Bosko

Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Hechos 4:1-12

Y hablando ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saduceos, Pesándoles de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesús la resurrección de los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente; porque era ya tarde. Mas muchos de los que habían oído la palabra creyeron; y fue hecho el número de los hombres, como cinco mil. Y aconteció el día siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalem, Y Annás, sumo sacerdote, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran de la parentela del sumo sacerdote. Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué poder, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto? ¶ Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, es a saber, de qué manera éste haya sido sanado; Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, el que vosotros crucificasteis, el que Dios resucitó de los muertos, aun por él éste está en vuestra presencia sano. Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza de la esquina. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que nos sea necesario ser salvos.

Primera lectura

Deuteronomio 26

Y será que cuando hubieres entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad, y la poseyeres, y habitares en ella; Entonces tomarás de las primicias de todos los frutos de la tierra, que trajeres de tu tierra, que Jehová tu Dios te da, y pondrás en un canastillo, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere, para hacer habitar allí su nombre: Y vendrás al sacerdote que fuere en aquellos días, y decirle has: Confieso hoy a Jehová tu Dios, que yo he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos había de dar. Y el sacerdote tomará el canastillo de tu mano, y ponerlo ha delante del altar de Jehová tu Dios. Y responderás, y dirás delante de Jehová tu Dios: El Siro mi padre pereciendo de hambre descendió a Egipto, y peregrinó allá con pocos hombres, y allí creció en gente grande, fuerte, y mucha. Y los Egipcios nos maltrataron, y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová Dios de nuestros padres, y oyó Jehová nuestra voz, y vio nuestra aflicción, y nuestro trabajo, y nuestra opresión: Y sacónos Jehová de Egipto con mano fuerte y con brazo extendido, y con espanto grande, y con señales y con milagros. Y trájonos a este lugar, y diónos esta tierra, tierra que corre leche y miel. Y ahora, he aquí, he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y dejarlo has delante de Jehová tu Dios, e inclinarte has delante de Jehová tu Dios. Y alegrarte has con todo el bien que Jehová tu Dios te hubiere dado a ti y a tu casa, tú y el Levita y el extranjero que está en medio de ti. ¶ Cuando hubieres acabado de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al Levita, al extranjero, al huérfano, y a la viuda, y comerán en tus villas, y hartarse han. Y dirás delante de Jehová tu Dios: Yo he sacado la santidad de casa, y también la he dado al Levita, y al extranjero, y al huérfano, y a la viuda, conforme a todos tus mandamientos que me mandaste: no he pasado de tus mandamientos, ni me he olvidado. No he comido de ella en mi luto, ni he sacado de ella en inmundicia, ni he dado de ella para mortuorio: obedecido he a la voz de Jehová mi Dios, hecho he conforme a todo lo que me has mandado. Mira desde la morada de tu santidad, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que corre leche y miel. ¶ Jehová tu Dios te manda hoy, que hagas estos estatutos y derechos: guarda pues que los hagas con todo tu corazón, y con toda tu alma. A Jehová has ensalzado hoy para ser a ti por Dios, y para andar en sus caminos, y para guardar sus estatutos y sus mandamientos, y sus derechos, y para oír su voz. Y Jehová te ha ensalzado hoy para ser a él por pueblo singular, como él te lo ha dicho, y para guardar todos sus mandamientos: Y para ponerte alto sobre todas las gentes que hizo para loor, y fama, y gloria: y para que seas pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.

