Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Sed imitadores de mí, como yo también lo soy de Cristo. Aláboos pues, hermanos, que en todo os acordáis de mí; y retenéis los preceptos, de la manera que os los entregué. Mas quiero que sepáis, que Cristo es la cabeza de todo varón; y el varón es la cabeza de la mujer; y Dios la cabeza de Cristo. Todo varón que ora, o profetiza cubierta la cabeza, afrenta su cabeza. Mas toda mujer que ora, o profetiza no cubierta su cabeza, afrenta su cabeza; porque lo mismo es que si se rayese. Porque si la mujer no se cubre, raígase también; y si es vergüenza para la mujer raerse o raparse, cúbrase. Porque el varón no ha de cubrir la cabeza; porque él es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón. Porque el varón no es de la mujer, sino la mujer del varón. Porque tampoco el varón era criado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón. Por lo cual la mujer debe tener la señal de potestad sobre su cabeza por causa de los ángeles. Mas ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón, en el Señor.
Primera lectura
Justo eres tú, o! Jehová, aunque yo dispute contigo: hablaré empero juicios contigo. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos? tienen paz todos los que rebelan de rebelión. Plantástelos, echaron raíces también: aprovecharon, e hicieron fruto: estando cercano tú en sus bocas, mas lejos de sus riñones. Y tú, o! Jehová, me conoces, me viste, y probaste mi corazón para contigo: arráncalos como a ovejas para el degolladero, y señálalos para el día de la matanza. ¿Hasta cuándo estará la tierra desierta, y la yerba de todo el campo estará seca por la maldad de los que en ella moran? Faltaron los ganados, y las aves, porque dijeron: No verá nuestras postrimerías. ¶ Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y en la tierra de paz estabas quieto, ¿cómo harás en la hinchazón del Jordán? Porque aun tus hermanos y la casa de tu padre, aun ellos se levantaron contra ti: aun ellos dieron voces en pos de ti: Congregación. No les creas cuando bien te hablaren. Dejé mi casa, desamparé mi heredad, entregué lo que amaba mi alma en la mano de sus enemigos. Fue para mí mi heredad como león en breña: dio contra mí su voz: por tanto la aborrecí. ¿Esme mi heredad ave de muchos colores? ¿no están contra ella aves en derredor? Veníd, juntáos todas las bestias del campo, veníd a tragarla. ¶ Muchos pastores destruyeron mi viña, hollaron mi heredad, tornaron en desierto y soledad mi heredad preciosa. Tornóla en asolamiento, lloró contra mí asolada: fue asolada toda la tierra, porque no hubo hombre que mirase. Sobre todos los lugares altos del desierto vinieron disipadores; porque la espada de Jehová traga desde el un extremo de la tierra hasta el otro extremo: no hay paz para ninguna carne. Sembraron trigo, y segarán espinas: tuvieron la heredad, mas no aprovecharon nada: avergonzarse han a causa de vuestros frutos por la ira de Jehová. ¶ Así dijo Jehová contra todos mis malos vecinos, que tocan la heredad que hice poseer a mi pueblo Israel: He aquí que yo los arrancaré de su tierra; y la casa de Judá arrancaré de en medio de ellos. Y será que después que los hubiere arrancado, tornaré, y habré misericordia de ellos; y hacerlos he tornar cada uno a su heredad, y cada uno a su tierra. Y será que si aprendiendo aprendieren los caminos de mi pueblo, para jurar en mi nombre: Vive Jehová; como enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal; ellos serán prosperados en medio de mi pueblo. Mas si no oyeren, arrancaré a la tal nación, arrancando y perdiendo, dice Jehová.
Primera lectura
¡Ay de los pastores que desperdician y derraman las ovejas de mi majada! dijo Jehová. Por tanto, así dijo Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros derramasteis mis ovejas, y las amontasteis, y no las visitasteis: he aquí que yo visito sobre vosotros la maldad de vuestras obras, dijo Jehová. Y yo recogeré el resto de mis ovejas de todas las tierras donde las eché, y hacerlas he volver a sus moradas; y crecerán, y multiplicarse han. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni tendrán miedo, ni serán menoscabadas, dijo Jehová. He aquí que vienen días, dijo Jehová, y despertaré a David renuevo justo, y reinará rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre que le llamarán, Jehová justicia nuestra. Por tanto, he aquí que vienen días, dijo Jehová, y no dirán más: Vive Jehová que hizo subir los hijos de Israel de la tierra de Egipto: Mas: Vive Jehová que hizo subir, y trajo la simiente de la casa de Israel de tierra del aquilón, y de todas las tierras a donde los eché; y habitarán en su tierra.
