Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
¶ Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la aflicción actual; digo, que bueno es al hombre estarse así. ¿Estás atado a mujer? no procures soltarte. ¿Estás suelto de mujer? no busques mujer. Mas también si te casares, no pecaste; y si la virgen se casare, no pecó; pero aflicción en la carne tendrán los tales; mas yo os perdono. Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como si no las tuviesen; Y los que lloran, como si no llorasen; y los que se regocijan, como si no se regocijasen; y los que compran, como si no poseyesen; Y los que usan de este mundo, como no abusando de él; porque la apariencia de este mundo se pasa. Mas querría que estuvieseis sin cuidado. El soltero tiene cuidado de las cosas que pertenecen al Señor, como ha de agradar al Señor. Empero el casado tiene cuidado de las cosas que son del mundo, como ha de agradar a su mujer. Diferencia hay también entre la mujer casada y la virgen. La mujer por casar, tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; mas la casada, tiene cuidado de las cosas del mundo, como ha de agradar a su marido. Esto empero digo para vuestro propio provecho: no para echaros un lazo, sino para lo que es decente, y para que sin distracción sirváis al Señor.
Primera lectura
¡O si rompieses los cielos, y descendieses, y a tu presencia se escurriesen los montes, Como fuego, que abrasando derrite, fuego que hace hervir el agua, para que hicieses notorio tu nombre a tus enemigos, y las naciones temblasen a tu presencia! Como descendiste, cuando hiciste terribilidades, cuales nunca esperamos, que los montes se escurrieron delante de ti. Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo vio Dios fuera de ti, que hiciese otro tanto por el que en él espera. Saliste al encuento al que con alegría obró justicia: en tus caminos se acordaban de ti: he aquí, tú te enojaste porque pecamos: ellos serán eternos, y nosotros seremos salvos. Que todos nosotros éramos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos como la hoja del árbol, todos nosotros, y nuestras maldades nos llevaron como viento. Y nadie hay que invoque tu nombre, ni que se despierte para tenerte: por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades. Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre: nosotros lodo, y tú el que nos obraste; así que obra de tus manos somos todos nosotros. No te aires, o! Jehová, sobre manera, ni tengas perpetua memoria de la iniquidad: he aquí, mira ahora, pueblo tuyo somos todos nosotros. Tus santas ciudades son desiertas: Sión desierto es, y Jerusalem soledad. La casa de nuestro santuario y de nuestra gloria, en la cual te alabaron nuestros padres, fue quemada de fuego, y todas nuestras cosas preciosas fueron destruidas. ¿Detenerte has, o! Jehová, sobre estas cosas? ¿Callarás, y afligirnos has sobre manera?
Primera lectura
El Espíritu del Señor Jehová es sobre mí; porque me ungió Jehová: envióme a predicar a los abatidos: a atar las llagas de los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel: A publicar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro: a consolar a todos los enlutados: A ordenar a Sión a los enlutados, para darles gloria en lugar de la ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantación de Jehová, para glorificarme. ¶ Y edificarán los desiertos antiguos, y levantarán los asolamientos primeros; y restaurarán las ciudades asoladas, los asolamientos de muchas generaciones. Y estarán extranjeros, y apacentarán vuestras ovejas; y los extraños serán vuestros labradores, y vuestros viñeros. Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová; ministros del Dios nuestro seréis dichos: comeréis la fuerza de las naciones, y con su gloria seréis sublimes. En lugar de vuestra vergüenza doble; y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades: por lo cual en sus tierras poseerán doblado, y habrán gozo perpetuo. Porque yo Jehová soy amador del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto: que confirmaré en verdad su obra, y haré con ellos concierto perpetuo. Y la simiente de ellos será conocida entre las naciones, y sus renuevos en medio de los pueblos: todos los que los vieren, los conocerán, que son simiente bendita de Jehová. Gozando me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió de vestidos de salud, me cercó de manto de justicia: como a novio me atavió, y como a novia compuesta de sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su simiente; así el Señor Jehová hará brotar justicia y alabanza, delante de todas las naciones.
