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Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Primera lectura

Génesis 17:1-20

Y siendo Abram de edad de noventa y nueve años, Jehová le apareció, y díjole: Yo soy el Dios Todopoderoso: Anda delante de mí, y sé perfecto. Y pondré mi concierto entre mí y ti, y multiplicarte he mucho en gran manera. Entonces Abram cayó sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: Yo, he aquí mi concierto contigo: Serás por padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram; mas será tu nombre Abraham; porque padre de muchedumbre de gentes te he puesto. Y multiplicarte he mucho en gran manera, y ponerte he en gentes; y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi concierto entre mí y ti, y entre tu simiente después de ti por sus generaciones por alianza perpetua, para ser a ti por Dios, y a tu simiente después de ti. Y daré a ti, y a tu simiente después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua: y serles he por Dios. Y dijo más Dios a Abraham: Tú empero mi concierto guardarás, tú y tu simiente después de ti por sus generaciones. Este será mi concierto que guardaréis entre mí y vosotros, y tu simiente después de ti: Que será circuncidado entre vosotros todo varón: Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del concierto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado en vosotros todo varón por vuestras generaciones: el nacido en casa y el comprado a dinero de cualquier extranjero, que no fuere de tu simiente. Circuncidando será circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi concierto en vuestra carne para alianza perpetua. Y el varón incircunciso que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de sus pueblos: mi concierto anuló. Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no llamarás su nombre Sarai, mas Sara será su nombre. Y bendecirla he, y también te daré de ella un hijo, y bendecirla he, y será madre de naciones: reyes de pueblos serán de ella. ¶ Entonces Abraham cayó sobre su rostro, y rióse, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer un hijo? ¿Y Sara, mujer de noventa años, ha de parir? Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. Y respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te parirá un hijo, y llamarás su nombre Isaac, y confirmaré mi concierto con él por concierto a su simiente después de él. Y por Ismael también te he oído: He aquí yo le bendeciré, y le haré fructificar, y multiplicar mucho en gran manera: doce príncipes engendrará; y ponerle he por gran gente.

Primera lectura

Éxodo 37

Hizo también Beseleel el arca de madera de cedro, su longura era de dos codos y medio, y de codo y medio su anchura, y su altura de otro codo y medio. Y cubrióla de oro puro por de dentro y por de fuera, e hízole una corona de oro al rededor. Y fundióle cuatro sortijas de oro a sus cuatro esquinas, en el un lado dos sortijas, y en el otro lado otras dos sortijas. Hizo también las barras de madera de cedro, y cubriólas de oro. Y metió las barras por las sortijas a los lados del arca para llevar el arca. ¶ Hizo asimismo la cubierta de oro puro: su longura de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. Ítem, hizo los dos querubines de oro, los cuales hizo de martillo, a los dos cabos de la cubierta. El un querubín de esta parte al un cabo, y el otro querubín de la otra parte al otro cabo de la cubierta: hizo los querubines a sus dos cabos. Y los querubines extendían sus alas por encima cubriendo con sus alas la cubierta; y sus rostros el uno contra el otro, los rostros de los querubines a la cubierta. ¶ Hizo también la mesa de madera de cedro, su longura de dos codos, y su anchura de un codo, y de codo y medio su altura. Y cubrióla de oro puro, e hízole una corona de oro al derredor. Hízole también una moldura de anchura de una mano al rededor, a la cual moldura hizo la corona de oro al derredor. Hízole también de fundición cuatro sortijas de oro, y púsolas a las cuatro esquinas, que estaban a los cuatro pies de ella. Delante de la moldura estaban las sortijas, por las cuales se metiesen las barras para llevar la mesa. Hizo también las barras de madera de cedro para llevar la mesa, y cubriólas de oro. Ítem, hizo los vasos que habían de estar sobre la mesa, sus platos, y sus cucharones, y sus cubiertas, y sus tazones con que se había de cubrir el pan, de oro fino. ¶ Hizo asimismo el candelero de oro puro, el cual hizo de martillo: su pie, y su caña, sus copas, sus manzanas, y sus flores eran de lo mismo. De sus lados salían seis cañas, las tres cañas del un lado del candelero, y las otras tres cañas del otro lado del candelero. En la una caña había tres copas almendradas, una manzana, y una flor: y en la otra caña otras tres copas almendradas, otra manzana y otra flor: y así en todas las seis cañas que salían del candelero. Y en el mismo candelero había cuatro copas almendradas, sus manzanas, y sus flores. Y una manzana debajo de las unas dos cañas de lo mismo, y otra manzana debajo de las otras dos cañas de lo mismo, y otra manzana debajo de las otras dos cañas de lo mismo, por las seis cañas que salían de él. Sus manzanas y sus cañas eran de lo mismo, todo era una pieza de martillo de oro puro. Hizo asimismo sus candilejas siete, y sus despabiladeras, y sus paletas de oro puro. De un talento de oro puro lo hizo a él y a todos sus vasos. ¶ Hizo también el altar del perfume de madera de cedro: un codo su longura, y otro codo su anchura, cuadrado: y dos codos su altura, y sus cuernos eran de la misma pieza. Y cubriólo de oro puro, su mesa y sus paredes al rededor, y sus cuernos: e hízole una corona de oro al derredor. Hízole también dos sortijas de oro debajo de la corona en las dos esquinas a los dos lados, para pasar por ellas las barras con que había de ser llevado. Y las barras hizo de madera de cedro, y cubriólas de oro. ¶ Hizo asimismo el aceite de la unción santo, y el perfume aromático fino, de obra de perfumador.

