Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Porque, hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia, que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas, de tal manera que aun dudábamos de la vida. Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos: El cual nos libró de tamaña muerte, y nos libra: en el cual esperamos que aun nos librará; Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por el don alcanzado para nosotros por medio de muchas personas, por muchas también sean dadas gracias por nosotros. Porque nuestra gloria es esta, es a saber, el testimonio de nuestra conciencia, que en simplicidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, mas en la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y más con vosotros. Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también reconocéis; y espero que aun hasta el fin las reconoceréis: Como también en parte nos habéis reconocido que somos vuestra gloria, como también vosotros sois la nuestra, en el día del Señor Jesús.
Primera lectura
Huid, hijos de Ben-jamín, de en medio de Jerusalem, y tocád bocina en Tecua, y alzád humo sobre Bet-hacarem; porque de la parte del aquilón se ha visto mal, y quebrantamiento grande. A una mujer hermosa y delicada comparé a la hija de Sión. A ella vendrán pastores y sus rebaños: junto a ella en derredor pondrán sus tiendas: cada uno apacentará a su parte. Denunciád guerra contra ella: levantáos, y subamos hacia el mediodía: ¡ay de nosotros! que va cayendo ya el día, que las sombras de la tarde se han extendido. Levantáos, y subamos de noche, y destruyamos sus palacios. Porque así dijo Jehová de los ejércitos: Cortád árboles, y extendéd baluarte junto a Jerusalem: esta es la ciudad que toda ella ha de ser visitada: violencia hay en medio de ella. Como la fuente nunca cesa de manar sus aguas, así nunca cesa de manar su malicia: injusticia, y robo se oye en ella: continuamente en mi presencia, enfermedad, y herida. Castígate, Jerusalem, porque no se aparte mi alma de ti, porque no te torne desierta, tierra no habitada. Jehová de los ejércitos dijo así: Rebuscando rebuscarán, como a vid, el resto de Israel: torna tu mano como vendimiador a los cestos. ¿A quién tengo de hablar, y amonestar para que oigan? He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar: he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa: no la aman. Por tanto estoy lleno de saña de Jehová; trabajado he por contenerme de derramarla sobre los niños en la calle, y sobre el concurso de los mancebos juntos; porque el marido también será preso con la mujer, el viejo con el lleno de días. Y sus casas serán traspasadas a otros, sus heredades y sus mujeres también; porque extenderé mi mano sobre los moradores de la tierra, dice Jehová. Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote todos son engañadores. Y curan el quebrantamiento de la hija de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz. ¿Hánse avergonzado de haber hecho abominación? cierto no se han avergonzado de vergüenza; ni aun saben tener vergüenza. Por tanto caerán entre los que caerán: caerán cuando los visitaré, dice Jehová. Así dijo Jehová: Paráos a los caminos, y mirád, y preguntád por las sendas antiguas, cual sea el buen camino, y andád por él; y hallaréis descanso para vuestra alma. Y dijeron: No andaremos. Y desperté sobre vosotros atalayas: escuchád a la voz de la trompeta; y dijeron: No escucharémos. Por tanto oíd, naciones; y conoce, o! compañía de ellas. Oye, tierra: He aquí, yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon a mis palabras, y mi ley aborrecieron. ¿Para qué viene para mí este incienso de Sabá, y la buena caña olorosa de tierra lejana? vuestros holocaustos no son a mi voluntad, ni vuestros sacrificios me dan gusto. Por tanto Jehová dice esto: He aquí, yo pongo a este pueblo tropiezos, y caerán en ellos los padres y los hijos juntamente, el vecino y su cercano perecerán. Así dijo Jehová: He aquí que pueblo viene de tierra del aquilón, y nación grande se levantará de los cantones de la tierra. Arco y escudo arrebatarán, crueles son que no tendrán misericordia: la voz de ellos sonará como la mar; y cabalgarán a caballo como varones dispuestos para la guerra, contra ti, o! hija de Sión. Su fama oímos, y nuestras manos se descoyuntaron: angustia nos tomó, dolor como de mujer que pare. No salgas al campo, ni andes por camino; porque espada de enemigo temeroso está en derredor. Hija de mi pueblo, cíñete de saco, y revuélcate en ceniza; hazte luto de hijo único, llanto de amarguras; porque presto vendrá sobre nosotros el destruidor. Por fortaleza te he puesto en mi pueblo, por guarnición: conocerás pues, y examinarás el camino de ellos. Todos ellos príncipes rebeladores, andan con engaño: acero y hierro, todos ellos son corruptores. El fuelle es quemado del fuego, gastádose ha el plomo: por demás fundió el fundidor, pues los malos no son arrancados. Plata desechada los llamaron; porque Jehová los desechó.
