Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
¶ Empero os hago saber, hermanos, que el evangelio que os ha sido anunciado por mí, no es según hombre; Porque ni le recibí de hombre, ni tampoco me fue enseñado, sino por revelación de Jesu Cristo. Porque ya habéis oído cual fue mi conversación en otro tiempo en el Judaismo, como sobre manera perseguía la iglesia de Dios, y la asolaba; Y que aprovechaba en el Judaismo sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo más vehementemente zeloso de las tradiciones de mis padres. Mas cuando plugo a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, Revelar a su Hijo en mí, para que le predicase entre los Gentiles, desde luego no consulté con carne y sangre; Ni vine a Jerusalem a los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fui a Arabia; y volví de nuevo a Damasco.
Primera lectura
Y fue palabra de Jehová a mí, diciendo: Hijo del hombre, pon tu rostro hacia los montes de Israel, y profetiza contra ellos; Y dirás: Montes de Israel, oíd palabra del Señor Jehová: Así dijo el Señor Jehová a los montes y a los collados, a los arroyos y a los valles: He aquí que yo, yo, hago venir sobre vosotros espada, y destruiré vuestros altos. Y vuestros altares serán asolados, y vuestras imágenes del sol serán quebradas; y haré que caigan vuestros muertos delante de vuestros ídolos. Y pondré los cuerpos muertos de los hijos de Israel delante de sus ídolos, y vuestros huesos esparciré en derredor de vuestros altares. En todas vuestras habitaciones las ciudades serán desiertas, y los altos serán asolados, para que sean asolados y se hagan desiertos vuestros altares; y vuestros ídolos serán quebrados, y cesarán; y vuestras imágenes del sol serán destruidas, y serán deshechas vuestras obras. Y muertos caerán en medio de vosotros, y sabréis que soy Jehová. Y dejaré que haya de vosotros quien escape de la espada entre las naciones, cuando fuereis esparcidos por las tierras. Y acordarse han de mí, los que de vosotros escaparen entre las naciones, entre las cuales serán cautivos; porque yo me quebranté a causa de su corazón fornicario, que se apartó de mí, y a causa de sus ojos, que fornicaron tras sus ídolos; y serán confusos en su misma presencia, a causa de los males que hicieron en todas sus abominaciones. Y sabrán que yo soy Jehová, y que no en vano dije que les había de hacer este mal. Así dijo el Señor Jehová: Hiere con tu mano, y patea con tu pie, y dí: ¡Ay, por todas las abominaciones de los males de la casa de Israel! porque con espada, y con hambre, y con pestilencia caerán. El que estuviere lejos, morirá de pestilencia; y el que estuviere cerca, caerá con espada; y el que quedare, y el cercado, morirá de hambre; y cumpliré en ellos mi enojo. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando sus muertos estarán en medio de sus ídolos, en derredor de sus altares, en todo collado alto, y en todas las cumbres de los montes, y debajo de todo árbol sombrío, y debajo de toda encina espesa, y en todo lugar donde dieron olor suave a todos sus ídolos. Y extenderé mi mano sobre ellos, y tornaré la tierra asolada, y espantosa, desde el desierto de Deblata hasta todas sus habitaciones; y sabrán que yo soy Jehová.