Oración matutina — primera lectura
¡O si mi cabeza se tornase aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas, para que llore día y noche los muertos de la hija de mi pueblo! ¡O quién me diese en el desierto un mesón de caminantes, para que dejase mi pueblo, y me apartase de ellos! porque todos ellos son adúlteros, congregación de rebeladores. E hicieron que su lengua, su arco, tirase mentira; y no se fortalecieron en la tierra por verdad; porque de mal en mal salieron, y a mí no conocieron, dijo Jehová. Cada uno se guarde de su compañero, ni en ningún hermano tenga confianza; porque todo hermano engaña con engaño, y todo compañero anda con falsedad. Y cada uno engaña a su compañero, y no hablan verdad: enseñaron su lengua a hablar mentira, trabajan de hacer perversamente. Tu morada es en medio de engañadores: por engaño no quisieron conocerme, dijo Jehová. Por tanto así dijo Jehová de los ejércitos: He aquí que yo los fundiré, y los ensayaré; porque ¿cómo haré yo por la hija de mi pueblo? Saeta afilada es la lengua de ellos, habla engaño: con su boca habla paz con su amigo, y de dentro de sí pone sus asechanzas. ¿Sobre estas cosas no los tengo de visitar, dijo Jehová? De tal nación no se vengará mi alma? Sobre los montes levantaré lloro y lamentación, y llanto sobre las moradas del desierto; porque fueron desiertos hasta no quedar quien pase, ni oyeron bramido de ganado: desde las aves del cielo y hasta las bestias de la tierra se trasportaron, y se fueron. Y pondré a Jerusalem en montones, en morada de culebras; y pondré las ciudades de Judá en asolamiento, que no quede morador. ¿Quién es varón sabio, que entienda esto? ¿y a quién habló la boca de Jehová, y recontarlo ha por qué causa la tierra ha perecido, ha sido asolada, como desierto que no hay quien pase? Y dijo Jehová: Porque dejaron mi ley la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron por ella; Antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y tras los Baales que les enseñaron sus padres: Por tanto así dijo Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo les daré a comer, a este pueblo, ajenjos, y les daré a beber aguas de hiel. Y esparcirlos he entre naciones que no conocieron ellos ni sus padres; y enviaré espada en pos de ellos, hasta que yo los acabe. Así dijo Jehová de los ejércitos: Considerád, y llámad endechaderas que vengan; y enviád por las sabias que vengan; Y dénse priesa, y levanten llanto sobre nosotros; y córranse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen en aguas: Porque voz de endecha fue oída de Sión: ¡Cómo hemos sido destruidos! ¡en gran manera hemos sido avergonzados! ¿Por qué dejamos la tierra? ¿Por qué nos han echado de sí nuestras moradas? Oíd pues, o! mujeres, palabra de Jehová, y vuestro oído reciba la palabra de su boca; y enseñád endechas a vuestras hijas, y cada una a su amiga lamentación. Porque la muerte ha subido por nuestras ventanas, ha entrado en nuestros palacios para talar los niños de las calles, los mancebos de las plazas. Habla: Así dijo Jehová: Los cuerpos de los hombres muertos caerán sobre la haz del campo, como estiércol, y como el manojo tras el segador, que no hay quien lo coja. ¶ Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas: Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar, en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dijo Jehová. He aquí que vienen días, dijo Jehová, y visitaré sobre todo circuncidado, y sobre todo incircunciso: A Egipto, y a Judá, y a Edom, y a los hijos de Ammón y de Moab, y a todos los arrinconados en el postrer rincón, que moran en el desierto; porque todas las naciones tienen prepucio, y toda la casa de Israel tiene prepucio en el corazón.
