Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Mirád que larga carta os he escrito con mi misma mano. Todos los que quieren agradar en la carne, estos os constriñen a circuncidaros; solamente por no padecer la persecución por la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan, guardan la ley; mas quieren que os circuncideis vosotros, por gloriarse en vuestra carne. Mas lejos esté de mí el gloriarme, sino en la cruz del Señor nuestro Jesu Cristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. Y todos los que anduvieren conforme a esta regla, paz sea sobre ellos, y misericordia, y sobre el Israel de Dios. De aquí adelante nadie me moleste; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea, hermanos, con vuestro espíritu. Amén. ¶ Escrita de Roma a los Gálatas.
Primera lectura
Y salió Dina la hija de Lia, que había parido a Jacob, por ver las hijas de la tierra. Y vióla Siquem, hijo de Jamor Heveo, príncipe de aquella tierra, y tomóla, y echóse con ella; y afligióla. Y apegóse su alma con Dina, la hija de Jacob, y enamoróse de la moza, y habló al corazón de la moza. Y habló Siquem a Jamor su padre, diciendo: Tómame esta moza por mujer. Y oyó Jacob, que había ensuciado a Dina su hija, estando sus hijos con su ganado en el campo; y calló Jacob hasta que ellos viniesen. Y salió Jamor, padre de Siquem, a Jacob, para hablar con él. Y los hijos de Jacob vinieron del campo en oyéndolo, y entristeciéronse los varones, y ensañáronse mucho, porque hizo vileza en Israel, echándose con la hija de Jacob, que no se debía de hacer así. Y Jamor habló con ellos, diciendo: El alma de mi hijo Siquem se ha apegado con vuestra hija: ruégoos que se la deis por mujer: Y consagrád con nosotros: dádnos vuestras hijas, y tomád vosotros las nuestras. Y habitád con nosotros: porque la tierra estará delante de vosotros: morád y negociád en ella, y tomád en ella posesión. Siquem también dijo a su padre y a sus hermanos: Halle yo gracia en vuestros ojos: y yo daré lo que vosotros me dijereis. Aumentád sobre mí mucho ajuar y dones, que yo daré cuanto me dijereis; y dádme la moza por mujer. ¶ Y respondieron los hijos de Jacob a Siquem, y a Jamor, su padre, con engaño, y hablaron; porque había ensuciado a Dina su hermana: Y dijéronles: No podemos hacer esto, que demos nuestra hermana a hombre que tiene prepucio; porque a nosotros es abominación: Mas con esta condición os haremos placer. Si fuereis como nosotros, que se circuncide en vosotros todo varón; Entonces os daremos nuestras hijas, y tomaremos nosotros las vuestras; y habitaremos con vosotros, y seremos un pueblo: Y si no nos oyereis, para circuncidaros, tomaremos nuestra hija, e irnos hemos. Y parecieron bien sus palabras a Jamor, y a Siquem hijo de Jamor. Y no dilató el mozo de hacer aquello, porque la hija de Jacob le había agradado: y él era el más honrado de toda la casa de su padre. Entonces vino Jamor y Siquem su hijo a la puerta de su ciudad, y hablaron a los varones de su ciudad, diciendo: Estos varones son pacíficos con nosotros, y habitarán la tierra; y granjearán en ella, que, he aquí, la tierra es ancha de lugares delante de ellos, nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y darles hemos las nuestras. Mas con esta condición nos harán placer los varones, de habitar con nosotros, para que seamos un pueblo: Si se circuncidare en nosotros todo varón, como ellos son circuncidados. Sus ganados y su hacienda, y todas sus bestias será nuestro: solamente que consintamos con ellos, y habitarán con nosotros. Y obedecieron a Jamor, y a Siquem su hijo, todos los que salían por la puerta de la ciudad; y circuncidaron a todo varón, cuantos salían por la puerta de la ciudad. Y fue, que al tercero día cuando ellos estaban doloridos, los dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada, y vinieron contra la ciudad animosamente, y mataron a todo varón. Y a Jamor, y a Siquem su hijo, mataron a filo de espada; y tomaron a Dina de casa de Siquem, y saliéronse. Y los hijos de Jacob vinieron a los muertos, y saquearon la ciudad: por cuanto habían ensuciado a su hermana. Sus ovejas, y vacas, y sus asnos, y lo que había en la ciudad y en el campo, tomaron. Y toda su hacienda, y todos sus niños, y sus mujeres llevaron cautivas, y robaron; y todo lo que había en casa. Entonces dijo Jacob a Simeón y a Leví: Turbado me habéis, que me habéis hecho abominable con los moradores de aquesta tierra, el Cananeo y el Ferezeo, teniendo yo pocos hombres: y juntarse han contra mí, y herirme han, y seré destruido yo y mi casa. Y ellos respondieron: ¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?
