Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y aconteció que después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, Jehová habló a Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán tú, y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy, a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como yo lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie: Desde el desierto, y este Líbano hasta el gran río de Éufrates, toda la tierra de los Jetteos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término. Nadie se te pondrá delante en todos los días de tu vida: como yo fui con Moisés, seré contigo: No te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate pues, y sé valiente: porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré a sus padres, que les había de dar. Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para que guardes y hagas conforme a toda la ley, que Moisés mi siervo te mandó: que no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres. El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: mas de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito. Porque entonces harás prosperar tu camino, y entonces entenderás. Mira que te mando que te esfuerces, y seas valiente: no temas ni desmayes; porque yo Jehová tu Dios soy contigo en donde quiera que fueres.
Epístola
Porque escrito está: Que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva, y uno de la libre. Mas el que era de la sierva, nació según la carne; el que era de la libre, nació por la promesa: Las cuales cosas son una alegoría; porque estos son los dos conciertos. El uno del monte de Sina, que engendra para servidumbre, el cual es Agar. Porque Agar es Sina, monte de Arabia, el cual corresponde a la Jerusalem que ahora es, la cual está en servidumbre con sus hijos. Mas aquella Jerusalem que está arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros. Porque está escrito: Alégrate estéril, que no pares; rompe en alabanzas y clama, tú que no estás de parto; porque más son los hijos de la desamparada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Empero como entonces el que nació según la carne, perseguía al que nació según el Espíritu; así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre. De manera que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
Primera lectura
Por lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerád el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús, El cual fue fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda su casa. Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que creó todas las cosas, es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa, como criado; empero para testificar aquellas cosas que después se habían de denunciar; Mas Cristo, como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retenemos firme la confianza y la alegría de la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz; No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres: me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me indigné con aquella generación, y dije: Perpetuamente yerran de corazón, y ni ellos han conocido mis caminos;
Oración matutina — primera lectura
Y viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? Y dijo: He aquí yo he oído que hay alimentos en Egipto; descendéd allá, y comprád para nosotros de allá, para que vivamos, y no nos muramos. Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo a Egipto. Mas a Ben-jamín, hermano de José, no envió Jacob con sus hermanos, porque dijo: Porque no le acontezca algún desastre. Y vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán. ¶ Y José era el señor de la tierra, que vendía el trigo a todo el pueblo de la tierra: y llegaron los hermanos de José, e inclináronse a él la haz sobre la tierra. Y José como vio a sus hermanos, conociólos, e hizo que no los conocía; y hablóles ásperamente, y díjoles: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán a comprar alimentos. Y José conoció a sus hermanos, mas ellos no le conocieron. Entonces José se acordó de los sueños que había soñado de ellos, y díjoles: Espiones sois: por ver lo descubierto de la tierra habéis venido. Y ellos le respondieron: No, señor mío; mas tus siervos han venido a comprar alimentos. Todos nosotros somos hijos de un varón, hombres de verdad somos: tus siervos nunca fueron espiones. Y él les dijo: No: a ver lo descubierto de la tierra habéis venido. Ellos respondieron: Tus siervos somos doce hermanos, hijos de un varón en la tierra de Canaán: y, he aquí, el menor está con nuestro padre hoy, y otro no parece. Y José les dijo: Eso es lo que yo os he dicho, diciendo que sois espiones. En esto seréis probados: Vive Faraón, que no saldréis de aquí, sino cuando vuestro hermano menor viniere aquí. Enviád uno de vosotros, y tome a vuestro