Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Mas un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión, Y defraudó parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, la depositó a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué hinchió Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases parte del precio de la heredad? Quedándose, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué has concebido esta cosa en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los mancebos, le tomaron; y sacándole, le sepultaron. Y pasado el espacio como de tres horas, también su mujer entró, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Díme. ¿Vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Si, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido; y sacarte han a ti. Y luego cayó a los pies de él, y espiró; y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.
Primera lectura
Y será, que cuando te vinieren todas estas cosas, la bendición, y la maldición que yo he puesto delante de ti, y volvieres a tu corazón en todas las gentes a las cuales Jehová tu Dios te echare, Y te convirtieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, Jehová también volverá tus cautivos, y habrá misericordia de ti: y tornará, y juntarte ha de todos los pueblos, a los cuales te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Si hubieres sido arrojado hasta el cabo de los cielos, de allá te juntará Jehová tu Dios, y de allá te tomará. Y volverte ha Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y heredarla has: y hacerte ha bien y multiplicarte ha más que a tus padres. ¶ Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu simiente, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma para tu vida. Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores, que te persiguieron. Y tu volverás, y oirás la voz de Jehová, y harás todos sus mandamientos, que yo te mando hoy. Y hacerte ha Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra para bien: porque Jehová se convertirá para gozarse sobre ti en bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, Cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley, cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma. Porque este mandamiento que yo te mando hoy no te es encubierto, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién nos subirá al cielo, y tomárnoslo ha, y recitárnoslo ha para que le cumplamos? Ni está de la otra parte de la mar, para que digas: ¿Quién nos pasará la mar para que nos lo tome, y nos lo recite, para que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está el negocio, en tu boca y en tu corazón para que lo hagas. ¶ Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal: Porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios: que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos y sus estatutos, y sus derechos, porque vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para heredarla. Mas si tu corazón se apartare, y no oyeres, y fueres impelido, y te inclinares a dioses ajenos, y les sirvieres; Yo os protesto hoy que pereciendo pereceréis: no tendréis luengos días sobre la tierra, para ir a la cual pasas el Jordán, para que la heredes. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición: escoge pues la vida, porque vivas tú y tu simiente: Que ames a Jehová tu Dios: Que oigas su voz y te allegues a él: porque él es tu vida, y la longura de tus días: porque habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob, que les había de dar.
Primera lectura
Y después que él hubo acabado de hablar con Saul, el alma de Jonatán fue ligada con la de David, y amóle Jonatán como a su alma. Y Saul le tomó aquel día, y no le dejó volver a casa de su padre. E hicieron alianza Jonatán y David, porque él le amaba como a su alma. Y Jonatán se desnudó la ropa que tenía sobre sí, y dióla a David, y otras ropas suyas, hasta su espada y su arco, con su talabarte. Y salía David, donde quiera que Saul le enviaba, y conducíase prudentemente. Y Saul le hizo capitán de gente de guerra, y era acepto en los ojos de todo el pueblo, y en los ojos de los criados de Saul. Y aconteció que como ellos volvieron, y David volvió de matar al Filisteo, salieron las mujeres de todas las ciudades de Israel cantando, y con danzas, con adufes, y con alegrías y panderos a recibir al rey Saul. Y cantaban las mujeres que danzaban y decían: Saul hirió sus miles, y David sus diez miles. Y enojóse Saul en gran manera, y desagradó esta palabra en sus ojos, y dijo: A David dieron diez miles y a mí miles: no le queda más que el reino. Y desde aquel día Saul miró de través a David. Otro día aconteció que el espíritu malo de Dios tomó a Saul, y profetizaba dentro de su casa; y David tañía con su mano como los otros días; y estaba una lanza a mano de Saul. Y arrojó Saul la lanza, diciendo: Enclavaré a David con la pared; y dos veces se apartó de él David. Mas Saul se temía de David, por cuanto Jehová era con él, y se había apartado de Saul. ¶ Y Saul le apartó de sí, e hízole capitán de mil, y salía y entraba delante del pueblo. Y David se conducía prudentemente en todos sus negocios, y Jehová era con él. Y viendo Saul que se conducía tan prudentemente, temíase de él. Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos.