Primera lectura

Deuteronomio 31:1-13

Y fue Moisés, y habló estas palabras a todo Israel, Y díjoles: De edad de ciento y veinte años soy hoy, no puedo más salir ni entrar: allende de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. Jehová tu Dios él pasa delante de ti, él destruirá estas gentes delante de tu faz, y heredarlas has: Josué, él pasa delante de ti, como Jehová ha dicho. Y hará Jehová con ellos como hizo con Sejón, y con Og reyes de los Amorreos, y con su tierra, que los destruyó. Y darlos ha Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. Esforzáos y confortáos; no temáis ni hayáis miedo de ellos que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará, ni te desamparará. Y llamó Moisés a Josué, y díjole en ojos de todo Israel: Esfuérzate y confórtate: porque tu entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres, que les había de dar, y tú se la harás heredar. Y Jehová es el que va delante de ti, él será contigo, no te dejará, ni te desamparará: no temas, ni te espantes. ¶ Y escribió Moisés esta ley, y dióla a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del concierto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel. Y mandóles Moisés, diciendo: Al cabo del séptimo año en el tiempo del año de la remisión, en la fiesta de las cabañas, Cuando viniere todo Israel a presentarse delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere, leerás esta ley delante de todo Israel en sus orejas. Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y guarden para hacer todas las palabras de esta ley; Y sus hijos, que no supieron, oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir a la cual pasáis el Jordán para heredarla.

Oración matutina — primera lectura

Lamentaciones 4:1-21

¡Cómo se ha oscurecido el oro, el buen oro se ha trocado! las piedras del santuario son esparcidas por las encrucijadas de todas las calles. Los hijos de Sión preciados, y estimados más que el oro puro, ¡cómo son tenidos por vasos de barro, obra de manos del ollero! Aun las serpientes sacan la teta, dan de mamar a sus chiquitos: la hija de mi pueblo cruel, como los avestruces en el desierto. La lengua del niño de teta de sed se pegó a su paladar: los chiquitos pidieron pan, no hubo quien se lo partiese. Los que comían delicadamente fueron asolados en las calles: los que se criaron en carmesí abrazaron los estiércoles. Y aumentóse la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue trastornada en un momento, y no asentaron sobre ella compañías. Sus Nazareos fueron blancos más que la nieve, más resplandecientes que la leche: su compostura más encendida que las piedras preciosas cortadas del zafiro. Oscura más que la negrura es la forma de ellos: no los conocen por las calles: su cuero está pegado a sus huesos, seco como un palo. Más dichosos fueron los muertos a espada, que los muertos de la hambre; porque estos murieron poco a poco por falta de los frutos de la tierra. Las manos de las mujeres piadosas cocieron a sus hijos: fuéronles comida en el quebrantamiento de la hija de mi pueblo. Cumplió Jehová su enojo: derramó el calor de su ira; y encendió fuego en Sión, que consumió sus fundamentos. Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan el mundo creyeron, que el enemigo, y el adversario entrara por las puertas de Jerusalem. Por los pecados de sus profetas, por las maldades de sus sacerdotes, derramaron en medio de ella la sangre de los justos. Titubearon ciegos en las calles: fueron contaminados en sangre, que no pudiesen tocar a sus vestiduras. Dábanles voces: Apartáos, es inmundo, apartáos, apartáos, no toquéis; porque eran contaminados; y desde que fueron traspasados, dijeron entre las naciones: Nunca más morarán. La ira de Jehová los apartó: nunca más los mirará; porque no reverenciaron la presencia de los sacerdotes, de los viejos no tuvieron compasión. Aun nos han desfallecido nuestros ojos tras nuestro vano socorro: con nuestra esperanza esperamos nación que no puede salvar. Cazáronnos nuestros pasos, que no anduviésemos por nuestras calles: acercóse nuestro fin, cumpliéronse nuestros días; porque nuestro fin vino. Ligeros fueron nuestros perseguidores, más que las águilas del cielo: sobre los montes nos persiguieron, en el desierto nos espiaron. El resuello de nuestras narices, el ungido de Jehová fue preso en sus hoyos, de quien habíamos dicho: En su sombra tendremos vida entre las gentes. ¶ Gózate, y alégrate, hija de Edom, la que habitas en tierra de Hus: aun hasta ti pasará el cáliz: embriagarte has, y vomitarás.

