Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Hijo, si salieres por fiador por tu amigo, si tocaste tu mano al extraño, Enlazado eres con las palabras de tu boca; y preso con las razones de tu boca. Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate; porque has caído en la mano de tu prójimo: Vé, humíllate, y esfuerza tu prójimo. No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento. Escápate como el corzo de la mano del cazador; y como el ave de la mano del parancero. ¶ Vé a la hormiga, o! perezoso, mira sus caminos, y sé sabio: La cual no tiene capitán, ni gobernador, ni señor, Y con todo eso apareja en el verano su comida: en el tiempo de la siega allega su mantenimiento. Perezoso; ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Tomando un poco de sueño, cabeceando otro poco, poniendo mano sobre mano otro poco para volver a dormir: Vendrá como caminante tu necesidad, y tu pobreza como hombre de escudo. ¶ El hombre perverso es varón inicuo: camina en perversidad de boca,
Primera lectura
Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y vieres caballos y carros, pueblo más grande que tú, no hayas temor de ellos, que Jehová tu Dios es contigo, que te sacó de tierra de Egipto. Y será que cuando os acercareis para pelear, el sacerdote se llegará, y hablará al pueblo: Y decirles ha: Oye Israel: Vosotros os juntáis hoy en batalla contra vuestros enemigos: no se enternezca vuestro corazón, no temáis, no os apresuréis, y no os quebrantéis delante de ellos: Que Jehová vuestro Dios anda con vosotros para pelear por vosotros contra vuestros enemigos para salvaros. ¶ Y los alcaldes hablarán al pueblo, diciendo: ¿Quién ha edificado casa nueva, y no la ha estrenado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla, y otro alguno la estrene. Y ¿quién ha plantado viña, y no la ha profanado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla y otro alguno la profane. Y ¿quién se ha desposado con mujer, y no la ha tomado? Vaya, y vuélvase a su casa, porque quizá no muera en la batalla y algún otro la tome. Y tornarán los alcaldes a hablar al pueblo, y dirán: ¿Quién es hombre medroso, y tierno de corazón? Vaya, y vuélvase a su casa, y no deslía el corazón de sus hermanos, como su corazón. Y será, que cuando los alcaldes acabaren de hablar al pueblo, entonces los capitanes de los ejércitos mandarán delante del pueblo. ¶ Cuando te acercares a la ciudad para combatirla, pregonarle has paz. Y será, que si te respondiere: Paz, y te abriere, todo el pueblo que en ella fuere hallado te serán tributarios, y te servirán. Mas sino hiciere paz contigo, e hiciere contigo guerra, y la cercares, Y Jehová tu Dios la diere en tu mano, entonces herirás a todo varón suyo a filo de espada. Solamente las mujeres y los niños, y los animales, y todo lo que hubiere en la ciudad, todos sus despojos, tomarás para ti: y comerás del despojo de tus enemigos, los cuales Jehová tu Dios te entregó. Así harás a todas las ciudades que estuvieren muy lejos de ti, que no fueren de las ciudades de estas gentes. Solamente de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás a vida: Mas destruyendo los destruirás, al Jetteo, y al Amorreo, y al Cananeo, y al Ferezeo, y al Heveo, y al Jebuseo: como Jehová tu Dios te ha mandado. Porque no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen a sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios. ¶ Cuando pusieres cerco a alguna ciudad peleando contra ella muchos días para tomarla, no destruirás su arboleda metiendo en ella hacha, porque de ella comerás: y no la talarás, que no es hombre el árbol del campo, que venga contra ti en el cerco. Mas el árbol que supieres que no es árbol para comer, destruirlo has y talarlo has, y edificarás baluarte contra la ciudad que pelea contigo, hasta sojuzgarla.
Primera lectura
Y Ana oró, y dijo: Mi corazón se alegra en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová, mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay fuerte como el Dios nuestro. No multipliquéis hablando grandezas, grandezas: cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de las ciencias es Jehová, y las obras magníficas a él le son prestas. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. Los hartos se alquilaron por pan: y los hambrientos cesaron: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. Jehová mata, y él da vida: él hace descender a los infiernos, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarle con los príncipes: y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos; mas los impíos perecen en tinieblas, porque nadie con fuerza será valiente. Jehová, serán quebrantados sus adversarios: y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. Y Elcana se volvió a su casa en Ramata: y el mozo ministraba a Jehová delante de Elí sacerdote.
