Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Empero en cuanto a lo que a los ídolos es sacrificado, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia hincha, mas la caridad edifica. Y si alguno se piensa que sabe algo, aun no sabe cosa alguna como le conviene saber. Mas el que ama a Dios, el tal es conocido de Dios. Así que de las viandas que son sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay otro Dios, sino solo uno. Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, o en el cielo, o en la tierra, (como hay muchos dioses, y muchos señores,) Para nosotros empero hay un solo Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él; y un Señor, Jesu Cristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él. Mas no en todos hay esta ciencia; porque algunos con conciencia del ídolo hasta ahora, lo comen como sacrificado a ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada.
Primera lectura
Desciende, y asiéntate en el polvo virgen hija de Babilonia: asiéntate en la tierra sin trono, hija de los Caldeos: que nunca más te llamarán tierna, y delicada. Toma el molino, y muele harina: descubre tus guedejas, descalza los pies, descubre las piernas, pasa los ríos. Será descubierta tu vergüenza, y tu deshonor será visto: tomaré venganza, y no encontraré como hombre. Nuestro Redentor, Jehová de los ejércitos es su nombre, Santo de Israel. Siéntate, calla, y entra en tinieblas, hija de los Caldeos; porque nunca más te llamarán Señora de reinos. Enojéme contra mi pueblo; profané mi heredad, y los entregué en tu mano: no les hiciste misericordias: sobre el viejo agravaste mucho tu yugo, Y dijiste: Para siempre seré señora. Hasta ahora no has pensado en esto, ni te acordaste de tu postrimería. Oye pues ahora esto, delicada, la que está sentada confiadamente, la que dice en su corazón: Yo soy, y fuera de mi no hay más: no quedaré viuda, ni conoceré orfandad. Estas dos cosas te vendrán de repente en un mismo día, orfandad, y viudez: en toda su perfección vendrán sobre ti, por la multitud de tus adivinanzas, y por la copia de tus muchos agüeros. Porque te confiaste en tu maldad, diciendo: Nadie me ve. Tu sabiduría, y tu misma ciencia te engañó, a que dijeses en tu corazón: Yo, y no más. Vendrá pues sobre ti mal, cuyo nacimiento no sabrás: caerá sobre ti quebrantamiento, el cual no podrás remediar; y vendrá sobre ti de repente destrucción, la cual tú no conocerás. Estáte ahora entre tus adivinanzas, y en la multitud de tus agüeros, en los cuales te fatigaste desde tu niñez: quizá podrás mejorarte, quizá te fortificarás. Háste fatigado en la multitud de tus consejos: parezcan ahora, y defiéndante los contempladores de los cielos, los especuladores de las estrellas, los que enseñan los cursos de la luna, de lo que vendrá sobre ti. He aquí que serán como tamo, fuego los quemará: no salvarán sus vidas de la mano de la llama: no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, tus negociantes, desde tu niñez: cada uno echará por su camino, no habrá quien te escape.
Primera lectura
En aquel día cantarán este cantar en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos: salud puso por muros y antemuro. Abríd las puertas, y entrará la nación justa, guardadora de verdades. Sentencia firme: Que guardarás paz, paz; porque en ti se han confiado, Confiád en Jehová perpetuamente; porque en Jah Jehová está la fortaleza de los siglos. ¶ Porque él derribó los que moraban en lugar sublime: humilló la ciudad ensalzada, humillóla hasta la tierra, la derribó hasta el polvo. Hollarla ha pie, pies de afligido, pasos de menesterosos. ¶ Camino derecho para el justo: Tú, recto, pesas el camino del justo. Aun en el camino de tus juicios, o! Jehová, te esperamos: a tu nombre, y a tu memoria es el deseo del alma. Con mi alma te deseo en la noche; y entre tanto que me durare el espíritu en medio de mí, madrugaré a buscarte; porque desde que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. ¶ Alcanzará piedad el impío, no aprendará justicia: en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová. Jehová, por mucho que se levante tu mano, no verán: verán, y avergonzarse han con zelo del pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá. Jehová, aparejarnos has paz; porque también obraste en nosotros todas nuestras obras,
Oración matutina — primera lectura
Y procediendo Eliú en su razonamiento, dijo: ¿Piensas haber sido conforme a derecho lo que dijiste: Más justo soy que Dios? Porque dijiste: ¿Qué te aprovechará, que provecho tendré de mi pecado? Yo te responderé algunas razones; y a tus compañeros contigo. Mira a los cielos, y ve, y considera que los cielos son más altos que tú. Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú? Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿o qué recibirá de tu mano? Al hombre como tú dañará tu impiedad; y al hijo del hombre aprovechará tu justicia. ¶ A causa de la multitud de las violencias clamarán, y darán voces por la fuerza de los violentos: Y ninguno dirá: ¿Dónde está Dios mi hacedor, que da canciones en la noche; Que nos enseña más que las bestias de la tierra, y nos hace sabios más que las aves del cielo? Allí clamarán, y él no oirá por la soberbia de los malos. Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni el Omnipotente la mirará. Aunque más digas: No le mirará: haz juicio delante de él, y espera en él. Mas ahora, porque su ira no visita, ni conoce en gran manera, Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría.