Epístola

Isaías 53:1-12

¿Quién creyó a nuestro dicho? ¿Y el brazo de Jehová, sobre quien se ha manifestado? Y subirá, como renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura: le veremos, y sin parecer, tanto que le deseemos. Despreciado, y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en flaqueza; y como que escondimos de él el rostro: menospreciado, y no le estimamos. ¶ Ciertamente nuestras enfermedades él las llevó, y él sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos a él por azotado, herido, y abatido de Dios. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga hubo cura para nosotros. Todos nosotros nos perdimos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová traspuso en él el pecado de todos nosotros. ¶ Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. De la cárcel, y del juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes: por la rebelión de mi pueblo plaga a él. Y puso con los impíos su sepultura, y su muerte con los ricos: aunque nunca él hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová le quiso moler, sujetándole a enfermedad. Cuando hubiere puesto su vida por expiación, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será prosperada en su mano. Del trabajo de su alma verá, y se hartará. Y con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos; y él llevará las iniquidades de ellos. Por tanto yo le daré parte con los grandes, y a los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida a la muerte, y fue contado con los transgresores habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Primera lectura

Levítico 16

Y habló Jehová a Moisés, después que murieron los dos hijos de Aarón, cuando se llegaron delante de Jehová, y murieron. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón tu hermano, que no entre en todo tiempo en el santuario del velo a dentro delante de la cubierta, que está sobre el arca, porque no muera: porque yo apareceré en la nube sobre la cubierta. Con esto entrará Aarón en el santuario: con un novillo hijo de vaca por expiación, y un carnero en holocausto. La túnica santa de lino se vestirá, y sobre su carne tendrá pañetes de lino, y ceñirse ha el cinto de lino, y con la mitra de lino se cubrirá, que son las santas vestiduras: y lavará su carne con agua, y vestirlas ha. Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos machos de las cabras para expiación, y un carnero para holocausto. Y hará llegar Aarón el novillo de la expiación que era suyo, y hará la reconciliación por sí y por su casa. ¶ Después tomará los dos machos cabríos, y presentarlos ha delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos de cabrío, la una suerte por Jehová, y la otra suerte por Azazel. Y hará llegar Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y hacerlo ha por expiación. Y el macho de cabrío, sobre el cual cayere la suerte por Azazel, presentará vivo delante de Jehová, para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto. Y hará llegar Aarón el novillo que era suyo para expiación, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará el novillo, que era suyo, por expiación. Después tomará el incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y meterlo ha del velo a dentro. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá la cubierta, que está sobre el testimonio, y no morirá. Después tomará de la sangre del novillo, y esparcirá con su dedo hacia la cubierta hacia el oriente: hacia la cubierta esparcirá de aquella sangre siete veces con su dedo. Después degollará el macho cabrío, que era del pueblo, para expiación, y meterá la sangre de él del velo adentro: y hará de su sangre, como hizo de la sangre del novillo, y esparcirá sobre la cubierta, y delante de la cubierta. Y limpiará el santuario de las inmundicias de los hijos de Israel, y de sus rebeliones, y de todos sus pecados: de la misma manera hará también al tabernáculo del testimonio; el cual mora entre ellos, entre sus inmundicias. Y ningún hombre estará en el tabernáculo del testimonio, cuando él entrare a hacer la reconciliación en el santuario, hasta que él salga, y haya hecho la reconciliación por sí, y por su casa, y por toda la congregación de Israel. Y saldrá al altar, que está delante de Jehová, y expiarlo ha, y tomará de la sangre del novillo, y de la sangre del macho de cabrío, y pondrá sobre los cuernos del altar al derredor. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y limpiarlo ha, y santificarlo ha de las inmundicias de los hijos de Israel. Y cuando hubiere acabado de expiar el santuario, y el tabernáculo del testimonio, y el altar, hará llegar el macho cabrío vivo. Y pondrá Aarón ambas sus manos sobre la cabeza del macho de cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones, y todos sus pecados, y ponerlos ha sobre la cabeza del macho cabrío, y enviarlo ha al desierto por mano de algún varón aparejado para esto. Y aquel macho de cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitable, y enviará el macho cabrío al desierto. Después vendrá Aarón al tabernáculo del testimonio, y desnudarse ha las vestiduras de lino, que había vestido para entrar en el santuario, y ponerlas ha allí. Y lavará su carne con agua en el lugar del santuario, y vestirse ha sus vestidos: después saldrá, y hará su holocausto, y el holocausto del pueblo, y hará la reconciliación por sí y por el pueblo. Y del sebo de la expiación hará perfume sobre el altar. Y el que hubiere llevado el macho de cabrío a Azazel, lavará sus vestidos, y su carne lavará con agua, y después entrará en el real. Y sacará fuera del real el novillo de la expiación por el pecado, y el macho cabrío de la expiación por la culpa, la sangre de los cuales fue metida para hacer la expiación en el santuario: y quemarán en el fuego sus pellejos, y sus carnes, y su estiércol: Y el que lo quemare, lavará sus vestidos, y su carne lavará con agua, y después entrará en el real. ¶ Esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo a los diez del mes afligiréis vuestras personas, y ninguna obra haréis, el natural ni el extranjero, que peregrina entre vosotros; Porque en este día os reconciliará para limpiaros: y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová. Sábado de holganza será a vosotros, y afligiréis vuestras personas por estatuto perpetuo. Y hará la reconciliación el sacerdote que fuere ungido, y cuya mano hubiere sido llena para ser sacerdote en lugar de su padre, y vestirse ha las vestiduras de lino, las vestiduras santas. Y expiará el santo santuario, y el tabernáculo del testimonio: expiará también el altar, y los sacerdotes, y a todo el pueblo de la congregación expiará. Y esto tendréis por estatuto perpetuo para expiar los hijos de Israel de todos sus pecados una vez en el año. Y Moisés lo hizo como Jehová le mandó.

