Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
En el año veinte y cinco de nuestro cautiverio, al principio del año, a los diez del mes, a los catorce años después que la ciudad fue herida, en aquel mismo día, fue sobre mí la mano de Jehová, y llevóme allá. En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y púsome sobre un monte muy alto, sobre el cual estaba como edificio de una ciudad al mediodía. Y llevóme allí, y he aquí un varón cuyo aspecto era como aspecto de metal, y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir; el cual estaba a la puerta. Y aquel varón me habló: Hijo del hombre, mira de tus ojos, y oye de tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque para que yo te mostrase eres traído aquí: cuenta todo lo que ves a la casa de Israel. ¶ Y he aquí un muro fuera de la casa al derredor; y la caña de medir que aquel varón tenía en la mano era de seis codos, de a codo y palmo; y midió la anchura del edificio de una caña, y la altura de otra caña. Y vino a la puerta, la haz de la cual era hacia el oriente, y subió por sus gradas, y midió el un poste de la puerta de una caña en anchura, y el otro poste de otra caña en anchura. Y cada cámara, de una caña en longitud, y de otra caña en anchura; y entre las cámaras dejó cinco codos en anchura; y cada poste de la puerta junto a la entrada de la puerta por de dentro, una caña. Y midió la entrada de la puerta por de dentro, de una caña. Y midió la entrada del portal de ocho codos, y sus postes de dos codos, y la entrada del portal por de dentro. Y la puerta de hacia el oriente tenía tres cámaras de cada parte, todas tres de una medida; y los portales de cada parte de una medida. Y midió la anchura de la entrada del portal de la puerta de diez codos: la longitud del portal de trece codos. Y el espacio de delante de las cámaras, de un codo de la una parte, y de otro codo de la otra; y cada cámara tenía seis codos de una parte, y seis codos de otra. Y midió la puerta desde la techumbre de la una cámara hasta su techumbre, de anchura de veinte y cinco codos puerta contra puerta. E hizo los portales de sesenta codos, cada portal del patio, y del portal todo al derredor. Y desde la delantera de la puerta de la entrada hasta la delantera de la entrada de la puerta de dentro, cincuenta codos. Y había ventanas estrechas en las cámaras, y en sus portales por de dentro de la puerta al derredor, y asimismo en los arcos; y las ventanas estaban al derredor por de dentro, y en cada poste estaban esculpidas palmas. ¶ Y llevóme al patio de afuera, y he aquí cámaras, y solado hecho al patio todo en derredor; treinta cámaras había en aquel patio. Y estaba solado al lado de las puertas delante de la longitud de los portales solado abajo. Y midió la anchura desde la delantera de la puerta de abajo, hasta la delantera del patio de dentro por de fuera, de cien codos hacia el oriente y el norte. Y de la puerta que estaba hacia el norte en el patio de afuera, midió su longitud y su anchura. Y sus cámaras, tres de una parte, y tres de otra, y sus postes, y sus arcos eran como la medida de la puerta primera, cincuenta codos su longitud, y su anchura de veinte y cinco codos. Y sus ventanas, y sus arcos, y sus palmas eran conforme a la medida de la puerta que estaba hacia el oriente; y subían a ella por siete gradas, y sus arcos delante de ellas. Y la una puerta del patio de adentro estaba en frente de la otra puerta al norte, y al oriente; y midió de puerta a puerta cien codos. Y llevóme hacia el mediodía, y he aquí una puerta hacia el mediodía; y midió sus portales y sus arcos conforme a estas medidas dichas. Y tenía sus ventanas, y sus arcos al derredor, como las ventanas ya dichas: la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinte y cinco codos. Y sus gradas eran siete gradas, y sus arcos delante de ellas; y tenía palmas, una de una parte, y otra en sus postes. Y tal era la puerta de hacia el mediodía, del patio de dentro; y midió de puerta a puerta hacia el mediodía cien codos. ¶ Y metióme en el patio de más adentro a la puerta del mediodía; y midió la puerta del mediodía conforme a estas medidas dichas: Y sus cámaras, y sus postes, y sus arcos eran conforme a estas medidas dichas; y tenía sus ventanas, y sus arcos al derredor: la longitud era de cincuenta codos, y la anchura de veinte y cinco codos. Y tenía arcos al derredor de longitud de veinte y cinco codos, y la anchura de cinco codos. Y sus arcos afuera al patio, y palmas a cada uno de sus postes; y sus gradas eran ocho gradas. Y llevóme al patio adentro hacia el oriente, y midió la puerta conforme a estas medidas dichas. Y sus cámaras, y sus postes, y sus arcos conforme a estas medidas dichas; y tenía sus ventanas, y sus arcos al derredor: la longitud de cincuenta codos, y la anchura de veinte y cinco codos. Y sus arcos afuera al patio, y palmas a cada uno de sus postes de una parte y de otra; y sus gradas eran ocho gradas. Y llevóme a la puerta del norte, y midió conforme a estas medidas dichas. Sus cámaras, y sus postes, y sus arcos, y sus ventanas al derredor: la longitud de cincuenta codos, y la anchura de veinte y cinco codos. Y sus postes afuera al patio, y palmas a cada uno de sus postes de una parte y de otra; y sus gradas eran ocho gradas. Y había allí una cámara, y su puerta con postes de portales: allí lavarán el holocausto. Y en la entrada de la puerta había dos mesas de la una parte, y otras dos de la otra, para degollar sobre ellas el holocausto, y la expiación, y el pecado. Y al lado por de fuera de las gradas, a la entrada de la puerta del norte había dos mesas; y al otro lado que estaba a la entrada