Oración matutina — primera lectura
Y Ana oró, y dijo: Mi corazón se alegra en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová, mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay fuerte como el Dios nuestro. No multipliquéis hablando grandezas, grandezas: cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de las ciencias es Jehová, y las obras magníficas a él le son prestas. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. Los hartos se alquilaron por pan: y los hambrientos cesaron: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. Jehová mata, y él da vida: él hace descender a los infiernos, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarle con los príncipes: y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos; mas los impíos perecen en tinieblas, porque nadie con fuerza será valiente. Jehová, serán quebrantados sus adversarios: y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. Y Elcana se volvió a su casa en Ramata: y el mozo ministraba a Jehová delante de Elí sacerdote. ¶ Mas los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Era la costumbre de los sacerdotes con el pueblo que cualquiera que sacrificaba sacrificio, venía el criado del sacerdote, cuando la carne estaba a cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos, Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían a todo Israel que venía a Silo. Asimismo antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote: porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y respondíale el varón: Quemen de presto el sebo hoy, y después tómate como quisieres. Y él respondía: No, sino ahora la has de dar; de otra manera yo la tomaré por fuerza, Y así el pecado de los mozos era muy grande delante de Jehová: porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová. Y el mozo Samuel ministraba delante de Jehová vestido de un efod de lino. Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a sacrificar el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendecía a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que pidió a Jehová: y así se volvieron a su lugar. Y visitó Jehová a Ana, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas; y el mozo Samuel crecía delante de Jehová. Elí empero era muy viejo, y oía todo lo que sus hijos hacían a todo Israel; y como dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros negocios malos. No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán: mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre: porque Jehová les quería matar. Y el mozo Samuel iba creciendo, y mejorándose delante de Dios, y delante de los hombres. ¶ Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así dijo Jehová: ¿No me manifesté yo manifiestamente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto, en la casa de Faraón?
Epístola
Porque yo juzgo, que lo que en este tiempo se padece, no es digno de compararse con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. ¶ Porque el continuo atalayar de la criatura espera la manifestación de los hijos de Dios; Porque la criatura fue sujetada a vanidad, no de su voluntad, sino por causa de aquel que la sujetó con esperanza. De que también la misma criatura será librada de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque ya sabemos, que toda la creación gime a una, y a una está en dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, mas también nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo.
Primera lectura
Hijo mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos: escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana; y a la inteligencia llama parienta: Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña, que ablanda sus palabras. ¶ Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi ventana, Miré entre los simples, consideré entre los mancebos un mancebo falto de entendimiento, El cual pasaba por la calle, junto a su esquina; e iba camino de su casa, A la tarde del día, ya que oscurecía, en la oscuridad y tiniebla de la noche: Y veis aquí una mujer, que le sale al encuentro con atavío de ramera, astuta de corazón, Alborotadora y rencillosa: sus pies no pueden estar en casa: Ahora de fuera, ahora por las plazas: asechando por todas las encrucijadas. Y traba de él, y bésale; desvergonzó su rostro; y díjole: Sacrificios de paz he prometido, hoy he pagado mis votos: Por tanto he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu faz; y héte hallado. Con paramentos he emparamentado mi cama, alzados con cuerdas de Egipto. He sahumado mi cámara con mirra, áloes, y canela. Ven, embriaguémosnos de amores hasta la mañana: alegrémosnos en amores. Porque el marido no está en su casa, ha ido a un viaje muy largo: El saco del dinero llevó en su mano, el día de la fiesta volverá a su casa. Derribóle con la multitud de la suavidad de sus palabras: con la blandura de sus labios le compelió. Váse en pos de ella luego, como va el buey al degolladero, y como el insensato a las prisiones para ser castigado: De tal manera que la saeta traspasó su hígado: como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que es contra su vida. Ahora pues hijos, oídme, y estád atentos a las razones de mi boca. No se aparte a sus caminos tu corazón; y no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer muertos; y todos los fuertes han sido muertos por ella. Caminos del sepulcro son su casa, que descienden a las cámaras de la muerte.
