Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y acordóse Dios de Noé, y de todos los animales, y de todas las bestias que estaban con él en el arca: e hizo pasar Dios un viento sobre la tierra, y cesaron las aguas. Y cerráronse las fuentes del abismo, y las ventanas de los cielos, y la lluvia de los cielos fue detenida. Y tornaron las aguas de sobre la tierra, yendo y volviendo: y descrecieron las aguas al cabo de ciento y cincuenta días. Y reposó el arca en el mes séptimo, a los diez y siete días del mes, sobre los montes de Armenia. Y las aguas fueron descreciendo hasta el mes décimo: en el décimo, al primero del mes, se descubrieron las cabezas de los montes. Y fue que al cabo de cuarenta días Noé abrió la ventana del arca, que había hecho: Y envió al cuervo, el cual salió, saliendo y tornando, hasta que las aguas se secaron de sobre la tierra. Y envió a la paloma de sí, para ver si las aguas se habían aliviado de sobre la haz de la tierra. Y no halló la paloma donde reposase la planta de su pie, y volvióse a él al arca, porque las aguas estaban aún sobre la haz de toda la tierra: Y él extendió su mano, y la tomó, y metióla consigo en el arca. Y esperó aún otros siete días, y volvió a enviar la paloma del arca. Y la paloma volvió a él a la hora de la tarde, y he aquí que traía una hoja de oliva tomada en su boca; y entendió Noé, que las aguas se habían aliviado de sobre la tierra. Y esperó aún otros siete días, y envió la paloma, la cual no tornó a volver a él más. Y fue, que en el año de seiscientos y uno, en el mes primero, al primero del mes, las aguas se enjugaron de sobre la tierra; y quitó Noé la cubierta del arca, y miró, y he aquí que la haz de la tierra estaba enjuta. Y en el mes segundo, a los veinte y siete días del mes, se secó la tierra. ¶ Y habló Dios a Noé, diciendo: Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen, y multipliquen sobre la tierra. Entonces salió Noé, y sus hijos, y su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil, y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. ¶ Y edificó Noé altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio, y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y olió Jehová olor de reposo: y dijo Jehová, en su corazón: No tornaré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre malo es desde su niñez: ni volveré más a herir toda cosa viva, como he hecho. Todavía serán todos los tiempos de la tierra, es a saber, sementera, y siega, y frío y calor, verano e invierno, y día y noche: no cesarán.
Primera lectura
Y partiendo de Elim, toda la congregación de los hijos de Israel vino al desierto de Sin, que es entre Elim y Sinaí: a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto. Y decíanles los hijos de Israel; ¡Oh, si hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de las carnes, cuando comíamos pan a hartura! que nos habéis sacado a este desierto, para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo os lloveré del cielo pan; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día; para que yo lo tiente, si anda en mi ley, o no. Mas al sexto día aparejarán lo que han de meter, que será el doble de lo que solían coger cada día. Entonces dijo Moisés y Aarón a todos los hijos de Israel: A la tarde sabréis que Jehová os ha sacado de la tierra de Egipto: Y a la mañana veréis la gloria de Jehová, porque él ha oído vuestras murmuraciones contra Jehová: que nosotros ¿qué somos, para que vosotros murmuréis contra nosotros? Y dijo Moisés: Jehová os dará a la tarde carne para comer, y a la mañana pan a hartura: porque Jehová ha oído vuestras murmuraciones, con que habéis murmurado contra él: que nosotros ¿qué somos? vuestras murmuraciones no son contra nosotros, sino contra Jehová. Y dijo Moisés a Aarón: Di a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercáos en la presencia de Jehová, que él ha oído vuestras murmuraciones. ¶ Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y, he aquí, la gloria de Jehová que apareció en la nube. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel: háblales, diciendo: Entre las dos tardes comeréis carne, y mañana os hartaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios. ¶ Y como se hizo tarde, subieron codornices, que cubrieron el real: y a la mañana descendió rocío al rededor del real. Y como el rocío cesó de descender, he aquí, sobre la haz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una helada sobre la tierra. Y viéndolo los hijos de Israel, dijeron cada uno a su compañero: Este es man: porque no sabían que era. Entonces Moisés les dijo: Este es el pan, que Jehová os da para comer. Esto es lo que Jehová ha mandado: Cogeréis de él cada uno según pudiere comer: un gomer por cabeza conforme al número de vuestras personas: tomaréis cada uno para los que están en su tienda. Y los hijos de Israel lo hicieron así, que cogieron, unos más, otros menos. Y después medíanlo por gomer, y no sobraba al que había cogido mucho, ni faltaba al que había cogido poco: cada uno cogió conforme a lo que había de comer. Y díjoles Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana. Mas ellos no obedecieron a Moisés; y algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y pudrióse; y enojóse contra ellos Moisés. Y cogíanlo cada mañana cada uno según lo que había de comer: y como el sol calentaba, derretíase. En el sexto día cogieron doblada comida, dos gomeres para cada uno: y todos los príncipes de la congregación vinieron a Moisés, e hiciéronselo saber. Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo sábado del reposo de Jehová, lo que hubiereis de cocer, cocédlo: y lo que hubiereis de cocinar, cocinádlo: y todo lo que os sobrare, ponédlo en guarda para mañana. Y ellos lo guardaron hasta la mañana, de la manera que Moisés había mandado, y no se pudrió, ni hubo en él gusano. Y dijo Moisés: Comédlo hoy, porque hoy es sábado de Jehová: hoy no lo hallaréis en el campo. En los seis días lo cogeréis; y el séptimo día es sábado, en el cual no se hallará. Y aconteció que algunos del pueblosalieron en el séptimo día a coger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés; ¿Hasta cuando no queréis guardar mis mandamientos, y mis leyes? Mirád que Jehová os dio el sábado, y por eso os da en el sexto día pan para dos días. Estése pues cada uno en su estancia, y nadie salga de su lugar en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día. Y la casa de Israel la llamó man; y era como simiente de cilantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. Y dijo Moisés: Esto es lo que Jehová ha mandado: Henchirás un gomer de él para que se guarde para vuestros descendientes, que vean el pan que yo os di a comer en el desierto, cuando yo os saqué de la tierra de Egipto. Y dijo Moisés a Aarón: Toma un vaso, y pon en él un gomer lleno de man, y pónlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. Y Aarón lo puso delante del testimonio en guarda, como Jehová lo mandó a Moisés. Así comieron los hijos de Israel man cuarenta años, hasta que entraron en la tierra habitada: man comieron hasta que llegaron al término de la tierra de Canaán. Y un gomer es la décima parte del efa.