Epístola
Requiérote, pues, yo delante de Dios, y del Señor Jesu Cristo, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos en su manifestación, y en su reino; Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda blandura y doctrina: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, antes teniendo comezón en las orejas, se amontonarán maestros que les hablen conforme a sus mismas concupiscencias. Y así apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Tú por tanto vela en todo, sufre trabajos, haz obra de evangelista, cumple bien tu ministerio: Porque yo ya presto soy sacrificado, y el tiempo de mi desatamiento está cercano. Buena milicia he militado, acabado he la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, el juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.
Primera lectura
Como los repartimientos de las aguas así está el corazón del rey en la mano de Jehová: a todo lo que quiere, le inclina. Todo camino del hombre es recto en su opinión: mas Jehová pesa los corazones. Hacer justicia y juicio es a Jehová más agradable que sacrificio. Altivez de ojos, y grandeza de corazón, y pensamiento de los impíos es pecado. Los pensamientos del solícito ciertamente van a abundancia: mas todo presuroso ciertamente a pobreza. Allegar tesoros con lengua de mentira, es vanidad, que será echada con los que buscan la muerte. La rapiña de los impíos los destruirá: porque no quisieron hacer juicio. El camino del hombre es torcido y extraño: mas la obra del limpio es recta. Mejor es vivir en un rincón de casa, que con la mujer rencillosa en casa espaciosa. El alma del impío desea mal: su prójimo no le parece bien. Cuando el burlador es castigado, el simple se hace sabio; y enseñando al sabio, toma sabiduría. Considera el justo la casa del impío: que los impíos son trastornados por el mal. El que cierra su oído al clamor del pobre, también él clamará y no será oído. El presente en secreto amansa el furor, y el don en el seno la fuerte ira. Alegría es al justo hacer juicio: mas quebrantamiento a los que hacen iniquidad. El hombre que yerra del camino de la sabiduría, en la compañía de los muertos reposará. Hombre necesitado será el que ama la alegría; y el que ama el vino y el ungüento no enriquecerá. El rescate del justo será el impío; y por los rectos será castigado el prevaricador. Mejor es morar en tierra del desierto, que con la mujer rencillosa, e iracunda. Tesoro de codicia, y aceite está en la casa del sabio: mas el hombre insensato lo disipará. El que sigue la justicia y la misericordia, hallará la vida, la justicia, y la honra. La ciudad de los fuertes tomó el sabio; y derribó la fuerza de su confianza. El que guarda su boca, y su lengua, su alma guarda de angustias. Soberbio, arrogante, burlador, es el nombre del que hace con saña de soberbia. El deseo del perezoso le mata; porque sus manos no quieren hacer. Todo el tiempo desea: mas el justo da; y no perdona. El sacrificio de los impíos es abominación, ¿cuánto más ofreciéndole con maldad? El testigo mentiroso perecerá: mas el hombre que oye, permanecerá en su dicho. El hombre impío asegura su rostro: mas el recto ordena sus caminos. No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo contra Jehová. El caballo se apareja para el día de la batalla: mas de Jehová es el salvar.
