Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Por lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerád el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús, El cual fue fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda su casa. Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que creó todas las cosas, es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa, como criado; empero para testificar aquellas cosas que después se habían de denunciar; Mas Cristo, como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retenemos firme la confianza y la alegría de la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz; No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres: me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me indigné con aquella generación, y dije: Perpetuamente yerran de corazón, y ni ellos han conocido mis caminos;
Primera lectura
Y tú haz llegar a ti a Aarón tu hermano, y a sus hijos consigo de entre los hijos de Israel, para que sean mis sacerdotes, Aarón, Nadab y Abiú, Eleazar, e Itamar hijos de Aarón. Y harás vestidos santos para Aarón tu hermano, para honra, y hermosura. Y tú hablarás a todos los que fueren sabios de corazón, los cuales yo he henchido de espíritu de sabiduría, para que hagan los vestidos de Aarón para santificarle, para que sea mi sacerdote. Los vestidos que harán, serán estos: El pectoral, y el efod, y el manto, y la túnica listada, la mitra, y el cinto. Y hagan los santos vestidos a Aarón tu hermano, y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes. Los cuales tomarán oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino fino, Y harán el efod de oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido de obra de bordador. Tendrá dos hombreras que se junten a sus dos lados, y así se juntará. Y el artificio de su cinta que estará sobre él, será de su misma obra, de lo mismo, es a saber, de oro, cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Y tomarás dos piedras oniquinas, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; Los seis de sus nombres en la una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra conforme a sus nacimientos. De obra de maestro de piedras harás grabar de grabaduras de sello aquellas dos piedras de los nombres de los hijos de Israel; harásles al derredor engastes de oro. Y aquellas dos piedras pondrás sobre los hombros del efod, serán piedras de memoria a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová en sus dos hombros por memoria. Y harás los engastes de oro; Y dos cadenas pequeñas de fino oro, las cuales harás de hechura de trenza, y pondrás las cadenas de hechura de trenza en los engastes. Ítem, harás el pectoral del juicio; de obra artificiosa hacerlo has conforme a la obra del efod, de oro, y cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido. Será cuadrado doblado, de un palmo de longura, y de un palmo de anchura. Y henchirlo has de pedrería con cuatro ordenes de piedras. El orden: un rubí, una esmeralda, y una crisólita, el primer orden. El segundo orden, un carbunclo, un zafiro, y un diamante. El tercer orden, un topacio, una turquesa, y un ametisto. Y el cuarto orden, un tarsis, un ónix, y un jaspe, engastadas en oro en sus engastes. Y serán aquellas piedras según los nombres de los hijos de Israel, doce según sus nombres, como grabaduras de sello, cada uno, según su nombre, serán a las doce tribus. Harás también en el pectoral cadenas pequeñas de hechura de trenzas de oro fino. Y harás en el pectoral dos sortijas de oro, las cuales dos sortijas pondrás a los dos cabos del pectoral. Y pondrás las dos trenzas de oro en las dos sortijas, en los cabos del pectoral. Y los otros dos cabos de las dos trenzas sobre los dos engastes, y ponerlas has a los lados del efod en la parte delantera. Harás también otras dos sortijas de oro, las cuales pondrás en los dos cabos del pectoral en su orilla que está al cabo del efod de la parte de abajo. Harás asimismo otras dos sortijas de oro las cuales pondrás a los dos lados del efod, abajo en la parte delantera, delante de su juntura, sobre el cinto del efod. Y juntarán el pectoral con sus sortijas a las sortijas del efod con un cordón de cárdeno, para que esté sobre el cinto del efod, y no se aparte el pectoral del efod. Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entrare en el santuario en memoria delante de Jehová continuamente. Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim para que estén sobre el corazón de Aarón, cuando entrare delante de Jehová: y llevará Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón siempre delante de Jehová. Harás el manto del efod todo de cárdeno. Y tendrá el collar de su cabeza en medio de él, el cual tendrá un borde al rededor de obra de tejedor, como un collar de un coselete, que no se rompa. Y harás en sus orladuras granadas de cárdeno, y púrpura, y carmesí, por sus orladuras al derredor; y unas campanillas de oro entre ellas al rededor. Una campanilla de oro y una granada, otra campanilla de oro y otra granada, por las orladuras del manto al derredor. Y estará sobre Aarón cuando ministrare, y oírse ha su sonido cuando él entrare en el santuario delante de Jehová, y cuando saliere: Y no morirá. Ítem, harás una plancha de oro fino, y grabarás en ella de grabadura de sello, Santidad a Jehová. Y ponerla has con un cordón cárdeno, y estará sobre la mitra; delante la delantera de la mitra estará. Y estará sobre la frente de Aarón, y Aarón llevará el pecado de las santificaciones, que los hijos de Israel santificaren en todas las ofrendas de sus santificaciones, y sobre su frente estará continuamente, para que hayan gracia delante de Jehová. Ítem, bordarás una túnica de lino, y harás una mitra de lino, harás también un cinto de obra de recamador: Mas a los hijos de Aarón harás túnicas: hacerles has también cintos, y hacerles has chapeos para honra y hermosura; Y con ellos vestirás a Aarón tu hermano, y a sus hijos con él; y ungirlos has y henchirás sus manos, y santificarlos has para que sean mis sacerdotes. Y hacerles has pañetes de lino para cubrir la carne vergonzosa: serán desde los lomos hasta los muslos. Y estarán sobre Aarón y sobre sus hijos cuando entraren en el tabernáculo del testimonio, o cuando se llegaren al altar para servir en el santuario; y no llevarán pecado, y no morirán. Estatuto perpetuo para él, y para su simiente después de él.
