Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Pasados estos negocios, aconteció que Nabot de Jezrael tenía una viña en Jezrael, junto al palacio de Acab rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dáme tu viña para un huerto de legumbres, porque está cercana, cerca de mi casa, y yo te daré por ella otra viña mejor que esta: o si mejor te pareciere, pagártela he a su precio de dinero. Y Nabot respondió a Acab: Guárdeme Jehová de que yo te dé a ti la heredad de mis padres. Y vínose Acab a su casa triste y enojado por la palabra que Nabot de Jezrael le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y acostóse en su cama, y volvió su rostro, y no comió pan. Y vino a él su mujer Jezabel y díjole: ¿Por qué está así triste tu espíritu? ¿y no comes pan? Y él respondió: Porque hablé con Nabot de Jezrael, y díjele, que me diese su viña por dinero: o que, si más quería, le daría otra viña por ella: y él respondió: Yo no te daré mi viña. Y su mujer Jezabel le dijo: ¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come pan, y alégrate: yo te daré la viña de Nabot de Jezrael. Entonces ella escribió cartas en nombre de Acab, y sellólas con su anillo, y enviólas a los ancianos, y a los principales, que moraban en su ciudad con Nabot. Y las cartas que escribió decían así: Pregonád ayuno: y ponéd a Nabot en la cabecera del pueblo: Y ponéd asimismo dos hombres, hijos de Belial, delante de él, que atestiguen contra él, y digan: Tú has blasfemado a Dios y al rey. Y entonces sacádle, y apedreádle, y muera. Y los de su ciudad, los ancianos y los principales, que moraban en su ciudad, lo hicieron como Jezabel les mandó, conforme a como estaba escrito en las cartas que ella les había enviado. Y pregonaron ayuno, y asentaron a Nabot en la cabecera del pueblo. Y vinieron dos hombres, hijos de Belial, y sentáronse delante de él, y aquellos hombres, hijos de Belial, atestiguaron contra Nabot delante del pueblo, diciendo: Nabot ha blasfemado a Dios y al rey. Y sacáronle fuera de la ciudad, y apedreáronle con piedras, y murió. Y enviaron luego a Jezabel, diciendo: Nabot es apedreado, y muerto. Y como Jezabel oyó, que Nabot era apedreado y muerto, dijo a Acab: Levántate, y posee la viña de Nabot de Jezrael, que no te la quiso dar por dinero: porque Nabot no vive, mas es muerto. ¶ Y oyendo Acab que Nabot era muerto, levántose para descender a la viña de Nabot de Jezrael, para tomar la posesión de ella. Entonces fue palabra de Jehová a Elías Tesbita, diciendo: Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria: He aquí, el está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar la posesión de ella. Y hablarle has, diciendo: Así dijo Jehová: ¿No mataste, y también has poseido? Y tornarle has a hablar, diciendo: Así dijo Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros también lamerán tu sangre, la tuya misma. Y Acab dijo a Elías: ¿Enemigo mío, me has ya hallado? Y él respondió: Te hallé, porque te has vendido a mal hacer delante de Jehová. He aquí, yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad, y talaré de Acab todo meante a la pared, al guardado, y al desamparado en Israel. Y yo pondré tu casa como la casa de Jeroboam, hijo de Nabat, y como la casa de Baasa, hijo de Ahías, por la provocación con que me provocaste a ira, y con que has hecho pecar a Israel. De Jezabel también ha hablado Jehová, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en la barbacana de Jezrael. El que de Acab fuere muerto en la ciudad, perros lo comerán: y el que fuere muerto en el campo, comerle han las aves del cielo. A la verdad ninguno fue como Acab, que así se vendiese a hacer lo malo delante de los ojos de Jehová: porque Jezabel su mujer le incitaba. El fue en grande manera abominable, caminando en pos de los ídolos, conforme a todo lo que hicieron los Amorreos, a los cuales lanzó Jehová delante de los hijos de Israel. Y fue, cuando Acab oyó estas palabras, rompió sus vestidos, y puso saco sobre su carne, y ayunó, y durmió en saco, y anduvo humillado. Entonces fue palabra de Jehová a Elías Tesbita, diciendo: ¿No has visto como Acab se ha humillado delante de mí? Pues por cuanto se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días, en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.