Primera lectura

1 Samuel 15:1-23

Y Samuel dijo a Saul: Jehová me envió a que te ungiese por rey sobre su pueblo Israel: oye pues la voz de las palabras de Jehová. Así dijo Jehová de los ejércitos: Acuérdome de lo que hizo Amalec a Israel: que se le opuso en el camino, cuando subía de Egipto. Vé, pues, e hiere a Amalec, Y destruiréis en él todo lo que tuviere; y no hayas piedad de él. Mata hombres y mujeres, niños y mamantes, vacas y ovejas, camellos y asnos. Y Saul juntó el pueblo, y reconociólos en Telaim, doscientos mil hombres de a pie, y diez mil varones de Judá. Y viniendo Saul a la ciudad de Amalec puso emboscada en el valle. Y Saul dijo al Cineo: Idos, apartáos, y salíd de entre los de Amalec: porque no te destruya juntamente con él; porque tú hiciste misericordia con todos los hijos de Israel, cuando subían de Egipto. Y el Cineo se apartó de entre los de Amalec. Y Saul hirió a Amalec desde Hevila hasta llegar a Sur que está a la frontera de Egipto. Y tomó vivo a Agag rey de Amalec, mas a todo el pueblo mató a filo de espada. Y Saul y el pueblo perdonaron a Agag, a lo mejor de las ovejas, y al ganado mayor, a los gruesos, y a los carneros, y finalmente a todo lo bueno, que no lo quisieron destruir: mas todo lo que era vil y flaco destruyeron. ¶ Y fue palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Pésame de haber puesto por rey a Saul; porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y pesó a Samuel: y clamó a Jehová toda aquella noche. Y Samuel madrugó por venir a recibir a Saul por la mañana: y fue dado aviso a Samuel, diciendo: Saul es venido al Carmelo: y, he aquí, él se ha levantado un trofeo: y que volviendo había pasado, y descendido a Galgala. Vino pues Samuel a Saul, y Saul le dijo: Bendito seas tú de Jehová, yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ganados y bramido de bueyes es este que yo oigo con mis oídos? Y Saul respondió: De Amalec los han traído: porque el pueblo perdonó a lo mejor de las ovejas, y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios: y los demás destruimos. Entonces Samuel dijo a Saul: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Dí. Y dijo Samuel: ¿Siendo tú pequeño en tus ojos, no has sido hecho cabeza a las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y envióte Jehová en jornada, y dijo: Vé, y destruye los pecadores de Amalec, y házles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué pues no has oído la voz de Jehová, antes vuelto al despojo, has hecho lo malo en los ojos de Jehová? Y Saul respondió a Samuel: Antes he oído la voz de Jehová, y fui a la jornada donde Jehová me envió, y he traído a Agag rey de Amalec, y he destruido los Amalecitas. Mas el pueblo tomó del despojo ovejas y vacas, las primicias del anatema, para sacrificarlas a Jehová tu Dios en Galgal. Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como con obedecer a la palabra de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios: y el escuchar, que el sebo de los carneros. Porque pecado es de adivinación la rebelión, e ídolo e idolatría, el quebrantar. Y por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado que no seas rey.

Oración matutina — primera lectura

2 Samuel 22

Y habló David a Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le libró de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saul, y dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi librador. Dios es mi peñasco, en él confiaré: mi escudo, y el cuerno de mi salud: mi fortaleza, y mi refugio: mi salvador, que me librarás de violencia. A Jehová digno de ser loado invocaré, y seré salvo de mis enemigos. Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron; Cuando las cuerdas del sepulcro me ciñeron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado; Cuando tuve angustia, invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios, y él desde su templo oyó mi voz, mi clamor llegó a sus oídos. La tierra se removió, y tembló: los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se estremecieron; porque él se airó. Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones. Y abajó los cielos y descendió: una oscuridad debajo de sus pies. Subió sobre el querubim, y voló: aparecióse sobre las alas del viento. Puso tinieblas al derredor de sí como por cabañas: aguas negras, y espesas nubes. Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes. Tronó de los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz. Arrojó saetas, y desbaratólos: relampagueó, y los consumió. Entonces aparecieron los manaderos de la mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos por la reprensión de Jehová, por la respiración del resuello de su nariz. Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme, y sacóme de las muchas aguas. Libróme de fuertes enemigos, de los que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo. Los cuales en el día de mi calamidad me tomaron descuidado: mas Jehová fue mi bordón. Sacóme a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí. Pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a la limpieza de mis manos me dio la paga. Porque yo guardé los caminos de Jehová: y no me aparté impíamente de mi Dios. Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas: y sus fueros, no me retiraré de ellos. Y fui perfecto con él, y me guardé de mi iniquidad. Y pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a mi limpieza delante de sus ojos. Con el bueno eres bueno, y con el valeroso perfecto, eres perfecto. Con el limpio eres limpio: mas con el perverso, eres perverso. Y salvas al pueblo pobre: mas tus ojos, sobre los altivos, para abatirlos. Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová: Jehová da luz a mis tinieblas. Porque en ti romperé ejércitos, y en mi Dios saltaré las murallas. Dios, perfecto su camino: la palabra de Jehová purificada, escudo es de todos los que en él esperan. Porque ¿qué Dios hay sino Jehová? ¿O quién es fuerte sino nuestro Dios? Dios es el que con virtud me corrobora, y el que escombra mi camino. El que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas. El que enseña mis manos para la pelea: y el que da que yo quiebre con mis brazos el arco de acero. Tú me diste el escudo de tu salud, y tu benignidad me ha multiplicado. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas. Perseguiré mis enemigos, y quebrantarlos he, y no me volveré hasta que los acabe. Consumirlos he, y herirlos he; que no se levantarán. Y caerán debajo de mis pies. Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron. Tú me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y que yo los talase. Miraron, y no hubo quien los librase; a Jehová, mas no les respondió. Yo los quebrantaré como a polvo de la tierra: como a lodo de las plazas los desmenuzaré, y los disiparé. Tú me libraste de contiendas de pueblos: tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: pueblos que no conocía, me sirvieron. Los extraños titubeaban a mí; en oyendo me obedecían. Los extraños se desleían, y temblaban en sus encerramientos. Viva Jehová, y sea bendita mi roca: sea ensalzado el Dios, que es la roca de mi salvamento. El Dios, que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí, Que me saca de entre mis enemigos: tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí: librásteme del varón de iniquidades. Por tanto yo te confesaré en las gentes, oh Jehová, y cantaré a tu nombre. El que engrandece las saludes de su rey: y el que hace misericordia a su ungido David, y a su simiente para siempre.