Oración matutina — segunda lectura

Juan 16:1-16

Estas cosas os he hablado, para que no seáis ofendidos. Os echarán de las sinagogas: aun más, la hora viene, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio a Dios. Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni a mí. Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordéis de ello, que yo os lo había dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Dónde vas? Mas, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazón. Empero yo os digo la verdad, que os es necesario que yo vaya; porque si yo no fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si yo fuere, os le enviaré. Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí: De justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más: De juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya es juzgado. Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Empero cuando viniere aquel, el Espíritu de verdad, él os guiará a toda verdad; porque no hablará de sí mismo, mas todo lo que oyere hablará; y las cosas que han de venir os hará saber. El me glorificará, porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre, mío es: por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.

Salmo responsorial

Salmos 139

Jehová, tú me has examinado, y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda, y mi acostarme has rodeado; y todos mis caminos has conocido. Porque aun no está la palabra en mi lengua, y, he aquí, Jehová, tú la supiste toda. Detrás y delante tú me formaste; y pusiste sobre mí tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad: alta es, no puedo comprenderla. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿y a dónde huiré de delante de ti? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si hiciere mi estrado en el infierno, héte allí. Si tomare las alas del alba, y habitare en el cabo de la mar, Aun allí me guiará tu mano; y me trabará tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán: aun la noche resplandecerá por causa de mí. Aun las tinieblas no encubren nada de ti; y la noche resplandece como el día: las tinieblas son como la luz. Porque tú poseiste mis riñones; cubrísteme en el vientre de mi madre. Confesarte he, porque terribles y maravillosas son tus obras: estoy maravillado, y mi alma lo conoce en gran manera. No fue encubierto mi cuerpo de ti, aunque yo fui hecho en secreto: fue entretejido en los profundos de la tierra. Mi imperfección vieron tus ojos; y en tu libro estaban todas aquellas cosas escritas, que fueron entonces formadas, sin faltar una de ellas. Así que ¡cuán preciosos me son tus pensamientos, o! Dios! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas! Si las cuento, multiplícanse más que la arena: despierto, y aun estoy contigo. ¶ Si matases, o! Dios, al impío; y los varones de sangres se quitasen de mí; Que te dicen blasfemias: ensoberbécense en vano tus enemigos. ¿No tuve en odio, o! Jehová, a los que te aborrecieron? ¿y peleo contra tus enemigos? De entero odio los aborrecí: túvelos por enemigos. ¶ Examíname, o! Dios, y conoce mi corazón: pruébame, y conoce mis pensamientos. Y ve si hay en mí camino de perversidad; y guíame en el camino del mundo.