Epístola
Porque yo recibí del Señor lo que también os he entregado: Que el Señor Jesús la misma noche que fue entregado, tomó pan: Y habiendo dado gracias lo rompió, y dijo: Tomád, coméd: éste es mi cuerpo que por vosotros es rompido: hacéd esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre: hacéd esto todas las veces que la bebiéreis, en memoria de mí. Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiéreis esta copa, la muerte del Señor anunciais hasta que venga. ¶ De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto examínese cada uno a sí mismo, y así coma de aquel pan, y beba de aquella copa. Porque el que come y bebe indignamente, condenación come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor.
Primera lectura
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesu Cristo, que habléis todos una misma cosa; y que no haya entre vosotros disensiones; antes seáis perfectamente unidos en un mismo entendimiento, y en un mismo parecer. Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de la familia de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; mas yo de Apólos; mas yo de Céfas; mas yo de Cristo. ¿Es dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o habéis sido bautizados en el nombre de Pablo? Doy gracias a mi Dios, que a ninguno de vosotros he bautizado, mas que a Crispo y a Gayo; Para que ninguno diga que yo le bauticé en mi nombre. Y también bauticé la casa de Estéfanas; mas no sé si haya bautizado a algún otro. Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio: no en sabiduría de palabra, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.
Oración matutina — primera lectura
Y después de estas cosas el rey Asuero engrandeció a Amán, hijo de Amadati Agageo, y ensalzóle, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él. Y todos los siervos del rey que estaban a la puerta del rey se arrodillaban, e inclinaban a Amán, porque así se lo había mandado el rey: mas Mardoqueo ni se arrodillaba ni se humillaba. Y los siervos del rey, que estaban a la puerta, dijeron a Mardoqueo: ¿Por qué traspasas el mandamiento del rey? Y aconteció, que hablándole cada día de esta manera, y no escuchándolos él, denunciáronle a Amán, por ver si las palabras de Mardoqueo estarían firmes, porque ya él les había declarado que era Judío. Y vio Amán que Mardoqueo ni se arrodillaba, ni se humillaba delante de él, y fue lleno de ira. Y tuvo en poco meter la mano en solo Mardoqueo, porque ya le habían declarado el pueblo de Mardoqueo, y procuró Amán destruir a todos los Judíos que había en el reino de Asuero, al pueblo de Mardoqueo. En el mes primero, que es el mes de Nisán, en el año doceno del rey Asuero, fue echada Pur, que es suerte, delante de Amán de día en día, y de mes en mes hasta el mes doceno, que es el mes de Adar. Y dijo Amán al rey Asuero: Hay un pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias de tu reino, y sus leyes son diferentes de todo pueblo, y no hacen las leyes del rey: y al rey no viene provecho de dejarlos. Si place al rey, sea escrito que sean destruidos: y yo pesaré diez mil talentos de plata en manos de los que hacen la obra, para que sean traídos a los tesoros del rey. Entonces el rey quitó su anillo de su mano, y diólo a Amán, hijo de Amadati Agageo, enemigo de los Judíos, Y dijo a Amán: La plata dada sea para ti y el pueblo, para que hagas de él lo que bien te pareciere. Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes primero, a los trece del mismo, y fue escrito conforme a todo lo que mandó Amán, a los príncipes del rey, y a los capitanes, que estaban sobre cada provincia, y a los príncipes de cada pueblo, a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo según su lengua: en nombre del rey Asuero fue escrito, y signado con el anillo del rey. Y fueron enviadas cartas por mano de los correos a todas las provincias del rey, para destruir, y matar, y echar a perder a todos los Judíos, desde el niño hasta el viejo, niños y mujeres, en un día, a los trece días del mes doceno, que es el mes de Adar: y que los metiesen a saco. La copia de la escritura era que se diese ley en cada provincia, que fuese manifiesto a todos los pueblos que estuviesen apercibidos para aquel día. Y salieron los correos de priesa por el mandado del rey: y la ley fue dada en Susán la cabecera del reino: y el rey y Amán estaban sentados a beber; y la ciudad de Susán estaba alborotada.