Epístola
Porque yo juzgo, que lo que en este tiempo se padece, no es digno de compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. ¶ Porque el continuo atalayar de la criatura espera la manifestación de los hijos de Dios; Porque la criatura fue sujetada a vanidad, no de su voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó con esperanza. De que también la misma criatura será librada de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque ya sabemos, que toda la creación gime a una, y a una está en dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, mas también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo.
Primera lectura
El vino hace burlador: la cerveza, alborotador; y cualquiera que en él errare, no será sabio. Bramido, como de cachorro de león, es el miedo del rey: el que le hace enojar, peca contra su alma. Honra es del hombre dejarse de pleito: mas todo insensato se envolverá en él. El perezoso no ara a causa del invierno: mas él pedirá en la segada, y no hallará. Aguas profundas es el consejo en el corazón del hombre: mas el hombre entendido le alcanzará. Muchos hombres pregonan cada cual el bien que han hecho: mas hombre de verdad ¿quién le hallará? El justo que camina en su integridad, bienaventurados serán sus hijos después de él. El rey que está en el trono de juicio, con su mirar disipa todo mal. ¿Quién podrá decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado? Doblada pesa, y doblada medida, abominación son a Jehová ambas cosas. El muchacho aun es conocido por sus obras, si su obra es limpia y recta. El oído oye, y el ojo ve: Jehová hizo aun ambas cosas. No ames el sueño, porque no te empobrezcas: abre tus ojos, hartarte has de pan. El que compra, dice: Malo es, malo es: mas en apartándose, él se alaba. Hay oro, y multitud de piedras preciosas: mas los labios sabios son vaso precioso. Quítale su ropa, porque fió al extraño; y préndale por la extraña. Sabroso es al hombre el pan de mentira: mas después, su boca será llena de cascajo. Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con industria se hace la guerra. El que descubre el secreto, anda en chismes; y con el que lisonjea de sus labios, no te entremetas. El que maldice a su padre, o a su madre, su candela será apagada en oscuridad tenebrosa. La herencia adquirida de priesa en el principio, su postrimería aun no será bendita. No digas: Yo me vengaré: espera a Jehová, y él te salvará. Abominación son a Jehová las pesas dobladas; y el peso falso, no es bueno. De Jehová son los pasos del hombre: el hombre pues, ¿cómo entenderá su camino? Lazo es al hombre tragar santidad; y después de los votos andar preguntando. El rey sabio esparce los impíos; y sobre ellos hace tornar la rueda. Candela de Jehová es el alma del hombre, que escudriña lo secreto del vientre. Misericordia y verdad guardan al rey; y con clemencia sustenta su trono. La honra de los mancebos es su fortaleza; y la hermosura de los viejos, su vejez. Las señales de las heridas son medicina en el malo; y las plagas en lo secreto del vientre.