Primera lectura
Ítem, Jehová habló a Moisés, diciendo: ¶ Habla a Aarón, y a sus hijos, y díles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles: Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz. Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
Oración matutina — primera lectura
Y será, que si oyendo oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar, para hacer todos sus mandamientos que yo te mando hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y alcanzarte han, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu bestia: la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Bendito tu canastillo, y tus sobras. Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir. Dará Jehová tus enemigos, que se levantaren contra ti, heridos delante de ti: por un camino saldrán a ti, y por siete caminos huirán delante de ti. Enviará Jehová contigo a la bendición en tus cilleros, y en todo aquello en que pusieres tu mano, y bendecirte ha en la tierra que Jehová tu Dios te da. Confirmarte ha Jehová por pueblo santo suyo como te ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra, que el nombre de Jehová es llamado sobre ti, y temerte han. Y hacerte ha Jehová que te sobre el bien en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, sobre la tierra que juró Jehová a tus padres que te había de dar. Abrirte ha Jehová su buen cillero, el cielo, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos: y prestarás a muchas gentes, y tú no tomarás emprestado. Y ponerte ha Jehová por cabeza, y no por cola: y serás encima solamente, y no serás debajo, cuando obedecieres a los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te mando hoy para que guardes y hagas. Y no te apartes de todas las palabras que yo os mando hoy, a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos para servirles. ¶ Y será si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para hacer todos sus mandamientos, y sus estatutos, que yo te mando hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y alcanzarte han. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito tú en el campo. Maldito tu canastillo, y tus sobras. Maldito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y Jehová enviará en ti la maldición, quebranto y asombramiento en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas presto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová hará que se te pegue mortandad hasta que te consuma de la tierra, a la cual entras para heredarla. Jehová te herirá de tísica, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de espada, y de hidropesía, y de ictericia; y perseguirte han hasta que perezcas. Y tus cielos, que están sobre tu cabeza, serán de metal; y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderá sobre ti hasta que perezcas. Jehová te dará herido delante de tus enemigos: por un camino saldrás a ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás por estremecimiento a todos los reinos de la tierra. Y será tu cuerpo muerto por comida a toda ave del cielo, y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante. Jehová te herirá de la plaga de Egipto y con almorranas, y con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. Jehová te herirá con locura y con ceguedad, y con pasmo de corazón. Y palparás al mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos y nunca serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. Desposarte has con mujer, y otro varón dormirá con ella: edificarás casa, y no habitarás en ella: plantarás viña, y no la profanarás. Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él: tu asno será robado de delante de ti, y no volverá a ti: tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te salve. Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano. El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste: y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días. Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. Herirte ha Jehová con mala sarna en las rodillas y en las piernas, que no puedas ser curado, desde la planta de tu pie hasta tu mollera. Jehová llevará a ti y a tu rey, que hubieres puesto sobre ti, a gente que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. Y serás por pasmo, por ejemplo y por fábula a todos los pueblos, a los cuales Jehová te llevará. Sacarás mucha simiente a la tierra, y cogerás poco; porque la langosta lo consumirá. Plantarás viñas y labrarás; mas no beberás vino, ni cogerás, porque el gusano lo comerá. Tendrás olivas en todo tu término, mas no te ungirás con el aceite: porque tu aceituna se caerá. Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio. Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta. El extranjero que estará en medio de ti subirá sobre ti encima, encima: y tú descenderás abajo, abajo. El te prestara a ti, y tú no prestarás a él: él será por cabeza, y tú serás por cola. Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y perseguirte han, y alcanzarte han hasta que perezcas: por cuanto no habrás oído a la voz de Jehová tu Dios guardando sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó. Y serán en ti por señal y por milagro, y en tu simiente para siempre: Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con bondad de corazón por la abundancia de todas las cosas. Y servirás a tus enemigos, que Jehová enviare contra ti, con hambre, y con sed, y con desnudez, y con falta de todas las cosas: y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta destruirte. Jehová traerá sobre ti gente de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas; Gente fiera de rostro, que no alzará el rostro al viejo, ni perdonará al niño. Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cria de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas hasta destruirte. Y ponerte ha cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados, en que tú confías, en toda tu tierra: y cercarte ha en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te dió. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas, que Jehová tu Dios te dió, en el cerco y en la angustia con que te angustiará tu enemigo. El hombre tierno en ti y el muy delicado, su ojo será maligno para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos, que le quedaren; Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que el comerá, porque no le habrá quedado en el cerco, y en la apretura con que tu enemigo te apretará en todas tus ciudades. La tierna en ti y la delicada, que nunca la planta de su pie probó a estar sobre la tierra de ternura y delicadez, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo y para con su hija, Y para con su chiquita que sale de entre sus pies, y para con sus hijos que pariere, que los comerá escondidamente con necesidad de todas las cosas en el cerco y en la apretura con que tu enemigo te apretará en tus ciudades. Si no guardares para hacer todas las palabras de aquesta ley, que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible: Jehová tu Dios; Jehová hará maravillosas tus plagas, y las plagas de tu simiente, plagas grandes, y firmes; y enfermedades malas y firmes: Y hará volver en ti todos los dolores de Egipto delante de los cuales temiste, y pegarse han en ti. Asimismo toda enfermedad y toda plaga, que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que tú seas destruido. Y quedaréis en pocos varones, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud: por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová tu Dios. Y será, que de la manera que Jehová se gozó sobre vosotros, para haceros bien, y para multiplicaros, así se gozará Jehová, sobre vosotros para echaros a perder, y para destruiros: y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para poseerla. Y esparcirte ha Jehová por todos los pueblos desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de la tierra: y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al palo y a la piedra. Y ni aun en las mismas gentes reposarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo: que allí te dará Jehová corazón temeroso y caimiento de ojos, y tristeza de alma. Y tendrás tu vida colgada delante, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida: Por la mañana dirás: ¿Quién diese la tarde? y a la tarde dirás: ¿Quién diese la mañana? del miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y de lo que verán tus ojos. Y Jehová te hará tornar a Egipto en navíos, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás: y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.