hermano; y vosotros quedád presos; y vuestras palabras serán probadas, si hay verdad con vosotros: y si no, vive Faraón que sois espiones. Y juntóles en la cárcel tres días. Y al tercero día díjoles José: Hacéd esto, y vivíd: Yo temo a Dios. Si sois hombres de verdad, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos: y vosotros id, llevád el alimento para la hambre de vuestra casa: Y traerme heis a vuestro hermano menor, y serán verificadas vuestras palabras; y no moriréis. Y ellos lo hicieron así. Y decían el uno al otro: Verdaderamente nosotros hemos pecado contra nuestro hermano, que vimos el angustia de su alma, cuando nos rogaba, y no oímos: por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os lo decía yo, diciendo: No pequéis contra el mozo, y no oísteis? He aquí también su sangre es requerida. Y ellos no sabían que entendía José; porque había intérprete entre ellos. Y apartóse de ellos, y lloró: después volvió a ellos, y hablóles, y tomó de ellos a Simeón, y emprisionóle delante de ellos. Y mandó José que hinchesen sus sacos de trigo, y les volviesen su dinero de cada uno de ellos en su saco, y les diesen comida para el camino: y fue hecho con ellos así. Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y fuéronse de allí. Y abriendo el uno su saco para dar de comer a su asno, en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. Y dijo a sus hermanos: Mi dinero es vuelto, y hélo aquí también en mi saco. Entonces el corazón se les sobresaltó, y espantados el uno al otro, dijeron: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios? ¶ Y venidos a Jacob su padre en tierra de Canaán, contáronle todo lo que les había acaecido, diciendo: Aquel varón, señor de la tierra, nos habló ásperamente, y nos trató como a espiones de la tierra: Y nosotros le dijimos: Hombres de verdad somos; nunca fuimos espiones. Doce hermanos somos, hijos de nuestro padre; el uno no parece, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán. Y aquel varón, señor de la tierra, nos dijo: En esto conoceré que sois hombres de verdad: Dejád conmigo el uno de vuestros hermanos, y tomád para la hambre de vuestras casas; y andád, Y traédme a vuestro hermano el menor, para que yo sepa que no sois espiones, sino hombres de verdad, y daros he a vuestro hermano, y negociaréis en la tierra. Y aconteció, que vaciando ellos sus sacos, he aquí que en el saco de cada uno estaba el trapo de su dinero: y viendo ellos y su padre los trapos de sus dineros, tuvieron temor. Entonces su padre Jacob les dijo: Deshijádome habéis: José no parece, y Simeón no parece, y a Ben-jamín tomaréis: sobre mí son todas estas cosas. Y Rubén habló a su padre, diciendo: Mis dos hijos harás morir, si no te lo volviere: dále en mi mano, que yo le volveré a ti. Y él dijo: No descenderá mi hijo con vosotros: que su hermano es muerto, y él solo ha quedado: y si le aconteciere algún desastre en el camino donde vais, haréis descender mis canas con dolor a la sepultura.
Primera lectura
Y Jehová habló a Moisés, diciendo: En el día del mes primero, el primero del mes harás levantar el tabernáculo, el tabernáculo del testimonio. Y pondrás en él el arca del testimonio, y cubrirla has con el velo. Y meterás la mesa, y ponerla has en orden: y meterás el candelero, y encenderás sus lámparas. Y pondrás el altar de oro para el perfume delante del arca del testimonio: y pondrás el pabellón de la puerta del tabernáculo. Después pondrás el altar del holocausto delante de la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio. Luego pondrás la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar: y pondrás agua en ella. Finalmente pondrás el patio al rededor, y el pabellón de la puerta del patio. Y tomarás el aceite de la unción, y ungirás el tabernáculo, y todo lo que estará en él, y santificarlo has con todos sus vasos, y será santo. Y ungirás también el altar del holocausto, y todos sus vasos: y santificarás el altar, y será el altar santidad de santidades. Asimismo ungirás la fuente y su basa, y santificarla has. Y harás llegar a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo del testimonio, y lavarlos has con agua. Y harás vestir a Aarón las santas vestiduras, y ungirle has, y consagrarle has, para que sea mi sacerdote. Después harás llegar sus hijos, y vestirles has las túnicas. Y ungirles has como ungiste a su padre, y serán mis sacerdotes: y será, que su unción les será por sacerdocio perpetuo por sus generaciones. E hizo Moisés conforme a todo lo que Jehová le mandó: así lo hizo. Así en el mes primero, en el segundo año al primero del mes, el tabernáculo fue levantado. E hizo Moisés levantar el tabernáculo, y puso sus basas, y puso sus tablas, y puso sus barras, e hizo alzar sus columnas. Y tendió la tienda sobre el tabernáculo, y puso el cobertor sobre el tabernáculo encima, como Jehová