Oración matutina — segunda lectura
Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto, Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa alguna en aquellos días: los cuales pasados, después tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan. Y Jesús respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró todos los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo. Y le dijo el diablo: A ti te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos; porque a mí es entregada, y a quien quiero la doy. Tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos. Y respondiendo Jesús, le dijo: Quítate de delante de mí, Satanás; porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y a él solo servirás. Y le llevó a Jerusalem, y le puso sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo. Porque escrito está: Que a sus ángeles te encomendará, para que te guarden; Y que en sus manos te llevarán, porque nunca hieras tu pie en piedra. Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. Y acabada toda la tentación, el diablo se separó de él por algún tiempo. ¶ Y Jesús volvió en virtud del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de al derredor. Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. ¶ Y vino a Nazaret, donde había sido criado, y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer. Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y como desarrolló el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido; para dar buenas nuevas a los pobres me ha enviado; para sanar a los quebrantados de corazón; para publicar a los cautivos redención, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los oprimidos; Para predicar el año agradable del Señor. Y arrollando el libro, como le dio al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga se clavaron en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos. Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate a ti mismo: de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra. Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. En verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra: Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán el Siro. Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas. Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. Mas él, pasando por medio de ellos, se fue. ¶ Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí los enseñaba en los sábados. Y estaban fuera de sí de su doctrina; porque su palabra era con potestad. Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz, Diciendo: Déjanos, ¿qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, eres el Santo de Dios. Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno. Y cayó espanto sobre todos, y hablaban unos a otros, diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y poder manda a los espíritus inmundos, y salen? Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. ¶ Y levantándose Jesús de la sinagoga, se entró en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. Y volviéndose hacia ella, riñó a la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió. Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades, los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. Y salían también demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios; mas él riñéndoles no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo. Y siendo ya de día salió, y se fue a un lugar desierto; y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenían para que no se apartase de ellos. Y él les dijo: También a otras ciudades es menester que yo anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. Y predicaba en las sinagogas de Galilea.
Salmo responsorial
Yo me alegré con los que me decían: A la casa de Jehová iremos. Nuestros pies estuvieron en tus puertas, o! Jerusalem. Jerusalem, la que es edificada como una ciudad que está unida consigo a una. Porque allá subieron las tribus, las tribus de Jehová, el testimonio a Israel, para alabar el nombre de Jehová. Porque allá están las sillas del juicio: las sillas de la casa de David. Demandád la paz de Jerusalem: sean pacificados los que te aman. Haya paz en tu antemuro, descanso en tus palacios. A causa de mis hermanos y mis compañeros hablaré ahora paz de ti. A causa de la casa de Jehová nuestro Dios buscaré bien para ti.
Evangelio
Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, la multitud se derribaba sobre él por oír la palabra de Dios. Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. ¶ Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echád vuestras redes para pescar. Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron tan gran multitud de peces, que su red se rompía. E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se anegaban. Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: Sálte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, a causa de la presa de los peces que habían tomado: Y asimismo a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora tomarás hombres. Y como llegaron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron.
Salmo responsorial
Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿quién residirá en el monte de tu santidad? El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón: El que no revolvió con su lengua, ni hizo mal a su prójimo, ni levantó vergüenza contra su cercano. En sus ojos es menospreciado el vil, y a los que temen a Jehová, honra: juró en daño suyo, y no mudó. Su dinero no dio a usura, ni tomó cohecho contra el inocente. El que hace estas cosas, no resbalará jamás.
Salmo responsorial
Jehová, en tu fortaleza se alegrará el rey; y en tu salud se regocijará mucho. El deseo de su corazón le diste; y no le negaste lo que sus labios pronunciaron. Selah. Por tanto le adelantarás en bendiciones de bien: corona de oro fino has puesto sobre su cabeza. Vida te demandó, se la diste: longura de días, por siglo y siglo. Grande es su gloria en tu salud: honra y hermosura has puesto sobre él. Porque le has bendecido para siempre: alegrástele de alegría con tu rostro. Por cuanto el rey confía en Jehová: y en la misericordia del Altísimo no titubeará. Alcanzará tu mano a todos tus enemigos: tu diestra alcanzará a los que te aborrecen. Ponerlos has como horno de fuego en el tiempo de tu ira: Jehová los deshará en su furor, y fuego los consumirá. Su fruto destruirás de la tierra: y su simiente de entre los hijos de los hombres. Porque tendieron mal contra ti: maquinaron maquinación, mas no prevalecieron. Por tanto ponerlos has a parte: con tus cuerdas apuntarás a sus rostros. Ensálzate, o! Jehová, con tu fortaleza: cantaremos y alabaremos tu valentía.
Salmo responsorial
Oígate, Jehová, en el día de la angustia: ensálcete el nombre del Dios de Jacob. Envíete ayuda desde el santuario, y desde Sión te sustente. Tenga memoria de todos tus presentes, y encenice tu holocausto. Selah. Déte conforme a tu corazón, y cumpla todo tu consejo. Alegrarnos hemos con tu salud, y en el nombre de nuestro Dios alzarémos pendón: cumpla Jehová todas tus peticiones. Ahora he conocido que Jehová ha guardado a su ungido: oírle ha desde los cielos de su santidad con las valentías de la salud de su diestra. Estos en carros, y aquellos en caballos confían: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Estos arrodillaron, y cayeron: mas nosotros nos levantamos, y nos enhestamos. Jehová, salva: que el rey nos oiga el día que le invocáremos.