Epístola
Honra a tu padre y a tu madre, porque tus días se alarguen sobre la tierra, que Jehová tu Dios te da. No matarás. No cometerás adulterio. No hurtarás. No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo. ¶ Todo el pueblo oía las voces, y el sonido de la bocina y veía las llamas, y el monte que humeaba: Y viéndolo el pueblo temblaron, y pusiéronse de lejos, Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, que nosotros oiremos: y no hable Dios con nosotros, porque no muramos. Entonces Moisés respondió al pueblo: No temáis; que por tentaros vino Dios, y porque su temor esté en vuestra presencia, para que no pequéis. Entonces el pueblo se puso de lejos, y Moisés se llegó a la oscuridad, en la cual estaba Dios. ¶ Y Jehová dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto, que he hablado desde el cielo con vosotros. No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis. Altar de tierra harás para mí, y sacrificarás sobre él tus holocaustos, y tus pacíficos, tus ovejas, y tus vacas: en cualquier lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti, y te bendeciré.
Primera lectura
Postróse Bel, abatióse Nebo, sus imágenes fueron puestas sobre bestias, y sobre animales de carga, que os llevarán, cargadas de vosotros, carga de cansancio. Fueron encorvados, fueron abatidos juntamente; y no pudieron escaparse de la carga; y su alma hubo de ir en cautividad. ¶ Oídme, o! casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos de vientre, los que sois llevados de matriz. Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas yo suportaré: yo hice, yo llevaré, yo suportaré y guardaré. ¿A quién me hacéis semejante, y me igualáis, y me comparáis para ser semejante? Sacan oro de su talegón, y pesan plata con balanzas: alquilan un platero para hacer dios de él: humíllanse, y adoran. Echánsele sobre los hombros, llévanle, y asiéntanle en su lugar, y allí se está, y no se mueve de su lugar: dánle voces, y tampoco responde, ni libra de la tribulación. ¶ Acordáos de esto, y tenéd vergüenza: tornád en vosotros, prevaricadores. Acordáos de las cosas pasadas desde el siglo; porque yo soy Dios; y no hay más dios; y nada hay a mí semejante: Que anuncio lo por venir desde el principio; y desde antiguamente lo que aun no era hecho: que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quisiere: Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo: yo hablé, por eso lo haré venir: lo pensé, hacerlo he también. Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia. Haré a mí justicia que se acerque, y no se alejará; y mi salud no se detendrá. Y pondré salud en Sión; y mi gloria, en Israel.
Oración matutina — segunda lectura
Y les propuso también una parábola, para enseñar que es menester orar siempre, y no desalentarse, Diciendo: Había un juez en una ciudad, el cual ni temía a Dios, ni respetaba a hombre alguno. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Házme justicia de mi adversario. Mas él no quiso por algún tiempo: empero después de esto, dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre; Todavía, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia; porque no venga siempre y al fin me muela. Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto. ¿Y Dios no defenderá a sus escogidos que claman a él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos? Os digo que los defenderá presto. Empero el Hijo del hombre, cuando viniere, ¿hallará fe en la tierra? ¶ Y dijo también a unos, que confiaban de sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar, el uno Fariseo, y el otro publicano. El Fariseo puesto en pie oraba consigo de esta manera: Dios, te hago gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este publicano. Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo. Mas el publicano estando lejos, no quería, ni aun alzar los ojos al cielo; mas hería su pecho, diciendo: Dios, ten misericordia de mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado más bien que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. ¶ Y traían también a él niños para que les tocase, lo cual viéndolo sus discípulos, les reñían. Mas Jesús llamándolos, dijo: Dejád los niños venir a mí, y no los impidáis; porque de tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. ¶ Y le preguntó un príncipe, diciendo: ¿Maestro bueno, qué haré para poseer la vida eterna? Y Jesús le dijo: ¿Por qué me dices, bueno? ninguno hay bueno, sino uno solo, Dios. Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra a tu padre, y a tu madre. Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. Y Jesús oído esto, le dijo: Aun una cosa te falta: todo lo que tienes, véndelo, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, oídas estas cosas, se entristeció sobre manera, porque era muy rico. Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios, los que tienen riquezas! Porque más fácil cosa es entrar un camello por un ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. Y los que lo oían, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? Y él les dijo: Lo que es imposible acerca de los hombres, posible es acerca de Dios. Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. ¶ Y Jesús tomando aparte los doce, les dijo: He aquí, subimos a Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre. Porque será entregado a los Gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido; Y después que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercero día resucitará. Mas ellos nada de estas cosas entendían, y esta palabra les era encubierta; y no entendían lo que se decía. ¶ Y aconteció, que acercándose él de Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando, El cual como oyó la multitud que pasaba, preguntaba qué era aquello. Y le dijeron: que Jesús Nazareno pasaba. Entonces dio voces, diciendo: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. Y los que iban delante, le reñían para que callase; empero él clamaba mucho más: Hijo de David, ten misericordia de mí. Jesús entonces parándose, mandó traerle a sí. Y como él llegó, le preguntó, Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea yo. Y Jesús le dijo: Ve: tu fe te ha hecho salvo. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo como vio esto, dio alabanza a Dios.