Primera lectura
¶ Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas: Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar, en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dijo Jehová.
Oración matutina — primera lectura
Mas Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que contase a Israel. Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, contád a Israel desde Beer-seba hasta Dan, y traédme el número de ellos, para que yo lo sepa. Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces otros tantos. Rey señor mío: ¿no son todos estos siervos de mi señor? ¿Para qué procura esto mi señor? ¿Para qué sea por pecado a Israel? Mas el mandamiento del rey pudo más que Joab: y salió Joab, y fue por todo Israel; y volvió a Jerusalem, y dio Joab la cuenta del número del pueblo a David. Y fue todo Israel que sacaban espada once veces cien mil: y de Judá cuatrocientos y setenta mil hombres que sacaban espada. Entre estos no fueron contados los Levitas, ni los hijos de Ben-jamín, porque Joab abominaba el mandamiento del rey. Este negocio desplugo en los ojos de Dios; e hirió a Israel. Y dijo David a Dios: Yo he pecado gravemente en hacer esto, ruégote que hagas pasar la iniquidad de tu siervo; porque yo he obrado con grandísima insensatez. Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo: Vé, y habla a David, y díle: Así dijo Jehová: Tres cosas te propongo: de estas escoge una que yo haga contigo. Y viniendo Gad a David díjole: Así dijo Jehová: Tómate, o tres años de hambre; o que tres meses seas consumido delante de tus enemigos, y que la espada de tus adversarios te comprenda; o tres días la espada de Jehová, y pestilencia en la tierra, y que el ángel de Jehová destruya en todo el término de Israel: mira pues que responderé, al que me ha enviado. Entonces David dijo a Gad: Yo estoy en grande angustia: ruego que yo caiga en la mano de Jehová, porque sus miseraciones son muchas en gran manera, y que yo no caiga en mano de hombres. Así Jehová dio pestilencia en Israel, y cayeron de Israel setenta mil hombres. ¶ Y envió Jehová el ángel en Jerusalem para destruirla: y destruyendo él, miró Jehová, y arrepintióse de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: Basta ya: detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán Jebuseo. Y alzando David sus ojos vio al ángel de Jehová, que estaba entre el cielo y la tierra, teniendo una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalem. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros cubiertos de sacos. Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hice contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y haciendo mal, hice mal: ¿estas ovejas que hicieron? Jehová Dios mío, sea ahora tu mano contra mí, y contra la casa de mi padre, y no haya plaga en tu pueblo. Y dijo el ángel de Jehová a Gad, que dijese a David, que subiese, y compusiese un altar a Jehová en la era de Ornán Jebuseo. Entonces David subió conforme a la palabra de Gad, que le había dicho en nombre de Jehová. Y volviéndose Ornán vio al ángel, y estaban con él cuatro hijos suyos, los cuales se escondieron. Y Ornán trillaba el trigo. Y viniendo David a Ornán, miró Ornán, y vio a David, y saliendo de la era postróse en tierra a David. Y David dijo a Ornán: Dáme este lugar de la era en que edifique un altar a Jehová, y dámelo por dinero cumplido, para que cese la plaga del pueblo. Y Ornán respondió a David: Tómatelo, y haga mi señor el rey lo que bien le pareciere: y aun los bueyes daré para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para el presente: yo lo doy todo. Entonces el rey David dijo a Ornán: No, sino comprando lo compraré por dinero cumplido: porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto de gracia. Y dio David a Ornán por el lugar seiscientos siclos de oro de peso. Y edificó allí David un altar a Jehová, en el cual sacrificó holocaustos y sacrificios pacíficos, e invocó a Jehová, el cual le respondió por fuego de los cielos en el altar del holocausto. Y como Jehová habló al ángel, él volvió su espada en su vaina. Entonces viendo David que Jehová le había oído en la era de Ornán Jebuseo, sacrificó allí. Y el tabernáculo de Jehová, que Moisés había hecho en el desierto, y el altar del holocausto, estaban entonces en el alto de Gabaón. Y David no pudo ir allá a consultar a Dios; porque estaba espantado a causa de la espada del ángel de Jehová.
Epístola
Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne para que vivamos conforme a la carne. Porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificareis las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre. Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos: herederos de Dios, y coherederos con Cristo: si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos también glorificados.