Oración matutina — primera lectura
Y llegaron los hijos de Israel, toda la congregación, al desierto de Zin el mes primero, y reposó el pueblo en Cádes; y allí murió María, y fue sepultada allí. ¶ Y no hubo agua para la congregación; y juntáronse contra Moisés y Aarón. Y riñó el pueblo con Moisés, y hablaron, diciendo: Y ojalá hubiéramos perecido nosotros, cuando perecieron nuestros hermanos delante de Jehová. ¿Y por qué hicisteis venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias? ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto para traernos a este mal lugar? No lugar de sementera, de higueras, de viñas, ni granados, ni aun agua hay para beber. Y fuéronse Moisés y Aarón de delante de la congregación a la puerta del tabernáculo del testimonio, y echáronse sobre sus rostros, y la gloria de Jehová apareció sobre ellos. ¶ Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Toma la vara, y congrega al pueblo tú y Aarón tu hermano, y hablád a la peña en los ojos de ellos, y ella dará su agua, y sacarles has aguas de la peña, y darás de beber a la congregación, y a sus bestias. Entonces Moisés tomó la vara de delante de Jehová, como él le mandó. Y juntaron Moisés y Aarón la congregación delante de la peña, y díjoles: Oíd ahora rebeldes: ¿Haceros hemos salir aguas de esta peña? Entonces Moisés alzó su mano, e hirió la peña con su vara dos veces, y salieron muchas aguas, y bebió la congregación y sus bestias. ¶ Y Jehová dijo a Moisés, y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí para santificarme en ojos de los hijos de Israel, por tanto no meteréis este pueblo en la tierra, que les he dado. Estas son las aguas de la rencilla por las cuales riñeron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos. ¶ Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cádes: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido,
Epístola
Porque para esto fuisteis llamados, pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos un modelo, para que vosotros sigáis sus pisadas. El cual no hizo pecado, ni fue hallado engaño en su boca: El cual maldiciéndole, no tornaba a maldecir; y cuando padecía, no amenazaba; sino que remitía su causa al que juzga justamente. El mismo que llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, viviésemos a la justicia. Por las heridas del cual habéis sido sanados. Porque vosotros eráis como ovejas descarriadas; mas ahora sois ya convertidos al Pastor, y Obispo de vuestras almas.
Primera lectura
Jehová, Dios mío eres tú: ensalzarte he, y alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas; los consejos antiguos, la verdad firme. Que tornaste la ciudad en montón, la ciudad fuerte en ruina: el alcázar de los extraños que no sea ciudad, ni nunca para siempre sea reedificada. Por esto te dará gloria el pueblo fuerte: la ciudad de naciones robustas te temerá. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor, porque el ímpetu de los violentos, como turbión contra hastial. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como con calor que quema debajo de nube, harás marchitar el pimpollo de los robustos. ¶ Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos. Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está extendida sobre todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y limpiará el Señor Jehová toda lágrima de todos los rostros; y quitará la vergüenza de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios, a quien esperamos, y salvarnos ha: este es Jehová a quien esperamos, gozarnos hemos y alegrarnos hemos en su salud. Porque la mano de Jehová reposará en este monte; y Moab será trillado debajo de él, como es trillada la paja en el muladar. Y extenderá su mano por medio de él, como la extiende el nadador para nadar; y abatirá su soberbia con los brazos de sus manos. Y allanará la fortaleza de tus muros altos: humillarla ha, derribarla ha a tierra, hasta el polvo.
