de comer carne de gruesos toros, o, de beber sangre de machos de cabrío? Sacrifica a Dios alabanza: y paga al Altísimo tus votos. Y llámame en el día de la angustia; librarte he, y honrarme has. ¶ Y al malo dijo Dios: ¿Qué tienes tú que enarrar mis leyes: y que tomes mi concierto por tu boca: Aborreciendo tú el castigo, y echando detrás de ti mis palabras? Si veías al ladrón, tu corrías con él: y con los adúlteros era tu parte. Tu boca metías en mal: y tu lengua componía engaño. Asentábaste, hablabas contra tu hermano: contra el hijo de tu madre ponías infamia. Estas cosas hiciste, y yo callé: ¿pensabas por eso que de cierto sería yo como tú? argüirte he, y propondré delante de tus ojos. ¶ Entendéd ahora esto, los que os olvidáis de Dios: porque no arrebate, y no haya quien os escape. El que sacrifica alabanza me honrará: y el que ordenare el camino, yo le enseñaré la salud de Dios.
Salmo responsorial
Oíd esto todos los pueblos: escuchád todos los habitadores del mundo: Así los hijos de los hombres como los hijos de los varones: juntamente el rico y el pobre. Mi boca hablará sabidurías: y el pensamiento de mi corazón inteligencias. Acomodaré a ejemplos mi oído: declararé con la arpa mi enigma. ¿Por qué temeré en los días de adversidad, cuando la iniquidad de mis calcañares me cercará? Los que confían en sus haciendas, y en la multitud de sus riquezas se jactan; Ninguno redimiendo redimirá al hermano: ni dará a Dios su rescate. Porque la redención de su alma es de gran precio: y no se hará jamás, Que viva adelante para siempre: y nunca vea la sepultura. Porque se ve que los sabios mueren juntamente: el insensato y el ignorante perecen, y dejan a otros sus riquezas. En su íntimo piensan que sus casas son eternas: sus habitaciones para generación y generación: llamaron sus tierras de sus nombres. Mas el hombre no permanecerá en honra: es semejante a las bestias que mueren. Este es su camino, su locura: y sus descendientes corren por el dicho de ellos. Selah. Como ovejas son puestos en la sepultura, la muerte los pastorea; y los rectos se enseñorearon de ellos por la mañana: y su apariencia se envejece en la sepultura de su morada. Ciertamente Dios redimirá mi vida del poder de la sepultura, cuando me tomará. Selah. No temas cuando se enriquece alguno: cuando aumenta la gloria de su casa. Porque en su muerte no tomará nada: ni su gloria descenderá en pos de él. Porque mientras viviere, será su vida bendita: y tú serás loado cuando fueres bueno. El entrará a la generación de sus padres: para siempre no verán luz. El hombre en honra que no entiende, semejante es a las bestias que mueren.
Oración vespertina — primera lectura
Huid, hijos de Ben-jamín, de en medio de Jerusalem, y tocád bocina en Tecua, y alzád humo sobre Bet-hacarem; porque de la parte del aquilón se ha visto mal, y quebrantamiento grande. A una mujer hermosa y delicada comparé a la hija de Sión. A ella vendrán pastores y sus rebaños: junto a ella en derredor pondrán sus tiendas: cada uno apacentará a su parte. Denunciád guerra contra ella: levantáos, y subamos hacia el mediodía: ¡ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han extendido. Levantáos, y subamos de noche, y destruyamos sus palacios. Porque así dijo Jehová de los ejércitos: Cortád árboles, y extendéd baluarte junto a Jerusalem: esta es la ciudad que toda ella ha de ser visitada: violencia hay en medio de ella. Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así nunca cesa de manar su malicia: injusticia, y robo se oye en ella: continuamente en mi presencia, enfermedad, y herida. Castígate, Jerusalem, porque no se aparte mi alma de ti, porque no te torne desierta, tierra no habitada. Jehová de los ejércitos dijo así: Rebuscando rebuscarán, como a vid, el resto de Israel: torna tu mano como vendimiador a los cestos. ¿A quién tengo de hablar, y amonestar para que oigan? He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar: he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa: no la aman. Por tanto estoy lleno de saña de Jehová; trabajado he por contenerme de derramarla sobre los niños en la calle, y sobre el concurso de los mancebos juntos; porque el marido también será preso con la mujer, el viejo con el lleno de días. Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y sus mujeres también; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová. Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote todos son engañadores. Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. ¿Hánse avergonzado de haber hecho abominación? cierto no se han avergonzado de vergüenza; ni aun saben tener vergüenza. Por tanto caerán entre los que caerán: caerán cuando los visitaré, dice Jehová. Así dijo Jehová: Paráos a los caminos, y mirád, y preguntád por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andád por él; y hallaréis descanso para vuestra alma. Y dijeron: No andaremos. Y desperté sobre vosotros atalayas: escuchád a la voz de la trompeta; y dijeron: No escucharémos. Por tanto oíd, naciones; y conoce, o! compañía de ellas. Oye, tierra: He aquí, yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras, y mi ley aborrecieron. ¿Para qué viene para mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? vuestros holocaustos no son a mi voluntad, ni vuestros sacrificios me dan gusto. Por tanto Jehová dice esto: He aquí, yo pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente, el vecino y su cercano perecerán. Así dijo Jehová: He aquí que pueblo viene de tierra del aquilón, y nación grande se levantará de los cantones de la tierra. Arco y escudo arrebatarán, crueles son que no tendrán misericordia: la voz de ellos sonará como la mar; y cabalgarán a caballo como varones dispuestos para la guerra, contra ti, o! hija de Sión. Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron: angustia nos tomó, dolor como de mujer que pare. No salgas al campo, ni andes por camino; porque espada de enemigo temeroso está en derredor. Hija de mi pueblo, cíñete de saco, y revuélcate en ceniza; hazte luto de hijo único, llanto de amarguras; porque presto vendrá sobre nosotros el destruidor. Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por guarnición: conocerás pues, y examinarás el camino de ellos. Todos ellos príncipes rebeladores, andan con engaño: acero y hierro, todos ellos son corruptores. El fuelle es quemado del fuego, gastádose ha el plomo: por demás fundió el fundidor, pues los malos no son arrancados. Plata desechada los llamaron; porque Jehová los desechó.
Segunda lectura
Por lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerád el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús, El cual fue fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda su casa. Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que creó todas las cosas, es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa, como criado; empero para testificar aquellas cosas que después se habían de denunciar; Mas Cristo, como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retenemos firme la confianza y la alegría de la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz; No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres: me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me indigné con aquella generación, y dije: Perpetuamente yerran de corazón, y ni ellos han conocido mis caminos; Así que juré en mi ira, Si entrarán en mi reposo. Estád alerta, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón maleado de incredulidad para apartarse del Dios vivo; Antes exhortáos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque participantes de Cristo somos hechos, si empero retenemos firme hasta el cabo el principio de la confianza. Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos, habiendo oído, provocaron; aunque no todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés. Mas, ¿con quiénes estuvo indignado cuarenta años? ¿no fue con aquellos que pecaron, cuyos miembros cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no creyeron? Así vemos que no pudieron entrar a causa de la incredulidad.