Primera lectura
¶ Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para ser a él un pueblo singular más que todos los pueblos, que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos, os ha codiciado Jehová, y os ha escogido: porque vosotros eráis los más pocos de todos los pueblos: Mas porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os sacó Jehová con mano fuerte, y os rescató de casa de siervos, de la mano de Faraón rey de Egipto. Y para que sepas que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el concierto y la misericordia a los que le aman, y guardan sus mandamientos hasta las mil generaciones: Y que paga en su cara al que le aborrece, destruyéndole: ni dilatará al que le aborrece, en su cara le pagará. Guarda pues los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que hagas.
Oración matutina — primera lectura
Y habitó Jacob en la tierra donde peregrinó su padre, en la tierra de Canaán. Estas fueron las generaciones de Jacob: José, cuando fue de edad de diez y siete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y era mozo, con los hijos de Bala, y con los hijos de Zelfa, las mujeres de su padre: y José traía la mala fama de ellos a su padre. E Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque le había habido en su vejez: e hízole una ropa de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre le amaba más que a todos sus hermanos, aborrecíanle, y no le podían hablar pacíficamente. Y soñó José un sueño, y contólo a sus hermanos; y ellos añadieron a aborrecerle más. Y díjoles: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo; y he aquí que mi manojo se levantaba, y estaba derecho: y que vuestros manojos estaban al rededor y se inclinaban al mío. Y respondiéronle sus hermanos: ¿Has de reinar sobre nosotros? ¿o háste de enseñorear sobre nosotros? Y añadieron a aborrecerle más a causa de sus sueños y de sus palabras. Y soñó más otro sueño, y contólo a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño: Y he aquí que el sol y la luna, y once estrellas se inclinaban a mí. Y contólo a su padre y a sus hermanos, y su padre le reprendió, y díjole: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Hemos de venir yo y tu madre, y tus hermanos a inclinarnos a ti a tierra? Y sus hermanos le tuvieron envidia; mas su padre miraba el negocio. ¶ Y fueron sus hermanos a apacentar las ovejas de su padre en Siquem. Y dijo Israel a José: Tus hermanos apacientan las ovejas en Siquem, ven y enviarte he a ellos. Y él respondió: Heme aquí. Y él le dijo: Vé ahora, mira como están tus hermanos, y como están las ovejas, y tráeme la respuesta. Y envióle del valle de Hebrón, y vino a Siquem. Y hallóle un hombre andando él perdido por el campo, y preguntóle aquel hombre, diciendo: ¿Qué buscas? Y él respondió: Busco a mis hermanos: ruégote que me muestres donde pastan. Y aquel hombre respondió: Ya se han ido de aquí: y yo les oí decir: Vamos a Dotaín: entonces José fue tras sus hermanos, y hallólos en Dotaín. Y como ellos le vieron de lejos, antes que llegase cerca de ellos, pensaron contra él para matarle. Y dijeron el uno al otro: He aquí, viene el soñador. Ahora pues veníd, y matémosle, y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia le tragó: y veremos que serán sus sueños. Y como Rubén oyó esto, escapóle de sus manos, y dijo: No le matemos. Y díjoles Rubén: No derrameis sangre: echádle en esta cisterna, que está en el desierto; y no metáis mano en él: por escaparle de sus manos, para hacerlo volver a su padre. Y fue, que como José llegó a sus hermanos, ellos hicieron desnudar a José su ropa, la ropa de colores que tenía sobre sí, Y tomáronle, y echáronle en la cisterna, y la cisterna estaba vacía, que no había agua en ella. Y asentáronse a comer pan: y alzando los ojos miraron, y, he aquí, una compañía de Ismaelitas, que venía de Galaad, y sus camellos traían especias y cera y almáciga, e iban para llevar a Egipto. ¶ Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho que matemos a nuestro hermano, y encubramos su sangre? Andád, y vendámosle a los Ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él, que nuestro hermano nuestra carne es. Y sus hermanos acordaron con él. Y como pasaron los Madianitas mercaderes, ellos sacaron a José de la cisterna, y trajéronle arriba, y vendiéronle a los Ismaelitas por veinte pesos de plata: y llevaron a José a Egipto. Y Rubén volvió a la cisterna, y, he aquí José no estaba dentro; y rompió sus vestidos. Y tornó a sus hermanos, y dijo: El mozo no parece, y yo ¿adónde iré yo? Entonces ellos tomaron la ropa de José, y degollaron un cabrito de las cabras, y tiñeron la ropa con la sangre. Y enviaron la ropa de colores, y trajéronla a su padre, y dijeron: Esta hemos hallado: conoce ahora si es la ropa de tu hijo, o no. Y él la conoció, y dijo: La ropa de mi hijo es; alguna mala bestia le tragó: despedazado ha sido José. Entonces Jacob rompió sus vestidos, y puso saco sobre sus lomos, y enlutóse por su hijo muchos días. Y levantáronse todos sus hijos y todas sus hijas para consolarle; mas él no quiso tomar consolación, y dijo: Porque tengo de descender a mi hijo enlutado hasta la sepultura. Y lloróle su padre. Y los Madianitas le vendieron en Egipto a Potifar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia.