Oración matutina — segunda lectura
Mas cuando fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo, y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta. Así que embarcándonos en una nave Adramittena, nos partimos para navegar por las costas de Asia, estando con nosotros un tal Aristarco, Macedonio, de Tesalónica. Y al día siguiente llegamos a Sidón, y Julio tratando a Pablo humanamente, le permitió, que fuese a sus amigos para ser de ellos bien tratado. Y alzando velas de allí, navegamos bajo de Chipre; porque los vientos eran contrarios. Y habiendo pasado la mar que está junto a Cilicia y Pamfilia, vinimos a Mira, que es ciudad de Licia. Y hallando allí el centurión una nave Alejandrina, que iba a Italia, nos puso en ella. Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto a Salmón. Y doblándola apenas, vinimos a un lugar que llaman Bellos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea. Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo los amonestaba, Diciendo: Varones, veo que con perjuicio y mucho daño, no solo del cargamento y de la nave, mas aun de nuestras vidas, habrá de ser la navegación. Mas el centurión creía más al maestre y al piloto, que a lo que Pablo decía. Y no habiendo puerto cómodo para invernar, los más acordaron de pasar aun de allí, por ver si de algún modo pudiesen llegar a Fenice, e invernar allí, que es un puerto de Creta, que mira al sudoeste, y al norueste. Y soplando blandamente el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas iban costeando la Creta. Mas no mucho después dio contra la nave un viento tempestuoso que se llama Euroclydón. Y siendo arrebatada por él la nave, que no podía resistir al viento, la dejamos, y éramos llevados. Y corriendo debajo de una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el esquife: El cual tomado, usaban de remedios ciñendo la nave; y teniendo temor que no diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados. Y habiendo sido atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente día alijaron el buque. Y al tercero día nosotros con nuestras manos echamos los aparejos de la nave. Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña sobre nosotros, ya era perdida toda la esperanza de salvarnos. ¶ Y habiendo ya mucho que no comíamos, Pablo puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera de cierto conveniente, oh varones, haberme escuchado a mí, y no haber partido de Creta, para ganar este perjuicio y daño. Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo; porque ninguna pérdida habrá de persona entre vosotros, sino solamente de la nave. Porque esta noche ha estado conmigo el ángel de Dios, de quien soy, y a quien sirvo, Diciendo: Pablo, no tengas temor: es menester que seas presentado delante de César; y, he aquí, Dios te ha dado a todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tenéd buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha sido dicho. Mas es menester que demos en una isla. ¶ Empero venida la catorcena noche, y siendo llevados de una a otra parte por el mar Adriático, los marineros a la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra. Y echando la sonda, hallaron veinte brazas; y pasando un poco más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince brazas. Y teniendo temor de dar en escollos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día. Mas procurando los marineros de huirse de la nave, echando el esquife a la mar, con parecer como que querían largar las anclas de proa, Pablo dijo al centurión, y a los soldados: Si éstos no quedan en la nave, vosotros no podéis salvaros. Entonces los soldados cortaron las amarras del esquife, y dejáronle caer. Y como se comenzó a hacer de día, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el catorceno día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada. Por tanto os ruego que comáis, porque esto es para vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomando el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos; y rompiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas y setenta y seis. Y hartados de comer, aliviaban la nave, echando el grano a la mar. Y como se hizo de día, no conocían la tierra; mas veían una ensenada, que tenía playa, a la cual acordaban de echar, si pudiesen, la nave. Y alzando las anclas, se dejaron a la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al viento, íbanse a la playa. Mas dando en un lugar de dos mares, la nave dio al través; y la proa hincada estaba sin moverse, mas la popa se abría con la fuerza de las olas. Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen a los presos; porque ninguno huyese escapándose nadando. Mas el centurión, queriendo salvar a Pablo estorbó este acuerdo; y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen al agua los primeros, y saliesen a tierra: Y los demás, parte en tablas, parte en cosas de la nave: y así aconteció que todos se salvaron a tierra.
Salmo responsorial
Dicho de la rebelión del impío en medio de mi corazón: No hay temor de Dios delante de sus ojos. Por tanto se lisonjea en sus ojos para hallar su iniquidad, para aborrecerla. Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; no quiso entender para hacer bien. Iniquidad piensa sobre su cama; está sobre camino no bueno, no aborrece el mal. ¶ Jehová, hasta los cielos es tu misericordia; tu verdad hasta las nubes. Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande; al hombre y al animal conservas, o! Jehová. ¶ ¡Cuán ilustre es tu misericordia, o, Dios! y los hijos de Adam se abrigan en la sombra de tus alas. Embriagarse han de la grosura de tu casa: y del arroyo de tus delicias los abrevarás. Porque contigo está el manadero de la vida; en tu lumbre veremos lumbre. Extiende tu misericordia a los que te conocen; y tu justicia a los rectos de corazón. No venga contra mí pie de soberbia; y mano de impíos no me mueva. Allí cayeron los obradores de iniquidad; fueron rempujados, y no pudieron levantarse.
Evangelio
Yo soy el buen pastor: el buen pastor su alma da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, cuyas no son proprias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo arrebata, y dispersa las ovejas. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, Como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil: aquellas también he de traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.
