Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificareis las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios, y coherederos con Cristo: si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos también glorificados. Porque yo juzgo, que lo que en este tiempo se padece, no es digno de compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. ¶ Porque el continuo atalayar de la criatura espera la manifestación de los hijos de Dios; Porque la criatura fue sujetada a vanidad, no de su voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó con esperanza. De que también la misma criatura será librada de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
Primera lectura
Y descendido José a Egipto, compróle Potifar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipciano, de mano de los Ismaelitas, que le habían llevado allá. Mas Jehová fue con José, y fue varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipciano. Y vio su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo prosperaba en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y servíale: y él le hizo mayordomo de su casa, y le entregó en poder todo lo que tenía. Y aconteció, que desde entonces que le dio el cargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipciano a causa de José, y fue la bendición de Jehová sobre todo lo que tenía así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en la mano de José, ni con él sabía nada más que del pan que comía: y José era de hermoso semblante, y bello de vista. ¶ Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor alzó sus ojos sobre José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso; y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, que todo lo que tiene ha puesto en mi mano. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha defendido sino a ti, por cuanto tú eres su mujer: ¿cómo pues haría yo este grande mal, que pecaría contra Dios? Y fue, que hablando ella a José cada día, y no la escuchando él para acostarse junto a ella, para estar con ella: Aconteció que él vino un día como los otros a casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa. Y ella le tomó por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejóle su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera. ¶ Y fue, que como ella vio que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera. Llamó a los de casa, y hablóles, diciendo: Mirád; hános traído un hombre Hebreo, para que hiciese burla de nosotros. Vino a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces. Y viendo él, que yo alzaba la voz, y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salióse fuera. Y ella puso su ropa cerca de sí, hasta que vino su señor a su casa: Y ella le habló semejantes palabras, diciendo: Vino a mí el siervo Hebreo, que nos trajiste, para deshonrarme: Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera. Y fue, que como su señor oyó las palabras que su mujer le habló, diciendo: Como esto, que digo, me ha hecho tu siervo, su furor se encendió, Y tomó su señor a José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel. ¶ Mas Jehová fue con José, y llegó a él su misericordia, y dio su gracia en ojos del príncipe de la casa de la cárcel. Y el príncipe de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos, que estaban en la casa de la cárcel, y todo lo que hacían allí, él lo hacía. Ninguna cosa veía el príncipe de la cárcel en su mano, porque Jehová era con él: y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.
Primera lectura
Y Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido por Dios de Faraón: y tu hermano Aarón será tu profeta. Tú dirás todas las cosas que yo te mandaré; y Aarón, tu hermano, hablará a Faraón, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, por grandes juicios. Y sabrán los Egipcios, que yo soy Jehová, cuando extenderé mi mano sobre Egipto, y sacaré los hijos de Israel de en medio de ellos. E hizo Moisés y Aarón como Jehová les mandó; así lo hicieron. Moisés entonces era de edad de ochenta años, y Aarón de edad de ochenta y tres, cuando hablaron a Faraón. Y habló Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: Si Faraón os respondiere, diciendo: Mostrád algún milagro: dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se torne culebra. ¶ Y vino Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado: y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y tornóse culebra. Entonces llamó también Faraón sabios y encantadores, e hicieron también lo mismo los encantadores de Egipto con sus encantamentos. Que echó cada uno su vara, las cuales se volvieron en culebras: mas la vara de Aarón tragó las varas de ellos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. ¶ Entonces Jehová dijo a Moisés: El corazón de Faraón está agravado, que no quiere dejar ir el pueblo: Vé pues por la mañana a Faraón, he aquí que él sale a las aguas; y pónte a la orilla del río delante de él; y toma en tu mano la vara que se volvió en culebra. Y díle: Jehová, el Dios de los Hebreos, me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo; para que me sirvan en el desierto: y he aquí que hasta ahora no has querido oír. Así pues ha dicho Jehová: En esto conocerás, que yo soy Jehová: he aquí, yo heriré con la vara, que tengo en mi mano, el agua que está en el río, y volverse ha en sangre: Y los peces que están en el río, morirán, y el río hederá, y fatigarse han los Egipcios bebiendo el agua del río. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Toma tu vara, y extiende tu mano sobre las aguas de Egipto, sobre sus ríos, sobre sus arroyos, y sobre sus estanques, y sobre todos sus recogimientos de aguas, para que se vuelvan en sangre, y haya sangre por toda la región de Egipto así en los vasos de madera, como en los de piedra. Y Moisés y Aarón hicieron como Jehová lo mandó, y alzando la vara hirió las aguas que estaban en el río en presencia de Faraón y de sus siervos, y todas las aguas que estaban en el río, se volvieron en sangre. Asimismo los peces, que estaban en el río, murieron; y el río se corrompió, que los Egipcios no pudieron beber de él: y hubo sangre por toda la tierra de Egipto. Y los encantadores de Egipto hicieron lo mismo con sus encantamentos: y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó, como Jehová lo había dicho. Y tornando Faraón volvióse a su casa, y no puso su corazón aun en esto. Y en todo Egipto hicieron pozos al rededor del río para beber, porque no podían beber de las aguas del río. Y cumpliéronse siete días después que Jehová hirió el río.