Salmo responsorial
Bienaventurado el varón que teme a Jehová: en sus mandamientos se deleita en gran manera: Su simiente será valiente en la tierra: la generación de los rectos será bendita. Hacienda y riquezas habrá en su casa; y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos: clemente, y misericordioso, y justo. El buen varón tiene misericordia, y presta: gobierna sus cosas con juicio. Por lo cual para siempre no resbalará: en memoria eterna será el justo: De mala fama no tendrá temor: su corazón está aparejado, confiado en Jehová. Asentado está su corazón, no temerá, hasta que vea en sus enemigos la venganza. Esparce, da a los pobres, su justicia permanece para siempre; su cuerno será ensalzado en gloria. ¶ El impío verá, y airarse ha: sus dientes crujirá, y carcomerse ha: el deseo de los impíos perecerá.
Evangelio
Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan. Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldijere a padre o a madre, muera de muerte. Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere a su padre o a su madre: Toda ofrenda mía a ti aprovechará; Y no honrare a su padre o a su madre, será libre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entendéd. No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejádlos: guias son ciegos de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la necesaria? Mas lo que sale de la boca, del mismo corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; que comer con las manos por lavar no contamina al hombre.
Salmo responsorial
Sálvame, o! Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy zabullido en cieno profundo, que no hay pie; soy venido en profundos de aguas, y la corriente me ha anegado. He trabajado llamando; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos de esperar a mi Dios. Hánse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; hánse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin porqué: lo que no hurté, entonces lo volví. Dios, tú sabes mi insensatez; y mis delitos no te son ocultos. No sean avergonzados por mí, los que te esperan, Señor Jehová de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, o! Dios de Israel. Porque por ti he sufrido vergüenza; confusión ha cubierto mi rostro. He sido extrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre. Porque el zelo de tu casa me comió, y los denuestos de los que te denuestan, cayeron sobre mí. Y lloré con ayuno de mi alma, y esto me ha sido por afrenta. Y puse saco por mi vestido, y fui a ellos por proverbio. Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y en las canciones de los bebedores de sidra. Y yo enderazaba mi oración a ti, o! Jehová, al tiempo de la buena voluntad: o! Dios, por la multitud de tu misericordia óyeme, por la verdad de tu salud. Escápame del lodo, y no sea yo anegado; y sea yo librado de los que me aborrecen, y de los profundos de las aguas. No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me suerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca. Oyeme, Jehová; porque benigna es tu misericordia: conforme a la multitud de tus miseraciones mira por mí. Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela: por causa de mis enemigos líbrame. Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi vergüenza; delante de ti están todos mis enemigos. La afrenta ha quebrantado mi corazón; y he tenido dolor; y he esperado quien se compadeciese de mí, y no lo hubo, y consoladores, y no hallé. Y pusieron en mi comida hiel; y en mi sed me dieron a beber vinagre. Sea su mesa delante de ellos por lazo; y lo que es por paces, les sea por tropezón. Sean oscurecidos sus ojos para ver; y haz siempre titubear sus lomos. Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo les comprenda. Sea su palacio asolado; en sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste: y cuentan del dolor de los que tú mataste. Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia. Sean raídos del libro de los vivientes: y no sean escritos con los justos. Y yo afligido, y dolorido: tu salud, o! Dios, me defenderá. Yo alabaré el nombre de Dios con canción; y magnificarle he con alabanza. Y agradará a Jehová más que buey, y becerro, que echa cuernos y uñas. Verán los humildes, y regocijarse han: buscád a Dios, y vivirá vuestro corazón. Porque Jehová oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros. Alábenle los cielos y la tierra, las mares y todo lo que se mueve en ellas. Porque Dios guardará a Sión, y reedificará las ciudades de Judá, y habitarán allí, y heredarla han. Y la simiente de sus siervos la heredará; y los que aman su nombre habitarán en ella.
