Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
¡Ojalá toleraseis un poco mi insensatez! Mas, sí, tolerádme. Porque os zelo con zelo de Dios; porque os he desposado con un marido, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Mas tengo miedo de que, en alguna manera, como la serpiente engañó a Eva con su astucia, así no sean corrompidos vuestros ánimos, apartándose de la simplicidad que es en Cristo: Porque si alguno viniere que predicare otro Cristo que el que hemos predicado; o si recibiereis otro espíritu del que habéis recibido; u otro evangelio del que habéis abrazado, le sufriríais bien. Empero yo pienso, que en nada he sido inferior a los más eminentes apóstoles. Porque aunque soy tosco en la palabra, no empero en la ciencia; mas en todas las cosas somos ya del todo manifiestos a vosotros. ¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde? He despojado las otras iglesias, recibiendo salario de ellos para servir a vosotros. Y estando con vosotros, y teniendo necesidad, a ninguno fui carga; porque lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia; y en todas cosas me guardé de seros gravoso, y me guardaré. Como la verdad de Cristo es en mí, nadie me atajará esta jactancia en las partes de Acaya. ¿Por qué? ¿por qué no os amo? Dios lo sabe.
Primera lectura
En el principio del reino de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, fue de Jehová esta palabra a Jeremías, diciendo: Jehová me dijo así: Hazte unas coyundas y yugos, y pónlos sobre tu cuello. Y enviarlos has al rey de Edom, y al rey de Moab, y al rey de los hijos de Ammón, y al rey de Tiro, y al rey de Sidón por mano de los embajadores que vienen a Jerusalem a Sedecías, rey de Judá. Y mandarles has que digan a sus señores: Así dijo Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Así diréis a vuestros señores: Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que están sobre la haz de la tierra, con mi grande potencia, y con mi brazo extendido; y la di a quien me plugo. Y ahora yo he dado todas estas tierras en mano de Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan. Y servirle han todas las naciones, a él, y a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra; y servirle han muchas naciones, y reyes grandes. Y será que la nación y el reino que no le sirviere, es a saber, a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no pusiere su cuello debajo del yugo del rey de Babilonia, con espada, y con hambre, y con pestilencia visitaré a la tal nación, dice Jehová, hasta que yo los acabe por su mano. Y vosotros no oigáis a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros sueños, ni a vuestros agoreros, ni a vuestros encantadores, que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia. Porque ellos os profetizan mentira, por haceros alejar de vuestra tierra, y para que yo os arroje, y perezcáis. Mas la nación que metiere su cuello al yugo del rey de Babilonia, y le sirviere, hacerla he dejar en su tierra, dijo Jehová, y labrarla ha, y morará en ella, ¶ Y hablé también a Sedecías, rey de Judá, conforme a todas estas palabras, diciendo: Metéd vuestros cuellos al yugo del rey de Babilonia, y servídle a él y a su pueblo, y vivíd. ¿Por qué moriréis, tú y tu pueblo a espada, hambre, y pestilencia, de la manera que ha dicho Jehová a la nación que no sirviere al rey de Babilonia? No oigáis las palabras de los profetas que os hablan, diciendo: No serviréis al rey de Babilonia, porque os profetizan mentira. Porque yo no los envié, dice Jehová, y ellos profetizan en mi nombre falsamente para que yo os arroje, y perezcáis, vosotros y los profetas que os profetizan. A los sacerdotes también hablé, y a todo este pueblo, diciendo: Así dijo Jehová: No oigáis las palabras de vuestros profetas que os profetizan, diciendo: He aquí que los vasos de la casa de Jehová volverán de Babilonia ahora presto; porque os profetizan mentira. No los oigáis: servíd al rey de Babilonia, y vivíd; ¿por qué será desierta esta ciudad? Y si ellos son profetas, y si es con ellos palabra de Jehová, oren ahora a Jehová de los ejércitos, que los vasos que han quedado en la casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y en Jerusalem, no vengan a Babilonia. Porque así dijo Jehová de los ejércitos, de aquellas columnas, y del mar, y de las basas, y del resto de los vasos que quedan en esta ciudad, Que Nabucodonosor, rey de Babilonia, no quitó, cuando trasportó de Jerusalem en Babilonia a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los nobles de Judá, y de Jerusalem: Así pues dijo Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, de los vasos que quedaron en la casa de Jehová, y en la casa del rey de Judá, y de Jerusalem. A Babilonia serán trasportados, y allí estarán hasta el día en que yo los visitaré, dijo Jehová; y después los haré subir, y tornarlos he a este lugar.