había mandado a Moisés. Y tomó, y puso el testimonio en el arca; y puso las barras sobre el arca: y la cubierta sobre el arca encima. Y metió el arca en el tabernáculo: y puso el velo de la tienda, y cubrió el arca del testimonio, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso la mesa en el tabernáculo del testimonio al lado del aquilón del pabellón fuera del velo. Y sobre ella puso por orden los panes delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso el candelero en el tabernáculo del testimonio en frente de la mesa, al lado del mediodía del pabellón. Y encendió las lámparas delante de Jehová, como Jehová había mandado a Moisés. Puso también el altar de oro en el tabernáculo del testimonio, delante del velo. Y encendió sobre él el perfume aromático, como Jehová había mandado a Moisés. Puso asimismo el pabellón de la puerta del tabernáculo. Y puso el altar del holocausto a la puerta del tabernáculo, del tabernáculo del testimonio: y ofreció sobre el holocausto y presente, como Jehová había mandado a Moisés. Y puso la fuente entre el tabernáculo del testimonio y el altar: y puso en ella agua para lavar. Y lavaban en ella Moisés, y Aarón, y sus hijos sus manos y sus pies. Cuando entraban en el tabernáculo del testimonio, y cuando se llegaban al altar se lavaban, como Jehová había mandado a Moisés. Finalmente levantó el patio en derredor del tabernáculo y del altar, y puso el pabellón de la puerta del patio: y así acabó Moisés la obra. ¶ Entonces una nube cubrió el tabernáculo del testimonio, y la gloria de Jehová hinchió el tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo del testimonio, porque la nube estaba sobre él, y la gloria de Jehová lo tenía lleno. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus partidas. Y si la nube no se alzaba, no se partían, hasta el día que ella se alzaba. Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche en él, en ojos de toda la casa de Israel en todas sus partidas.
Primera lectura
Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Santifícame todo primogénito, la abertura de toda matriz en los hijos de Israel así de los hombres como de las bestias: porque mío es. Y Moisés dijo al pueblo: Tenéd memoria de aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto, de la casa de servidumbre, como Jehová os ha sacado de aquí con mano fuerte, por tanto no comeréis leudado. Vosotros salís hoy en el mes de Abib. Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, y del Jetteo, y del Amorreo, y del Heveo, y del Jebuseo, la cual juró a tus padres, que te daría, tierra que corre leche y miel, harás este servicio en aqueste mes: Siete días comerás por leudar; y el séptimo día será fiesta a Jehová. Por los siete días se comerán los panes sin levadura; y no será visto en ti ni leudado ni levadura en todo tu término. Y contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Por esto que Jehová hizo conmigo cuando me sacó de Egipto. Y serte ha como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto. Por tanto tú guardarás este rito en su tiempo de año en año. ¶ Y cuando Jehová te hubiere metido en la tierra del Cananeo, como te ha jurado a ti y a tus padres, y cuando te la hubiere dado: Harás pasar a Jehová todo lo que abriere la matriz: y todo primogénito que abriere la matriz de tus animales, los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con cordero: y si no lo redimieres, cortarle has la cabeza. Asimismo redimirás todo humano primogénito de tus hijos. Y cuando mañana te preguntare tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto? Decirle has: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre. Y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová mató en la tierra de Egipto a todo primogénito desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia: y por esta causa yo sacrifico a Jehová todo primogénito macho, y redimo todo primogénito de mis hijos. Serte ha pues como una señal sobre tu mano, y por un memorial delante de tus ojos: que Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte. ¶ Y como Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los Filisteos, que estaba cerca, porque dijo Dios: Que quizá no se arrepienta el pueblo, cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. Mas hizo Dios al pueblo que rodease por el camino del desierto del mar Bermejo: y subieron los hijos de Israel de la tierra de Egipto armados. Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Visitando os visitará Dios, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. Y partidos de Socot asentaron campo en Etam a la entrada del desierto. Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino: y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, para que anduviesen de día y de noche. Nunca se partió de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.