de la puerta otras dos mesas: Cuatro mesas de la una parte, y otras cuatro mesas de la otra parte: había a cada lado de esta puerta ocho mesas, sobre las cuales degollarán. Y las cuatro de estas mesas para el holocausto eran de piedras labradas, de longitud de un codo y medio, y de anchura de otro codo y medio, y de altura de un codo: sobre estas pondrán las herramientas con que degollarán el holocausto y el sacrificio. Y había ganchos de un palmo aparejados de dentro todo al derredor; y sobre las mesas la carne de la ofrenda. Y de fuera de la puerta de la parte de adentro, en el patio de adentro a la parte que estaba al lado de la puerta del norte, estaban las cámaras de los cantores, las cuales miraban hacia el mediodía: una estaba al lado de la puerta del oriente que miraba hacia el norte. Y díjome: Esta cámara que mira hacia el mediodía será de los sacerdotes que tienen la guarda del templo. Y la cámara que mira hacia el norte será de los sacerdotes que tienen la guarda del altar: estos son los hijos de Sadoc, los cuales son llamados de los hijos de Leví al Señor, para ministrarle. Y midió el patio, la longitud de cien codos, y la anchura de otros cien codos, cuadrado: y había un altar delante del templo. ¶ Y llevóme a la entrada del templo, y midió cada poste de la entrada, cinco codos de una parte, y cinco codos de otra; y la anchura de la puerta tres codos de una parte, y tres codos de otra. La longitud de la portada veinte codos, y la anchura once codos, a la cual subían por gradas; y había columnas junto a los postes, una de una parte, y otra de otra.
Primera lectura
Y díjome Jehová: Tómate un gran volumen, y escribe en él en estilo vulgar: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Y junté conmigo por testigos fieles a Urías sacerdote, y a Zacarías, hijo de Jebaraquías. Y juntéme con la profetisa, la cual concibió, y parió un hijo. Y díjome Jehová: Pónle por nombre: dáte priesa al despojo, apresúrate a la presa. Porque antes que el niño sepa decir, padre mío, y madre mía, será quitada la fuerza de Damasco, y los despojos de Samaria serán en la presencia del rey de Asiria. ¶ Otra vez me tornó Jehová a hablar, diciendo: Porque desechó este pueblo las aguas de Siloé que corren mansamente, y con Rezín, y con el hijo de Romelías se holgó: Por tanto he aquí que el Señor hace subir sobre ellos aguas de río impetuosas y muchas, es a saber, al rey de Asiria, y a toda su gloria; el cual subirá sobre todos sus ríos, y pasará sobre todas sus riberas. Y pasando hasta Judá, pasará, y sobrepujará, y llegará hasta la garganta; y extendiendo sus alas henchirá la anchura de tu tierra, o! Emmanuel. Juntáos, pueblos, y seréis quebrantados: oíd todos los que sois de tierras lejanas, ponéos a punto, y seréis quebrantados: ponéos a punto, y seréis quebrantados. Acordád consejo, y deshacerse ha: hablád palabra, y no será firme; porque Dios con nosotros. ¶ Porque Jehová me dijo de esta manera, y apretándome la mano me enseñó, que no caminase por el camino de este pueblo, diciendo: No digáis: Conjuración, a todas las cosas a que este pueblo dice: Conjuración; ni temáis su temor, ni le tengáis miedo. A Jehová de los ejércitos, a él santificád; él sea vuestro temor, y él sea vuestro miedo.
Primera lectura
Jericó empero estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba, ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó, y a su rey con sus varones de guerra. Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra yendo al derredor de la ciudad una vez al día: y esto haréis seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca: y al séptimo día dareis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando tocaren luengamente el cuerno de carnero, como oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí. Y llamando Josué hijo de Nun los sacerdotes, díjoles: Llevád el arca del concierto: y siete sacerdotes lleven siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová. Y dijo al pueblo: Pasád, y cercád la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová. Y luego que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del concierto de Jehová los seguía. Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la congregación iba de tras del arca andando y tocando bocinas. Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga; Gritád: entonces daréis grita. El arca pues de Jehová dio una vuelta al derredor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche. Y Josué se levantó de mañana; y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová: Y los otros siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas: y los armados iban delante de ellos, y la congregación iba detrás del arca de Jehová: andando y tocando las bocinas. Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis días. Y al séptimo día, levantáronse cuando el alba subía, y dieron vuelta a la ciudad de esta manera siete veces: este día solamente dieron vuelta al rededor de ella siete veces. Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita; porque Jehová os ha entregado la ciudad. Mas la ciudad será anatema a Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Raab la ramera con todos los que estuvieren en casa con ella, vivirá, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos. Mas vosotros guardáos del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro sea consagrado a Jehová, y venga al tesoro de Jehová. Entonces el pueblo dio grita, y tocaron bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, el pueblo dio grita con muy gran vocerío, y el muro cayó debajo de sí: y el pueblo subió a la ciudad cada uno delante de sí: y tomáronla.