Primera lectura
Y a Jonás le pesó de gran pesar, y se enojó. Y oró a Jehová, y dijo: Ahora, Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando en mi tierra, por lo cual previne huyéndome a Társis? Porque yo sabía que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo a enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida. Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien de enojarte tanto? Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciudad; e hízose allí una choza, y asentóse debajo de ella a la sombra, hasta ver que sería de la ciudad. Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás, para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal; y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. Y el mismo Dios preparó un gusano en viniendo la mañana del día siguiente, el cual hirió a la calabacera, y se secó. Y acaeció que en saliendo el sol preparó Dios un viento solano grande; y el sol hirió a Jonás en la cabeza, y desmayábase; y pedía a su alma la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que mi vida. Entonces dijo Dios a Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta desear la muerte. Y dijo Jehová: ¿Tuviste tú piedad de la calabacera en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer, que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció: Y no tendré yo piedad de Nínive aquella grande ciudad, donde hay más de ciento y veinte mil hombres, que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
Oración matutina — primera lectura
En el tercero año de Oséas, hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías, hijo de Acaz, rey de Judá. Cuando comenzó a reinar era de veinte y cinco años, y reinó en Jerusalem veinte y nueve años, el nombre de su madre fue Abí, hija de Zacarías. Este hizo lo que era recto en ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre. Este quitó los altos, y quebró las imágines, y taló los bosques, y quebró la serpiente de metal que había hecho Moisés; porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel, y llamóle por nombre Nehustán. En Jehová Dios de Israel puso su esperanza: después ni antes de él, no hubo otro como él, en todos los reyes de Judá. Porque se llegó a Jehová, y no se apartó de él; y guardó los mandamientos que mandó Jehová a Moisés. Y Jehová fue con él, y en todas las cosas a que salía prosperaba. El se rebeló contra el rey de Asiria, y no le sirvió. Hirió también a los Filisteos hasta Gaza y sus términos, desde las torres de las atalayas hasta la ciudad fortalecida. En el cuarto año del rey Ezequías, que era el año séptimo de Oséas, hijo de Ela, rey de Israel, subió Salmanasar rey de los Asirios contra Samaria, y cercóla. Y tomáronla al cabo de tres años, en el sexto año de Ezequías, el cual era el nono año de Oséas rey de Israel, y así fue tomada Samaria. Y el rey de Asiria traspuso a Israel en Asiria, y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos: Por cuanto no habían oído la voz de Jehová su Dios, antes habían quebrantado su concierto; y todas las cosas que Moisés siervo de Jehová había mandado, ni las habían oído, ni hecho. ¶ Y a los catorce años del rey Ezequías, subió Sennaquerib rey de Asiria contra todas las ciudades fuertes de Judá, y tomólas. Entonces Ezequías rey de Judá envió al rey de Asiria en Laquis, diciendo: Yo he pecado; vuélvete de mí, y yo llevaré todo lo que me impusieres. Entonces el rey de Asiria impuso a Ezequías rey de Judá trescientos talentos de plata, y treinta talentos de oro. Y Ezequías dio toda la plata que fue hallada en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real. Entonces rompió Ezequías las puertas del templo de Jehová, y los umbrales que el mismo rey Ezequías había cubierto de oro, y diólo al rey de Asiria. Y el rey de Asiria envió a Tartán, y a Rabsaris, y a Rabsaces desde Laquis al rey Ezequías con un grande ejército contra Jerusalem. Y subieron, y vinieron a Jerusalem; y subieron y vinieron, y pararon junto al conduto del estanque de arriba, que es en el camino de la heredad del lavador. Y llamaron al rey, y salió a ellos Eliacim, hijo de Helcías, que era mayordomo, y Sobna escriba, y Joa, hijo de Asaf, canciller. Y díjoles Rabsaces: Decíd ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es esta en que tú confías? Dices ciertamente: Palabras de labios, consejo, y esfuerzo para la guerra. ¿En qué pues confiás ahora, que te has rebelado contra mí? He aquí, tu confías ahora sobre este bordón de caña quebrado Egipto, que el que en él se recostare, él le entrará por la mano, y se la pasará. Tal es Faraón rey de Egipto a todos los que en él confían. Y sí me decís: Nosotros confiamos en Jehová nuestro Dios: ¿no es él aquel cuyos altos y altares ha quitado Ezequías, y ha dicho a Judá y a Jerusalem: Delante de este altar adoraréis en Jerusalem? Por tanto ahora yo te ruego que des rehenes a mi señor el rey de Asiria, y yo te daré dos mil caballos, si tú pudieres dar caballeros para ellos. ¿Cómo pues harás volver el rostro de un capitán el menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto por sus carros y su gente de a caballo? También, ¿ahora he yo venido sin Jehová a este lugar para destruirlo? Jehová me ha dicho: Sube a esta tierra, y destrúyela. Entonces dijo Eliacim, hijo de Helcías, y Sobna, y Joa a Rabsaces: Ruégote que hables a tus siervos Siriaco, porque nosotros lo entendemos, y no hables con nosotros Judaico en los oídos del pueblo, que está sobre el muro. Y Rabsaces les dijo: ¿Háme enviado mi señor a ti y a tu señor para decir estas palabras, y no antes a los hombres que están sobre el muro, para comer su estiércol, y beber el agua de sus pies con vosotros? Y paróse Rabsaces, y clamó a gran voz en Judaico, y habló, diciendo: Oíd la palabra del gran rey, el rey de Asiria. Así dijo el rey: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar de mi mano. Y no os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Librando nos librará Jehová, y esta ciudad no será entregada en mano del rey de Asiria. No oigáis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Dádme presente, y salíd a mí, y cada uno comerá de su vid, y de su higuera, y cada uno beberá las aguas de su pozo; Hasta que yo venga, y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas, tierra de olivas, de aceite, y de miel, y viviréis y no moriréis. No oigáis a Ezequías, porque os engaña cuando dice: Jehová nos librará. ¿Han librando librado los dioses de las gentes cada uno a su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Emat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim, de Ana, y de Hava? ¿Pudieron estos librar a Samaria de mi mano? ¿Qué dios de todos los dioses de las provincias ha librado a su provincia de mi mano, para que libre Jehová de mi mano a Jerusalem? Y el pueblo calló, que no le respondieron palabra: porque había mandamiento del rey, el cual había dicho: No le respondáis. Entonces vinieron Eliacim, hijo de Helcías, que era mayordomo, y Sobna el escriba, y Joa, hijo de Asaf, canciller, a Ezequías rasgados sus vestidos, y recitáronle las palabras de Rabsaces.