Salmo responsorial
Dé alabanza a Dios toda la tierra. Cantád la gloria de su nombre: ponéd gloria en su alabanza. Decíd a Dios: ¡Cuán terrible eres en tus obras! por la multitud de tu fortaleza se te sujetarán fingidamente todos tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantarán a ti: cantarán a tu nombre. Selah. Veníd, y ved las obras de Dios: terrible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió la mar en seco: por el río pasaron a pie; allí nos alegramos en él. El se enseñorea con su fortaleza para siempre: sus ojos atalayan sobre las naciones: los rebeldes no serán ellos ensalzados. Selah. Bendecíd pueblos a nuestro Dios: y hacéd oír la voz de su loor. El que puso nuestra alma en vida: y no permitió que resbalasen nuestros pies. Porque tú nos probaste, o! Dios: afinástenos, como se afina la plata. Metístenos en la red: pusiste apretura en nuestros lomos. Hiciste subir varón sobre nuestra cabeza: entrámos en fuego y en aguas; y sacástenos a hartura. Entraré pues en tu casa con holocaustos: y pagarte he mis votos, Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado. Holocaustos de engordados te ofreceré, con perfume de carneros: sacrificaré bueyes y machos de cabrío. Selah. Veníd, oíd todos los que teméis a Dios: y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él hablé en alta voz: y fue ensalzado con mi lengua. Si yo viera iniquidad en mi corazón, no oyera el Señor. Ciertamente oyó Dios: escuchó a la voz de mi oración. Bendito Dios, que no apartó mi oración, y su misericordia de mí.
Salmo responsorial
Dios, Dios mío eres tú, a ti madrugaré: mi alma tuvo sed de ti, mi carne te desea en tierra de sequedad, y sequiosa sin aguas. Así te miré en el santuario, para ver tu fortaleza y tu gloria. Porque mejor es tu misericordia que la vida: mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida: en tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será harta mi alma: y con labios de alegría te alabará mi boca, Cuando me acordaré de ti en mis camas, cuando a las alboradas meditaré de ti; Porque has sido mi socorro: y en la sombra de tus alas me regocijaré. Mi alma se apegó a ti: tu diestra me ha sustentado. Mas ellos para destrucción buscaron mi alma: descendieron en lo más bajo de la tierra. Matarlos han a filo de espada: porción de zorras serán. Y el rey se alegrará en Dios, será alabado cualquiera que jura por él: porque la boca de los que hablan mentira, será cerrada.
Oración vespertina — primera lectura
Estas son las palabras del concierto que mandó Jehová a Moisés, para que concertase con los hijos de Israel en la tierra de Moab, allende del concierto que concertó con ellos en Horeb. Moisés pues llamó a todo Israel, y díjoles: Vosotros habéis visto todo lo que Jehová ha hecho delante de vuestros ojos en la tierra de Egipto a Faraón y a todos sus siervos, y a toda su tierra: Las pruebas grandes que vieron tus ojos, las señales, y las grandes maravillas. Y Jehová no os dio corazón para entender, ni ojos para ver, ni oídos para oír, hasta hoy. Y yo os he traído cuarenta años por el desierto, que vuestros vestidos no se han envejecido sobre vosotros, ni tu zapato se ha envejecido sobre tu pie. Nunca comisteis pan, ni bebisteis vino ni sidra, porque supieseis que yo soy Jehová vuestro Dios. Y llegasteis a este lugar, y salió Sejón rey de Jesebón, y Og rey de Basán delante de nosotros para pelear, y herímoslos: Y tomamos su tierra, y dímosla por heredad a Rubén y a Gad, y a la media tribu de Manasés. Guardaréis pues las palabras de este concierto, y hacerlas heis, para que seáis prosperados en todo lo que hiciereis. Vosotros todos estáis hoy delante de Jehová vuestro Dios, vuestros príncipes de vuestras tribus, vuestros ancianos, y vuestros alcaldes, todos los varones de Israel: Vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campo, desde el que corta tu leña hasta el que saca tus aguas: Para que entres en el concierto de Jehová tu Dios y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo: Para confirmarte hoy por su pueblo, y que él te sea a ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y de la manera que él juró a tus padres Abraham, Isaac, y Jacob. Y no con vosotros solos concierto yo este concierto, y este juramento, Mas con los que están aquí estantes hoy con nosotros delante de Jehová nuestro Dios, y con los que no están aquí hoy con nosotros. Porque vosotros sabéis como habitamos en la tierra de Egipto, y como hemos pasado por medio de las gentes que habéis pasado; Y habéis visto sus abominaciones, y sus ídolos, madera y piedra, plata y oro, que tienen consigo. Quizá habrá entre vosotros varón o mujer, o familia o tribu, cuyo corazón se vuelva hoy de con Jehová nuestro Dios por andar a servir a los dioses de aquellas gentes: quizá habrá en vosotros raíz que eche veneno y ajenjo: Y sea, que cuando el tal oyere las palabras de esta maldición, él se bendiga en su corazón, diciendo: Paz habré, aunque ande según el pensamiento de mi corazón, para añadir la embriaguez a la sed. Jehová no querrá perdonar al tal, que luego humeará el furor de Jehová y su zelo sobre el tal hombre, y acostarse ha sobre él toda maldición escrita en este libro, y Jehová raerá su nombre de debajo del cielo. Y apartarle ha Jehová de todas las tribus de Israel para mal, conforme a todas las maldiciones del concierto escrito en este libro de la ley. Y dirá la generación venidera, vuestros hijos que vendrán después de vosotros, y el extranjero que vendrá de lejanas tierras, cuando vieren las plagas de aquesta tierra y sus enfermedades de que Jehová la hizo enfermar, (Azufre y sal, quemada toda su tierra: no será sembrada, ni producirá, ni crecerá en ella yerba ninguna, como en la subversión de Sodoma y de Gomorra, de Adma y de Seboim, que Jehová subvertió en su furor en su ira.) Y dirán todas las gentes: ¿Por qué hizo Jehová esto a esta tierra? ¿Qué ira es esta de tan gran furor? Y respondérseles ha: Por cuanto dejaron el concierto de Jehová el Dios de sus padres que el concertó con ellos, cuando les sacó de tierra de Egipto, Y fueron, y sirvieron a dioses ajenos, e inclináronse a ellos; dioses que no conocieron, y que ninguna cosa les habían dado. Y el furor de Jehová se encendió contra esta tierra, para traer sobre ella todas las maldiciones escritas en este libro. Y Jehová los desarraigó de su tierra con enojo y con saña, y con furor grande, y los echó a otra tierra, como parece hoy. Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que hagamos todas las palabras de esta ley.