Primera lectura
Ahora pues, oh Israel, oye los estatutos, y derechos que yo os enseño para que hagáis, y viváis, y entréis, y heredéis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres te da. No añadiréis a la palabra, que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios, que yo os mando. Vuestros ojos vieron lo que hizo Jehová por Baal-pehor: que a todo hombre que fue en pos de Baal-pehor destruyó Jehová tu Dios de en medio de ti: Mas vosotros, que os llegasteis a Jehová vuestro Dios, todos estáis vivos hoy. Mirád, yo os he enseñado estatutos y derechos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para heredarla. Guardád pues, y hacéd: porque esta es vuestra sabiduría, y vuestra inteligencia en ojos de los pueblos, que oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gente grande es esta. Porque ¿qué gente hay grande, que tenga los dioses cercanos a sí, como Jehová nuestro Dios en todas las cosas por las cuales le llamamos? Y ¿qué gente hay grande, que tenga estatutos y derechos justos, como es toda esta ley, que yo doy delante de vosotros hoy? ¶ Por tanto guárdate, y guarda tu alma con diligencia, que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida: y enseñarlas has a tus hijos, y a los hijos de tus hijos. El día que estuviste delante de Jehová tu Dios en Horeb, cuando Jehová me dijo: Júntame el pueblo, para que yo les haga oír mis palabras, las cuales aprenderán para temerme todos los días que vivieren sobre la tierra, y enseñarán a sus hijos. Y os llegasteis, y os pusisteis al pie del monte, y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos, tinieblas, nube, y oscuridad. Y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; la voz de sus palabras oísteis, mas figura ninguna visteis más de la voz. Y él os denunció su concierto, el cual os mandó que hicieseis, las diez palabras, y escribiólas en dos tablas de piedra. A mí también me mandó Jehová entonces, que os enseñase los estatutos y derechos, para que los hicieseis en la tierra, a la cual pasáis, para poseerla. ¶ Guardád pues mucho vuestras almas; porque ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros en Horeb de en medio del fuego; Que no corrompáis, y hagáis para vosotros escultura, imagen de alguna semejanza, figura de macho o de hembra: Figura de ningún animal, que sea en la tierra, figura de ningún ave de alas que vuele por el aire, Figura de ningún animal que vaya arrastrando por la tierra, figura de ningún pez que esté en el agua debajo de la tierra. Y porque no alces tus ojos al cielo, y veas el sol, y la luna, y las estrellas, y todo el ejército del cielo, y seas impelido, y te inclines a ellos, y les sirvas, porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Empero a vosotros Jehová os tomó, y os sacó del horno de hierro, de Egipto, para que seáis a él por pueblo de heredad, como parece en este día. Y Jehová se enojó contra mí sobre vuestros negocios, y juró que yo no pasaría el Jordán, ni entraría en la buena tierra, que Jehová tu Dios te da por heredad. Por lo cual yo muero en esta tierra, y no paso el Jordán: mas vosotros pasaréis, y heredaréis esta buena tierra. Guardáos no os olvidéis del concierto de Jehová vuestro Dios, que él concertó con vosotros, y os hagáis escultura, imagen de cualquier cosa, como Jehová tu Dios te ha mandado. Porque Jehová tu Dios es fuego que consume, Dios zeloso. ¶ Cuando hubiereis engendrado hijos y nietos, y hubiereis envejecido en aquella tierra, y corrompiereis, e hiciereis escultura, imagen de cualquier cosa, e hiciereis mal en ojos de Jehová vuestro Dios para enojarle, Yo pongo hoy por testigos al cielo y a la tierra, que pereciendo pereceréis presto de la tierra a la cual pasáis el Jordán para heredarla: no estaréis en ella largos días, que no seáis destruidos. Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos hombres en número entre las gentes a las cuales Jehová os llevará. Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombre, a madera, y a piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, hallarle has: si le buscares de todo tu corazón, y de toda tu alma. Cuando estuvieres en angustia, y te hallaren todas estas cosas, si a la postre te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz, Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios, no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del concierto de tus padres, que les juró. ¶ Porque pregunta ahora de los tiempos antiguos, que han sido antes de ti, desde el día que creó Dios al hombre sobre la tierra, y desde el un cabo del cielo al otro, ¿si se ha hecho cosa semejante a esta gran cosa, o se haya oído otra como ella? ¿Ha oído pueblo alguno la voz de Dios, que hablase de en medio del fuego, y ha vivido, como tú la oíste? O ¿ha probado Dios a venir a tomar para sí gente de en medio de otra gente con pruebas, con señales, con