Epístola

1 Pedro 5:1-4;5:10-11

Yo ruego a los ancianos que están entre vosotros, (yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada:) Apacentád el rebaño de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de él, no por fuerza, mas voluntariamente: no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; Y no como teniendo señorío sobre las herencias de Dios, sino de tal manera que seáis dechados de la grey. Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona inmarcesible de gloria. Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesu Cristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, el mismo os perfeccione, confirme, corrobore, y establezca: A él la gloria, y el imperio para siempre. Amén.

Primera lectura

Job 39

¿Sabes tú el tiempo en qué paren las cabras monteses? ¿o miraste tú las ciervas, cuando están pariendo? ¿Contaste tú los meses de su preñez? ¿y sabes el tiempo cuando han de parir? Como se encorvan, quebrantan sus hijos, pasan sus dolores: Como después sanan los hijos, crecen con el grano: salen, y nunca más vuelven a ellas. ¿Quién echó libre al asno montés? ¿y quién soltó sus ataduras? Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en la tierra salada. Ríese de la multitud de la ciudad: no oye las voces del pechero. Lo oculto de los montes es su pasto, y anda buscando todo lo que está verde. ¿Querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar a tu pesebre? ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿labrará los valles en pos de ti? ¿Confiarás tú en él, por ser grande su fortaleza, y fiarás de él tu labor? ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que allegará en tu era? ¿Hiciste tú las alas alegres del avestruz: los cañones y la pluma de la cigüeña? La cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta, Y olvídase de que los pisará algún pie, y que los quebrará alguna bestia del campo. Endurécese para con sus hijos, como si no fuesen suyos, no temiendo de que su trabajo haya sido en vano: Porque Dios la hizo olvidar de sabiduría, y no le dio inteligencia. A su tiempo se levanta en alto, y se burla del caballo, y del que sube en él. ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿vestiste tú su cerviz de relincho? ¿Espantarle has tú como a alguna langosta, en cuya nariz hay fuerza para espantar? Escarba la tierra, alégrase en su fuerza, sale al encuentro de las armas: Hace burla del espanto, y no teme; ni vuelve el rostro delante de la espada. Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza, y de la pica; Y él con ímpetu y furor escarba la tierra, y no estima el sonido de la bocina. Entre las bocinas dice: ¡Ea! y desde lejos huele la batalla, el estruendo de los príncipes, y el clamor. ¿Vuela el gavilán por tu industria, y extiende sus alas hacia el mediodía? ¿Enaltécese el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido: Habita, y está en la piedra en la cumbre del peñasco, y de la roca? Desde allí asecha la comida: sus ojos consideran muy lejos. Y sus pollos tragan sangre; y adonde hubiere muertos, allí está.