Primera lectura
En aquel día Jehová visitará con su espada dura, grande, y fuerte, sobre el leviatán, serpiente rolliza, y sobre el leviatán, serpiente retuerta; y matará al dragón que está en la mar. En aquel día, la viña de Hemer, cantád de ella. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré: de noche y de día la guardaré, porque el enemigo no la visite. No hay en mi enojo: ¿quién me dará espinas y cardos? En pelea pasara por ella, la encendiera juntamente. ¿O quién forzará mi fortaleza para hacer conmigo paz, para hacer conmigo paz? ¶ Días vendrán, cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la haz del mundo se henchirá de fruto. ¶ ¿Si ha sido herido, como quien le hirió? ¿Si ha sido muerto, como los que le mataron? Con medida la castigarás en sus metidas, aun cuando soplare con su viento recio en día de solano. Por tanto de esta manera será purgada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto, apartamiento de su pecado, cuando tornare todas las piedras del altar, como piedras de cal desmenuzadas; porque no se levanten los bosques, ni las imágenes del sol. De otra manera la ciudad fortalecida será asolada: la morada será desamparada, y dejada como un desierto: allí se apacentará el becerro, allí tendrá su majada; y acabará sus ramas. Cuando sus ramas se secaren, y serán quebradas, mujeres vendrán a encenderla; porque aquel no es pueblo de entendimiento. Por tanto su hacedor no habrá misericordia de él: ni se compadecerá de él el que le formó. Y acontecerá en aquel día, que aventará Jehová desde la ribera del río hasta el río de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis congregados uno a uno. Acontecerá también en aquel día, que será tañido con gran voz de trompeta; y vendrán, los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria, y los que habían sido echados en tierra de Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo en Jerusalem.
Primera lectura
Y juntóse todo el pueblo, como un varón, en la plaza que está delante de la puerta de las aguas, y dijeron a Ésdras el escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual mandó Jehová a Israel. Y Ésdras el sacerdote trajo la ley delante de la congregación así de varones como de mujeres, y de todo entendido para oír, el primer día del mes séptimo. Y leyó en él delante de la plaza, que está delante de la puerta de las aguas, desde el alba hasta el mediodía, delante de varones, y mujeres, y entendidos; y los oídos de todo el pueblo eran al libro de la ley. Y Ésdras el escriba estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello: y estaban junto a él Matatías, y Semeías, y Anías, y Urías, y Helcías, y Maasías, a su mano derecha: y a su mano izquierda Padaias, Misael, y Melquías, y Hasum, y Hasbadana, Zacarías, y Mosollam. Y abrió Ésdras el libro a ojos de todo el pueblo; (porque estaba sobre todo el pueblo;) y como él le abrió, todo el pueblo estuvo atento. Y bendijo Ésdras a Jehová Dios grande, y todo el pueblo respondió: Amén, Amén, alzando sus manos: y humilláronse, y adoraron a Jehová inclinados a tierra. Y Jesuá, y Bani, y Sarabías, Jamín, Accub, Sebtai, Odías, Maasías, Celita, Azarías, Jozabed, Hanán, Palaías, Levitas, hacían entender al pueblo la ley: y el pueblo estaba en su lugar. Y leyeron en el libro de la ley de Dios claramente, y pusieron entendimiento, y entendieron la escritura. Y dijo Nehemías el Tirsata, y Ésdras sacerdote escriba, y los Levitas que hacían atento al pueblo, a todo el pueblo: día santo es a Jehová nuestro Dios, no os entristezcáis ni lloréis: porque todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley. Y díjoles: Id, coméd grosuras, y bebéd dulzaras, y enviád partes a los que no tienen aparejado, porque santo día es a nuestro Señor: y no os entristezcáis; porque el gozo de Jehová es vuestra fortaleza. Y los Levitas hacían callar a todo el pueblo, diciendo: Callád, que es día santo, y no os entristezcáis. Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, y a enviar partes, y a alegrarse de grande alegría: porque había entendido las palabras que les habían enseñado. ¶ Y el día siguiente juntáronse los príncipes de las familias de todo el pueblo, sacerdotes y Levitas, a Ésdras escriba, para entender las palabras de la ley. Y hallaron escrito en la ley, que Jehová había mandado por mano de Moisés, que habitasen los hijos de Israel en cabañas en la solemnidad del mes séptimo. Y que hiciesen oír, y que hiciesen pasar pregón por todas sus ciudades, y por Jerusalem, diciendo: Salíd al monte, y traed ramos de oliva, y ramos de árbol de pino, y ramos de arrayan, y ramos de palmas, y ramos de todo árbol espeso, para hacer cabañas, como está escrito. Y salió el pueblo, y trajeron, e hiciéronse cabañas, cada uno sobre su techumbre, y en sus patios, y en los patios de la casa de Dios, y en la plaza de la puerta de las aguas, y en la plaza de la puerta de Efraím. Y toda la congregación que volvió de la cautividad hicieron cabañas, y habitaron en cabañas: porque desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta aquel día no habían hecho así los hijos de Israel: y hubo alegría muy grande. Y leyó en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el postrero: e hicieron la solemnidad por siete días, y al octavo día congregación, según el rito.