milagros, y con guerra, y mano fuerte, y brazo extendido, y espantos grandes, como todas las cosas que hizo con vosotros Jehová vuestro Dios en Egipto a tus ojos? A ti te fue mostrado, para que supieses, que Jehová él es Dios, no hay más fuera de él. De los cielos te hizo oír su voz, para enseñarte, y sobre la tierra te mostró su gran fuego, y sus palabras has oído de en medio del fuego. Y por cuanto él amó a tus padres, escogió su simiente después de ellos, y te sacó delante de sí de Egipto con su gran poder: Para echar de delante de ti gentes grandes, y más fuertes que tú, y para meterte a ti, y darte su tierra por heredad, como parece hoy. Aprende pues hoy, y reduce a tu corazón que Jehová él es el Dios arriba en el cielo, y abajo sobre la tierra, no hay otro. Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, que yo te mando hoy, para que hayas bien tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días sobre la tierra, que Jehová tu Dios te da todo el tiempo. ¶ Entonces apartó Moisés tres ciudades de esta parte del Jordán al nacimiento del sol, Para que huyese allí el homicida, que matase a su prójimo por yerro, que no hubiese tenido enemistad con él desde ayer ni desde anteayer; que huyese a una de estas ciudades, y viviese. A Bosor en el desierto en tierra de la campaña, de los Rubenitas; y a Ramot en Galaad, de los Gaditas; y a Golam en Basán, de los de Manasés. ¶ Esta pues es la ley que Moisés propuso delante de los hijos de Israel. Estos son los testimonios, y los estatutos, y los derechos que Moisés dijo a los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto: De esta parte del Jordán en el valle, delante de Bet-pehor en la tierra de Sejón rey de los Amorreos, que habitaba en Jesebón, al cual hirió Moisés y los hijos de Israel, cuando hubieron salido de Egipto. Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán, dos reyes de los Amorreos, que estaban de esta parte del Jordán al nacimiento del sol: Desde Aroer, que estaba junto a la ribera del arroyo de Arnón hasta el monte de Sión, que es Hermón. Y toda la campaña de esta parte del Jordán al oriente hasta la mar de la campaña, las vertientes de las aguas abajo del Fasga.
Epístola
Y partiéndose vino al varón de Dios al monte del Carmelo, y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He allí la Sunamita. Yo te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y díle: ¿Tienes paz, y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz. Y ella vino al varón de Dios en el monte, y asió de sus pies, y llegó Giezi para quitarla: mas el varón de Dios le dijo: Déjala; porque su alma está en amargura, y Jehová me lo ha encubierto, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo, que no burlases de mi? Entonces él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi bordón en tu mano, y vé, y si alguno te encontrare, no le saludes, y si alguno te saludare, no le respondas. Y pondrás mi bordón sobre el rostro del niño. Entonces dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. Él entonces se levantó, y siguióla. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el bordón sobre el rostro del niño, mas ni tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y declaróselo, diciendo: El mozo no despierta. Y venido Eliseo a la casa, he aquí el niño que estaba tendido muerto sobre su cama. Y entrando él, cerró la puerta sobre ambos, y oró a Jehová. Y subió, y echóse sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre los ojos de él, y sus manos sobre las manos de él: y así se tendió sobre él, y la carne del mozo se calentó. Y volviendo paseóse por casa a una parte y a otra, y después subió, y tendióse sobre él, y el mozo estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces él llamó a Giezi, y díjole: Llama a esta Sunamita. Y él la llamó: y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y ella entró, y echóse a sus pies, e inclinóse a tierra, y tomó su hijo, y se salió. ¶ Y volvióse Eliseo a Gálgala. Y hubo grande hambre en la tierra. Entonces los hijos de los profetas estaban con él: y dijo a su criado: Pon una grande olla, y haz potaje para los hijos de los profetas.
Salmo responsorial
Cantád a Jehová canción nueva: su alabanza sea en la congregación de los misericordiosos. Alégrese Israel con su hacedor: los hijos de Sión se regocijen con su Rey. Alaben su nombre con corro: con adufe y arpa canten a él. Porque Jehová toma contentamiento con su pueblo: hermoseará a los humildes con salud. Regocijarse han los piadosos con gloria: cantarán sobre sus camas. Ensalzamientos de Dios estarán en sus gargantas; y espadas de dos filos en sus manos: Para hacer venganza de los Gentiles: castigos en los pueblos. Para aprisionar a sus reyes en grillos; y a sus nobles en cadenas de hierro. Para hacer en ellos el juicio escrito: esta será la gloria de todos sus piadosos. Alelu-Jah.