Evangelio
Pasadas estas cosas, se fue Jesús a la otra parte de la mar de Galilea, que es la mar de Tiberias. Y seguíale grande multitud, porque veían sus milagros que hacía en los enfermos. Subió pues Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los Judíos. Y como alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él una grande multitud, dice a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Mas esto decía tentándole; porque él sabía lo que había de hacer. Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro: Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? Entonces Jesús dijo: Hacéd recostar los hombres. Y había mucha yerba en aquel lugar; y recostáronse como en número de cinco mil varones. Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo hecho gracias, repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; y asimismo de los peces cuanto querían. Y como fueron hartos, dijo a sus discípulos: Cogéd los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. Recogiéronlos pues, y llenaron doce esportones de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres entonces, como vieron el milagro que Jesús había hecho, decían: Este verdaderamente es el profeta, que había de venir al mundo. ¶ Entendiendo entonces Jesús, que habían de venir para tomarle por fuerza, y hacerle rey, volvió a huirse a un monte él solo.
Salmo responsorial
Ciertamente bueno es a Israel Dios, a los limpios de corazón. Y yo, casi se apartaron mis pies; poco faltó, para que no resbalasen mis pasos. Porque tuve envidia a los malvados, viendo la paz de los impíos. Porque no hay ataduras para su muerte: antes su fortaleza está entera. En el trabajo humano no están: ni son azotados con los hombres. Por tanto soberbia los corona: cúbrense de vestido de violencia. Sus ojos están salidos de gruesos: pasan los pensamientos de su corazón. Soltáronse, y hablan con maldad de hacer violencia: hablan de lo alto. Ponen en el cielo su boca: y su lengua pasea la tierra. Por tanto su pueblo volverá aquí, que aguas en abundancia les son exprimidas. Y dirán: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y, si hay conocimiento en lo alto? He aquí, estos impíos, y quietos del mundo alcanzaron riquezas: Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón: y he lavado mis manos en limpieza; Y he sido azotado todo el día: y castigado por las mañanas. Si decía: Contarlo he así: he aquí, habré negado la nación de tus hijos. Pensaré pues para saber esto: es trabajo en mis ojos. ¶ Hasta que venga al santuario de Dios; entonces entenderé la postrimería de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos: hacerlos has caer en asolamientos. ¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! Acabáronse: fenecieron con turbaciones. Como sueño de el que despierta. Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias. Ciertamente mi corazón se acedó: y en mis riñones sentía punzadas. Mas yo era ignorante, y no entendía; era una bestia acerca de ti. Aunque yo siempre estaba contigo: y así echaste mano a mi mano derecha: Guiásteme en tu consejo: y después me recibirás con gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos? Y contigo nada quiero en la tierra. Desmáyase mi carne y mi corazón, ¡o roca de mi corazón! que mi porción es Dios para siempre. Porque, he aquí, los que se alejan de ti, perecerán: tú cortas a todo aquel que rompe tu pacto. Y yo, el acercarme a Dios, me es el bien: he puesto en el Señor Jehová mi esperanza, para contar todas tus obras.
Salmo responsorial
Su cimiento es en montes de santidad. Ama Jehová las puertas de Sión, más que todas las moradas de Jacob. Cosas ilustres son dichas de ti, ciudad de Dios. Selah. Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia, entre los que me conocen: he aquí Palestina, y Tiro, con Etiopía: este nació allá. Y de Sión se dirá: Este, y aquel es nacido en ella: y el mismo Altísimo la fortificará. Jehová contará, cuando se escribieren los pueblos: Este nació allí. Selah. Y cantores con músicos de flautas: todas mis fuentes estarán en ti.
Salmo responsorial
Señor, tú nos has sido refugio en generación y generación. Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo, y desde el siglo, y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado; y dices: Convertíos, hijos del hombre. Porque mil años delante de tus ojos, son como el día de ayer, que pasó, y como la vela de la noche. Háceslos pasar como avenida de aguas: son como sueño: a la mañana pasará como la yerba; Que a la mañana florece, y crece: a la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos: y con tu ira somos conturbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti: nuestros yerros a la lumbre de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira: acabamos nuestros años, como la palabra. Los días de nuestra edad son setenta años: y los de los más valientes, ochenta años: y su fortaleza es molestia, y trabajo: porque es cortado presto, y volamos. ¿Quién conoce la fortaleza de tu ira? que tu ira es como tu temor. Para contar nuestros días háznos saber así: y traeremos al corazón sabiduría. Vuélvete a nosotros o! Jehová: ¿hasta cuándo? y aplácate para con tus siervos. Hártanos de mañana de tu misericordia: y cantaremos, y alegrarnos hemos todos nuestros días. Alégranos como en los días que nos afligiste: como en los años que vimos mal. Parezca en tus siervos tu obra; y tu gloria sobre sus hijos. Y sea la hermosura de Jehová nuestro Dios sobre nosotros: y haz permanecer sobre nosotros la obra de nuestras manos: la obra de nuestras manos confirma.