Primera lectura
Y fue palabra de Jehová a mí, diciendo: ¿Qué habéis vosotros, vosotros que refranéais este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera? Vivo yo, dijo el Señor Jehová, que nunca más tendréis porque refranear este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías: como el alma del padre, así el alma del hijo, mías son: el alma que pecare, esa morirá. Y el hombre que fuere justo, e hiciere juicio y justicia: Que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni llegare a la mujer en su mes, Ni oprimiere a ninguno: al deudor tornare su prenda, no robare robo, diere de su pan al hambriento, y cubriere al desnudo con vestido: No diere a logro, ni recibiere más de lo que hubiere dado: de la maldad retrajere su mano: juicio de verdad hiciere entre hombre y hombre: En mis ordenanzas caminare, y guardare mis derechos para hacer según verdad: este es justo: este vivirá, dijo el Señor Jehová.
Oración matutina — primera lectura
Y vino Roboam a Siquem; porque todo Israel había venido en Siquem para hacerle rey. Y aconteció, que como lo oyó Jeroboam, hijo de Nabat, que estaba en Egipto: (porque había huido de delante del rey Salomón, y habitaba en Egipto;) Enviaron y llamáronle. Vino pues Jeroboam y toda la congregación de Israel, y hablaron a Roboam, diciendo: Tu padre agravó nuestro yugo, mas ahora tú disminuye algo de la dura servidumbre de tu padre, y del yugo pesado que puso sobre nosotros, y servirte hemos. Y él les dijo: Idos, y de aquí a tres días volvéd a mí. Y el pueblo se fue. Entonces el rey Roboam tomó consejo con los ancianos que habían estado delante de Salomón su padre cuando vivía, y dijo: ¿Cómo aconsejáis vosotros que responda a este pueblo? Y ellos le hablaron, diciendo: Si tú fueres hoy siervo de este pueblo y le sirvieres, y respondiéndole buenas palabras les hablares, ellos te servirán para siempre. Mas él dejado el consejo de los viejos que le habían dado, tomó consejo con los mancebos, que se habían criado con él, y estaban delante de él. Y díjoles: ¿Cómo aconsejáis vosotros que respondamos a este pueblo, que me han hablado, diciendo: Disminuye algo del yugo que tu padre puso sobre nosotros? Entonces los mancebos que se habían criado con él, le respondieron, diciendo: Así hablarás a este pueblo que te ha dicho estas palabras: Tu padre agravó nuestro yugo: mas tú disminúyenos algo: así les hablarás: El menor dedo de los míos, es más grueso que los lomos de mi padre. Ahora pues, mi padre os cargó de pesado yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo. Mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones. Y al tercero día vino Jeroboam y todo el pueblo a Roboam, como el rey lo había mandado, diciendo: Volvéd a mí al tercero día. Y el rey respondió al pueblo duramente, dejado el consejo de los ancianos, que le habían dado. Y hablóles conforme al consejo de los mancebos, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, mas yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os hirió con azotes, mas yo os heriré con escorpiones. Y no oyó el rey al pueblo; porque era ordenación de Jehová para confirmar su palabra, que Jehová había hablado por mano de Ahías, Silonita, a Jeroboam, hijo de Nabat. Y cuando todo el pueblo vio, que el rey no los había oído, respondióle estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No hay heredad en el hijo de Isaí. Israel, a tus estancias. Provee ahora en tu casa, David. Entonces Israel se fue a sus estancias. Y reinó Roboam sobre los hijos de Israel, que moraban en las ciudades de Judá. Y el rey Roboam envió a Aduram que estaba sobre los tributos; y todo Israel le apedreó a piedra, y murió. Entonces el rey Roboam se esforzó a subir en un carro, y huir a Jerusalem. Así se separó Israel de la casa de David hasta hoy. Y aconteció que oyendo todo Israel que Jeroboam era vuelto, enviaron y le llamaron a la congregación, e hiciéronle rey sobre todo Israel, sin quedar tribu alguna que siguiese la casa de David, sino solo la tribu de Judá. ¶ Y como Roboam vino a Jerusalem, juntó toda la casa de Judá, y la tribu de Ben-jamín, ciento y ochenta mil hombres escogidos de guerra, para hacer guerra a la casa de Israel, y reducir el reino a Roboam, hijo de Salomón. Mas fue palabra de Jehová a Semeías, varón de Dios, diciendo: Habla a Roboam, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la casa de Judá, y de Ben-jamín, y a los demás del pueblo, diciendo: Así dijo Jehová: No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel: volvéos cada uno a su casa; porque este negocio yo lo he hecho. Y ellos oyeron la palabra de Dios, y volviéronse, y fuéronse, conforme a la palabra de Jehová. Y reedificó Jeroboam a Siquem en el monte de Efraím, y habitó en ella: y saliendo de allí reedificó a Fanuel. ¶ Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David, Si este pueblo subiere a sacrificar a la casa de Jehová en Jerusalem; porque el corazón de este pueblo se convertirá a su señor Roboam, rey de Judá, y matarme han, y tornarse han a Roboam rey de Judá. Y habido consejo, el rey hizo dos becerros de oro, y díjoles: Harto habéis subido a Jerusalem, he aquí tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso el uno en Bet-el, y el otro puso en Dan. Y esto fue ocasión de pecado: porque el pueblo iba delante del uno hasta Dan. Hizo también casa de altos, e hizo sacerdotes parte del pueblo que no eran de los hijos de Leví. E instituyó Jeroboam solemnidad en el mes octavo, a los quince del mes, conforme a la solemnidad que se celebraba en Judá: y sacrificó sobre altar, así hizo en Bet-el sacrificando a los becerros que hizo. Y ordenó en Bet-el sacerdotes de los altos que él había hecho. Y sacrificó sobre el altar que él había hecho en Bet-el a los quince del mes octavo, el mes que él había inventado de su corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar olores.