Oración matutina — primera lectura
Cuando alguno hurtare buey, u oveja, y lo degollare, o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas. Si el ladrón fuere hallado en la mina, y fuere herido, y muriere, el que le hirió no será culpado de su muerte. Si el sol hubiere salido sobre él, él será reo de muerte, pagando pagará: si no tuviere, será vendido por su hurto. Si fuere hallado con el hurto en la mano, buey, o asno, u oveja, vivos, pagará dos. Si alguno paciere tierra o viña, y metiere su bestia, y comiere la tierra de otro, lo mejor de su tierra y lo mejor de su viña pagará. Cuando saliere el fuego, y hallare espinas, y fuere quemado montón, o haza, o tierra, el que encendió el fuego pagará lo quemado. ¶ Cuando alguno diere a su prójimo plata, o vasos a guardar, y fuere hurtado de la casa de aquel hombre, si el ladrón se hallare, pagará el doble: Si el ladrón no se hallare, entonces el dueño de la casa será llegado a los jueces para jurar si ha metido su mano en la hacienda de su prójimo. Sobre todo negocio de fraude, sobre buey, sobre asno, sobre oveja, sobre vestido, sobre toda cosa perdida, cuando alguno dijere: Que esto es; la causa de ambos vendrá delante de los jueces, y el que los jueces condenaren, pagará el doble a su prójimo. Si alguno hubiere dado a su prójimo asno, o buey, u oveja, o cualquiera otro animal a guardar, y se muriere, o se perniquebrare, o fuere cautivado sin verlo nadie: Juramento de Jehová será entre ambos, que no metió su mano en la hacienda de su prójimo. Y su dueño se contentará, y el otro no pagará. Mas si le hubiere sido hurtado, pagarlo ha a su dueño. Mas si le hubiere sido arrebatado, traerle ha testimonio, y no pagará lo arrebatado. ¶ Ítem, cuando alguno hubiere tomado emprestado de su prójimo, y fuere perniquebrado o muerto, ausente su dueño, pagará. Si su dueño estaba presente, no pagará. Si era de alquiler, el vendrá por su alquile. ¶ Ítem, cuando alguno engañare a alguna virgen que no fuere desposada, y durmiere con ella, dotarla ha por su mujer. Si su padre no quisiere dársela, él le pesará plata conforme al dote de las vírgenes. ¶ A la hechicera no darás la vida. ¶ Cualquiera que tuviere ayuntamiento con bestia, morirá. ¶ El que sacrificare a dioses, sino a solo Jehová, morirá. ¶ Y al extranjero no engañaras, ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto, A ninguna viuda ni huérfano afligiréis. Que si tú afligiendo los afligieres, y ellos clamando clamaren a mí, yo oyendo oiré su clamor; Y mi furor se encenderá, y mataros he a cuchillo, y vuestras mujeres serán viudas, y vuestros hijos huérfanos. ¶ Si dieres a mi pueblo dinero emprestado, al pobre que está contigo, no te habrás con él como usurero, no le impondréis usura. Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a puesta del sol se lo volverás: Porque solo aquello es su cobertura, aquel es el vestido de sus carnes en que ha de dormir: y será, que cuando él clamare a mí, yo entonces lo oiré, porque soy misericordioso. ¶ A los dioses no injuriarás, ni maldecirás al príncipe en tu pueblo. ¶ Tu plenitud, ni tu lágrima, no dilatarás, el primogénito de tus hijos me darás. Así harás de tu buey, de tu oveja: siete días estará con su madre, y al octavo día me lo darás. ¶ Y serme heis varones santos: y carne arrebatada en el campo no comeréis, echarla heis al perro.