Epístola
Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz; (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad:)
Primera lectura
Clama a alta voz, no detengas: alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como nación que hubiese obrado justicia, y que no hubiese dejado el derecho de su Dios: pregúntanme derechos de justicia, y quieren acercarse de Dios. ¿Por qué ayunamos, y no hiciste caso: humillamos nuestras almas, y no lo supiste? He aquí que en el día de vuestro ayuno halláis lo que queréis, y todos pedís vuestras haciendas. He aquí que para contiendas y debates ayunáis; y para herir del puño malamente. No ayunéis como hasta aquí, para que sea oída en lo alto vuestra voz. ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que encorve su cabeza como junco, y haga cama de saco y ceniza? ¿Esto llamaréis ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es antes el ayuno que yo escogí, desatar los líos de impiedad, deshacer los haces de opresión, y soltar libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿Que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres vagabundos metas en casa: cuando vieres al desnudo, le cubras; y que no te escondas de tu carne? Entonces nacerá tu luz como el alba; y tu sanidad reverdecerá presto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová te recogerá. Entonces invocarás, y oírte ha Jehová: clamarás, y dirá: Heme aquí. Si quitares de en medio de ti el yugo, el extender el dedo, y hablar vanidad; Y si derramares tu alma al hambriento, y hartares el alma afligida: en las tinieblas nacerá tu luz; y tu oscuridad será como el mediodía. Y pastorearte ha Jehová siempre, y en las sequedades hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan. Y edificarán de ti los desiertos antiguos: los cimientos caídos de generación y generación levantarás; y serás llamado, reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar. Si retrajeres del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y al sábado llamares delicias, santo, glorioso de Jehová; y le venerares, no haciendo tus caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando palabra: Entonces te deleitarás en Jehová; y hacerte he subir sobre las alturas de la tierra, y hacerte he comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová ha hablado.
Oración matutina — segunda lectura
Pasadas estas cosas, se fue Jesús a la otra parte de la mar de Galilea, que es la mar de Tiberias. Y seguíale grande multitud, porque veían sus milagros que hacía en los enfermos. Subió pues Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los Judíos. Y como alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él una grande multitud, dice a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Mas esto decía tentándole; porque él sabía lo que había de hacer. Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? Entonces Jesús dijo: Hacéd recostar los hombres. Y había mucha yerba en aquel lugar; y recostáronse como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo hecho gracias, repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; y asimismo de los peces cuanto querían. Y como fueron hartos, dijo a sus discípulos: Cogéd los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. Recogiéronlos pues, y llenaron doce esportones de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, como vieron el milagro que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta, que había de venir al mundo. ¶ Entendiendo entonces Jesús, que habían de venir para tomarle por fuerza, y hacerle rey, volvió a huirse a un monte él solo. Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos a la mar, Y entrando en una nave, iban atravesando el mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. Y la mar se comenzó a levantar con un gran viento, que soplaba. Y cuando hubieron navegado como veinte y cinco, o treinta estadios, ven a Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba a la nave; y tuvieron miedo. Mas él les dijo: Yo soy: no tengáis miedo. Entonces ellos le recibieron de buena gana en la nave, y luego la nave llegó a la tierra donde iban. ¶ El día siguiente la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vio que no había allí otra navecilla sino una, en la cual se habían entrado sus discípulos, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la nave, sino que sus discípulos solos se habían ido; Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias, junto al lugar donde habían comido el pan, después de haber el Señor hecho gracias; Como vio pues la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos también en las navecillas, y vinieron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: ¿Rabbi, cuándo llegaste acá? Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis visto los milagros, mas porque comisteis del pan, y os hartasteis. Trabajád, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste selló el Padre, es a saber, Dios. Entonces le dijeron: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? Respondió Jesús, y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él envió. Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras tú? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo, que no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, dános siempre este pan. Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Mas ya os he dicho, que también me habéis visto, y no me creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad de aquel que me envió. Y esta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me dio, no pierda yo nada de ello, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad de aquel que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. ¶ Murmuraban entonces de él los Judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues dice éste: Yo he descendido del cielo? Y Jesús respondió, y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios: así que todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que es de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y han muerto. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. ¶ Entonces los Judíos altercaban entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este hombre darnos su carne a comer? Jesús les dijo entonces: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres que comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. ¶ Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Entonces muchos de sus discípulos oyendo esto, dijeron: Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Pues qué si viereis al Hijo del hombre subir donde estaba primero? El espíritu es el que da vida: la carne de nada aprovecha: las palabras que yo os hablo, espíritu son, y vida son. Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no habían de creer, y quien le había de entregar. Y decía: Por eso os he dicho: Que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado de mi Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban más con él. Dijo, pues, Jesús a los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Respondióle entonces Simón Pedro: ¿Señor, a quién iremos? tú tienes las palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos, que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he yo escogido doce, y el uno de vosotros es diablo? Y hablaba de Júdas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
Salmo responsorial
A no haber estado Jehová por nosotros, dígalo ahora Israel: A no haber estado Jehová por nosotros, cuando se levantaron contra nosotros los hombres; Vivos nos tragaran entonces: cuando se encendió su furor en nosotros: Entonces las aguas inundaran sobre nosotros: el arroyo pasara sobre nuestra alma. Entonces pasaran sobre nuestra alma las aguas soberbias. Bendito Jehová que no nos dio por presa a sus dientes. Nuestra alma, como ave, escapó del lazo de los cazadores: el lazo se quebró, y nosotros escapamos. Nuestro socorro fue en el nombre de Jehová, que hizo el cielo y la tierra.
