Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
¶ Y había un discípulo en Damasco, llamado Ananías, al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: He aquí estoy, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle, que se llama la Derecha, y busca en casa de Júdas a Saulo, llamado el de Tarso; porque, he aquí, él ora: Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra, y le pone la mano encima para que reciba la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído decir a muchos de este varón, cuantos males ha hecho a tus santos en Jerusalem; Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes para atar a todos los que invocan tu nombre. Y le dijo el Señor: Vé; porque vaso escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. Porque yo le mostraré cuán grandes cosas le es menester que padezca por mi nombre. Ananías entonces fue, y entró en la casa; y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo, hermano, el Señor, a saber, Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno del Espíritu Santo. Y al instante le cayeron de los ojos como escamas, y recibió luego la vista; y levantándose fue bautizado. Y cuando hubo comido, fue confortado. Y estuvo Saulo con los discípulos que estaban en Damasco, por algunos días.
Primera lectura
En el año que murió el rey Ozías, ví al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus extremidades henchían el templo. Y encima de él estaban serafines: cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, y con otras dos cubrían sus pies, y con las otras dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos: toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se hinchió de humo. Entonces yo dije: ¡Ay de mi! que soy muerto, que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Entonces uno de los serafines voló hacia mí, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; Y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó a tus labios, y quitará tu culpa, y tu pecado será limpiado. Después de esto oí una voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces yo respondí: Heme aquí: envíame a mí. Entonces dijo: Anda, y di a este pueblo: Oyendo oíd, y no entendáis: viendo ved, y no sepáis. Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; para que no vea de sus ojos, ni oiga de sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. ¶ Y yo dije: ¿Hasta cuándo Señor? Y respondió: Hasta que las ciudades se asuelen, y no quede en ellas morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea asolada de asolamiento. Hasta que quite Jehová lejos los hombres, y haya grande soledad en medio de la tierra. Y quedará en ella la décima parte, y volverá, y será asolada, como el olmo, y como el alcornoque, de los cuales en la tala queda el tronco: así en esta quedará su tronco, simiente santa.
Primera lectura
David, pues, contó el pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos tribunos y centuriones. Y puso la tercera parte del pueblo debajo de la mano de Joab, y otra tercera debajo de la mano de Abisaí, hijo de Sarvia, hermano de Joab, y la otra tercera parte debajo de la mano de Etai Geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros. Mas el pueblo dijo: No saldrás, porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros: y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros: mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros, por tanto mejor será que tú nos des ayuda desde la ciudad. Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que a vosotros pareciere bien. Y el rey se puso a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento, y de mil en mil. Y el rey mandó a Joab, y a Abisaí, y a Etai, diciendo: Tratád benignamente por amor de mí al mozo Absalom. Y todo el pueblo oyó cuando el rey mandó acerca de Absalom a todos los capitanes. Y el pueblo salió al campo contra Israel, y la batalla se dio en el bosque de Efraím. Y el pueblo de Israel cayó allí delante de los siervos de David, y fue hecha allí gran matanza en aquel día de veinte mil hombres. Y derramándose allí el ejército por la haz de toda la tierra, fueron más los que consumió el bosque de los del pueblo, que los que consumió la espada aquel día. Y Absalom se encontró con los siervos de David, y Absalom iba sobre un mulo, y el mulo se entró debajo de un espeso y grande alcornoque, y asiósele la cabeza al alcornoque, y quedó entre el cielo y la tierra, y el mulo que estaba debajo de él, pasó adelante. Y viéndole uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que yo ví a Absalom colgado de un alcornoque. Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: ¿Y viéndole tú? ¿por qué no le heriste luego allí a tierra? y sobre mí, que yo te diera diez siclos de plata, y un talabarte. Y el hombre dijo a Joab: Aunque yo me pesara en mis manos mil siclos de plata, no extendiera mi mano en el hijo del rey: porque nosotros lo oímos cuando el rey te mandó a ti, y a Abisaí, y a Etai, diciendo: Mirád que ninguno toque en el mozo Absalom: O yo hubiera hecho traición contra mi alma; pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías contra mí. Y Joab respondió: No es razón, que yo te ruegue. Y tomando tres dardos en su mano, hincólos en el corazón de Absalom, que aun estaba vivo en medio del alcornoque. Y cercándole diez mancebos escuderos de Joab, hirieron a Absalom, y matáronle. Entonces Joab tocó la corneta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo. Y tomando a Absalom, echáronle en un gran foso en el bosque, y levantaron sobre él un muy gran majano de piedras, y todo Israel huyó cada uno a sus estancias. Y Absalom había tomado, y se había levantado una columna en su vida, la cual está en el valle del rey, porque había dicho entre sí: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre: y llamó a aquella columna por su nombre, y así se llamó, lugar de Absalom, hasta hoy.
