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Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Ezequiel 37

Y la mano de Jehová fue sobre mí, y sacóme en Espíritu de Jehová, y púsome en medio de un campo, que estaba lleno de huesos. E hízome pasar cerca de ellos al derredor al derredor; y he aquí que eran muy muchos sobre la haz del campo, y cierto secos en gran manera. Y díjome: Hijo del hombre, ¿vivirán estos huesos? y dije: Señor Jehová tú lo sabes. Y díjome: Profetiza sobre estos huesos, y díles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así dijo el Señor Jehová a estos huesos: He aquí que yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré nervios sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y haré encorar sobre vosotros cuero, y pondré espíritu en vosotros, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová. Y profeticé como me fue mandado; y hubo un estruendo en profetizando yo; y he aquí un temblor, y los huesos se llegaron cada hueso a su hueso. Y miré, y he aquí nervios sobre ellos, y la carne subió, y encoró cuero por cima de ellos: mas no había en ellos espíritu. Y díjome: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo del hombre, y di al espíritu: Así dijo el Señor Jehová: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me mandó; y entró espíritu en ellos, y vivieron: y estuvieron sobre sus pies, un grande ejército muy mucho. Y díjome: Hijo del hombre, todos estos huesos son la casa de Israel: he aquí que ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y en nosotros mismos somos talados. Por tanto profetiza, y díles: Así dijo el Señor Jehová: He aquí que yo abro vuestros sepulcros, y os haré subir de vuestras sepulturas, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros, y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y yo os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo Jehová hablé e hice: dijo Jehová. Y fue palabra de Jehová a mí, diciendo: Tú pues, hijo del hombre, tómate un palo, y escribe en él a Judá, y a los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él a José palo de Efraím, y a toda la casa de Israel sus compañeros. Y júntalos el uno con el otro, que sean en uno; y serán uno en tu mano. Y cuando te hablaren los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás que te significan estas cosas? Háblales: Así dijo el Señor Jehová: He aquí que yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraím, y a las tribus de Israel sus compañeros, y yo los pondré con él, es a saber, con el palo de Judá; y los haré un palo, y serán uno en mi mano. Y los palos sobre que escribieres, estarán en tu mano delante de sus ojos; Y decirles has: Así dijo el Señor Jehová: He aquí que yo tomo a los hijos de Israel de entre las gentes a las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los traeré a su tierra. Y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será a todos ellos por rey: ni nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán más partidos en dos reinos. Ni más se contaminarán con sus ídolos, y con sus abominaciones, y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus habitaciones en las cuales pecaron; y yo los limpiaré, y a mí serán por pueblo, y yo a ellos por Dios. Y mi siervo David será rey sobre ellos, y a todos ellos será un pastor; y andarán en mis derechos, y mis ordenanzas guardarán, y hacerlas han. Y habitarán sobre la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres: sobre ella habitarán ellos, y sus hijos, y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David les será príncipe para siempre. Y concertaré con ellos concierto de paz, concierto perpetuo será con ellos; y yo los pondré, y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Y estará en ellos mi tabernáculo; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo. Y sabrán las gentes que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario entre ellos para siempre.

Primera lectura

Proverbios 5:1-12

Hijo mío está atento a mi sabiduría, y a mi inteligencia inclina tu oído: Para que guardes mis consejos; y tus labios conserven la ciencia. Porque los labios de la mujer extraña destilan panal de miel; y su paladar es más suave que el aceite: Mas su fin es amargo como el ajenjo; agudo como espada de dos filos. Sus pies descienden a la muerte: sus pasos sustentan el sepulcro. Si no pesares el camino de vida, sus caminos son instables: no los conocerás. Ahora pues, hijos, oídme, y no os apartéis de las razones de mi boca. Aleja de ella tu camino; y no te acerques a la puerta de su casa. Porque no des a los extraños tu honor; y tus años a cruel. Porque no se harten los extraños de tu fuerza; y tus trabajos estén en casa del extraño: Y gimas en tus postrimerías, cuando se consumiere tu carne y tu cuerpo, Y digas: ¿Cómo aborrecí el castigo; y mi corazón menospreció la reprensión,