Evangelio
¶ También echó fuera un demonio, el cual era mudo: y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron. Y algunos de ellos decían: Por Belzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Y otros, tentándole, pedían de él una señal del cielo. Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y casa dividida cae sobre casa. Y si también Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís, que por Belzebú echo yo fuera los demonios. Pues si yo echo fuera los demonios por Belzebú, ¿vuestros hijos, por quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces. Mas si con el dedo de Dios yo echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Mas si otro más fuerte que él sobreviniendo le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama. Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándolo, dice: Me volveré a mi casa, de dónde salí. Y viniendo, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postrimerías del tal hombre peores que las primerías. ¶ Y aconteció, que diciendo él estas cosas, una mujer de la multitud levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
Salmo responsorial
Ciertamente bueno es a Israel Dios, a los limpios de corazón. Y yo, casi se apartaron mis pies; poco faltó, para que no resbalasen mis pasos. Porque tuve envidia a los malvados, viendo la paz de los impíos. Porque no hay ataduras para su muerte: antes su fortaleza está entera. En el trabajo humano no están: ni son azotados con los hombres. Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestido de violencia. Sus ojos están salidos de gruesos: pasan los pensamientos de su corazón. Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia: hablan de lo alto. Ponen en el cielo su boca: y su lengua pasea la tierra. Por tanto su pueblo volverá aquí, que aguas en abundancia les son exprimidas. Y dirán: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y, si hay conocimiento en lo alto? He aquí, estos impíos, y quietos del mundo alcanzaron riquezas: Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón: y he lavado mis manos en limpieza; Y he sido azotado todo el día: y castigado por las mañanas. Si decía: Contarlo he así: he aquí, habré negado la nación de tus hijos. Pensaré pues para saber esto: es trabajo en mis ojos. ¶ Hasta que venga al santuario de Dios; entonces entenderé la postrimería de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos: hacerlos has caer en asolamientos. ¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse: fenecieron con turbaciones. Como sueño de el que despierta. Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias. Ciertamente mi corazón se acedó: y en mis riñones sentía punzadas. Mas yo era ignorante, y no entendía; era una bestia acerca de ti. Aunque yo siempre estaba contigo: y así echaste mano a mi mano derecha: Guiásteme en tu consejo: y después me recibirás con gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y contigo nada quiero en la tierra. Desmáyase mi carne y mi corazón, ¡o roca de mi corazón! que mi porción es Dios para siempre. Porque, he aquí, los que se alejan de ti, perecerán: tú cortas a todo aquel que rompe tu pacto. Y yo, el acercarme a Dios, me es el bien: he puesto en el Señor Jehová mi esperanza, para contar todas tus obras.