Primera lectura
Y apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino a Horeb, monte de Dios. Y apareciósele el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de un zarzal: y él miró, y vio que el zarzal ardía en fuego, y el zarzal no se consumía. Entonces Moisés dijo: Ahora yo iré, y veré esta grande visión, por qué causa el zarzal no se queme. ¶ Y viendo Jehová que iba a ver, llamóle Dios de medio del zarzal, y dijo: Moisés, Moisés: Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Y dijo Jehová: Viendo he visto la aflicción de mi pueblo, que está en Egipto; y he oído su clamor a causa de sus exactores, por lo cual yo he entendido sus dolores. Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios: yo los sacaré de esta tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que corre leche y miel; a los lugares del Cananeo, del Jetteo, del Amorreo, del Ferezeo, del Heveo, y del Jebuseo. El clamor de los hijos de Israel ha venido ahora delante de mí: y también he visto la opresión con que los Egipcios les oprimen. Ven pues ahora, y enviarte he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. ¶ Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él le respondió: Porque yo seré contigo: y esto te será por señal, de que yo te he enviado: Después que hubieres sacado a este pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte. Y dijo Moisés a Dios: He aquí, yo vengo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros: y si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY, me ha enviado a vosotros. Y dijo más Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; y este es mi memorial por todos los siglos.
Oración matutina — primera lectura
Y habló Jehová a Moisés, y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será cabeza de los meses: este os será primero en los meses del año. Hablád a toda la congregación de Israel, diciendo: A los diez de aqueste mes tómese cada uno un cordero por las familias de los padres, un cordero cada familia: Mas si la familia fuere pequeña que no baste a comer el cordero, entonces tomará a su vecino cercano de su casa, y según el número de las personas, cada uno según su comida, echaréis la cuenta sobre el cordero. El cordero será a vosotros perfecto macho, de un año, el cual tomaréis de las ovejas, o de las cabras: Y guardarlo heis hasta el catorceno día de este mes: y sacrificarlo ha toda la compañía de la congregación de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y pondrán en los dos postes, y en los bates de las casas, en las cuales lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura: con yerbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, no cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus intestinos. Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que habrá quedado hasta la mañana, quemarlo heis en el fuego. Y comerlo heis así: Ceñidos vuestros lomos, y vuestros zapatos en vuestros pies: y vuestro bordón en vuestra mano, y comerlo heis apresuradamente. Esta es la pascua de Jehová. Y yo pasaré por la tierra de Egipto aquesta noche; y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así en los hombres como en las bestias: y haré juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová. Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estuviereis; y veré la sangre, y pasaré por encima de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando yo heriré la tierra de Egipto. Y seros ha este día en memoria; y celebrarlo heis solemne a Jehová por vuestras edades: por estatuto perpetuo lo celebraréis. Siete días comeréis panes sin levadura; mas el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas: porque cualquiera que comiere leudado, desde el primer día hasta el séptimo, aquella alma será cortada de Israel. El primer día os será santa convocación, y así mismo el séptimo día os será santa convocación: ninguna obra se hará en ellos, solamente lo que toda persona hubiere de comer, esto solamente se aderece para vosotros. Y guardaréis los ácimos, porque en aqueste mismo día saqué vuestros ejércitos de la tierra de Egipto: por tanto guardaréis este día por vuestras edades por costumbre perpetua. En el primero, a los catorce días del mes, a la tarde, comeréis los panes sin levadura, hasta los veinte y uno del mes a la tarde. Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas; porque cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural de la tierra, aquella alma será cortada de la congregación de Israel. Ninguna cosa leudada comeréis: en todas vuestras habitaciones comeréis panes sin levadura. Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacád, y tomáos corderos por vuestras familias, y sacrificád la pascua. Y tomád un manojo de hisopo, y mojádlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untád los bates y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo a los Egipcios; y como verá la sangre en el bate, y en los dos postes, Jehová pasará aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Y guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y será, que cuando entrareis en la tierra que Jehová os dará, como habló, y guardareis este rito; Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? Vosotros responderéis: Esta es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó, y adoró. Y los hijos de Israel fueron, e hicieron como Jehová había mandado a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. ¶ Y aconteció que a la media noche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón, que estaba sentado sobre su trono, hasta el primogénito del cautivo que estaba en la cárcel, y a todo primogénito de los animales. ¶ Y levantóse aquella noche Faraón, él y todos sus siervos, y todos los Egipcios, y había un gran clamor en Egipto; porque no había casa donde no hubiese muerto. E hizo llamar a Moisés y a Aarón de noche, y díjoles: Levantáos; salíd de en medio de mi pueblo vosotros y los hijos de Israel; e id, servíd a Jehová, como habéis dicho. Tomád también vuestras ovejas, también vuestras vacas, como habéis dicho, e ídos, y bendecídme también a mí. Y los Egipcios apremiaban al pueblo, dándose priesa a echarlos de la tierra, porque decían: Todos somos muertos. Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas atadas, en sus sábanas sobre sus hombros. E hicieron los hijos de Israel conforme al mandamiento de Moisés, demandando a los Egipcios vasos de plata, y vasos de oro, y vestidos. Y Jehová dio gracia al pueblo delante de los Egipcios, y prestáronles, y ellos despojaron a los Egipcios. Y partieron los hijos de Israel de Rameses a Socot como seiscientos mil hombres de a pie, sin los niños. Y también subió con ellos grande multitud de diversa suerte de gentes, y ovejas y vacas, y ganados muy muchos. Y cocieron la masa, que habían sacado de Egipto e hicieron tortas sin levadura; porque no habían leudado; porque echándolos los Egipcios no habían podido detenerse, ni aun aparejarse comida. El tiempo que los hijos de Israel habitaron en Egipto, fue cuatrocientos y treinta años. Y pasados cuatrocientos y treinta años en el mismo día salieron todos los ejércitos de Jehová de la tierra de Egipto. Esta es noche de guardar a Jehová, por haberlos sacado en ella de la tierra de Egipto. Esta noche deben guardar a Jehová todos los hijos de Israel por sus edades. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Esta será la ordenanza de la pascua. Ningún extraño comerá de ella. Y todo siervo humano comprado por dinero, comerá de ella después que le hubieres circuncidado. El extranjero, y el salariado no comerán de ella. En una casa se comerá, y no llevarás de aquella carne fuera de casa, ni quebraréis hueso en él. Toda la congregación de Israel le sacrificará. Mas si algún extranjero peregrinare contigo, y quisiere hacer la pascua a Jehová, séale circuncidado todo varón, y entonces se llegará a hacerla, y será como el natural de la tierra, y ningún incircunciso comerá de ella. La misma ley será para el natural y para el extranjero que peregrinare entre vosotros. Y todos los hijos de Israel hicieron como Jehová lo mandó a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Y en aquel mismo día Jehová sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.
Epístola
¶ No debáis a nadie nada, sino que os améis unos a otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley. Porque esto: No adulterarás: no matarás: no hurtarás: no dirás falso testimonio: no codiciarás; y si hay algún otro mandamiento, en esta palabra se comprende sumariamente: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo, así que el amor es el cumplimiento de la ley.
Primera lectura
Por las noches busqué en mi cama al que ama mi alma; le busqué, y no le hallé. Ahora pues levantarme he, y rodearé por la ciudad: por las calles, y por las plazas buscaré al que ama mi alma: le busqué, y no le hallé. Halláronme las guardas que rondan por la ciudad, y les pregunté, diciendo: ¿Habéis visto al que ama mi alma? Pasando de ellos un poco, luego hallé al que ama mi alma: trabé de él, y no le dejé, hasta que le metí en casa de mi madre, y a la cámara de la que me engendró. Yo os conjuro, o! hijas de Jerusalem, por las gamas, o por las ciervas del campo, que no despertéis, ni hagáis velar a mi amor, hasta que él quiera. ¿Quién es esta que sube del desierto como varas de humo, sahumada de mirra y de encienso, y de todos polvos aromáticos? He aquí que la cama de Salomón sesenta fuertes la cercan, de los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra: cada uno su espada sobre su muslo por los temores en las noches. El rey Salomón se hizo un tálamo de madera del Líbano. Sus columnas hizo de plata, su solado de oro, su cielo de grana, su interior solado de amor por las hijas de Jerusalem. Salíd, o! hijas de Sión, y ved al rey Salomón con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, y el día del gozo de su corazón.