Primera lectura
La blanda respuesta quita la ira: mas la palabra de dolor hace subir el furor. La lengua de los sabios adornará a la sabiduría: mas la boca de los insensatos hablará fatuidad. Los ojos de Jehová en todo lugar están mirando los buenos y los malos. La lengua saludable es árbol de vida: mas la perversidad en ella es quebrantamiento de espíritu. El insensato menosprecia la enseñanza de su padre: mas el que guarda la corrección, saldrá cuerdo. En la casa del justo hay gran provisión: mas en los frutos del impío, turbación. Los labios de los sabios esparcen sabiduría: mas el corazón de los insensatos no así. El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová: mas la oración de los rectos es su contentamiento. Abominación es a Jehová el camino del impío: mas él ama al que sigue justicia. El castigo es molesto al que deja el camino: mas el que aborreciere la corrección, morirá. El infierno y la perdición están delante de Jehová: ¿cuánto más los corazones de los hombres? El burlador no ama al que le castiga: ni se allega a los sabios. El corazón alegre hermosea el rostro: mas por el dolor del corazón el espíritu es triste. El corazón entendido busca la sabiduría: mas la boca de los insensatos pace fatuidad. Todos los días del afligido son trabajosos: mas el buen corazón, convite continuo. Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado, donde hay odio. El hombre iracundo revolverá contiendas: mas el que tarde se enoja, amansará la rencilla. El camino del perezoso es como seto de espinos: mas la vereda de los rectos es solada. El hijo sabio alegra al padre: mas el hombre insensato menosprecia a su madre. La insensatez es alegría al falto de entendimiento: mas el hombre entendido enderezará el caminar. Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo: mas en la multitud de consejeros se afirman. El hombre se alegra con la respuesta de su boca; y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es! El camino de la vida es hacia arriba al entendido; para apartarse de la sima de abajo. Jehová asolará la casa de los soberbios: mas él afirmará el término de la viuda. Abominación son a Jehová los pensamientos del malo: mas las hablas de los limpios son limpias. Alborota su casa el codicioso: mas el que aborrece los presentes, vivirá. El corazón del justo piensa para responder: mas la boca de los impíos derrama malas cosas. Lejos está Jehová de los impíos, mas él oye la oración de los justos. La luz de los ojos alegra el corazón: y la buena fama engorda los huesos. El oído que escucha la corrección de vida, entre los sabios morará. El que tiene en poco el castigo, menosprecia su alma: mas el que escucha la corrección tiene entendimiento. El temor de Jehová es enseñamiento de sabiduría; y delante de la honra la humildad.
Oración matutina — segunda lectura
Y había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabbi, sabemos que eres un maestro venido de Dios; porque nadie puede hacer estos milagros que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús, y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo? ¿puede entrar segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no renaciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Necesario os es nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla; y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo, y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? Respondió Jesús, y le dijo: ¿Tú eres un maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos; y lo que hemos visto, testificamos, y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis: ¿cómo creeréis, si os dijere cosas celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, es a saber, el Hijo del hombre, que está en el cielo. ¶ Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado: Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que haya dado a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo; sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado; porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación, que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, y no viene a la luz, porque sus obras no sean redargüidas. Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean hechas manifiestas, porque son hechas en Dios. ¶ Pasado esto, vino Jesús y sus discípulos a una tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba. Y bautizaba también Juan en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque aun Juan no había sido puesto en la cárcel. Y hubo una cuestión entre algunos de los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan, y le dijeron: Rabbi, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí, bautiza, y todos vienen a él. ¶ Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo; mas soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo. Así, pues, éste mi gozo es cumplido. A él conviene crecer; mas a mí descrecer. El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste selló, que Dios es verdadero; Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; porque no le da Dios el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida; sino que la ira de Dios queda sobre él.
Salmo responsorial
Alabaré a Jehová con todo mi corazón: contaré todas tus maravillas. Alegrarme he, y gozarme he en ti: cantaré a tu nombre, o! Altísimo. Por haber sido mis enemigos vueltos atrás: caerán y perecerán delante de ti. Porque has hecho mi juicio y mi causa: sentástete en trono juzgando justicia. Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre y eternalmente. O! enemigo, acabados son los asolamientos para siempre: y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas. Y Jehová quedará para siempre, él ha aparejado para juicio su trono. Y él juzgará al mundo con justicia, juzgará a los pueblos con rectitud. Y será Jehová refugio al pobre, refugio en tiempos de la angustia. Y confiarán en ti los que saben tu nombre, por cuanto no desamparaste a los que te buscaron, o! Jehová. Cantád a Jehová, el que habita en Sión: notificád en los pueblos sus obras. Porque, demandando las sangres se acordó de ellos: no se olvidó del clamor de los pobres. ¶ Ten misericordia de mí, Jehová: mira la aflicción que sufro de los que me aborrecen, ensalzador mío de las puertas de la muerte. Para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sión: y me regocije en tu salud. Hundiéronse las gentes en el foso que hicieron: en la red que escondieron fue tomado su pie. Jehová fue conocido en el juicio que hizo: en la obra de sus manos fue enlazado el malo: Consideración. Selah. Volverse han los malos al infierno: todas las gentes que se olvidan de Dios. Porque no para siempre será olvidado el necesitado: ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre. Levántate, o! Jehová, no se fortalezca el hombre: sean juzgadas las naciones delante de ti. Pon, o! Jehová, temor en ellos: conozcan las gentes que son hombres. Selah.