Oración matutina — primera lectura
Estuve mirando, hasta que fueron traídos tronos, y el Anciano de días se asentó: su vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia: su trono de llama de fuego, sus ruedas fuego ardiente. Un río de fuego procedía, y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él: el Juez se asentó, y los libros se abrieron. Yo entonces miraba a causa de la voz de las grandes palabras que hablaba el cuerno: miraba, hasta tanto que mataron la bestia, y su cuerpo fue deshecho, y entregado para ser quemado en el fuego. Habían también quitado a las otras bestias su señorío, porque les había sido dado longura de vida hasta cierto tiempo. Veía en la visión de la noche, he aquí en las nubes del cielo, como un Hijo de hombre que venía; y llegó hasta el Anciano de días, e hiciéronle llegar delante de él. Y fuéle dado señorío, y gloria, y reino; y todos los pueblos, naciones, y lenguajes le sirvieron: su señorío, señorío eterno, que no será transitorio; y su reino, que no se corromperá. Mi espíritu fue turbado, yo Daniel, en medio de mi cuerpo, y las visiones de mi cabeza me asombraron.
Epístola
Hemos hablado primero, oh Téofilo, de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer, y a enseñar, Hasta el día en que, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fue recibido arriba: A los cuales, después de haber padecido, se mostró también vivo con muchas pruebas infalibles, apareciéndoseles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios. Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dice, de mí. Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos. Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor, restituirás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, mirándole ellos, fue alzado, y una nube le recibió, y le quitó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, he aquí, dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos; Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir al cielo.
Primera lectura
Harás también un altar de madera de cedro de cinco codos de longura, y de otros cinco codos de anchura: será cuadrado el altar, y su altura de tres codos. Y harás sus cuernos a sus cuatro esquinas: sus cuernos serán de lo mismo, y cubrirlo has de metal. Harás también sus calderones para limpiar su ceniza, y sus badiles, y sus lebrillos, y sus garfios, y sus palas, todos sus vasos harás de metal. Hacerle has también una criba de metal de hechura de red, y harás sobre la red cuatro sortijas de metal a sus cuatro esquinas. Y ponerla has dentro del cerco del altar abajo, y llegará aquella red hasta el medio del altar. Y harás barras para el altar, barras de madera de cedro, las cuales cubrirás de metal. Y sus barras se meterán por las sortijas, y estarán aquellas barras a ambos lados del altar, cuando hubiere de ser llevado. Hueco de tablas lo harás de la manera que te fue mostrado en el monte: así lo harán. ¶ Asimismo harás el patio del tabernáculo al lado del mediodía, al austro: el patio tendrá las cortinas de lino torcido, de cien codos de longura cada un lado. Sus columnas serán veinte, y sus basas veinte de metal, los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y de la misma manera al lado del aquilón, en la longura habrá cortinas de cien codos en longura, y sus columnas veinte, con sus veinte basas de metal: los capiteles de las columnas y sus molduras de plata. Y la anchura del patio al lado del occidente tendrá cortinas de cincuenta codos, y sus columnas serán diez, con sus diez basas. Y en la anchura del patio al lado del levante, al oriente habrá cincuenta codos. Y las cortinas del un lado serán de quince codos, sus columnas tres, con sus tres basas. Al otro lado, quince cortinas, sus columnas tres, con sus tres basas. Y a la puerta del patio habrá un pabellón de veinte codos, de cárdeno, y púrpura, y carmesí, y lino torcido de obra de bordador: sus columnas serán cuatro con sus cuatro basas. Todas las columnas del patio al rededor serán ceñidas de plata; mas sus capiteles serán de plata, y sus basas de metal. La longura del patio será de cien codos, y la anchura cincuenta con cincuenta, y la altura de cinco codos de lino torcido, y sus basas de metal. Todos los vasos del tabernáculo en todo su servicio, y todas sus estacas, y todas las estacas del patio serán de metal. ¶ Y tú mandarás a los hijos de Israel, que te tomen aceite de olivas, claro, molido, para la luminaria, para hacer arder continuamente las lámparas. En el tabernáculo del testimonio del velo a fuera, que estará delante del testimonio; las cuales pondrá en orden Aarón y sus hijos desde la tarde hasta la mañana delante de Jehová por estatuto perpetuo por sus generaciones de los hijos de Israel.
