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Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Éxodo 29

Y esto es lo que les harás para santificarlos para que sean mis sacerdotes. Toma un novillo hijo de vaca, y dos carneros perfectos; Y panes sin levadura, y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite, las cuales cosas harás de flor de harina de trigo: Y ponerlas has en un canastillo, y ofrecerlas has en el canastillo con el novillo y los dos carneros. Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y lavarlos has con agua. Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica y el manto del efod, y el efod, y el pectoral, y ceñirle has con el cinto del efod. Y pondrás la mitra sobre su cabeza, y la corona de la santidad pondrás sobre la mitra. Y tomarás el aceite de la unción, y derramarás sobre su cabeza, y ungirlo has. Y harás llegar sus hijos, y vestirles has las túnicas. Y ceñirles has el cinto, a Aarón y a sus hijos, y apretarles has los chapeos, y tendrán el sacerdocio por fuero perpetuo: y henchirás las manos de Aarón y de sus hijos. ¶ Y harás llegar el novillo delante del tabernáculo del testimonio, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del novillo. Y matarás el novillo delante de Jehová a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y tomarás de la sangre del novillo, y pondrás sobre los cuernos del altar con tu dedo, y toda la otra sangre echarás al cimiento del altar. Y tomarás todo el sebo que cubre los intestinos, y el redaño de sobre el hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y encenderlos has sobre el altar: Empero la carne del novillo, y su pellejo, y su estiércol quemarás a fuego fuera del campo: es expiación. Y tomarás el un carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero: Y matarás el carnero, y tomarás su sangre, y rociarás sobre el altar al rededor. Y cortarás el carnero por sus piezas, y lavarás sus intestinos, y sus piernas, y ponerlas has sobre sus piezas y sobre su cabeza: Y quemarás todo el carnero sobre el altar: holocausto es a Jehová, olor de holganza, ofrenda encendida es a Jehová. ¶ Ítem, tomarás el segundo carnero, y Aarón y sus hijos pondrán sus manos sobre la cabeza del carnero, Y matarás el carnero, y tomarás de su sangre, y pondrás sobre la ternilla de la oreja derecha de Aarón, y sobre la ternilla de las orejas de sus hijos, y sobre el dedo pulgar de las manos derechas de ellos, y sobre el dedo pulgar de los pies derechos de ellos, y esparcirás la sangre sobre el altar al derredor. Y tomarás de la sangre, que estará sobre el altar, y del aceite de la unción, y esparcirás sobre Aarón, y sobre sus vestiduras y sobre sus hijos, y sobre sus vestiduras con él, y él será santificado y sus vestiduras, y sus hijos, y las vestiduras de sus hijos con él. Luego tomarás del carnero el sebo, y la cola, y el sebo que cubre los intestinos, y el redaño del hígado, y los dos riñones, y el sebo que está sobre ellos, y la espalda derecha, porque es carnero de consagraciones: Y una hogaza de pan, y una torta de pan de aceite, y una hojaldre del canasto de las cenceñas, que está delante de Jehová. Y ponerlo has todo en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, y mecerlo has en mecedura delante de Jehová. Después tomarlo has de sus manos, y encenderlo has sobre el altar sobre el holocausto por olor de holganza delante de Jehová. Ofrenda encendida es a Jehová. Y tomarás el pecho del carnero de las consagraciones, el cual es de Aarón, y mecerlo has por ofrenda mecida delante de Jehová, y será tu porción. Y apartarás el pecho de la mecedura, y la espalda de la santificación que fue mecido, y que fue santificado del carnero de las consagraciones de Aarón y de sus hijos. Y será para Aarón, y para sus hijos por fuero perpetuo de los hijos de Israel; porque es apartamiento: y será apartado de los hijos de Israel de sus sacrificios pacíficos: apartamiento de ellos será para Jehová. Y las vestiduras santas que son de Aarón, serán de sus hijos después de él para ser ungidos con ellas, y para ser con ellas consagrados. Siete días los vestirá el sacerdote de sus hijos, que en su lugar viniere al tabernáculo del testimonio a servir en el santuario. Y tomarás el carnero de las consagraciones, y cocerás su carne en el lugar del santuario. Y Aarón y sus hijos comerán la carne del carnero, y el pan que está en el canastillo, a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y comerán aquellas cosas con las cuales fueron expiados para henchir sus manos para ser santificados. Y el extranjero no comerá, porque son santidad. Y si sobrare algo de la carne de las consagraciones y del pan hasta la mañana, lo que hubiere sobrado quemarás con fuego: no se comerá, porque es santidad. Así pues harás a Aarón y a su hijos, conforme a todas las cosas que yo te he mandado: por siete días los consagrarás. ¶ Y sacrificarás el novillo de la expiación cada día por las expiaciones, y expiarás el altar expiándotelo, y ungirlo has para santificarlo. Por siete días expiarás el altar, y lo santificarás, y será el altar santidad de santidades: cualquiera cosa que tocare al altar, será santificada. ¶ Y lo que harás sobre el altar será esto: dos corderos de un año; cada día continuamente. El un cordero harás a la mañana, y el otro cordero harás entre las dos tardes. Y una diezma de flor de harina amasada con aceite molido la cuarta parte de un hin: y la derramadura será la cuarta parte de un hin de vino con cada cordero. Y el otro cordero harás entre las dos tardes conforme al presente de la mañana, y conforme a su derramadura harás, por olor de holganza: será ofrenda encendida a Jehová. Esto será holocausto continuo por vuestras edades a la puerta del tabernáculo del testimonio delante de Jehová, en el cual me concertaré con vosotros para hablaros allí. ¶ Y allí testificaré de mí a los hijos de Israel, y será santificado con mi gloria. Y santificaré el tabernáculo del testimonio, y el altar: y a Aarón y a sus hijos santificaré para que sean mis sacerdotes. Y yo habitaré entre los hijos de Israel, y serles he por Dios. Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto para habitar en medio de ellos: Yo Jehová su Dios.