Salmo responsorial
Ensalzarte he, mi Dios y Rey; y bendeciré a tu nombre por el siglo y para siempre. Cada día te bendeciré; y alabaré tu nombre por el siglo y para siempre. Grande es Jehová, y digno de alabanza en gran manera; y su grandeza no puede ser comprendida. Generación a generación enarrará tus obras; y anunciarán tus valentías. La hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos hablaré. Y la terribilidad de tus valentías dirán; y tu grandeza recontaré. La memoria de la muchedumbre de tu bondad rebosarán; y tu justicia cantarán. Clemente y misericordioso es Jehová: luengo de iras, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos; y sus misericordias, sobre todas sus obras. Alábente, o! Jehová, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan. La gloria de tu reino digan; y hablen de tu fortaleza: Para notificar a los hijos de Adam sus valentías; y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos; y tu señorío en toda generación y generación. Sostiene Jehová a todos los que caen; y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todas las cosas esperan a ti; y tú les das su comida en su tiempo. Abres tu mano, y hartas de voluntad a todo viviente. Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está Jehová a todos los que le invocan: a todos los que le invocan con verdad. La voluntad de los que le temen, hará; y su clamor oirá, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman; y a todos los impíos destruirá. La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo nombre, por el siglo y para siempre.
Segunda lectura
Por tanto, si hay en vosotros alguna consolación en Cristo, si algún refrigerio de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algunas entrañas y conmiseraciones, Cumplíd mi gozo en que penséis lo mismo, teniendo un mismo amor, siendo unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda, o por vana gloria; antes en humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos a los otros, No mirando cada uno a lo que es suyo, mas también a lo que es de los otros. Haya en vosotros los mismos sentimientos que hubo también en Cristo Jesús: El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios; Mas se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres; Y hallado en su condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por lo cual Dios también le ensalzó soberanamente, y le dio nombre que es sobre todo nombre; Para que al nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble; Y que toda lengua confiese, que Jesu Cristo es Señor para la gloria de Dios el Padre.
Segunda lectura
Y fue palabra de Jehová segunda vez a Jonás, diciendo: Levántate, y vé a Nínive aquella gran ciudad, y pregona en ella el pregón que yo te diré. Y levantóse Jonás, y fue a Nínive, conforme a la palabra de Jehová. Y Nínive era ciudad grande en gran manera, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad camino de un día, y pregonaba, diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida. Y los varones de Nínive creyeron a Dios; y pregonaron ayuno, y vistiéronse de sacos, desde el mayor de ellos hasta el menor de ellos. Y llegó el negocio hasta el rey de Nínive, y levantóse de su trono, y echó de sí su vestido, y cubrióse de saco, y asentóse sobre ceniza. E hizo pregonar, y decir: En Nínive, por mandado del rey, y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa, ni se les dé pasto, ni beban agua. Y los hombres, y los animales se cubran de sacos, y clamen a Dios fuertemente; y cada uno se convierta de su mal camino, de la rapiña que está en sus manos. ¿Quién sabe si se convertirá, y se arrepentirá Dios; y se convertirá del furor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, porque se convirtieron de su mal camino; y arrepintióse del mal que había dicho que les había de hacer, y no lo hizo.
Segunda lectura
Por lo cual hermanos, santos, participantes de la vocación celestial, considerád el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión Cristo Jesús, El cual fue fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda su casa. Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó. Porque toda casa es edificada por alguno; mas el que creó todas las cosas, es Dios. Y Moisés a la verdad fue fiel en toda su casa, como criado; empero para testificar aquellas cosas que después se habían de denunciar; Mas Cristo, como hijo sobre su propia casa, la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retenemos firme la confianza y la alegría de la esperanza. Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz; No endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres: me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me indigné con aquella generación, y dije: Perpetuamente yerran de corazón, y ni ellos han conocido mis caminos; Así que juré en mi ira, Si entrarán en mi reposo. Estád alerta, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón maleado de incredulidad para apartarse del Dios vivo; Antes exhortáos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque participantes de Cristo somos hechos, si empero retenemos firme hasta el cabo el principio de la confianza. Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos, habiendo oído, provocaron; aunque no todos los que salieron de Egipto por medio de Moisés. Mas, ¿con quiénes estuvo indignado cuarenta años? ¿no fue con aquellos que pecaron, cuyos miembros cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que no creyeron? Así vemos que no pudieron entrar a causa de la incredulidad.