Epístola
¶ Por tanto os ruego, que no desmayéis por causa de mis tribulaciones por vosotros, lo cual es vuestra gloria. Por causa de esto hinco mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesu Cristo: (De quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra:) Que os dé conforme a las riquezas de su gloria, que seáis corroborados con poder en el hombre interior por su Espíritu: Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que arraigados y afirmados en amor, Podáis comprender con todos los santos cual sea la anchura, y la longitud, y la profundidad, y la altura; Y conocer el amor de Cristo, que sobrepuja a todo entendimiento; para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. A aquel, pues, que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos, o entendemos, conforme al poder que obra en nosotros, A él, digo, sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades del siglo de los siglos. Amén.
Primera lectura
Este es el libro de las descendencias de Adam. El día que creó Dios al hombre, a la semejanza de Dios le hizo. Macho y hembra los creó, y bendíjolos, y llamó el nombre de ellos Adam, en el día en que fueron creados. Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adam, después que engendró a Set, ochocientos años: y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adam novecientos y treinta años, y murió. Y vivió Set ciento y cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos y siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos y doce años, y murió. Y vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos y quince años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enós novecientos y cinco años, y murió. Y vivió Cainán setenta años, y engendró a Malaleel. Y vivió Cainán, después que engendró a Malaleel, ochocientos y cuarenta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Cainán novecientos y diez años, y murió. Y vivió Malaleel sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Malaleel, después que engendró a Jared, ochocientos y treinta años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Malaleel ochocientos y noventa y cinco años, y murió. Y vivió Jared ciento y sesenta y dos años, y engendró a Jenoc. Y vivió Jared, después que engendró a Jenoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos y sesenta y dos años, y murió. Y vivió Jenoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalem. Y anduvo Jenoc con Dios, después que engendró a Matusalem, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jenoc trescientos y sesenta y cinco años. Y anduvo Jenoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. Y vivió Matusalem ciento y ochenta y siete años, y engendró a Lamec. Y vivió Matusalem, después que engendró a Lamec, setecientos y ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Matusalem novecientos y sesenta y nueve años, y murió. Y vivió Lamec ciento y ochenta y dos años, y engendró un hijo. Y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra a la cual Jehová maldijo. Y vivió Lamec, después que engendró a Noé, quinientos y noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Lamec setecientos y setenta y siete años, y murió. Y siendo Noé de quinientos años, engendró a Sem, Cam, y a Jafet.
Oración matutina — segunda lectura
Mirád que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres, para que seáis mirados de ellos: de otra manera no tenéis galardón de vuestro Padre que está en los cielos. Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su galardón. Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. Que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, él te recompensará en lo público. ¶ Y cuando orares, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas de las calles en pie; para que sean vistos. De cierto que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. Y orando, no habléis inútilmente, como los paganos, que piensan que por su parlería serán oídos. No os hagáis pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea santificado tu nombre. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Dános hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. ¶ Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. ¶ No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan; Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. La luz del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso. Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la luz que en ti hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas. Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirád a las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? ¿Mas quién de vosotros, por mucho que se congoje, podrá añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os congojáis? Aprendéd de los lirios del campo, como crecen: no trabajan, ni hilan: Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos. Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os congojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? (Porque los Gentiles buscan todas estas cosas;) porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscád primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os congojéis por lo de mañana; que el mañana traerá su congoja: basta al día su aflicción.