Oración matutina — segunda lectura
Y otra vez entró en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le acechaban, si en sábado le sanaría, para acusarle. Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio. Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábados, o hacer mal? ¿salvar la vida, o matar? Mas ellos callaban. Y mirándolos en derredor con enojo, condoleciéndose de la dureza de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fue restituida sana como la otra. Entonces saliendo los Fariseos tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle. ¶ Mas Jesús se apartó a la mar con sus discípulos; y le siguió una gran multitud de Galilea, y de Judea, Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán; y de los que moraban al rededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron a él. Y dijo a sus discípulos que una navecilla le estuviese siempre apercibida, por causa de la multitud, para que no le oprimiesen. Porque había sanado a muchos, de tal manera que caían sobre él, cuantos tenían plagas, por tocarle. Y los espíritus inmundos, en viéndole, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Mas él les reñía mucho que no le manifestasen. Y subió al monte, y llamó a sí los que él quiso; y vinieron a él. ¶ Y ordenó a doce para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar; Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios: A Simón, al cual puso por sobrenombre Pedro; Y a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Santiago, y les puso por sobrenombre Boanerges, que es, Hijos de trueno; Y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Santiago, hijo de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el Cananeo, Y a Júdas Iscariote, el que le entregó; y vinieron a casa. ¶ Y otra vez se juntó la multitud, de tal manera que ellos ni aun podían comer pan. Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí. ¶ Y los escribas que habían venido de Jerusalem, decían que tenía a Belzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. Y llamándoles, les dijo por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás? Y si un reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino. Y si una casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa. Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; mas tiene fin. Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no atare al valiente; y entonces saqueará su casa. De cierto os digo, que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren: Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdón para siempre; mas está expuesto a juicio eterno. Porque decían: Tiene espíritu inmundo. ¶ Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de fuera, enviaron a él llamándole. Y la multitud estaba asentada al rededor de él, y le dijeron: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera. Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, y mis hermanos? Y mirando al derredor a los que estaban sentados en derredor de él, dijo: He aquí mi madre, y mis hermanos. Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.
Salmo responsorial
Ten misericordia de mí, o! Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus miseraciones rae mis rebeliones. Aumenta el lavarme de mi maldad; y límpiame de mi pecado. Porque yo conozco mis rebeliones: y mi pecado está siempre delante de mí. A ti, a ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque te justifiques en tu palabra, y te purifiques en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado: y en pecado me calentó mi madre. He aquí, la verdad has amado en lo íntimo: y en lo secreto me hiciste saber sabiduría. Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. Házme oír gozo y alegría: y harán alegrías los huesos que moliste. Esconde tu rostro de mis pecados: y rae todas mis maldades. Críame, o! Dios, un corazón limpio: y renueva un espíritu recto en medio de mí. No me eches de delante de ti: y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud: y el Espíritu voluntario me sustentará. Enseñaré a los prevaricadores tus caminos: y los pecadores se convertirán a ti. Escápame de homicidios, o! Dios, Dios de mi salud: cante mi lengua tu justicia. Señor, abre mis labios, y denuncie mi boca tu alabanza. ¶ Porque no quieres sacrificio, que, si no, yo lo daría: holocausto no quieres. Los sacrificios de Dios es el espíritu quebrantado: el corazón contrito y molido, o! Dios, no menospreciarás. Haz bien con tu buena voluntad a Sión: edifica los muros de Jerusalem. Entonces te agradarán los sacrificios de justicia, el holocausto, y el quemado: entonces ofrecerán sobre tu altar becerros.
Evangelio
¶ Y entrando él en una nave, sus discípulos le siguieron. Y, he aquí, fue hecho en la mar un gran movimiento, de manera que la nave se cubría de las ondas; y él dormía. Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos. Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces levantado reprendió a los vientos y a la mar; y fue grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen?