Oración matutina — primera lectura
Carga de la palabra de Jehová contra tierra de Hadrac, y de Damasco su reposo; porque a Jehová están vueltos los ojos de los hombres, y de todas las tribus de Israel. Y también Emat tendrá término en ella; Tiro, y Sidón, aunque muy sabia sea: Porque Tiro se edificó fortaleza: amontonó plata como polvo, y oro como lodo de las calles. He aquí que el Señor la empobrecerá, y herirá en la mar su fortaleza, y ella será consumida de fuego. Ascalón verá, y temerá: Gaza también dolerse ha en gran manera, también Accarón; porque su esperanza será avergonzada; y de Gaza se perderá el rey, y Ascalón no se habitará. Y habitará en Azoto extranjero, y yo talaré la soberbia de los Palestinos. Y yo quitaré sus sangres de su boca, y sus abominaciones de sus dientes; y quedarán ellos también para nuestro Dios, y serán como capitanes en Judá, y Accarón como el Jebuseo. Y seré como real de ejército a mi casa, del que va y del que viene, ni más pasará sobre ellos angustiador; porque ahora miré con mis ojos. ¶ Alégrate mucho, hija de Sión, jubila, hija de Jerusalem. He aquí que tu Rey vendrá a ti, Justo y Salvador, pobre y cabalgando sobre un asno, y sobre un pollino hijo de asna. Y de Efraím talaré los carros, y los caballos de Jerusalem; y los arcos de guerra serán quebrados; y hablará paz a las gentes; y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra. ¶ Y tú también por la sangre de tu concierto serás salva, yo he sacado tus presos del aljibe en que no hay agua. Tornáos a la fortaleza, o! presos de esperanza: hoy también os anuncio que os daré doblado. Porque yo entesé para mí a Judá como arco: henchí a Efraím, y despertaré tus hijos, o! Sión, contra tus hijos, o! Grecia; y ponerte he como espada de valiente. Y Jehová será visto sobre ellos, y su dardo saldrá como relámpago; y el Señor Jehová tocará trompeta, e irá como torbellinos del austro. Jehová de los ejércitos los amparará, y tragarán, y sujetarlos han a las piedras de la honda; y beberán, y harán bramidos como tomados del vino, y henchirse han como un cuenco, o como los lados del altar. Y salvarlos ha en aquel día el Dios de ellos Jehová como a rebaño de su pueblo; porque serán engrandecidos en su tierra como piedras preciosas de corona. Porque ¿cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura? El trigo alegrará a los mancebos, y el vino a las doncellas.
Epístola
Mas si habéis resucitado con Cristo, buscád lo que es de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Ponéd vuestro corazón en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos estáis, y vuestra vida está guardada con Cristo en Dios. Cuando se manifestare Cristo, que es nuestra vida, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.
Primera lectura
En el año tercero del reino del rey Balsasar, me apareció una visión, a mí Daniel, después de aquella que me apareció antes. Ví en visión, y aconteció cuando ví, que yo estaba en Susán, que es cabecera del reino, en la provincia de Persia: así que ví en aquella visión, estando junto al río Ulai. Y alcé mis ojos, y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, el cual tenía dos cuernos, y aunque eran altos, el uno era más alto que el otro; y el que era más alto subía a la postre. Ví que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte, y al mediodía, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su mano; y hacía conforme a su voluntad, y cada día se hacía más grande. Y estando yo considerando, he aquí, un macho de cabrío venía de la parte del poniente sobre la haz de toda la tierra, el cual no tocaba la tierra; y tenía aquel macho cabrío un cuerno de ver entre sus ojos. Y venía hasta el carnero que tenía los dos cuernos, al cual yo había visto que estaba delante del río; y corrió contra él con la ira de su fortaleza. Y le ví que llegaba junto al carnero, y levantóse contra él, e hirióle, y quebró sus dos cuernos; porque en el carnero no había fuerzas para parar delante de él; y derribóle en tierra, y hollóle, ni hubo quien librase al carnero de su mano. Y el macho de cabrío se engrandeció en gran manera; y estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado; y subieron en su lugar otros cuatro maravillosos hacia los cuatro vientos del cielo. Y del uno de ellos salió un cuerno pequeño, el cual creció mucho al mediodía, y al oriente, hacia la tierra deseable. Y engrandecíase hasta el ejército del cielo, y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las holló. Y hasta el emperador del ejército se engrandeció; y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. Y el ejército fue entregado