Salmo responsorial
Jehová reinó, regocíjese la tierra: alégrense las muchas islas. Nube y oscuridad al rededor de él: justicia y juicio es el asiento de su trono. Fuego irá delante de él: y abrasará al rededor a sus enemigos. Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vio, y angustióse. Los montes se derritieron como cera delante de Jehová: delante del Señor de toda la tierra. Los cielos denunciaron su justicia: y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a la escultura, los que se alaban de los ídolos: todos los dioses se encorven a él. Oyó Sión, y alegróse: y las hijas de Judá se regocijaron por tus juicios, o! Jehová. Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses. Los que amáis a Jehová, aborreced el mal: él guarda las almas de sus piadosos: de mano de los impíos los escapa. Luz está sembrada para el justo: y alegría para los rectos de corazón. Alegráos justos en Jehová: y alabád la memoria de su santidad.
Evangelio
Y aconteció que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado a comer pan, ellos le acechaban. Y, he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él. Y respondiendo Jesús, habló a los doctores de la ley, y a los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió. Y respondiendo a ellos, dijo: ¿El asno o el buey de cual de vosotros caerá en un pozo, y él no le sacará luego en día de sábado? Y no le podían replicar a estas cosas. ¶ Y propuso una parábola a los convidados, atento como escogían los primeros asientos a la mesa, diciéndoles: Cuando fueres convidado de alguno a bodas, no te asientes en el primer lugar; porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él; Y viniendo el que te llamó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a tener el postrer lugar. Mas cuando fueres llamado, vé, y asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube más arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan a la mesa. Porque cualquiera que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será ensalzado.
Salmo responsorial
Levántese Dios, espárzanse sus enemigos: y huyan los que le aborrecen delante de él. Como es lanzado el humo, los lanzarás: como se derrite la cera delante del fuego, así perecerán los impíos delante de Dios. Mas los justos se alegrarán: regocijarse han delante de Dios, y saltarán de alegría. Cantád a Dios, cantád salmos a su nombre: ensalzád al que cabalga sobre los cielos en Jah su nombre: y alegráos delante de él. Padre de huérfanos, y defensor de viudas, Dios en la morada de su santuario. El Dios que hace habitar los solos en casa: que saca los presos en grillos; mas los rebeldes habitan en sequedad. O! Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, Selah, La tierra tembló; también los cielos destilaron delante de Dios; aquel Sinaí tembló delante de Dios, del Dios de Israel. Lluvia de voluntades esparciste, o! Dios, a tu heredad; y cuando se cansó, tú la recreaste. Tu compañía estaba en ella; por tu bondad acomodabas al pobre, o! Dios. El Señor daba palabra: de las evangelizantes había ejército grande. Reyes de ejércitos huían, huían: y la moradora de la casa partía despojos. Si fuereis echados entre las ollas, seréis como las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro. Cuando esparcía el Omnipotente los reyes en ella; ella se emblanquecía como la nieve en Salmón. El monte de Dios, el monte de Basán: monte alto el monte de Basán. ¿Por qué saltasteis, o! montes altos? Este monte amó Dios para su asiento: ciertamente Jehová habitará en él para siempre. Los carros de Dios dos millares de miles de ángeles: el Señor entre ellos, como en Sinaí, así en el santuario. Subiste a lo alto, cautivaste cautividad, tomaste dones para los hombres: y también los rebeldes para que habiten, o! Jah Dios. Bendito el Señor, cada día nos colma de mercedes, Dios nuestra salud. Selah. Dios, Dios nuestro para saludes; y el Señor Jehová tiene salidas para la muerte. Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la mollera cabelluda de el que camina en sus pecados. El Señor dijo: De Basán haré volver, haré volver de los profundos de la mar; Porque tu pie se embermejecerá de sangre de sus enemigos; y la lengua de tus perros de ella. Vieron tus caminos, o! Dios: los caminos de mi Dios, de mi Rey en el santuario. Los cantores iban delante, detrás, los tañedores: en medio las doncellas con adufes. Bendecíd a Dios en congregaciones: al Señor, los de el manadero de Israel. Allí estaba Ben-jamín pequeño señoreándolos; príncipes de Judá en su congregación, príncipes de Zabulón, príncipes de Neftalí. Tu Dios ha ordenado tu fuerza: confirma, o! Dios, lo que has obrado en nosotros. Desde tu templo en Jerusalem, a ti ofrecerán los reyes dones. Destruye el escuadrón de lanza, el escuadrón de fuertes, con señores de pueblos, hollándolos con sus piezas de plata: destruye los pueblos que quieren guerras. Vendrán príncipes de Egipto: Etiopía apresurará sus manos a Dios. Reinos de la tierra cantád a Dios; cantád al Señor; Selah; Al que cabalga sobre los cielos de los cielos de antigüedad: he aquí, él dará con su voz, voz de fortaleza. Dad fortaleza a Dios: sobre Israel es su magnificencia, y su fortaleza en las nubes. Terrible eres, o! Dios, desde tus santuarios; el Dios de Israel, él da fortaleza y fuerzas al pueblo: Bendito Dios.