Primera lectura

Josué 2:1-24

Y Josué hijo de Nun envió desde Setim dos espías secretamente, diciéndoles: Andád, considerád la tierra, y a Jericó. Los cuales fueron, y entráronse en casa de una mujer ramera que se llamaba Raab, y posaron allí. Y fue dado aviso al rey de Jericó, diciendo: He aquí que hombres de los hijos de Israel han venido aquí esta noche a espiar la tierra. Entonces el rey de Jericó envió a Raab, diciendo: Saca fuera los hombres que han venido a ti, y han entrado en tu casa; porque han venido a espiar toda la tierra: Mas la mujer había tomado los dos hombres, y los había escondido; y dijo: Verdad es que hombres vinieron a mí: mas yo no supe de donde eran. Y siendo ya oscuro y cerrándose la puerta, esos hombres se salieron, y no sé donde se fueron: seguídlos a priesa, que alcanzarlos heis. Mas ella los había hecho subir a la techumbre, y los había escondido entre unos tascos de lino que tenía puestos sobre la techumbre. Y los hombres fueron tras ellos por el camino del Jordán hasta los vados: y la puerta fue cerrada después que salieron los que iban tras ellos. Mas antes que ellos durmiesen, ella subió a ellos sobre la techumbre, y díjoles: Yo sé que Jehová os ha dado esta tierra: porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros: y todos los moradores de la tierra están desmayados por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del mar Bermejo delante de vosotros, cuando salisteis de la tierra de Egipto; y lo que habéis hecho a los dos reyes de los Amorreos, que estaban de esa parte del Jordán, Sejón, y Og, a los cuales destruisteis. Oyendo esto ha desmayado nuestro corazón; ni más ha quedado espíritu en alguno por causa de vosotros. Porque Jehová vuestro Dios, es Dios arriba en los cielos, y abajo en la tierra. Ruégoos pues ahora, que me juréis por Jehová, que como yo he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros, con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una cierta señal; Y que daréis la vida a mi padre y a mi madre; y a mis hermanos y hermanas, y a todo lo que es suyo; y que escaparéis nuestras vidas de la muerte. Y ellos le respondieron: Nuestra alma será por vosotros hasta la muerte, si no denunciareis este nuestro negocio: y cuando Jehová nos hubiere dado la tierra, nosotros haremos contigo misericordia y verdad. Entonces ella los hizo descender con una cuerda por la ventana: porque su casa estaba a la pared del muro: y ella vivía en el muro. Y díjoles: Idos al monte: porque los que fueron tras vosotros, no os encuentren: y estád escondidos allá tres días, hasta que los que os siguen, hayan vuelto: y después os iréis vuestro camino. Y ellos le dijeron: Nosotros seremos desobligados de este tu juramento con que nos has conjurado, en esta manera: Que cuando nosotros entráremos la tierra, tú atarás esta cuerda de grana a la ventana por la cual nos descendiste, y tú juntarás en tu casa tu padre y tu madre, tus hermanos y toda la familia de tu padre. Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza y nosotros seremos sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza si mano le tocare. Mas si tú denunciares este nuestro negocio, nosotros seremos desobligados de este tu juramento con que nos has juramentado. Y ella respondió: Como habéis dicho, así sea. Y así los envió, y se fueron; y ella ató la cuerda de grana a la ventana. Y caminando ellos llegaron al monte y estuviéronse allí tres días, hasta que los que les seguían, fuesen vueltos: y los que los siguieron, buscaron por todo el camino, mas no los hallaron. Y tornándose los dos varones descendieron del monte, y pasaron, y vinieron a Josué hijo de Nun: y contáronle todas las cosas que les habían acontecido. Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos: y también todos los moradores de la tierra están desmayados delante de nosotros.

