Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová: porque él es Dios santo, y Dios celoso: no sufrirá vuestras rebeliones, y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová, y sirviereis a dioses ajenos, volverse ha y maltrataros ha, y consumiros ha después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, antes a Jehová serviremos. Y Josué respondió al pueblo: Vosotros seréis testigos contra vosotros mismos, que vosotros os habéis elegido a Jehová para que le sirváis. Y ellos respondieron: Testigos seremos. Quitád pues ahora los dioses ajenos que están entre vosotros: e inclinád vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos; y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo alianza con el pueblo el mismo día: y púsole ordenanzas y leyes en Siquem. Y escribió Josué estas palabras en el libro de la ley de Dios: y tomando una grande piedra levantóla en el mismo lugar debajo de un alcornoque que estaba en el santuario de Jehová. Y dijo Josué a todo el pueblo: He aquí, esta piedra será entre nosotros por testigo, la cual ha oído todas las palabras de Jehová que él ha hablado con nosotros: y será testigo contra vosotros, porque no mintáis contra vuestro Dios. Y envió Josué el pueblo, cada uno a su heredad. ¶ Y después de estas cosas Josué hijo de Nun siervo de Jehová, murió, siendo de ciento y diez años. Y enterráronle en el término de su posesión en Tamnat-sera, que es en el monte de Efraím al norte del monte de Gaas. E Israel sirvió a Jehová todo el tiempo de Josué y todo el tiempo de los ancianos que vivieron después de Josué, y que sabían todas las obras de Jehová, que había hecho con Israel. ¶ Y también enterraron en Siquem los huesos de José que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Jemor padre de Siquem, por cien monedas de plata, y fueron en posesión a los hijos de José. ¶ También murió Eleazar hijo de Aarón: al cual enterraron en el collado de Finees su hijo, que le fue dado en el monte de Efraím.
Epístola
Mas estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes que han de venir, por medio del mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es a saber, no de esta creación; Ni por la sangre de machos de cabrío, ni de becerros, mas por su propia sangre entró una vez en el santuario, habiendo obtenido redención eterna para nosotros. Porque si la sangre de los toros y de los machos de cabrío, y la ceniza de una becerra, rociada sobre los impuros, los santifica para limpiamiento de la carne, ¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purgará vuestras conciencias de las obras muertas para que deis culto al Dios vivo? Y por esta razón él es el mediador del nuevo testamento, para que entreviniendo muerte para la redención de las transgresiones que había debajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
Primera lectura
Temamos, pues, no sea que, habiéndonos sido dejada una promesa de entrada en su reposo, parezca a alguno de nosotros quedar frustrado de ella. Porque también a nosotros nos ha sido anunciada la buena nueva como a ellos; mas la palabra oída no les aprovechó a ellos, no siendo mezclada con fe en aquellos que la oyeron. Entramos empero en el reposo los que hemos creído, de la manera que dijo: Así que juré en mi ira, si entrarán en mi reposo: aun acabadas las obras desde el principio del mundo. Porque en un cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día. Y otra vez aquí, Si entrarán en mi reposo. Así que pues que resta que algunos han de entrar en él, y que aquellos a quiénes primero fue anunciado el evangelio, no entraron por causa de la incredulidad, Determina otra vez un cierto día, diciendo por David: Hoy, tanto tiempo después; como está dicho: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Porque si Josué les hubiera dado el reposo, nunca habría él hablado, después de esto, de otro día. Así que queda el sabatismo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en el reposo de él, ha reposado también él mismo de sus propias obras, como Dios reposó de las suyas.