Evangelio
Y decía también a sus discípulos: Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo; y éste fue acusado delante de él, como disipador de sus bienes. Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti? da cuenta de tu mayordomía; porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza. Yo sé lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas. Y llamando a cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi señor? Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligación, y siéntate presto, y escribe cincuenta. Después dijo a otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligación, y escribe ochenta. Y alabó el señor al mayordomo malo, por haber hecho prudentemente; porque los hijos de este siglo más prudentes son en su generación que los hijos de luz. Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas.
Salmo responsorial
Esperando esperé a Jehová, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor. E hízome sacar de un aljibe sonoro, de un lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, enderezó mis pasos. Y puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán muchos, y temerán, y esperarán en Jehová. Bienaventurado el varón, que puso a Jehová por su confianza; y no miró a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira. ¶ Aumentado has tú, o! Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no te los podremos contar: si yo los anunciare, y hablare, no pueden ser enarrados. Sacrificio y presente no te agrada: orejas me has labrado: Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro está escrito de mí. Para hacer tu voluntad, Dios mío, ha me agradado; y tu ley está dentro de mis entrañas. Yo anuncié justicia en grande congregación: he aquí, no detuve mis labios, Jehová tú lo sabes. No encubrí tu justicia en medio de mi corazón: tu verdad y tu salud dije: no negué tu misericordia y tu verdad en grande congregación. Tú, Jehová, no detengas de mí tus misericordias: tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. Porque me han cercado males hasta no haber cuento: me han comprendido mis maldades, y no puedo ver: hánse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta. Quieras, Jehová, librarme: Jehová apresúrate para ayudarme. Sean avergonzados y confusos a una los que buscan mi vida para cortarla: vuelvan atrás y avergüéncense los que quieren mi mal. Sean asolados en pago de su afrenta, los que me dicen: Hala, hala. Regocíjense, y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, los que aman tu salud. Y yo afligido y necesitado; y Jehová pensará de mí: mi ayudador y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.
Salmo responsorial
Dios es nuestro amparo y fortaleza: socorro en las angustias hallarémos en abundancia. Por tanto no temeremos, aunque la tierra se mude, y aunque se traspasen los montes al corazón de la mar. Bramarán, turbarse han sus aguas: temblarán los montes a causa de su bravura. Selah. Del río sus conductos alegrarán la ciudad de Dios, el santuario de las tiendas del Altísimo. Dios está en medio de ella, no será movida: Dios la ayudará en mirando la mañana. Bramaron naciones, titubearon reinos: dio su voz, derritióse la tierra: Jehová de los ejércitos es con nosotros: nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah. Veníd, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra; que quiebra el arco, y corta la lanza, y quema los carros en el fuego. Cesád, y conocéd que yo soy Dios: ensalzarme he en las naciones, ensalzarme he en la tierra. Jehová de los ejércitos es con nosotros: nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah.
Salmo responsorial
Rebosa mi corazón palabra buena: yo digo en mis obras del rey: mi lengua será como una pluma de escribano que escribe apriesa. Te hermoseaste más que los hijos de los hombres: la gracia se derramó en tus labios; por tanto te ha bendecido Dios para siempre. Cíñete tu espada sobre el muslo, o! Valiente, con tu gloria y con tu hermosura. Y con tu hermosura sé prosperado: cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, y de justicia: y tu diestra te enseñará terribilidades. Tus saetas agudas, con que caerán pueblos debajo de ti; en el corazón de los enemigos del rey. Tu trono, o! Dios, eterno y para siempre: vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia, y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, tu Dios, con aceite de gozo más que a tus compañeros. Almizcle, y sándalos, y ámbar son todos tus vestidos, desde los palacios de marfil, donde te alegraron. ¶ Hijas de reyes entre tus ilustres: está la reina a tu diestra con corona de Ofir. Oye, hija, y mira, e inclina tu oído: y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre. Y deseará el rey tu hermosura: porque él es tu Señor, e inclínate a él. Y la hija de Tiro con presente suplicará tu favor: todos los ricos del pueblo. Toda ilustre es la hija del rey de dentro: de engastes de oro es su vestido. Con vestidos bordados será llevada al rey, vírgenes en pos de ella: sus compañeras serán traídas a ti. Serán traídas con alegrías y gozo: entrarán en el palacio del rey. En lugar de tus padres serán tus hijos: hacerles has príncipes en toda la tierra. Haré memoria de tu nombre en toda generación y generación: por lo cual pueblos te alabarán eternalmente y para siempre.