Oración matutina — segunda lectura
Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé estando aun con vosotros: Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los Salmos de mí.
Salmo responsorial
O! Dios, sálvame en tu nombre, y con tu valentía me defiende. O! Dios, oye mi oración, escucha las razones de mi boca. Porque extraños se han levantado contra mí, y fuertes han buscado a mi alma: no han puesto a Dios delante de si. Selah. He aquí, Dios es el que me ayuda; el Señor es con los que sustentan mi vida. El volverá el mal a mis enemigos; córtalos por tu verdad. Voluntariamente sacrificaré a ti; alabaré tu nombre, o! Jehová, porque es bueno. Porque me ha escapado de toda angustia, y en mis enemigos vieron mis ojos la venganza.
Evangelio
¶ Posteriormente se apareció a los once, estando sentados a la mesa; y les zahirió su incredulidad y la dureza de corazón, que no hubiesen creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicád el evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios: hablarán nuevas lenguas: Alzarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se asentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén.
Salmo responsorial
Los que confían en Jehová, son como el monte de Sión, que no deslizará: para siempre estará. Jerusalem, montes al rededor de ella, y Jehová al rededor de su pueblo, desde ahora y para siempre. Porque no reposará la vara de la impiedad sobre la suerte de los justos; porque no extiendan los justos sus manos a la iniquidad. ¶ Haz bien, o! Jehová, a los buenos, y a los rectos en sus corazones. Y a los que se apartan tras sus perversidades, Jehová les llevará con los que obran iniquidad; y paz será sobre Israel.
Salmo responsorial
De los profundos te llamo, o! Jehová. Señor, oye mi voz. Sean tus orejas atentas a la voz de mi oración. Jehová, si mirares a los pecados, Señor ¿quién persistirá? Por lo cual hay perdón acerca de ti: para que seas temido. Yo esperé a Jehová, mi alma esperó: a su palabra he esperado. Mi alma esperó a Jehová, más que las guardas esperan a la mañana: las guardas a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque con Jehová está la misericordia; y abundante redención cerca de él. Y él redimirá a Israel de todos sus pecados.
Salmo responsorial
Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado tú, y bien habrás. Tú mujer será coma la parra, que lleva fruto a los lados de tu casa: tus hijos, como plantas de olivas, al rededor de tu mesa. He aquí que así será bendito el varón que teme a Jehová. Bendígate Jehová desde Sión; y veas el bien de Jerusalem todos los días de tu vida. Y veas a los hijos de tus hijos, la paz sobre Israel.