Salmo responsorial
Ensalzarte he, mi Dios y Rey; y bendeciré a tu nombre por el siglo y para siempre. Cada día te bendeciré; y alabaré tu nombre por el siglo y para siempre. Grande es Jehová, y digno de alabanza en gran manera; y su grandeza no puede ser comprendida. Generación a generación enarrará tus obras; y anunciarán tus valentías. La hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos hablaré. Y la terribilidad de tus valentías dirán; y tu grandeza recontaré. La memoria de la muchedumbre de tu bondad rebosarán; y tu justicia cantarán. Clemente y misericordioso es Jehová: luengo de iras, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos; y sus misericordias, sobre todas sus obras. Alábente, o! Jehová, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan. La gloria de tu reino digan; y hablen de tu fortaleza: Para notificar a los hijos de Adam sus valentías; y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos; y tu señorío en toda generación y generación. Sostiene Jehová a todos los que caen; y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todas las cosas esperan a ti; y tú les das su comida en su tiempo. Abres tu mano, y hartas de voluntad a todo viviente. Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está Jehová a todos los que le invocan: a todos los que le invocan con verdad. La voluntad de los que le temen, hará; y su clamor oirá, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman; y a todos los impíos destruirá. La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo nombre, por el siglo y para siempre.
Salmo responsorial
Veníd, alegrémosnos en Jehová: cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salud. Anticipemos su rostro con alabanza: cantémosle alegres con salmos. Porque Jehová es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra: y las alturas de los montes son suyas. Porque suya es la mar, y él la hizo: y sus manos formaron la seca. ¶ Veníd, postrémosnos, y encorvémosnos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios: y nosotros el pueblo de su pasto, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba: como el día de Masa en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, también vieron mi obra. Cuarenta años combatí con la nación: y dije: Pueblo son que yerran de corazón, que no han conocido mis caminos: Por tanto yo juré en mi furor: No entrarán en mi holganza.
Salmo responsorial
Bienaventurado el varón, que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se asentó en silla de burladores. Mas antes en la ley de Jehová es su voluntad: y en su ley meditará de día y de noche. Y será como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo: y su hoja no se marchita, y todo lo que hace, prosperará. ¶ No así los malos: sino como el tamo, que lo lanza el viento. Por tanto no se levantarán los malos en el juicio: ni los pecadores en la congregación de los justos. Porque Jehová conoce el camino de los justos: y el camino de los malos se perderá.
Evangelio
El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres que comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. ¶ Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.
Salmo responsorial
Cantád a Jehová canción nueva: su alabanza sea en la congregación de los misericordiosos. Alégrese Israel con su hacedor: los hijos de Sión se regocijen con su Rey. Alaben su nombre con corro: con adufe y arpa canten a él. Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: hermoseará a los humildes con salud. Regocijarse han los piadosos con gloria: cantarán sobre sus camas. Ensalzamientos de Dios estarán en sus gargantas; y espadas de dos filos en sus manos: Para hacer venganza de los Gentiles: castigos en los pueblos. Para aprisionar a sus reyes en grillos; y a sus nobles en cadenas de hierro. Para hacer en ellos el juicio escrito: esta será la gloria de todos sus piadosos. Alelu-Jah.