Oración matutina — segunda lectura

Hechos 23

Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dijo: Varones y hermanos: yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. Y el sumo sacerdote, Ananías, mandó a los que estaban cerca de él que le hiriesen en la boca. Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios a ti, pared blanqueada; porque tú estas sentado para juzgarme conforme a la ley: ¿Y contra la ley me mandas herir? Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios vilipendias? Y Pablo dijo: No sabía yo, hermanos, que era el sumo sacerdote; porque escrito está: No hablarás mal del gobernador de tu pueblo. Entonces Pablo, viendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones y hermanos, yo Fariseo soy, hijo de Fariseo, de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado. Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fue dividida. (Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas.) Hubo, pues, un gran clamor; y levantándose los escribas que estaban de la parte de los Fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre: que si algún espíritu le ha hablado, o un ángel, no peleemos contra a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno temiendo que Pablo no fuese despedazado por ellos, mandó venir soldados y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza. Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía Pablo: que como has testificado de mí en Jerusalem, así has de testificar también en Roma. ¶ Y venido el día, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron debajo de maldición, diciendo, que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo. Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración: Los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo. Ahora pues vosotros con el concilio hacéd saber al tribuno, que le saque mañana a vosotros, como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estamos aparejados para matarle. Entonces el hijo de la hermana de Pablo, oyendo de las asechanzas, vino, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. Y Pablo llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte. Y el tribuno tomándole de la mano, y apartándose aparte con él, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes de que darme aviso? Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta. Mas tú no confíes de ellos; porque más de cuarenta varones de ellos le asechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa. Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto. Y llamados dos centuriones, les mandó que apercibiesen doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, con doscientos lanceros para la tercera hora de la noche; Y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador; Escribiendo una carta que en suma contenía esto: Claudio Lisias a Félix gobernador excelente, salud. A este varón, tomado por los Judíos, y que le comenzaban a matar, libré yo, sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era Romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos. Y hallé que le acusaban de algunas cuestiones de la ley de ellos, mas que ningún crímen tenía digno de muerte, o de prisión. Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los Judíos, en la misma hora le envié a ti: mandando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Bien hayas. Entonces los soldados tomaron a Pablo, como les era mandado, y le trajeron de noche a Antipatris. Y el día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza. Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que era de Cilicia: Te oiré, dijo, cuando vinieren también tus acusadores. Y mandó que le guardasen en la audiencia de Heródes.

Salmo responsorial

Salmos 31

En ti, Jehová, he esperado; no sea yo avergonzado para siempre: líbrame en tu justicia. Inclina a mí tu oído, escápame presto, séme por roca de fortaleza: por casa fuerte para salvarme. Porque tú eres mi roca, y mi castillo: y por tu nombre me guiarás, y me encaminarás. Sacarme has de la red, que han escondido para mí; porque tú eres mi fortaleza. En tu mano encomendaré mi espíritu: redimísteme o! Jehová Dios de verdad. Aborrecí los que esperan en las vanidades de vanidad: y yo en Jehová he esperado. Gozarme he, y alegrarme he en tu misericordia; porque has visto mi aflicción: has conocido mi alma en las angustias. Y no me encerraste en la mano del enemigo: antes hiciste estar mis pies en anchura. Ten misericordia de mí, o! Jehová, que estoy en angustia: hánse carcomido con enojo mis ojos, mi alma, y mi vientre. Porque se ha acabado con dolor mi vida, y mis años con suspiro; háse enflaquecido mi fuerza a causa de mi iniquidad; y mis huesos se han podrido. De todos mis enemigos he sido oprobio, y de mis vecinos en gran manera, y horror a mis conocidos: los que me veían fuera, huían de mí. He sido olvidado de corazón como muerto: he sido como un vaso perdido. Porque he oído afrenta de muchos: miedo en derredor, cuando consultaban juntos contra mí, para prender mi alma pensaban. Mas yo sobre ti confié, o! Jehová; dije: Mi Dios eres tú. En tu mano están mis tiempos: líbrame de la mano de mis enemigos, y de mis perseguidores. Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo: sálvame por tu misericordia. Jehová, no sea yo confuso, porque te he invocado: sean confusos los impíos, sean cortados para el infierno. Enmudezcan los labios mentirosos, que hablan contra el justo cosas duras con soberbia y menosprecio. ¶ ¡Cuán grande es tu bien, que has guardado para los que te temen: que has obrado, para los que esperan en ti delante de los hijos de los hombres! Esconderlos has en el escondedero de tu rostro de las arrogancias de cada cual: esconderlos has en el tabernáculo de cuestión de lenguas. Bendito Jehová; porque ha hecho maravillosa su misericordia para conmigo en ciudad fuerte. Y yo decía en mi priesa: Cortado soy de delante de tus ojos: mas ciertamente tú oías la voz de mis ruegos, cuando clamaba a ti. Amád a Jehová todos sus misericordiosos: a los fieles guarda Jehová, y paga abundantemente al que hace con soberbia. Esforzáos, y esfuércese vuestro corazón, todos los que esperáis en Jehová.