Oración vespertina — primera lectura
Y aconteció que cuando quiso Jehová alzar a Elías en el torbellino al cielo, Elías venía con Eliseo de Gálgala. Y dijo Elías a Eliseo: Quédate ahora aquí, porque Jehová me ha enviado a Bet-el. Y Eliseo dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y descendieron a Bet-el. Y saliendo los hijos de los profetas, que estaban en Bet-el, a Eliseo, dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él dijo: Si, yo lo sé: callád. Y Elías le volvió a decir: Eliseo, quédate aquí ahora, porque Jehová me ha enviado a Jericó. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y vinieron a Jericó. Y llegáronse los hijos de los profetas, que estaban en Jericó, a Eliseo, y dijéronle: ¿Sabes cómo Jehová quitará hoy a tu señor de tu cabeza? Y él respondió: Si, yo lo sé: callád. Y Elías le dijo: Ruégote que te quedes aquí: porque Jehová me ha enviado al Jordán. Y él dijo: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Y así fueron ellos ambos. Y vinieron cincuenta varones de los hijos de los profetas, y paráronse delante desde lejos: y los dos pararon junto al Jordán. Y tomando Elías su manto, doblóle, e hirió las aguas, las cuales se partieron a la una parte y a la otra: y pasaron ambos en seco. Y como hubieron pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieres que haga por ti, antes que sea quitado de contigo. Y dijo Eliseo: Ruégote que las dos partes de tu espíritu sean sobre mí. Y él le dijo: Cosa difícil has pedido. Si me vieres, cuando fuere quitado de ti, serte ha hecho así: mas si no, no. Y aconteció, que yendo ellos hablando, he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino. Y viéndolo Eliseo, clamaba: Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo. Y nunca más le vio: y trabando de sus vestidos, rompiólos en dos partes. Y alzando el manto de Elías, que se le había caído, volvióse, y paróse a la orilla del Jordán. ¶ Y tomando el manto de Elías, que se le había caído, hirió las aguas, y dijo: ¿Dónde está Jehová el Dios de Elías, también él? Y como hirió las aguas, fueron partidas de la una parte y de la otra, y Eliseo pasó. Y viéndolo los hijos de los profetas, que estaban en Jericó, de la otra parte, dijeron: El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo. Y viniéronle a recibir, e inclináronse a él en tierra, Y dijéronle: He aquí, hay con tus siervos cincuenta varones fuertes, vayan ahora, y busquen a tu señor, quizá le ha levantado el Espíritu de Jehová, y le ha echado en algún monte, o en algún valle. Y él les dijo. No enviéis.
Segunda lectura
Y había un varón en Cesarea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba la Italiana, Piadoso, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y que oraba a Dios siempre. Este vio en visión manifiestamente, como a la hora de nona del día, a un ángel de Dios que entraba a él, y le decía: Cornelio. Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es esto, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria a la presencia de Dios. Envía pues ahora varones a Joppe, y haz venir a un tal Simón, que tiene por sobrenombre Pedro. Este posa en casa de un cierto Simón, curtidor, que tiene su casa junto a la mar: él te dirá lo que debes hacer. E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó a dos de sus criados, y a un soldado temeroso del Señor, de los que estaban siempre con él. A los cuales, después de habérselo contado todo, los envió a Joppe. ¶ Y un día después, yendo ellos de camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió sobre la casa a orar, cerca de la hora de sexta. Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer, y aparejándoselo ellos, cayó en un éxtasis. Y vio el cielo abierto, y que descendía a él un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cantos fue abajado del cielo a la tierra: En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. Y le vino una voz, diciendo: Levántate, Pedro, mata, y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común, ni inmunda, he comido jamás. Y volvió la voz a decirle la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto fue hecho por tres veces; y el vaso volvió a ser recogido en el cielo. Y estando Pedro dudando dentro de sí, que sería la visión que había visto, he aquí, los varones que habían sido enviados por Cornelio, que preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron, si Simón, que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí. Y estando Pedro pensando en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres varones te buscan. Levántate pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. Entonces Pedro descendiendo a los varones que le eran enviados por Cornelio, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis: ¿qué es la causa por qué habéis venido? Y ellos dijeron: Cornelio, el centurión, varón justo, y temeroso de Dios, y de buen testimonio entre toda la nación de los Judíos, ha sido amonestado de Dios por un santo ángel, que te hiciese venir a su casa, y oyese de ti algunas palabras. Pedro entonces metiéndolos dentro, los hospedó: y al día siguiente se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe. Y al otro día después entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado a sus parientes, y a los amigos más familiares. Y como Pedro entró, Cornelio le salió a recibir; y derribándose a sus pies, le adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Álzate, que yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró; y halló a muchos que se habían juntado. Y les dijo: Vosotros sabéis, que no es lícito a un hombre Judío juntarse, o llegarse a uno de otra nación; mas me ha mostrado Dios, que a ningún hombre llame común o inmundo. Por lo cual llamado, he venido sin vacilar. Así que pregunto, ¿por qué causa me habéis hecho venir? Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora yo estaba ayunando; y a la hora de nona estando orando en mi casa, he aquí, un varón se puso delante de mí en vestido resplandeciente, Y dijo: Cornelio, tu oración es oída, y tus limosnas han venido en memoria a la presencia de Dios. Envía pues a Joppe, y haz venir a Simón, que tiene por sobrenombre Pedro: éste posa en casa de Simón, curtidor, junto a la mar, el cual venido, te hablará. Así que, envié luego a ti; y tú has hecho bien viniendo. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oír todo lo que Dios te ha mandado. Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Hallo por verdad, que Dios no hace acepción de personas: Sino que de cualquiera nación, el que le teme y obra justicia, es de su agrado. La palabra que Dios envió a los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesu Cristo: (este es el Señor de todos:) Vosotros sabéis, es decir, la cosa que ha sido hecha por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó: A Jesús de Nazaret, como le ungió Dios del Espíritu Santo, y de poder, el cual pasó haciendo bienes, y sanando a todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él. Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem, al cual mataron colgándole en un madero. A éste Dios le levantó al tercero día, e hizo que apareciese manifiestamente: No a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había ordenado, es a saber, a nosotros, que comimos, y bebimos juntamente con él, después que resucitó de entre los muertos. Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados en su nombre. Estando aun hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían la palabra. Y se espantaron los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas extrañas, y que magnificaban a Dios. Entonces Pedro respondió: ¿Puede alguien impedir el agua, que no sean bautizados estos, que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y los mandó bautizar en el nombre del Señor. Y le rogaron que se quedase con ellos por algunos días.
Segunda lectura
Y el quinto ángel tocó la trompeta, y ví una estrella caída del cielo en la tierra; y a aquel fue dada la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo, y subió un humo del pozo como el humo de una grande hornaza; y el sol, y el aire fue oscurecido por razón del humo del pozo. Y del humo del pozo salieron langostas sobre la tierra; y les fue dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra. Y fuéles mandado que no hiciesen daño a la yerba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes. Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión cuando hiere al hombre. Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos. Y el parecer de las langostas era semejante a caballos aparejados para guerra; y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro; y sus caras eran como caras de hombres. Y tenían cabellos como cabellos de mujeres; y sus dientes eran como dientes de leones. Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de los carros, que con muchos caballos corren a la batalla. Y tenían colas semejantes a las colas de los escorpiones; y tenían en sus colas aguijones; y su potestad era de hacer daño a los hombres cinco meses. Y tenían sobre sí un rey, que es el ángel del abismo, el cual tenía por nombre en Hebraico Abaddón, y en Griego Apolión. El un ay es pasado; y, he aquí, vienen aun dos veces ay después de estas cosas. Y el sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro, el cual está delante de Dios, Que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el grande río Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aprestados para la hora, y día, y mes, y año, a fin de matar la tercera parte de los hombres. Y el número del ejército de los de a caballo era doscientos millones. Y oí el número de ellos. Y así ví los caballos en la visión; y los que estaban sentados sobre ellos tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego, y humo, y azufre. Y de estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos. Porque su poder está en su boca, y en sus colas. Porque sus colas eran semejantes a serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan. Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera: las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar. Ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.