Evangelio

Lucas 22:39-71;23:1-53

¶ Y saliendo, se fue, según su costumbre, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orád para que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, empero no se haga mi voluntad, mas la tuya. Y le apareció un ángel del cielo esforzándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como gotas grandes de sangre, que descendían hasta la tierra. Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza. Y les dijo: ¿Qué, dormís? Levantáos, y orád que no entréis en tentación. ¶ Estando aun hablando él, he aquí, una multitud de gente, y el que se llamaba Júdas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó a Jesús, para besarle. Entonces Jesús le dijo: ¿Júdas, con un beso entregas al Hijo del hombre? Y viendo los que estaban junto a él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos con espada? Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha. Y respondiendo Jesús, dijo: Dejád hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. Dijo después Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los capitanes del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: ¿Cómo a ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. ¶ Y prendiéndole, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos al derredor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y éste con él era. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él; porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho. Antes que el gallo dé voz me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. Y los hombres que tenían a Jesús, burlaban de él, hiriéndole. Y cubriéndole herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió? Y decían otras muchas cosas injuriándole. Y como fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creereis; Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis; Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios. Y dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros lo decís, que yo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca. Y levantándose toda la multitud de ellos, lleváronle a Pilato. Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte nuestra nación, y que veda dar tributo a César, diciendo que él es el Cristo el Rey. Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú lo dices. Y Pilato dijo a los príncipes de los sacerdotes, y al pueblo: Ninguna culpa hallo en este hombre. Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí. Entonces Pilato, oyendo de Galilea, preguntó si el hombre era Galileo. Y como entendió que era de la jurisdicción de Heródes, le remitió a Heródes, el cual también estaba en Jerusalem en aquellos días. Y Heródes, viendo a Jesús, se holgó mucho; porque había mucho que le deseaba ver; porque había oído de él muchas cosas; y tenía esperanza que le vería hacer algún milagro. Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió. Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con gran porfía. Mas Heródes con sus soldados le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y le volvió a enviar a Pilato. Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes en el mismo día; porque antes eran enemigos entre sí. Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, Les dijo: Me habéis presentado a éste por hombre que pervierte al pueblo; y, he aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusáis. Y ni aun Heródes; porque os remití a él; y he aquí, que ninguna cosa digna de muerte se le ha hecho. Le soltaré pues castigado. Y tenía necesidad de soltarles uno en la fiesta. Y toda la multitud dio voces a una, diciendo: Afuera con éste, y suéltanos a Barrabás: (El cual había sido echado en la cárcel por una sedición hecha en la ciudad, y una muerte.) Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús. Mas ellos volvían a dar voces, diciendo: Crucifícale, Crucifícale. Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿Qué mal ha hecho éste? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedían. Y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y una muerte, al cual habían pedido; mas entregó a Jesús a la voluntad de ellos. ¶ Y llevándole, tomaron a un Simón, Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase en pos de Jesús. Y le seguía grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. Mas Jesús, vuelto a ellas, les dijo: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí; mas lloráos a vosotras mismas, y a vuestros hijos. Porque, he aquí, que vendrán días, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no parieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caéd sobre nosotros; y a los collados: Cubrídnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco qué se hará? Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a matar con él. ¶ Y como vinieron al lugar que se llama Calvario, le crucificaron allí; y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Mas Jesús decía: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros salvó: sálvese a sí mismo, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. Escarnecían de él también los soldados, llegándose, y presentándole vinagre, Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo. Y había también un título escrito sobre él con letras Griegas, y Latinas, y Hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. ¶ Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo, y a nosotros. Y respondiendo el otro, le riñó, diciendo: ¿Ni aun tú temes a Dios, estando en la misma condenación? Y nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. ¶ Y era como la hora de sexta, y fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio. Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. Y como el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. Y toda la multitud de los que estaban presentes a este espectáculo, viendo lo que había acontecido, se volvían hiriendo sus pechos. Mas todos sus conocidos estaban de lejos, y las mujeres que le habían seguido desde Galilea, mirando estas cosas. ¶ Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno, y justo: El cual no había consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, varón de Arimatea, ciudad de los Judíos: el cual también esperaba el reino de Dios. Este llegó a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitado de la cruz, le envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro que era labrado en roca, en el cual aun ninguno había sido puesto.

Salmo responsorial

Salmos 90

Señor, tú nos has sido refugio en generación y generación. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo, y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado; y dices: Convertíos, hijos del hombre. Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como la vela de la noche. Háceslos pasar como avenida de aguas: son como sueño: a la mañana pasará como la yerba; Que a la mañana florece, y crece: a la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos: y con tu ira somos conturbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti: nuestros yerros a la lumbre de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira: acabamos nuestros años, como la palabra. Los días de nuestra edad son setenta años: y los de los más valientes, ochenta años: y su fortaleza es molestia, y trabajo: porque es cortado presto, y volamos. ¿Quién conoce la fortaleza de tu ira? que tu ira es como tu temor. Para contar nuestros días háznos saber así: y traeremos al corazón sabiduría. Vuélvete a nosotros o! Jehová: ¿hasta cuándo? y aplácate para con tus siervos. Hártanos de mañana de tu misericordia: y cantaremos, y alegrarnos hemos todos nuestros días. Alégranos como en los días que nos afligiste: como en los años que vimos mal. Parezca en tus siervos tu obra; y tu gloria sobre sus hijos. Y sea la hermosura de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: y haz permanecer sobre nosotros la obra de nuestras manos: la obra de nuestras manos confirma.

Salmo responsorial

Salmos 87

Su cimiento es en montes de santidad. Ama Jehová las puertas de Sión, más que todas las moradas de Jacob. Cosas ilustres son dichas de ti, ciudad de Dios. Selah. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia, entre los que me conocen: he aquí Palestina, y Tiro, con Etiopía: este nació allá. Y de Sión se dirá: Este, y aquel es nacido en ella: y el mismo Altísimo la fortificará. Jehová contará, cuando se escribieren los pueblos: Este nació allí. Selah. Y cantores con músicos de flautas: todas mis fuentes estarán en ti.

Salmo responsorial

Salmos 84

¡Cuán amables son tus moradas, o! Jehová de los ejércitos! Codicia, y aun ardientemente desea mi alma los patios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo. Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos en tus altares, Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Selah. Bienaventurado el hombre, que tiene su fortaleza en ti: caminos en sus corazones. Pasando por el valle de los morales lo ponen a él por fuente: y también lo ponen por bendiciones, cuando los cubre la lluvia. Irán de ejército en ejército; verán a Dios en Sión. Jehová, Dios de los ejércitos, oye mi oración: escucha, o! Dios de Jacob. Selah. Mira, o! Dios escudo nuestro: y pon los ojos en el rostro de tu ungido. Porque mejor es un día en tus patios, que mil. Escogí antes estar a la puerta en la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad. Porque sol y escudo nos es Jehová Dios: gracia y gloria dará Jehová: no quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti.