a causa del continuo sacrificio, a causa de la prevaricación; y echó por tierra la verdad; e hizo todo lo que quiso, y sucedióle prósperamente. Y oí un santo que hablaba, y otro de los santos dijo a un otro que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora, que pone el santuario y el ejército para ser hollado? Y él me dijo: Hasta tarde y mañana dos mil y trescientos; y el santuario será justificado. Y acaeció que estando yo Daniel considerando la visión, y buscando su entendimiento, he aquí que como una semejanza de hombre se puso delante de mí. Y oí una voz de hombre entre Ulai, que alzó la voz, y dijo: Gabriel, enseña la visión a este. Y vino cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y caí sobre mi rostro; y él me dijo: Entiende, hijo del hombre, porque al tiempo la visión se cumplirá. Y estando él hablando conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro; y él me tocó, e hízome estar en pie. Y dijo: He aquí que yo te enseñaré lo que ha de venir en el fin de la ira; porque al tiempo se cumplirá. Aquel carnero que viste, que tenía cuernos, son los reyes de Media y de Persia; Y el macho cabrío, el macho cabrío, el rey de Grecia; y el cuerno grande que tenía entre sus ojos, es el rey primero: Y que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos sucederán de la misma nación, mas no en la fortaleza de él. Mas al cabo del imperio de estos, cuando los prevaricadores se cumplirán, levantarse ha un rey fuerte de cara, y entendido en dudas. Y su fortaleza se fortalecerá, mas no con fuerza suya; y destruirá maravillosamente, y sucederle ha prósperamente; y hará a su voluntad, y destruirá fuertes, y al pueblo de los santos. Y con su entendimiento hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y con paz destruirá a muchos; y contra el príncipe de los príncipes se levantará; y sin mano será quebrantado. Y la visión de la tarde y de la mañana que está dicha, es verdadera; y tú, guarda la visión, porque es para muchos días. Y yo Daniel fui quebrantado, y estuve enfermo algunos días; y cuando convalecí, hice el negocio del rey; y estaba espantado acerca de la visión, y no había quien la entendiese.
Oración matutina — segunda lectura
¶ Y, he aquí, un varón llamado José, el cual era senador, varón bueno, y justo:
Salmo responsorial
Jehová es mi pastor; no me faltará. En lugares de yerba me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. Hará volver mi alma: guiarme ha por sendas de justicia por su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré algún mal, porque tú estarás conmigo: tu vara, y tu cayado ellos me confortarán. Adornarás mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite; mi copa está revertiendo. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová reposaré por luengos días.
Evangelio
En el fin del sábado, así como iba amaneciendo el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro. Y, he aquí, fue hecho un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra de la puerta del sepulcro, y estaba sentado sobre ella. Y su aspecto era como un relámpago; y su vestido blanco como la nieve. Y del miedo de él los guardas temblaron, y fueron vueltos como muertos. Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Veníd, ved el lugar donde fue puesto el Señor; Y presto id, decíd a sus discípulos, que ha resucitado de los muertos; y, he aquí, os espera en Galilea: allí le veréis: he aquí, os lo he dicho.
Salmo responsorial
Jehová reinó, vistióse de magnificencia; vistióse Jehová de fortaleza: ciñóse: afirmó también el mundo, que no se moverá. Firme es tu trono desde entonces: tú eres eternalmente. Alzaron los ríos, o! Jehová, alzaron los ríos su sonido: alzaron los ríos sus ondas, Más que sonidos de muchas aguas, de fuertes ondas de la mar. Fuerte es Jehová en lo alto. Tus testimonios son muy firmes: tu casa, o! Jehová, tiene hermosa santidad para luengos días.
Salmo responsorial
Jehová dijo a mi Señor: Asiéntate a mi diestra, entre tanto que pongo a tus enemigos por estrado de tus pies. ¶ La vara de tu fortaleza enviará Jehová desde Sión: domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo será voluntario en el día de tu ejército en hermosura de santidades: como el rocío que cae de la matriz del alba, así te nacerán los tuyos, Juró Jehová, y no se arrepentirá: que tú serás sacerdote para siempre conforme al rito de Melquisedec. ¶ El Señor está a tu diestra: herirá a los reyes en el día de su furor. Juzgará en las naciones; henchirá de cuerpos muertos: herirá la cabeza sobre mucha tierra. Del arroyo, beberá en el camino; por lo cual ensalzará la cabeza.