Primera lectura

Isaías 8

Y díjome Jehová: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo vulgar: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Y junté conmigo por testigos fieles a Urías sacerdote, y a Zacarías, hijo de Jebaraquías. Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome Jehová: Pónle por nombre: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Porque antes que el niño sepa decir, padre mío, y madre mía, será quitada la fuerza de Damasco, y los despojos de Samaria serán en la presencia del rey de Asiria. ¶ Otra vez me tornó Jehová a hablar, diciendo: Porque desechó este pueblo las aguas de Siloé que corren mansamente, y con Rezín, y con el hijo de Romelías se holgó: Por tanto he aquí que el Señor hace subir sobre ellos aguas de río impetuosas y muchas, es a saber, al rey de Asiria, y a toda su gloria; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas. Y pasando hasta Judá, pasará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas henchirá la anchura de tu tierra, o! Emmanuel. Juntáos, pueblos, y seréis quebrantados: oíd todos los que sois de tierras lejanas, ponéos a punto, y seréis quebrantados: ponéos a punto, y seréis quebrantados. Acordád consejo, y deshacerse ha: hablád palabra, y no será firme; porque Dios con nosotros. ¶ Porque Jehová me dijo de esta manera, y apretándome la mano me enseñó, que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No digáis: Conjuración, a todas las cosas a que este pueblo dice: Conjuración; ni temáis su temor, ni le tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificád; él sea vuestro temor, y él sea vuestro miedo. ¶ Entonces él será por santuario; y a las dos casas de Israel por piedra para tropezar, y por tropezadero para caer, por lazo, y por red al morador de Jerusalem. Y muchos tropezarán entre ellos, y caerán, y serán quebrantados, enredarse han, y serán presos. Ata el testimonio, sella la ley entre mis discípulos. Esperaré pues a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y a él esperaré. He aquí yo, y los hijos que me dio Jehová por señales y prodigios en Israel, por Jehová de los ejércitos, que mora en el monte de Sión. Y si os dijeren: Preguntád a los pitones, y a los adivinos que zonzorrean hablando. ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿por los vivos, a los muertos? A la ley, y al testimonio: si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. ¶ Entonces pasarán por esta tierra fatigados y hambrientos; y acontecerá que teniendo hambre, se enojarán, y maldecirán a su rey, y a su Dios. Y levantando el rostro en alto, Y mirando a la tierra, he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad, y angustia; y a la oscuridad, empellón.

Epístola

Wisdom 5:1-5

Este libro no tiene una edición de dominio público en tu idioma, así que este pasaje se muestra en inglés.

Then shall the righteous man stand in great boldness Before the face of those who afflicted him, And those who make his labors of no account. When they see it, they will be troubled with terrible fear, And will be amazed at the marvel of God’s salvation. They will say within themselves repenting, And for distress of spirit will they groan, This was he whom aforetime we had in derision, And made a parable of reproach: We fools accounted his life madness, And his end without honor: How was he counted among sons of God? And how is his lot among saints?

Primera lectura

Hechos 7:54-60

¶ En oyendo estas cosas fueron heridos hasta el corazón, y crujían los dientes contra él. Mas él estando lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios. Entonces ellos dando grandes voces, taparon sus orejas; y arremetieron unánimes contra él. Y echándole fuera de la ciudad le apedreaban; y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo. Y apedrearon a Esteban, invocando él al Señor, y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les pongas en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.

Primera lectura

2 Samuel 23:1-7

Estas son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí: y dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua. El Dios de Israel me ha dictado: El Fuerte de Israel habló: Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios. ¶ Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes resplandeciente, cuando cae lluvia sobre la yerba de la tierra: No será así mi casa para con Dios: mas él ha hecho conmigo concierto perpetuo, ordenado en todas las cosas y seguro; por lo cual a toda mi salud, y a toda mi voluntad no así hará producir. Mas los hijos de Belial serán como espinas arrancadas todos ellos, las cuales nadie toma con la mano: Mas el que quiere tocar en ellas, ármase de hierro, y de una asta de lanza, y son quemadas en su lugar.

Oración matutina — primera lectura

2 Reyes 6

Los hijos de los profetas dijeron a Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo, nos es estrecho. Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámosnos allí lugar en que moremos allí. Y él dijo: Andád. Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. Y fuése con ellos: y como llegaron al Jordán, cortaron la madera. Y aconteció, que derribando uno un árbol, cayósele la hacha en el agua: y dio voces, diciendo: ¡Ah señor mío! que era emprestada. Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces él cortó un palo, y echólo allí, e hizo nadar el hierro. Y él le dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo, ¶ El rey de Siria tenía guerra contra Israel, y consultando con sus siervos dijo: En tal y en tal lugar estará mi asiento. Y el varón de Dios envió a decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar: porque los Siros van allí. Entonces el rey de Israel envió a aquel lugar, que el varón de Dios había dicho y amonestádole, y guardóse de allí, no una vez ni dos. Y el corazón del rey de Siria fue turbado de esto: y llamando sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros, quién de los nuestros es del rey de Israel? Entonces uno de sus siervos dijo: No, rey señor mío: sino que el profeta Eliseo está en Israel: el cual declara al rey de Israel las palabras que tú hablas en tu más secreta cámara. Y él dijo: Id, y mirád adonde está, para que yo envíe a tomarle. Y fuéle dicho: He aquí, él está en Dotaim. Entonces el rey envió allá gente de a caballo y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad. Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército, que tenía cercada la ciudad con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah señor mío! ¿qué haremos? Y él le dijo: No hayas miedo, porque más son los que están con nosotros, que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote oh Jehová, que abras sus ojos, para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y, he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego al rededor de Eliseo. Y como ellos descendieron a él, Eliseo oró a Jehová, y dijo: Ruégote que hieras a esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de Eliseo. Y Eliseo les dijo: No es este el camino, ni es esta la ciudad, seguídme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos a Samaria. Y como vinieron a Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de estos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de Samaria. Y el rey de Israel dijo a Eliseo, cuando los vio: ¿Herirlos he, padre mío? Y él le respondió: No los hieras: ¿Herirías a los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman, y beban, y se vuelvan a sus señores. Entonces les fue aparejada grande comida, y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron a su señor: y nunca más vinieron escuadrones de Siria a la tierra de Israel. ¶ Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército: y subió, y puso cerco a Samaria. Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella, tanto que la cabeza de un asno era por ochenta piezas de plata: y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas, por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dio voces, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: No te salva Jehová: ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, o del lagar? Y díjole el rey: ¿Qué has? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Daca tu hijo, y comámosle hoy, y mañana comeremos el mío. Y cocimos mi hijo, y comímosle. Al día siguiente yo le dije: Daca tu hijo, y comámosle. Mas ella escondió su hijo. Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rompió sus vestidos, y pasó así por el muro: y el pueblo vio el saco que traía dentro sobre su carne. Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo, hijo de Safat, estuviere hoy sobre él. Y Eliseo estaba sentado en su casa, y estaban sentados con él los ancianos: y el rey envió a él un varón. Y antes que el mensajero viniese a él, él dijo a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo del homicida me envía a quitar la cabeza? Mirád pues, y cuando viniere el mensajero, cerrád la puerta, y emprensádle con la puerta: ¿no viene tras de él el estruendo de los pies de su amo? Aun él estaba hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué tengo de esperar más a Jehová?