Oración vespertina — primera lectura
Y pasando a delante Eliú, dijo: Espérame un poco, y enseñarte he: porque todavía hablo por Dios. Tomaré mi sabiduría de lejos, y daré la justicia a mi Hacedor. Porque de cierto no son mentira mis palabras, antes se trata contigo con perfecta sabiduría. He aquí, que Dios es grande, y no aborrece, fuerte en virtud de corazón. No dará vida al impío; y a los afligidos dará su derecho. No quitará sus ojos del justo: mas con los reyes los pondrá también en trono para siempre, y serán ensalzados. Y si estuvieren presos en grillos, y cautivos en las cuerdas de aflicción, El les anunciará la obra de ellos, y que sus rebeliones prevalecieron. Y despierta el oído de ellos para castigo, y dice que se conviertan de la iniquidad. Si oyeren, y sirvieren, acabarán sus días en bien, y sus años en deleites. Mas si no oyeren, serán pasados a cuchillo: y perecerán sin sabiduría. Mas los hipócritas de corazón le irritarán más; y no clamarán, cuando él los atare. El alma de ellos morirá en su mocedad, y su vida entre los sodomíticos. Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oreja. ¶ Y aun te apartará de la boca de la angustia en anchura, debajo de la cual no haya estrechura, y te asentará mesa llena de grosura. Mas tú has henchido el juicio del impío contra la justicia, y el juicio [que lo] sustenta todo. Por lo cual es de temer, que no te quite con herida, la cual no evites con gran rescate. ¿Estimará él tus riquezas, ni el oro, ni todas las fuerzas de poder? No desees la noche, en la cual él corta los pueblos de su lugar. Guárdate, no mires a la iniquidad, teniéndola por mejor que la pobreza. He aquí, que Dios será ensalzado con su poder, ¿quién semejante a él, enseñador? ¿Quién visitó sobre él su camino? ¿Y quién dijo: Iniquidad has hecho? Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres. La cual vieron todos los hombres, y el hombre la ve de lejos. He aquí que Dios es grande, y nosotros no le conoceremos: ni se puede rastrear el número de sus años. Porque él detiene las goteras de las aguas, cuando la lluvia se derrama de su vapor. Cuando gotean de las nubes, gotean sobre los hombres en abundancia. ¿Si entenderá también los extendimientos de las nubes, y los bramidos de su tabernáculo? He aquí, que él extendió sobre ella su luz; y cubrió las raíces de la mar. Con ellas castiga a los pueblos, y da comida a la multitud. Con las nubes encubre la luz, y les manda que vayan contra ella. La una da nuevas de la otra: la una adquiere ira contra la que viene.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la ordenación de Dios Salvador nuestro, y del Señor Jesu Cristo, esperanza nuestra; A Timoteo, verdadero hijo mío en la fe: Gracia, misericordia, y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor. Como te rogué, que te quedases en Efeso, cuando me partí para Macedonia, para que denunciases a algunos que no enseñen diversa doctrina: Ni escuchen a fábulas y genealogías interminables, que dan cuestiones más bien que edificación de Dios, que es en la fe: así házlo. Pues el fin del mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida: De lo cual apartándose algunos, se han desviado, dándose a discursos vanos: Queriendo ser doctores de la ley, y no entendiendo ni lo que hablan, ni lo que afirman. Mas sabemos que la ley es buena, si se usa de ella legítimamente: Sabiendo que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y contaminados, para los matadores de padres y de madres, para los homicidas, Para los fornicarios, para los que se contaminan con varones, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros; y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina, Conforme al evangelio glorioso del Dios bienaventurado, el cual a mí me ha sido encargado. ¶ Gracias doy al que me fortificó, a Cristo Jesús Señor nuestro, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio: Habiendo yo sido antes blasfemo, y perseguidor, e injuriador; mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad. Mas la gracia del Señor nuestro superabundó con la fe y amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Mas por esto fui recibido a misericordia, es a saber, para que Jesu Cristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios, sea honor y gloria por siglos de los siglos. Amén. ¶ Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia: Reteniendo la fe y una buena conciencia, la cual echando de sí algunos hicieron naufragio en la fe. De los cuales son Himeneo y Alejandro, que yo entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
Segunda lectura