Epístola
Empero os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, y en el cual estáis firmes; Por el cual asimismo sois salvos, si retenéis en la memoria lo que os he predicado, si no es que habéis creído en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo yo recibí, es a saber: que Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercero día, conforme a las Escrituras; Y que fue visto por Céfas; y después por los doce: Que después fue visto de más de quinientos hermanos a la vez: de los cuales los más viven aun, empero algunos han dormido. Que después fue visto por Santiago, después por todos los apóstoles. Y a la postre de todos, fue visto por mí también, como por uno nacido fuera de debido tiempo. Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios. Empero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo.
Primera lectura
Cuando fueres a la casa de Dios, mira bien por tu pie; y acércate más para oír, que para dar el sacrificio de los insensatos; porque no saben que hacen mal. No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure a pronunciar palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto tus palabras sean pocas. Porque como de la mucha ocupación viene el sueño, así la voz del insensato, de la multitud de las palabras. Cuando a Dios prometieres promesa no tardes de pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Lo que prometieres, paga. Mejor es que no prometas, que no que prometas, y no pagues. No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia: ¿por qué harás tú que se aire Dios a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos? Porque los sueños son en multitud; y las vanidades y las palabras son muchas: mas teme a Dios. ¶ Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la provincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y más altos están sobre ellos: Y mayor altura hay en todas las cosas de la tierra: mas el que sirve al campo es rey. ¶ El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no tendrá fruto. También esto es vanidad. Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores: ¿qué bien pues tendrá su dueño sino verlos de sus ojos? Dulce es el sueño del trabajador, que coma mucho, que poco: mas al rico, la hartura no le deja dormir. Hay otra trabajosa enfermedad que ví debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal, Las cuales se pierden en malas ocupaciones; y a los hijos que engendraron nada les quedó en la mano: Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino, y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano. Este también es un gran mal, que como vino, así se haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento? Además de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, y mucho enojo, y dolor, e ira. ¶ He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer, y beber, y gozar del bien de todo su trabajo, con que trabaja debajo del sol todos los días de su vida, que Dios le dio; porque esta es su parte. Y también, que a todo hombre, a quien Dios dio riquezas, y hacienda, también le dio facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo: esto es don de Dios. Porque no se acordará mucho de los días de su vida, porque Dios le responderá con alegría de su corazón.
Oración matutina — segunda lectura
Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de la oración, es decir, la de nona. Y un hombre, cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este como vio a Pedro y a Juan que comenzaban a entrar en el templo, les pedía una limosna. Pedro pues con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira a nosotros. Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo. Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, levántate, y anda. Y tomándole por la mano derecha, le levantó; y luego fueron afirmados sus pies y tobillos. Y saltando, se puso en pie, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andando, y alabando a Dios. Y le conocían, que él era el que se sentaba a pedir la limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le había acontecido. ¶ Y teniendo a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón atónitos. Lo cual viendo Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que había de ser suelto. Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un hombre homicida; Y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. Y su nombre, por la fe en su nombre ha confirmado a éste que vosotros veis y conocéis; y la fe que por él es, ha dado a éste esta perfecta sanidad en presencia de todos vosotros. Mas ahora, hermanos, yo sé que por ignorancia habéis hecho aquello, como también vuestros príncipes. Empero Dios lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer, así lo ha cumplido. Arrepentíos, pues, y convertíos, para que vuestros pecados sean raídos, cuando los tiempos del refrigerio vinieren de la presencia del Señor; Y enviará a Jesu Cristo, que os ha sido antes anunciado. Al cual cierto es menester que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas: de que habló Dios por boca de todos sus santos profetas que han sido desde el principio de los siglos. Porque Moisés a la verdad dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará un profeta de vuestros hermanos, como yo: a él oiréis en todas las cosas que os hablare. Y acontecerá, que toda alma que no oyere a aquel profeta, será exterminada de entre el pueblo. Y todos los profetas desde Samuel, y en adelante, todos los que han hablado, han prenunciado estos días. Vosotros sois los hijos de los profetas, y del concierto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo Jesús, le envió para que os bendijese, convirtiéndoos cada uno de su maldad.