Oración matutina — segunda lectura

Mateo 10

Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda dolencia. Y los nombres de los doce Apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, su hermano: Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano: Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Mateo el publicano: Santiago, hijo de Alfeo, y Lebeo, que tenía el sobrenombre de Tadeo: Simón de Cana, y Júdas Iscariote, que también le entregó. Estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis: Mas íd antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicád, diciendo: El reino de los cielos ha llegado. Sanád enfermos, limpiád leprosos, resucitád muertos, echád fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. No proveáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento. Mas en cualquiera ciudad o aldea, donde entraréis, buscád con diligencia quien sea en ella digno, y morád allí hasta que salgáis. Y entrando en la casa, saludádla. Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros. Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salíd de aquella casa o ciudad, y sacudíd el polvo de vuestros pies. De cierto os digo: Que el castigo será más tolerable a la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad. He aquí, yo os envió, como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardáos de los hombres; porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán. Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los Gentiles. Mas cuando os entregaren, no os congojéis cómo, o qué habéis de hablar; porque en aquella hora os será dado que habléis. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que lo soportare hasta el fin, éste será salvo. Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor. Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al mismo padre de familias llamaron Belzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y nada oculto que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decídlo en luz; y lo que oís al oído, predicádlo desde los tejados. Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: teméd antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? Y uno de ellos no caerá a tierra sin vuestro Padre. Y vuestros cabellos también, todos están contados. No temáis pues: más valéis vosotros que muchos pajarillos. Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, galardón de justo recibirá. Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un jarro de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su galardón.

Salmo responsorial

Salmos 57

Ten misericordia de mí, o! Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma, y en la sombra de tus alas me ampararé, hasta que pasen los quebrantamientos. Clamaré al Dios Altísimo, al Dios que me galardona. El enviará desde los cielos, y me salvará de la afrenta de él que me traga. Selah. Dios enviará su misericordia y su verdad. Mi vida está entre leones: estoy echado entre hijos de hombres que echan llamas: sus dientes son lanza y saetas, y su lengua espada aguda. Ensálzate sobre los cielos, o! Dios: sobre toda la tierra se ensalce tu gloria. Red han compuesto a mis pasos, mi alma se ha abatido: hoyo han cavado delante de mí, caigan en medio de él. Selah. Aparejado está mi corazón, o! Dios, aparejado está mi corazón: cantaré, y diré salmos. Despierta, o! gloria mía, despierta salterio y arpa; levantarme he de mañana. Alabarte he en los pueblos, o! Señor, cantaré de ti en las naciones: Porque grande es hasta los cielos tu misericordia, y hasta las nubes tu verdad. Ensálzate sobre los cielos, o! Dios; sobre toda la tierra se ensalce tu gloria.