Salmo responsorial
Alabád a Jehová, invocád su nombre: hacéd notorias sus obras en los pueblos. Cantád a él, decíd salmos a él: hablád de todas sus maravillas. Gloriáos en su nombre santo: alégrese el corazón de los que buscan a Jehová. Buscád a Jehová, y a su fortaleza: buscád su rostro siempre. Acordáos de sus maravillas, que hizo: de sus prodigios, y de los juicios de su boca, Simiente de Abraham su siervo: hijos de Jacob sus escogidos. El es Jehová nuestro Dios: en toda la tierra están sus juicios. Acordóse para siempre de su alianza: de la palabra que mandó para mil generaciones: La cual concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac. Y establecióla a Jacob por decreto, a Israel por concierto eterno, Diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, por cordel de vuestra heredad. Siendo ellos pocos hombres en número, y extranjeros en ella. Y anduvieron de gente en gente: de un reino a otro pueblo. No consintió que hombre los agraviase: y por causa de ellos castigó a los reyes. No toquéis en mis ungidos: ni hagáis mal a mis profetas. Y llamó a la hambre sobre la tierra: y toda fuerza de pan quebrantó. Envió un varón delante de ellos: por siervo fue vendido José. Afligieron sus pies con grillos: en hierro entró su persona, Hasta la hora que llegó su palabra: el dicho de Jehová le purificó. Envió el rey, y soltóle: el señor de los pueblos, y le desató. Púsole por señor de su casa: y por enseñoreador en toda su posesión. Para echar presos sus príncipes, como él quisiese; y enseñó sabiduría a sus viejos. Y entró Israel en Egipto: y Jacob fue extranjero en la tierra de Cam. E hizo crecer su pueblo en gran manera: e hízole fuerte más que sus enemigos. Volvió el corazón de ellos, para que aborreciesen a su pueblo: para que pensasen mal contra sus siervos. Envió a su siervo Moisés: a Aarón, al cual escogió. Pusieron en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam. Echó tinieblas, e hizo oscuridad, y no fueron rebeldes a su palabra. Volvió sus aguas en sangre, y mató sus pescados. Engendró ranas su tierra en las camas de sus reyes. Dijo, y vino una mezcla de diversas moscas, piojos en todo su término. Volvió sus lluvias en granizo: en fuego de llamas en su tierra. E hirió sus viñas, y sus higueras; y quebró los árboles de su término. Dijo, y vino langosta, y pulgón sin número; Y comió toda la yerba de su tierra, y comió el fruto de su tierra. E hirió a todos los primogénitos en su tierra, el principio de toda su fuerza. Y sacólos con plata y oro; y no hubo en sus tribus enfermo. Egipto se alegró en su salida; porque había caído sobre ellos el terror de ellos. Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche. Pidieron, e hizo venir codornices; y de pan del cielo les hartó. Abrió la peña, y corrieron aguas; fueron por las securas como un río. Porque se acordó de su santa palabra con Abraham su siervo. Y sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos. Y dióles las tierras de los Gentiles: y los trabajos de las naciones heredaron: Para que guardasen sus estatutos; y conservasen sus leyes. Alelu-Jah.
Oración vespertina — primera lectura
Tocád bocina en Gabaa, trompeta en Rama: sonád atambor en Bet-aven, tras ti, o! Ben-jamín. Efraím será asolado el día del castigo: en las tribus de Israel hice conocer mi verdad. Los príncipes de Judá fueron como los que traspasan mojones: derramaré pues sobre ellos, como agua, mi ira. Calumniado Efraím, quebrantado en juicio, porque quiso andar tras mandamientos. Y yo seré como polilla a Efraím, y como carcoma a la casa de Judá. Y verá Efraím su enfermedad, y Judá su llaga; e irá Efraím al Asur, y enviará al rey de Jareb: mas él no os podrá sanar, ni os curará la llaga. Porque yo seré como león a Efraím, y como cachorro de león a la casa de Judá: yo, yo arrebataré, y andaré: tomaré, y no habrá quien escape. Andaré, y tornaré a mi lugar, hasta que conozcan su pecado, y busquen mi faz: en su angustia madruguen a mí. Veníd, y tornémosnos a Jehová, que él arrebató, y curarnos ha: hirió, y vendarnos ha. Darnos ha vida después de dos días: al tercero día nos resucitará, y viviremos delante de él. Y conoceremos: proseguiremos en conocer a Jehová: como el alba, está aparejada su salida, y vendrán a nosotros como la lluvia: como la lluvia tardía y temprana a la tierra. ¿Qué haré a ti, Efraím? ¿Qué haré a ti, Judá? Vuestra misericordia, como la nube de la mañana, y como el rocío que viene a la madrugada.