Salmo responsorial
Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente: en generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia en los cielos: en ellos afirmarás tu verdad. Hice alianza con mi escogido: juré a David mi siervo; Para siempre confirmaré tu simiente: y edificaré de generación en generación tu trono. Selah. Y celebrarán los cielos tu maravilla, o! Jehová: tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los dioses? Dios terrible en la grande congregación de los santos, y formidable sobre todos sus al rededores. Jehová Dios de los ejércitos, ¿quién como tú, fuerte-Jehová; y tu verdad al rededor de ti? Tú dominas sobre la soberbia de la mar: cuando se levantan sus ondas, tú las haces sosegar. Tú quebrantaste como muerto a Egipto; con el brazo de tu fortaleza esparciste a tus enemigos. Tuyos los cielos, tuya también la tierra: el mundo y su plenitud tú lo fundaste: Al aquilón y al austro tú los creaste: Tabor y Hermón en tu nombre cantarán. Tuyo es el brazo con la valentía: fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra. Justicia y juicio es la compostura de tu trono: misericordia y verdad van delante de tu rostro. Bienaventurado el pueblo que sabe cantarte alegremente: Jehová, a la luz de tu rostro andarán: En tu nombre se alegrarán todo el día: y en tu justicia se ensalzarán: Porque tú eres la gloria de su fortaleza; y por tu buena voluntad ensalzarás nuestro cuerno. Porque Jehová es nuestro escudo: y nuestro Rey es el Santo de Israel. Entonces hablaste en visión a tu misericordioso, y dijiste: Yo he puesto el socorro sobre valiente: ensalcé a un escogido de mi pueblo. Hallé a David mi siervo: ungíle con el aceite de mi santidad: Porque mi mano será firme con él; mi brazo también le fortificará: No le atribulará enemigo: ni hijo de iniquidad le quebrantará: Mas yo quebrantaré delante de él a sus enemigos: y heriré a sus aborrecedores. Y mi verdad y mi misericordia serán con él; y en mi nombre será ensalzado su cuerno. Y pondré su mano en la mar, y en los ríos su diestra. El me llamará: Mi padre eres tú, mi Dios, la roca de mi salud. Yo también le pondré por primogénito; alto sobre los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia; y mi alianza será firme con él. Y pondré su simiente para siempre; y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley; y no anduvieren en mis juicios: Si profanaren mis estatutos; y no guardaren mis mandamientos: Entonces visitaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades. Mas mi misericordia no la quitaré de él: ni falsearé mi verdad. No profanaré mi concierto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez juré por mi santuario: No mentiré a David. Su simiente será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, la cual será testigo fiel en el cielo. Selah. Y tú desechaste, y menospreciaste a tu ungido, y airástete con él. Rompiste el concierto de tu siervo; profanaste a tierra su corona. Aportillaste todos sus vallados; has quebrantado sus fortalezas. Robáronle todos los que pasaron por el camino: es oprobio a sus vecinos. Ensalzaste la diestra de sus enemigos; alegraste a todos sus adversarios. Embotaste asimismo el filo de su espada; y no le levantaste en la batalla. Hiciste cesar su claridad, y echaste por tierra su trono. Acortaste los días de su juventud; cubrístele de vergüenza. Selah. ¿Hasta cuándo, o! Jehová? ¿Esconderte has para siempre? ¿Arderá para siempre tu ira como el fuego? Acuérdate cuanto sea mi tiempo: ¿por qué criaste sujetos a vanidad a todos los hijos del hombre? ¿Qué hombre vivirá, y no verá muerte? ¿escapará su alma del poder del sepulcro? Selah. Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias? Jurado has a David por tu verdad. Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos, que yo llevo de muchos pueblos en mi seno: Porque tus enemigos, o! Jehová, han deshonrado, porque tus enemigos han deshonrado las pisadas de tu ungido. Bendito Jehová para siempre. Amén y Amén.
Evangelio
¶ Y aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí, que sacaban un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad. Y como el Señor la vio, fue movido a misericordia de ella, y le dice: No llores. Y acercándose, tocó las andas; y los que le llevaban, pararon. Y dijo: Mancebo, a ti digo, levántate. Entonces, volvióse a sentar el que había sido muerto, y comenzó a hablar; y le dio a su madre. Y tomó a todos temor, y glorificaban a Dios, diciendo: Que profeta grande se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha visitado a su pueblo.
Salmo responsorial
Mi voz a Dios, y clamé: mi voz a Dios, y él me escuchará. En el día de mi angustia al Señor busqué: mi llaga se desangraba de noche, sin estancarse: mi alma no quería consuelo. Acordábame de Dios, y me sobresaltaba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. Selah. Tenías los párpados de mis ojos: estaba quebrantado, y no hablaba. Contaba los días desde el principio: los años de los siglos. Acordábame de mis canciones de noche: meditaba con mi corazón, y mi espíritu escudriñaba. ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a amar? ¿Háse acabado para siempre su misericordia? ¿Háse acabado la palabra para generación y generación? ¿Ha olvidado Dios el haber misericordia? ¿Ha encerrado con la ira sus misericordias? Selah. Y dije: Enfermedad mía es. En los años de la diestra del Altísimo. Acordábame de las obras de Jehová: por tanto me acordé de tus maravillas antiguas. Y meditaba en todas tus obras, y hablaba de tus hechos. O! Dios, en santidad es tu camino, ¿Quién es Dios grande, como el Dios nuestro? Tú eres el Dios que hace maravillas, haciendo notoria en los pueblos tu fortaleza. Redímiste con brazo tu pueblo, los hijos de Jacob y de José. Selah. Viéronte las aguas, o! Dios, las aguas te vieron, temieron, también temblaron los abismos. Las nubes echaron inundaciones de aguas: los cielos dieron voz; asimismo discurrieron tus rayos. El sonido de tus truenos anduvo en cerco: los relámpagos alumbraron al mundo: la tierra se estremeció, y tembló. En la mar estuvo tu camino: y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Llevaste, como ovejas, tu pueblo, por mano de Moisés, y de Aarón.