Salmo responsorial

Salmos 119

Bienaventurados los perfectos de camino: los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios; y con todo el corazón le buscan. Ítem, los que no hacen iniquidad, andan en sus caminos. Tú encargaste tus mandamientos, que sean muy guardados. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando mirase en todos tus mandamientos. Alabarte he con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente. ¿Con qué limpiará el mozo su camino? cuando guardare tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes errar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, o! Jehová, enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. En el camino de tus testimonios me he regocijado, como sobre toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; y consideraré tus caminos. En tus estatutos me recrearé: no me olvidaré de tus palabras. Haz este bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. Destapa mis ojos; y miraré las maravillas de tu ley. Advenedizo soy yo en la tierra: no encubras de mi tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear tus juicios todo el tiempo. Destruiste a los soberbios malditos, que yerran de tus mandamientos. Aparta de mí oprobio y menosprecio; porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se asentaron, y hablaron contra mí: meditando tu siervo en tus estatutos. También tus testimonios son mis delicias: los varones de mi consejo. Apegóse con el polvo mi alma: vivifícame según tu palabra. Mis caminos te conté, y respondísteme: enséñame tus estatutos. El camino de tus mandamientos házme entender; y meditaré en tus maravillas. Mi alma se destila de ansia: confírmame según tu palabra. Camino de mentira aparta de mí: y de tu ley házme misericordia. El camino de la verdad escogí: tus juicios he puesto delante de mí. Allegádome he a tus testimonios, o! Jehová, no me avergüences. Por el camino de tus mandamientos correré: cuando ensanchares mi corazón. Enséñame, o! Jehová, el camino de tus estatutos; y guardarle he hasta el fin. Dáme entendimiento, y guardaré tu ley; y guardarla he de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi verdad. Inclina mi corazón a tus testimonios: y no a avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad: avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. Quita de mí el oprobio que he temido; porque buenos son tus juicios. He aquí yo he codiciado tus mandamientos: en tu justicia avívame. Y véngame tu misericordia, o! Jehová: tu salud, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado. Y no quites de mi boca palabra de verdad en ningún tiempo; porque a tu juicio espero. Y guardaré tu ley siempre, por siglo y siglo. Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos. Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes; y no me avergonzaré. Y deleitarme he en tus mandamientos, que amé. Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que amé; y meditaré en tus estatutos. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo: en la cual me has hecho esperar. Esta es mi consolación en mi aflicción; porque tu dicho me vivificó. Los soberbios se burlaron mucho de mí: de tu ley no me he apartado. Acordéme, o! Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé. Temblor me tomó a causa de los impíos, que dejan tu ley. Canciones me son tus estatutos en la casa de mis peregrinaciones. Acordéme en la noche de tu nombre, o! Jehová, y guardé tu ley. Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. Mi porción, o! Jehová, dije, será guardar tus palabras. En tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu dicho. Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios. Apresuréme, y no me detuve, a guardar tus mandamientos. Compañías de impíos me han saqueado: mas no me he olvidado de tu ley. A media noche me levantaré a alabarte sobre los juicios de tu justicia. Compañero soy yo a todos los que te temieren; y guardaren tus mandamientos. De tu misericordia, o! Jehová, está llena la tierra: tus estatutos enséñame. Bien has hecho con tu siervo, o! Jehová, conforme a tu palabra. Bondad de sentido, y sabiduría enséñame, porque a tus mandamientos he creído. Antes que fuera humillado, yo erraba: mas ahora tu palabra guardo. Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. Compusieron sobre mí mentira los soberbios: mas yo de todo corazón guardaré tus mandamientos. Engrosóse su corazón como sebo: mas yo en tu ley me he deleitado. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y de plata. Tus manos me hicieron, y me compusieron: házme entender, y aprenderé tus mandamientos. Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque a tu palabra he esperado. Conozco, o! Jehová, que tus juicios son justicia, y que con verdad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. Vénganme tus misericordias, y viva; porque tu ley es mis delicias. Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero meditaré en tus mandamientos. Tórnense a mí los que te temen, y saben tus testimonios. Sea mi corazón perfecto en tus estatutos; porque no sea avergonzado. Desfalleció de deseo mi alma por tu salud, esperando a tu palabra. Desfallecieron mis ojos por tu dicho, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo: mas no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? Los soberbios me han cavado hoyos: mas no según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad, sin causa me persiguen, ayúdame. Casi me han consumido por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. Conforme a tu misericordia vivifícame; y guardaré los testimonios de tu boca. Para siempre, o! Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. Por tu ordenación perseveran hasta hoy; porque todas ellas son tus siervos. Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya hubiera perecido en mi aflicción. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy yo, guárdame; porque tus mandamientos he buscado. Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. A toda perfección he visto fin: ancho es tu mandamiento en gran manera. ¡Cuánto he amado tu ley! todo el día ella es mi meditación. Más que mis enemigos me has hecho sabio con tus mandamientos; porque me son eternos. Más que todos mis enseñadores he entendido; porque tus testimonios han sido mi meditación. Más que los viejos he entendido: porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino detuve mis pies, para guardar tu palabra. De tus juicios no me aparté; porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces han sido a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. De tus mandamientos, he adquirido entendimiento; por tanto he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbre a mi camino. Juré, y afirmé, de guardar los juicios de tu justicia. Afligido estoy en gran manera, o! Jehová: vivifícame conforme a tu palabra. Los sacrificios voluntarios de mi boca, ruégote, o! Jehová, que te sean agradables; y enséñame tus juicios. Mi alma está en mi palma de continuo: mas de tu ley no me he olvidado. Los impíos me pusieron lazo: empero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a hacer tus estatutos de continuo hasta el fin. Las cautelas aborrezco, y tu ley he amado. Mi escondedero y mi escudo eres tú, a tu palabra he esperado. Apartáos de mí los malignos, y guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré, y no me avergüences de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo; y deleitarme he en tus estatutos siempre. Tú atropellaste a todos los que yerran de tus estatutos; porque mentira es su engaño. Como escorias hiciste deshacer a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha erizado de temor de ti; y de tus juicios he tenido miedo. Juicio y justicia he hecho: no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios. Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia. Haz con tu siervo según tu misericordia; y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo; dáme entendimiento, para que sepa tus testimonios. Tiempo es de hacer, o! Jehová: disipado han tu ley. Por tanto yo he amado tus mandamientos más que el oro, y más que el oro muy puro. Por tanto todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: todo camino de mentira aborrecí. Maravillosos son tus testimonios; por tanto los ha guardado mi alma. El principio de tus palabras alumbra: hace entender a los simples. Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos. Mira a mí, y ten misericordia de mí: como acostumbras con los que aman tu nombre. Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos. Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; y enséñame tus estatutos. Ríos de aguas descendieron de mis ojos; porque no guardaban tu ley. Justo eres tú, o! Jehová, y rectos tus juicios. Encargáste la justicia, es a saber, tus testimonios, y tu verdad. Mi zelo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. Afinada es tu palabra en gran manera; y tu siervo la ama. Pequeño soy yo y desechado: mas no me he olvidado de tus mandamientos. Tu justicia es justicia eterna; y tu ley verdad. Aflicción y angustia me hallaron: mas tus mandamientos fueron mis delicias. Justicia eterna son tus testimonios: dáme entendimiento, y viviré. Clamé con todo mi corazón: respóndeme Jehová, y guardaré tus estatutos. Clamé a ti; sálvame, y guardaré tus testimonios. Previne al alba y clamé, esperé tu palabra. Previnieron mis ojos las veladas, para meditar en tus palabras. Oye mi voz conforme a tu misericordia, o! Jehová: vivifícame conforme a tu juicio. Acercáronse los que me persiguen a la maldad: alejáronse de tu ley. Cercano estás tú, Jehová, y todos tus mandamientos son verdad. Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, que para siempre los fundaste. Mira mi aflicción, y escápame; porque de tu ley no me he olvidado, Pleitea mi pleito, y redímeme: vivifícame con tu palabra. Lejos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, o! Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. Muchos son mis persiguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Mira, o! Jehová, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia. El principio de tu palabra es verdad; y eterno todo juicio de tu justicia. Príncipes me han perseguido sin causa: mas de tus palabras tuvo miedo mi corazón. Regocíjome yo sobre tu palabra, como el que halla muchos despojos. La mentira aborrezco, y abomino; tu ley amo. Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia. Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropezón. Tu salud he esperado, o! Jehová; y tus mandamientos he practicado. Mi alma ha guardado tus testimonios; y en gran manera los he amado. Guardado he tus mandamientos, y tus testimonios; porque todos mis caminos están delante de ti. Acérquese mi clamor delante de ti, o! Jehová: dáme entendimiento conforme a tu palabra. Venga mi oración delante de ti: escápame conforme a tu dicho. Mis labios rebosarán alabanza, cuando me enseñares tus estatutos. Hablará mi lengua tus palabras; porque todos tus mandamientos son justicia. Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido. Deseado he tu salud, o! Jehová; y tu ley es mis delicias. Viva mi alma, y alábete; y tus juicios me ayuden. Yo me perdí, como oveja que se pierde: busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.