Y en cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, seáis ignorantes. Sabéis que eráis Gentiles, yendo, como eráis llevados, a los ídolos mudos. Por tanto os hago saber, que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y que nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Empero hay diferencias de dones; mas el mismo Espíritu. Y hay diferencias de ministerios; mas el mismo Señor. Y hay diferencias de operaciones; mas el mismo Dios es, el que obra todas las cosas en todos. Empero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría: al otro, palabra de ciencia por el mismo Espíritu: A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu: A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discernimiento de espíritus; y a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como él quiere. Porque de la manera que es uno el cuerpo, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros de este un cuerpo, siendo muchos, son un mismo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un mismo Espíritu somos todos bautizados en un mismo cuerpo, Judíos o Griegos, siervos o libres; y a todos se nos ha hecho beber en un mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos por sí en el cuerpo, como él quiso. Que si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? Mas ahora muchos miembros son, empero sin embargo un solo cuerpo. No puede el ojo decir a la mano: No te he menester: ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes, los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son mucho más necesarios; Y los miembros del cuerpo que estimamos menos dignos, a estos ceñimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos decentes, tienen más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad de nada; mas Dios templó a una el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; Para que no haya disensión en el cuerpo, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros. De tal manera que si el un miembro padece, todos los miembros a una se duelen: o si el un miembro es honrado, todos los miembros a una se regocijan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero enseñadores, luego milagros, luego dones de sanidades, auxilios, gobernaciones, géneros de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿son todos enseñadores? ¿son todos hacedores de milagros? ¿Tienen todos dones de sanidades? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Empero deseád con vehemencia los mejores dones; y aun yo os enseño un camino más excelente.
Segunda lectura
¿Y quién es aquel que os podrá empecer, si fueseis imitadores del bueno? Mas también si alguna cosa padecéis por amor a la justicia, sois bienaventurados. Por tanto no temáis por el temor de aquellos, y no seáis turbados; Mas santificád al Señor Dios en vuestros corazones; y estád siempre aparejados para responder a cada uno que os demanda razón de la esperanza que está en vosotros; y esto con mansedumbre y reverencia; Teniendo buena conciencia, para que en lo que dicen mal de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que calumnian vuestro buen proceder en Cristo. Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, (si la voluntad de Dios así lo quiere,) que no haciendo mal. Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, mortificado a la verdad en la carne, pero vivificado por el Espíritu. En el cual también fue, y predicó a los espíritus que estaban en cárcel: Los cuales en el tiempo pasado fueron desobedientes, cuando una vez se esperaba la paciencia de Dios, en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca, en la cual pocas, es a saber, ocho personas, fueron salvas por agua. A la figura de la cual el bautismo, que ahora corresponde, nos salva a nosotros también, (no quitando las inmundicias de la carne, mas dando testimonio de buena conciencia delante de Dios,) por medio de la resurrección de Jesu Cristo: El cual, siendo subido al cielo, está a la diestra de Dios: a quien están sujetos los ángeles, y las potestades, y virtudes.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia a vosotros y paz de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesu Cristo. Damos gracias al Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo, orando siempre por vosotros: Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis para con todos los santos, A causa de la esperanza que os es guardada en los cielos: de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio: El cual ha llegado hasta vosotros, como también ha pasado por todo el mundo; y fructifica, y crece, como también en vosotros, desde el día en que oísteis, y conocisteis la gracia de Dios en verdad: Como también habéis aprendido de Epafras, consiervo amado nuestro, el cual es por vosotros fiel ministro de Cristo; El cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.