Oración matutina — primera lectura
Y apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas detrás del desierto, y vino a Horeb, monte de Dios. Y apareciósele el ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de un zarzal: y él miró, y vio que el zarzal ardía en fuego, y el zarzal no se consumía. Entonces Moisés dijo: Ahora yo iré, y veré esta grande visión, por qué causa el zarzal no se queme. ¶ Y viendo Jehová que iba a ver, llamóle Dios de medio del zarzal, y dijo: Moisés, Moisés: Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te llegues acá: quita tus zapatos de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Y dijo Jehová: Viendo he visto la aflicción de mi pueblo, que está en Egipto; y he oído su clamor a causa de sus exactores, por lo cual yo he entendido sus dolores. Y he descendido para librarlos de mano de los Egipcios: yo los sacaré de esta tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que corre leche y miel; a los lugares del Cananeo, del Jetteo, del Amorreo, del Ferezeo, del Heveo, y del Jebuseo. El clamor de los hijos de Israel ha venido ahora delante de mí: y también he visto la opresión con que los Egipcios les oprimen. Ven pues ahora, y enviarte he a Faraón, para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto. ¶ Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo, para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él le respondió: Porque yo seré contigo: y esto te será por señal, de que yo te he enviado: Después que hubieres sacado a este pueblo de Egipto, serviréis a Dios sobre este monte. Y dijo Moisés a Dios: He aquí, yo vengo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros: y si ellos me preguntan: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY, me ha enviado a vosotros. Y dijo más Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; y este es mi memorial por todos los siglos. Vé, y junta los ancianos de Israel, y díles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac, y de Jacob, me apareció, diciendo: Visitando os he visitado, y a lo que os es hecho en Egipto; Y dije: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del Cananeo, y del Jetteo, y del Amorreo, y del Ferezeo, y del Heveo, y del Jebuseo, a una tierra que corre leche y miel. Y oirán tu voz, e irás tú, y los ancianos de Israel al rey de Egipto, y decirle heis: Jehová, el Dios de los Hebreos, nos ha encontrado: por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que sacrifiquemos a Jehová nuestro Dios. Mas yo sé, que el rey de Egipto no os dejará ir, sino por mano fuerte. Mas yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas, que haré en él; y entonces os dejará ir. Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los Egipcios, para que cuando os partiereis, no salgáis vacíos: Y demandará cada mujer a su vecina y a su huéspeda vasos de plata, vasos de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos, y vuestras hijas: y despojaréis a Egipto.
Primera lectura
Cuando Jehová tu Dios te hubiere metido en la tierra en la cual tú has de entrar para heredarla, y hubiere echado las muchas gentes de delante de tu presencia, al Jetteo, y al Gergeseo, y al Amorreo, y al Cananeo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo, siete naciones muchas y fuertes más que tú; Y Jehová tu Dios las hubiere entregado delante de ti, y las hirieres, destruyendo las destruirás: no harás con ellos alianza, ni los tomarás a merced: Y no consuegrarás con ellos: no darás tu hija a su hijo, ni tomarás su hija para tu hijo; Porque tirará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y destruirte ha presto. Sino así haréis con ellos: Sus altares destruiréis, y sus estatuas quebraréis, y cortaréis sus bosques, y sus esculturas quemaréis en el fuego. ¶ Porque tú eres pueblo santo a Jehová tu Dios: Jehová tu Dios te ha escogido para ser a él un pueblo singular más que todos los pueblos, que están sobre la haz de la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos, os ha codiciado Jehová, y os ha escogido: porque vosotros eráis los más pocos de todos los pueblos: Mas porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os sacó Jehová con mano fuerte, y os rescató de casa de siervos, de la mano de Faraón rey de Egipto. Y para que sepas que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el concierto y la misericordia a los que le aman, y guardan sus mandamientos hasta las mil generaciones: Y que paga en su cara al que le aborrece, destruyéndole: ni dilatará al que le aborrece, en su cara le pagará. Guarda pues los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que hagas. ¶ Y será, que por haber oído estos derechos, y guardado, y hécholos, Jehová tu Dios guardará contigo el concierto y la misericordia, que juró a tus padres: Y amarte ha, y bendecirte ha, y multiplicarte ha: y bendecirá el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y tu grano, y tu mosto, y tu aceite, la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas en la tierra, que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos: no habrá en ti estéril macho ni hembra, ni en tus bestias. Y quitará de ti Jehová toda enfermedad, y todas las malas plagas de Egipto, que tú sabes: no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren. Y consumirás a todos los pueblos, que Jehová tu Dios te da: no los perdonará tu ojo: no servirás a sus dioses, que te será tropezón. ¶ Cuando dijeres en tu corazón: Aquellas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré yo desarraigar? No tengas temor de ellos, acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón, y con todo Egipto: De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte, y brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó: así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos avispas hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti. No desmayes delante de ellos, que Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temeroso. Y Jehová tu Dios echará estas gentes de delante de ti poco a poco: no las podrás acabar luego: porque las bestias del campo no se aumenten contra ti. Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará de un gran quebrantamiento, hasta que sean destruidos. Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie parará delante de ti hasta que los destruyas. ¶ Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego, no codiciarás plata ni oro de sobre ellas para tomártelo, porque no tropieces en ello, porque es abominación a Jehová tu Dios. Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas tú anatema como ello: aborreciendo lo aborrecerás, y abominando lo abominarás, porque es anatema.