Salmo responsorial
Alabád a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Díganlo los redimidos de Jehová, los que ha redimido de poder del enemigo, Y los ha congregado de las tierras, del oriente y del occidente, del aquilón y de la mar. ¶ Anduvieron perdidos por el desierto, por la soledad sin camino: no hallando ciudad de población. Hambrientos, y sedientos: su alma desfallecía en ellos. Y clamaron a Jehová en su angustia; y escapólos de sus aflicciones. Y encaminólos en camino derecho; para que viniesen a ciudad de población. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Porque hartó al alma menesterosa; y al alma hambrienta hinchió de bien. ¶ Los que moraban en tinieblas, y sombra de muerte, aprisionados en aflicción, y en hierros; Por cuanto fueron rebeldes a las palabras de Jehová; y aborrecieron el consejo del Altísimo: Y él quebrantó con trabajo sus corazones: cayeron, y no hubo quien les ayudase: Y clamaron a Jehová en su angustia: escapólos de sus aflicciones. Sacólos de las tinieblas, y de la sombra de muerte; y rompió sus prisiones. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Porque quebrantó las puertas de acero; y desmenuzó los cerrojos de hierro. ¶ Insensatos, a causa del camino de su rebelión; y a causa de sus maldades fueron afligidos. Su alma abominó toda vianda; y llegaron hasta las puertas de la muerte. Y clamaron a Jehová en su angustia; y salvólos de sus aflicciones. Envió su palabra, y curólos; y escapólos de sus sepulturas. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová; y sus maravillas con los hijos de los hombres. Y sacrifiquen sacrificios de alabanza; y enarren sus obras con jubilación. ¶ Los que descendieron a la mar en navíos: y contratan en las muchas aguas; Ellos han visto las obras de Jehová, y sus maravillas en el mar profundo. El dijo, y salió el viento de la tempestad, que levanta sus ondas: Suben a los cielos, descienden a los abismos: sus almas se derriten con el mal. Tiemblan, y titubean como borrachos; y toda su ciencia es perdida. Y claman a Jehová en su angustia; y escápalos de sus aflicciones. Hace parar la tempestad en silencio; y callan sus ondas. Y alégranse, porque se reposaron; y guíalos al puerto que quieren. Alaben pues ellos la misericordia de Jehová, y sus maravillas con los hijos de los hombres. Y ensálcenle en congregación de pueblo; y en consistorio de ancianos le loen. ¶ Vuelve los ríos en desierto; y los manaderos de las aguas en sed: La tierra fructífera en salados; por la maldad de los que la habitan. Vuelve el desierto en estanques de aguas, y la tierra seca en manaderos de aguas: Y aposenta allí hambrientos; y aderezan allí ciudad de población: Y siembran campos, y plantan viñas; y hacen fruto de renta: Y bendícelos, y se multiplican en gran manera: y no disminuye sus bestias. Y después son menoscabados, y abatidos de tiranía, de males, y de congojas. ¶ El derrama menosprecio sobre los príncipes: y les hace andar errantes, vagabundos, sin camino. Y levanta al pobre de la pobreza; y vuelve las familias como ovejas. Vean los rectos, y alégrense; y toda maldad cierre su boca. ¿Quién es sabio, y guardará estas cosas; y entenderá las misericordias de Jehová?
Salmo responsorial
A Jehová llamé estando en angustia; y él me respondió. Jehová, escapa mi alma del labio mentiroso: de la lengua engañosa. ¿Qué te dará a ti, o qué te añadirá la lengua engañosa? Es como saetas de valiente agudas con brasas de enebros. ¡Ay de mí que peregrino en Mesec: habito con las tiendas de Cedar! Mucho se detiene mi alma con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico; y cuando hablo, ellos guerrean.
Salmo responsorial
No a nosotros, o! Jehová, no a nosotros, mas a tu nombre da gloria; por tu misericordia, por tu verdad. Porque dirán los Gentiles, ¿Dónde está ahora su Dios? Y nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso, hizo. Sus ídolos son plata y oro: obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablarán: tienen ojos, mas no verán. Tienen orejas, mas no oirán: tienen narices, mas no olerán. Tienen manos, mas no palparán: tienen pies, mas no andarán: no hablarán con su garganta. Como ellos sean los que los hacen: cualquiera que confía en ellos. O! Israel, confía en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Casa de Aarón, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Los que teméis a Jehová, confiád en Jehová: él es su ayudador, y su escudo. Jehová se acordó de nosotros: bendecirá, bendecirá a la casa de Israel: bendecirá a la casa de Aarón. Bendecirá a los que temen a Jehová: a chicos y a grandes. Añadirá Jehová sobre vosotros: sobre vosotros y sobre vuestros hijos. Benditos vosotros de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. Los cielos, los cielos son de Jehová: y la tierra dio a los hijos de los hombres. No los muertos alabarán a Jehová, ni todos los que descienden al silencio, Mas nosotros bendeciremos, a Jehová, desde ahora hasta siempre. Alelu-Jah.