Segunda lectura
Tú empero habla las cosas que convienen a la sana doctrina: Los ancianos, que sean sobrios, graves, prudentes, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia. Las ancianas, asimismo, que se comporten santamente, que no sean calumniadoras, ni dadas a mucho vino, sino maestras de honestidad: Que a las mujeres jóvenes enseñen a ser prudentes, a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, A que sean prudentes, castas, que tengan cuidado de la casa, buenas, sujetas a sus maridos; porque la palabra de Dios no sea blasfemada. Exhorta asimismo a los jóvenes que sean cuerdos. Dándote a ti mismo en todo por ejemplo de buenas obras: mostrando en la enseñanza, integridad, gravedad, Palabra sana, e irreprensible: que el adversario se avergüence, no teniendo mal alguno que decir de vosotros. Exhorta a los siervos, que sean sujetos a sus señores, que les agraden en todo, no respondones; En nada defraudando, antes mostrando toda buena lealtad; para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios. Porque la gracia de Dios que trae salud se ha manifestado a todos los hombres, Enseñándonos, que, renunciando a la impiedad, y a los deseos mundanales, vivamos en este siglo templada, y justa, y piadosamente; Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesu Cristo; Que se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras: Esto habla, y exhorta, y reprende con toda autoridad: nadie te tenga en poco.
Segunda lectura
Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz;
Oración vespertina — primera lectura
Como Mardoqueo supo todo lo que estaba hecho, rompió sus vestidos, y vistióse de saco y de ceniza, y fuése por medio de la ciudad, clamando a gran clamor y amargo; Y vino hasta delante de la puerta del rey: porque no era lícito venir a la puerta del rey con vestido de saco. Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su ley llegaba, los Judíos tenían grande luto, y ayuno, y lloro, y lamentación: saco y ceniza era la cama de muchos: Y vinieron las mozas de Ester, y sus eunucos, y se lo dijeron; y la reina tuvo gran dolor, y envió vestidos para hacer vestir a Mardoqueo, y hacerle quitar el saco de sobre él, mas él no lo recibió. Entonces Ester llamó a Atac, uno de los eunucos del rey, que él había hecho estar delante de ella, y mandóle acerca de Mardoqueo, para saber qué era aquello, y por qué. Y salió Atac a Mardoqueo a la plaza de la ciudad, que estaba delante de la puerta del rey. Y Mardoqueo le declaró todo lo que le había acontecido; y declaróle de la plata, que Amán había dicho que pesaría para los tesoros del rey por causa de los Judíos, para destruirlos: Y la copia de la escritura de la ley que había sido dada en Susán, para que fuesen destruidos, le dió, para que la mostrase a Ester, y se lo declarase, y le mandase que fuese al rey, para rogarle, y para que demandase de él por su pueblo. Y vino Atac, y contó a Ester las palabras de Mardoqueo. Entonces Ester dijo a Atac, y mandóle decir a Mardoqueo: Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey saben, que todo varón o mujer que entra al rey al patio de adentro sin ser llamado, una sola ley tiene de morir, salvo aquel a quien el rey extendiere la vara de oro, que vivirá: y yo no soy llamada para entrar al rey estos treinta días. Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester. Entonces Mardoqueo dijo que respondiesen a Ester: No pienses en tu alma que escaparás en la casa del rey, más que todos los Judíos. Porque si callando callares en este tiempo, espacio y libertad tendrán los Judíos de otro lugar: mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino? Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo: Vé, y junta a todos los Judíos que se hallan en Susán, y ayunád por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis mozas ayunaré así, y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley, y piérdame cuando me perdiere. Entonces Mardoqueo se fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester.
Segunda lectura
Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible a la ley, en cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de la carne del pecado, y por pecado, condenó al pecado en la carne; Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son según la carne, piensan en las cosas que son de la carne; mas los que son según el Espíritu, en las cosas que son del Espíritu. Porque el ánimo carnal es muerte; mas el ánimo espiritual, vida y paz; Por cuanto el ánimo carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tan tampoco puede. Así que, los que son según la carne, no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no sois según la carne, sino según el Espíritu: si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él. Empero si Cristo es en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado; mas el Espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús, mora en vosotros, el que levantó a Cristo de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificareis las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios, y coherederos con Cristo: si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos también glorificados. Porque yo juzgo, que lo que en este tiempo se padece, no es digno de compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. ¶ Porque el continuo atalayar de la criatura espera la manifestación de los hijos de Dios; Porque la criatura fue sujetada a vanidad, no de su voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó con esperanza. De que también la misma criatura será librada de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque ya sabemos, que toda la creación gime a una, y a una está en dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, mas también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza somos salvos: empero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿cómo aun lo espera? Mas si lo que no vemos esperamos, por paciencia lo esperamos. Y asimismo también el Espíritu a una ayuda nuestra flaqueza; porque no sabemos lo que hemos de pedir como conviene; mas el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cual es el deseo del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos, que todas las cosas obran juntamente para el bien de los que a Dios aman, es a saber, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a estas cosas? Si Dios es por nosotros, ¿quién será contra nosotros? El que aun a su propio Hijo no perdonó, antes le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos ha de dar también con él gratuitamente todas las cosas? ¿Quién acusará contra los escogidos de Dios? Dios es el que los justifica. ¿Quién es el que los condena? Cristo es el que murió: antes el que también resucitó, el que también está a la diestra de Dios, el que también demanda por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación? ¿o angustia? ¿o persecución? ¿o hambre? ¿o desnudez? ¿o peligro? ¿o espada? (Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todos los días: somos estimados como ovejas para el matadero:) Antes en todas estas cosas vencemos, y aun más, por aquel que nos amó. Por que estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.