Epístola
Este libro no tiene una edición de dominio público en tu idioma, así que este pasaje se muestra en inglés.
Blessed is the rich that is found without blemish, And that goes not after gold. Who is he? and we will call him blessed: For wonderful things has he done among his people. Who has been tried thereby, and found perfect? Then let him glory. Who has had the power to transgress, and has not transgressed? And to do evil, and has not done it? His goods shall be made sure, And the congregation shall declare his alms.
Primera lectura
¡Oh quién te me diese, como hermano, que mamaste los pechos de mi madre! ¡Qué te hallase yo fuera, y te besase, y que no te menospreciasen! ¡Qué yo te llevase, que yo te metiese en casa de mi madre: que me enseñases, que te hiciese beber vino adobado, del mosto de mis granadas! Su izquierda esté debajo de mi cabeza, y su derecha me abrace. Yo os conjuro, o! hijas de Jerusalem, ¿por qué despertaréis, y por qué haréis velar al amor, hasta que él quiera? ¿Quién es esta, que sube del desierto recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté: allí tuvo dolores de ti tu madre; allí tuvo dolores la que te parió. Pónme, como un sello, sobre tu corazón, como un signo sobre tu brazo; porque fuerte es como la muerte el amor: duro como el sepulcro el celo: sus brasas, brasas de fuego, llama fuerte. Las muchas aguas no podrán apagar al amor: ni los ríos le cubrirán. Si diese hombre toda la hacienda de su casa por este amor, menospreciando la menospreciarán. Tenemos una pequeña hermana, que no tiene aun pechos: ¿qué haremos a nuestra hermana, cuando de ella se hablare? Si ella es muro, edificaremos sobre él un palacio de plata. Y si fuere puerta, guarnecerla hemos con tablas de cedro. Yo soy muro, y mis pechos son como torres desde que yo fui en sus ojos como la que halla paz. Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, la cual entregó a guardas: cada uno de los cuales traerá mil piezas de plata por su fruto. Mi viña, que es mía delante de mí: las mil piezas serán tuyas, o! Salomón; y doscientas, de los que guardan su fruto. ¡Ah la que estás en los huertos! los compañeros escuchan tu voz: házme oír. Huye, o! amado mío, y sé semejante al gamo, o al cervatillo de los ciervos, a las montañas de las especias.
Oración matutina — segunda lectura
En aquellos días, como hubo una muy grande multitud de gente, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen que comer. Y si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostasen sobre la tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los rompió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud. Tenían también unos pocos pececillos, y habiendo bendecido, dijo que también se los pusiesen delante. Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. ¶ Y luego entrando en la nave con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanuta. Y vinieron los Fariseos, y comenzaron a altercar con él, demandándole señal del cielo, tentándole. Y gimiendo profundamente en su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo, que no se dará señal a esta generación. Y dejándoles, volvió a entrar en la nave, y se fue a la otra parte. ¶ Y los discípulos se habían olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en la nave. Y les mandó, diciendo: Mirád, guardáos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Heródes. Y discurrían entre sí, diciendo: Es porque no tenemos pan. Y como Jesús lo entendió, les dice: ¿Qué discurrís, porque no tenéis pan? ¿No consideráis, ni entendéis? ¿Aun tenéis endurecido vuestro corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no os acordáis? Cuando rompí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Cómo aun no entendéis? ¶ Y vino a Betsaida, y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó, si veía algo. Y él mirando, dijo: Veo los hombres como árboles que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y quedó restituido, y vio de lejos y claramente a todos. Y le envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea. ¶ Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas. Entonces él les dice: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. Y mandóles con rigor que a ninguno dijesen esto de él. Y comenzó a enseñarles, que era menester que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reñir. Y él, volviéndose, y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Salmo responsorial
Dios, Dios mío eres tú, a ti madrugaré: mi alma tuvo sed de ti, mi carne te desea en tierra de sequedad, y sequiosa sin aguas. Así te miré en el santuario, para ver tu fortaleza y tu gloria. Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será harta mi alma: y con labios de alegría te alabará mi boca, Cuando me acordaré de ti en mis camas, cuando a las alboradas meditaré de ti; Porque has sido mi socorro: y en la sombra de tus alas me regocijaré. Mi alma se apegó a ti: tu diestra me ha sustentado. Mas ellos para destrucción buscaron mi alma: descendieron en lo más bajo de la tierra. Matarlos han a filo de espada: porción de zorras serán. Y el rey se alegrará en Dios, será alabado cualquiera que jura por él: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.