Salmo responsorial

Salmos 132

Acuérdate, o! Jehová, de David, de toda su aflicción: Que juró a Jehová, prometió al fuerte de Jacob: No entraré en la morada de mi casa: no subiré sobre el lecho de mi estrado: No daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento, Hasta que halle lugar para Jehová, moradas para el fuerte de Jacob. He aquí, en Efrata oímos de ella: hallámosla en los campos del bosque. Entraremos en sus tiendas: encorvarnos hemos al estrado de sus pies. Levántate, o! Jehová, a tu reposo, tú, y el arca de tu fortaleza. Tus sacerdotes vistan justicia; y tus piadosos se regocijen. Por amor de David tu siervo no vuelvas de tu ungido el rostro. Juró Jehová verdad a David, no se apartará de ella: de fruto de tu vientre pondré sobre tu trono. Si tus hijos guardaren mi alianza, y mi testimonio que yo les enseñaré: sus hijos también se asentarán sobre tu trono para siempre. Porque Jehová ha elegido a Sión: la codició por habitación para sí. Este será mi reposo para siempre: aquí habitaré, porque la he codiciado. A su mantenimiento daré bendición: sus pobres hartaré de pan. Y a sus sacerdotes vestiré de salud; y sus piadosos exultarán de gozo. Allí haré reverdecer el cuerno de David: yo he aparejado lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión; y sobre él florecerá su corona.

Salmo responsorial

Salmos 130

De los profundos te llamo, o! Jehová. Señor, oye mi voz. Sean tus orejas atentas a la voz de mi oración. Jehová, si mirares a los pecados, Señor ¿quién persistirá? Por lo cual hay perdón acerca de ti: para que seas temido. Yo esperé a Jehová, mi alma esperó: a su palabra he esperado. Mi alma esperó a Jehová, más que las guardas esperan a la mañana: las guardas a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque con Jehová está la misericordia; y abundante redención cerca de él. Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.

Evangelio

Juan 4:46-53

Vino pues Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había un cierto cortesano, cuyo hijo estaba enfermo en Capernaum. Este, como oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, fue a él, y le rogaba que descendiese, y sanase su hijo; porque se comenzaba a morir. Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y maravillas, no creeréis. El cortesano le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Dícele Jesús: Vé, tu hijo vive. Creyó el hombre a la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Y como él iba ya descendiendo, sus criados le salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor; y le dijeron: Ayer a la sétima hora le dejó la fiebre. El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él, y toda su casa.

Segunda lectura

Apocalipsis 11

Y fuéme dada una caña semejante a una vara, y el ángel se me presentó, diciendo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. Empero echa fuera el patio que está fuera del templo, y no lo midas; porque es dado a los Gentiles; y pisarán la santa ciudad cuarenta y dos meses. Y yo daré poder a mis dos testigos, y ellos profetizarán por espacio de mil y doscientos y sesenta días, vestidos de sacos. Estas son las dos olivas, y los dos candelabros que están delante del Dios de la tierra. Y si alguno les quisiere empecer, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno les quisiere hacer daño, así es necesario que él sea muerto. Estos tienen potestad de cerrar el cielo, que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, todas las veces que quisieren. Y cuando ellos hubieren acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá, y los matará. Y sus cuerpos muertos serán echados en la plaza de la grande ciudad, que espiritualmente es llamada Sodoma, y Egipto; donde también nuestro Señor fue crucificado. Y los de los linajes, y de los pueblos, y de las lenguas, y de las naciones verán los cuerpos muertos de ellos por tres días y medio, y no permitirán que sus cuerpos muertos sean puestos en sepulcros. Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos, y se alegrarán, y se enviarán dones los unos a los otros; porque estos dos profetas han atormentado a los que moran sobre la tierra. Y después de tres días y medio el Espíritu de vida, enviado de Dios, entró en ellos, y se enhestaron sobre sus pies, y vino grande temor sobre los que los vieron. Y oyeron una gran voz del cielo que les decía: Subíd acá. Y subieron al cielo en una nube; y sus enemigos los vieron. Y en aquella hora fue hecho un gran temblor de tierra; y la décima parte de la ciudad cayó, y fueron muertos en el temblor de tierra los nombres de siete mil hombres; y los demás fueron espantados, y dieron gloria al Dios del cielo. El segundo ay es pasado, y, he aquí, el tercero ay vendrá prestamente. Y el séptimo ángel tocó la trompeta; y fueron hechas grandes voces en el cielo que decían: Los reinos de este mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo, y reinará por los siglos de los siglos. Y los veinte y cuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus sillas, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, Diciendo: Te damos gracias, ¡oh Señor Dios Todopoderoso! que eres, y que eras, y que has de venir; porque has tomado tu grande poderío, y has reinado. Y las naciones se han airado, y tu ira es ya venida, y el tiempo de los muertos para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños, y a los grandes, para que destruyas los que destruyen la tierra. Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su testamento fue vista en su templo, y fueron hechos relámpagos, y voces, y truenos, y un terremoto, y grande granizo.