Primera lectura
Y llevóme a la puerta, a la puerta que mira hacia el oriente, Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía de hacia el oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria. Y la visión que ví era como la visión, como aquella visión que ví, cuando vine para destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que ví junto al río de Cobar; y caí sobre mi rostro. Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que tenía la haz camino del oriente. Y alzóme el espíritu, y metióme en el patio de adentro; y he aquí que la gloria de Jehová hinchió la casa. Y oí uno que me hablaba desde la casa; y un varón estaba junto a mí, Y díjome: Hijo del hombre, este es el lugar de mi asiento, y el lugar de las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre; y nunca más la casa de Israel contaminará mi santo nombre, ellos y sus reyes, con sus fornicaciones, y con los cuerpos muertos de sus reyes, en sus altares. Poniendo ellos su umbral junto a mi umbral, y su poste junto a mi poste, y una pared entre mí y ellos, contaminaron mi santo nombre con sus abominaciones que hicieron, y yo los consumí en mi furor. Ahora echarán lejos de mí su fornicación, y los cuerpos muertos de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre. Tú pues, hijo del hombre, anuncia a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados, y midan la traza. Y si se avergonzaren de todo lo que han hecho, házles entender la figura de la casa, y su traza, y sus salidas, y sus entradas, y todas sus figuras, y todas sus descripciones, y todas sus pinturas, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, y guarden toda su forma, y todas sus leyes, y háganlas. Esta es la ley de la casa: Sobre la cumbre del monte será edificada: todo su término al derredor será santísimo: he aquí que esta es la ley de la casa. ¶ Y estas son las medidas del altar en codos: el codo de a codo y palmo. El medio de un codo, y de un codo la anchura; y su término, que estaba sobre su borde al derredor, de un palmo; y esta es la altura del altar. Y desde el medio de la tierra hasta el lugar de abajo había dos codos, y la anchura de un codo; y desde el lugar menor hasta el lugar mayor había cuatro codos, y la anchura de un codo. Y el altar era de cuatro codos, y encima del altar había cuatro cuernos. Y el altar tenía doce codos en longitud, y doce en anchura, cuadrado a sus cuatro lados. Y el patio era de catorce codos de longitud, y catorce de anchura en sus cuatro lados; y el término que tenía al derredor era de medio codo, el medio que tenía era de un codo al derredor, y sus gradas estaban al oriente. Y díjome: Hijo del hombre, así dijo el Señor Jehová: Estas son las leyes del altar el día que él será hecho, para ofrecer sobre él holocausto, y para esparcir sobre él sangre. Darás a los sacerdotes Levitas, que son del linaje de Sadoc, que son allegados a mí, dijo el Señor Jehová, para ministrarme, un becerro hijo de vaca para expiación. Y tomarás de su sangre, y pondrás en sus cuatro cuernos, y en las cuatro esquinas del patio, y en el término al derredor, y limpiarlo has, y expiarlo has. Y tomarás el becerro de la expiación, y quemarle ha conforme a la ley de la casa, fuera del santuario. Y al segundo día ofrecerás un macho de cabrío sin tacha para expiación; y expiarán el altar como lo expiaron con el becerro. Cuando acabares de expiar, ofrecerás un becerro hijo de vaca entero, y un carnero entero de la manada. Y ofrecerlos has delante de Jehová; y los sacerdotes echarán sobre ellos sal, y ofrecerlos han en holocausto a Jehová. Siete días sacrificarás el macho cabrío de la expiación cada día; y el becerro hijo de vaca, y el carnero de la manada enteros sacrificará. Siete días expiarán el altar, y lo limpiarán, y henchirán sus manos. Y acabados estos días, el octavo día, y desde en adelante, sacrificarán los sacerdotes sobre el altar vuestros holocaustos, y vuestros pacíficos; y serme heis aceptos, dijo el Señor Jehová.