Oración vespertina — primera lectura

Daniel 9:20

¶ Aun estaba hablando, y orando, y confesaba mi pecado, y el pecado de mi pueblo Israel, y derramaba mi ruego delante de Jehová mi Dios, por el monte santo de mi Dios:

Segunda lectura

Gálatas 2

Después, pasados catorce años, vine otra vez a Jerusalem con Barnabás, tomando también conmigo a Tito. Vine empero por revelación, y comuniqué con ellos el evangelio que predico entre los Gentiles; mas, particularmente con los que parecían ser algo, por no correr, o haber corrido en vano. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo Griego, fue compelido a circuncidarse: Y esto por causa de los entremetidos a escondidas, falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a servidumbre; A los cuales ni aun por una hora cedimos en sujeción, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros. Empero de aquellos que parecían ser algo, (cuales hayan sido, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre,) a mí los que parecían ser algo, nada me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que el evangelio de la incircuncisión me había sido dado, como a Pedro el de la circuncisión, (Porque el que obró eficazmente en Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para con los Gentiles,) Y como Santiago, y Céfas, y Juan, que parecían ser las columnas, vieron la gracia que me era dada, nos dieron las diestras de compañía a mí y a Barnabás, para que nosotros predicásemos a los Gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente querían que nos acordásemos de los pobres; lo cual también yo hacía con solicitud. ¶ Empero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en su cara, porque era de condenar. Porque antes que viniesen unos de parte de Santiago, comía con los Gentiles; mas como vinieron, se retrajo, y se apartó de ellos, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Y los otros Judíos disimulaban asimismo con él, de tal manera que aun Barnabás fue llevado con ellos por aquella su simulación. Mas como yo ví que no andaban derechamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo Judío, vives como Gentil, y no como Judío, ¿por qué constriñes los Gentiles a judaizar? ¶ Nosotros que somos Judíos por naturaleza, y no pecadores de los Gentiles, Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesu Cristo, nosotros también hemos creído en Jesu Cristo, para que fuésemos justificados por la fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Y si buscando nosotros de ser justificados en Cristo, también nosotros mismos somos hallados pecadores, ¿es por eso Cristo ministro de pecado? En ninguna manera. Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago. Porque yo por la ley estoy muerto a la ley, a fin de que viva para Dios. Estoy crucificado con Cristo; mas vivo, no ya yo, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; por que si por la ley es la justicia, entonces Cristo por demás murió.

Segunda lectura

Filemón 1

Pablo, preso por causa de Jesu Cristo, y el hermano Timoteo, a Filemón amado, y coadjutor nuestro; Y a nuestra amada Apfia, y a Arquipo, compañero de nuestra milicia, y a la iglesia que está en tu casa: Gracia y paz hayáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu Cristo. Doy gracias a mi Dios haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, Oyendo de tu amor, y de la fe que tienes en el Señor Jesús, y para con todos los santos: Que la comunicación de tu fe sea eficaz en el reconocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús: Porque tenemos gran gozo y consolación de tu amor, por que por ti, hermano, han sido recreadas las entrañas de los santos. Por lo cual, aunque tengo mucho atrevimiento en Cristo para mandarte lo que conviene, Ruégote antes, por amor, siendo como soy, Pablo el anciano, y aun ahora preso por amor de Jesu Cristo. Te ruego por mi hijo Onésimo, que he engendrado en mis prisiones; El cual en otro tiempo te fue inútil, mas ahora asaz útil para ti, y para mí. A quien he vuelto a enviar: recíbele tú, pues, como a mis mismas entrañas. Yo había querido detenerle conmigo, para que en lugar de ti me sirviese en las prisiones del evangelio. Mas nada quise hacer sin tu consejo, porque tu beneficio no fuese como de necesidad, sino voluntario. Porque quizá se ha apartado de ti por algún tiempo, para que le volvieses a tener para siempre: Ya no como siervo, antes más que siervo, a saber, como hermano amado, mayormente de mí; y ¿cuánto más de ti, en la carne, y en el Señor? Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí. Y si en algo te dañó, o te debe, pónlo a mi cuenta. Yo Pablo lo escribí con mi misma mano: yo lo repagaré; por no decirte que aun a ti mismo te me debes de más. Así hermano, góceme yo de ti en el Señor, que recrees mis entrañas en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que aun harás más de lo que digo. Y asimismo también apareja de hospedarme; porque espero que por vuestras oraciones os tengo de ser concedido. Te saludan Epafras, mi compañero en la prisión por Cristo Jesús. Márcos, Aristarco, Démas, Lúcas, mis colaboradores. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea con vuestro espíritu. Amén. ¶ A Filemón, fue escrita de Roma por Onésimo siervo.