Primera lectura

Deuteronomio 1

Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel de esta parte del Jordán en el desierto, en el llano, delante del mar Bermejo, entre Farán, y Tofel, y Labán, y Jaserot, y Dizahab. Once jornadas hay desde Horeb camino del monte de Seir hasta Cádes-barne. Y fue, que a los cuarenta años, en el mes undécimo, al primero del mes, Moisés habló a los hijos de Israel conforme a todas las cosas que Jehová le había mandado acerca de ellos: Después que hirió a Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jesebón, y a Og rey de Basán, que habitaba en Astarot en Edrai, De esta parte del Jordán en tierra de Moab quiso Moisés declarar esta ley, diciendo: Jehová nuestro Dios nos habló en Horeb, diciendo: Harto habéis estado en este monte; Volvéos, partíos, e id al monte del Amorreo, y a todas sus comarcas en el llano, en el monte, y en los valles, y al mediodía, y a la costa de la mar: a la tierra del Cananeo, y el Líbano hasta el gran río, el río de Éufrates. Mirád, yo he dado la tierra en vuestra presencia, entrád y poseéd la tierra, que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les daría a ellos y a su simiente después de ellos. ¶ Y yo os hablé entonces, diciendo: Yo no puedo llevaros solo; Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, que, he aquí, sois hoy vosotros como las estrellas del cielo en multitud. Jehová Dios de vuestros padres añada sobre vosotros como sois mil veces, y os bendiga, como os ha prometido. ¿Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas, y vuestros pleitos? Dad de vosotros varones sabios y entendidos, y expertos, de vuestras tribus, para que yo los ponga por vuestras cabezas. Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es lo que has dicho para que se haga. Y tomé los principales de vuestras tribus, varones sabios y expertos, y púselos por príncipes sobre vosotros, príncipes de millares, y príncipes de cientos, y príncipes de cincuenta, y príncipes de diez, y gobernadores a vuestras tribus. Y entonces mandé a vuestros jueces, diciendo: Oíd entre vuestros hermanos: juzgád justamente entre el hombre y su hermano, y entre su extranjero. No tengáis respeto de personas en el juicio: así al pequeño como al grande oiréis: no habréis temor de ninguno, porque el juicio es de Dios: y la causa que os fuere difícil, llegaréis a mí, y yo la oiré. Y entonces os mandé todo lo que hubieseis de hacer. ¶ Y partidos de Horeb, anduvimos todo este desierto grande y temeroso, que habéis visto, por el camino del monte del Amorreo, como Jehová nuestro Dios nos lo mandó: y llegamos hasta Cádes-barne. Y os dije: Llegado habéis al monte del Amorreo, el cual Jehová nuestro Dios nos da. Mira, Jehová tu Dios ha dado delante de ti la tierra: sube y poséela, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho, no temas, ni desmayes. ¶ Y llegasteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros, que nos reconozcan la tierra, y nos tornen la respuesta; el camino por donde hemos de subir, y las ciudades a donde hemos de venir. Y el dicho me pareció bien, y tomé doce varones de vosotros un varón por tribu; Y volvieron, y subieron al monte, y vinieron hasta el arroyo de Escol, y reconocieron la tierra. ¶ Y tomaron en sus manos del fruto de la tierra, y trajéronnoslo, y diéronnos la respuesta, y dijeron: Buena es la tierra que Jehová nuestro Dios nos da. Y no quisisteis subir, mas os rebelasteis al dicho de Jehová vuestro Dios: Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrecía, nos sacó de tierra de Egipto, para entregarnos en mano del Amorreo para destruirnos. ¿Dónde subimos? Nuestros hermanos han hecho desleir nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros; las ciudades grandes y encastilladas hasta el cielo, y también vimos allí hijos de gigantes. Entonces yo os dije: No temáis, ni hayáis miedo de ellos: Jehová vuestro Dios, el que va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo con vosotros en Egipto delante de vuestros ojos; Y en el desierto, has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido a este lugar. Y aun con esto no habéis creído en Jehová vuestro Dios. El cual iba delante de vosotros por el camino, para reconoceros el lugar donde habíais de asentar el campo, con fuego de noche, para mostraros el camino por donde anduvieseis: y con nube de día. ¶ Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras, y enojóse, y juró, diciendo: No verá hombre de estos, esta mala generación, la buena tierra, que juré que había de dar a vuestros padres: Sino fuere Caleb hijo de Jefone, él la verá, y yo le daré la tierra que holló, a él y a sus hijos, porque cumplió en pos de Jehová. Y también contra mí se airó Jehová por vosotros, diciendo: Tampoco tú entrarás allá. Josué hijo de Nun, que está delante de ti, él entrará allá; esfuérzale, porque él la hará heredar a Israel. Y vuestros chiquitos, de los cuales dijisteis, serán por presa; y vuestros hijos, que no saben hoy bueno ni malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. Y vosotros volvéos, y partíos al desierto camino del mar Bermejo. ¶ Y respondisteis y me dijisteis: Pecamos a Jehová, nosotros subiremos, y pelearemos, conforme a todo lo que Jehová nuestro Dios nos ha mandado. Y os armasteis cada uno de sus armas de guerra, y os apercebisteis para subir al monte, Y Jehová me dijo: Díles: No subáis, ni peleéis, porque yo no estoy entre vosotros, y no seáis heridos delante de vuestros enemigos. Y os hablé y no oísteis; antes os rebelasteis al dicho de Jehová, y porfiasteis con soberbia, y subisteis al monte. Y salió el Amorreo, que habitaba en aquel monte, a vuestro encuentro, y os persiguieron, como hacen las avispas, y os quebrantaron en Seir hasta Jorma. Y volvisteis, y llorasteis delante de Jehová, y Jehová no oyó vuestra voz, ni os escuchó. Y estuvisteis en Cádes por muchos días, como parece en los días que habéis estado.