Segunda lectura
Y a vosotros os dio vida, estando muertos en vuestros delitos y pecados, En que en otro tiempo anduvisteis, conforme a la condición de este mundo, conforme a la voluntad del príncipe de la potestad del aire, del espíritu que ahora obra en los hijos de la desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también conversamos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo las voluntades de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo, (por gracia sois salvos;) Y nos resucitó juntamente con él, y asimismo nos ha hecho asentar en los cielos con Cristo Jesús; Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, es el don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe. Porque hechura suya somos, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios ordenó antes para que anduviésemos en ellas. Por tanto tenéd memoria que vosotros que en otro tiempo eráis Gentiles en la carne, que eráis llamados Incircuncisión por la que se llama Circuncisión en la carne, la cual se hace por mano; Que eráis en aquel tiempo sin Cristo alejados de la república de Israel, y extranjeros a los conciertos de la promesa, sin esperanza, y sin Dios en el mundo; Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, el que de ambos pueblos ha hecho uno solo, y ha derribado el muro de división que mediaba entre ellos: Deshaciendo en su carne la enemistad, es a saber, la ley de los mandamientos que consistían en ritos; para formar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo así la paz: Y para reconciliar con Dios a ambos en un mismo cuerpo por la cruz, habiendo matado por ella la enemistad. Y vino, y anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca: Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois forasteros y extranjeros, sino conciudadanos de los santos, y familiares de Dios: Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo el mismo Jesu Cristo la principal piedra angular: En el cual todo el edificio, bien ajustado consigo mismo, crece para ser templo santo en el Señor: En el cual vosotros también sois juntamente edificados, para morada de Dios por el Espíritu.
Segunda lectura
Yo ruego a los ancianos que están entre vosotros, (yo anciano también con ellos, y testigo de las aflicciones de Cristo, que soy también participante de la gloria que ha de ser revelada:) Apacentád el rebaño de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de él, no por fuerza, mas voluntariamente: no por ganancia deshonesta, sino de un ánimo pronto; Y no como teniendo señorío sobre las herencias de Dios, sino de tal manera que seáis dechados de la grey. Y cuando apareciere el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona inmarcesible de gloria. Semejantemente vosotros los jóvenes, sed sujetos a los ancianos, de tal manera que seáis todos sujetos uno a otro. Vestíos de humildad de ánimo; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humilláos pues debajo de la poderosa mano de Dios, para que él os ensalce cuando fuere tiempo: Echando toda vuestra solicitud en él; porque él tiene cuidado de vosotros. Sed templados, y velád; porque vuestro adversario el diablo anda como león bramando en derredor de vosotros, buscando alguno que trague: Al cual resistíd firmes en la fe, sabiendo que las mismas aflicciones han de ser cumplidas en la compañía de vuestros hermanos que están en el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna por Jesu Cristo, después que hubiereis un poco de tiempo padecido, el mismo os perfeccione, confirme, corrobore, y establezca: A él la gloria, y el imperio para siempre. Amén. Por Silvano que os es (según yo pienso) hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificándoos, que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. La iglesia que está en Babilonia, juntamente elegida con vosotros, se os encomienda, y Márcos mi hijo. Saludáos unos a otros con beso de amor. Paz a vosotros todos, los que estáis en Cristo Jesús. Amén.