Evangelio
¶ Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras luces encendidas; Y vosotros, semejantes a hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y tocare, luego le abran. Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que él se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y saliendo les servirá. Y aunque venga a la segunda vela, y aunque venga a la tercera vela, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos. Esto empero sabéd, que si supiese el padre de familias a qué hora había de venir el ladrón, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa. Vosotros, pues, también estád apercibidos; porque a la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.
Salmo responsorial
Cantád justos en Jehová: a los rectos es hermosa la alabanza. Celebrád a Jehová con arpa: con salterio y decacordio cantád a él. Cantád a él canción nueva: hacéd bien tañendo con júbilo. Porque derecha es la palabra de Jehová: y toda su obra con verdad. Él ama justicia y juicio: de la misericordia de Jehová está llena la tierra. Con la palabra de Jehová fueron hechos los cielos: y con el espíritu de su boca todo el ejército de ellos. El junta, como en un montón, las aguas de la mar: él pone por tesoros los abismos. Teman a Jehová toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo. Porque él dijo, y fue; él mandó y estuvo. Jehová hace anular el consejo de las gentes, y él hace anular las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón, por generación y generación. Bienaventurada la gente a quien Jehová es su Dios: el pueblo a quien escogió por heredad para sí. Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de Adam. Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; él entiende todas sus obras. El rey no es salvo con la multitud del ejército; el valiente no escapa con la mucha fuerza. Vanidad es el caballo para la salud; con la multitud de su fuerza no escapa. He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen; sobre los que esperan su misericordia; Para librar de la muerte a sus almas; y para darles vida en la hambre. Nuestra alma esperó a Jehová; nuestro ayudador y nuestro escudo es él. Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, o! Jehová, sobre nosotros, como te hemos esperado.
Salmo responsorial
Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío fuere contra mí. Enmudecí con silencio, me callé de lo bueno; y mi dolor se alborotó. Calentóse mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego: hablé con mi lengua. Notifícame, Jehová, mi fin, y la medida de mis días cuanta sea, sepa yo cuanto tengo de ser del mundo. He aquí, como a palmos diste mis días, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente toda la vanidad es todo hombre que vive. Selah. Ciertamente en tiniebla anda el hombre: ciertamente en vano se inquietan: allega, y no sabe quien lo cogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está. ¶ Escápame de todas mis rebeliones, no me pongas por afrenta de insensato. Yo enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste. Quita de sobre mí tu llaga; de la guerra de tu mano soy consumido. Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces desleir, como de polilla, su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. Selah. Oye mi oración, o! Jehová escucha mi clamor; no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy contigo; advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, antes que me vaya y perezca.
Salmo responsorial
Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua: guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío fuere contra mí. Enmudecí con silencio, me callé de lo bueno; y mi dolor se alborotó. Calentóse mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego: hablé con mi lengua. Notifícame, Jehová, mi fin, y la medida de mis días cuanta sea, sepa yo cuanto tengo de ser del mundo. He aquí, como a palmos diste mis días, y mi edad es como nada delante de ti: ciertamente toda la vanidad es todo hombre que vive. Selah. Ciertamente en tiniebla anda el hombre: ciertamente en vano se inquietan: allega, y no sabe quien lo cogerá. Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está. ¶ Escápame de todas mis rebeliones, no me pongas por afrenta de insensato. Yo enmudecí, no abrí mi boca; porque tú lo hiciste. Quita de sobre mí tu llaga; de la guerra de tu mano soy consumido. Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces desleir, como de polilla, su grandeza: ciertamente vanidad es todo hombre. Selah. Oye mi oración, o! Jehová escucha mi clamor; no calles a mis lágrimas; porque peregrino soy contigo; advenedizo, como todos mis padres. Déjame, y tomaré fuerzas, antes que me vaya y perezca.