Salmo responsorial
Cantád a Jehová canción nueva: porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha salvado, y el brazo de su santidad. Jehová ha hecho notoria su salud: en ojos de las naciones ha descubierto su justicia. Háse acordado de su misericordia y de su verdad para con la casa de Israel: todos los términos de la tierra han visto la salud de nuestro Dios. Cantád alegres a Jehová toda la tierra; gritád, y cantád, y decíd salmos. Decíd salmos a Jehová con arpa: con arpa y voz de salmodia. Con trompetas, y sonido de bocina: cantád alegres delante del Rey Jehová. Brame la mar y su plenitud: el mundo y los que habitan en él. Los ríos batan las manos: juntamente hagan regocijo los montes, Delante de Jehová; porque vino a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia: y a los pueblos con rectitud.
Salmo responsorial
Jehová reinó, regocíjese la tierra: alégrense las muchas islas. Nube y oscuridad al rededor de él: justicia y juicio es el asiento de su trono. Fuego irá delante de él: y abrasará al rededor a sus enemigos. Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vio, y angustióse. Los montes se derritieron como cera delante de Jehová: delante del Señor de toda la tierra. Los cielos denunciaron su justicia: y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a la escultura, los que se alaban de los ídolos: todos los dioses se encorven a él. Oyó Sión, y alegróse: y las hijas de Judá se regocijaron por tus juicios, o! Jehová. Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses. Los que amáis a Jehová, aborreced el mal: él guarda las almas de sus piadosos: de mano de los impíos los escapa. Luz está sembrada para el justo: y alegría para los rectos de corazón. Alegráos justos en Jehová: y alabád la memoria de su santidad.
Oración vespertina — primera lectura
Y como el rey Ezequías lo oyó, rompió sus vestidos, y cubrióse de saco, y entróse en la casa de Jehová. Y envió a Eliacim el mayordomo, y a Sobna escriba, y a los ancianos de los sacerdotes vestidos de sacos, a Isaías profeta, hijo de Amós, Que le dijesen: Así dijo Ezequías: Este día es día de angustia, y de reprensión, y de blasfemia: porque los hijos han venido hasta la rotura, y la que pare no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras de Rabsaces, al cual el rey de los Asirios su señor ha enviado para injuriar al Dios vivo, y a reprender con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído: por tanto alza oración por los restos que aun se hallan. Y vinieron los siervos del rey Ezequías a Isaías. E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así dijo Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí, yo pongo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverse ha a su tierra: y yo haré que en su tierra caiga a cuchillo. Y volviendo Rabsaces halló al rey de Asiria combatiendo a Lebna: porque ya había oído que se había partido de Laquis. Y oyó decir de Taraca rey de Etiopía: He aquí que es salido para hacerte guerra. Entonces él volvió, y envió embajadores a Ezequías, diciendo: Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios, en quien tú confías para decir: Jerusalem no será entregada en mano del rey de Asiria: He aquí, tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas, ¿y has de escapar tú? ¿Libráronlas los dioses de las gentes, que mis padres destruyeron, es a saber, Gozán, y Harán, y Resef, y los hijos de Edén, que estaban en Talassar? ¿Dónde está el rey de Emat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Ana, y de Ava? Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y luego que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y extendiólas Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que habitas sobre los querubines, tú solo eres Dios a todos los reinos de la tierra: tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oreja, y oye: abre, oh Jehová, tus ojos, y mira, y oye las palabras de Sennaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios vivo. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las gentes y sus tierras; Y que pusieron en el fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera, o piedra, y así los destruyeron. Ahora pues, oh Jehová, Dios nuestro, sálvanos, te suplico, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que tú solo, Jehová, eres Dios. Entonces Isaías, hijo de Amós, envió a Ezequías, diciendo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Lo que me rogaste acerca de Sennaquerib, rey de Asiria, he oído. Esta es la palabra que Jehová ha hablado contra él: ¿Háte menospreciado? ¿Háte escarnecido, oh virgen, hija de Sión? ¿Ha movido su cabeza detrás de ti, hija de Jerusalem? ¿A quién has injuriado? ¿Y a quién has blasfemado? ¿Y contra quién has hablado alto, y has alzado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. Por mano de tus mensajeros has dicho injurias contra mi Señor, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las cumbres de los montes, a las cuestas del Líbano, y cortaré sus altos cedros, sus hayas escogidas: y entraré a la morada de su término, al monte de su Carmelo. Yo he cavado, y bebido las aguas ajenas, y he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de los pueblos, sobre los cuales yo he puesto cerco. ¿Nunca has oído, que de luengo tiempo la hice yo, y de días antiguos la he formado? Y ahora la he hecho venir, y será para destrucción de ciudades fuertes en montones de asolamiento. Y sus moradores cortos de manos, quebrantados, y confusos, serán yerba del campo, legumbre verde: heno de los tejados que antes que venga a madurez es seco. Yo he sabido tu asentarte, tu salir, y tu entrar, y tu furor contra mí. Por cuanto te has airado contra mí, y tu estruendo ha subido a mis oídos: por tanto yo pondré mi anzuelo en tus narices, y mi freno en tus labios, y yo te haré volver por el camino por donde viniste. Y esto te será por señal: Este año comerás lo que nacerá de suyo: y el segundo año lo que tornará a nacer de suyo; y el tercer año haréis sementera, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. Y lo que hubiere escapado, lo que habrá quedado de la casa de Judá tornará a echar raíz hacia abajo, y hará fruto hacia arriba. Porque saldrán de Jerusalem residuos, y escapadura del monte de Sión: el celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Por tanto Jehová dice así del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella: ni vendrá delante de ella escudo: ni será echado contra ella baluarte. Por el camino que vino, se volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí, y por amor de David mi siervo. ¶ Y aconteció que la misma noche salió el ángel de Jehová, e hirió en el campo de los Asirios ciento y ochenta y cinco mil hombres: y como se levantaron por la mañana, he aquí los cuerpos de los muertos. Entonces Sennaquerib rey de Asiria se partió, y se fue y tornó, y estúvose en Nínive. Y aconteció, que estando él adorando en el templo de Nesroc su dios, Adramelec y Sarasar sus hijos le hirieron a cuchillo: y huyéronse a tierra de Ararat, y reinó en su lugar Asaradón su hijo.
Segunda lectura
Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por nuestro Señor Jesu Cristo: Por el cual también tenemos entrada por la fe en esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación obra paciencia; Y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza; Y la esperanza no nos avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos es dado. Porque Cristo, cuando éramos aun sin fuerza, a su tiempo murió por los impíos. Porque apenas morirá alguno por un justo; aunque quizá por uno bueno podrá ser que alguno aun osare morir. Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más, ahora justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesu Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. ¶ Por tanto, de la manera que el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte; y la muerte así pasó a todos los hombres porque todos pecaron; (Porque hasta la ley el pecado estaba en el mundo; mas el pecado no es imputado, no habiendo ley. Mas reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron a la manera de la rebelión de Adam, el cual es figura del que había de venir. Mas no como el delito, así también fue el don gratuito; porque si por el delito de uno murieron muchos, mucho más la gracia de Dios, y el don por la gracia que es de un solo hombre, Jesu Cristo, abundó para muchos. Ni tampoco de la manera que fue por uno que pecó, así también el don; porque el juicio a la verdad fue de un pecado para condenación, mas el don gratuito es de muchos delitos para justificación. Porque si por el delito de uno reinó la muerte por causa de uno, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia, y del don de la justicia reinarán en vida por uno solo, Jesu Cristo.) Así que, de la manera que por el delito de uno vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por la justicia de uno vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida. Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno muchos serán hechos justos. La ley empero entró para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; Para que de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, por Jesu Cristo Señor nuestro.