Epístola

Isaías 49:8-15

Así dijo Jehová: En hora de contentamiento te oí, y en día de salud te ayudé; y guardarte he, y darte he por alianza de pueblo, para que despiertes la tierra, para que heredes heredades asoladas. Para que digas a los presos: Salíd; y a los que están en tinieblas: Manifestáos. Sobre los caminos serán apacentados, y en todas las cumbres serán sus pastos. Nunca tendrán hambre ni sed, ni el calor los afligirá, ni el sol; porque el que de ellos ha misericordia, los guiará, y a manaderos de aguas los pastoreará. Y todos mis montes tornaré camino; y mis calzadas serán levantadas. He aquí, estos vendrán de lejos; y he aquí, estotros del norte y del occidente; y estotros de la tierra del mediodía. Cantád alabanzas, o! cielos, y alégrate, tierra, y rompéd en alabanza, o! montes; porque Jehová ha consolado su pueblo, y de sus pobres tendrá misericordia. ¶ Mas Sión dijo: Dejóme Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Olvidarse ha la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque estas se olviden, yo no me olvidaré de ti.

Salmo responsorial

Salmos 146

Alaba, o! alma mía, a Jehová. Alabaré a Jehová en mi vida: diré salmos a mi Dios mientras viviere. No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre; porque no hay en él salud. Saldrá su espíritu, volverse ha el hombre en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos. ¶ Bienaventurado aquel cuyo ayudador es el Dios de Jacob: cuya esperanza es en Jehová su Dios. El que hizo los cielos y la tierra: la mar, y todo lo que en ello está: el que guarda verdad para siempre: El que hace derecho a los agraviados, el que da pan a los hambrientos: Jehová el que suelta a los aprisionados: Jehová es el que abre los ojos a los ciegos: Jehová el que ama a los justos: Jehová el que guarda a los extranjeros: al huérfano y a la viuda levanta; y el camino de los impíos trastorna. Reinará Jehová para siempre: tu Dios, o! Sión, por generación y generación. Alelu-Jah.

Salmo responsorial

Salmos 16

Guárdame, o! Dios: porque en ti he confiado. Dijiste, o! alma mía, a Jehová: Tú eres, Señor; mi bien no viene a ti: A los santos que están en la tierra, y a los fuertes, toda mi voluntad en ellos. Multiplicarán sus dolores de los que se apresuraren tras otro dios; no derramaré sus derramaduras de sangre, ni tomaré sus nombres en mis labios. Jehová la porción de mi parte, y de mi vaso: tú sustentarás mi suerte. Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos: asimismo la heredad se hermoseó sobre mí. Bendeciré a Jehová, que me aconseja; aun en las noches me enseñan mis riñones. A Jehová he puesto delante de mí siempre: porque estando él a mi diestra, no seré conmovido. Por tanto se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria: también mi carne reposará segura. Porque no dejarás mi alma en el sepulcro: ni darás tu Santo para que vea corrupción. Hacerme has saber la senda de la vida, hartura de alegrías hay con tu rostro: deleites en tu diestra para siempre.