Salmo responsorial
Escucha, pueblo mío, mi ley: inclinád vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré en parábola mi boca: hablaré enigmas del tiempo antiguo: Los cuales hemos oído y entendido: que nuestros padres nos los contaron. No los encubriremos a sus hijos, contando a la generación postrera las alabanzas de Jehová: y su fortaleza, y sus maravillas, que hizo. Que levantó testimonio en Jacob, y puso ley en Israel: la cual mandó a nuestros padres, que la notificasen a sus hijos: Para que sepa la generación postrera: y los hijos que nacerán, que se levantarán, cuenten a sus hijos: Y pondrán en Dios su confianza, y no se olvidarán de las obras de Dios: y guardarán sus mandamientos. Y no serán como sus padres, generación contumaz, y rebelde: generación que no compuso su corazón, ni su espíritu fue fiel con Dios. Los hijos de Efraím armados, flecheros, volvieron las espaldas el día de la batalla. No guardaron el concierto de Dios: ni quisieron andar en su ley, Antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado. Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Soan. Rompió la mar, e hízolos pasar: e hizo estar las aguas como en un montón. Y llevólos con nube de día, y toda la noche con lumbre de fuego. Hendió las peñas en el desierto: y dióles a beber de abismos grandes. Y sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas, como ríos. Y tornaron aun a pecar contra él, enojando al Altísimo en la soledad. Y tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida para su alma. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá Dios ponernos mesa en el desierto? He aquí, ha herido la peña, y corrieron aguas, y arroyos salieron ondeando: ¿podrá también dar pan? ¿aparejará carne a su pueblo? Por tanto oyó Jehová, y enojóse: y encendióse el fuego en Jacob, y el furor subió también en Israel. Porque no habían creído a Dios, ni habían confiado de su salud. Y mandó a las nubes de arriba: y abrió las puertas de los cielos. E hizo llover sobre ellos maná para comer, y dióles trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre: envióles comida a hartura. Movió al solano en el cielo; y trajo con su fortaleza al austro, E hizo llover sobre ellos carne, como polvo: y aves de alas como arena de la mar. E hízolas caer en medio de su campo, al rededor de sus tiendas. Y comieron, y hartáronse mucho: y cumplióles su deseo. No habían aun quitado de sí su deseo, aun su vianda estaba en su boca, Cuando vino sobre ellos el furor de Dios, y mató en los gruesos de ellos, y derribó los escogidos de Israel. Con todo esto pecaron aun; y no dieron crédito a sus maravillas. Y consumió en muy poco sus días, y sus años apresuradamente. Si los mataba, entonces le buscaban; y convertíanse, y buscaban a Dios de mañana. Y acordábanse que Dios era su refugio: y el Dios Alto su redentor. Y lisonjeábanle con su boca; y con su lengua le mentían: Mas sus corazones no eran rectos con él: ni estuvieron firmes en su concierto. Mas él, misericordioso perdonaba la maldad, y no los destruyó: y abundó su misericordia para apartar su ira, y no despertó toda su ira. Y acordóse que eran carne: espíritu que va y no vuelve. ¡Cuántas veces le ensañaron en el desierto, le enojaron en la soledad! Y volvieron, y tentaron a Dios: y limitaron al Santo de Israel. No se acordaron de su mano: del día que les redimió de angustia; Que había puesto en Egipto sus señales: y sus maravillas en el campo de Soan: Y había vuelto sus ríos en sangre: y sus corrientes porque no bebiesen: Había enviado en ellos una mezcla de moscas que los había comido: asimismo ranas que los destruyeron. Y había dado al pulgón sus frutos: y sus trabajos a la langosta. Había destruido sus viñas con granizo, y sus higuerales con piedra. Y entregó al pedrisco sus bestias, y sus ganados al fuego. Había enviado en ellos el furor de su saña: ira y enojo, y angustia, y ángeles malos. Enderezó el camino a su furor: no detuvo la vida de ellos de la muerte, antes entregó su vida a la mortandad: E hirió a todo primogénito en Egipto; las primicias de las fuerzas en las tiendas de Cam. E hizo partir, como hato de ovejas, su pueblo; y llevólos, como a un rebaño, por el desierto. Y guiólos con seguridad, que no tuvieron miedo; y a sus enemigos cubrió la mar. Metiólos en los términos de su tierra santa; en este monte, que ganó su mano derecha. Y echó las naciones de delante de ellos, e hízolas caer en cordel de heredad: e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel. Y tentaron, y enojaron al Dios Altísimo; y no guardaron sus testimonios. Y volviéronse, y rebeláronse como sus padres; volviéronse como arco engañoso. Y enojáronle con sus altos; y provocáronle a zelo con sus esculturas. Oyó Dios, y enojóse; y aborreció en grande manera a Israel. Por esta causa dejó el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres. Y dio en cautividad su fortaleza; y su gloria en mano del enemigo. Y entregó a su pueblo a la espada; y airóse contra su heredad. A sus mancebos tragó el fuego; y sus vírgenes no fueron loadas. Sus sacerdotes cayeron a espada: y sus viudas no lamentaron. Y despertóse el Señor, como un dormido: como un valiente, que da voces a causa del vino: E hirió a sus enemigos detrás: dióles vergüenza perpetua. Y aborreció la tienda de José; y no escogió a la tribu de Efraím: Mas escogió a la tribu de Judá: al monte de Sión, al cual amó. Y edificó, como alturas, su santuario: como la tierra, lo acimentó para siempre. Y eligió a David su siervo: y tomóle de las majadas de las ovejas. Detrás de las paridas le trajo: para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y apacentólos con enterez de su corazón: y con las industrias de sus manos los pastoreó.
Salmo responsorial
Alabarte hemos, o! Dios, alabarte hemos; que cercano está tu nombre: cuenten todos tus maravillas. Cuando yo tuviere tiempo, yo juzgaré rectamente. La tierra se arruinaba, y sus moradores: yo compuse sus columnas. Selah. Dije a los malvados: No os enloquezcáis: y a los impíos: No alcéis el cuerno. No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con cerviz gruesa. Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto viene el ensalzamiento. Porque Dios, que es el juez; a este abate, y a aquel ensalza. Que el cáliz está en la mano de Jehová, y lleno de vino bermejo de mistura, y él derrama de aquí: ciertamente sus heces chuparán, y beberán todos los impíos de la tierra. Y yo anunciaré siempre: cantaré alabanzas al Dios de Jacob. Y quebraré todos los cuernos de los pecadores: y los cuernos del justo serán ensalzados.