Oración vespertina — primera lectura
Y la hambre era grande en la tierra. Y aconteció que como acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, díjoles su padre: Volvéd, comprád para nosotros un poco de alimento. Y respondióle Judá, diciendo: Protestando nos protestó aquel varón, diciendo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. Si enviares nuestro hermano con nosotros, descenderemos, y comprarte hemos alimento. Y si no le enviares, no descenderemos; porque aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro sin vuestro hermano con vosotros. Y dijo Israel: ¿Por qué me hicisteis mal declarando al varón, que teníais más hermano? Y ellos respondieron: Preguntando nos preguntó aquel varón por nosotros, y por nuestra parentela, diciendo: ¿Vive aun vuestro padre? ¿Tenéis más hermano? Y declarámosle conforme a estas palabras: ¿Podíamos nosotros saber que había de decir: Hacéd venir a vuestro hermano? Entonces Judá dijo a Israel su padre: Envía al mozo conmigo, y levantarnos hemos, e iremos, porque vivamos y no muramos nosotros: y tú, y nuestros niños. Yo salgo por fiador, de mi mano le requerirás: si yo no te le volviere, y le pusiere delante de ti, cargue yo con la culpa para siempre. Que si no nos hubiéramos detenido, cierto ahora hubiéramos ya vuelto dos veces. Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacédlo: tomád de lo mejor de la tierra en vuestros vasos, y llevád a aquel varón un presente, un poco de resina, y un poco de miel, especias, y almáciga, piñones, y almendras. Y tomád en vuestras manos doblado dinero; y llevád en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales, quizá fue yerro. Y tomád vuestro hermano, y levantáos, y volvéd a aquel varón. Y el Dios omnipotente os dé misericordias delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Ben-jamín: y yo como deshijado, deshijado. Entonces aquellos varones tomaron el presente, y tomaron en su mano doblado dinero, y a Ben-jamín; y levantáronse y descendieron a Egipto, y presentáronse delante de José. ¶ Y José vio con ellos a Ben-jamín, y dijo al que presidía en su casa: Mete aquellos varones en casa, y degüella víctima, y apareja; porque estos varones comerán conmigo al mediodía. Y el varón hizo como José dijo, y metió aquel varón a los hombres en casa de José. Y aquellos hombres tuvieron temor, cuando fueron metidos en casa de José, y decían: Por el dinero que fue vuelto en nuestros costales la primera vez nos han metido, para revolver sobre nosotros, y dar sobre nosotros, y tomarnos por siervos a nosotros, y a nuestros asnos. Y llegáronse a aquel varón, que presidía en casa de José, y habláronle a la entrada de la casa, Y dijeron: Ay, señor mío, nosotros descendimos al principio a comprar alimentos: Y aconteció que como venímos al mesón, y abrímos nuestros costales, he aquí que el dinero de cada uno estaba en la boca de su costal, nuestro dinero por su peso: y hémoslo vuelto en nuestras manos. Y hemos traído en nuestras manos otro dinero para comprar alimentos: nosotros no sabemos quien haya puesto nuestro dinero en nuestros costales. Y él respondió: Paz a vosotros; no temáis: vuestro Dios, y el Dios de vuestro padre, os dio el tesoro en vuestros costales: vuestro dinero vino a mí. Y sacó a Simeón a ellos. Y metió aquel varón a aquellos hombres en casa de José: y dio agua; y lavaron sus pies, y dio de comer a sus asnos. Y ellos apercibieron el presente entre tanto que venía José, al mediodía, porque habían oído que allí habían de comer pan. Y vino José a casa; y ellos trajeron a casa el presente que tenían en su mano, e inclináronse a él hasta tierra. Entonces él les preguntó como estaban, y dijo: ¿Vuestro padre, el viejo que dijisteis, vale bien? ¿es aun vivo? Y ellos respondieron: Bien va a tu siervo nuestro padre; aun vive. E inclináronse, e hicieron reverencia. Y alzando él sus ojos vio a Ben-jamín su hermano, hijo de su madre, y dijo: ¿Es este vuestro hermano menor, de quien me dijisteis? Y dijo: Dios haya misericordia de ti, hijo mío. Entonces José se apresuró, que se encendieron sus entrañas sobre su hermano, y procuró de llorar: y entróse en la cámara, y lloró allí. ¶ Y lavó su rostro, y salió y esforzóse, y dijo: Ponéd pan. Y pusiéronle a él a parte, y a ellos a parte, y a los Egipcios que comían con él, a parte; porque los Egipcios no pueden comer con los Hebreos pan, que es abominación a los Egipcios. Y asentáronse delante de él el mayor conforme a su mayoría, y el menor conforme a su menoría: y aquellos hombres estaban espantados el uno al otro. Y él tomó presentes de delante de sí para ellos: y el presente de Ben-jamín fue aumentado más que los presentes de todos ellos en cinco partes. Y ellos bebieron, y alegráronse con él.