Segunda lectura
Seguíd la paz con todos; y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirando bien que ninguno se aparte de la gracia de Dios, que ninguna raíz de amargura brotando os perturbe, y por ella muchos sean contaminados. Que ninguno sea fornicario, o profano, como Esaú, que por una vianda vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después deseando heredar la bendición, fue reprobado, que no halló lugar de arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. Porque no os habéis llegado al monte palpable y que ardía con fuego, y al turbión, y a la oscuridad, y a la tempestad, Y al sonido de la trompeta, y a la voz de las palabras, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más; (Porque no podían tolerar lo que se mandaba: Que si aun una bestia tocare al monte, será apedreada, o pasada con dardo: Y tan terrible cosa era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy asombrado, y temblando.) Mas os habéis llegado al monte de Sión, y a la ciudad del Dios vivo, Jerusalem la celestial, y a la compañía de muchos millares de ángeles, A la congregación general e iglesia de los primogénitos que están tomados por lista en los cielos, y al Juez de todos, Dios, y a los espíritus de los justos ya perfectos; Y a Jesús el mediador del nuevo concierto; y a la sangre del esparcimiento que habla cosas mejores que la de Abel. Mirád que no recuséis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que recusaron al que hablaba en la tierra, mucho menos escaparemos nosotros, si desechamos al que nos habla desde los cielos: La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha prometido, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo. Y en esto que dice: Aun una vez, declara el quitamiento de las cosas movibles, como de cosas hechizas, para que queden las que son firmes. Así que tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual sirvamos a Dios, agradándole con reverencia y religioso temor. Porque nuestro Dios es fuego consumidor.
Oración vespertina — segunda lectura
Seguíd la caridad: codiciád los dones espirituales; mas sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas desconocidas, no habla a los hombres, sino a Dios; porque nadie le entiende, aunque en espíritu hable misterios. Mas el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación, y consolación. El que habla una lengua desconocida, a sí mismo edifica; mas el que profetiza, edifica a la iglesia. Así que querría que todos vosotros habláseis lenguas, más bien empero que profetizáseis; porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas extrañas, si también no interpretare, para que la iglesia reciba edificación. Ahora pues, hermanos, si yo viniere a vosotros hablando en lenguas extrañas, ¿qué os aprovecharé, si no os hablare, o por revelación, o por ciencia, o por profecía, o por doctrina? Y aun las cosas inanimadas que dan sonido, (sea flauta o arpa,) si no dieren distinción de sonidos, ¿cómo se sabrá lo que se tañe con la flauta o con la arpa? Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se apercebirá a la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diéreis palabras bien inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que se dice? porque hablaréis al aire. Tantos géneros de voces, (por ejemplo,) hay en el mundo; y ninguna de ellas es sin significado; Mas si yo ignorare el valor de la voz, seré bárbaro para aquel que habla; y el que habla, será bárbaro para mí. Así también vosotros: puesto que sois codiciosos de dones espirituales, procurád de sobresalir en ellos para la edificación de la iglesia. Por lo cual el que habla en lengua extraña, ore que interprete. Porque si yo orare en lengua desconocida, mi espíritu ora; mas mi entendimiento es sin fruto. ¿Qué hay pues? Oraré con el espíritu, y oraré también con el entendimiento: cantaré con el espíritu, y cantaré también con el entendimiento. Porque si tú bendijeres solamente con el espíritu, el que ocupa el lugar del pueblo sencillo, ¿cómo dirá, Amén, sobre tu acción de gracias? porque no sabe lo que dices. Porque tú a la verdad das bien gracias; mas el otro no es edificado. Doy gracias a mi Dios que hablo en lenguas extrañas más que todos vosotros. Empero en la iglesia quiero más bien hablar cinco palabras con mi entendimiento, para que enseñe también a los otros, que diez mil palabras en una lengua desconocida. Hermanos, no seáis niños en el sentido; mas sed niños en la malicia, empero en el sentido sed hombres. En la ley está escrito: Con otras lenguas, y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor. Así que las lenguas por