Salmo responsorial
O! Dios, no tengas silencio, no calles, ni ceses, o! Dios. Porque he aquí que tus enemigos han bramado: y tus aborrecedores han alzado cabeza. Sobre tu pueblo han consultado astuta y secretamente: y han entrado en consejo contra tus escondidos. Han dicho: Veníd, y cortémoslos de ser nación: y no haya más memoria del nombre de Israel. Por esto han conspirado de corazón a una: contra ti han hecho liga. Las tiendas de los Idumeos, y de los Ismaelitas: Moab, y los Agarenos; Gebal, y Ammón, y Amalec: Palestina, con los habitadores de Tiro. También el Assur se ha juntado con ellos: son por brazo a los hijos de Lot. Selah. ¶ Házles como a Madián, como a Sisara: como a Jabín en el arroyo de Cisón: Que perecieron en En-dor: fueron hechos muladar de la tierra. Pon a ellos y a sus capitanes como a Oreb, y como a Zeb, y como a Zebee, y como a Salmana: a todos sus príncipes, Que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. Dios mío, pónlos como a torbellino: como a hojarascas delante del viento: Como fuego que quema el monte: como llama que abrasa las breñas; Así persíguelos con tu tempestad; y con tu torbellino asómbralos. Hinche sus rostros de vergüenza; y busquen tu nombre, o! Jehová. Sean afrentados, y turbados para siempre; y sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es Jehová; tú solo Altísimo sobre toda la tierra.
Salmo responsorial
Bendeciré a Jehová en todo tiempo; siempre será su alabanza en mi boca. En Jehová se alabará mi alma; oirán los mansos, y alegrarse han. Engrandecéd a Jehová, conmigo; y ensalcemos su nombre a una. Busqué a Jehová, y él me oyó; y de todos mis miedos me libró. Miraron a él, y fueron alumbrados; y sus rostros no se avergonzaron. Este pobre llamó, y Jehová le oyó, y de todas sus angustias le escapó. El ángel de Jehová asienta campo en derredor de los que le temen, y los defiende. Gustád, y ved que es bueno Jehová; dichoso el varón que confiará en él. Teméd a Jehová sus santos; porque no hay falta para los que le temen. Los leoncillos empobrecieron, y tuvieron hambre; y los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien. Veníd, hijos, oídme; temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el varón que desea vida, qué codicia días para ver bien? Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; inquiere la paz, y síguela. Los ojos de Jehová están sobre los justos; y sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Clamaron, y Jehová los oyó: y de todas sus angustias los escapó. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón: y a los molidos de espíritu salvará. Muchos son los males del justo: y de todos ellos le escapará Jehová. Guardando todos sus huesos; uno de ellos no será quebrantado. Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados. Redime Jehová la vida de sus siervos; y no serán asolados todos los que en él confían.
Salmo responsorial
Bendeciré a Jehová en todo tiempo; siempre será su alabanza en mi boca. En Jehová se alabará mi alma; oirán los mansos, y alegrarse han. Engrandecéd a Jehová, conmigo; y ensalcemos su nombre a una. Busqué a Jehová, y él me oyó; y de todos mis miedos me libró. Miraron a él, y fueron alumbrados; y sus rostros no se avergonzaron. Este pobre llamó, y Jehová le oyó, y de todas sus angustias le escapó. El ángel de Jehová asienta campo en derredor de los que le temen, y los defiende. Gustád, y ved que es bueno Jehová; dichoso el varón que confiará en él. Teméd a Jehová sus santos; porque no hay falta para los que le temen. Los leoncillos empobrecieron, y tuvieron hambre; y los que buscan a Jehová, no tendrán falta de ningún bien. Veníd, hijos, oídme; temor de Jehová os enseñaré. ¿Quién es el varón que desea vida, qué codicia días para ver bien? Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; inquiere la paz, y síguela. Los ojos de Jehová están sobre los justos; y sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos. Clamaron, y Jehová los oyó: y de todas sus angustias los escapó. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón: y a los molidos de espíritu salvará. Muchos son los males del justo: y de todos ellos le escapará Jehová. Guardando todos sus huesos; uno de ellos no será quebrantado. Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados. Redime Jehová la vida de sus siervos; y no serán asolados todos los que en él confían.