Oración matutina — segunda lectura
Y pasando Jesús, vio a un hombre ciego desde su nacimiento. Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: ¿Rabbi, quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. A mí me conviene obrar las obras de aquel que me envió, entre tanto que el día es: la noche viene, cuando nadie puede obrar. Entre tanto que estuviere en el mundo, la luz soy del mundo. Esto dicho, escupió en tierra; e hizo lodo de la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego, Y le dijo: Vé, lávate en el estanque de Siloé, que interpretado, significa Enviado. Se fue pues, y se lavó, y volvió viendo. ¶ Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba, y mendigaba? Otros decían: Este es; y otros: Se le parece; mas él decía: Yo soy. Por esto le decían: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? Respondió él, y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Vé al estanque de Siloé, y lávate; y yo fui, y me lavé, y recibí la vista. Entonces le dijeron: ¿Dónde está aquel? Dice él: No sé. Llévanle a los Fariseos, al que antes había sido ciego. Y era sábado cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. Y volviéronle a preguntar también los Fariseos, de qué manera había recibido la vista. El les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. Entonces unos de los Fariseos le decían: Este hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Y otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer tales milagros? Y había disensión entre ellos. Vuelven a decir al ciego: ¿Tú, qué dices de el que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es un profeta. Mas los Judíos no creían de él, que había sido él ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a los padres de el que había recibido la vista. Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís, que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego: Mas como vea ahora, no lo sabemos; o quien le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos: él tiene edád, preguntádle a él, él hablará por sí mismo. Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los Judíos; porque ya los Judíos habían concluido que si alguno confesase ser él el Mesías, que fuese echado fuera de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntádle a él. Así que volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador. Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador o no, yo no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Y volviéronle a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Respondióles: Ya os lo he dicho, y no lo habéis escuchado: ¿por qué lo queréis otra vez oír? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Entonces le vilipendiaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; mas nosotros discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios; mas éste no sabemos de donde es. Respondióles el hombre, y les dijo: Cierto maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabéis de donde sea, y con todo a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; mas si alguno es adorador de Dios, y hace su voluntad, a éste oye. Desde el principio del mundo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. Si este hombre no fuera de Dios, no pudiera hacer nada. Respondieron y le dijeron: En pecados eres nacido todo; ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. Oyó Jesús que le habían echado fuera; y hallándole, le dijo: ¿Tú crees en el Hijo de Dios? Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Y díjole Jesús: Ya le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor. Y le adoró. ¶ Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido a este mundo, para que los que no ven, vean; y para que los que ven, sean cegados. Y oyeron esto algunos de los Fariseos que estaban con él, y le dijeron: ¿Somos nosotros también ciegos? Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece.
Salmo responsorial
Los cielos cuentan la gloria de Dios; y el extendimiento denuncia la obra de sus manos. El un día pronuncia palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría. No hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz. En toda la tierra salió su línea, y al cabo del mundo sus palabras: para el sol puso tabernáculo en ellos. Y él como un novio que sale de su tálamo, alégrase, como un gigante, para correr el camino. Del un cabo de los cielos es su salida, y rodea por sus cabos; y no hay quien se esconda de su calor. ¶ La ley de Jehová perfecta, que vuelve el alma, el testimonio de Jehová fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová rectos, que alegran el corazón: el precepto de Jehová puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová limpio que permanece para siempre, los derechos de Jehová, verdad, todos justos. Deseables más que el oro, y más que mucho oro afinado: y dulces más que miel, y que licor de panales. Tu siervo también es amonestado con ellos: en guardarlos, gran salario. Los errores, ¿quién los entenderá? de los encubiertos líbrame. Asimismo de las soberbias detén a tu siervo, que no se enseñoreen de mí: entonces seré perfecto, y seré limpio de gran rebelión. Sean voluntarios los dichos de mi boca; y el pensamiento de mi corazón delante de ti, o! Jehová, roca mía, y mi redentor.