Segunda lectura

Hechos 12

Y en el mismo tiempo el rey Heródes tendió las manos para maltratar a algunos de la iglesia. Y mató a Santiago el hermano de Juan a espada. Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. (Eran entonces los días de los panes sin levadura.) El cual prendido, le echó en la cárcel, entregándole a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen: queriendo sacarle al pueblo después de la pascua. Así que, Pedro era guardado en la cárcel; mas la iglesia hacía oración a Dios sin cesar por él. Y cuando Heródes le había de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. Y, he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel: e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel: mas pensaba que veía una visión. Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron a la puerta de hierro, que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo; y salidos, pasaron adelante por una calle; y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente, que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Heródes, y de toda la expectación del pueblo de los Judíos. Y habiendo considerado, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos, donde muchos estaban congregados, y orando. Y tocando Pedro a la puerta del portal, salió una muchacha, para escuchar, que se llamaba Rode. La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino corriendo dentro, dio la nueva, que Pedro estaba ante la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que era así. Entonces ellos decían: Su ángel es. Empero Pedro perseveraba en llamar; y como le abrieron la puerta, le vieron, y se espantaron. Mas él, haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó como el Señor le había sacado de la cárcel; y dijo: Hacéd saber esto a Santiago y a los hermanos. Y salido, se partió a otro lugar. Siendo pues de día, había no poco alboroto entre los soldados, sobre qué se había hecho de Pedro. Mas Heródes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar a la muerte. Y descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí. ¶ Y Heródes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidón; mas ellos vinieron de acuerdo a él; y habiendo sobornado a Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran mantenidas por las del rey. Y en un día señalado, Heródes vestido de ropa real, se sentó en su trono, y les arengaba. Y el pueblo aclamaba, diciendo: Esta es la voz de un dios, y no de un hombre. Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y comido de gusanos espiró. Mas la palabra del Señor crecía, y se multiplicaba. Y Barnabás y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido su ministerio, tomando consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos.

Segunda lectura

Santiago 4:1-10

¿De dónde vienen las guerras, y los pleitos entre vosotros? De aquí, es a saber, de vuestras concupiscencias, las cuales batallan en vuestros miembros. Codiciáis, y no tenéis: tenéis envidia y odio, y no podéis alcanzar: combatís y guerreáis, empero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís; porque pedís malamente, para gastar en vuestros deleites. Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros, codicia envidiosamente? Mas él da mayor gracia. Porque él dice: Dios resiste a los soberbios, empero da gracia a los humildes. Sed pues sujetos a Dios: resistíd al diablo, y huirá de vosotros. Allegáos a Dios, y él se allegará a vosotros. Pecadores, limpiád las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificád los corazones. Afligíos, y lamentád, y llorád. Vuestra risa conviértase en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humilláos delante de la presencia del Señor, y él os ensalzará.

Oración vespertina — primera lectura

2 Reyes 7

Y dijo Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas el modio de flor de harina, un siclo: y dos modios de cebada, un siclo a la puerta de Samaria. Y un príncipe, sobre cuya mano el rey se recostaba, respondió al varón de Dios, y dijo: ¿Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, sería esto así? Y él dijo: He aquí, tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y había cuatro hombres leprosos a la entrada de la puerta, los cuales dijeron el uno al otro: ¿Para qué nos estamos aquí hasta que muramos? Si hablaremos de entrar en la ciudad, por la hambre que hay en la ciudad moriremos en ella: y si nos quedamos aquí también moriremos. Veníd pues ahora, y pasémosnos al ejército de los Siros: si ellos nos dieren la vida, viviremos, y si nos dieren la muerte, moriremos. Y levantáronse en el principio de la noche, para irse al campo de los Siros; y llegando a las primeras estancias de los Siros, no había allí hombre. Porque el Señor había hecho que en el campo de los Siros se oyese estruendo de carros, sonido de caballos, y estruendo de grande ejército: y dijeron los unos a los otros: He aquí, el rey de Israel ha pagado contra nosotros a los reyes de los Jetteos, y a los reyes de los Egipcios, para que vengan contra nosotros. Y así se habían levantado, y habían huido al principio de la noche, dejando sus tiendas, sus caballos, sus asnos, y el campo como se estaba, y habían huido por salvar las vidas. Y como los leprosos llegaron a las primeras estancias, entráronse en una tienda, y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro, y vestidos, y fueron, y escondiéronlo: y vueltos entraron en otra tienda, y de allí también tomaron, y fueron, y escondieron. Y dijeron el uno al otro: No hacemos bien: hoy es día de dar buena nueva, y nosotros callamos: y si esperamos hasta la luz de la mañana, seremos tomados en la maldad. Veníd pues ahora, entremos, y demos la nueva en casa del rey. Y vinieron, y dieron voces a las guardias de la puerta de la ciudad, y declaráronles, diciendo: Nosotros venímos al campo de los Siros, y, he aquí que no había allá hombre, ni voz de hombre, sino los caballos atados, y los asnos atados, y el campo como se estaba. Y los porteros dieron voces, y declaráronlo dentro en el palacio del rey. Y levantóse el rey de noche, y dijo a sus siervos: Yo os declararé lo que nos han hecho los Siros: ellos saben que tenemos hambre, y hánse salido de las tiendas, y escondídose en el campo, diciendo: Cuando hubieren salido de la ciudad, los tomaremos vivos, y entraremos en la ciudad. Entonces respondió uno de sus siervos, y dijo: Tomen ahora cinco de los caballos que han quedado en la ciudad, porque ellos también han sido como toda la multitud de Israel, que ha quedado en ella: ellos también han sido como toda la multitud de Israel que ha perecido, y enviémoslos, y veremos. Y tomaron dos caballos de un carro, y envió el rey tras el campo de los Siros, diciendo: Id, y ved. Y ellos fueron, y siguiéronlos hasta el Jordán: y, he aquí, todo el camino estaba lleno de vestidos y de vasos, que los Siros habían echado con priesa. Y volvieron los mensajeros, e hiciéronlo saber al rey. Entonces el pueblo salió, y saquearon el campo de los Siros; y fue un modio de flor de harina por un siclo, y dos modios de cebada por un siclo, conforme a la palabra de Jehová. ¶ Y el rey puso a la puerta a aquel príncipe, sobre cuya mano él se había recostado, y el pueblo le atropelló a la entrada, y murió, conforme a lo que había dicho el varón de Dios, lo que habló cuando el rey descendió a él. Y aconteció de la manera que el varón de Dios había dicho al rey, diciéndole: Dos modios de cebada por un siclo, y el modio de flor de harina por un siclo: será mañana a estas horas a la puerta de Samaria. A lo cual aquel príncipe había respondido al varón de Dios, diciendo: ¿Si Jehová hiciese ventanas en el cielo, hacerse ha eso? Y él dijo: He aquí, tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello. Y acontecióle así: porque el pueblo le atropelló en la entrada, y murió.