Salmo responsorial
Esperando esperé a Jehová, e inclinóse a mí, y oyó mi clamor. E hízome sacar de un aljibe sonoro, de un lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, enderezó mis pasos. Y puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán muchos, y temerán, y esperarán en Jehová. Bienaventurado el varón, que puso a Jehová por su confianza; y no miró a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira. ¶ Aumentado has tú, o! Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no te los podremos contar: si yo los anunciare, y hablare, no pueden ser enarrados. Sacrificio y presente no te agrada: orejas me has labrado: Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro está escrito de mí. Para hacer tu voluntad, Dios mío, ha me agradado; y tu ley está dentro de mis entrañas. Yo anuncié justicia en grande congregación: he aquí, no detuve mis labios, Jehová tú lo sabes. No encubrí tu justicia en medio de mi corazón: tu verdad y tu salud dije: no negué tu misericordia y tu verdad en grande congregación. Tú, Jehová, no detengas de mí tus misericordias: tu misericordia y tu verdad me guarden siempre. Porque me han cercado males hasta no haber cuento: me han comprendido mis maldades, y no puedo ver: hánse aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falta. Quieras, Jehová, librarme: Jehová apresúrate para ayudarme. Sean avergonzados y confusos a una los que buscan mi vida para cortarla: vuelvan atrás y avergüéncense los que quieren mi mal. Sean asolados en pago de su afrenta, los que me dicen: Hala, hala. Regocíjense, y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre: Sea ensalzado Jehová, los que aman tu salud. Y yo afligido y necesitado; y Jehová pensará de mí: mi ayudador y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.
Evangelio
¶ Y volviendo a salir de los términos de Tiro y de Sidón, vino a la mar de Galilea por en medio de los términos de Decápolis. Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. Y tomándole de la multitud aparte, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua. Y mirando al cielo gimió, y dijo: Ephphatha; es decir: Sé abierto. Y luego fueron abiertos sus oídos; y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. Y les mandó que no lo dijesen a nadie; mas cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban; Y en grande manera se espantaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.
Salmo responsorial
Oye, o! Dios, mi clamor; está atento a mi oración. Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando desmayare mi corazón; a la peña más alta que yo, llévame. Porque tú has sido mi refugio; torre de fortaleza delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro en el escondedero de tus alas. Porque tú, o! Dios, has oído mis votos; has dado heredad a los que temen tu nombre. Días sobre días añadirás al rey: sus años serán como generación y generación. El estará para siempre delante de Dios; misericordia y verdad apercibe que le conserven. Así cantaré tu nombre para siempre, pagando mis votos cada día.
Salmo responsorial
Dios haya misericordia de nosotros, y nos bendiga: haga resplandecer su rostro sobre nosotros. Selah. Para que conozcamos en la tierra tu camino, en todas las naciones tu salud. Alábente los pueblos, o! Dios, alábente todos los pueblos. Alégrense, y regocíjense las naciones, cuando juzgares los pueblos con equidad: y pastoreares las naciones en la tierra. Selah. Alábente los pueblos, o! Dios, alábente todos los pueblos. La tierra dará su fruto: bendecirnos ha el Dios, nuestro Dios. Bendíganos Dios, y témanle todos los términos de la tierra.