Evangelio
¶ Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? no vale más para nada; sino que sea echada fuera, y sea hollada de los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder. Ni se enciende la luz, y se pone debajo de un almud, sino en el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así pues alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. ¶ No penséis que he venido para invalidar la ley, o los profetas: no he venido para invalidarlos, sino para cumplirlos. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, sin que todas las cosas sean cumplidas. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere, y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
Salmo responsorial
¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has dejado? ¿estás lejos de mi salud, de las palabras de mi gemido? Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio. Y tú, santo, habitante, alabanzas de Israel. En ti esperaron nuestros padres: esperaron, y los salvaste. Clamaron a ti, y fueron librados: esperaron en ti, y no se avergonzaron. Y yo, gusano, y no varón: vergüenza de hombres y desecho del pueblo. Todos los que me ven, escarnecen de mí: echan de los labios, menean la cabeza. Remítese a Jehová, líbrele, que le quiere bien. Empero tú eres el que me sacó del vientre: el que me haces esperar desde los pechos de mi madre. Sobre ti estoy echado desde la matriz: desde el vientre de mi madre tú eres mi Dios. No te alejes de mí, porque la angustia está cerca: porque no hay quien ayude. Rodeáronme muchos toros: fuertes toros de Basán me cercaron. Abrieron sobre mí su boca, como león que hace presa y que brama. Como aguas me escurrí, y descoyuntáronse todos mis huesos: mi corazón fue como cera desliéndose en medio de mis entrañas. Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mis paladares: y en el polvo de la muerte me has puesto. Porque me rodearon perros: cercáronme cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contaría todos mis huesos: ellos miran, me consideran: Partieron entre sí mis vestidos: y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, Jehová, no te alejes: fortaleza mía, apresúrate para mi socorro. Escapa de la espada mi alma; de poder del perro mi única. Sálvame de la boca del león: y de los cuernos de los unicornios óyeme. ¶ Contaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la congregación te alabaré. Los que teméis a Jehová, alabádle; toda la simiente de Jacob, glorificádle; y teméd de él toda la simiente de Israel. Porque no menospreció, ni abominó, la aflicción del pobre, ni escondió su rostro de él: y cuando clamó a él, le oyó. De ti será mi alabanza en la grande congregación: mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los pobres, y hartarse han: alabarán a Jehová los que le buscan: vivirá vuestro corazón para siempre. Acordarse han, y volverse han a Jehová todos los términos de la tierra; y humillarse han delante de ti todas las familias de las gentes. Porque de Jehová es el reino: y él se enseñoreará de las naciones. Comieron, y adoraron todos los gruesos de la tierra: delante de él se arrodillaron todos los que descienden al polvo: y sus almas no vivificaron. La simiente le servirá: será contada a Jehová perpetuamente. Vendrán, y anunciarán al pueblo que naciere, su justicia que él hizo.
Salmo responsorial
¿Por qué te alabas de maldad, o! valiente? la misericordia de Dios es cada día. Agravios maquina tu lengua: como navaja afilada, hace engaño. Amaste el mal más que el bien: la mentira, más que hablar justicia. Selah. Amaste todas las palabras dañosas; lengua engañosa. También Dios te derrocará para siempre: cortarte ha, y arrancarte ha de la tienda; y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Selah. Y verán los justos, y temerán: y reírse han de él. He aquí un varón que no puso a Dios por su fortaleza, mas confió en la multitud de sus riquezas: esforzóse en su maldad. ¶ Mas yo, como oliva verde, en la casa de Dios: confié en la misericordia de Dios siempre y eternalmente. Yo te alabaré para siempre, porque hiciste: y esperaré tu nombre, porque es bueno, delante de tus misericordiosos.
Salmo responsorial
Ten misericordia de mí, o! Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus miseraciones rae mis rebeliones. Aumenta el lavarme de mi maldad; y límpiame de mi pecado. Porque yo conozco mis rebeliones: y mi pecado está siempre delante de mí. A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque te justifiques en tu palabra, y te purifiques en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado: y en pecado me calentó mi madre. He aquí, la verdad has amado en lo íntimo: y en lo secreto me hiciste saber sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. Házme oír gozo y alegría: y harán alegrías los huesos que moliste. Esconde tu rostro de mis pecados: y rae todas mis maldades. Críame, o! Dios, un corazón limpio: y renueva un espíritu recto en medio de mí. No me eches de delante de ti: y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud: y el Espíritu voluntario me sustentará. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos: y los pecadores se convertirán a ti. Escápame de homicidios, o! Dios, Dios de mi salud: cante mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y denuncie mi boca tu alabanza. ¶ Porque no quieres sacrificio, que, si no, yo lo daría: holocausto no quieres. Los sacrificios de Dios es el espíritu quebrantado: el corazón contrito y molido, o! Dios, no menospreciarás. Haz bien con tu buena voluntad a Sión: edifica los muros de Jerusalem. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto, y el quemado: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