Segunda lectura
Amonéstales que se sujeten a los principados y potestades, que obedezcan, que estén aparejados a toda buena obra: Que no digan mal de nadie, que no sean pendencieros, mas modestos, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Porque también éramos nosotros insensatos en otro tiempo, rebeldes, errados, sirviendo a concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y en envidia, aborrecibles, aborreciendo los unos a los otros: Mas cuando se manifestó la bondad del Salvador nuestro Dios, y su amor para con los hombres, No por las obras de justicia que nosotros habíamos hecho, mas por su misericordia, nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo; El cual derramó en nosotros ricamente por Jesu Cristo Salvador nuestro: Para que justificados por su gracia, seamos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna. Palabra fiel, y estas cosas quiero que afirmes constantemente: que los que creen a Dios, procuren sobresalir en buenas obras. Esto es lo bueno y lo útil para los hombres.
Segunda lectura
Evangelio
Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familias, que salió por la mañana a coger peones para su viña. Y concertado con los peones por un denario al día, los envió a su viña. Y saliendo cerca de la hora de las tres, vio otros que estaban en la plaza ociosos, Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las seis y de las nueve horas, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de las once horas, halló otros que estaban ociosos, y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día ociosos? Dícenle ellos: Porque nadie nos ha cogido. Díceles: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que fuere justo. Y cuando fue la tarde del día, el señor de la viña dijo a su administrador: Llama los peones, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y viniendo los que habían venido cerca de las once horas, recibieron cada uno un denario. Y viniendo también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y tomándolo, murmuraban contra el padre de la familia, Diciendo: Estos postreros solo han trabajado una hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos llevado la carga, y el calor del día. Y él respondiendo dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio. ¿No te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo, y vete: yo quiero dar a este postrero como a ti. ¿No me es lícito a mí hacer lo que quiero en mis cosas? ¿O es malo tu ojo, porque yo soy bueno? Así los primeros serán postreros; y los postreros primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. ¶ Y subiendo Jesús a Jerusalem, tomó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí, subimos a Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado a los príncipes de los sacerdotes, y a los escribas, y le condenarán a muerte. Y le entregarán a los Gentiles, para que le escarnezcan, y azoten, y crucifiquen; mas al tercero día resucitará. Entonces se llegó a él la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorando, y pidiéndole algo. Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que se asienten estos dos hijos míos, el uno a tu mano derecha, y el otro a tu izquierda, en tu reino. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber de la copa de que yo tengo que beber; y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Dicen ellos: Podemos. El les dice: A la verdad de mi copa beberéis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados; mas sentaros a mi mano derecha, y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a los que está aparejado por mi Padre. ¶ Y como los diez oyeron esto, se enojaron de los dos hermanos. Entonces Jesús llamándolos, dijo: Ya sabéis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos; y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. Mas entre vosotros no será así; sino el que entre vosotros quisiere hacerse grande, será vuestro servidor; Y el que entre vosotros quisiere ser el primero, será vuestro siervo: Así como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. ¶ Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y, he aquí, dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. Y la multitud les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Dícenle ellos: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús teniéndoles misericordia, tocó los ojos de ellos, y luego sus ojos recibieron la vista, y le siguieron.
Oración vespertina — segunda lectura
Temamos, pues, no sea que, habiéndonos sido dejada una promesa de entrada en su reposo, parezca a alguno de nosotros quedar frustrado de ella. Porque también a nosotros nos ha sido anunciada la buena nueva como a ellos; mas la palabra oída no les aprovechó a ellos, no siendo mezclada con fe en aquellos que la oyeron. Entramos empero en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Así que juré en mi ira, si entrarán en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo. Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí, Si entrarán en mi reposo. Así que pues que resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quiénes primero fue anunciado el evangelio, no entraron por causa de la incredulidad, Determina otra vez un cierto día, diciendo por David: Hoy, tanto tiempo después; como está dicho: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, nunca habría él hablado, después de esto, de otro día. Así que queda el sabatismo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en el reposo de él, ha reposado también él mismo de sus propias obras, como Dios reposó de las suyas. ¶ Esforcémosnos, pues, a entrar en aquel reposo, a fin de que ninguno caiga en el mismo ejemplo de incredulidad. ¶ Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos; y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas, y tuétanos; y que discierne los pensamientos, y las intenciones del corazón. Y no hay criatura alguna que no sea manifiesta en su presencia: antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Teniendo pues un gran sumo sacerdote, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos firme nuestra profesión. Que no tenemos un sumo sacerdote que no se pueda resentir de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, sacado el pecado. Lleguémosnos, pues, confiadamente al trono de su gracia, a fin de alcanzar misericordia, y hallar gracia para el auxilio oportuno.