Salmo responsorial
Dios de venganzas Jehová, Dios de venganzas, muéstrate. Ensálzate, o! Juez de la tierra: da el pago a los soberbios. ¿Hasta cuándo los impíos, o! Jehová, hasta cuándo los impíos se regocijarán? ¿Pronunciarán, hablarán cosas duras? ¿ensalzarse han todos los que obran iniquidad? A tu pueblo, o! Jehová, quebrantan, y a tu heredad afligen. A la viuda y al extranjero matan, y a los huérfanos quitan la vida. Y dijeron: No verá Jehová: y, no entenderá el Dios de Jacob. ¶ Entendéd necios en el pueblo: y vosotros insensatos, ¿cuándo seréis sabios? ¿El que plantó la oreja, no oirá? ¿él que formó el ojo, no verá? ¿El que castiga a las gentes, no reprenderá? ¿el que enseña al hombre la ciencia? Jehová conoce los pensamientos de los hombres: que son vanidad. ¶ Bienaventurado el varón a quien tú Jehová, castigares, y en tu ley le enseñares. Para hacerle quieto en los días de aflicción, entre tanto que se cava el hoyo para el impío. Porque no dejará Jehová a su pueblo, ni desamparará a su heredad. Porque el juicio será vuelto hasta justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón. ¿Quién se levanta por mí contra los malignos? ¿Quién está por mí contra los que obran iniquidad? Si no me ayudara Jehová, presto morara mi alma con los muertos. Mas si decía: Mi pie resbala, tu misericordia, o! Jehová, me sustentaba. En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma. ¿Juntarse ha contigo el trono de iniquidades, que cria agravio en el mandamiento? Pónense en ejército contra la vida del justo: y condenan la sangre inocente. Mas Jehová me ha sido por refugio: y mí Dios por peña de mi confianza. El cual hizo volver contra ellos su iniquidad: y con su maldad los talará: talarlos ha Jehová nuestro Dios.
Segunda lectura
Jehová, Dios mío eres tú: ensalzarte he, y alabaré tu nombre; porque has hecho maravillas; los consejos antiguos, la verdad firme. Que tornaste la ciudad en montón, la ciudad fuerte en ruina: el alcázar de los extraños que no sea ciudad, ni nunca para siempre sea reedificada. Por esto te dará gloria el pueblo fuerte: la ciudad de naciones robustas te temerá. Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, amparo contra el turbión, sombra contra el calor, porque el ímpetu de los violentos, como turbión contra hastial. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como con calor que quema debajo de nube, harás marchitar el pimpollo de los robustos. ¶ Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos convite de engordados, convite de purificados, de gruesos tuétanos, de purificados líquidos. Y deshará en este monte la máscara de la cobertura con que están cubiertos todos los pueblos, y la cubierta que está extendida sobre todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y limpiará el Señor Jehová toda lágrima de todos los rostros; y quitará la vergüenza de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho. Y dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios, a quien esperamos, y salvarnos ha: este es Jehová a quien esperamos, gozarnos hemos y alegrarnos hemos en su salud.