Oración vespertina — primera lectura
Y dijo David: Esta será la casa de Jehová Dios, y este será el altar del holocausto para Israel. Y mandó David que se juntasen los extranjeros que estaban en la tierra de Israel, e hizo de ellos canteros, que labrasen piedra para edificar la casa de Dios. Asimismo aparejó David mucho hierro para la clavazón de las puertas, y para las junturas: y mucho metal sin peso, y madera de cedro sin cuenta. Porque los Sidonios y Tirios habían traído a David madera de cedro innumerable. Y dijo David: Mi hijo Salomón es aun muchacho y tierno, y la casa que se ha de edificar a Jehová ha de ser magnífica por excelencia, para nombre y honra en todas las tierras: ahora pues yo le aparejaré lo necesario. Y aparejó David antes de su muerte en grande abundancia. Y llamó David a Salomón su hijo, y mandóle que edificase casa a Jehová Dios de Israel. Y dijo David a Salomón: Hijo mío, en mi corazón tuve de edificar templo al nombre de Jehová mi Dios; Mas háme sido hecha palabra de Jehová, diciendo: Tú has derramado mucha sangre, y has traído grandes guerras, no edificarás casa a mi nombre: porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí. He aquí, un hijo te nacerá, el cual será varón de reposo: porque yo le daré quietud de todos sus enemigos en derredor; por tanto su nombre será Salomón; y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días. Este edificará casa a mi nombre, y él me será a mí por hijo, y yo seré a él por padre; y afirmaré el trono de su reino sobre Israel para siempre. Por tanto ahora, hijo mío, sea contigo Jehová, y seas prosperado, y edifiques casa a Jehová tu Dios como él ha dicho de ti. Y Jehová te dé entendimiento y prudencia, y él te démandamientos para Israel: y que tú guardes la ley de Jehová tu Dios. Entonces serás prosperado, si guardares para hacer los estatutos y derechos que Jehová mandó a Moisés para Israel. Esfuérzate pues, y sé robusto; no tengas miedo, ni temor. He aquí, yo conforme a mi pobreza, he aparejado para la casa de Jehová cien mil talentos de oro, y un millar de millares de talentos de plata: el metal y el hierro no tiene peso, porque es mucho. Asimismo he aparejado madera y piedra, a lo cual tú añadirás. Tú tienes contigo muchos oficiales, canteros, albañiles, y carpinteros, y todo hombre experto en toda obra. Del oro, de la plata, del metal, y del hierro, no hay número. Levántate y haz; que Jehová será contigo. Asimismo mandó David a todos los principales de Israel, que diesen ayuda a Salomón su hijo, diciendo: ¿No es con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado quietud de todas partes? porque él ha entregado en mi mano los moradores de la tierra, y la tierra ha sido sujetada delante de Jehová, y delante de su pueblo. Ponéd pues ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantáos, y edificád el santuario del Dios Jehová, para traer el arca del concierto de Jehová, y los santos vasos de Dios a la casa edificada al nombre de Jehová.