Oración vespertina — primera lectura
¶ Y envió Moisés embajadores al rey de Edom desde Cádes: Así dice Israel tu hermano: Tú has sabido todo el trabajo que nos ha venido, Que nuestros padres descendieron en Egipto, y estuvimos en Egipto muchos tiempos, y los Egipcios nos fatigaron, y a nuestros padres: Y clamamos a Jehová, el cual oyó nuestra voz, y envió un ángel, y sacónos de Egipto: y, he aquí, estamos en Cádes ciudad de tu término. Rogámoste que pasemos por tu tierra: no pasaremos, por labranza, ni por viña, ni beberemos agua de pozo: por el camino real iremos sin apartarnos a diestra ni a siniestra hasta que pasemos tu término. Y Edom le respondió: No pasarás por mí, de otra manera yo saldré contra ti armado. Y los hijos de Israel le dijeron: Por el camino seguido iremos: y si bebiéremos tus aguas yo y mis ganados, daré el precio de ellas: ciertamente ninguna cosa más haremos: con mis pies pasaré. Y él respondió: No pasarás. Y salió Edom contra él con mucho pueblo, y mano fuerte. Y no quiso Edom dejar pasar a Israel por su término, y así Israel se apartó de él. ¶ Y partidos de Cádes los hijos de Israel, vinieron, toda aquella congregación al monte de Hor. Y Jehová habló a Moisés, y a Aarón en el monte de Hor, en los términos de la tierra de Edom, diciendo: Aarón será juntado a sus pueblos: que no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento a las aguas de la rencilla. Toma a Aarón, y a Eleazar su hijo, y házlos subir al monte de Hor. Y haz desnudar a Aarón sus vestidos, y viste de ellos a Eleazar su hijo; porque Aarón será congregado, y morirá allí. Y Moisés hizo como Jehová le mandó, y subieron al monte de Hor a ojos de toda la congregación. Y Moisés hizo desnudar a Aarón de sus vestidos, y vistiólos a Eleazar su hijo: y Aarón murió allí en la cumbre del monte, y Moisés y Eleazar descendieron del monte. Y viendo toda la congregación que Aarón era muerto, lloráronle treinta días toda la casa de Israel. Y oyendo el Cananeo, el rey de Arad, el cual habitaba al mediodía, que venía Israel por el camino de las centinelas, peleó con Israel, y tomó de él presa. Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si entregando entregares a este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades. Y Jehová oyó la voz de Israel, y entregó al Cananeo, y destruyólos a ellos y a sus ciudades, y llamó el nombre de aquel lugar Jorma. ¶ Y partieron del monte de Hor camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y el alma del pueblo fue angustiada en el camino: Y habló el pueblo contra Dios, y Moisés: ¿Por qué nos hicisteis subir de Egipto para que muramos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió en el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo, y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés, y dijeron: Pecado habemos, por haber hablado contra Jehová y contra ti: ora a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. ¶ Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y pónla sobre la bandera: y será, que cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre la bandera, y fue, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal, y vivía. Y partieron los hijos de Israel, y asentaron campo en Obot.