Segunda lectura
Empero os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, y en el cual estáis firmes; Por el cual asimismo sois salvos, si retenéis en la memoria lo que os he predicado, si no es que habéis creído en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo yo recibí, es a saber: que Cristo fue muerto por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercero día, conforme a las Escrituras; Y que fue visto por Céfas; y después por los doce: Que después fue visto de más de quinientos hermanos a la vez: de los cuales los más viven aun, empero algunos han dormido. Que después fue visto por Santiago, después por todos los apóstoles. Y a la postre de todos, fue visto por mí también, como por uno nacido fuera de debido tiempo. Porque yo soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguía a la iglesia de Dios. Empero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo; antes he trabajado más que todos ellos: pero no yo, sino la gracia de Dios que fue conmigo. Por tanto, sea yo, o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído. ¶ Mas si se predica a Cristo, que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros, que no hay resurrección de los muertos? Porque si no hay resurrección de los muertos, Cristo tampoco resucitó. Y si Cristo no resucitó, luego vana es nuestra predicación, y vana es también vuestra fe. Y también somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios, que él haya levantado a Cristo: al cual empero no levantó, si es así que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun os estáis en vuestros pecados. Luego también los que durmieron en Cristo, son perdidos. Si en esta vida solamente tenemos esperanza en Cristo, los más desdichados somos de todos los hombres. Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos: y él es hecho primicias de los que durmieron. Porque por cuanto la muerte vino por hombre, también por hombre vino la resurrección de los muertos. Porque a la manera que todos en Adam mueren, así también todos en Cristo serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo en su venida. Luego viene el fin: cuando entregará el reino a Dios y al Padre; cuando hubiere abatido todo imperio, y toda potencia, y potestad. Porque es menester que él reine, hasta que sujete a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido, es la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Mas cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro es que está exceptuado el mismo que sujetó a él todas las cosas. Mas después que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. De otro modo, ¿qué harán, los que son bautizados por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, son bautizados por los muertos? ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? Cada día muero; lo protesto por vuestra gloria, la cual tengo en Cristo Jesús Señor nuestro. Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha si los muertos no resucitan? Comamos y bebamos, que mañana moriremos: No os engañéis. Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Despertád, como es justo, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios, para vergüenza vuestra lo digo. ¶ Mas alguno dirá: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo salen? ¡Insensato! lo que tú siembras, no revive, si antes no muriere: Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de ser, sino el grano desnudo, puede ser de trigo, o de alguno de los otros granos: Mas Dios le da el cuerpo como él ha querido, y a cada simiente su propio cuerpo. Toda carne no es la misma carne, mas una carne es la de los hombres, y otra carne es la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves. Hay también cuerpos celestes, y cuerpos terrestres; mas una es la gloria de los celestes, y otra la de los terrestres. Una es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella se diferencia de otra estrella en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción; se levantará en incorrupción: Se siembra en vergüenza; se levantará en gloria: se siembra en flaqueza; se levantará en poder: Se siembra cuerpo animal; resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Y así está escrito: Fue hecho el primer hombre Adam en alma viviente; el postrer Adam fue hecho en espíritu vivificante. Mas lo que es espiritual no es primero, sino lo que es animal; y después lo que es espiritual. El primer hombre es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos llevado la imagen del terreno, llevaremos también la imagen del celestial. Esto empero digo, hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios: ni la corrupción hereda la incorrupción. ¶ He aquí, un misterio, os digo: Todos ciertamente no dormiremos; mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, a sonido de la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces será cumplida la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria? El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos dio la victoria por el Señor nuestro Jesu Cristo. Así que, hermanos míos amados, estád firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
Segunda lectura
Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió al encuentro a Abraham que volvía de la matanza de los reyes, y le bendijo: A quien asimismo dio Abraham la décima parte de todo: primeramente el cual ciertamente se interpreta, Rey de justicia; y luego también, Rey de Salem, que es, Rey de paz; Sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida; mas hecho semejante al Hijo de Dios, se queda sacerdote continuamente. Considerád pues cuán grande fue éste, a quien aun Abraham el patriarca dio la décima de los despojos. Que ciertamente los que de los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar diezmos del pueblo según la ley, es a saber, de sus hermanos, aunque también ellos hayan salido de los lomos de Abraham. Mas aquel, cuya genealogía no es contada entre ellos, tomó diezmos de Abraham, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin contradicción alguna lo que es menos es bendito de lo que es mejor. Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos; mas allí, aquel del cual está dado testimonio, que vive. Y (por decirlo así) en Abraham fue diezmado también el mismo Leví que recibe los diezmos; Porque aun Leví estaba en los lomos de su padre, cuando Melquisedec salió al encuentro a Abraham. Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico, (porque debajo de él recibió el pueblo la ley,) ¿qué necesidad había aun de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melquisedec, y que no se dijese según el orden de Aarón? Luego traspasado el sacerdocio, necesario es que se haga también traspasamiento de la ley. Porque aquel de quien estas cosas se dicen, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar. Porque es evidente que nuestro Señor nació de Judá, de cuya tribu nada habló Moisés, tocante al sacerdocio. Y aun mucho más evidente es; que, según la semejanza de Melquisedec, se levanta otro sacerdote: El cual no es hecho conforme a la ley del mandamiento carnal, sino según el poder de una vida indisoluble. Porque él testifica, diciendo: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. El mandamiento precedente cierto se abroga por su flaqueza e inutilidad. Porque nada perfeccionó la ley, sino la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos de Dios, Y tanto más en cuanto no sin juramento fue él hecho sacerdote; (Porque los otros cierto sin juramento fueron hechos sacerdotes; mas éste, con juramento por aquel que le dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote eternamente según el orden de Melquisedec:) Tanto de mejor concierto fue hecho prometedor Jesús. Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía que continuasen; Mas éste, porque permanece eternamente, tiene el sacerdocio inmutable. Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se allegan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos; Porque tal sumo sacerdote nos convenía, que fuese santo, inocente, libre de mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos. Que no tuviese necesidad cada día, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios, primero por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a hombres que tienen flaqueza; mas la palabra del juramento, que fue después de la ley, constituye al Hijo, que es perfecto eternamente.
Segunda lectura
Regocijáos en el Señor siempre: otra vez digo, que os regocijéis. Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. De nada estéis solícitos; sino que en todo dénse a conocer vuestras peticiones delante de Dios por la oración, y el ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. En fin, hermanos, que todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo santo, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre: si hay alguna virtud, y si hay alguna alabanza, pensád en las tales cosas. Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis en mí, esto hacéd; y el Dios de paz será con vosotros.