señal son, no a los que creen, sino a los incrédulos; mas la profecía sirve, no para los que no creen, sino a los creyentes. De manera que si toda la iglesia se juntare en un mismo lugar, y todos hablaren en lenguas extrañas, y entraren gentes sencillas, o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Mas si todos profetizaren, y entrare algún incrédulo o ignorante, de todos es convencido, de todos es juzgado: Y así lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así postrándose sobre su rostro adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está en vosotros. ¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os juntáis, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación: Háganse todas las cosas para edificación. Si hablare alguno en lengua desconocida, sea por dos, o a lo más por tres, y esto a su turno; y uno interprete. Mas si no hubiere intérprete, calle en la iglesia; y hable a sí mismo, y a Dios. Empero los profetas, hablen dos o tres; y los demás juzguen. Y si a otro que estuviere sentado, fuere revelada alguna cosa, calle el primero. Porque podéis todos profetizar uno por uno; para que todos aprendan, y todos sean exhortados. (Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas;) Porque Dios no es autor de disensión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos. Vuestras mujeres callen en las iglesias; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas como también lo dice la ley. Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos; porque deshonesta cosa es hablar las mujeres en la iglesia. ¡Qué! ¿Ha salido de vosotros la palabra de Dios? ¿o a vosotros solos ha llegado? Si alguno, a su parecer, es profeta, o espiritual, reconozca que las cosas que yo os escribo son mandamientos del Señor. Mas si alguno quiere ser ignorante, sea ignorante. Así que, hermanos, codiciád el profetizar; y no impidáis el hablar en lenguas extrañas. Empero háganse todas las cosas decentemente, y con orden.
Evangelio
Y partidos ellos, he aquí, el ángel del Señor aparece en sueños a José, diciendo: Levántate, y toma al niño, y a su madre, y huye a Egipto, y estáte allá, hasta que yo te lo diga; porque ha de acontecer que Heródes buscará al niño para matarle. Y levantándose él, tomó al niño y a su madre de noche, y se fue a Egipto; Y estuvo allá hasta la muerte de Heródes, para que se cumpliese lo que había hablado el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. ¶ Heródes entonces, como se vio burlado de los Magos, se enojó mucho; y envió, y mató todos los niños que había en Belén, y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que había entendido de los Magos. Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Voz fue oída en Rama, lamentación, y lloro, y gemido grande: Raquel que llora sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron. ¶ Mas muerto Heródes, he aquí, el ángel del Señor aparece en sueños a José en Egipto, Diciendo: Levántate, y toma al niño, y a su madre, y vete a tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño, y a su madre, y vínose a tierra de Israel. Y oyendo que Arquelao reinaba en Judea por Heródes su padre, tuvo temor de ir allá; mas amonestado por revelación en sueños, se fue a las partes de Galilea. Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret; para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que había de ser llamado Nazareno.
Evangelio
¶ Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos. ¶ El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Veníd, que ya todo está aparejado. Y comenzaron todos a una a escusarse. El primero le dijo: He comprado un cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por escusado. Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos: ruégote que me tengas por escusado. Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir. Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces el padre de familias, enojado dijo a su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque yo os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena. ¶ Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que ha menester para acabarla? Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen a hacer burla de él, Diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O cuál rey, habiendo de ir a hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? De otra manera, cuando el otro está aun lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada. Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? Ni para la tierra, ni aun para el muladar es buena: fuera la echan. Quien tiene oídos para oír, oiga.