Segunda lectura
Ea ya ahora, ricos, llorád aullando por causa de las miserias que os han de sobrevenir. Vuestras riquezas están podridas; y vuestras ropas están roidas de la polilla. Vuestro oro y vuestra plata están orinecidos, y el orín de ellos será testimonio contra vosotros, y comerá del todo vuestras carnes como fuego: habéis allegado tesoro para en los postreros días. He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, (el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros,) clama; y los clamores de los que habían segado han entrado en el oído del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos, y habéis cebado vuestros corazones como en un día de matanza. Habéis condenado y muerto al justo, y él no os resiste. Por tanto, hermanos, sed pacientes hasta la venida del Señor. He aquí, el labrador espera el precioso fruto de la tierra, esperando pacientemente, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Sed pues también vosotros pacientes, y fortificád vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no gimáis unos contra otros, porque no seáis condenados: He aquí, el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomád por ejemplo de sufrir el mal, y de paciencia, a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Vosotros habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso. Empero, hermanos míos, ante todas cosas no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por otro cualquier juramento; mas vuestro Sí, sea Sí; y vuestro No, No; porque no caigáis en condenación. ¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración. ¿Está alguno alegre entre vosotros? salmodie. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame a los ancianos de la iglesia, y oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; Y la oración de fe hará salvo al enfermo, y el Señor le aliviará; y si estuviere en pecados, le serán perdonados. Confesáos vuestras faltas unos a otros, y rogád los unos por los otros, para que seáis sanos. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años, y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros errare de la verdad, y alguno le convirtiere, Sepa este tal que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino, salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.
Segunda lectura
Y enviando desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia. Los cuales como vinieron a él, les dijo: Vosotros sabéis desde el primer día que entré en Asia, como he sido con vosotros por todo el tiempo, Sirviendo al Señor con toda humildad de ánimo, y con muchas lágrimas y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos. Como nada que os fuese útil, me he retraido de anunciaros, enseñando públicamente, y de casa en casa, Testificando a los Judíos, y también a los Griegos el arrepentimiento hacia Dios, y la fe hacia nuestro Señor Jesu Cristo. Y ahora he aquí, que yo, constreñido del Espíritu, voy a Jerusalem sin saber lo que allá me ha de acontecer: Solo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan. Mas de ninguna de estas cosas hago caso, ni tengo mi vida por cosa preciosa a mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios. Y ahora he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros por entre quienes he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro. Por tanto yo os protesto el día de hoy, que yo estoy limpio de la sangre de todos. Porque no me he retraido de anunciaros todo el consejo de Dios. Por tanto mirád por vosotros, y por todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto por sobreveedores, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó con su propia sangre. Porque yo sé, que después de mi partida entrarán entre vosotros graves lobos, que no perdonarán al rebaño; Y que de entre vosotros mismos se levantarán también hombres, que hablen cosas perversas, para llevar discípulos en pos de sí. Por tanto velád, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, la cual es poderosa para edificaros, y daros herencia con todos los que son santificados. La plata, o el oro, o el vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis, que para lo que me ha sido necesario, y a los que estaban conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado, que trabajando así, debéis sobrellevar a los enfermos, y acordaros del dicho del Señor Jesús, el cual dijo: Más bienaventurado es dar, que recibir. ¶ Y como hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas oró con todos ellos. Entonces hubo un gran llanto de todos; y derribándose sobre el cuello de Pablo, le besaban, Doliéndose sobre todo por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y le acompañaron hasta la nave.
Segunda lectura
Ya sabes esto, que se me han vuelto en contrarios todos los que están en Asia; de los cuales son Figello, y Hermógenes. Dé el Señor misericordia a la casa de Onesiforo, que muchas veces me refrigeró, y no se avergonzó de mi cadena: Antes estando él en Roma, me buscó solícitamente, y me halló. Déle el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuanto nos ayudó en Efeso, tú lo sabes muy bien.