Evangelio
¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye: las cuales por tanto no oís vosotros, porque no sois de Dios. Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado. Y yo no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue. De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre. ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica: el que vosotros decís, que es vuestro Dios. Mas no le conocéis: yo empero le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso; mas le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se regocijó por ver mi día; y lo vio, y se regocijó. Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años; ¿y has visto a Abraham? Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojarle; mas Jesús se encubrió, y se salió del templo, pasando por medio de ellos, y así pasó.
Salmo responsorial
O! Pastor de Israel, escucha: tú que pastoreas, como a ovejas, a José: tú que estás entre los querubines, resplandece. Despierta tu valentía delante de Efraím, y de Ben-jamín, y de Manasés: y ven a salvarnos. O! Dios, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Jehová Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te airarás contra la oración de tu pueblo? Dísteles a comer pan de lágrimas: y dísteles a beber lágrimas con medida. Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: y nuestros enemigos se burlan de nosotros entre sí. O! Dios de los ejércitos, háznos tornar: y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos. Hiciste venir la vid de Egipto: echaste a los Gentiles, y la plantaste. Limpiaste el lugar delante de ella: e hiciste arraigar sus raíces, e hinchió la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra: y sus ramas como cedros de Dios. Enviaste o! Señor, sus ramas hasta la mar: y hasta el río sus mugrones. ¿Por qué aportillaste sus vallados, y la cogieron todos los que pasaron por el camino? Destruyóla el puerco montés, y la pació la bestia del campo. O! Dios de los ejércitos, vuelve ahora: mira desde el cielo, y vé, y visita esta vid. Y la planta que tu diestra plantó: y sobre el mugrón que tú corroboraste para ti. Quemada a fuego está, y talada: perezcan por la reprensión de tu rostro. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra: sobre el hijo del hombre que tú corroboraste para ti. Y no nos tornaremos de ti: darnos has vida, e invocaremos tu nombre. O! Jehová, Dios de los ejércitos, háznos tornar, haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
Salmo responsorial
Bueno es alabar a Jehová; y cantar salmos a tu nombre o! Altísimo: Anunciar por la mañana tu misericordia: y tu verdad en las noches: Sobre decacordio y sobre salterio: sobre arpa con meditación. Por cuanto me has alegrado, o! Jehová, con tus obras, con las obras de tus manos me regocijaré. ¡Cuán grandes son tus obras, o! Jehová! muy profundos son tus pensamientos. El hombre necio no sabe, y el insensato no entiende esto: Floreciendo los impíos como la yerba; y reverdeciendo todos los que obran iniquidad, para ser destruidos para siempre: Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo. Porque, he aquí, tus enemigos, o! Jehová, porque, he aquí, tus enemigos perecerán: serán disipados todos los que obran maldad. Y tú ensalzaste mi cuerno como de unicornio: yo fui ungido con aceite verde. Y miraron mis ojos sobre mis enemigos: de los que se levantaron contra mí, de los malignos, oyeron mis orejas. El justo florecerá como la palma: crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los patios de nuestro Dios, florecerán. Aun en la vejez fructificarán: serán vigorosos y verdes; Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto: y que no hay injusticia en él.
Salmo responsorial
Jehová reinó, regocíjese la tierra: alégrense las muchas islas. Nube y oscuridad al rededor de él: justicia y juicio es el asiento de su trono. Fuego irá delante de él: y abrasará al rededor a sus enemigos. Sus relámpagos alumbraron el mundo: la tierra vio, y angustióse. Los montes se derritieron como cera delante de Jehová: delante del Señor de toda la tierra. Los cielos denunciaron su justicia: y todos los pueblos vieron su gloria. Avergüéncense todos los que sirven a la escultura, los que se alaban de los ídolos: todos los dioses se encorven a él. Oyó Sión, y alegróse: y las hijas de Judá se regocijaron por tus juicios, o! Jehová. Porque tú, Jehová, eres alto sobre toda la tierra: eres muy ensalzado sobre todos los dioses. Los que amáis a Jehová, aborreced el mal: él guarda las almas de sus piadosos: de mano de los impíos los escapa. Luz está sembrada para el justo: y alegría para los rectos de corazón. Alegráos justos en Jehová: y alabád la memoria de su santidad.