Segunda lectura
Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió al encuentro a Abraham que volvía de la matanza de los reyes, y le bendijo: A quien asimismo dio Abraham la décima parte de todo: primeramente el cual ciertamente se interpreta, Rey de justicia; y luego también, Rey de Salem, que es, Rey de paz; Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida; mas hecho semejante al Hijo de Dios, se queda sacerdote continuamente. Considerád pues cuán grande fue éste, a quien aun Abraham el patriarca dio la décima de los despojos. Que ciertamente los que de los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar diezmos del pueblo según la ley, es a saber, de sus hermanos, aunque también ellos hayan salido de los lomos de Abraham. Mas aquel, cuya genealogía no es contada entre ellos, tomó diezmos de Abraham, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin contradicción alguna lo que es menos es bendito de lo que es mejor. Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos; mas allí, aquel del cual está dado testimonio, que vive. Y (por decirlo así) en Abraham fue diezmado también el mismo Leví que recibe los diezmos; Porque aun Leví estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec salió al encuentro a Abraham. Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico, (porque debajo de él recibió el pueblo la ley,) ¿qué necesidad había aun de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no se dijese según el orden de Aarón? Luego traspasado el sacerdocio, necesario es que se haga también traspasamiento de la ley. Porque aquel de quien estas cosas se dicen, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar. Porque es evidente que nuestro Señor nació de Judá, de cuya tribu nada habló Moisés, tocante al sacerdocio. Y aun mucho más evidente es; que, según la semejanza de Melquisedec, se levanta otro sacerdote: El cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino según el poder de una vida indisoluble. Porque él testifica, diciendo: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El mandamiento precedente cierto se abroga por su flaqueza e inutilidad. Porque nada perfeccionó la ley, sino la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos de Dios, Y tanto más en cuanto no sin juramento fue él hecho sacerdote; (Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento por aquel que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melquisedec:) Tanto de mejor concierto fue hecho prometedor Jesús. Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía que continuasen; Mas éste, porque permanece eternamente, tiene el sacerdocio inmutable. Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos; Porque tal sumo sacerdote nos convenía, que fuese santo, inocente, libre de mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos. Que no tuviese necesidad cada día, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios, primero por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a hombres que tienen flaqueza; mas la palabra del juramento, que fue después de la ley, constituye al Hijo, que es perfecto eternamente.
Segunda lectura
Pablo, y Silvano, y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses, que es en Dios el Padre, y en el Señor Jesu Cristo. Gracia a vosotros, y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu Cristo. Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones: Sin cesar acordándonos de vuestra obra de fe, y trabajo de amor, y paciencia de esperanza en el Señor nuestro Jesu Cristo, delante del Dios y Padre nuestro: Sabiendo, hermanos, amados de Dios, vuestra elección; Por cuanto nuestro evangelio no vino a vosotros en palabra solamente, mas también en potencia, y en el Espíritu Santo, y en muy cierta persuasión: como sabéis cuales fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros fuisteis hechos imitadores de nosotros, y del Señor, recibiendo la palabra en mucha tribulación, con gozo del Espíritu Santo: En tal manera que hayáis sido ejemplo a todos los que han creído en Macedonia, y en Acaya. Porque por vosotros ha resonado la palabra del Señor, no solo en Macedonia, y en Acaya, mas aun en todo lugar vuestra fe, que es en Dios, se ha extendido de tal manera que no tengamos necesidad de hablar nada. Porque ellos cuentan de nosotros cual entrada tuvimos a vosotros; y de qué manera fuisteis convertidos de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero; Y para esperar a su hijo de los cielos, al cual él levantó de los muertos, es a saber, Jesús, el cual nos libró de la ira que ha de venir.
Segunda lectura
Después, pasados catorce años, vine otra vez a Jerusalem con Barnabás, tomando también conmigo a Tito. Vine empero por revelación, y comuniqué con ellos el evangelio que predico entre los Gentiles; mas, particularmente con los que parecían ser algo, por no correr, o haber corrido en vano. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fue compelido a circuncidarse: Y esto por causa de los entremetidos a escondidas, falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a servidumbre; A los cuales ni aun por una hora cedimos en sujeción, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. Empero de aquellos que parecían ser algo, (cuales hayan sido, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre,) a mí los que parecían ser algo, nada me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me había sido dado, como a Pedro el de la circuncisión, (Porque el que obró eficazmente en Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para con los Gentiles,) Y como Santiago, y Céfas, y Juan, que parecían ser las columnas, vieron la gracia que me era dada, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Barnabás, para que nosotros predicásemos a los Gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente querían que nos acordásemos de los pobres; lo cual también yo hacía con solicitud.