Segunda lectura
¿O ignoráis, hermanos, (pues hablo con los que saben la ley,) que la ley solamente se enseñorea del hombre entre tanto que vive? Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras él vive, está ligada a su marido por la ley; mas muerto el marido, ella está libre de la ley del marido. Así que viviendo el marido se llamará adúltera, si fuere de otro varón; mas si su marido hubiese muerto, está libre de la ley, de tal manera que no será adúltera, si fuere de otro marido. Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro esposo, es a saber, del que resucitó de los muertos, para que llevemos fruto a Dios. Porque mientras estábamos en la carne, los afectos del pecado que eran por la ley, obraban en nuestros miembros para llevar fruto a la muerte: Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquello en que nos detenía presos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de la letra. ¶ ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Antes yo no conociera al pecado, sino por la ley; porque no conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. Empero el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, obró en mí toda suerte de concupiscencia; porque sin la ley el pecado estaba muerto. Así que, yo sin la ley vivía en algún tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. Y hallé que el mandamiento, que de suyo era para vida, a mí era para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. ¿Luego lo que es bueno, para mí me es hecho muerte? No, sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte; para que, por el mandamiento, el pecado se hiciese sobre manera pecaminoso. Porque ya sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido debajo del pecado. Porque lo que hago, no lo apruebo, pues el bien que quiero, no hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. Y si lo que no quiero, esto hago, consiento que la ley es buena. De manera que ya no obro yo aquello, sino el pecado que mora en mí. Porque yo sé que en mí, es a saber, en mi carne, no mora cosa buena; porque tengo el querer; mas obrar lo bueno, no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, esto hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, en queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley; que el mal habita conmigo. Porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios; Mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley de mi espíritu, y llevándome cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy a Dios por Jesu Cristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con el espíritu sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Segunda lectura
El anciano al bien amado Gayo, al cual yo amo en verdad. Mi amado, yo deseo muy mucho que tú seas prosperado en todas cosas, y que tengas salud, así como tu alma está en prosperidad. Porque yo me regocijé grandemente, cuando vinieron los hermanos, y dieron testimonio de tu verdad; como tú andas en la verdad. Yo no tengo mayor gozo que estas cosas, y es de oír que mis hijos andan en la verdad. Amado, fielmente haces todo lo que haces para con los hermanos, y con los extranjeros; Los cuales han dado testimonio de tu amor en presencia de la iglesia: a los cuales si ayudares como conviene según Dios, harás bien. Porque ellos son partidos por amor de su nombre, no tomando nada de los Gentiles. Nosotros, pues, debemos recibir a los que son tales, para que seamos coadjutores de la verdad. Yo he escrito a la iglesia; mas Diótrefes, que ama tener el primado entre ellos, no nos recibe. Por esta causa si yo viniere, haré a la memoria las obras que hace, como parla con palabras maliciosas contra nosotros; y ni aun contento con estas cosas, no solo no recibe a los hermanos, pero aun prohibe a los que los quieren recibir, y los echa de la iglesia. Amado, no imites lo que es malo, sino lo que es bueno. El que hace bien, es de Dios; mas el que hace mal, no ha visto a Dios. Todos dan testimonio de Demetrio, y aun la misma verdad; y también nosotros damos testimonio, y vosotros sabéis que nuestro testimonio es verdadero. Yo tenía muchas cosas que escribirte; empero no quiero escribirte con tinta y pluma. Porque espero de verte en breve, y hablaremos boca a boca. Paz a ti. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos por nombre.
Segunda lectura
Esto manda, y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud; mas sé ejemplo de los fieles en palabra, en conversación, en caridad, en espíritu, en fe, en pureza. Entre tanto que vengo, ocúpate en leer, en exhortar, en enseñar. No menosprecies el don que está en ti, que te es dado para profetizar, con la imposición de las manos de los presbíteros. Medita estas cosas; ocúpate cabalmente en ellas; de manera que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina: persiste en esto; porque si así lo hicieres, a ti mismo salvarás, y a los que te oyen.
Segunda lectura
Semejantemente vosotras mujeres, sed sujetas a vuestros maridos; para que si también algunos no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conversación de las mujeres: Considerando vuestra casta conversación, que es con reverencia. La compostura de las cuales, no sea exterior con encrespamiento de cabellos, y atavío de oro, ni en composición de ropas; Mas el hombre del corazón que está encubierto sea sin toda corrupción, y de espíritu agradable, y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios. Porque así también se ataviaban en el tiempo antiguo aquellas santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus propios maridos: Al modo que Sara obedecía a Abraham, llamándole señor: de la cual vosotras sois hechas hijas, haciendo bien, y no siendo amedrentadas de ningún pavor. Vosotros maridos semejantemente cohabitád con ellas según ciencia, dando honor a la mujer, como a vaso más frágil, y como a herederas juntamente de la gracia de vida; para que vuestras oraciones no sean impedidas. Y finalmente sed todos de un consentimiento, de una afección, amándoos hermanablemente, misericordiosos, amigables, No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo: sabiendo que para esto vosotros fuisteis llamados, para que poseáis en herencia bendición. Porque el que quiere amar la vida, y ver los días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño.