Segunda lectura

Filipenses 1:1-11

Pablo y Timoteo, siervos de Jesu Cristo, a todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos, con los obispos, y diáconos: Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu Cristo. Doy gracias a mi Dios, toda vez que me acuerdo de vosotros, Siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo, De vuestra participación en el evangelio, desde el primer día hasta ahora: Confiando de esto mismo, es a saber, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesu Cristo: Así como es justo que yo piense esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; puesto que así en mis prisiones, como en la defensa y confirmación del evangelio, todos vosotros sois partícipes de mi gracia. Porque testigo me es Dios de como os amo a todos vosotros en las entrañas de Jesu Cristo. Y esto pido a Dios: Que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento: Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo: Llenos de los frutos de justicia que son por Jesu Cristo, para gloria y loor de Dios.

Segunda lectura

Isaías 41:1-14

Escuchádme islas, y esfuércense los pueblos: alléguense, y entonces hablen: estemos juntamente a juicio. ¿Quién despertó del oriente la justicia, y le llamó para que le siguiese? entregó delante de él naciones, e hízole enseñorear de reyes: como polvo los entregó a su espada, y como hojarascas arrebatadas a su arco. Siguiólos; pasó en paz por camino por donde sus pies nunca habían entrado. ¿Quién obró, e hizo? ¿Quién llama las generaciones desde el principio? Yo Jehová primero, y yo mismo con los postreros. Las islas vieron, y tuvieron temor: los términos de la tierra se espantaron: congregáronse, y vinieron. Cada cual ayudó a su cercano, y dijo a su hermano: Esfuérzate. El carpintero animó al platero, y el que alisa con martillo al que batía en el yunque, diciendo: Buena es la soldadura. Y afirmólo con clavos, porque no se moviese. Mas tú Israel, siervo mío, Jacob a quien yo escogí, simiente de Abraham mi amigo. Porque te eché mano de los extremos de la tierra, y de sus principales te llamé, y te dije: Mi siervo serás tú; te escogí, y no te deseché. No temas, que yo soy contigo: no desmayes, que yo soy tu Dios: que te esfuerzo: siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. He aquí que todos los que se enojan contra ti, se avergonzarán, y serán confusos: serán como nada: los que contigo contendieren, perecerán. Mirarás por ellos, y no los hallarás: los que tienen contienda contigo, serán como nada; y los que contigo tienen pendencia, como cosa que no es. Porque yo Jehová soy tu Dios, que te traba de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. No temas gusano de Jacob, apocados de Israel; yo te socorrí, dice Jehová, y tu Redentor el Santo de Israel.

Evangelio

Lucas 22

Y estaba cerca el día de la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas procuraban como le matarían; mas tenían miedo del pueblo. Y entró Satanás en Júdas, que tenía por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce. Y fue, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de como se le entregaría. Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. Y prometió; y buscaba oportunidad para entregarle a ellos sin estar presente la multitud. ¶ Y vino el día de los panes sin levadura, en el cual era menester matar la pascua. Y envió a Pedro, y a Juan, diciendo: Id, aparejádnos la pascua, para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la aparejemos? Y él les dijo: He aquí, como entraréis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguídle hasta la casa donde entrare; Y decíd al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran cenadero aderezado, aparejádla allí. Y yendo ellos halláronlo todo como les había dicho; y aparejaron la pascua. Y como fue hora, se sentó a la mesa; y con él los doce apóstoles. Y les dijo: Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca. Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplido en el reino de Dios. Y tomando la copa, habiendo hecho gracias, dijo: Tomád esto, y distribuídlo entre vosotros. Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando pan, habiendo hecho gracias, lo rompió, y les dio, diciendo: éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado; hacéd esto en memoria de mí. Asimismo también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama. Con todo eso, he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. Y a la verdad el Hijo del hombre va según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cual de ellos sería el que había de hacer esto. ¶ Y hubo también entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. Entonces él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que precede, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se asienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se asienta a la mesa? mas yo soy entre vosotros como el que sirve. Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí; Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os asentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. ¶ Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí, que Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte; y tú cuando te conviertas, confirma a tus hermanos. Y él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo, tanto a la cárcel, como a la muerte. Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy, antes que tú niegues tres veces que me conoces. Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. Entonces les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa, tómela; y también su alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y cómprela. Porque os digo, que aun es menester que se cumpla en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado; porque lo que está escrito de mí, su cumplimiento tiene. Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí, dos espadas hay aquí. Y él les dijo: Basta. ¶ Y saliendo, se fue, según su costumbre, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orád para que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, empero no se haga mi voluntad, mas la tuya. Y le apareció un ángel del cielo esforzándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como gotas grandes de sangre, que descendían hasta la tierra. Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza. Y les dijo: ¿Qué, dormís? Levantáos, y orád que no entréis en tentación. ¶ Estando aun hablando él, he aquí, una multitud de gente, y el que se llamaba Júdas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó a Jesús, para besarle. Entonces Jesús le dijo: ¿Júdas, con un beso entregas al Hijo del hombre? Y viendo los que estaban junto a él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos con espada? Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha. Y respondiendo Jesús, dijo: Dejád hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. Dijo después Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los capitanes del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: ¿Cómo a ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. ¶ Y prendiéndole, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos al derredor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y éste con él era. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él; porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho. Antes que el gallo dé voz me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. Y los hombres que tenían a Jesús, burlaban de él, hiriéndole. Y cubriéndole herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió? Y decían otras muchas cosas injuriándole. Y como fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creereis; Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis; Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios. Y dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros lo decís, que yo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.