Segunda lectura
Hijos, obedecéd a vuestros padres en el Señor; que esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, (que es el primer mandamiento con promesa,) Para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criádlos en la disciplina y amonestación del Señor. Siervos, obedecéd a los que son vuestros señores según la carne con temor y temblor, en la integridad de vuestro corazón, como a Cristo: No sirviendo al ojo, como los que agradan a los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo de ánimo la voluntad de Dios: Sirviendo con buena voluntad, como quien sirve al Señor, y no solo a los hombres: Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, eso mismo recibirá del Señor, ya sea siervo, o ya sea libre. Y vosotros, señores, hacédles a ellos lo mismo, dejando las amenazas: sabiendo que el Señor de ellos y el vuestro está en los cielos; y no hay respeto de personas para con él. ¶ En fin, hermanos míos, sed fuertes en el Señor, y en el poder de su fortaleza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no solamente tenemos lucha con sangre y carne; sino con principados, con potestades, con los gobernadores de las tinieblas de este siglo, con malicias espirituales en lugares altos. Por tanto tomád toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y superado todo, estar en pie. Estád pues firmes, ceñidos los lomos de verdad; y vestidos de coraza de justicia; Y calzados los pies con la preparación del evangelio de paz: Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con el cual podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Y el yelmo de salud tomád, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios: Orando en todo tiempo con toda oración y ruego en el Espíritu, y velando para ello con toda instancia y suplicación por todos los santos; Y por mí, que me sea dada palabra con abrimiento de mi boca con confianza, para hacer notorio el misterio del evangelio: Por el cual soy embajador en cadenas: para que en ellas hable osadamente, como debo hablar. ¶ Mas porque también vosotros sepáis mis negocios, y lo que yo hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado, y fiel ministro en el Señor: El cual os he enviado para esto mismo, para que entendáis lo que pasa entre nosotros, y para que consuele vuestros corazones. Paz sea a los hermanos, y amor con fe de Dios Padre, y del Señor Jesu Cristo. Gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesu Cristo en incorrupción. Amén. ¶ Escrita de Roma a los Efesios por Tíquico.
Segunda lectura
Y ví en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito de dentro y de fuera, sellado con siete sellos. Y ví un fuerte ángel, predicando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos? Y ninguno podía, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni mirarlo. Y yo lloraba mucho, porque no había sido hallado ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dice: No llores: he aquí, el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, que ha prevalecido para abrir el libro, y desatar sus siete sellos. Y miré; y, he aquí, en medio del trono, y de los cuatro animales, y en medio de los ancianos, estaba un Cordero en pie como uno que hubiera sido inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados en toda la tierra. Y él vino, y tomó el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro animales, y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y tazones de oro llenos de perfumes, que son las oraciones de los santos: Y cantaban una nueva canción, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje, y lengua, y pueblo, y nación: Y nos has hecho para nuestro Dios, reyes y sacerdotes; y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí voz de muchos ángeles al derredor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y el número de ellos era miriadas de miriadas, y millares de millares, Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de recibir poder, y riquezas, y sabiduría, y fortaleza, y honra, y gloria, y bendición. Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en la mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea bendición, y honra, y gloria, y poder para siempre jamás. Y los cuatro animales decían: Amén. Y los veinticuatro ancianos se postraron, y adoraron al que vive para siempre jamás.
Segunda lectura
¶ Guardáos de que nadie os arrebate como despojo por medio de filosofía y vano engaño, según las tradiciones de los hombres, según los elementos del mundo, y no según Cristo: Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente; Y en él estáis completos, el cual es cabeza de todo principado y potestad. En el cual también estáis circuncidados de circuncisión no hecha por manos, en el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, por la circuncisión de Cristo: Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él por la fe de la operación de Dios, que le levantó de entre los muertos: Y a vosotros, estando muertos en los pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados: Rayendo de en contra de nosotros la escritura de las ordenanzas que nos era contraria, quitándola de en medio, y enclavándola en la cruz; Y habiendo despojado a los principados y a las potestades, sacóles a la vergüenza en público, triunfando sobre ellos en ella.