Oración matutina — segunda lectura
Y habiendo entrado Jesús, pasaba por Jericó. Y, he aquí, un varón llamado Zaqueo el cual era príncipe de los publicanos, y era rico. Y procuraba ver a Jesús quién fuese; mas no podía a causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. Y corriendo delante, se subió en un árbol sicomoro, para verle; porque había de pasar por allí. Y como vino a aquel lugar Jesús, mirando le vio, y le dijo: Zaqueo, dáte priesa, desciende; porque hoy es menester que pose en tu casa. Entonces él descendió apriesa, y le recibió gozoso. Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo vuelvo con los cuatro tantos. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto también él es hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar, y a salvar lo que se había perdido. ¶ Y oyendo ellos estas cosas, prosiguiendo él, dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego había de ser manifestado el reino de Dios. Dijo pues: Un hombre noble se partió a una tierra lejos, a tomar para sí un reino, y volver. Y llamados diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociád entre tanto que vengo. Empero sus ciudadanos le aborrecían; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos, a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Y él le dice: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, ten autoridad sobre diez ciudades. Y vino el segundo, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas. Y asimismo a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo. Porque tuve miedo de ti, pues que eres hombre severo: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu boca te juzgo: sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandara con el logro? Y dijo a los que estaban presentes: Quitádle la mina, y dádla al que tiene las diez minas. (Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas.) Porque yo os digo que a cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. Mas a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traédlos acá, y degolládlos delante de mí. ¶ Y dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalem. Y aconteció, que llegando cerca de Betfage, y de Betania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos, Diciendo: Id a la aldea que está delante, en la cual como entraréis, hallaréis un pollino atado en el cual ningún hombre jamás se ha sentado: desatádle, y traédle acá. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? le diréis así: Porque el Señor le ha menester. Y fueron los que habían sido enviados, y hallaron, como él les dijo. Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester. Y le trajeron a Jesús; y echando ellos sus ropas sobre el pollino, pusieron encima a Jesús. Y yendo él, tendían sus vestidos por el camino. Y como llegasen ya cerca de la descendida del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzaron a alabar a Dios a gran voz por todas las maravillas que habían visto, Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en las alturas. Entonces algunos de los Fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán. Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella, Diciendo: ¡Ah, si tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que toca a tu paz! mas ahora está encubierto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con trinchera; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho; Y te derribarán a tierra; y a tus hijos, los que están dentro de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en él, Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban matarle. Y no hallaban que hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole.
Salmo responsorial
Alabád a Jehová desde los cielos: alabádle en las alturas. Alabádle todos sus ángeles: alabádle todos sus ejércitos. Alabádle el sol y la luna: alabádle todas las estrellas de luz. Alabádle los cielos de los cielos; y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creadas. Y las hizo ser para siempre, por el siglo: púsoles ley que no será quebrantada. Alabád a Jehová, de la tierra, los dragones y todos los abismos. El fuego, y el granizo; la nieve y el vapor: el viento de tempestad que hace su palabra: Los montes, y todos los collados: el árbol de fruto, y todos los cedros: La bestia, y todo animal: lo que va arrastrando, y el ave de alas. Los reyes de la tierra, y todos los pueblos: los príncipes, y todos los jueces de la tierra. Los mancebos, y también las doncellas: los viejos con los mozos. Alaben el nombre de Jehová; porque su nombre de él solo es ensalzado: su gloria es sobre tierra y cielos. El ensalzó el cuerno de su pueblo: alábenle todos sus misericordiosos: los hijos de Israel, el pueblo a él cercano. Alelu-Jah.
Evangelio
Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, la multitud se derribaba sobre él por oír la palabra de Dios. Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. ¶ Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echád vuestras redes para pescar. Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron tan gran multitud de peces, que su red se rompía. E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se anegaban. Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: Sálte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, a causa de la presa de los peces que habían tomado: Y asimismo a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora tomarás hombres. Y como llegaron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron.
Salmo responsorial
Salva, o! Jehová, porque se acabaron los misericordiosos: porque se han acabado los fieles de entre los hijos de los hombres. Mentira habla cada uno con su prójimo con labios lisonjeros: con doblez de corazón, hablan. Tale Jehová todos los labios lisonjeros: la lengua que habla grandezas. Que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos: nuestros labios están con nosotros, ¿quién nos es Señor? ¶ Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice Jehová: yo pondré en salvo al que el enlaza. Las palabras de Jehová, palabras limpias: plata refinada en horno de tierra: colada siete veces. Tú, Jehová, los guardarás: guárdalos para siempre de aquesta generación. Cercando andan los malos: entretanto las vilezas de los hijos de los hombres son exaltadas.