Oración vespertina — primera lectura
Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, o! casa de Israel. Jehová dijo así: No aprendáis el camino de las naciones; ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las leyes de los pueblos vanidad son; porque leño del monte cortaron, obra de manos de artífice con cepillo. Con plata y oro lo engalanan, con clavos y martillos lo afirman, porque no se salga. Como una palma lo igualan, y no hablan: son llevados, porque no pueden andar: no tengáis temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder. No hay semejante a ti, o! Jehová, grande tú, y grande tu nombre en fortaleza. ¿Quién no te temerá, o! rey de las naciones? porque a ti compete; porque entre todos los sabios de las naciones, y en todos sus reinos no hay semejante a ti. Y todos se enloquecerán, y se entontecerán: enseñamiento de vanidades es el mismo leño. Traerán plata extendida de Társis, y oro de Ufaz: obrará el artífice, y las manos del fundidor: vestirlos han de cárdeno y de púrpura: obra de sabios es todo. Mas Jehová Dios es la verdad, él mismo es Dios vivo, y Rey eterno: de su ira tiembla la tierra, y las naciones no pueden sufrir su saña. Decirles heis así: Dioses que no hicieron el cielo ni la tierra, perezcan de la tierra, y de debajo de estos cielos. El que hace la tierra con su potencia, el que pone en orden el mundo con su saber, y extiende los cielos con su prudencia: A su voz se da multitud de aguas en el cielo, y hace subir las nubes de lo postrero de la tierra: hace los relámpagos con la lluvia, y hace salir al viento de sus escondederos. Todo hombre se embrutece a esta ciencia: avergüéncese de su vaciadizo todo fundidor; porque mentira es su obra de fundición, ni hay espíritu en ellos. Vanidad son, obra digna de escarnios: en el tiempo de su visitación perecerán. No es como ellos la suerte de Jacob; porque él es el Hacedor de todo; e Israel es la vara de su herencia, Jehová de los ejércitos es su nombre. ¶ Recoge de las tierras tus mercaderías, la que moras en lugar fuerte: Porque así dijo Jehová: He aquí que arrojaré con honda esta vez los moradores de la tierra, y afligirlos he, para que hallen. ¡Ay de mí! sobre mi quebrantamiento, mi llaga es llena de dolor. Yo empero dije: Ciertamente enfermedad mía es ésta, y de sufrirla he. Mi tienda es destruida, y todas mis cuerdas rotas: mis hijos fueron sacados de mí, y perecieron: no hay ya más quien extienda mi tienda, ni quien levante mis cortinas. Porque los pastores se embrutecieron, y no buscaron a Jehová: por tanto no prosperaron, y todo su ganado se esparció. He aquí que voz de fama viene, alboroto grande de la tierra del aquilón, para tornar en soledad todas las ciudades de Judá, en morada de culebras. Conozco, o! Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es ordenar sus pasos: Castígame, o! Jehová, mas con juicio, no con tu furor, porque no me aniquiles. Derrama tu enojo sobre las naciones que no te conocen, y sobre las naciones que no invocan tu nombre; porque se comieron a Jacob, y se lo tragaron, y le consumieron, y su morada destruyeron.
Segunda lectura
Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres, es constituido en favor de los hombres en lo que a Dios toca, para que ofrezca presentes, y también sacrificios por los pecados: Que se pueda compadecer de los ignorantes y de los errados, porque él también está rodeado de flaqueza: Por causa de la cual deba, como por el pueblo así también por sí mismo, ofrecer sacrificios por los pecados. ¶ Ni nadie toma para sí mismo esta honra, sino el que es llamado de Dios, como lo fue Aarón. Así también Cristo no se glorificó a sí mismo, para ser hecho sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote eternamente, según el orden de Melquisedec. El cual en los días de su carne, habiendo ofrecido ruegos y también suplicaciones con gran clamor y lágrimas a aquel que le podía librar de la muerte, fue oído y librado de su miedo. Y aunque era Hijo, sin embargo por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, fue hecho causa de eterna salud para todos los que le obedecen: Nombrado de Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec. ¶ Del cual tenemos mucho que decir, y dificultoso de declarar, por cuanto sois perezosos para oír. Porque debiendo de ser ya maestros, a causa del tiempo, tenéis necesidad de volver a ser enseñados, de cuáles sean los elementos del principio de los oráculos de Dios, y sois hechos tales que tengáis necesidad de leche, y no de mantenimiento firme. Que cualquiera que usa de leche, no tiene aun experiencia de la palabra de justicia, porque es niño. Mas de los ya hombres perfectos es la vianda firme, es a saber, de los que por la costumbre tienen ya los sentidos ejercitados a la discreción del bien y del mal.