Salmo responsorial
¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan vanidad? Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán en uno contra Jehová, y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus coyundas: y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá: el Señor se burlará de ellos. Entonces hablará a ellos con su furor, y con su ira los conturbará. Y yo te establecí mi rey sobre Sión, el monte de mi santidad. Yo recitaré el decreto. Jehová me dijo: Mi hijo eres tú: yo te engendré hoy. Demándame, y yo daré las gentes por tu heredad, y por tu posesión los cabos de la tierra. Quebrantarlos has con vara de hierro: como vaso de ollero los desmenuzarás. Y ahora reyes entendéd: admitid consejo jueces de la tierra. Servíd a Jehová con temor: y alegráos con temblor. Besád al hijo, porque no se enoje, y perezcáis en el camino: cuando se encendiere un poco su furor, bienaventurados todos los que confían en él.
Segunda lectura
El cual es imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean señoríos, sean principados, sean potestades: todo fue creado por él, y para él. Y él es antes de todas las cosas; y todas las cosas subsisten en él; Y él es la cabeza del cuerpo, a saber, de la iglesia: el cual es principio y primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga él el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud; Y que por él reconciliase todas las cosas a sí, habiendo hecho la paz por la sangre de su cruz, por él, digo, así las que están en la tierra, como las que están en los cielos. Y a vosotros también, que eráis en otro tiempo extraños, y enemigos de sentido por las malas obras, ahora empero os ha reconciliado En el cuerpo de su carne por medio de la muerte, para presentaros santos, y sin mancha, e irreprensibles delante de él: Si empero permanecéis fundados, y afirmados en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual es predicado a toda criatura que está debajo del cielo: del cual yo Pablo soy hecho ministro.
Segunda lectura
Y saldrá una vara del tronco de Isaí, y un renuevo retoñecerá de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyesen sus oídos. ¶ Mas juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinta de sus lomos; y la fe cinta de sus riñones. ¶ Morará el lobo con el cordero, y el tigre con el cabrito se acostará: el becerro, y el león, y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crias se echarán juntas; y el león, como buey, comerá paja. Y jugará el niño sobre la cueva del áspid; y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna del basilisco. No harán mal, ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena de conocimiento de Jehová, como las aguas cubren la mar. ¶ Y acontecerá en aquel tiempo, que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada de las naciones; y su holganza será gloria.
Segunda lectura
Porque la ley teniendo solo la sombra de los bienes venideros, y no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que ofrecen continuamente cada un año, hacer perfectos a los que se allegan. De otra manera habrían cesado de ser ofrecidos; porque los que dan culto, purificados una vez, no tendrían más conciencia de pecado. Empero en estos sacrificios cada año se hace el mismo recordamiento de los pecados. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos de cabrío quite los pecados. Por lo cual entrando en el mundo, dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, mas a mí me apropriaste un cuerpo: Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: Héme aquí, (en la cabecera del libro está escrito de mí,) para que haga, oh Dios, tu voluntad. Diciendo arriba: Sacrificio y ofrenda, y holocaustos, y expiaciones por el pecado, no quisiste, ni te agradaron, las cuales cosas se ofrecen según la ley: Entonces dijo: Héme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo segundo. Por la cual voluntad somos los santificados, por medio de la ofrenda del cuerpo de Jesu Cristo hecha una sola vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está en pie cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; Pero éste, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, está asentado para siempre a la diestra de Dios, Esperando lo que resta, es a saber, hasta que sus enemigos sean puestos por escabelo de sus pies; Porque con una sola ofrenda hizo consumados para siempre a los santificados. Y el Espíritu Santo también nos lo testifica: que después que dijo: Este es el concierto que yo haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones y en sus mentes las escribiré; Y nunca más ya me acordaré de sus pecados e iniquidades. Pues en donde hay remisión de estos, no hay ya más ofrenda por pecado. ¶ Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el lugar santísimo por la sangre de Jesu Cristo, Por un nuevo camino, y vivo, que él mismo consagró para nosotros, por medio del velo, es a saber, por su carne; Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios; Acerquémosnos a él con corazón verdadero, en cumplida certidumbre de fe, asperjados los corazones, y limpios de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura, Retengamos firme la confesión de nuestra esperanza, inmoble; (que fiel es el que ha prometido;) Y considerémosnos los unos a los otros para provocarnos a amor, y a buenas obras: No dejando nuestra congregación, como algunos tienen por costumbre, mas exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. Porque si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados; Sino una horrenda expectación de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que menospreciare la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere sin ninguna misericordia: ¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del concierto con la cual fue santificado, y ultrajare al Espíritu de gracia? Porque sabemos quién es el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo. Traéd empero a la memoria los días primeros, en los cuales después de haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones: De una parte, ciertamente, mientras fuisteis hechos el hazmereír tanto por oprobios como por tribulaciones; y de otra parte ínterin fuisteis hechos compañeros de los que de aquel modo eran tratados. Porque os compadecisteis también de mí en mis cadenas, y aceptasteis con gozo la rapiña de vuestros bienes, conociendo que tenéis para vosotros mismos una mejor sustancia en los cielos, y que permanece. No perdáis pues esta vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón; Porque la paciencia os es necesaria, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, recibáis la promesa. Porque aun un poquito de tiempo, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; empero si se retirare, no se complacerá mi alma en él. Mas nosotros no somos de los de retiramiento para perdición, mas de fe para ganancia del alma.