Oración vespertina — primera lectura
Y descendido José a Egipto, compróle Potifar, eunuco de Faraón, capitán de los de la guardia, varón Egipciano, de mano de los Ismaelitas, que le habían llevado allá. Mas Jehová fue con José, y fue varón prosperado: y estaba en la casa de su señor el Egipciano. Y vio su señor que Jehová era con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo prosperaba en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y servíale: y él le hizo mayordomo de su casa, y le entregó en poder todo lo que tenía. Y aconteció, que desde entonces que le dio el cargo de su casa, y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del Egipciano a causa de José, y fue la bendición de Jehová sobre todo lo que tenía así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en la mano de José, ni con él sabía nada más que del pan que comía: y José era de hermoso semblante, y bello de vista. ¶ Y aconteció después de esto, que la mujer de su señor alzó sus ojos sobre José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso; y dijo a la mujer de su señor: He aquí que mi señor no sabe conmigo lo que hay en casa, que todo lo que tiene ha puesto en mi mano. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha defendido sino a ti, por cuanto tú eres su mujer: ¿cómo pues haría yo este grande mal, que pecaría contra Dios? Y fue, que hablando ella a José cada día, y no la escuchando él para acostarse junto a ella, para estar con ella: Aconteció que él vino un día como los otros a casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí en casa. Y ella le tomó por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejóle su ropa en las manos, y huyó, y salióse fuera. ¶ Y fue, que como ella vio que le había dejado su ropa en sus manos, y había huido fuera. Llamó a los de casa, y hablóles, diciendo: Mirád; hános traído un hombre Hebreo, para que hiciese burla de nosotros. Vino a mí para dormir conmigo, y yo di grandes voces. Y viendo él, que yo alzaba la voz, y gritaba, dejó junto a mí su ropa, y huyó, y salióse fuera. Y ella puso su ropa cerca de sí, hasta que vino su señor a su casa: Y ella le habló semejantes palabras, diciendo: Vino a mí el siervo Hebreo, que nos trajiste, para deshonrarme: Y como yo alcé mi voz y grité, él dejó su ropa junto a mí, y huyó fuera. Y fue, que como su señor oyó las palabras que su mujer le habló, diciendo: Como esto, que digo, me ha hecho tu siervo, su furor se encendió, Y tomó su señor a José, y púsole en la casa de la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la casa de la cárcel. ¶ Mas Jehová fue con José, y llegó a él su misericordia, y dio su gracia en ojos del príncipe de la casa de la cárcel. Y el príncipe de la casa de la cárcel entregó en mano de José todos los presos, que estaban en la casa de la cárcel, y todo lo que hacían allí, él lo hacía. Ninguna cosa veía el príncipe de la cárcel en su mano, porque Jehová era con él: y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.
Segunda lectura
¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aun en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él en la muerte por el bautismo, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos juntamente en la semejanza de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que está muerto, justificado es del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él: Ciertos que Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. Porque, en cuanto al morir, al pecado murió una vez; mas en cuanto al vivir, para Dios vive. Así también vosotros, juzgád que vosotros de cierto estáis muertos al pecado; mas que vivís para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias. Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad: antes presentáos a Dios como vivientes de entre los muertos; y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; porque no estáis debajo de la ley, sino debajo de la gracia. ¶ ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos debajo de la ley, sino debajo de la gracia? En ninguna manera. ¿O no sabéis, que a quien os presentasteis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? Gracias a Dios, que fuisteis siervos del pecado; mas habéis obedecido de corazón a la forma de doctrina a la cual habéis sido entregados: Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. Hablo humanamente a causa de la flaqueza de vuestra carne: que como presentasteis vuestros miembros por siervos de la inmundicia y de la iniquidad para iniquidad; así ahora presentéis vuestros miembros por siervos de la justicia para santidad. Porque cuando fuisteis siervos del pecado, libres eráis de la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es la muerte. Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santidad, y por fin la vida eterna. Porque el salario del pecado es la muerte: mas el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Segunda lectura
Al anciano no reprendas con dureza, mas exhórtale como a padre; a los jóvenes, como a hermanos; A las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con toda pureza: A las viudas honra, a las que de verdad son viudas: Empero si alguna viuda tuviere hijos, o nietos, aprendan primero a manifestar la piedad en casa, y a recompensar a sus padres; porque esto es honesto y acepto delante de Dios. Y la que de verdad es viuda y solitaria, espera en Dios, y persiste en suplicaciones y oraciones noche y día. Porque la que vive en delicias, viviendo está muerta. Denuncia pues estas cosas, para que sean irreprensibles. Mas si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe, y es peor que el infiel. La viuda sea puesta en oficio siendo no menos que de sesenta años, la cual haya sido mujer de un varón: Que tenga testimonio en buenas obras; si ha criado hijos; si ha hospedado; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los que han padecido aflicción; si ha seguido toda buena obra. Mas a las viudas más mozas no admitas: que desde que han vivido disolutamente contra Cristo, quieren casarse: Condenadas ya, por haber abandonado la primera fe. Y asimismo también son ociosas, enseñadas a andar de casa en casa; y no solamente ociosas, empero aun parleras y curiosas, parlando lo que no conviene. Quiero, pues, que las mozas se casen, paran hijos, gobiernen la casa, y que ninguna ocasión den al adversario para decir mal. Porque ya algunas han vuelto atrás en pos de Satanás. Y si alguno, o alguna de los creyentes tiene viudas, manténgalas, y no sea cargada la iglesia; para que pueda socorrer a las que de verdad son viudas. ¶ Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; y mayormente los que trabajan en la palabra y doctrina. Que la Escritura dice: No embozalarás al buey que trilla. Y: Digno es el obrero de su jornal. Contra el anciano no recibas acusación, sino ante dos o tres testigos. A los que pecaren repréndelos delante de todos, para que los otros también teman. Te requiero delante de Dios, y del Señor Jesu Cristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin preocupación, que nada hagas por parcialidad. No impongas ligeramente las manos sobre alguno, ni seas participante en pecados ajenos: consérvate puro a ti mismo. No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades. Los pecados de algunos hombres son manifiestos ya, yendo delante de ellos a juicio: a otros les vienen después. Asimismo también las buenas obras de algunos son manifiestas de antemano; y las que son de otra manera, no se pueden esconder.