Evangelio
Y como pasó el sábado, María Magdalena, y María madre de Santiago, y Salomé, compraron drogas aromáticas, para venir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vienen al sepulcro, ya salido el sol. Y decían entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro? Y como miraron, ven la piedra revuelta; porque era grande. Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sentado a la mano derecha cubierto de una ropa larga y blanca; y se espantaron. Mas él les dice: No tengáis miedo: buscáis a Jesús Nazareno, que fue crucificado: resucitado ha, no está aquí: he aquí el lugar donde le pusieron. Mas id, decíd a sus discípulos y a Pedro, que él va antes que vosotros a Galilea: allí le veréis, como os dijo. Y ellas se fueron huyendo prestamente del sepulcro; porque las había tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie; porque tenían miedo. Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de la cual había echado siete demonios. Y yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Y ellos como oyeron que vivía, y que había sido visto de ella, no lo creyeron. Mas después apareció en otra forma a dos de ellos que iban caminando, yendo al campo. Y ellos fueron, y lo hicieron saber a los otros; mas ni aun a ellos creyeron. ¶ Posteriormente se apareció a los once, estando sentados a la mesa; y les zahirió su incredulidad y la dureza de corazón, que no hubiesen creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicád el evangelio a toda criatura. El que creyere, y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios: hablarán nuevas lenguas: Alzarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán. Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se asentó a la diestra de Dios. Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguían. Amén.
Evangelio
¶ Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el más principal mandamiento de todos? Y Jesús le respondió: El más principal mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor, uno es. Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu entendimiento, y de todas tus fuerzas: éste es el más principal mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo, como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, porque uno es Dios, y no hay otro fuera de él; Y amarle de todo corazón, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ninguno le osaba ya preguntar.
Evangelio
¶ Y pasando otra vez Jesús en una nave a la otra parte, se juntó a él una gran multitud; y estaba junto a la mar. Y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo; y como le vio, se postró a sus pies, Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está a la muerte: Ven y pon las manos sobre ella, para que sea sana, y vivirá. Y fue con él, y le seguía mucha gente, y le apretaban. Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, Como oyó hablar de Jesús, vino entre el gentío por detrás, y tocó su vestido. Porque decía: Si yo tocare tan solamente su vestido, quedaré sana. Y luego la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote. Y Jesús luego conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose hacia el gentío, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Y él miraba al rededor por ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho sana; vé en paz, y queda sana de tu azote.
Evangelio
Después de estas cosas, había una fiesta de los Judíos, y subió Jesús a Jerusalem. Y hay en Jerusalem junto a la puerta del ganado un estanque, que en lengua Hebrea es llamado Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En estos estaba echada una grande multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua; Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero entraba en el estanque, después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. ¶ Y estaba allí un hombre, que había treinta y ocho años que estaba enfermo. Como Jesús le vio echado, y entendió que ya había mucho tiempo que estaba enfermo, dícele: ¿Quiéres ser sano? Y el enfermo le respondió: Señor, no tengo hombre, que cuando el agua fuere revuelta, me meta en el estanque; porque entre tanto que yo voy, otro antes de mí ha descendido. Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y luego aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, e íbase; y era sábado aquel día. Entonces los Judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar tu lecho. Respondióles: El que me sanó, el mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda. Y le preguntaron entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda? Y el que había sido sanado, no sabía quien fuese; porque Jesús se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar. Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: He aquí, ya estás sano: no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue entonces, y dio aviso a los Judíos, que Jesús era el que le había sanado. ¶ Y por esta causa los Judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado. Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro. Entonces por tanto más procuraban los Judíos matarle; porque no solo quebrantaba el sábado, mas aun también decía que era Dios su Padre, haciéndose igual a Dios. Respondió pues Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: Que no puede el Hijo hacer algo de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo; Para que todos honren al Hijo, como honran al Padre: el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: Que el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá en condenación, mas pasó de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Que vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo. Y también le dio poder de hacer juicio, porque es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del Padre que me envió. ¶ Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Otro es el que da testimonio de mí; y yo sé que el testimonio que él da de mí, es verdadero. Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio a la verdad. Empero yo no tomo el testimonio de hombre: mas digo estas cosas, para que vosotros seáis salvos. El era antorcha que ardía, y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un poco en su luz. Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, es a saber, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado. Y el Padre mismo que me envió, él dio testimonio de mí. Vosotros nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer. Ni tenéis su palabra permanente en vosotros; porque al que él envió, a éste vosotros no creéis. Escudriñád las Escrituras; porque a vosotros os parece, que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; Y no queréis venir a mí, para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis el amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su proprio nombre, a aquel recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, los que tomáis gloria los unos de los otros? y no buscáis la gloria que de solo Dios viene. No pensáis que yo os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os acusa, es a saber, Moisés, en quien vosotros esperáis. Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais a mí; porque de mí escribió él. Y si a sus escritos no creeis, ¿cómo creeréis a mis palabras?
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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