Segunda lectura

Hebreos 1:1-14

Dios, que habló muchas veces, y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, Nos ha hablado en estos postreros días por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por quien asimismo hizo los siglos; El cual siendo el resplandor de su gloria, y la imagen expresa de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se asentó a la diestra de la majestad en las alturas; Siendo hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. ¿Porque a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, yo te he engendrado hoy? Y otra vez: Yo seré a él Padre, y él me será a mí Hijo? Y otra vez, cuando introduce al primogénito en la redondez de la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios. Y ciertamente con respecto a los ángeles dice: El que hace sus ángeles espíritus, y a sus ministros, llama de fuego. Mas al Hijo: Tu trono, oh Dios, por los siglos de los siglos: cetro de rectitud el cetro de tu reino. Amaste la justicia, y aborreciste la maldad; por esto Dios, tu Dios, te ungió, con el aceite de alegría más que a tus compañeros. Y: Tú, Señor, en el principio fundaste la tierra; y los cielos son obras de tus manos: Ellos perecerán, mas tú eres permanente; y todos ellos envejecerse han como vestidura; Y como un manto los envolverás, y serán mudados: tú empero eres el mismo, y tus años nunca se acabarán. Además, ¿a cuál de los ángeles dijo él jamás: Asiéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para ministrar por aquellos, que serán herederos de salud?

Evangelio

Mateo 21

Y como se acercaron a Jerusalem, y vinieron a Betfage, al monte de las Olivas, entonces Jesús envió dos discípulos, Diciéndoles: Id a la aldea que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella: desatádla, y traédmelos. Y si alguno os dijere algo, decíd: El Señor los ha menester; y luego los dejará. Y todo esto fue hecho, para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Decíd a la hija de Sión: He aquí, tu Rey te viene, manso, y sentado sobre una asna y un pollino, hijo de animal de yugo. Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó. Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos, y se sentó sobre ellos. Y muy mucha gente tendían sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino. Y las multitudes que iban delante, y las que iban detrás aclamaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas. Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es éste? Y las multitudes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea. ¶ Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas. Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habéis hecho. Entonces vinieron a él ciegos y cojos en el templo, y los sanó. ¶ Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se enojaron, Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dice: Si: ¿Nunca leísteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza? Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad a Betania; y posó allí. ¶ Y por la mañana volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más nazca de ti fruto para siempre. Y luego la higuera se secó. Entonces viendo esto los discípulos, maravillados decían: ¡Cómo se secó luego la higuera! Y respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si a este monte dijereis: Quítate, y échate en la mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis con oración creyendo, lo recibiréis. ¶ Y como vino al templo, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo llegaron a él, cuando estaba enseñando, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dio esta autoridad? Y respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os preguntaré una palabra; la cual si me dijereis, también yo os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, o de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os diré con qué autoridad hago esto. ¶ Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Y respondiendo él, dijo: No quiero: mas después arrepentido, fue. Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, Señor, voy; y no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesús: De cierto os digo, que los publicanos, y las rameras os van delante al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan por vía de justicia, y no le creísteis; y los publicanos, y las rameras le creyeron; y vosotros viendo esto nunca os arrepentisteis para creerle. ¶ Oíd otra parábola: Fue un hombre, padre de familias, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y fundó en ella lagar, y edificó torre, y la dio a renta a labradores, y se partió lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. Envió otra vez otros siervos más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Y a la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero: veníd, matémosle, y tomemos su herencia. Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Dícenle ellos: A los malos destruirá malamente; y su viña dará a renta a otros labradores, que le paguen el fruto a sus tiempos. Díceles Jesús: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fue hecha por cabeza de la esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que haga el fruto de él. Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, desmenuzarle ha. Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenían por profeta.

Evangelio

Juan 6:27-33

Trabajád, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste selló el Padre, es a saber, Dios. Entonces le dijeron: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? Respondió Jesús, y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él envió. Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras tú? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo, que no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo.