Salmo responsorial
Dé alabanza a Dios toda la tierra. Cantád la gloria de su nombre: ponéd gloria en su alabanza. Decíd a Dios: ¡Cuán terrible eres en tus obras! por la multitud de tu fortaleza se te sujetarán fingidamente todos tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantarán a ti: cantarán a tu nombre. Selah. Veníd, y ved las obras de Dios: terrible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió la mar en seco: por el río pasaron a pie; allí nos alegramos en él. El se enseñorea con su fortaleza para siempre: sus ojos atalayan sobre las naciones: los rebeldes no serán ellos ensalzados. Selah. Bendecíd pueblos a nuestro Dios: y hacéd oír la voz de su loor. El que puso nuestra alma en vida: y no permitió que resbalasen nuestros pies. Porque tú nos probaste, o! Dios: afinástenos, como se afina la plata. Metístenos en la red: pusiste apretura en nuestros lomos. Hiciste subir varón sobre nuestra cabeza: entrámos en fuego y en aguas; y sacástenos a hartura. Entraré pues en tu casa con holocaustos: y pagarte he mis votos, Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado. Holocaustos de engordados te ofreceré, con perfume de carneros: sacrificaré bueyes y machos de cabrío. Selah. Veníd, oíd todos los que teméis a Dios: y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él hablé en alta voz: y fue ensalzado con mi lengua. Si yo viera iniquidad en mi corazón, no oyera el Señor. Ciertamente oyó Dios: escuchó a la voz de mi oración. Bendito Dios, que no apartó mi oración, y su misericordia de mí.
Oración vespertina — primera lectura
Y he aquí que un varón de Dios, por palabra de Jehová, vino de Judá a Bet-el: y estando Jeroboam al altar para quemar perfumes. El clamó contra el altar por palabra de Jehová, y dijo: Altar, altar, así dijo Jehová: He aquí que a la casa de David nacerá un hijo, llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti a los sacerdotes de los altos que queman sobre ti perfumes; y sobre ti quemarán huesos de hombres. Y aquel mismo día dio una señal diciendo: Esta es la señal que Jehová ha hablado: he aquí que el altar se quebrará, y la ceniza que sobre él está se derramará. Y como el rey oyó la palabra del varón de Dios, que había clamado contra el altar en Bet-el, extendiendo su mano desde el altar, Jeroboam dijo: Prendédle: mas la mano, que había extendido contra él, se le secó, que no la pudo tornar a sí. Y el altar se rompió, y la ceniza se derramó del altar, conforme a la señal que el varón de Dios había dado por palabra de Jehová. Entonces respondiendo el rey, y dijo al varón de Dios: Yo te ruego que ruegues a la faz de Jehová tu Dios, y ora por mí, que mi mano me sea restituida. Y el varón de Dios oró a la faz de Jehová, y la mano del rey se volvió a él, y se tornó como antes. Y el rey dijo al varón de Dios: Ven conmigo a casa, y comerás, y yo te daré don. Mas el varón de Dios dijo al rey: Si me dieses la mitad de tu casa, no iría contigo, ni comería pan, ni bebería agua en este lugar: Porque así me es mandado por palabra de Jehová, diciendo: No comas pan, ni bebas agua, ni vuelvas por el camino que fueres. Y así se vino por otro camino, y no volvió por el camino por donde había venido a Bet-el. ¶ Y moraba en Bet-el un viejo profeta, al cual vino su hijo, y contóle todo el hecho que el varón de Dios había hecho aquel día en Bet-el: y contaron a su padre las palabras que había hablado al rey. Y su padre les dijo: ¿Por qué camino fue? Y sus hijos le mostraron el camino por donde se había tornado el varón de Dios, que había venido de Judá. Y él dijo a sus hijos: Enalbardádme el asno. Y ellos le enalbardaron el asno, y subió en él. Y yendo tras el varón de Dios, hallóle que estaba sentado debajo de un alcornoque: y díjole: ¿Eres tú el varón de Dios, que veniste de Judá? Y él dijo: Yo soy. Y él le dijo: Ven conmigo a casa, y come del pan. Y él respondió: No podré volver contigo, ni iré contigo: ni tampoco comeré pan, ni beberé agua contigo en este lugar; Porque por palabra de Dios me ha sido dicho: No comas pan, ni bebas agua allá: ni vuelvas por el camino que fueres. Y el otro le dijo: Yo también soy profeta como tú; y un ángel me ha hablado por palabra de Jehová, diciendo: Vuélvele contigo a tu casa, para que coma pan, y bebe agua. Mintióle. Entonces volvió con él; y comió del pan en su casa, y bebió del agua. Y aconteció que estando ellos a la mesa, fue palabra de Jehová al profeta que le había hecho volver: Y clamó al varón de Dios, que había venido de Judá, diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al dicho de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había mandado, Antes volviste, y comiste del pan, y bebiste del agua en el lugar donde Jehová te había dicho, que ni comieses pan, ni bebieses agua, no entrará tu cuerpo en el sepulcro de tus padres. Y como hubo comido del pan, y bebido, el profeta que le había hecho volver le enalbardó un asno: Y yéndose, topóle un león en el camino, y le mató; y su cuerpo estaba echado en el camino, y el asno estaba junto a él, y el león también estaba junto al cuerpo. Y, he aquí, unos que pasaban, y vieron el cuerpo que estaba echado en el camino, y el león que estaba junto al cuerpo; y vinieron, y lo dijeron en la ciudad donde el viejo profeta habitaba. ¶ Y oyéndolo el profeta que le había vuelto del camino, dijo: Varón de Dios es, que fue rebelde al dicho de Jehová: por tanto Jehová le ha entregado al león, que le ha quebrantado y muerto, conforme a la palabra de Jehová, que él le dijo. Y habló a sus hijos, y díjoles: Enalbardádme un asno. Y ellos se le enalbardaron. Y él fue, y halló su cuerpo tendido en el camino, y el asno y el león