Evangelio
Y en el mismo tiempo el rey Heródes tendió las manos para maltratar a algunos de la iglesia. Y mató a Santiago el hermano de Juan a espada. Y viendo que había agradado a los Judíos, pasó adelante para prender también a Pedro. (Eran entonces los días de los panes sin levadura.) El cual prendido, le echó en la cárcel, entregándole a cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen: queriendo sacarle al pueblo después de la pascua. Así que, Pedro era guardado en la cárcel; mas la iglesia hacía oración a Dios sin cesar por él. Y cuando Heródes le había de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. Y, he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel: e hiriendo a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. Y saliendo, le seguía; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel: mas pensaba que veía una visión. Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron a la puerta de hierro, que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo; y salidos, pasaron adelante por una calle; y luego el ángel se apartó de él. Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente, que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Heródes, y de toda la expectación del pueblo de los Judíos. Y habiendo considerado, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos, donde muchos estaban congregados, y orando. Y tocando Pedro a la puerta del portal, salió una muchacha, para escuchar, que se llamaba Rode. La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino corriendo dentro, dio la nueva, que Pedro estaba ante la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que era así. Entonces ellos decían: Su ángel es. Empero Pedro perseveraba en llamar; y como le abrieron la puerta, le vieron, y se espantaron. Mas él, haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó como el Señor le había sacado de la cárcel; y dijo: Hacéd saber esto a Santiago y a los hermanos. Y salido, se partió a otro lugar. Siendo pues de día, había no poco alboroto entre los soldados, sobre qué se había hecho de Pedro. Mas Heródes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisición de los guardas, los mandó llevar a la muerte. Y descendiendo de Judea a Cesarea, se quedó allí. ¶ Y Heródes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidón; mas ellos vinieron de acuerdo a él; y habiendo sobornado a Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran mantenidas por las del rey. Y en un día señalado, Heródes vestido de ropa real, se sentó en su trono, y les arengaba. Y el pueblo aclamaba, diciendo: Esta es la voz de un dios, y no de un hombre. Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y comido de gusanos espiró. Mas la palabra del Señor crecía, y se multiplicaba. Y Barnabás y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido su ministerio, tomando consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Márcos.
Evangelio
Y saliendo del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro, y Santiago, y Juan, y Andrés: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal habrá cuando todas las cosas han de ser acabadas? Y Jesús respondiéndoles, comenzó a decir: Mirád que nadie os engañe: Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. Mas cuando oyereis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbéis; porque es menester que suceda así, mas aun no será el fin. Porque nación se levantará contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos por los lugares, y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores serán estos. Mas vosotros mirád por vosotros; porque os entregarán a los concilios; y en las sinagogas seréis azotados; y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí, por testimonio contra ellos. Y en todas las naciones es menester que el evangelio sea predicado antes. Y cuando os llevaren entregándoos, no premeditéis que habéis de decir, ni lo penséis; mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablád; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo. Y entregará a la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre; mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Empero cuando viereis la abominación de asolamiento, de que habló el profeta Daniel, que estará donde no debe, (el que lee, entienda,) entonces los que estuvieren en Judea huyan a los montes; Y el que estuviere sobre la casa, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; Y el que estuviere en el campo, no torne atrás, ni aun a tomar su capa. Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos días! Orád pues que no acontezca vuestra huida en invierno. Porque en aquellos días habrá aflicción, cual nunca fue desde el principio de la creación de las cosas que creó Dios, hasta este tiempo, ni habrá jamás. Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos, que él escogió, acortó aquellos días. Y entonces si alguno os dijere: He aquí, aquí está el Cristo; o he aquí, allí está, no le creáis; Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas; y darán señales y prodigios para engañar, si se pudiese hacer, aun a los escogidos. Mas vosotros mirád: he aquí, os lo he dicho antes todo. Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas. Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con grande poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el un cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. De la higuera aprendéd la semejanza: Cuando su rama ya se hace tierna, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca. Así también vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, conocéd que está cerca a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación sin que todas estas cosas sean hechas. El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca pasarán. Empero de aquel día, y de la hora, nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el mismo Hijo, sino el Padre. Mirád, velád, y orád; porque no sabéis cuando será el tiempo. Porque el Hijo del hombre es como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dio a sus siervos su hacienda, y a cada uno cargo, y al portero mandó que velase. Velád pues, porque no sabéis cuando el señor de la casa vendrá; a la tarde, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana: Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo: Velád.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