Evangelio

Juan 8:12-20

¶ Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas; mas tendrá la luz de vida. Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y a donde voy; mas vosotros no sabéis de donde vengo, y a donde voy. Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo a nadie. Mas si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo, y el Padre que me envió. Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y da testimonio de mí el Padre que me envió. Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre. Si a mí me conocieseis, a mi Padre también conoceríais. Estas palabras habló Jesús en el tesoro, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no había venido su hora.

Salmo responsorial

Salmos 86

Inclina, o! Jehová, tu oído, y óyeme: porque soy afligido y menesteroso. Guarda mi alma, porque soy piadoso; salva a tu siervo, tú, o! Dios mío, que en ti confía. Ten misericordia de mí, o! Jehová: porque a ti clamo todo el día. Alegra el alma de tu siervo: porque a ti, o! Señor, levanto mi alma. Porque tú Señor eres bueno, y perdonador: y grande en misericordia a todos los que te invocan. Escucha, o! Jehová, mi oración, y está atento a la voz de mis ruegos. En el día de mi angustia te llamaré: porque me respondes. O! Señor, no hay como tú entre los dioses: ni como tus obras. Todas las gentes que hiciste, vendrán, y se humillarán delante de ti, Señor: y glorificarán tu nombre. Porque tú eres grande, y hacedor de maravillas: tú solo eres Dios. Enséñame, o! Jehová, tu camino: ande yo en tu verdad: aúna mi corazón, para que tema tu nombre. Alabarte he, o! Jehová, Dios mío, con todo mi corazón: y glorificaré tu nombre para siempre. Porque tu misericordia es grande sobre mí: y escapaste mi alma del hoyo profundo. O! Dios, soberbios se levantaron contra mí: y conspiración de fuertes buscaron a mi alma; y no te pusieron delante de sí. Mas tú Señor, Dios misericordioso, y clemente, luengo de iras, y grande en misericordia y verdad; Mira en mí, y ten misericordia de mí: da tu fortaleza a tu siervo, y guarda al hijo de tu sierva. Haz conmigo señal para bien, y veánla los que me aborrecen, y sean avergonzados: porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste.

Salmo responsorial

Salmos 91

El que habita en el escondedero del Altísimo, morará en la sombra del Omnipotente. Diré a Jehová: Esperanza mía y castillo mío: Dios mío: asegurarme he en él. Porque él te escapará del lazo del cazador: de la mortandad de destrucciones. Con su ala te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga, es su verdad. No habrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día, Ni de pestilencia que ande en oscuridad: ni de mortandad que destruya al mediodía. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra: a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás; y verás la recompensa de los impíos. Porque tú, o! Jehová, eres mi esperanza: y al Altísimo has puesto por tu habitación. No se ordenará para ti mal: ni plaga tocará a tu morada. Porque a sus ángeles mandará cerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, porque tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el basilisco pisarás, hollarás al cachorro del león, y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también le escaparé: ponerle he alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Llamarme ha, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: escaparle he, y glorificarle he. De longura de días le hartaré: y mostrarle he mi salud.

Segunda lectura

Isaías 35:1-10

Alegrarse han el desierto y la soledad: el yermo se gozará, y florecerá como lirio. Floreciendo florecerá, y también con gozo se alegrará, y cantará: honra del Líbano le será dada, hermosura de Carmelo, y de Sarón. Ellos verán la gloria de Jehová, la hermosura del Dios nuestro. Confortád a las manos cansadas: esforzád las rodillas que titubean. Decíd a los medrosos de corazón: Confortáos, no temáis: he aquí que vuestro Dios viene con venganza, con pago, el mismo Dios vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo cantará; porque aguas serán cavadas en el desierto, y arroyos en la soledad. El lugar seco será tornado en estanque, y el secadal en manaderos de aguas: en la habitación de dragones, en su cama, será lugar de cañas y de juncos. Y habrá allí calzada y camino, y llamarse ha, Camino de santidad: no pasará por él hombre inmundo; y habrá para ellos en él quien vaya camino, de tal manera que los insensatos no yerren. No habrá allí león, ni bestia fiera subirá por él, ni se hallará ahí: para que caminen los redimidos. Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sión con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y retendrán al gozo y a la alegría, y huirá tristeza y gemido.