estaban junto al cuerpo: el león no había comido el cuerpo, ni dañado al asno. Y tomando el profeta el cuerpo del varón de Dios, púsole sobre el asno, y tornóle. Y el profeta viejo vino a la ciudad, para endecharle y enterrarle. Y puso su cuerpo en su sepulcro: y endecháronle, diciendo: ¡Ay, hermano mío! Y después que le hubieron enterrado habló a sus hijos, diciendo: Cuando yo muriere, enterrádme en el sepulcro en que está sepultado el varón de Dios: ponéd mis huesos junto a los suyos; Porque sin duda vendrá lo que él dijo a voces por palabra de Jehová contra el altar que está en Bet-el, y contra todas las casas de los altos, que están en las ciudades de Samaria. Después de esta palabra no se tornó Jeroboam de su camino malo; antes volvió, e hizo sacerdotes de los altos parte del pueblo, y quien quería se consagraba, y era de los sacerdotes de los altos. Y esto fue causa de pecado a la casa de Jeroboam, por lo cual fue cortada y raída de sobre la haz de la tierra.
Segunda lectura
Se oye por todas partes que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los Gentiles, tanto que alguno tenga la mujer de su padre. Y vosotros estáis hinchados, y no tuvisteis antes luto, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra. Porque yo ciertamente como ausente en cuerpo, mas presente en espíritu, ya he juzgado como presente a aquel, que esto así ha cometido: En el nombre de nuestro Señor Jesu Cristo, congregados vosotros y mi espíritu, con la facultad de nuestro Señor Jesu Cristo, El tal sea entregado a Satanás para muerte de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que con un poco de levadura toda la masa se leuda? Limpiád pues la vieja levadura para que seáis nueva masa, como sois sin levadura; porque Cristo nuestra pascua ha sido sacrificado por nosotros. Así que hagamos la fiesta no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en panes por leudar de sinceridad y de verdad. Os he escrito por carta, que no os acompañéis con los fornicarios: Mas no del todo con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o idólatras; de otra suerte os sería menester salir del mundo. Mas ahora os he escrito, que no os acompañéis, si alguno llamándose hermano fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué me va a mí en juzgar también de los que están fuera? ¿no juzgáis vosotros de los que están dentro? Mas de los que están fuera, Dios juzga. Quitád pues de entre vosotros al malvado.
Segunda lectura
Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la ordenación de Dios Salvador nuestro, y del Señor Jesu Cristo, esperanza nuestra; A Timoteo, verdadero hijo mío en la fe: Gracia, misericordia, y paz de Dios nuestro Padre, y de Cristo Jesús nuestro Señor. Como te rogué, que te quedases en Efeso, cuando me partí para Macedonia, para que denunciases a algunos que no enseñen diversa doctrina: Ni escuchen a fábulas y genealogías interminables, que dan cuestiones más bien que edificación de Dios, que es en la fe: así házlo. Pues el fin del mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida: De lo cual apartándose algunos, se han desviado, dándose a discursos vanos: Queriendo ser doctores de la ley, y no entendiendo ni lo que hablan, ni lo que afirman. Mas sabemos que la ley es buena, si se usa de ella legítimamente: Sabiendo que la ley no es puesta para el justo, sino para los injustos, y para los desobedientes, para los impíos y pecadores, para los malos y contaminados, para los matadores de padres y de madres, para los homicidas, Para los fornicarios, para los que se contaminan con varones, para los ladrones de hombres, para los mentirosos y perjuros; y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina, Conforme al evangelio glorioso del Dios bienaventurado, el cual a mí me ha sido encargado. ¶ Gracias doy al que me fortificó, a Cristo Jesús Señor nuestro, de que me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio: Habiendo yo sido antes blasfemo, y perseguidor, e injuriador; mas fui recibido a misericordia, porque lo hice con ignorancia en incredulidad. Mas la gracia del Señor nuestro superabundó con la fe y amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida de todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Mas por esto fui recibido a misericordia, es a saber, para que Jesu Cristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habían de creer en él para vida eterna. Al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios, sea honor y gloria por siglos de los siglos. Amén. ¶ Este mandamiento, hijo Timoteo, te encargo, para que conforme a las profecías pasadas de ti, milites por ellas buena milicia: Reteniendo la fe y una buena conciencia, la cual echando de sí algunos hicieron naufragio en la fe. De los cuales son Himeneo y Alejandro, que yo entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
Segunda lectura
Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de la oración, es decir, la de nona. Y un hombre, cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este como vio a Pedro y a Juan que comenzaban a entrar en el templo, les pedía una limosna. Pedro pues con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira a nosotros. Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo. Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, levántate, y anda. Y tomándole por la mano derecha, le levantó; y luego fueron afirmados sus pies y tobillos. Y saltando, se puso en pie, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andando, y alabando a Dios. Y le conocían, que él era el que se sentaba a pedir la limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le había acontecido.