Segunda lectura
Por tanto tenéd memoria que vosotros que en otro tiempo eráis Gentiles en la carne, que eráis llamados Incircuncisión por la que se llama Circuncisión en la carne, la cual se hace por mano; Que eráis en aquel tiempo sin Cristo alejados de la república de Israel, y extranjeros a los conciertos de la promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo; Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, el que de ambos pueblos ha hecho uno solo, y ha derribado el muro de división que mediaba entre ellos: Deshaciendo en su carne la enemistad, es a saber, la ley de los mandamientos que consistían en ritos; para formar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo así la paz: Y para reconciliar con Dios a ambos en un mismo cuerpo por la cruz, habiendo matado por ella la enemistad. Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca: Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois forasteros y extranjeros, sino conciudadanos de los santos, y familiares de Dios: Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo el mismo Jesu Cristo la principal piedra angular: En el cual todo el edificio, bien ajustado consigo mismo, crece para ser templo santo en el Señor: En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios por el Espíritu.
Segunda lectura
Y fue palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, y vé a Nínive aquella gran ciudad, y pregona en ella el pregón que yo te diré. Y levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Y Nínive era ciudad grande en gran manera, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad camino de un día, y pregonaba, diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los varones de Nínive creyeron a Dios; y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos, desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su trono, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y asentóse sobre ceniza. E hizo pregonar, y decir: En Nínive, por mandado del rey, y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa, ni se les dé pasto, ni beban agua. Y los hombres, y los animales se cubran de sacos, y clamen a Dios fuertemente; y cada uno se convierta de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos. ¿Quién sabe si se convertirá, y se arrepentirá Dios; y se convertirá del furor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, porque se convirtieron de su mal camino; y arrepintióse del mal que había dicho que les había de hacer, y no lo hizo.
Evangelio
Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? Yo os digo, que no: antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis así. O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? Yo os digo, que no: antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis así. Y decía esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña; y vino a buscar fruto en ella, y no halló. Y dijo al viñero: He aquí, tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo: córtala, ¿por qué hará inútil aun la tierra? Él entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que yo la escave, y la estercole. Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después. ¶ Y enseñaba en una sinagoga en sábados. Y, he aquí, una mujer que tenía espíritu de enfermedad diez y ocho años había, y andaba agobiada, así que en ninguna manera podía enhestarse. Y como Jesús la vio, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad. Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba a Dios. Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo al pueblo: Seis días hay en que es menester obrar: en estos pues veníd, y sed curados; y no en día de sábado. Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, o su asno del pesebre, y le lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que he aquí, que Satanás la había ligado diez y ocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en día de sábado? Y diciendo él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; y todo el pueblo se regocijaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas. ¶ Y decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé? Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole un hombre le metió en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios? Semejante es a la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado. ¶ Y pasaba por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando a Jerusalem. Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Porfiád a entrar por la puerta angosta; porque yo os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán; Después que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzaréis a estar fuera, y tocar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo él, os dirá: No os conozco de donde seáis. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seáis: apartáos de mí todos los obreros de iniquidad. Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera. Y vendrán del oriente, y del occidente, y del norte, y del mediodía, y se sentarán en el reino de Dios. Y, he aquí, hay postreros, que serán primeros; y hay primeros, que serán postreros. ¶ Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí; porque Heródes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decíd a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado. Empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalem. ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados a ti, ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina recoge su nidada debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, os es dejada vuestra casa desierta; y os digo, que no me veréis, hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Oración vespertina — segunda lectura
Amonesto, pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres: Por los reyes, y por todos los que están en autoridad; que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios Salvador nuestro: El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un Dios, y asimismo un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús; El cual se dio a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en su propio tiempo. Para lo que yo soy puesto por predicador y apóstol, (digo verdad en Cristo, no miento,) instruidor de las naciones en fe y verdad. Quiero, pues, que los varones oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda. ¶ Asimismo también oren las mujeres en hábito honesto, ataviándose de vergüenza y modestia; no con cabellos encrespados, o oro, o perlas, o vestidos costosos; Mas de buenas obras, como conviene a mujeres que profesan la piedad. ¶ La mujer aprenda en silencio con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni tomarse autoridad sobre el varón, sino estar en silencio. Porque Adam fue formado el primero: luego Eva. Y Adam no fue engañado; mas la mujer siendo engañada incurrió en la prevaricación. Empero