Segunda lectura
Estád, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos libertó; y no volváis otra vez a sujetaros bajo el yugo de servidumbre. He aquí, yo Pablo os digo: Que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada. Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley. Cristo se ha hecho para vosotros inútil, los que pretendéis ser justificados por la ley; de la gracia habéis caído. Mas nosotros, por el Espíritu, aguardamos la esperanza de justicia por la fe. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por el amor. Corríais bien: ¿quién os impidió para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no es de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa pensaréis; mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea. Mas yo, hermanos, si aun predico la circuncisión, ¿por qué, pues, padezco persecución? Luego cesado ha la ofensa de la cruz. Ojalá fuesen aun cortados los que os alborotan. Porque vosotros, hermanos, habéis sido llamados a libertad; solamente que no pongáis la libertad por ocasión a la carne, sino que os sirváis por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en una palabra se cumple, a saber, en esta: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo. Mas si los unos a los otros os mordéis, y os coméis, mirád que no seáis consumidos los unos por los otros. Digo, pues: Andád en el Espíritu; y no cumpliréis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contrario al deseo del Espíritu, y el deseo del Espíritu es contrario al deseo de la carne; y estas cosas se oponen la una a la otra, de manera que no podáis hacer lo que quisiereis. Mas si sois guiados del Espíritu, no estáis debajo de la ley. Manifiestas son empero las obras de la carne, que son estas: Adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, Idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, zelos, iras, contiendas, disensiones, herejías, Envidias, homicidios, embriagueces, banqueterías, y cosas semejantes a estas: de las cuales os denuncio, como también os he denunciado ya, que los que hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es: Amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: contra tales cosas, no hay ley. Y los que son de Cristo, ya crucificaron la carne con sus afectos y concupiscencias. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiosos los unos de los otros.
Evangelio
¶ Y el día siguiente, como salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera, que tenía hojas, vino a ver si quizá hallaría en ella algo, y como vino a ella, nada halló sino hojas; porque aun no era tiempo de higos. Entonces Jesús respondiendo, dijo a la higuera: Nunca más nadie coma de ti fruto para siempre. Y esto lo oyeron sus discípulos. Vienen pues a Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas. Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito, que mi casa, casa de oración será llamada de todas las naciones? mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y oyéronlo los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban como le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto toda la multitud estaba fuera de sí por su doctrina. Mas como fue tarde, Jesús salió de la ciudad. Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí, la higuera que maldijiste se ha secado. Y respondiendo Jesús, les dice: Tenéd fe de Dios. Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate, y échate en la mar; y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiereis, creéd que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estuviereis orando, perdonád, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos, os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos, os perdonará vuestras ofensas.