Evangelio
¶ Y navegaron a la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galilea. Y saliendo él a tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de mucho tiempo; y no llevaba vestido, ni moraba en casa, sino en los sepulcros. El cual como vio a Jesús, exclamó, y prostróse delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre; porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos; mas rompiendo las prisiones era impelido del demonio por los desiertos.) Y le preguntó Jesús, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legión; porque muchos demonios habían entrado en él. Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo. Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó con impetuosidad por un despeñadero en el lago, y se ahogó. Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades. Y salieron a ver lo que había acontecido, y vinieron a Jesús; y hallaron sentado al hombre, del cual habían salido los demonios, vestido, y en seso, a los pies de Jesús; y tuvieron temor. Y les contaron los que lo habían visto, como había sido sanado aquel endemoniado. Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al derredor le rogaron, que se retirase de ellos; porque tenían gran temor. Y él subiendo en la nave se volvió. Y aquel hombre, del cual habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús le despidió, diciendo: Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había Jesús hecho con él.
Evangelio
Y pasadas estas cosas, andaba Jesús en Galilea; que no quería andar en Judea, porque los Judíos procuraban de matarle. Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, llamada, de las cabañas. Dijéronle pues sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces; Porque ninguno que procura ser insigne, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. Porque ni aun sus hermanos creían en él. Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aun no es venido; mas vuestro tiempo siempre es presto. No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. Vosotros subíd a esta fiesta: yo no subo aun a esta fiesta; porque mi tiempo no es aun cumplido. Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea. Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no manifiestamente, mas como en secreto. Entonces los Judíos le buscaban en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquel? Y había grande murmullo acerca de él entre el pueblo; porque unos decían: Buen hombre es; y otros decían: No, antes engaña al pueblo. Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos,
Evangelio
Y aconteció, que acabando Jesús estas palabras, se retiró de Galilea, y vino a los términos de Judea, pasado el Jordán. Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. Entonces se llegaron a él los Fariseos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre despedir a su mujer por cualquiera causa? Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, Y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne? Así que no son ya más dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre. Dícenle: ¿Por qué pues Moisés mandó dar carta de divorcio, y despedirla? Díjoles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió despedir vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo, que cualquiera que despidiere a su mujer, sino fuere por fornicación, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la despedida, adultera. Dícenle sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir este dicho: sino aquellos a quien es dado. Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que han sido hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se han hecho eunucos a sí mismos por causa del reino de los cielos. El que puede recibirlo, recíbalo. ¶ Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les riñeron. Mas Jesús dijo: Dejád a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos. Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí. ¶ Y, he aquí, uno llegándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré, para tener la vida eterna? Y él le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno es bueno sino uno, es a saber, Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Dícele: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra a tu padre y a tu madre: Y, amarás a tu prójimo, como a ti mismo. Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi mocedad: ¿Qué más me falta? Dícele Jesús: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme. Y oyendo el mancebo esta palabra, se fue triste; porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que el rico dificilmente entrará en el reino de los cielos. Y además os digo, que más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. Sus discípulos oyendo estas cosas se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo? Y mirándolos Jesús, les dijo: Acerca de los hombres imposible es esto: mas acerca de Dios todo es posible. Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido, ¿qué pues tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habéis seguido, cuando en la regeneración se asentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que dejare casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y la vida eterna tendrá por herencia. Mas muchos que son primeros serán postreros; y los postreros, primeros.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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