Evangelio

Mateo 16:13-19

¶ Y viniendo Jesús a las partes de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Y ellos dijeron: Unos: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Jeremías, o alguno de los profetas. Díceles él: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Y respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti daré las llaves del reino de los cielos; que todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos.

Salmo responsorial

Salmos 103

Bendice, alma mía, a Jehová, y todas mis entrañas a su nombre santo. Bendice, alma mía, a Jehová, y no te olvides de todos sus beneficios. El que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades. El que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de misericordia y miseraciones. El que harta de bien tu boca; renovarse ha como el águila tu juventud. Jehová, el que hace justicias, y juicios a todos los que padecen violencia. Sus caminos notificó a Moisés, y a los hijos de Israel sus obras. Misericordioso y clemente es Jehová, luengo de iras, y grande en misericordia. No contenderá para siempre; ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades; ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones. Como el padre tiene misericordia de los hijos, tiene misericordia Jehová de los que le temen. Porque él conoce nuestra hechura; acuérdase que somos polvo. El varón, como la yerba son sus días; como la flor del campo así florece. Que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conoce más. Mas la misericordia de Jehová, desde el siglo y hasta el siglo, sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos: Sobre los que guardan su concierto, y los que se acuerdan de sus mandamientos para hacerlos. Jehová afirmó en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos. Bendecíd a Jehová sus ángeles valientes de fuerza, que ejecutan su palabra obedeciendo a la voz de su palabra. Bendecíd a Jehová todos sus ejércitos, sus ministros, que hacen su voluntad. Bendecíd a Jehová todas sus obras en todos los lugares de su señorío. Bendice alma mía a Jehová.

Salmo responsorial

Salmos 116

Amé a Jehová, porque ha oído mi voz: mis ruegos. Porque ha inclinado su oído a mí; y en mis días le llamaré, Rodeáronme los dolores de la muerte, las angustias del sepulcro me hallaron: angustia y dolor había hallado: Y llamé el nombre de Jehová: Escapa ahora mi alma, o! Jehová. Clemente es Jehová y justo, y misericordioso nuestro Dios. Guarda a los sencillos Jehová: yo estaba debilitado y salvóme. Vuelve, o! alma mía, a tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien. Porque has librado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, mis pies del rempujón. Andaré delante de Jehová en las tierras de los vivos. Creí, por tanto hablé: y fui afligido en gran manera. Y dije en mi apresuramiento: Todo hombre es mentiroso. ¶ ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios sobre mí? El vaso de saludes tomaré; e invocaré el nombre de Jehová. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo. Estimada es en los ojos de Jehová la muerte de sus piadosos. Así es, o! Jehová; porque yo soy tu siervo, yo soy tu siervo, hijo de tu sierva, tú rompiste mis prisiones. A ti sacrificaré sacrificio de alabanza; y el nombre de Jehová invocaré. Ahora pagaré mis votos a Jehová delante de todo su pueblo; En los patios de la casa de Jehová; en medio de ti, o! Jerusalem. Alelu-Jah.

Salmo responsorial

Salmos 111

Alabaré a Jehová con todo el corazón, en la compañía y congregación de los rectos. Grandes son las obras de Jehová: buscadas de todos los que las quieren. Honra y hermosura es su obra; y su justicia permanece para siempre. Hizo memorables sus maravillas: clemente y misericordioso es Jehová. Dio mantenimiento a los que le temen: para siempre se acordará de su concierto. La fortaleza de sus obras anunció a su pueblo: dándoles la heredad de los Gentiles. Las obras de sus manos son verdad y juicio: fieles son todos sus mandamientos; Afirmados por siglo de siglo: hechos en verdad y en rectitud. Redención ha enviado a su pueblo; ordenó para siempre su concierto: santo y terrible es su nombre. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; entendimiento bueno es a todos los que guardan sus mandamientos: su loor permanece para siempre.