Evangelio
Libro de la generación de Jesu Cristo, hijo de David, hijo de Abraham. Abraham engendró a Isaac; e Isaac engendró a Jacob; y Jacob engendró a Júdas, y a sus hermanos; Y Júdas engendró de Tamar a Fares y a Zara; y Fares engendró a Esrom; y Esrom engendró a Aram; Y Aram engendró a Aminadab; y Aminadab engendró a Naasón; y Naasón engendró a Salmón; Y Salmón engendró de Raab a Booz; y Booz engendró de Rut a Obed; y Obed engendró a Jessé; Y Jessé engendró al rey David; y el rey David engendró a Salomón de la que fue mujer de Urías; Y Salomón engendró a Roboam; y Roboam engendró a Abia; y Abia engendró a Asa; Y Asa engendró a Josafat; y Josafat engendró a Joram; y Joram engendró a Ozías; Y Ozías engendró a Joatam; y Joatam engendró a Acaz; y Acaz engendró a Ezequías; Y Ezequías engendró a Manasés; y Manasés engendró a Amón; y Amón engendró a Josías; Y Josías engendró [a Joacim; y Joacim engendró] a Jeconías y a sus hermanos, en la transmigración de Babilonia; Y después de la transmigración de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel; y Salatiel engendró a Zorobabel; Y Zorobabel engendró a Abiud; y Abiud engendró a Eliacim; y Eliacim engendró a Azor; Y Azor engendró a Sadoc; y Sadoc engendró a Akim; y Akim engendró a Eliud; Y Eliud engendró a Eleazar; y Eleazar engendró a Matan; y Matan engendró a Jacob; Y Jacob engendró a José marido de María, de la cual nació Jesús, el cual es llamado el Cristo. De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, son catorce generaciones; y desde David hasta la transmigración de Babilonia, catorce generaciones; y desde la transmigración de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. ¶ Y el nacimiento de Jesu Cristo fue así: Que estando María su madre desposada con José, antes que hubiesen estado juntos, se halló haber concebido del Espíritu Santo. Y José su marido, como era justo, y no quisiese exponerla a la infamia, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí, que el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir a María tu mujer; porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y parirá un hijo, y llamarás su nombre Jesús: porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que había hablado el Señor por el profeta, que dijo: He aquí, una virgen concebirá, y parirá un hijo, y llamarán su nombre Emmanuel, que interpretado quiere decir: Dios con nosotros. Y despertado José del sueño; hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Y no la conoció hasta que parió a su Hijo primogénito; y llamó su nombre Jesús.
Oración vespertina — segunda lectura
Empero el Espíritu dice expresamente, que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores, y a doctrinas de demonios, Que con hipocresía hablarán mentira, teniendo cauterizada la conciencia: Que prohibirán casarse, y obligarán a abstenerse los hombres de las viandas que Dios creó para que con hacimiento de gracias participasen de ellas los que creen, y conocen la verdad. Porque todo lo que Dios creó, es bueno, y nada hay que desechar, tomándose con hacimiento de gracias; Porque por la palabra de Dios, y por la oración es santificado. Si esto propusieres a los hermanos, serás buen ministro de Jesu Cristo, criado en las palabras de la fe, y de la buena doctrina, la cual has alcanzado. Mas las fábulas profanas y de viejas desecha, y ejercítate para la piedad. Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso; mas la piedad a todo aprovecha; porque tiene la promesa de esta vida presente, y de la venidera. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos. Que por esto aun trabajamos y somos maldichos, porque esperamos en el Dios viviente, el cual es Salvador de todos los hombres, y mayormente de los que creen. Esto manda, y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud; mas sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en pureza. Entre tanto que vengo, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar. No menosprecies el don que está en ti, que te es dado para profetizar, con la imposición de las manos de los presbíteros. Medita estas cosas; ocúpate cabalmente en ellas; de manera que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina: persiste en esto; porque si así lo hicieres, a ti mismo salvarás, y a los que te oyen.
Evangelio
¶ Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas; mas tendrá la luz de vida. Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y a donde voy; mas vosotros no sabéis de donde vengo, y a donde voy. Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo a nadie. Mas si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo, y el Padre que me envió. Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y da testimonio de mí el Padre que me envió. Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre. Si a mí me conocieseis, a mi Padre también conoceríais. Estas palabras habló Jesús en el tesoro, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no había venido su hora. ¶ Y díjoles otra vez Jesús: Yo voy, y me buscaréis, y en vuestro pecado moriréis: a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Decían entonces los Judíos: ¿Se ha de matar a sí mismo? porque dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir. Y les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije, que moriríais en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. Y decíanle: ¿Tú, quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. Muchas cosas tengo que decir, y que juzgar de vosotros; mas el que me envió, es verdadero; y yo lo que he oído de él, esto hablo en el mundo. Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. Díjoles pues Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Y el que me envió, conmigo está: no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre. Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.
Evangelio
Y como descendió Jesús del monte, seguíanle grandes multitudes. Y, he aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fue limpiada. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste.