Evangelio
En el principio ya era el Verbo; y el Verbo era con Dios, y Dios era el Verbo. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por éste fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; y las tinieblas no la comprendieron. ¶ Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que por él todos creyesen. El no era la Luz; mas fue enviado para que diese testimonio de la Luz. Aquella Palabra era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre, que viene en este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció. A lo suyo vino; y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, dióles poder de ser hechos hijos de Dios, esto es, a los que creen en su nombre: Los cuales no son engendrados de sangres, ni de voluntad de la carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios. Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. ¶ Juan dio testimonio de él, y clamó, diciendo: Este es del que yo decía: El que viene en pos de mí, es mayor que yo; porque es primero que yo. Y de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia. ¶ Porque la ley por Moisés fue dada; mas la gracia y la verdad por Jesu Cristo vinieron. A Dios nadie le vio jamás: el unigénito hijo que está en el seno del Padre, él nos le declaró. ¶ Y éste es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? Y confesó, y no negó; mas confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. Dijéronle pues: ¿Quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezád el camino del Señor, como dijo Isaías profeta. Y los que habían sido enviados eran de los Fariseos. Y preguntáronle, y le dijeron: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno, a quien vosotros no conocéis: Este es el que ha de venir en pos de mí, el cual es mayor que yo, del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato. Estas cosas fueron hechas en Betabara de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba. ¶ El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es del que dije: Tras mí viene un varón, el cual es mayor que yo; porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua. Y Juan dio testimonio, diciendo: Ví al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él. Y yo no le conocía; mas el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre aquel que vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo ví, y he dado testimonio, que éste es el Hijo de Dios. ¶ El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron a Jesús. Y volviéndose Jesús, y viéndoles seguirle, díceles: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabbi, (que interpretado, quiere decir, Maestro,) ¿dónde moras? Díceles: Veníd, y ved. Vinieron, y vieron donde moraba; y quedáronse con él aquel día; porque era como la hora décima. Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído hablar a Juan, y le habían seguido. Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías, que interpretado es, el Cristo. Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Céfas, que quiere decir, Piedra. El día siguiente quiso Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe; y le dice: Sígueme. Y era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe halló a Natanael, y le dice: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José. Y le dijo Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven, y ve. Jesús vio venir a sí a Natanael, y dijo de él: He aquí un verdaderamente Israelita, en el cual no hay engaño. Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondióle Jesús, y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te ví. Respondió Natanael, y le dijo: Rabbi, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús, y le dijo: ¿Porque te dije: Víte debajo de la higuera, crees? cosas mayores que estas verás. Y le dice: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.
Evangelio
Y viendo Jesús las multitudes, subió a un monte; y sentándose él, se llegaron a él sus discípulos. Y abriendo él su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los tristes; porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia; porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Regocijáos y alegráos; porque vuestro galardón es grande en los cielos; que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. ¶ Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? no vale más para nada; sino que sea echada fuera, y sea hollada de los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder. Ni se enciende la luz, y se pone debajo de un almud, sino en el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así pues alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. ¶ No penséis que he venido para invalidar la ley, o los profetas: no he venido para invalidarlos, sino para cumplirlos. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, sin que todas las cosas sean cumplidas. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere, y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque yo os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, estará expuesto a juicio. Yo pues os digo, que cualquiera que se enojare sin razón con su hermano, estará expuesto a juicio; y cualquiera que dijere a su hermano: Raca, estará expuesto al concilio; y cualquiera que a su hermano dijere: Insensato, estará expuesto al fuego del infierno. Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente. Pónte de acuerdo con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al ministro; y seas echado en prisión. De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer cornado. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio: Yo pues os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácale, y échale de ti; que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. ¶ También fue dicho: Cualquiera que despidiere a su mujer, déle carta de divorcio. Mas yo os digo, que el que despidiere a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la despedida, comete adulterio. ¶ También oísteis que fue dicho a los antiguos: No te perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Yo pues os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo; y diente por diente: Mas yo os digo: que no resistáis al mal: antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quisiere ponerte a pleito, y tomarte tu ropa, déjale también la capa. Y a cualquiera que te forzare a ir una milla, ve con él dos. Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses. ¶ Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo; y aborrecerás a tu enemigo. Yo pues os digo: Amád a vuestros enemigos: bendecíd a los que os maldicen: hacéd bien a los que os aborrecen, y orád por los que os calumnian y os persiguen; Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos e injustos. Porque si amareis a los que os aman, ¿qué galardón tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos? Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Evangelio
Y llamando a la multitud con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, éste la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