Segunda lectura

Romanos 6

¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aun en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él en la muerte por el bautismo, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos juntamente en la semejanza de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que está muerto, justificado es del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él: Ciertos que Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. Porque, en cuanto al morir, al pecado murió una vez; mas en cuanto al vivir, para Dios vive. Así también vosotros, juzgád que vosotros de cierto estáis muertos al pecado; mas que vivís para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias. Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad: antes presentáos a Dios como vivientes de entre los muertos; y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; porque no estáis debajo de la ley, sino debajo de la gracia. ¶ ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos debajo de la ley, sino debajo de la gracia? En ninguna manera. ¿O no sabéis, que a quien os presentasteis vosotros mismos por siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis, o del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? Gracias a Dios, que fuisteis siervos del pecado; mas habéis obedecido de corazón a la forma de doctrina a la cual habéis sido entregados: Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia. Hablo humanamente a causa de la flaqueza de vuestra carne: que como presentasteis vuestros miembros por siervos de la inmundicia y de la iniquidad para iniquidad; así ahora presentéis vuestros miembros por siervos de la justicia para santidad. Porque cuando fuisteis siervos del pecado, libres eráis de la justicia. ¿Qué fruto teníais entonces de aquellas cosas, de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es la muerte. Mas ahora librados del pecado, y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santidad, y por fin la vida eterna. Porque el salario del pecado es la muerte: mas el don gratuito de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

Segunda lectura

Hebreos 4

Temamos, pues, no sea que, habiéndonos sido dejada una promesa de entrada en su reposo, parezca a alguno de nosotros quedar frustrado de ella. Porque también a nosotros nos ha sido anunciada la buena nueva como a ellos; mas la palabra oída no les aprovechó a ellos, no siendo mezclada con fe en aquellos que la oyeron. Entramos empero en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Así que juré en mi ira, si entrarán en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo. Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí, Si entrarán en mi reposo. Así que pues que resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quiénes primero fue anunciado el evangelio, no entraron por causa de la incredulidad, Determina otra vez un cierto día, diciendo por David: Hoy, tanto tiempo después; como está dicho: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, nunca habría él hablado, después de esto, de otro día. Así que queda el sabatismo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en el reposo de él, ha reposado también él mismo de sus propias obras, como Dios reposó de las suyas. ¶ Esforcémosnos, pues, a entrar en aquel reposo, a fin de que ninguno caiga en el mismo ejemplo de incredulidad. ¶ Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas, y tuétanos; y que discierne los pensamientos, y las intenciones del corazón. Y no hay criatura alguna que no sea manifiesta en su presencia: antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Teniendo pues un gran sumo sacerdote, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos firme nuestra profesión. Que no tenemos un sumo sacerdote que no se pueda resentir de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, sacado el pecado. Lleguémosnos, pues, confiadamente al trono de su gracia, a fin de alcanzar misericordia, y hallar gracia para el auxilio oportuno.

Segunda lectura

Filipenses 2:12-18

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, mas aun mucho más ahora en mi ausencia, obrád vuestra propia salud con temor y temblor. Porque Dios es el que en vosotros obra, así el querer como el hacer, según su buena voluntad. Hacéd todo sin murmuraciones, y sin disputas; Para que seáis irreprensibles, y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en medio de una raza torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo, Reteniendo la palabra de vida; para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, de que no he corrido en vano, ni trabajado en vano. Y aunque yo sea sacrificado sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me huelgo y me regocijo con todos vosotros. Y por esto mismo holgáos también vosotros, y regocijáos conmigo.