Oración vespertina — primera lectura
No admitirás falso rumor. No pongas tu mano con el impío para ser testigo falso. ¶ No seguirás a los muchos para mal hacer, ni responderás en pleito acostándote tras los muchos para hacer tuerto. Ni al pobre honrarás en su causa. ¶ Si encontrares el buey de tu enemigo, o su asno errado, volviendo se lo volverás. Si vieres el asno del que te aborrece echado debajo de su carga, ¿dejarlo has entonces desamparado? ayudando ayudarás con él. No pervertirás el derecho de tu mendigo en su pleito. De palabra de mentira te alejarás; y no matarás al inocente y justo; porque yo no justificaré al impío. No recibirás presente; porque el presente ciega a los que ven, y pervierte las palabras justas. ¶ Ítem, al extranjero no angustiarás; pues que vosotros sabéis el alma del extranjero, que fuisteis extranjeros en la tierra de Egipto. ¶ Seis años sembrarás tu tierra, y allegarás su cosecha: Mas al séptimo la dejarás y soltarás, para que coman los pobres de tu pueblo; y lo que quedare comerán las bestias del campo: así harás de tu viña y de tu olivar. ¶ Seis días harás tus negocios; y al séptimo día holgarás, porque huelgue tu buey, y tu asno; y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. ¶ Y en todo lo que os he dicho, seréis avisados. Y nombre de otros dioses no mentaréis, ni se oirá en vuestra boca. ¶ Tres veces en el año me celebraréis fiesta. La fiesta de las cenceñas guardarás: siete días comerás los panes sin levadura, de la manera que yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto, y no serán vistas mis faces en vacío. Ítem, la fiesta de la segada de los primeros frutos de tus trabajos que hubieres sembrado en el campo. Y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando cogieres tus trabajos del campo. Tres veces en el año parecerá todo varón tuyo delante del Señor Jehová. ¶ No sacrificarás sobre pan leudo la sangre de mi sacrificio, ni el sebo de mi cordero quedará de la noche hasta la mañana. ¶ Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito con la leche de su madre. ¶ He aquí, yo envío el ángel delante de ti, para que te guarde en el camino, y te meta al lugar que yo he aparejado. Guárdate delante de él, y oye su voz, no le seas rebelde, porque él no perdonará a vuestra rebelión; porque mi nombre está en medio de él. Porque si oyendo oyeres su voz, e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo a tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi ángel irá delante de ti, y te meterá al Amorreo, y al Jetteo, y al Ferezeo, y al Cananeo, y al Heveo, y al Jebuseo, los cuales yo haré cortar. No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen, antes los destruirás del todo, y quebrantarás del todo sus estatuas. Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan, y tus aguas, y yo quitaré enfermedad de en medio de ti. No habrá amovedera ni estéril en tu tierra, y yo cumpliré el número de tus días. Yo enviaré mi terror delante de ti, y haré atónito a todo pueblo donde tú entrares; y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Y yo enviaré la avispa delante de ti, que eche fuera al Heveo, y al Cananeo, y al Jetteo, de delante de ti. ¶ No lo echaré de delante de ti en un año, porque no se asuele la tierra, y se aumenten contra ti las bestias del campo. Poco a poco lo echaré de delante de ti, hasta que tú multipliques, y tomes la tierra por heredad. Y yo pondré tu término desde el mar Bermejo hasta la mar de Palestina: y desde el desierto, hasta el río; porque yo pondré en vuestras manos los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti. No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. En tu tierra no habitarán, porque quizá no te hagan pecar contra mí, sirviendo a sus dioses: porque te será por tropezón.