Oración vespertina — segunda lectura

Juan 16:16

Un poco, y no me veréis; y otra vez un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.

Evangelio

Marcos 10:32-45

¶ Y estaban en el camino subiendo a Jerusalem; y Jesús iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguían con miedo: entonces volviendo a tomar a los doce aparte les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: He aquí, subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los Gentiles; Los cuales le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercero día resucitará. ¶ Entonces Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se llegaron a él, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. Y él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Y ellos le dijeron: Dános que en tu gloria nos sentemos el uno a tu diestra, y el otro a tu siniestra. Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís: ¿Podéis beber la copa que yo bebo, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesús les dijo: A la verdad la copa que yo bebo, beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; Mas que os sentéis a mi diestra, y a mi siniestra, no es mío darlo, sino a los que está aparejado por mi Padre. Y como lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse de Santiago y de Juan. Mas Jesús llamándolos, les dice: Sabéis que los que se ven ser príncipes en las naciones, se enseñorean de ellas; y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad. Mas no será así entre vosotros, antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor. Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.

Evangelio

Marcos 8:1-10

En aquellos días, como hubo una muy grande multitud de gente, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo misericordia de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo; y no tienen que comer. Y si los envío en ayunas a sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a estos de pan aquí en el desierto? Y les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostasen sobre la tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los rompió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante a la multitud. Tenían también unos pocos pececillos, y habiendo bendecido, dijo que también se los pusiesen delante. Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habían sobrado, siete espuertas. Y eran los que comieron, como cuatro mil; y los despidió. ¶ Y luego entrando en la nave con sus discípulos, vino a las partes de Dalmanuta.

Evangelio

Juan 19

Así que entonces tomó Pilato a Jesús, y le azotó. Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana, Y decían: Dios te guarde, Rey de los Judíos; y le daban de bofetadas. Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crímen hallo en él. Entonces salió Jesús fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles Pilato: ¡He aquí el hombre! Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los ministros, dieron voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomádle vosotros, y crucificádle; porque yo no hallo en él crímen. Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo el Hijo de Dios. Pilato pues como oyó esta palabra, tuvo más miedo. Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene. Desde entonces procuraba Pilato de soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, habla contra César. Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se llama el Pavimento, y en el Hebreo Gabbatha. Y era la preparación de la pascua, y como la hora de sexta: entonces dijo a los Judíos: ¡He aquí vuestro Rey! Mas ellos dieron voces: Quítale, quítale, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los sumos sacerdotes: No tenemos rey, sino a César. Entonces pues se le entregó para que fuese crucificado. Y tomaron a Jesús, y le llevaron. Y él llevando su cruz, salió al lugar que se llama el lugar de la Calavera, y en Hebreo Gólgota: Donde le crucificaron, y con él otros dos, de una parte y de otra, y Jesús en medio. Y escribió Pilato un título, el cual puso encima de la cruz; y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los Judíos leyeron este título; porque el lugar donde fue crucificado Jesús, estaba cerca de la ciudad; y era escrito en Hebreo, y en Griego, y en Latín. Y decían a Pilato los sumos sacerdotes de los Judíos: No escribas: Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos. Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes (a cada soldado una parte,) y también la túnica, mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. Dijeron pues entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella cuya será; para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Estas cosas pues los soldados hicieron. ¶ Y estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cléofas, y María Magdalena. Y como vio Jesús a su madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Y luego dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su propia casa. ¶ Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas estaban ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Tengo sed. Y había allí puesta una vasija llena de vinagre. Entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y puesta sobre un hisopo se la llegaron a la boca. Y como Jesús tomó el vinagre, dijo: Consumado está. Y abajando la cabeza, dio el espíritu. ¶ Entonces los Judíos, por cuanto era el día de la preparación, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, porque era gran día aquel sábado, rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y que fuesen quitados. Vinieron pues los soldados, y a la verdad quebraron las piernas al primero, y al otro que había sido crucificado con él: Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: Hueso no será quebrantado de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán a aquel al cual traspasaron. ¶ Pasadas estas cosas, rogó a Pilato José de Arimatea, el cual era discípulo de Jesús, mas secreto, por miedo de los Judíos, que él quítase el cuerpo de Jesús: lo cual permitió Pilato. Entonces él vino, y quitó el cuerpo de Jesús. Y vino también Nicodemo, el que antes había venido a Jesús de noche, trayendo una mistura de mirra y de áloes, como cien libras. Y tomaron el cuerpo de Jesús, y le envolvieron en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. Y en aquel lugar, donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no había sido puesto alguno. Allí pues pusieron a Jesús, por causa del día de la preparación de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca.

Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.