Segunda lectura
Por tanto, si hay en vosotros alguna consolación en Cristo, si algún refrigerio de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algunas entrañas y conmiseraciones, Cumplíd mi gozo en que penséis lo mismo, teniendo un mismo amor, siendo unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda, o por vana gloria; antes en humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos a los otros, No mirando cada uno a lo que es suyo, mas también a lo que es de los otros. Haya en vosotros los mismos sentimientos que hubo también en Cristo Jesús: El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios; Mas se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres; Y hallado en su condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por lo cual Dios también le ensalzó soberanamente, y le dio nombre que es sobre todo nombre; Para que al nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble; Y que toda lengua confiese, que Jesu Cristo es Señor para la gloria de Dios el Padre. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, mas aun mucho más ahora en mi ausencia, obrád vuestra propia salud con temor y temblor. Porque Dios es el que en vosotros obra, así el querer como el hacer, según su buena voluntad. Hacéd todo sin murmuraciones, y sin disputas; Para que seáis irreprensibles, y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en medio de una raza torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo, Reteniendo la palabra de vida; para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, de que no he corrido en vano, ni trabajado en vano. Y aunque yo sea sacrificado sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me huelgo y me regocijo con todos vosotros. Y por esto mismo holgáos también vosotros, y regocijáos conmigo. Mas espero en el Señor Jesús, que os enviaré presto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, conociendo vuestro estado. Porque a ninguno tengo tan del mismo ánimo conmigo, que esté sinceramente solícito por vosotros; Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Mas vosotros sabéis la prueba que se ha hecho de él, y es, que como hijo con su padre, él ha servido conmigo en el evangelio. Así que a éste espero enviaros, luego que viere como van mis negocios. Mas confío en el Señor que yo mismo también vendré prestamente a vosotros: Sin embargo tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, mi hermano, y compañero, y consiervo mío, mas vuestro mensajero, y el que ministraba a mis necesidades. Porque tenía deseo vehemente de ver a todos vosotros; y estaba lleno de pesadumbre de que hubieseis oído que había enfermado. Y cierto que enfermó hasta la muerte; mas Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él mas de mí también, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. Así que le envío más presto, para que viéndole otra vez, os regocijéis, y que yo esté con menos tristeza. Recibídle, pues, en el Señor, con todo regocijo; y tenéd en estima a los tales; Porque por la obra de Cristo llegó hasta la muerte, exponiendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.
Segunda lectura
Y el séptimo ángel tocó la trompeta; y fueron hechas grandes voces en el cielo que decían: Los reinos de este mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo, y reinará por los siglos de los siglos. Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, Diciendo: Te damos gracias, ¡oh Señor Dios Todopoderoso! que eres, y que eras, y que has de venir; porque has tomado tu grande poderío, y has reinado. Y las naciones se han airado, y tu ira es ya venida, y el tiempo de los muertos para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños, y a los grandes, para que destruyas los que destruyen la tierra. Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo, y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y un terremoto, y grande granizo.
Segunda lectura
Mas si habéis resucitado con Cristo, buscád lo que es de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Ponéd vuestro corazón en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos estáis, y vuestra vida está guardada con Cristo en Dios. Cuando se manifestare Cristo, que es nuestra vida, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
Evangelio
Y en aquellos días vino Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea, Y diciendo: Arrepentíos; que el reino de los cielos se acerca. Porque éste es aquel del cual fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz del que clama en el desierto: Aparejád el camino del Señor: enderezád sus veredas. Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero al rededor de sus lomos; y su comida era langostas, y miel montés. Entonces salía a él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de al derredor del Jordán, Y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados. Y viendo él muchos de los Fariseos y de los Saduceos, que venían a su bautismo, les decía: Generación de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que vendrá? Hacéd pues frutos dignos de arrepentimiento. Y no penséis en deciros: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos a Abraham aun de estas piedras. Ahora, ya también la hacha está puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego. Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; mas el que viene en pos de mí, más poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar; él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y aventará su era, y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. ¶ Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan le resistía mucho, diciendo: Yo he menester de ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Empero respondiendo Jesús le dijo: Deja ahora; porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús después que fue bautizado, subió luego del agua, y, he aquí, los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él; Y, he aquí, una voz de los cielos que decía: Este es mi hijo amado, en el cual tengo contentamiento.