Segunda lectura
Seguíd la caridad: codiciád los dones espirituales; mas sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas desconocidas, no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios. Mas el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación, y consolación. El que habla una lengua desconocida, a sí mismo edifica; mas el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que querría que todos vosotros habláseis lenguas, más bien empero que profetizáseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas extrañas, si también no interpretare, para que la iglesia reciba edificación. Ahora pues, hermanos, si yo viniere a vosotros hablando en lenguas extrañas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, o por revelación, o por ciencia, o por profecía, o por doctrina? Y aun las cosas inanimadas que dan sonido, (sea flauta o arpa,) si no dieren distinción de sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con la flauta o con la arpa? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercebirá a la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diéreis palabras bien inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire. Tantos géneros de voces, (por ejemplo,) hay en el mundo; y ninguna de ellas es sin significado; Mas si yo ignorare el valor de la voz, seré bárbaro para aquel que habla; y el que habla, será bárbaro para mí. Así también vosotros: puesto que sois codiciosos de dones espirituales, procurád de sobresalir en ellos para la edificación de la iglesia. Por lo cual el que habla en lengua extraña, ore que interprete. Porque si yo orare en lengua desconocida, mi espíritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto. ¿Qué hay pues? Oraré con el espíritu, y oraré también con el entendimiento: cantaré con el espíritu, y cantaré también con el entendimiento. Porque si tú bendijeres solamente con el espíritu, el que ocupa el lugar del pueblo sencillo, ¿cómo dirá, Amén, sobre tu acción de gracias? porque no sabe lo que dices. Porque tú a la verdad das bien gracias; mas el otro no es edificado. Doy gracias a mi Dios que hablo en lenguas extrañas más que todos vosotros. Empero en la iglesia quiero más bien hablar cinco palabras con mi entendimiento, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en una lengua desconocida. Hermanos, no seáis niños en el sentido; mas sed niños en la malicia, empero en el sentido sed hombres. En la ley está escrito: Con otras lenguas, y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que las lenguas por señal son, no a los que creen, sino a los incrédulos; mas la profecía sirve, no para los que no creen, sino a los creyentes. De manera que si toda la iglesia se juntare en un mismo lugar, y todos hablaren en lenguas extrañas, y entraren gentes sencillas, o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Mas si todos profetizaren, y entrare algún incrédulo o ignorante, de todos es convencido, de todos es juzgado: Y así lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así postrándose sobre su rostro adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros. ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: Háganse todas las cosas para edificación. Si hablare alguno en lengua desconocida, sea por dos, o a lo más por tres, y esto a su turno; y uno interprete. Mas si no hubiere intérprete, calle en la iglesia; y hable a sí mismo, y a Dios. Empero los profetas, hablen dos o tres; y los demás juzguen. Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelada alguna cosa, calle el primero. Porque podéis todos profetizar uno por uno; para que todos aprendan, y todos sean exhortados. (Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;) Porque Dios no es autor de disensión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos. Vuestras mujeres callen en las iglesias; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas como también lo dice la ley. Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar las mujeres en la iglesia. ¡Qué! ¿Ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿o a vosotros solos ha llegado? Si alguno, a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca que las cosas que yo os escribo son mandamientos del Señor. Mas si alguno quiere ser ignorante, sea ignorante. Así que, hermanos, codiciád el profetizar; y no impidáis el hablar en lenguas extrañas. Empero háganse todas las cosas decentemente, y con orden.
Segunda lectura
Así que, amados míos, pues que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Admitídnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos defraudado. No para condenaros lo digo; que ya he dicho antes, que estáis en nuestros corazones para morir, y para vivir con vosotros. Mucho atrevimiento tengo para con vosotros, mucha gloria tengo de vosotros: lleno estoy de consolación: sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones. Porque cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes en todo fuimos atribulados: de fuera había contiendas, de dentro temores. Mas Dios que consuela a los que están abatidos, nos consoló con la venida de Tito. Y no solo con su venida, mas también con la consolación con que él fue consolado de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo grande, vuestro lloro, vuestro zelo por mí, así que me regocijé tanto más. Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento: aunque me arrepentí, porque veo que aquella carta, aunque por poco tiempo, os contristó. Ahora me huelgo: no porque hayáis sido contristados, mas porque hayáis sido contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, de manera que ninguna pérdida hayáis padecido por nosotros. Porque la pesadumbre que es según Dios, obra arrepentimiento para la salud, de la cual nadie se arrepiente; mas la pesadumbre del mundo obra la muerte. Porque he aquí esto mismo, que según Dios fuisteis contristados, ¡qué solicitud ha obrado en vosotros! y aun, ¡qué cuidado en purificaros! y aun, ¡qué indignación! y aun, ¡qué temor! y aun, ¡qué vehemente deseo! y aun, ¡qué zelo! y aun, ¡qué venganza! En todo os habéis mostrado limpios en este negocio. Así que aunque os escribí, no fue tan solo por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeció, sino también para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios. Por tanto tomamos consolación de vuestra consolación: empero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, porque fue recreado su espíritu por todos vosotros. Que si en algo me he gloriado con él de vosotros, no he sido avergonzado; antes como todo lo que habíamos dicho a vosotros era con verdad, así también nuestra gloria con Tito fue hallada ser verdad. Y su entrañable afecto es más abundante para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros; y de como le recibisteis con temor y temblor. Así que me regocijo de que en todo tengo confianza de vosotros.