Segunda lectura
¶ Y, os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; Y que los tengáis en la mayor estima, amándolos a causa de su obra: tenéd paz entre vosotros mismos. ¶ Os exhortamos, pues, hermanos, que amonestéis a los que andan desordenadamente, que consoléis a los de poco ánimo, que soportéis a los flacos, que seáis sufridos para con todos. Mirád que ninguno dé a otro mal por mal; antes seguíd siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos. Estád siempre gozosos. Orád sin cesar. En todo dad gracias; porque esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús acerca de vosotros. No apaguéis el Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinádlo todo: retenéd lo que fuere bueno. Apartáos de toda apariencia de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique cabalmente; y que todo vuestro espíritu, y alma y cuerpo sean guardados irreprensibles para la venida del Señor nuestro Jesu Cristo. Fiel es el que os ha llamado, el cual también lo hará. Hermanos, orád por nosotros. Saludád a todos los hermanos con beso santo. Conjúroos por el Señor, que esta carta sea leída a todos los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea con vosotros. Amén. ¶ La primera carta a los Tesalonicenses fue escrita de Aténas.
Segunda lectura
Y ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, o! Jacob, y formador tuyo, o! Israel: No temas, porque yo te redimí: yo te puse nombre, mío eres tú. Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y en los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el mismo fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová Dios tuyo, Santo de Israel, Guardador tuyo: A Egipto he dado por tu rescate; a Etiopía, y a Sabá por ti. Porque en mis ojos fuiste de grande estima: fuiste honorable, y yo te amé; y daré hombres por ti, y naciones por tu alma. No temas, porque yo soy contigo: del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. Diré al aquilón: Da acá; y al mediodía: No detengas: trae de luengas tierras mis hijos, y mis hijas de lo postrero de la tierra: Todos llamados de mi nombre; y para gloria mía los crié, los formé, y los hice: Sacando al pueblo ciego, que tiene ojos; y a los sordos, que tienen oídos. ¶ Congréguense juntamente todas las naciones, y júntense pueblos: ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y serán sentenciados por justos: oigan, y digan verdad. Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo, que yo escogí: para que me conozcáis, y creáis, y entendáis, que yo mismo soy: antes de mí no fue formado Dios, ni lo será después de mí. Yo, yo Jehová; y fuera de mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios extraño. Vosotros pues sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano escape: si yo hiciere, ¿quién lo estorbará? Así dice Jehová, Redentor vuestro, Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender fugitivos todos ellos, y clamor de Caldeos en las naves.
Evangelio
Después se manifestó Jesús otra vez a sus discípulos junto a la mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, y Tomás, que se llamaba Dídimo, y Natanael, de Cana de Galilea, y los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos. Díceles Simón: A pescar voy: Dícenle: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y subieron luego en una nave; y aquella noche no tomaron nada. Empero venida la mañana, Jesús se puso en la ribera; mas los discípulos no sabían que era Jesús. Entonces les dice Jesús: ¿Hijos, tenéis algo de comer? Respondiéronle: No. Y él les dice: Echád la red a la derecha de la nave, y hallaréis. Echáronla pues, y ya no la podían en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. Dijo entonces aquel discípulo al cual amaba Jesús, a Pedro: El Señor es. Entonces Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse de pescador, porque estaba desnudo, y echóse a la mar. Y los otros discípulos vinieron con la nave (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), trayendo la red con los peces. Y como llegaron a tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. Díceles Jesús: Traéd de los peces que tomasteis ahora. Subió Simón Pedro, y trajo la red a tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió. Díceles Jesús: Veníd, y coméd. Y ninguno de los discípulos le osaba preguntar: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Entonces viene Jesús, y toma el pan, y dáles, y asimismo del pez. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos, habiendo resucitado de entre los muertos. ¶ Pues como hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas más que estos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. Vuélvele a decir la segunda vez: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas. Dícele la tercera vez: ¿Simón, hijo de Jonás, me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez. ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo, que cuando eras más mozo, te ceñías, e ibas donde querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y ceñirte ha otro, y te llevará donde no querrías. Y esto dijo, dando a entender con que muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme. Entonces volviéndose Pedro, ve a aquel discípulo al cual amaba Jesús que seguía, el que también se había recostado sobre su pecho en la cena, y le había dicho: ¿Señor, quién es el que te ha de entregar? Así que, como Pedro vio a éste, dice a Jesús: ¿Señor, y qué será de éste? Dícele Jesús: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué se te da a ti? Sígueme tú. Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no había de morir; mas Jesús no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué se te da a ti? Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
Oración vespertina — segunda lectura
¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado, para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aun en él? ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él en la muerte por el bautismo, para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos juntamente en la semejanza de su resurrección: Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que está muerto, justificado es del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él: Ciertos que Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñoreará más de él. Porque, en cuanto al morir, al pecado murió una vez; mas en cuanto al vivir, para Dios vive. Así también vosotros, juzgád que vosotros de cierto estáis muertos al pecado; mas que vivís para Dios en Cristo Jesús Señor nuestro. No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que le obedezcáis en sus concupiscencias. Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad: antes presentáos a Dios como vivientes de entre los muertos; y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; porque no estáis debajo de la ley, sino debajo de la gracia.