Segunda lectura
Carga de la palabra de Jehová contra Israel por mano de Malaquías. Yo os amé, dijo Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿Esaú no era hermano de Jacob, dijo Jehová, y amé a Jacob, Y a Esaú aborrecí, y torné sus montes en asolamiento, y su posesión para los dragones del desierto? Cuando dijere Edom: Empobrecido nos hemos: tornemos, y edifiquemos lo arruinado; así dijo Jehová de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y llamarles han: Provincia de impiedad, y pueblo contra quien Jehová se airó para siempre. Y vuestros ojos lo verán, y diréis: Sea Jehová engrandecido sobre la provincia de Israel. El hijo honró al padre, y el siervo a su señor; y si yo soy padre, ¿qué es de mi honra? Y si soy señor, ¿qué es de mi temor? Jehová de los ejércitos dijo a vosotros los sacerdotes, que menospreciáis mi nombre: mas diréis: ¿En qué habemos menospreciado tu nombre? ¶ Que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo, y dijisteis: ¿En qué te habemos ensuciado? En que decís: La mesa de Jehová es vil. Y cuando ofrecéis el animal ciego para sacrificar, ¿no es malo? y cuando ofreceréis el cojo o enfermo, ¿no es malo? Preséntale pues a tu príncipe, a ver si le harás placer, o si le serás acepto, dijo Jehová de los ejércitos. Ahora pues orád a la faz de Dios, y el habrá piedad de nosotros: esto de vuestra mano vino. ¿Habéis de serle agradables? dijo Jehová de los ejércitos.
Evangelio
Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido del todo certificadas, Como nos las enseñaron los que desde el principio fueron testigos de vista, y ministros de la palabra: Háme parecido bueno también a mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Téofilo, Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado. ¶ Hubo en los días de Heródes rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; y su mujer era de las hijas de Aarón, llamada Elisabet. Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión. Y no tenían hijo; porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya avanzados en sus días. Y aconteció, que administrando Zacarías el sacerdocio delante de Dios en el orden de su clase, Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a quemar incienso, entrando en el templo del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y le apareció el ángel del Señor que estaba a la mano derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él. Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída; y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan; Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento; Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos; Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto. Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas. Y he aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho; por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban que él se tardase tanto en el templo. Y saliendo, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo; y él les hablaba por señas; y quedó mudo. Y fue, que cumplidos los días de su ministerio, se vino a su casa. Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo: Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres. ¶ Y al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, que se llama Nazaret, A una virgen desposada con un varón que se llamaba José de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel a donde estaba ella, dijo: Tengas gozo, altamente favorecida, el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, como le vio, se turbó de su hablar; y pensaba que salutación fuese esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, que concibirás en el vientre, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, e Hijo del Altísimo será llamado, y le dará el Señor Dios el trono de David su padre; Y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá cabo. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón. Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y, he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido un hijo en su vejez; y éste es el sexto mes a ella que era llamada la estéril; Porque ninguna cosa es imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra. Y el ángel se partió de ella. ¶ En aquellos días levantándose María, fue a la serranía con priesa a una ciudad de Judá. Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena de Espíritu Santo, Y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde esto a mí, que venga la madre de mi Señor a mí? Porque he aquí, que como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor. ¶ Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor: ¶ Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. Porque miró a la bajeza de su sierva; porque, he aquí, desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el poderoso; y santo es su nombre, Y su misericordia es de generación a generación a los que le temen. Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios en el pensamiento de su corazón. Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes. A los hambrientos hinchió de bienes; y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia, Como habló a nuestros Padres, a Abraham y a su simiente para siempre. Y se quedó María con ella como tres meses; y se volvió a su casa. ¶ Y a Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo. Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios había hecho grande misericordia con ella, y se alegraron con ella. Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías. Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado. Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llame por este nombre. Y hablaron por señas a su padre, como le quería llamar. Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. ¶ Y luego fue abierta su boca, y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. Y vino un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en toda la serranía de Judea fueron divulgadas todas estas cosas. Y todos los que las oían, las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor era con él. Y Zacarías su padre fue lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que visitó, e hizo redención a su pueblo. Y nos enhestó el cuerno de salud en la casa de David su siervo. Como habló por boca de sus santos profetas, que fueron desde el principio: Salvación de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron: Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordarse de su santo concierto: Del juramento que juró a Abraham nuestro padre, Que nos daría él: que libertados de las manos de nuestros enemigos, le serviríamos sin temor, En santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida. Tú, empero, o! niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar sus caminos: Dando ciencia de salvación a su pueblo para remisión de sus pecados: Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el oriente, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz. Y el niño crecía, y era confortado en espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel.
Oración vespertina — segunda lectura
Porque quiero que sepáis cuán gran combate yo sufro por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en la carne; Para que se consuelen sus corazones, estando juntamente aunados en amor, y para alcanzar todas las riquezas de plenitud de entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo: En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría, y de conocimiento. Y esto digo para que nadie os engañe con palabras seductoras. Porque aunque esté ausente en el cuerpo, en el espíritu sin embargo estoy presente con vosotros, gozándome, y mirando vuestro buen orden, y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto de la manera que habéis recibido al Señor Jesu Cristo, así andád en él, Arraigados, y sobreedificados en él, y afirmados en la fe, así como os ha sido enseñado, abundando en ella con hacimiento de gracias. ¶ Guardáos de que nadie os arrebate como despojo por medio de filosofía y vano engaño, según las tradiciones de los hombres, según los elementos del mundo, y no según Cristo: Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente; Y en él estáis completos, el cual es cabeza de todo principado y potestad. En el cual también estáis circuncidados de circuncisión no hecha por manos, en el despojamiento del cuerpo de los pecados de la carne, por la circuncisión de Cristo: Sepultados juntamente con él en el bautismo, en el cual también resucitasteis con él por la fe de la operación de Dios, que le levantó de entre los muertos: Y a vosotros, estando muertos en los pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados: Rayendo de en contra de nosotros la escritura de las ordenanzas que nos era contraria, quitándola de en medio, y enclavándola en la cruz; Y habiendo despojado a los principados y a las potestades, sacóles a la vergüenza en público, triunfando sobre ellos en ella. Por tanto nadie os juzgue en comida, o en bebida, o en parte de día de fiesta, o de nueva luna, o de sábados; Las cuales cosas son la sombra de lo que estaba por venir; mas el cuerpo es de Cristo. Nadie os defraude de vuestro premio, complaciéndose en afectada humildad, y culto de ángeles, metiéndose en cosas que nunca vio, hinchado vanamente de su ánimo carnal, Y no teniéndose de la Cabeza, de la cual todo el cuerpo alimentado y enlazado por medio de sus ligaduras y coyunturas, crece con el aumento de Dios. Si, pues, sois muertos juntamente con Cristo cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué aun, como que vivieseis en el mundo, os sujetáis a ordenanzas: (No comas, No gustes, No toques; Cosas todas que han de perecer en el mismo uso de ellas;) según los mandamientos y doctrinas de hombres? Las cuales cosas tienen a la verdad alguna apariencia de sabiduría en culto voluntario, y en cierta humildad de espíritu, y en maltratamiento del cuerpo, empero no en honor alguno para hartura de la carne.