Segunda lectura
Empero en cuanto a lo que a los ídolos es sacrificado, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica. Y si alguno se piensa que sabe algo, aun no sabe cosa alguna como le conviene saber. Mas el que ama a Dios, el tal es conocido de Dios. Así que de las viandas que son sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay otro Dios, sino solo uno. Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, o en el cielo, o en la tierra, (como hay muchos dioses, y muchos señores,) Para nosotros empero hay un solo Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él; y un Señor, Jesu Cristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él. Mas no en todos hay esta ciencia; porque algunos con conciencia del ídolo hasta ahora, lo comen como sacrificado a ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada. Empero la vianda no nos hace mas aceptos a Dios; porque ni que comamos, seremos más ricos: ni que no comamos, seremos más pobres. Mas mirád que esta vuestra libertad no sea de algún modo tropezadero para los que son flacos. Porque si te ve alguno, a ti que tienes esta ciencia, que estás sentado a la mesa en el lugar de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es flaco, no será edificada para comer de lo sacrificado a los ídolos? ¿Y por tu ciencia se perderá el hermano flaco, por el cual Cristo murió? De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, e hiriendo su flaca conciencia, contra Cristo pecáis. Por lo cual si la comida es para mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás por no hacer caer a mi hermano.
Segunda lectura
Porque todos los que son de las obras de la ley, debajo de maldición están; porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Mas que por la ley ninguno se justifica delante de Dios, es manifiesto; porque: El justo por la fe vivirá. Y la ley no es de la fe; antes dice: El hombre que las hiciere, vivirá en ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque escrito está: Maldito todo aquel que es colgado en madero:) A fin de que la bendición de Abraham viniese sobre los Gentiles por Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.
Evangelio
En aquel tiempo se llegaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, Y dijo: De cierto os digo, que sino os convirtiereis, y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare, como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a mí recibe. ¶ Y cualquiera que ofendiere a alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le sería que le fuera colgada del cuello una piedra de molino de asno, y que fuese anegado en el profundo de la mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo! Por tanto, si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer, córtalos y échalos de ti: mejor te es entrar cojo o manco a la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado al fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácale, y échale de ti; que mejor te es entrar con un ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno. Mirád no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en los cielos. Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se perdiese una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había perdido? Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se perdieron. Así no es la voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. ¶ Por tanto si tu hermano pecare contra ti, vé, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, ganado has a tu hermano. Mas, si no te oyere, toma aun contigo uno o dos, para que en boca de dos o de tres testigos conste toda palabra. Y si no oyere a ellos, dílo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia ténle por un gentil, y un publicano. De cierto os digo, que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. Dígoos además, que si dos de vosotros convinieren sobre la tierra, tocante a cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. ¶ Entonces Pedro llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Mas a éste, no pudiendo pagar, mandó su señor vender a él, y a su mujer, e hijos, con todo lo que tenía, y pagar. Entonces aquel siervo postrado le rogaba, diciendo: Señor, deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. El señor de aquel siervo movido a misericordia, le soltó, y le perdonó la deuda. Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Paga lo que debes. Entonces su compañero, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. Mas él no quiso, sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. Y viendo sus compañeros lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo declararon a su señor todo lo que había pasado. Entonces llamándole su señor, le dice: Mal siervo, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu compañero, como también yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor enojado le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.