Evangelio
Y aconteció en aquellos días, que salió un edicto de parte de Augusto César, para que toda la tierra fuese empadronada. Este empadronamiento primero fue hecho, siendo presidente de la Siria Cirenio, E iban todos para ser empadronados cada uno a su ciudad. Y subió José de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; Para ser empadronado, con María su mujer desposada con él, la cual estaba preñada. Y aconteció, que estando ellos allí, los días en que ella había de parir se cumplieron. Y parió a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y le acostó en el pesebre; porque no había lugar para ellos en el mesón. Y había pastores en la misma tierra, que velaban, y guardaban las velas de la noche sobre su ganado. Y, he aquí, el ángel del Señor vino sobre ellos; y la claridad de Dios los cercó de resplandor de todas partes, y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis, porque, he aquí, os doy nuevas de gran gozo, que será a todo el pueblo: Que os es nacido hoy Salvador, que es el Señor, el Cristo, en la ciudad de David. Y esto os será por señal: hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en el pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel multitud de ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían: Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, y a los hombres buena voluntad. Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos a los otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos este negocio que ha hecho Dios, y nos ha mostrado. Y vinieron a priesa, y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño. Y todos los que lo oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Mas María guardaba todas estas cosas confiriéndolas en su corazón. Y se volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.
Evangelio
¶ Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? Y ellos respondieron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas. Entonces él les dice: ¿Y vosotros, quién decís que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. Y mandóles con rigor que a ninguno dijesen esto de él. Y comenzó a enseñarles, que era menester que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reñir. Y él, volviéndose, y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.
Evangelio
Y viendo Jesús las multitudes, subió a un monte; y sentándose él, se llegaron a él sus discípulos. Y abriendo él su boca, les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los tristes; porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos; porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia; porque ellos serán hartos. Bienaventurados los misericordiosos; porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón; porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores; porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia; porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois, cuando os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Regocijáos y alegráos; porque vuestro galardón es grande en los cielos; que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. ¶ Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? no vale más para nada; sino que sea echada fuera, y sea hollada de los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder. Ni se enciende la luz, y se pone debajo de un almud, sino en el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así pues alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. ¶ No penséis que he venido para invalidar la ley, o los profetas: no he venido para invalidarlos, sino para cumplirlos. Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, sin que todas las cosas sean cumplidas. De manera que cualquiera que quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los hiciere, y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos. Porque yo os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, estará expuesto a juicio. Yo pues os digo, que cualquiera que se enojare sin razón con su hermano, estará expuesto a juicio; y cualquiera que dijere a su hermano: Raca, estará expuesto al concilio; y cualquiera que a su hermano dijere: Insensato, estará expuesto al fuego del infierno. Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares, que tu hermano tiene algo contra ti, Deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente. Pónte de acuerdo con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al ministro; y seas echado en prisión. De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer cornado. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No cometerás adulterio: Yo pues os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácale, y échale de ti; que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. ¶ También fue dicho: Cualquiera que despidiere a su mujer, déle carta de divorcio. Mas yo os digo, que el que despidiere a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la despedida, comete adulterio. ¶ También oísteis que fue dicho a los antiguos: No te perjurarás; mas cumplirás al Señor tus juramentos. Yo pues os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco o negro. Mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede. ¶ Oísteis que fue dicho a los antiguos: Ojo por ojo; y diente por diente: Mas yo os digo: que no resistáis al mal: antes a cualquiera que te hiriere en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y al que quisiere ponerte a pleito, y tomarte tu ropa, déjale también la capa. Y a cualquiera que te forzare a ir una milla, ve con él dos. Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de ti prestado, no le rehúses. ¶ Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo; y aborrecerás a tu enemigo. Yo pues os digo: Amád a vuestros enemigos: bendecíd a los que os maldicen: hacéd bien a los que os aborrecen, y orád por los que os calumnian y os persiguen; Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos e injustos. Porque si amareis a los que os aman, ¿qué galardón tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludareis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los publicanos? Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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