Segunda lectura
¶ Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doblada honra; y mayormente los que trabajan en la palabra y doctrina. Que la Escritura dice: No embozalarás al buey que trilla. Y: Digno es el obrero de su jornal. Contra el anciano no recibas acusación, sino ante dos o tres testigos. A los que pecaren repréndelos delante de todos, para que los otros también teman. Te requiero delante de Dios, y del Señor Jesu Cristo, y de sus ángeles escogidos, que guardes estas cosas sin preocupación, que nada hagas por parcialidad. No impongas ligeramente las manos sobre alguno, ni seas participante en pecados ajenos: consérvate puro a ti mismo. No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades. Los pecados de algunos hombres son manifiestos ya, yendo delante de ellos a juicio: a otros les vienen después. Asimismo también las buenas obras de algunos son manifiestas de antemano; y las que son de otra manera, no se pueden esconder.
Evangelio
En aquel tiempo se llegaron los discípulos a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, le puso en medio de ellos, Y dijo: De cierto os digo, que sino os convirtiereis, y os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humillare, como este niño, éste es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que recibiere a un tal niño en mi nombre, a mí recibe. ¶ Y cualquiera que ofendiere a alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le sería que le fuera colgada del cuello una piedra de molino de asno, y que fuese anegado en el profundo de la mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos; mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo! Por tanto, si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer, córtalos y échalos de ti: mejor te es entrar cojo o manco a la vida, que teniendo dos manos o dos pies ser echado al fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácale, y échale de ti; que mejor te es entrar con un ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado al fuego del infierno. Mirád no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre, que está en los cielos. Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si tuviese algún hombre cien ovejas, y se perdiese una de ellas, ¿no iría por los montes, dejadas las noventa y nueve, a buscar la que se había perdido? Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se perdieron. Así no es la voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. ¶ Por tanto si tu hermano pecare contra ti, vé, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, ganado has a tu hermano. Mas, si no te oyere, toma aun contigo uno o dos, para que en boca de dos o de tres testigos conste toda palabra. Y si no oyere a ellos, dílo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia ténle por un gentil, y un publicano. De cierto os digo, que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. Dígoos además, que si dos de vosotros convinieren sobre la tierra, tocante a cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. ¶ Entonces Pedro llegándose a él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Mas a éste, no pudiendo pagar, mandó su señor vender a él, y a su mujer, e hijos, con todo lo que tenía, y pagar. Entonces aquel siervo postrado le rogaba, diciendo: Señor, deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. El señor de aquel siervo movido a misericordia, le soltó, y le perdonó la deuda. Y saliendo aquel siervo, halló a uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Paga lo que debes. Entonces su compañero, postrándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. Mas él no quiso, sino fue, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. Y viendo sus compañeros lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo declararon a su señor todo lo que había pasado. Entonces llamándole su señor, le dice: Mal siervo, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: ¿No te convenía también a ti tener misericordia de tu compañero, como también yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor enojado le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano sus ofensas.