Evangelio
¶ Mas Jesús se apartó a la mar con sus discípulos; y le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea, Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán; y de los que moraban al rededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron a él. Y dijo a sus discípulos que una navecilla le estuviese siempre apercibida, por causa de la multitud, para que no le oprimiesen. Porque había sanado a muchos, de tal manera que caían sobre él, cuantos tenían plagas, por tocarle. Y los espíritus inmundos, en viéndole, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas él les reñía mucho que no le manifestasen. Y subió al monte, y llamó a sí los que él quiso; y vinieron a él. ¶ Y ordenó a doce para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar; Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios: A Simón, al cual puso por sobrenombre Pedro; Y a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Santiago, y les puso por sobrenombre Boanerges, que es, Hijos de trueno; Y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Santiago, hijo de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el Cananeo, Y a Júdas Iscariote, el que le entregó; y vinieron a casa.
Evangelio
¶ Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de fuera, enviaron a él llamándole. Y la multitud estaba asentada al rededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera. Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, y mis hermanos? Y mirando al derredor a los que estaban sentados en derredor de él, dijo: He aquí mi madre, y mis hermanos. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
Evangelio
Y venida la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesús, para entregarle a muerte. Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato presidente. Entonces Júdas, el que le había entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta piezas de plata a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos, Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué se nos da a nosotros? Viéraslo tú. Y arrojando las piezas de plata al templo, se partió, y fue, y se ahorcó. Y los príncipes de los sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro, porque es precio de sangre. Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del Ollero, por sepultura para los extranjeros. Por lo cual fue llamado aquel campo: Campo de sangre, hasta el día de hoy. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, que fue apreciado por los hijos de Israel; Y las dieron para comprar el campo del Ollero, como me ordenó el Señor. ¶ Y Jesús estuvo delante del presidente, y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Y no le respondió ni una palabra, de tal manera que el presidente se maravillaba mucho. ¶ Y en el día de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso cual quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso, que se llamaba Barrabás. Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál queréis que os suelte? ¿a Barrabás, o a Jesús, que es llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió a él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él. Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al pueblo, que pidiese a Barrabás, y a Jesús matase. Y respondiendo el presidente, les dijo: ¿Cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesús que es llamado el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado. Y el presidente les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos alzaban más el grito, diciendo: Sea crucificado. Y viendo Pilato que nada aprovechaba, antes se hacía más alboroto, tomando agua lavó sus manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: védlo vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. ¶ Entonces los soldados del presidente llevando a Jesús al pretorio, juntaron a él toda la cuadrilla. Y desnudándole, echáronle encima un manto de grana. Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, burlaban de él, diciendo: Tengas gozo, rey de los Judíos. Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herían en la cabeza. Y después que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. Y saliendo, hallaron a un Cireneo que se llamaba Simón: a éste cargaron para que llevase su cruz. Y como llegaron al lugar que se llama Gólgota, que quiere decir, el lugar de la Calavera, Le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beberlo. Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes; para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y le guardaban, sentados allí. Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Entonces crucificaron con él dos ladrones: uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas, Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo. Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariseos, y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí no se puede salvar. Si es el rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios: líbrele ahora, si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. Lo mismo también le zaherían los ladrones que estaban crucificados con él. ¶ Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de nona. Y cerca de la hora de nona Jesús exclamó con gran voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lamma sabachthani? esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban allí, oyéndolo, decían: A Elías llama éste. Y luego corriendo uno de ellos tomó una esponja, y la hinchió de vinagre, y poniéndola en una caña, le daba para que bebiese. Y los otros decían: Deja, veamos si vendrá Elías a librarle. Mas Jesús habiendo otra vez exclamado con grande voz, dio el espíritu. Y, he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto a bajo; y la tierra se movió, y las piedras se hendieron; Y los sepulcros se abrieron; y muchos cuerpos de santos, que habían dormido, se levantaron. Y salidos de los sepulcros, después de su resurrección, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. Y el centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era éste. Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido de Galilea a Jesús, sirviéndole: Entre las cuales era María Magdalena, y María madre de Santiago y de Joses, y la madre de los hijos de Zebedeo. ¶ Y como fue la tarde del día, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús. Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que el cuerpo se le diese. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, Y lo puso en un sepulcro suyo nuevo, que había labrado en la roca; y revuelta una grande piedra a la puerta del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. Y el siguiente día, que era el día después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos a Pilato, Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun: Después del tercero día resucitaré. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos; y será el postrer error peor que el primero. Díceles Pilato: La guardia tenéis: id, asegurádlo como sabéis. Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro con la guardia, sellando la piedra.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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