Evangelio
Y salió de allí, y vino a su tierra; y le siguieron sus discípulos. Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, que tales maravillas son hechas por sus manos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Santiago, y de Joses, y de Júdas, y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él. Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. Y no pudo allí hacer alguna maravilla: solamente que sanó unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos; y rodeaba las aldeas de al derredor enseñando. ¶ Y llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les dio potestad sobre los espíritus inmundos; Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente un bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa; Mas que calzasen sandalias; y no vistiesen dos ropas. Y les decía: En cualquier casa que entrareis, posád allí hasta que salgáis de aquel lugar. Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudíd el polvo que está debajo de vuestros pies en testimonio contra ellos. De cierto os digo, que más tolerable será el castigo de Sodoma, o de Gomorra en el día del juicio, que él de aquella ciudad. Y saliendo predicaban, que se arrepintiesen los hombres. Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban. ¶ Y oyó el rey Heródes la fama de Jesús, porque su nombre era hecho notorio, y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos; y por tanto virtudes obran en él. Otros decían: Elías es. Y otros decían: Profeta es; o alguno de los profetas. Y oyéndolo Heródes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. Porque el mismo Heródes había enviado y prendido a Juan, y le había aprisionado en la cárcel a causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque la había tomado por mujer. Porque Juan decía a Heródes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. Por tanto Herodías le tenía ojeriza, y deseaba matarle; mas no podía; Porque Heródes temía a Juan, conociéndole por varón justo y santo; y le tenía respeto, y obedeciéndole hacía muchas cosas; y le oía de buena gana. Y viniendo un día oportuno, en que Heródes, en la fiesta de su nacimiento, hacía cena a sus príncipes y tribunos, y a los principales de Galilea, Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando a Heródes, y a los que estaban con él a la mesa, el rey dijo a la moza: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré hasta la mitad de mi reino. Y saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan el Bautista. Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Y el rey se entristeció mucho; mas a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso negárselo. Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traída su cabeza. El cual fue, y le degolló en la cárcel. Y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la moza, y la moza la dio a su madre. Y oyéndolo sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. ¶ Y los apóstoles se juntaron a Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho, y lo que habían enseñado. Y él les dijo: Veníd vosotros aparte a un lugar desierto, y reposád un poco; porque eran muchos los que iban y venían, que ni aun tenían lugar de comer. Y se fueron en una nave a un lugar desierto aparte. Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos a pie de las ciudades, y vinieron antes que ellos, y se juntaron a él. Y saliendo Jesús vio una grande multitud, y tuvo misericordia de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y les comenzó a enseñar muchas cosas. Y como ya fue el día muy entrado, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y el día es ya muy entrado, Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de al derredor, y compren para sí pan, porque no tienen que comer. Y respondiendo él, les dijo: Dádles de comer vosotros; y le dijeron: ¿Qué? ¿iremos a comprar pan por doscientos denarios, para darles de comer? Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Id, y védlo. Y sabiéndolo ellos, dijeron: Cinco, y dos peces. Y les mandó que hiciesen recostar a todos por ranchos sobre la yerba verde. Y se recostaron por partes, por ranchos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y rompió los panes, y dio a sus discípulos para que les pusiesen delante. Y los dos peces repartió entre todos. Y comieron todos, y se hartaron. Y alzaron de los pedazos doce esportones llenos, y de los peces. Y eran los que comieron de los panes cinco mil varones. ¶ Y luego dio priesa a sus discípulos a subir en la nave, e ir delante de él a la otra parte a Betsaida, entre tanto que él despedía la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar. Y como fue la tarde, la nave estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. Y los vio que se trabajaban navegando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vela de la noche vino a ellos andando sobre la mar, y quería pasarlos. Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces; Porque todos le veían, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Aseguráos, yo soy: no tengáis miedo. Y subió a ellos en la nave, y el viento reposó, y ellos en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban; Porque aun no entendían el milagro de los panes; porque sus corazones estaban endurecidos. ¶ Y cuando fueron a la otra parte, vinieron a tierra de Genesaret, y tomaron puerto. Y saliendo ellos de la nave, luego le conocieron. Y corriendo por toda la tierra de al derredor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, como oyeron que estaba allí. Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o heredades, ponían en las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido, y todos los que le tocaban quedaron sanos.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