Oración vespertina — primera lectura
Después de esto Moisés y Aarón entraron a Faraón, y dijéronle: Jehová, el Dios de Israel, dice así: Deja ir mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz, y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel. Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: por tanto nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, y sacrificaremos a Jehová nuestro Dios: porque no nos encuentre con pestilencia, o espada. Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés, y Aarón: ¿Por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? Id a vuestros cargos. Dijo también Faraón: He aquí, el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros los hacéis cesar de sus cargos. Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que tenían cargo del pueblo, y a los gobernadores de él, diciendo: De aquí a delante no daréis paja al pueblo para hacer el ladrillo, como ayer y anteayer; vayan ellos, y cójanse la paja; Y ponerles heis la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso dan voces, diciendo: Vamos, y sacrificaremos a nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no miren a palabras de mentira. Y saliendo los cuadrilleros del pueblo, y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja. Id vosotros, y tomáos paja, donde la hallareis: que nada se disminuirá de vuestra tarea. Entonces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto a coger hojarascas en lugar de paja. Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabád vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja. Y azotaban a los gobernadores de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes? Y los gobernadores de los hijos de Israel vinieron, y quejáronse a Faraón, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos? No se da paja a tus siervos, y con todo eso nos dicen: Hacéd el ladrillo. Y he aquí, tus siervos son azotados, y tu pueblo peca. Y él respondió: Estáis ociosos, ociosos: y por eso decís: Vamos y sacrifiquemos a Jehová, Id pues ahora, trabajád. Paja no se os dará, y daréis la tarea del ladrillo. ¶ Entonces los gobernadores de los hijos de Israel se vieron en aflicción, cuando les era dicho: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea del día en su día. Y encontrando a Moisés y a Aarón que estaban delante de ellos cuando salían de Faraón, Dijéronles: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue, que habéis hecho heder nuestro olor delante de Faraón, y de sus siervos, dándoles la espada en las manos para que nos maten. ¶ Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo, y tú tampoco has librado a tu pueblo.
Segunda lectura
Empero esto he determinado entre mí, de no venir otra vez a vosotros con tristeza. Porque si yo os contristo, ¿quién será pues el que me alegrará, sino el mismo a quien yo contristare? Y esto mismo os escribí, porque cuando viniere no tuviese tristeza sobre tristeza de lo que había de haber gozo: confiando en vosotros todos que mi gozo es el de todos vosotros. Porque de en medio de mucha tribulación y angustia de corazón, os escribí con muchas lágrimas: no para que fueseis contristados, mas para que conocieseis cuán abundante amor tengo para con vosotros. Que si alguno ha causado tristeza, no me contristó a mí sino en parte, por no cargar la culpa sobre todos vosotros. Bástale al tal esta reprensión que fue hecha por muchos: De manera que ahora al contrario vosotros debéis más bien perdonarle, y consolarle, porque no sea el tal absorbido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis vuestro amor para con él. Porque también por este fin os escribí a vosotros, para conocer la prueba de vosotros, si sois obedientes en todo. Al que vosotros perdonareis algo, también yo; porque también yo si algo he perdonado, a quien lo he perdonado, por vuestra causa lo he hecho en la persona de Cristo; Para que Satanás no nos gane alguna ventaja; porque no ignoramos sus maquinaciones. ¶ Mas cuando yo vine a Troas por predicar el evangelio de Cristo, y me fue abierta puerta en el Señor, No tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito mi hermano; y así despidiéndome de ellos, me partí desde allí para Macedonia. Mas gracias a Dios, el cual hace que siempre triunfemos en Cristo Jesús; y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar; Porque somos para Dios suave olor de Cristo en los que son salvos, y en los que se pierden: A estos olor de muerte para muerte; y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente? Porque no somos, como muchos, adulteradores de la palabra de Dios; antes como de sinceridad, antes como de Dios, delante de Dios, en Cristo hablamos.