Evangelio

Juan 20

Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vio la piedra quitada del sepulcro. Entonces corrió, y vino a Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le han puesto. Salió pues Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y vino primero al sepulcro. Y abajándose a mirar, vio los lienzos puestos; mas no entró. Vino pues Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos, Y el sudario que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino a parte en un lugar envuelto. Entonces entró también aquel otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aun no sabían la Escritura, que era menester que él resucitase de entre los muertos. Así que volvieron los discípulos a los suyos. ¶ Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando abajóse a mirar en el sepulcro. Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: ¿Mujer, por qué lloras? Ella les dice: Porque han llevado a mi Señor, y no sé donde le han puesto. Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vio a Jesús que estaba en pie; mas no sabía que era Jesús. Dícele Jesús: ¿Mujer, por qué lloras? ¿a quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si tú le has llevado, díme dónde le has puesto, y yo le llevaré. Dícele Jesús: María. Volviéndose ella, dícele: Rabboni, que quiere decir, Maestro. Dícele Jesús: No me toques; porque aun no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y díles: Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, a mi Dios, y a vuestro Dios. Vino María Magdalena dando las nuevas a los discípulos: Que había visto al Señor, y que le dijo estas cosas. ¶ Y como fue tarde aquel mismo día, el primero de la semana, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesús; y púsose en medio, y les dijo: Paz a vosotros. Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los discípulos se regocijaron, viendo al Señor. Entonces díceles otra vez: Paz a vosotros: como me envió mi Padre, así también yo os envío. Y como hubo dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: Recibíd el Espíritu Santo. A los que perdonareis los pecados, les son perdonados; y a los que los retuviereis, les son retenidos. ¶ Empero Tomás uno de los doce, que se llamaba Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. Y ocho días después estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: entonces vino Jesús cerradas las puertas, y púsose en medio, y dijo: Paz a vosotros. Luego dice a Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. Entonces Tomás respondió, y le dijo: Señor mío, y Dios mío. Dícele Jesús: Porque me has visto, oh Tomás, creíste: bienaventurados los que no vieron, y sin embargo creyeron. Y también muchas otras señales por cierto hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. Estas empero están escritas, para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

Evangelio

Marcos 11:27-33

¶ Y volvieron a Jerusalem; y andando él por el templo, vienen a él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos, Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas, y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? Y Jesús entonces respondiendo, les dice: Preguntaros he también yo una palabra, y respondédme, y os diré con que facultad hago estas cosas. ¿El bautismo de Juan, era del cielo, o de los hombres? Respondédme. Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo, dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo; porque todos tenían de Juan, que verdaderamente era profeta. Y respondiendo, dicen a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con que facultad hago estas cosas.

Evangelio

Marcos 7:14-23

¶ Y llamando a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entendéd. Nada hay fuera del hombre que entrando en él, le pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre. Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Y entrándose, dejada la multitud, en casa, le preguntaron sus discípulos de la parábola. Y les dice: ¿Así también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar? Porque no entra en su corazón, sino en el vientre; y sale a la secreta, purgando todas las viandas. Y decía: Lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, el ojo maligno, la blasfemia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

Evangelio

Juan 2

Y al tercero día hiciéronse unas bodas en Cana de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fue también llamado Jesús, y sus discípulos a las bodas. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Y le dice Jesús: ¿Qué tengo yo que ver contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. Su madre dice a los que servían: Hacéd todo lo que él os dijere. Y estaban allí seis tinajuelas de piedra, conforme a la purificación de los Judíos, que cabía en cada una dos o tres cántaros. Díceles Jesús: Llenád estas tinajuelas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Y díceles: Sacád ahora, y presentád al maestresala. Y presentáronle. Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, y no sabía de donde era; (mas los que servían, lo sabían, que habían sacado el agua:) el maestresala llama al esposo, Y le dice: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando ya están hartos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. Este principio de milagros hizo Jesús en Cana de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. ¶ Después de esto descendió a Capernaum, él, y su madre, y sus hermanos, y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días. Y estaba cerca la pascua de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalem. Y halló en el templo los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados. Y hecho un azote de cuerdas, echólos a todos del templo, y las ovejas, y los bueyes, y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas. Y a los que vendían las palomas dijo: Quitád de aquí estas cosas, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercadería. Entonces se acordaron sus discípulos que estaba escrito: El zelo de tu casa me comió. ¶ Y los Judíos respondieron, y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, siendo así que tú haces estas cosas? Respondió Jesús, y les dijo: Destruíd este templo, y en tres días yo lo levantaré. Dijeron luego los Judíos: ¿En cuarenta y seis años fue este templo edificado, y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que les había dicho esto, y creyeron a la Escritura, y a la palabra que Jesús había dicho. Y estando él en Jerusalem en la pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía. Mas el mismo Jesús no se confiaba a sí mismo de ellos, porque él conocía a todos, Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

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