Oración vespertina — segunda lectura
Por lo cual teniendo nosotros este ministerio, según hemos alcanzado la misericordia, no desmayamos; Antes hemos renunciado las cosas encubiertas de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios; mas por manifestación de la verdad encomendándonos a nosotros mismos a la conciencia de todo hombre delante de Dios. Que si nuestro evangelio es encubierto, para los que se pierden es encubierto: En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesu Cristo, el Señor; y nosotros siervos vuestros por amor de Jesús. Porque Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para dar la iluminación de la ciencia de la gloria de Dios en el rostro de Jesu Cristo. Tenemos empero este tesoro en vasijas de barro, a fin que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. Por todo lado somos atribulados, mas no estrechados: perplejos, mas no desesperados; Perseguidos, mas no desamparados: abatidos, mas no destruidos: Llevando siempre por todas partes en el cuerpo la muerte del Señor Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestro cuerpo. Porque siempre nosotros que vivimos, somos entregados a la muerte a causa de Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal. De manera que la muerte obra en nosotros, mas en vosotros la vida. Teniendo, pues, el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, y por lo tanto hablé: nosotros también creemos, y por lo tanto hablamos: Estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús; y nos presentará con vosotros. Porque todas las cosas son por vuestra causa, para que la abundante gracia por la acción de gracias de muchos, redunde a gloria de Dios. Por tanto no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se destruya, el interior empero se renueva de día en día. Porque nuestra leve tribulación, que no es sino por un momento, obra por nosotros un peso de gloria inconmensurablemente grande y eterno: No mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, es temporal; mas lo que no se ve, es eterno.
Evangelio
¶ Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y ellos dijeron: Unos: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Jeremías, o alguno de los profetas. Díceles él: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré las llaves del reino de los cielos; que todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. ¶ Desde aquel tiempo comenzó Jesús a declarar a sus discípulos, que convenía ir él a Jerusalem, y padecer muchas cosas de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero día. Y Pedro, tomándole aparte, comenzó a reprenderle, diciendo: Señor, ten compasión de ti: en ninguna manera esto te acontezca. Entonces él volviéndose, dijo a Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás: escándalo me eres; porque no entiendes lo que es de Dios, sino lo que es de los hombres. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. Porque, ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del hombre viniendo en su reino.
Evangelio
Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. ¶ Y levantándose Jesús de la sinagoga, se entró en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. Y volviéndose hacia ella, riñó a la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió. Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios; mas él riñéndoles no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo. Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos. Y él les dijo: También a otras ciudades es menester que yo anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
Evangelio
Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Entonces corrió, y vino a Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le han puesto. Salió pues Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y vino primero al sepulcro. Y abajándose a mirar, vio los lienzos puestos; mas no entró. Vino pues Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos, Y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino a parte en un lugar envuelto. Entonces entró también aquel otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aun no sabían la Escritura, que era menester que él resucitase de entre los muertos. Así que volvieron los discípulos a los suyos. ¶ Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando abajóse a mirar en el sepulcro. Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: ¿Mujer, por qué lloras? Ella les dice: Porque han llevado a mi Señor, y no sé donde le han puesto. Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vio a Jesús que estaba en pie; mas no sabía que era Jesús. Dícele Jesús: ¿Mujer, por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si tú le has llevado, díme dónde le has puesto, y yo le llevaré. Dícele Jesús: María. Volviéndose ella, dícele: Rabboni, que quiere decir, Maestro. Dícele Jesús: No me toques; porque aun no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y díles: Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, a mi Dios, y a vuestro Dios. Vino María Magdalena dando las nuevas a los discípulos: Que había visto al Señor, y que le dijo estas cosas. ¶ Y como fue tarde aquel mismo día, el primero de la semana, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús; y púsose en medio, y les dijo: Paz a vosotros. Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los discípulos se regocijaron, viendo al Señor. Entonces díceles otra vez: Paz a vosotros: como me envió mi Padre, así también yo os envío. Y como hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibíd el Espíritu Santo. A los que perdonareis los pecados, les son perdonados; y a los que los retuviereis, les son retenidos. ¶ Empero Tomás uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Y ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: entonces vino Jesús cerradas las puertas, y púsose en medio, y dijo: Paz a vosotros. Luego dice a Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Entonces Tomás respondió, y le dijo: Señor mío, y Dios mío. Dícele Jesús: Porque me has visto, oh Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron. Y también muchas otras señales por cierto hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas empero están escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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