Evangelio
Empero en aquellos días, después de aquella aflicción, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que están en los cielos serán conmovidas. Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con grande poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el un cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. De la higuera aprendéd la semejanza: Cuando su rama ya se hace tierna, y brota hojas, conocéis que el verano está cerca. Así también vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, conocéd que está cerca a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación sin que todas estas cosas sean hechas. El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca pasarán. Empero de aquel día, y de la hora, nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el mismo Hijo, sino el Padre. Mirád, velád, y orád; porque no sabéis cuando será el tiempo. Porque el Hijo del hombre es como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dio a sus siervos su hacienda, y a cada uno cargo, y al portero mandó que velase. Velád pues, porque no sabéis cuando el señor de la casa vendrá; a la tarde, o a la media noche, o al canto del gallo, o a la mañana: Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo: Velád.
Evangelio
Y Jesús se fue al monte de las Olivas. Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él los enseñaba. Entonces los escribas y los Fariseos traen a él una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio, Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho adulterando. Y en la ley Moisés nos mandó apedrear a las tales: ¿Tú, pues, qué dices? Mas esto decían tentándole, para poderle acusar; empero Jesús bajado hacia abajo escribía en tierra con el dedo. Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y les dijo: El que de vosotros es sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero. Y volviéndose a bajar hacia abajo, escribía en tierra. Oyendo pues ellos esto, redargüidos de la conciencia, salíanse uno a uno, comenzando desde los más viejos, hasta los postreros, y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Y enderezándose Jesús, y no viendo a nadie más que a la mujer, le dijo: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más. ¶ Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas; mas tendrá la luz de vida. Entonces los Fariseos le dijeron: Tú de ti mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y a donde voy; mas vosotros no sabéis de donde vengo, y a donde voy. Vosotros según la carne juzgáis; mas yo no juzgo a nadie. Mas si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo, sino yo, y el Padre que me envió. Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo; y da testimonio de mí el Padre que me envió. Entonces le decían: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre. Si a mí me conocieseis, a mi Padre también conoceríais. Estas palabras habló Jesús en el tesoro, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no había venido su hora. ¶ Y díjoles otra vez Jesús: Yo voy, y me buscaréis, y en vuestro pecado moriréis: a donde yo voy, vosotros no podéis venir. Decían entonces los Judíos: ¿Se ha de matar a sí mismo? porque dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir. Y les decía: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije, que moriríais en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. Y decíanle: ¿Tú, quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. Muchas cosas tengo que decir, y que juzgar de vosotros; mas el que me envió, es verdadero; y yo lo que he oído de él, esto hablo en el mundo. Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. Díjoles pues Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Y el que me envió, conmigo está: no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre. Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. ¶ Entonces decía Jesús a los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿cómo dices tú: Seréis hechos libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo del pecado. Y el siervo no queda en casa para siempre; mas el Hijo queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Yo sé que sois simiente de Abraham; mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros. Yo, lo que he visto con mi Padre, hablo; y vosotros lo que habéis visto con vuestro padre, hacéis. Respondieron, y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham, haríais. Empero ahora procuráis de matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios: no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle pues: Nosotros no somos nacidos de fornicación: un solo Padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro Padre fuera Dios, ciertamente me amaríais a mí; porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? es porque no podéis oír mi palabra. Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir: él homicida ha sido desde el principio; y no permaneció en la verdad; porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y porque yo os digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Y si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye: las cuales por tanto no oís vosotros, porque no sois de Dios. Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y que tienes demonio? Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado. Y yo no busco mi gloria: hay quien la busque, y juzgue. De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre. ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces a ti mismo? Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica: el que vosotros decís, que es vuestro Dios. Mas no le conocéis: yo empero le conozco; y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso; mas le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se regocijó por ver mi día; y lo vio, y se regocijó. Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años; ¿y has visto a Abraham? Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojarle; mas Jesús se encubrió, y se salió del templo, pasando por medio de ellos, y así pasó.