Evangelio
Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, la multitud se derribaba sobre él por oír la palabra de Dios. Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. ¶ Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echád vuestras redes para pescar. Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron tan gran multitud de peces, que su red se rompía. E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se anegaban. Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: Sálte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, a causa de la presa de los peces que habían tomado: Y asimismo a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora tomarás hombres. Y como llegaron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron. ¶ Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí, un hombre lleno de lepra, el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fue de él. Y él le mandó que no lo dijese a nadie: Mas vé (le dice,) muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, por testimonio a ellos. Empero el hablar de él andaba tanto más; y se juntaban grandes multitudes a oír, y ser sanados por él de sus enfermedades. Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba. ¶ Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y Fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y de Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos. Y, he aquí, unos hombres, que traían en una cama un hombre que estaba paralítico; y buscaban por donde meterle, y ponerle delante de él. Y no hallando por donde meterle a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de Jesús. El cual, viendo la fe de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los Fariseos comenzaron a pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? ¿Cuál es más fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico:) A ti digo: Levántate, toma tu cama; y vete a tu casa. Y luego, él, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fue a su casa glorificando a Dios. Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Hemos visto maravillas hoy. ¶ Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme. Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. E hizo Leví un gran banquete en su casa, y había mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento. ¶ Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos; mas tus discípulos comen y beben? Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días. ¶ Y les decía también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
Oración vespertina — segunda lectura
¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aun en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él en la muerte por el bautismo, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos juntamente en la semejanza de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que está muerto, justificado es del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él: Ciertos que Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. Porque, en cuanto al morir, al pecado murió una vez; mas en cuanto al vivir, para Dios vive. Así también vosotros, juzgád que vosotros de cierto estáis muertos al pecado; mas que vivís para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias. Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad: antes presentáos a Dios como vivientes de entre los muertos; y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; porque no estáis debajo de la ley, sino debajo de la gracia. ¶ ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos debajo de la ley, sino debajo de la gracia? En ninguna manera. ¿O no sabéis, que a quien os presentasteis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? Gracias a Dios, que fuisteis siervos del pecado; mas habéis obedecido de corazón a la forma de doctrina a la cual habéis sido entregados: Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. Hablo humanamente a causa de la flaqueza de vuestra carne: que como presentasteis vuestros miembros por siervos de la inmundicia y de la iniquidad para iniquidad; así ahora presentéis vuestros miembros por siervos de la justicia para santidad. Porque cuando fuisteis siervos del pecado, libres eráis de la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es la muerte. Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santidad, y por fin la vida eterna. Porque el salario del pecado es la muerte: mas el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio
¶ En aquel tiempo respondiendo Jesús, dijo: Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Así, Padre, pues que así agradó a tus ojos. Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo le quisiere revelar. Veníd a mí, todos los que estáis trabajados, y cargados, que yo os haré descansar. Llevád mi yugo sobre vosotros, y aprendéd de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga.
Evangelio
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. Porque, ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.
Evangelio
Después de estas cosas, había una fiesta de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalem. Y hay en Jerusalem junto a la puerta del ganado un estanque, que en lengua Hebrea es llamado Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En estos estaba echada una grande multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua; Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero entraba en el estanque, después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. ¶ Y estaba allí un hombre, que había treinta y ocho años que estaba enfermo. Como Jesús le vio echado, y entendió que ya había mucho tiempo que estaba enfermo, dícele: ¿Quiéres ser sano? Y el enfermo le respondió: Señor, no tengo hombre, que cuando el agua fuere revuelta, me meta en el estanque; porque entre tanto que yo voy, otro antes de mí ha descendido. Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y luego aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, e íbase; y era sábado aquel día. Entonces los Judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar tu lecho. Respondióles: El que me sanó, el mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda. Y le preguntaron entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda? Y el que había sido sanado, no sabía quien fuese; porque Jesús se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: He aquí, ya estás sano: no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue entonces, y dio aviso a los Judíos, que Jesús era el que le había sanado. ¶ Y por esta causa los Judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro. Entonces por tanto más procuraban los Judíos matarle; porque no solo quebrantaba el sábado, mas aun también decía que era Dios su Padre, haciéndose igual a Dios. Respondió pues Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: Que no puede el Hijo hacer algo de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo; Para que todos honren al Hijo, como honran al Padre: el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: Que el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá en condenación, mas pasó de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Que vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo. Y también le dio poder de hacer juicio, porque es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del Padre que me envió. ¶ Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio de mí; y yo sé que el testimonio que él da de mí, es verdadero. Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio a la verdad. Empero yo no tomo el testimonio de hombre: mas digo estas cosas, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía, y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un poco en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, es a saber, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado. Y el Padre mismo que me envió, él dio testimonio de mí. Vosotros nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer. Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió, a éste vosotros no creéis. Escudriñád las Escrituras; porque a vosotros os parece, que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su proprio nombre, a aquel recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, los que tomáis gloria los unos de los otros? y no buscáis la gloria que de solo Dios viene. No pensáis que yo os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os acusa, es a saber, Moisés, en quien vosotros esperáis. Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais a mí; porque de mí escribió él. Y si a sus escritos no creeis, ¿cómo creeréis a mis palabras?
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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