Evangelio
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda dolencia. Y los nombres de los doce Apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, su hermano: Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano: Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Mateo el publicano: Santiago, hijo de Alfeo, y Lebeo, que tenía el sobrenombre de Tadeo: Simón de Cana, y Júdas Iscariote, que también le entregó. Estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis: Mas íd antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicád, diciendo: El reino de los cielos ha llegado. Sanád enfermos, limpiád leprosos, resucitád muertos, echád fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. No proveáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento. Mas en cualquiera ciudad o aldea, donde entraréis, buscád con diligencia quien sea en ella digno, y morád allí hasta que salgáis. Y entrando en la casa, saludádla. Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros. Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salíd de aquella casa o ciudad, y sacudíd el polvo de vuestros pies. De cierto os digo: Que el castigo será más tolerable a la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad. He aquí, yo os envió, como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardáos de los hombres; porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán. Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los Gentiles. Mas cuando os entregaren, no os congojéis cómo, o qué habéis de hablar; porque en aquella hora os será dado que habléis. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que lo soportare hasta el fin, éste será salvo. Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor. Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al mismo padre de familias llamaron Belzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y nada oculto que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decídlo en luz; y lo que oís al oído, predicádlo desde los tejados. Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: teméd antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? Y uno de ellos no caerá a tierra sin vuestro Padre. Y vuestros cabellos también, todos están contados. No temáis pues: más valéis vosotros que muchos pajarillos. Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, galardón de justo recibirá. Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un jarro de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su galardón.
Oración vespertina — segunda lectura
El anciano a la señora elegida, y a sus hijos, a los cuales yo amo en verdad; y no solo yo, pero también todos los que han conocido la verdad; Por causa de la verdad que mora en nosotros, y será perpetuamente con nosotros. Será con vosotros gracia, misericordia, paz, de Dios el Padre, y del Señor Jesu Cristo, el Hijo del Padre, en verdad y amor. Heme regocijado grandemente, porque he hallado de tus hijos que andan en la verdad, como nosotros habemos recibido el mandamiento del Padre. Y al presente, señora, yo te ruego, (no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino aquel que nosotros hemos tenido desde el principio,) que nos amemos los unos a los otros. Y éste es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento, como vosotros habéis oído desde el principio, que andéis en él. Porque muchos engañadores son entrados en el mundo, los cuales no confiesan Jesu Cristo ser venido en carne. Este tal engañador es, y anticristo. Mirád por vosotros mismos, porque no perdamos las cosas que habemos obrado, mas recibamos el galardón cumplido. Cualquiera que se rebela, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios: el que persevera en la doctrina de Cristo, el tal tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no le recibáis en vuestra casa, ni aun le saludéis. Porque el que le saluda, comunica con sus malas obras. Aunque tengo muchas cosas que escribiros, no las he querido escribir por papel y tinta; empero yo espero de venir a vosotros, y hablar con vosotros boca a boca, para que nuestro gozo sea cumplido. Los hijos de tu hermana elegida te saludan. Amén.
Evangelio
¶ Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos, y le dijo: Sígueme. Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. E hizo Leví un gran banquete en su casa, y había mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los Fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores? Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a arrepentimiento. ¶ Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariseos; mas tus discípulos comen y beben? Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días. ¶ Y les decía también una parábola: Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
Evangelio
La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que yo no tenga sed, ni venga acá a sacarla. Jesús le dice: Vé, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer, y le dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho: No tengo marido; Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad. Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís, que en Jerusalem es el lugar donde es menester adorar. Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis: nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación de los Judíos es. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales busca que le adoren. Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es menester que le adoren.
Evangelio
Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan. Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldijere a padre o a madre, muera de muerte. Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere a su padre o a su madre: Toda ofrenda mía a ti aprovechará; Y no honrare a su padre o a su madre, será libre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entendéd. No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejádlos: guias son ciegos de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la necesaria? Mas lo que sale de la boca, del mismo corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. ¶ Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. Y, he aquí, una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio. Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Así es Señor; pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. Entonces respondiendo Jesús, dijo: ¡O mujer! grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora. ¶ Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea; y subiendo en un monte, se sentó allí. Y llegaron a él grandes multitudes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos, y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó: De tal manera, que las multitudes se maravillaron, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos; y glorificaron al Dios de Israel. Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo misericordia de la multitud, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran multitud? Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a las multitudes que se recostasen en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, los rompió, y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. Y eran los que habían comido cuatro mil varones, sin las mujeres y los niños. Entonces despedidas las multitudes, subió en una nave, y vino a los términos de Magdala.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