Evangelio
Y cuando hubo venido cumplidamente el día de Pentecostés, estaban todos unánimes en un mismo lugar. Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venía con ímpetu, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados. Y les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, y se asentó sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen. (Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos de todas las naciones que están debajo del cielo.) Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar su propia lengua. Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos a los otros: He aquí, ¿no son Galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en su lengua en que somos nacidos? Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia, En Frigia, y en Pamfilia, en Egipto, y en las partes de Libia que están de la otra parte de Cirene, y extranjeros de Roma, Judíos, y prosélitos, Cretenses, y Árabes: los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. Y estaban todos atónitos y en duda, diciendo los unos a los otros: ¿Qué quiere ser esto? Mas otros burlándose, decían: Estos están llenos de mosto. ¶ Entonces Pedro poniéndose en pie con los once, alzó su voz, y les habló, diciendo: Varones de Judea, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio, y prestád oídos a mis palabras; Porque estos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo solamente la hora de tercia del día. Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: Y será en los postreros días, (dice Dios,) que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos, y vuestras hijas profetizarán, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños. Y de cierto sobre mis siervos, y sobre mis criadas en aquellos días derramaré de mi Espíritu; y profetizarán. Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo. El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor grande e ilustre. Y acontecerá, que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. Varones Israelitas, oíd estas palabras: Jesús el Nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas, y prodigios, y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis: A éste, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, tomándole vosotros, le matasteis por manos inicuas, crucificándole. Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella. Porque David dice de él: Yo veía al Señor siempre delante de mí; porque le tengo a mi diestra, no seré movido: Por lo cual mi corazón se alegró, y mi lengua se regocijó, y aun mi carne descansará en esperanza: Que no dejarás mi alma en el infierno, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida: henchirme has de gozo con tu presencia. Varones y hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado, que del fruto de sus lomos en cuanto a la carne, le levantaría el Cristo, que se asentase sobre su trono: Viendo esto antes, habló de la resurrección del Cristo, que su alma no haya sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que ensalzado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís. Porque David no ha subido a los cielos; empero él dice: Dijo el Señor a mi Señor, asiéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa pues certísimamente toda la casa de Israel, que a éste ha hecho Dios Señor y Cristo, a este Jesús que vosotros crucificasteis. ¶ Y oídas estas cosas, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro, y a los otros apóstoles: Varones y hermanos, ¿qué haremos? Entonces Pedro les dijo: Arrepentíos, y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesu Cristo para remisión de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque a vosotros es hecha la promesa, y a vuestros hijos, y a todos los que están lejos: a cualesquiera que el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba, y los exhortaba, diciendo: Salváos de esta perversa generación. Entonces los que recibieron con gusto su palabra fueron bautizados; y fueron añadidas a la iglesia aquel día como tres mil almas. ¶ Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el rompimiento del pan, y en las oraciones. Y toda alma tenía temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes. Y vendían las posesiones y las haciendas, y las repartían a todos, como cada uno había menester. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y rompiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón, Alabando a Dios, y teniendo favor cerca de todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.
Evangelio
Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje mi hijo a ti, que tiene un espíritu mudo, El cual donde quiera que le toma, le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generación infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele. Y se le trajeron; y como él le vio, luego el espíritu le comenzó a despedazar; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. Y preguntó a su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. Y Jesús le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible. Y luego el padre del muchacho dijo, clamando con lágrimas: Creo, Señor: ayuda mi incredulidad. Y como Jesús vio que la multitud concurría, riñó al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. Entonces el espíritu clamando, y despedazándole mucho, salió; y él quedó como muerto, de manera que muchos decían, que era muerto. Mas Jesús tomándole de la mano, le enhestó, y se levantó. Y como él se entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? Y les dijo: Este género de demonios con nada puede salir, sino con oración y ayuno. ¶ Y salidos de allí, caminaron juntos por Galilea; y no quería que nadie lo supiese. Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto él, resucitará al tercero día.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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