Oración vespertina — segunda lectura
Todos los que están debajo de yugo de servidumbre, tengan a sus señores por dignos de toda honra, porque no sea blasfemado el nombre del Señor y su doctrina. Y los que tienen señores creyentes, no los tengan en menos, por ser sus hermanos; antes los sirvan mejor, por cuanto son fieles y amados, y partícipes del beneficio. Estas cosas enseña, y exhorta. ¶ Si alguno enseña de otra manera, y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor Jesu Cristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, Hinchado es, nada sabe, sino que enloquece acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, maledicencias, malas sospechas, Disputas perversas de hombres de corrompido entendimiento, y privados de la verdad, y que tienen la piedad por granjería: apártate de los que son tales. Grande granjería empero es la piedad, con el contentamiento de lo que basta. Porque nada trajimos al mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que teniendo sustento, y con que cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren ser ricos, caen en tentación y en lazo, y en muchas codicias insensatas y dañosas, que anegan a los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos erraron de la fe, y a sí mismos se traspasaron de muchos dolores. ¶ Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas; y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena pelea de fe: echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo eres llamado, habiendo hecho buena profesión delante de muchos testigos. ¶ Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesu Cristo, que testificó una buena profesión delante de Poncio Pilato, Que guardes este mandamiento sin mácula, ni reprensión, hasta que aparezca el Señor nuestro Jesu Cristo: Al cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores: Que solo tiene inmortalidad, que habita en luz a donde no se puede llegar: a quien ninguno de los hombres vio jamás, ni puede ver: al cual sea la honra, y el imperio sempiterno. Amén. ¶ A los ricos en este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas; sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las gocemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, prontos para repartir, comunicativos. Atesorando para sí buen fundamento para en lo porvenir, para que echen mano a la vida eterna. ¶ Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, apartándote de las disputas profanas y vacías, y de las objeciones de la ciencia falsamente llamada así: La cual muchos profesando, han errado acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amén. ¶ La primera a Timoteo fue escrita de Laodicea, que es metrópoli de la Frigia Pacatiana.
Evangelio
Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado. Y yo no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue. De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre. ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica: el que vosotros decís, que es vuestro Dios. Mas no le conocéis: yo empero le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso; mas le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se regocijó por ver mi día; y lo vio, y se regocijó. Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años; ¿y has visto a Abraham? Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojarle; mas Jesús se encubrió, y se salió del templo, pasando por medio de ellos, y así pasó.
Evangelio
¶ Y entrando él en una nave, sus discípulos le siguieron. Y, he aquí, fue hecho en la mar un gran movimiento, de manera que la nave se cubría de las ondas; y él dormía. Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos. Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces levantado reprendió a los vientos y a la mar; y fue grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?
Evangelio
En aquellos días, como hubo una muy grande multitud de gente, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen que comer. Y si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostasen sobre la tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los rompió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud. Tenían también unos pocos pececillos, y habiendo bendecido, dijo que también se los pusiesen delante. Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. ¶ Y luego entrando en la nave con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanuta. Y vinieron los Fariseos, y comenzaron a altercar con él, demandándole señal del cielo, tentándole. Y gimiendo profundamente en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo, que no se dará señal a esta generación. Y dejándoles, volvió a entrar en la nave, y se fue a la otra parte. ¶ Y los discípulos se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en la nave. Y les mandó, diciendo: Mirád, guardáos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Heródes. Y discurrían entre sí, diciendo: Es porque no tenemos pan. Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué discurrís, porque no tenéis pan? ¿No consideráis, ni entendéis? ¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis? Cuando rompí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis? ¶ Y vino a Betsaida, y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó, si veía algo. Y él mirando, dijo: Veo los hombres como árboles que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y quedó restituido, y vio de lejos y claramente a todos. Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. ¶ Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas. Entonces él les dice: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. Y mandóles con rigor que a ninguno dijesen esto de él. Y comenzó a enseñarles, que era menester que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reñir. Y él, volviéndose, y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