Evangelio
Dijo después a los discípulos: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. Mirád por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Pésame: perdónale. ¶ Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedecería. ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto come tú y bebe? ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decíd: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos. ¶ Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea. Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y como él los vio, les dijo: Id, mostráos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. Y el uno de ellos, como se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Y se derribó sobre su rostro a sus pies, haciéndole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha sanado. ¶ Y preguntado de los Fariseos, cuando había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; Ni dirán: Héle aquí, o héle allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Héle aquí, o héle allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis. Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre: Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: Como esto será el día que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordáos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la vivificará. Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. Dos hombres estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Oración vespertina — segunda lectura
Mas digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo. Antes está debajo de la mano de tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos sujetos a servidumbre debajo de los elementos del mundo. Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, hecho de mujer, hecho debajo de la ley; Para que redimiese los que estaban debajo de la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, envió Dios el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba. Padre. Así que ya no eres más siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por Cristo. ¶ Empero entonces, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; Mas ahora habiendo conocido a Dios, o más bien siendo conocidos de Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los flacos y necesitados rudimentos, a los cuales queréis volver a servir? Guardáis días, y meses, y tiempos, y años. Miedo tengo de vosotros, de que no haya yo trabajado en vano en vosotros. ¶ Os ruego, hermanos, que seáis como yo; porque yo soy como vosotros: ningún agravio me habéis hecho. Vosotros sabéis, que en flaqueza de la carne os anuncié el evangelio al principio. Empero mi tentación que fue en mi carne no desechasteis ni menospreciasteis; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como al mismo Cristo Jesús. ¿Dónde está, pues, vuestra bienaventuranza? porque yo os doy testimonio, que si hubiera sido posible, vuestros mismos ojos hubierais sacado para dármelos. ¿Me he hecho pues vuestro enemigo, diciéndoos la verdad? Ellos tienen zelo por vosotros, mas no bien; antes os quieren separar de nosotros para que vosotros tengáis zelo por ellos. Bueno es ser zelosos, mas en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros. Hijitos míos, por quienes vuelvo otra vez a estar en dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros: Querría estar presente con vosotros ahora, y mudar mi voz; porque estoy perplejo acerca de vosotros. ¶ Decídme, los que queréis estar debajo de la ley, ¿no oís a la ley? Porque escrito está: Que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva, y uno de la libre. Mas el que era de la sierva, nació según la carne; el que era de la libre, nació por la promesa: Las cuales cosas son una alegoría; porque estos son los dos conciertos. El uno del monte de Sina, que engendra para servidumbre, el cual es Agar. Porque Agar es Sina, monte de Arabia, el cual corresponde a la Jerusalem que ahora es, la cual está en servidumbre con sus hijos. Mas aquella Jerusalem que está arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros. Porque está escrito: Alégrate estéril, que no pares; rompe en alabanzas y clama, tú que no estás de parto; porque más son los hijos de la desamparada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Empero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que nació según el Espíritu; así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre. De manera que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Evangelio
Y como fue hora, se sentó a la mesa; y con él los doce apóstoles. Y les dijo: Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca. Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplido en el reino de Dios. Y tomando la copa, habiendo hecho gracias, dijo: Tomád esto, y distribuídlo entre vosotros. Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando pan, habiendo hecho gracias, lo rompió, y les dio, diciendo: éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado; hacéd esto en memoria de mí. Asimismo también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama. Con todo eso, he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. Y a la verdad el Hijo del hombre va según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cual de ellos sería el que había de hacer esto. ¶ Y hubo también entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. Entonces él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que precede, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se asienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se asienta a la mesa? mas yo soy entre vosotros como el que sirve. Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí; Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os asentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
Evangelio
No juzguéis; porque también no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados; y con la medida que medís, con ella os volverán a medir. Y ¿por qué miras la arista que está en el ojo de tu hermano; y no echas de ver la viga que está en tu ojo? O ¿cómo dirás a tu hermano: Deja, echaré de tu ojo la arista; y, he aquí, una viga en tu ojo? ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces verás claramente para echar la arista del ojo de tu hermano.
Evangelio
Dijo después a los discípulos: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería, si una piedra de molino de asno le fuera puesta al cuello, y fuese echado en la mar, que escandalizar a uno de estos pequeñitos. Mirád por vosotros. Si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere a ti, diciendo: Pésame: perdónale. ¶ Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Y el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedecería. ¿Mas cuál de vosotros tiene un siervo que ara, o apacienta ganado, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice antes: Adereza que cene yo, y cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto come tú y bebe? ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decíd: Siervos inútiles somos; porque lo que debíamos de hacer, hicimos. ¶ Y aconteció que yendo él a Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galilea. Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros. Y como él los vio, les dijo: Id, mostráos a los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. Y el uno de ellos, como se vio que era limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz. Y se derribó sobre su rostro a sus pies, haciéndole gracias; y éste era Samaritano. Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No fue hallado quien volviese, y diese gloria a Dios, sino este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha sanado. ¶ Y preguntado de los Fariseos, cuando había de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; Ni dirán: Héle aquí, o héle allí; porque, he aquí, el reino de Dios dentro de vosotros está. Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Héle aquí, o héle allí. No vayáis tras ellos, ni los sigáis. Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo, resplandece hasta la otra que está debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación. Y como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre: Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó a todos. Asimismo también como fue en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: Como esto será el día que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordáos de la mujer de Lot. Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la vivificará. Os digo, que en aquella noche estarán dos hombres en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. Dos hombres estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