Oración vespertina — primera lectura
Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Santifícame todo primogénito, la abertura de toda matriz en los hijos de Israel así de los hombres como de las bestias: porque mío es. Y Moisés dijo al pueblo: Tenéd memoria de aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, como Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte, por tanto no comeréis leudado. Vosotros salís hoy en el mes de Abib. Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, y del Jetteo, y del Amorreo, y del Heveo, y del Jebuseo, la cual juró a tus padres, que te daría, tierra que corre leche y miel, harás este servicio en aqueste mes: Siete días comerás por leudar; y el séptimo día será fiesta a Jehová. Por los siete días se comerán los panes sin levadura; y no será visto en ti ni leudado ni levadura en todo tu término. Y contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Por esto que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto. Por tanto tú guardarás este rito en su tiempo de año en año. ¶ Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado: Harás pasar a Jehová todo lo que abriere la matriz: y todo primogénito que abriere la matriz de tus animales, los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con cordero: y si no lo redimieres, cortarle has la cabeza. Asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos. Y cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? Decirle has: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre. Y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová mató en la tierra de Egipto a todo primogénito desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacrifico a Jehová todo primogénito macho, y redimo todo primogénito de mis hijos. Serte ha pues como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos: que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. ¶ Y como Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca, porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo, cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo: y subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto armados. Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Visitando os visitará Dios, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. Y partidos de Socot asentaron campo en Etam a la entrada del desierto. Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino: y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, para que anduviesen de día y de noche. Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.
Segunda lectura
Mirád cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Amados míos, ahora somos nosotros los hijos de Dios, y aun no es manifestado lo que hemos de ser: empero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él; porque le veremos como él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; porque el pecado es la transgresión de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha visto, y no le ha conocido. Hijitos, ninguno os engañe: el que hace justicia es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente mora en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio, que nos amemos unos a otros: No como Caín, que era del maligno, y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas. Hermanos míos, no os maravilléis si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que somos pasados de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, está en muerte. Cualquiera que aborrece a su hermano, es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permaneciente en sí. En esto hemos conocido el amor de Dios, en que él puso su vida por nosotros, y nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere a su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo es posible que permanezca el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra, ni de lengua; sino con obra y de verdad. Y en esto conocemos que nosotros somos de la verdad, y persuadiremos nuestros corazones delante de él. Porque si nuestro corazón nos reprende, mayor es Dios que nuestro corazón, y sabe todas las cosas. Carísimos, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios; Y cualquiera cosa que pidiéremos, la recibiremos de él; porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él. Y éste es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesu Cristo, y nos amemos unos a otros, como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus mandamientos, mora en él, y él en él. Y en esto sabemos que él mora en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.
Segunda lectura
Empero esto he determinado entre mí, de no venir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será pues el que me alegrará, sino el mismo a quien yo contristare? Y esto mismo os escribí, porque cuando viniere no tuviese tristeza sobre tristeza de lo que había de haber gozo: confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. Porque de en medio de mucha tribulación y angustia de corazón, os escribí con muchas lágrimas: no para que fueseis contristados, mas para que conocieseis cuán abundante amor tengo para con vosotros. Que si alguno ha causado tristeza, no me contristó a mí sino en parte, por no cargar la culpa sobre todos vosotros. Bástale al tal esta reprensión que fue hecha por muchos: De manera que ahora al contrario vosotros debéis más bien perdonarle, y consolarle, porque no sea el tal absorbido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis vuestro amor para con él. Porque también por este fin os escribí a vosotros, para conocer la prueba de vosotros, si sois obedientes en todo. Al que vosotros perdonareis algo, también yo; porque también yo si algo he perdonado, a quien lo he perdonado, por vuestra causa lo he hecho en la persona de Cristo; Para que Satanás no nos gane alguna ventaja; porque no ignoramos sus maquinaciones. ¶ Mas cuando yo vine a Troas por predicar el evangelio de Cristo, y me fue abierta puerta en el Señor, No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito mi hermano; y así despidiéndome de ellos, me partí desde allí para Macedonia. Mas gracias a Dios, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús; y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar; Porque somos para Dios suave olor de Cristo en los que son salvos, y en los que se pierden: A estos olor de muerte para muerte; y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente? Porque no somos, como muchos, adulteradores de la palabra de Dios; antes como de sinceridad, antes como de Dios, delante de Dios, en Cristo hablamos.