Oración vespertina — segunda lectura

Romanos 11

Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis lo que dice en Elías la Escritura? cómo se queja a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han muerto, y a tus altares han minado, y yo he quedado solo, y procuran quitarme mi vida. Mas ¿qué le dice la divina respuesta? Yo me he reservado siete mil varones que no han doblado la rodilla delante de la imagen de Baal. Así también, pues, en este tiempo ha quedado un residuo según la elección de la gracia. Y si por gracia, luego no es por obras: de otro modo la gracia ya no es gracia. Mas si por obras, ya no es gracia: de otra manera la obra ya no es obra. ¶ ¿Pues qué? Lo que buscaba Israel, aquello no ha alcanzado; mas la elección lo ha alcanzado; y los demás fueron endurecidos. (Como está escrito: Dióles Dios espíritu de adormecimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan;) hasta el día de hoy. Y David dice: Séales hecha su mesa un lazo, y una red, y un tropezadero, y una retribución; Sus ojos sean oscurecidos para que no vean; y agóbiales siempre el espinazo. ¶ Digo pues: ¿Tropezaron luego de tal manera que cayesen del todo? En ninguna manera; antes mas bien por la caída de ellos vino la salud a los Gentiles, para que por ellos fuesen provocados a zelos. Y si la caída de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos la riqueza de los Gentiles, ¿cuánto más la plenitud de ellos? Porque, a vosotros hablo, Gentiles, en cuanto a la verdad yo soy apóstol de los Gentiles, mi ministerio ensalzo, Si en alguna manera provocase a emulación a los de mi carne, e hiciese salvos a algunos de ellos. Porque si el desechamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué será el recibimiento de ellos, sino vida de los muertos? Porque si el primer fruto es santo, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son los ramos. Y si algunos de los ramos fueron quebrados, y tú siendo acebuche has sido injerido en lugar de ellos, y has sido hecho participante de la raíz, y de la grosura de la oliva; No te jactes contra los ramos; mas si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Dirás pues: Los ramos fueron quebrados para que yo fuese injerido. Bien: por su incredulidad fueron quebrados, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme; Porque si Dios no perdonó a los ramos naturales, teme que a ti tampoco te perdone. Mira pues la bondad, y la severidad de Dios: la severidad ciertamente para con los que cayeron; mas la bondad para contigo, si permanecieres en su bondad; de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injeridos; que poderoso es Dios para volverlos a injerir. Porque si tú fuiste cortado del natural acebuche, y contra natura fuiste injerido en la buena oliva, ¿cuánto más estos, que son los ramos naturales, serán injeridos en su oliva? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes; y es, que el endurecimiento en parte ha acontecido a Israel, hasta tanto que entrase la plenitud de los Gentiles. Y así todo Israel será salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, y apartará de Jacob la impiedad. Y éste es mi concierto con ellos, cuando quitaré sus pecados. Así que, en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; mas en cuanto a la elección, son muy amados por causa de los padres. Porque sin arrepentimiento son las mercedes y la vocación de Dios. Porque como también vosotros en algún tiempo no creísteis a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia por ocasión de la incredulidad de ellos; Así también estos ahora no han creído, para que en vuestra misericordia, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos. ¶ ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría, y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e investigables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿o quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él son todas las cosas. A él sea gloria por los siglos. Amén.

Evangelio

Mateo 22

Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo. Y envió sus siervos para que llamasen a los convidados a las bodas; mas no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decíd a los convidados: He aquí, mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados son muertos, y todo está aparejado: veníd a las bodas. Mas ellos no hicieron caso, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; Y otros, tomando sus siervos, afrentáronlos, y matáronlos. Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso a fuego su ciudad. Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados, no eran dignos. Id pues a las salidas de los caminos, y llamád a las bodas a cuantos hallareis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de vestido de boda. Y le díjo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Y a él se le cerró la boca. Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos, tomádle, y echádle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados; mas pocos escogidos. ¶ Entonces idos los Fariseos, consultaron como le tomarían en alguna palabra. Y envían a él sus discípulos, con los de Heródes, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios; y que no te cuidas de nadie; porque no tienes acepción de persona de hombres: Dinos pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Mas Jesús, entendida su malicia, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostrádme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito? Ellos le dicen: De César. Y les dice: Pagád, pues, a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios. Y oyendo esto se maravillaron, y dejáronle, y se fueron. ¶ Aquel día llegaron a él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron, Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se case con su mujer, y despertará simiente a su hermano. Fueron, pues, entre nosotros siete hermanos; y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿cúya de los siete será la mujer? porque todos la tuvieron. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las escrituras, y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni se casan, ni se dan en matrimonio; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que es dicho por Dios a vosotros, que dice: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de los muertos, sino de los que viven. Y oyendo esto las multitudes estaban fuera de sí de su doctrina. ¶ Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca a los Saduceos, se juntaron a una; Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas. Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó, Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿Cúyo hijo es? Dícenle ellos: De David. El les dice: Pues, ¿cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Asiéntate a mi diestra, entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra: ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Evangelio

Lucas 9:1-17

Y juntando sus doce discípulos, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. Y los envió a que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos vestidos. Y en cualquiera casa que entrareis, quedád allí, y salíd de allí. Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudíd de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. ¶ Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacía, y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan había resucitado de los muertos; Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algún profeta de los antiguos había resucitado. Y dijo Heródes: A Juan yo le degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. ¶ Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se apartó aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida. Lo cual como las gentes entendieron, le siguieron; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios; y sanó a los que tenían necesidad de cura. Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide la multitud, para que yendo a las aldeas y heredades de al derredor, se alberguen y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. Y les dice: Dádles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos peces, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta gente. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacédlos recostar por ranchos de cincuenta en cincuenta. Y así lo hicieron; y recostáronse todos. Y tomando los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo los bendijo; y rompió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud. Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

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