Oración vespertina — segunda lectura
Así que la suma de las cosas que habemos dicho es esta: Que tenemos tal sumo sacerdote que se asentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos: Ministro del santuario, y del verdadero tabernáculo que el Señor asentó, y no hombre. Porque todo sumo sacerdote es constituido para ofrecer dones y también sacrificios: por lo cual fue necesario que éste también tuviese algo que ofrecer. Porque si él estuviese sobre la tierra, ni aun sería sacerdote, habiendo aun los otros sacerdotes que ofrecen los dones según la ley. (Los cuales sirven por bosquejo y sombra de las cosas celestiales, como fue respondido a Moisés cuando había de comenzar a construir el tabernáculo: Mira, pues, dice, haz todas las cosas conforme al dechado que te ha sido mostrado en el monte.) Mas ahora él ha alcanzado un ministerio tanto más excelente, cuanto que también él es el mediador de un mejor concierto, el cual ha sido establecido sobre mejores promesas. Porque si en aquel primer concierto no hubiera falta, no se hubiera procurado lugar para un segundo. Porque reprendiendo los dice: He aquí, vienen días, dice el Señor, y consumaré para con la casa de Israel, y para con la casa de Judá, un nuevo concierto: No según el concierto que hice con vuestros padres en el día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi concierto, y yo no me cuidé de ellos, dice el Señor. Porque éste es el concierto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en la mente de ellos, y sobre el corazón de ellos las escribiré; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo: Y no enseñará cada uno a su conciudadano, ni cada uno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán desde el menor de ellos hasta el mayor. Porque seré propicio a sus injusticias, y a sus pecados; y de sus iniquidades no me acordaré más. Diciendo un nuevo concierto, dio por viejo al primero; y lo que es dado por viejo y se envejece, cerca está de desvanecerse.
Evangelio
Si me amáis, guardád mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, el cual os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; Es a saber, al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir; porque no le ve, ni le conoce; mas vosotros le conocéis, porque está con vosotros, y será en vosotros. No os dejaré huérfanos: yo vendré a vosotros. Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis: por cuanto yo vivo, vosotros también viviréis. Aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré a él, y me manifestaré a él. Dícele Júdas, no el Iscariote: ¿Señor, qué hay porque te has de manifestar a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús, y le dijo: Si alguno me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando aun con vosotros. Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho. La paz os dejo: mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy: no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Habéis oído como yo os he dicho: Voy, y vengo otra vez a vosotros. Si me amaseis, ciertamente os regocijaríais, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo. Y ahora os lo he dicho antes que se haga, para que cuando se hiciere, creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, mas no tiene nada en mí. Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dio mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí.
Evangelio
Y, he aquí, una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio. Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Así es Señor; pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. Entonces respondiendo Jesús, dijo: ¡O mujer! grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora.
Evangelio
Entonces entrando en una nave, pasó a la otra parte, y vino a su ciudad. Y, he aquí, le trajeron un paralítico echado en una cama; y viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Confía, hijo; tus pecados te son perdonados. Y, he aquí, algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y viendo Jesús sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Cuál es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entonces al paralítico:) Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó, y se fue a su casa. Y las gentes viéndolo, se maravillaron, y glorificaron a Dios, que hubiese dado tal potestad a hombres. ¶ Y pasando Jesús de allí, vio a un hombre, que estaba sentado al banco de los tributos, el cual se llamaba Mateo, y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. Y aconteció que estando él sentado a comer en la casa, he aquí, que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos. Y viendo esto los Fariseos, dijeron a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? Y oyéndolo Jesús, les dijo: Los que están sanos, no tienen necesidad de médico; sino los enfermos. Andád, antes aprendéd que cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido a llamar los justos, sino los pecadores a arrepentimiento. ¶ Entonces los discípulos de Juan vienen a él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariseos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? Y les dijo Jesús: ¿Pueden los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días, cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán. Nadie echa remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura. Ni echan vino nuevo en cueros viejos; de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros; mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente. ¶ Hablando él estas cosas a ellos, he aquí, cierto principal vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco ha; mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá. Y se levantó Jesús, y le siguió, y sus discípulos. Y, he aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años había, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido; Porque decía entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré sana. Mas Jesús volviéndose, y mirándola, dijo: Confía, hija, tu fe te ha sanado. Y la mujer fue sana desde aquella hora. Y venido Jesús a casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y el gentío que hacía bullicio, Díceles: Apartáos, que la joven no es muerta; sino que duerme. Y se burlaban de él. Y como la gente fue echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la joven se levantó. Y salió esta fama por toda aquella tierra. Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. Y venido a casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesús les encargó rigurosamente, diciendo: Mirád, que nadie lo sepa. Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. ¶ Y saliendo ellos, he aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las gentes se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. Mas los Fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. Y rodeaba Jesús por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda dolencia en el pueblo. Y viendo las multitudes, tuvo misericordia de ellas; que eran derramadas y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha; mas los obreros, pocos. Rogád pues al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