Oración vespertina — primera lectura

2 Samuel 23

Estas son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí: y dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua. El Dios de Israel me ha dictado: El Fuerte de Israel habló: Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios. ¶ Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes resplandeciente, cuando cae lluvia sobre la yerba de la tierra: No será así mi casa para con Dios: mas él ha hecho conmigo concierto perpetuo, ordenado en todas las cosas y seguro; por lo cual a toda mi salud, y a toda mi voluntad no así hará producir. Mas los hijos de Belial serán como espinas arrancadas todos ellos, las cuales nadie toma con la mano: Mas el que quiere tocar en ellas, ármase de hierro, y de una asta de lanza, y son quemadas en su lugar. ¶ Estos son los nombres de los varones valientes que tuvo David. El que se asentó en cátedra de sabiduría, principal de los tres, Adino Hesneo, que una vez fue sobre ochocientos muertos. Después de este fue Eleazar, hijo de Dodo, hijo de Ahohi, entre los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron a los Filisteos, que se habían juntado allí a la batalla, cuando subieron los de Israel. Este levantándose hirió a los Filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó su mano pegada a la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud, y el pueblo se volvió en pos de él solamente a tomar el despojo. Después de este fue Samma, hijo de Age, Arareo: Que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los Filisteos: Este entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, e hirió a los Filisteos, y Jehová hizo una gran salud. Estos tres que eran de los treinta principales, descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David a la cueva de Odollam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Rafaim. David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Belén. Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera de beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta! Entonces estos tres valientes rompieron en el campo de los Filisteos, y sacaron del agua de la cisterna de Belén, que estaba a la puerta, y tomaron, y trajéronla a David: mas él no la quiso beber, sino derramóla a Jehová, diciendo: Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿La sangre de los varones que fueron por ella con peligro de su vida tengo de beber? Y no quiso beber de ella. Estos tres valientes hicieron esto. Y Abisaí hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de tres: el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató, y tuvo nombre entre los tres. El fue el más noble de los tres, y el primero de ellos, mas no llegó a los tres primeros. Banaías, hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab. Y él mismo descendió, e hirió un león en medio del foso en el tiempo de la nieve. Y el mismo hirió a un Egipcio, hombre de grande estatura; y el Egipcio tenía una lanza en su mano: y él descendió a él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y con su misma lanza le mató. Esto hizo Banaías, hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes. De los treinta fue el más noble; mas no llegó a los tres primeros. Y púsole David en su consejo. Asael hermano de Joab fue de los treinta: Elhanán, hijo de Dodo, de Belén: Semma de Harodi: Elica de Harodi. Heles de Falti: Ira, hijo de Acces, de Tecua: Abiezer de Anatot: Mobonnai de Husa: Selmón de Ahoh: Majarai de Netofat: Heleb, hijo de Baana de Netofat: Itai, hijo de Ribai, de Gabaat, de los hijos de Ben-jamín: Banaia de Faraton: Heddai del arroyo de Gaas: Abi-albón de Arbat: Azmavet de Barumi: Eliaba, de Salaboni. Los hijos de Jasén, Jonatán: Semma de Orori: Ahiam, hijo de Sarar, de Arar: Elifelet, hijo de Aasbai, hijo de Macati: Eliam, hijo de Aquitofel, de Gelon: Hesrai de Carmelo: Farai de Arbi: Igaal, hijo de Natán, de Soba: Bani de Gadi: Selec de Ammón: Naharai de Berot, escudero de Joab, hijo de Sarvia: Ira de Jetri: Gareb de Jetri: Urías Jetteo: todos treinta y siete.