Segunda lectura
Así que los que somos fuertes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo para su bien, a fin de edificarle. Porque aun Cristo no se agradó a sí mismo; antes, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestro enseñamiento fueron escritas; para que por la paciencia, y consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Mas el Dios de la paciencia y de la consolación, os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús: Para que de un solo corazón y de una misma boca glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo. Por tanto recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos ha recibido para gloria de Dios. ¶ Digo pues, que Cristo Jesús fue ministro de la circuncisión, por la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres; Y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito: Por tanto yo te confesaré a ti entre los Gentiles, y cantaré a tu nombre. Y otra vez dice: Regocijáos, vosotros los Gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabád al Señor todos los Gentiles, y magnificádle todos los pueblos. Y otra vez dice Isaías: Saldrá raíz de Jessé, y el que se levantará para regir los Gentiles, los Gentiles esperarán en él. Y el Dios de esperanza os hincha de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. ¶ Empero aun yo mismo estoy persuadido de vosotros, hermanos míos, que vosotros también estáis llenos de bondad, hartos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos a los otros. Mas os he escrito, hermanos, en alguna parte osadamente, como recordándoos por la gracia que de Dios me es dada, Para que fuese yo ministro de Jesu Cristo a los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que la ofrenda de los Gentiles le sea acepta, siendo santificada por el Espíritu Santo. Así que tengo de que gloriarme en Cristo para con Dios. Porque no osaría hablar de alguna cosa que Cristo no haya hecho por mí para hacer obedientes a los Gentiles, por palabra y obra: Con poder de milagros y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios; de tal manera que desde Jerusalem, y al derredor hasta Ilirico, lo haya henchido todo del evangelio de Cristo. Y de esta manera me esforcé a predicar este evangelio; no donde Cristo fuese ya nombrado, por no edificar sobre ajeno fundamento; Antes, como está escrito: A los que no fue anunciado de él, estos verán; y los que no oyeron, entenderán. Por lo cual también he sido impedido muchas veces de venir a vosotros. Mas ahora no teniendo ya más lugar en estas partes, y deseando venir a vosotros muchos años ha: Cuando me partiere para España, vendré a vosotros; porque espero que pasando os veré, y que seré encaminado por vosotros hacia allá: cuando primero me hubiere en parte saciado de vuestra compañía. Mas ahora parto para Jerusalem a ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron por bien de hacer una colecta para los pobres de entre los santos que están en Jerusalem. Porque les pareció bueno, y cierto, que son deudores a ellos; porque si los Gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos servirles en los carnales. Así que, cuando yo hubiere concluido esto, y les hubiere consignado este fruto, pasaré por vosotros a España. Y ya sé que cuando viniere a vosotros, vendré en la plenitud de la bendición del evangelio de Cristo. Ruégoos empero, hermanos, por el Señor nuestro Jesu Cristo, y por el amor del Espíritu, que os esforcéis conmigo en vuestras oraciones por mí a Dios; Que yo sea librado de los incrédulos que están en Judea, y que éste mi servicio para los de Jerusalem sea acepto a los santos; Para que con gozo venga a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros. Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.
Segunda lectura
Y a vosotros os dio vida, estando muertos en vuestros delitos y pecados, En que en otro tiempo anduvisteis, conforme a la condición de este mundo, conforme a la voluntad del príncipe de la potestad del aire, del espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también conversamos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo las voluntades de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, (por gracia sois salvos;) Y nos resucitó juntamente con él, y asimismo nos ha hecho asentar en los cielos con Cristo Jesús; Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, es el don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. Porque hechura suya somos, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios ordenó antes para que anduviésemos en ellas. Por tanto tenéd memoria que vosotros que en otro tiempo eráis Gentiles en la carne, que eráis llamados Incircuncisión por la que se llama Circuncisión en la carne, la cual se hace por mano; Que eráis en aquel tiempo sin Cristo alejados de la república de Israel, y extranjeros a los conciertos de la promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo; Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, el que de ambos pueblos ha hecho uno solo, y ha derribado el muro de división que mediaba entre ellos: Deshaciendo en su carne la enemistad, es a saber, la ley de los mandamientos que consistían en ritos; para formar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo así la paz: Y para reconciliar con Dios a ambos en un mismo cuerpo por la cruz, habiendo matado por ella la enemistad. Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca: Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois forasteros y extranjeros, sino conciudadanos de los santos, y familiares de Dios: Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo el mismo Jesu Cristo la principal piedra angular: En el cual todo el edificio, bien ajustado consigo mismo, crece para ser templo santo en el Señor: En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios por el Espíritu.