Segunda lectura
¶ ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es. ¶ Nadie se engañe: si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, hágase necio para ser de veras sabio. Porque la sabiduría de este mundo insensatez es para con Dios; porque escrito está: Él prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. Así que ninguno se gloríe en los hombres; porque vuestras son todas las cosas, Sea Pablo, sea Apólos, sea Céfas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo porvenir: todo es vuestro; Y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
Segunda lectura
Exhorta a los siervos, que sean sujetos a sus señores, que les agraden en todo, no respondones; En nada defraudando, antes mostrando toda buena lealtad; para que adornen en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios. Porque la gracia de Dios que trae salud se ha manifestado a todos los hombres, Enseñándonos, que, renunciando a la impiedad, y a los deseos mundanales, vivamos en este siglo templada, y justa, y piadosamente; Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la venida gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro Jesu Cristo; Que se dio a sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad, y limpiar para sí un pueblo propio, seguidor de buenas obras: Esto habla, y exhorta, y reprende con toda autoridad: nadie te tenga en poco.
Evangelio
Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. Y se allegaron a él grandes multitudes; y entrándose él en una nave, se sentó, y toda la multitud estaba en la ribera. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el que sembraba salió a sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino, y vinieron las aves, y la comieron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía tierra profunda: Mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque no tenía raíz. Y parte cayó entre espinas, y las espinas crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto; uno de a ciento, y otro de a sesenta, y otro de a treinta. Quien tiene oídos para oír, oiga. Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan; para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Oíd pues vosotros la parábola del que siembra. Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el Malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal; porque venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; mas la congoja de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y viene a quedar sin fruto. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, el que también da el fruto; y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que siembra buena simiente en su campo. Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la yerba salió, e hizo fruto, entonces la cizaña apareció también. Y llegándose los siervos del padre de familias, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de donde tiene cizaña? Y él les dijo: Algún enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Pues quieres que vayamos, y la cojamos? Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejád crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Cogéd primero la cizaña, y atádla en manojos para quemarla; mas el trigo allegádlo en mi alfolí. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: El cual a la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de todas las hortalizas; y se hace árbol, que vienen las aves del cielo, y hacen nidos en sus ramas. ¶ Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina, hasta que todo se leude. Todo esto habló Jesús por parábolas a la multitud; y nada les habló sin parábolas; Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca: rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo. ¶ Entonces, enviadas las multitudes, Jesús se vino a casa; y llegándose a él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo. Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre. El campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del reino; y la cizaña son los hijos del Malo; El enemigo que la sembró, es el diablo; la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. De manera que como es cogida la cizaña, y quemada a fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los estorbos, y los que hacen iniquidad; Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. ¶ También el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en un campo, el cual hallado, el hombre lo encubre; y de gozo de él, va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Asimismo el reino de los cielos es semejante a un hombre tratante, que busca buenas perlas: Que hallando una preciosa perla, fue, y vendió todo lo que tenía, y la compró. ¶ También el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en la mar, coge de todas suertes: La cual siendo llena, la sacaron a la orilla; y sentados cogieron lo bueno en vasijas, y lo malo echaron fuera. Así será en el fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Si, Señor. Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. ¶ Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí. Y venido a su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban fuera de sí, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y sus hermanos, Santiago, y Joses, y Simón, y Júdas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene éste todo esto? Y se escandalizaban en él; mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
Oración vespertina — segunda lectura
Empero os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, y en el cual estáis firmes; Por el cual asimismo sois salvos, si retenéis en la memoria lo que os he predicado, si no es que habéis creído en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo yo recibí, es a saber: que Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercero día, conforme a las Escrituras; Y que fue visto por Céfas; y después por los doce: Que después fue visto de más de quinientos hermanos a la vez: de los cuales los más viven aun, empero algunos han dormido. Que después fue visto por Santiago, después por todos los apóstoles. Y a la postre de todos, fue visto por mí también, como por uno nacido fuera de debido tiempo. Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios. Empero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. Por tanto, sea yo, o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído. ¶ Mas si se predica a Cristo, que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros, que no hay resurrección de los muertos? Porque si no hay resurrección de los muertos, Cristo tampoco resucitó. Y si Cristo no resucitó, luego vana es nuestra predicación, y vana es también vuestra fe. Y también somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios, que él haya levantado a Cristo: al cual empero no levantó, si es así que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun os estáis en vuestros pecados. Luego también los que durmieron en Cristo, son perdidos. Si en esta vida solamente tenemos esperanza en Cristo, los más desdichados somos de todos los hombres. Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos: y él es hecho primicias de los que durmieron. Porque por cuanto la muerte vino por hombre, también por hombre vino la resurrección de los muertos. Porque a la manera que todos en Adam mueren, así también todos en Cristo serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo en su venida. Luego viene el fin: cuando entregará el reino a Dios y al Padre; cuando hubiere abatido todo imperio, y toda potencia, y potestad. Porque es menester que él reine, hasta que sujete a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido, es la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Mas cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro es que está exceptuado el mismo que sujetó a él todas las cosas. Mas después que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. De otro modo, ¿qué harán, los que son bautizados por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, son bautizados por los muertos? ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Cada día muero; lo protesto por vuestra gloria, la cual tengo en Cristo Jesús Señor nuestro. Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha si los muertos no resucitan? Comamos y bebamos, que mañana moriremos: No os engañéis. Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Despertád, como es justo, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios, para vergüenza vuestra lo digo. ¶ Mas alguno dirá: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo salen? ¡Insensato! lo que tú siembras, no revive, si antes no muriere: Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de ser, sino el grano desnudo, puede ser de trigo, o de alguno de los otros granos: Mas Dios le da el cuerpo como él ha querido, y a cada simiente su propio cuerpo. Toda carne no es la misma carne, mas una carne es la de los hombres, y otra carne es la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves. Hay también cuerpos celestes, y cuerpos terrestres; mas una es la gloria de los celestes, y otra la de los terrestres. Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella se diferencia de otra estrella en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se levantará en incorrupción: Se siembra en vergüenza; se levantará en gloria: se siembra en flaqueza; se levantará en poder: Se siembra cuerpo animal; resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Y así está escrito: Fue hecho el primer hombre Adam en alma viviente; el postrer Adam fue hecho en espíritu vivificante. Mas lo que es espiritual no es primero, sino lo que es animal; y después lo que es espiritual. El primer hombre es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos llevado la imagen del terreno, llevaremos también la imagen del celestial. Esto empero digo, hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios: ni la corrupción hereda la incorrupción. ¶ He aquí, un misterio, os digo: Todos ciertamente no dormiremos; mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, a sonido de la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces será cumplida la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos dio la victoria por el Señor nuestro Jesu Cristo. Así que, hermanos míos amados, estád firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
Evangelio
¶ Y luego Jesús hizo a sus discípulos entrar en la nave, e ir delante de él a la otra parte del lago, entre tanto que él despedía las multitudes. Y despedidas las multitudes, subió en un monte apartado a orar. Y como fue la tarde del día, estaba allí solo. Y ya la nave estaba en medio de la mar, atormentada de las ondas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vela de la noche Jesús fue a ellos andando sobre la mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: Fantasma es; y dieron voces de miedo. Mas luego Jesús les habló, diciendo: Aseguráos: yo soy, no tengáis miedo. Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo venga a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la nave, anduvo sobre las aguas para venir a Jesús. Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose a hundir, dio voces, diciendo: Señor, sálvame. Y luego Jesús extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y como ellos entraron en la nave, el viento reposó. Entonces los que estaban en la nave, vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres tú el Hijo de Dios. Y llegando a la otra parte, vinieron a la tierra de Genesaret. Y como le conocieron los varones de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra al derredor, y trajeron a él todos los enfermos. Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que lo tocaron, fueron salvos.
Evangelio
¶ Entonces saliendo ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. Y, he aquí, dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. Y la multitud les reñía para que callasen; mas ellos clamaban más, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. Y parándose Jesús, los llamó, y dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros? Dícenle ellos: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús teniéndoles misericordia, tocó los ojos de ellos, y luego sus ojos recibieron la vista, y le siguieron.
Evangelio
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano en mí que no lleva fruto, le quita; y todo aquel que lleva fruto, le limpia, para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. Permanecéd en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no permaneciere en la vid, así ni vosotros, si no permaneciereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto (porque sin mí nada podéis hacer.) Si alguno no permaneciere en mí, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y échanlos en el fuego, y arden. Si permaneciereis en mí, y mis palabras permanecieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto; así seréis mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado: sed constantes en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor: como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo permanezca en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. Este es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os amé. Nadie tiene mayor amor que éste, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor; mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho conocer. No me elegisteis vosotros a mí; mas yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis, y llevéis fruto; y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis los unos a los otros. Si el mundo os aborrece, sabéd que a mí me aborrecía, antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo que es suyo; mas porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor: si a mí me han perseguido, también a vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre; porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tuvieran pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; mas ahora, ellos las han visto, y aborrecen a mí, y a mi Padre. Mas esto sucede, para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, es a saber, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. Y vosotros también daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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