Segunda lectura

Filipenses 2

Por tanto, si hay en vosotros alguna consolación en Cristo, si algún refrigerio de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algunas entrañas y conmiseraciones, Cumplíd mi gozo en que penséis lo mismo, teniendo un mismo amor, siendo unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda, o por vana gloria; antes en humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos a los otros, No mirando cada uno a lo que es suyo, mas también a lo que es de los otros. Haya en vosotros los mismos sentimientos que hubo también en Cristo Jesús: El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios; Mas se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres; Y hallado en su condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por lo cual Dios también le ensalzó soberanamente, y le dio nombre que es sobre todo nombre; Para que al nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble; Y que toda lengua confiese, que Jesu Cristo es Señor para la gloria de Dios el Padre. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, mas aun mucho más ahora en mi ausencia, obrád vuestra propia salud con temor y temblor. Porque Dios es el que en vosotros obra, así el querer como el hacer, según su buena voluntad. Hacéd todo sin murmuraciones, y sin disputas; Para que seáis irreprensibles, y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en medio de una raza torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo, Reteniendo la palabra de vida; para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, de que no he corrido en vano, ni trabajado en vano. Y aunque yo sea sacrificado sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me huelgo y me regocijo con todos vosotros. Y por esto mismo holgáos también vosotros, y regocijáos conmigo. Mas espero en el Señor Jesús, que os enviaré presto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, conociendo vuestro estado. Porque a ninguno tengo tan del mismo ánimo conmigo, que esté sinceramente solícito por vosotros; Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Mas vosotros sabéis la prueba que se ha hecho de él, y es, que como hijo con su padre, él ha servido conmigo en el evangelio. Así que a éste espero enviaros, luego que viere como van mis negocios. Mas confío en el Señor que yo mismo también vendré prestamente a vosotros: Sin embargo tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, mi hermano, y compañero, y consiervo mío, mas vuestro mensajero, y el que ministraba a mis necesidades. Porque tenía deseo vehemente de ver a todos vosotros; y estaba lleno de pesadumbre de que hubieseis oído que había enfermado. Y cierto que enfermó hasta la muerte; mas Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él mas de mí también, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. Así que le envío más presto, para que viéndole otra vez, os regocijéis, y que yo esté con menos tristeza. Recibídle, pues, en el Señor, con todo regocijo; y tenéd en estima a los tales; Porque por la obra de Cristo llegó hasta la muerte, exponiendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

Segunda lectura

1 Juan 3

Mirád cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Amados míos, ahora somos nosotros los hijos de Dios, y aun no es manifestado lo que hemos de ser: empero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él; porque le veremos como él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; porque el pecado es la transgresión de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha visto, y no le ha conocido. Hijitos, ninguno os engañe: el que hace justicia es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente mora en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio, que nos amemos unos a otros: No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas. Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que somos pasados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte. Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí. En esto hemos conocido el amor de Dios, en que él puso su vida por nosotros, y nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo es posible que permanezca el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua; sino con obra y de verdad. Y en esto conocemos que nosotros somos de la verdad, y persuadiremos nuestros corazones delante de él. Porque si nuestro corazón nos reprende, mayor es Dios que nuestro corazón, y sabe todas las cosas. Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; Y cualquiera cosa que pidiéremos, la recibiremos de él; porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesu Cristo, y nos amemos unos a otros, como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, mora en él, y él en él. Y en esto sabemos que él mora en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

Segunda lectura

1 Timoteo 1:18-20

¶ Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia: Reteniendo la fe y una buena conciencia, la cual echando de sí algunos hicieron naufragio en la fe. De los cuales son Himeneo y Alejandro, que yo entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.

Segunda lectura

2 Juan 2:1-10

Evangelio

Mateo 6

Mirád que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres, para que seáis mirados de ellos: de otra manera no tenéis galardón de vuestro Padre que está en los cielos. Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su galardón. Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. Que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, él te recompensará en lo público. ¶ Y cuando orares, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas de las calles en pie; para que sean vistos. De cierto que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. Y orando, no habléis inútilmente, como los paganos, que piensan que por su parlería serán oídos. No os hagáis pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea santificado tu nombre. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Dános hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. ¶ Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. ¶ No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan; Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. La luz del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso. Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la luz que en ti hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas. Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirád a las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? ¿Mas quién de vosotros, por mucho que se congoje, podrá añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os congojáis? Aprendéd de los lirios del campo, como crecen: no trabajan, ni hilan: Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos. Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os congojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? (Porque los Gentiles buscan todas estas cosas;) porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscád primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os congojéis por lo de mañana; que el mañana traerá su congoja: basta al día su aflicción.