Segunda lectura
Y escribe al ángel de la iglesia que está en Pergamo: El que tiene la espada afilada de dos filos, dice estas cosas: Yo sé tus obras, y donde moras, que es en donde está la silla de Satanás; y tienes mi nombre, y no has negado mi fe, aun en los días en que fue Antipas mi testigo fiel, el cual ha sido muerto entre vosotros, donde Satanás mora. Pero tengo unas pocas cosas contra ti; porque tú tienes ahí los que tienen la doctrina de Balaam, el cual enseñaba a Balaac a poner escándalo delante de los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. Así también tú tienes a los que tienen la doctrina de los Nicolaitas, lo cual yo aborrezco. Arrepiéntete; porque de otra manera vendré a ti prestamente, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo escrito, el cual ninguno conoce, sino aquel que lo recibe. Y escribe al ángel de la iglesia que está en Tiatira: El Hijo de Dios que tiene sus ojos como llama de fuego, y sus pies semejantes al latón fino, dice estas cosas: Yo he conocido tus obras, y caridad, y servicio, y fe, y tu paciencia, y tus obras; y las postreras, que son muchas más que las primeras. Empero tengo unas pocas cosas contra ti: que permites a Jezabel mujer (que se dice profetisa) enseñar, y seducir a mis siervos, a fornicar, y a comer cosas ofrecidas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta de su fornicación, y no se ha arrepentido. He aquí, yo la arrojaré a un lecho, y a los que adulteran con ella, en muy grande tribulación, si no se arrepintieren de sus obras. Y mataré sus hijos con muerte; y todas las iglesias sabrán, que yo soy el que escudriño los riñones, y los corazones; y daré a cada uno de vosotros según sus obras. Pero yo digo a vosotros, y a los demás que estáis en Tiatira: Cualesquiera que no tienen esta doctrina, y que no han conocido las profundidades de Satanás, (como ellos dicen,) yo no enviaré sobre vosotros otra carga. Empero la que ya tenéis, tenédla hasta que yo venga. Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones; Y regirlas ha con vara de hierro, y serán quebrantadas como vaso de ollero, como también yo he recibido de mi Padre. Y darle he la estrella de la mañana. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
Segunda lectura
Y el mismo Dios de paz os santifique cabalmente; y que todo vuestro espíritu, y alma y cuerpo sean guardados irreprensibles para la venida del Señor nuestro Jesu Cristo. Fiel es el que os ha llamado, el cual también lo hará. Hermanos, orád por nosotros. Saludád a todos los hermanos con beso santo. Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leída a todos los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea con vosotros. Amén. ¶ La primera carta a los Tesalonicenses fue escrita de Aténas.
Evangelio
Como Jesús hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos a la otra parte del arroyo de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró él, y sus discípulos. Y también Júdas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se juntaba allí con sus discípulos. Júdas pues tomando una compañía de soldados, y ministros de los sumos sacerdotes y de los Fariseos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas. Empero Jesús, sabiendo todas las cosas que habían de venir sobre él, salió delante, y les dijo. ¿A quién buscáis? Respondiéronle: A Jesús Nazareno. Díceles Jesús: Yo soy. (Y estaba también con ellos Júdas el que le entregaba.) Y como les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra. Volvióles pues a preguntar: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús Nazareno. Respondió Jesús: Ya os he dicho que yo soy: pues si a mí buscáis, dejád ir a estos: Para que se cumpliese la palabra que había dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí. Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha; y el siervo se llamaba Malco. Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina: ¿la copa que mi Padre me ha dado, no la tengo de beber? Entonces la compañía de los soldados, y el tribuno, y los ministros de los Judíos prendieron a Jesús, y le ataron. ¶ Y le trajeron primeramente a Annás, porque era suegro de Caifás, el cual era sumo sacerdote de aquel año. Y era Caifás el que había dado el consejo a los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo. Y seguía a Jesús Simón Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote. Mas Pedro estaba fuera a la puerta. Entonces salió aquel discípulo que era conocido del sumo sacerdote, y habló a la portera, y metió dentro a Pedro. Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿No eres tú también uno de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy. Y estaban en pie los criados y los ministros que habían hecho fuego de carbón, porque hacía frío, y se calentaban; y estaba con ellos Pedro en pie calentándose. Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús de sus discípulos, y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde siempre se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado: he aquí, estos saben lo que yo he dicho. Y como él hubo dicho esto, uno de los ministros que estaba allí, dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote? Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal; mas si bien, ¿por qué me hieres? Habíale enviado Annás atado a Caifás sumo sacerdote. Estaba pues Pedro en pie calentándose: y le dijeron: ¿No eres tú también uno de sus discípulos? El lo negó, y dijo: No soy. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro había cortado la oreja, le dice: ¿No te ví yo en el huerto con él? Y negó Pedro otra vez; y luego el gallo cantó. ¶ Y llevan a Jesús de Caifás al pretorio; y era de mañana; y ellos no entraron en el pretorio por no ser contaminados, sino poder comer la pascua. Entonces salió Pilato a ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusación traeis contra este hombre? Respondieron, y le dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado. Díceles entonces Pilato: Tomádle vosotros, y juzgádle según vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no nos es lícito matar a nadie. Para que se cumpliese el dicho de Jesús que había dicho, dando a entender de qué muerte había de morir. Entonces Pilato volvióse a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Respondióle Jesús: ¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí? Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu misma nación, y los sumos sacerdotes, te han entregado a mí: ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los Judíos, ahora pues mi reino no es de aquí. Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, es a saber, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, volvió a los Judíos, y les dice: Yo no hallo en él crímen alguno. Empero vosotros tenéis costumbre, que yo os suelte uno en la pascua: ¿queréis pues que os suelte al Rey de los Judíos? Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era un ladrón.