será salva engendrando hijos, si permaneciere en la fe y caridad, y en santificación y modestia. Palabra verdadera es esta: Si alguno apetece obispado, obra excelente desea. Es necesario, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, vigilante, templado, de buenas costumbres, hospedador, apto para enseñar, No amador del vino, no heridor, no codicioso de ganancias torpes, mas moderado, no pendenciero, ajeno de avaricia: Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad; Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? No neófito, porque hinchándose de orgullo, no caiga en condenación del diablo. Y conviene que tenga también testimonio de los de afuera; porque no caiga en vituperio, y en lazo del diablo. ¶ Los diáconos asimismo sean honestos, no de dos lenguas, no dados a mucho vino, no amadores de torpes ganancias: Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia. Y estos también sean antes probados; y así ministren, si fueren hallados irreprensibles. Asimismo sus mujeres sean honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien sus hijos, y sus casas. Porque los que ejercieren bien el oficio de diácono, ganan para sí un buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús. ¶ Esto te escribo, con esperanza de que vendré presto a ti: Y si no viniere tan presto, para que sepas como te convenga conversar en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y apoyo de la verdad. Y sin controversia grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en la carne; ha sido justificado en el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado entre las naciones; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en la gloria.
Evangelio
¶ Y levantándose de allí, se fue a los términos de Tiro y de Sidón, y entrando en casa quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él vino, y se echó a sus pies. Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nación, y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos; porque no es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perros. Y respondió ella, y le dijo: Si, Señor, pero los perros debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos. Entonces le dice: Por esta palabra, vé: el demonio ha salido de tu hija. Y como fue a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija echada sobre la cama. ¶ Y volviendo a salir de los términos de Tiro y de Sidón, vino a la mar de Galilea por en medio de los términos de Decápolis. Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. Y tomándole de la multitud aparte, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua. Y mirando al cielo gimió, y dijo: Ephphatha; es decir: Sé abierto. Y luego fueron abiertos sus oídos; y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. Y les mandó que no lo dijesen a nadie; mas cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban; Y en grande manera se espantaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.
Evangelio
Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Evangelio
Y levantándose toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte nuestra nación, y que veda dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo el Rey. Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y al pueblo: Ninguna culpa hallo en este hombre. Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. Y como entendió que era de la jurisdicción de Heródes, le remitió a Heródes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. Y Heródes, viendo a Jesús, se holgó mucho; porque había mucho que le deseaba ver; porque había oído de él muchas cosas; y tenía esperanza que le vería hacer algún milagro. Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió. Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con gran porfía. Mas Heródes con sus soldados le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y le volvió a enviar a Pilato. Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, Les dijo: Me habéis presentado a éste por hombre que pervierte al pueblo; y, he aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusáis. Y ni aun Heródes; porque os remití a él; y he aquí, que ninguna cosa digna de muerte se le ha hecho. Le soltaré pues castigado. Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta. Y toda la multitud dio voces a una, diciendo: Afuera con éste, y suéltanos a Barrabás: (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. Mas ellos volvían a dar voces, diciendo: Crucifícale, Crucifícale. Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho éste? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían. Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; mas entregó a Jesús a la voluntad de ellos. ¶ Y llevándole, tomaron a un Simón, Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase en pos de Jesús. Y le seguía grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. Mas Jesús, vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí; mas lloráos a vosotras mismas, y a vuestros hijos. Porque, he aquí, que vendrán días, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no parieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caéd sobre nosotros; y a los collados: Cubrídnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco qué se hará? Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a matar con él. ¶ Y como vinieron al lugar que se llama Calvario, le crucificaron allí; y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros salvó: sálvese a sí mismo, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. Escarnecían de él también los soldados, llegándose, y presentándole vinagre, Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo. Y había también un título escrito sobre él con letras Griegas, y Latinas, y Hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. ¶ Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros. Y respondiendo el otro, le riñó, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. ¶ Y era como la hora de sexta, y fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. Mas todos sus conocidos estaban de lejos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, mirando estas cosas. ¶ Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno, y justo: El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, varón de Arimatea, ciudad de los Judíos: el cual también esperaba el reino de Dios. Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitado de la cruz, le envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro que era labrado en roca, en el cual aun ninguno había sido puesto. Y era día de la preparación de la pascua; y el sábado esclarecía. Y viniendo también las mujeres que le habían seguido de Galilea, vieron el sepulcro, y como fue puesto su cuerpo. Y vueltas, aparejaron drogas aromáticas, y ungüentos; y reposaron el sábado, conforme al mandamiento.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