Oración vespertina — segunda lectura

1 Juan 2

Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, un abogado tenemos para con el Padre, a Jesu Cristo el Justo: Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, mas también por los de todo el mundo. Y por esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él. Mas el que guarda su palabra, el amor de Dios es verdaderamente perfecto en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es la verdad en él, y en vosotros; porque las tinieblas están pasando, y la verdadera luz ya alumbra. El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía. El que ama a su hermano, está en la luz, y no hay escándalo en él. Empero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe donde se va; porque las tinieblas le han cegado los ojos. Hijitos, os escribo que vuestros pecados os son perdonados por causa de su nombre. Padres, os escribo que habéis conocido a aquel que es desde el principio. Mancebos, os escribo que habéis vencido al maligno. Hijitos, os escribo que habéis conocido al Padre. Padres, os he escrito que habéis conocido al que es desde el principio. Mancebos, yo os escribí que sois fuertes, y que la palabra de Dios mora en vosotros, y que habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, que es concupiscencia de la carne, y concupiscencia de los ojos, y soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre. Hijitos, ya es la postrera hora; y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos, por lo cual sabemos que ya es la postrimera hora. Ellos salieron de entre nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; empero esto es para que se manifestase que todos no son de nosotros. Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito, como si ignoraseis la verdad, mas como a los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad. ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? éste es el anticristo, que niega al Padre, y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. (Empero) cualquiera que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros; porque si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo, y en el Padre. Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, que es vida eterna. Estas cosas os he escrito tocante a los que os engañan. Empero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros; y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseverád en él. Y ahora, hijitos, perseverád en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos por él en su venida. Si sabéis que él es justo, sabéd también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.

Evangelio

Lucas 4:16-30

¶ Y vino a Nazaret, donde había sido criado, y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer. Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y como desarrolló el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido; para dar buenas nuevas a los pobres me ha enviado; para sanar a los quebrantados de corazón; para publicar a los cautivos redención, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los oprimidos; Para predicar el año agradable del Señor. Y arrollando el libro, como le dio al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga se clavaron en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. En verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra: Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro. Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas. Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. Mas él, pasando por medio de ellos, se fue.

Evangelio

Juan 3:16-21

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que haya dado a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo; sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado; porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación, que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, y no viene a la luz, porque sus obras no sean redargüidas. Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean hechas manifiestas, porque son hechas en Dios.

Evangelio

Mateo 11

Y aconteció, que acabando Jesús de dar mandamientos a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y oyendo Juan en la prisión los hechos de Cristo, envióle dos de sus discípulos, Diciendo: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, hacéd saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los sordos oyen: los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. ¶ E idos ellos, comenzó Jesús a decir de Juan a las multitudes: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento? O ¿qué salisteis a ver? ¿un hombre vestido de ropas delicadas? He aquí, los que traen ropas delicadas, en las casas de los reyes están. O ¿qué salisteis a ver? ¿profeta? Ciertamente os digo, y más que profeta. Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de ti. De cierto os digo, que no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. Y desde los días de Juan el Bautista hasta ahora al reino de los cielos se hace fuerza; y los valientes lo arrebatan. Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron. Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga. ¶ Mas ¿a quién compararé esta generación? Es semejante a los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces a sus compañeros, Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis: os endechamos, y no lamentasteis. Porque vino Juan que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada de sus hijos. Entonces comenzó a zaherir a las ciudades en las cuales habían sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habían arrepentido, diciendo: ¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya mucho ha que se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. Por tanto yo os digo, que a Tiro y a Sidón será más tolerable el castigo en el día del juicio, que a vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada; porque si en Sodoma se hubiesen hecho las maravillas que han sido hechas en ti, hubieran permanecido hasta el día de hoy. Por tanto yo os digo, que a la tierra de Sodoma será más tolerable el castigo en el día del juicio, que a ti. ¶ En aquel tiempo respondiendo Jesús, dijo: Gracias te doy, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños. Así, Padre, pues que así agradó a tus ojos. Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo le quisiere revelar. Veníd a mí, todos los que estáis trabajados, y cargados, que yo os haré descansar. Llevád mi yugo sobre vosotros, y aprendéd de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

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