Oración vespertina — segunda lectura
Os rogamos, pues, hermanos, por la venida de nuestro Señor Jesu Cristo, y por nuestro allegamiento a él, Que no seáis conmovidos prestamente de vuestra firmeza de ánimo, ni seáis alborotados ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como de nuestra parte, como que el día de Cristo esté cerca. No os engañe nadie en manera alguna; porque no vendrá aquel día, sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición; El que se opone, y se levanta sobre todo lo que se llama Dios, o es adorado; tanto que, como Dios, se asiente en el templo de Dios, haciéndose parecer Dios. ¿No os acordáis que, cuando estaba con vosotros, os decía esto? Y vosotros sabéis qué es lo que le impida ahora, para que a su tiempo se manifieste. Porque ya se obra el misterio de iniquidad: solamente que el que ahora impide, impedirá hasta que sea quitado de en medio. Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con la claridad de su venida: A aquel cuya venida será según la operación de Satanás, con toda potencia, y señales, y milagros mentirosos, Y con todo engaño de iniquidad obrando en los que perecen: por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por tanto, pues, enviará Dios en ellos eficacia de engaño, para que crean a la mentira: Para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes se complacieron en la iniquidad. Mas nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, de que Dios os haya escogido, desde el principio, para salud, por medio de la santificación del Espíritu, y la fe de la verdad: A lo cual os llamó por nuestro evangelio para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesu Cristo. Así que, hermanos, estád firmes, y retenéd las tradiciones que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Señor nuestro Jesu Cristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena esperanza por la gracia, Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
Evangelio
¶ Entonces los Judíos altercaban entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este hombre darnos su carne a comer? Jesús les dijo entonces: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres que comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. ¶ Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum. Entonces muchos de sus discípulos oyendo esto, dijeron: Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Pues qué si viereis al Hijo del hombre subir donde estaba primero? El espíritu es el que da vida: la carne de nada aprovecha: las palabras que yo os hablo, espíritu son, y vida son. Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no habían de creer, y quien le había de entregar. Y decía: Por eso os he dicho: Que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado de mi Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban más con él. Dijo, pues, Jesús a los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Respondióle entonces Simón Pedro: ¿Señor, a quién iremos? tú tienes las palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos, que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. Jesús les respondió: ¿No os he yo escogido doce, y el uno de vosotros es diablo? Y hablaba de Júdas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
Evangelio
Todas las cosas me son entregadas por mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo le quisiere revelar. Veníd a mí, todos los que estáis trabajados, y cargados, que yo os haré descansar. Llevád mi yugo sobre vosotros, y aprendéd de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave, y ligera mi carga.
Evangelio
Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. Y luego se juntaron a él muchos, que ya no cabían ni aun al contorno de la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era traído de cuatro. Y como no podían llegar a él a causa de la multitud, descubrieron la techumbre donde estaba, y habiéndola destechado, bajaron el lecho en que el paralítico estaba echado. Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, Decían: ¿Por qué habla éste blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban esto dentro de sí, les dijo: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones? ¿Cuál es más fácil: Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; o decirle: Levántate, y toma tu lecho, y anda? Pues porque sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico:) A ti digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó luego; y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos quedaron atónitos, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto. ¶ Y volvió a salir a la mar, y toda la multitud venía a él, y les enseñaba. Y pasando vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los tributos, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió. Y aconteció, que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores se sentaban también juntamente con Jesús, y con sus discípulos; porque había muchos, y le seguían. Y los escribas y los Fariseos, viéndole comer con publicanos, y con pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto, que vuestro Maestro come y bebe con publicanos, y con pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dice: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que tienen mal. No he venido a llamar a los justos, mas los pecadores a arrepentimiento. ¶ Y los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y los de los Fariseos ayunan; y tus discípulos no ayunan? Y Jesús les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo está con ellos: entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar. Mas vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces en aquellos días ayunarán. Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y se hace peor rotura. Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. ¶ Y aconteció, que pasando él por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron a arrancar espigas. Entonces los Fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que estaban con él? ¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer, sino a los sacerdotes, y aun dio a los que estaban con él? Díjoles también: El sábado por causa del hombre fue hecho: no el hombre por causa del sábado. Así que el Hijo del hombre Señor es también del sábado.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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