Salmo responsorial
Jehová, no me reprendas con tu furor, ni me castigues con tu ira. Porque tus saetas descendieron en mí; y sobre mí ha descendido tu mano. No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira: no hay paz en mis huesos a causa de mi pecado. Porque mis iniquidades han pasado sobre mi cabeza: como carga pesada, se han agravado sobre mí. Pudriéronse, y corrompiéronse mis llagas a causa de mi locura. Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera: todo el día ando enlutado. Porque mis caderas están llenas de ardor: y no hay sanidad en mi carne. Estoy debilitado y molido en gran manera: rugiendo estoy a causa del alboroto de mi corazón. Señor, delante de ti están todos mis deseos: y mi suspiro no te es oculto. Mi corazón está rodeado, me ha dejado mi vigor; y la luz de mis ojos, aun ellos no están conmigo. Mis amigos, y mis compañeros, se quitaron de delante de mi plaga: y mis cercanos se pusieron lejos. Y los que buscaban a mi alma armaron lazos: y los que buscaban mi mal, hablaban iniquidades: y todo el día meditaban fraudes. Y yo, como sordo, no oía: y como un mudo, que no abre su boca. Y fui como un hombre que no oye: y que no hay en su boca reprensiones. Porque a ti Jehová esperaba: tú responderás Jehová Dios mío. Porque decía: Que no se alegren de mí: cuando mi pie resbalaba se engrandecían sobre mí. Porque yo aparejado estoy a cojear: y mi dolor está delante de mí continuamente. Por tanto denunciaré mi maldad: congojarme he por mi pecado. Porque mis enemigos son vivos y fuertes: y hánse aumentado los que me aborrecen sin causa: Y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno. No me desampares, o! Jehová; Dios mío, no te alejes de mí. Apresúrate a ayudarme, Señor, que eres mi salud.
Salmo responsorial
No te enojes con los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como yerba serán presto cortados: y como verdura de renuevo caerán. Espera en Jehová, y haz bien; vive en la tierra, y mantén verdad. Y deléitate en Jehová: y él te dará las peticiones de tu corazón. Vuelve hacia Jehová tu camino: y espera en él, y él hará. Y sacará, como la lumbre, tu justicia: y tus derechos como el medio día. Calla a Jehová, y espera en él: no te enojes con el que prospera en su camino, con el hombre que hace maldades. Déjate de la ira, y deja el enojo: no te enojes en ninguna manera para hacerte malo. Porque los malignos serán talados: y los que esperan a Jehová, ellos heredarán la tierra. Y de aquí a poco no será el malo: y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá. Y los mansos heredarán la tierra; y deleitarse han con la multitud de la paz. Piensa el impío contra el justo; y cruje sobre él sus dientes. El Señor se reirá de él: porque ve que vendrá su día. Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, para hacer arruinar al pobre y al menesteroso: para degollar a los que andan camino derecho. La espada de ellos entrará en su mismo corazón; y su arco será quebrado. Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores. Porque los brazos de los impíos serán quebrados: y el que sustenta a los justos es Jehová. Conoce Jehová los días de los perfectos: y su heredad será para siempre. No serán avergonzados en el mal tiempo: y en los días de la hambre serán hartos. Porque los impíos perecerán; y los enemigos de Jehová, como lo principal de los carneros, serán consumidos: como humo se consumirán. El impío toma prestado, y no paga: y el justo tiene misericordia, y da. Porque los benditos de él, heredarán la tierra: y los malditos de él, serán talados. Por Jehová son ordenados los pasos del hombre piadoso, y él quiere su camino. Cuando cayere, no será postrado: porque Jehová sustenta su mano. Mozo fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que busque pan. Todo el día tiene misericordia, y presta: y su simiente es para bendición. Apártate del mal, y haz el bien: y vivirás para siempre. Porque Jehová ama el derecho, y no desamparará a sus misericordiosos; para siempre serán guardados: y la simiente de los impíos será talada. Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella. La boca del justo hablará sabiduría, y su lengua hablará juicio. La ley de su Dios está en su corazón, por tanto sus pies no titubearán. Asecha el impío al justo, y procura matarle. Jehová no le dejará en sus manos; ni le condenará cuando le juzgaren. Espera a Jehová, y guarda su camino, y él te ensalzará para heredar la tierra: cuando los pecadores serán talados, verás. Yo ví al impío robusto, y reverdeciendo como un laurel verde: Y se pasó, y he aquí no parece: y le busqué, y no fue hallado. Considera al perfecto, y mira por el recto, porque la postrimería de cada uno de ellos es paz. Mas los rebelados fueron todos a una destruidos: la postrimería de los impíos fue talada. Y la salud de los justos fue Jehová, y su fortaleza en el tiempo de la angustia: Y Jehová los ayudó, y los escapa, y los escapará de los impíos: y los salvará, por cuanto esperaron en él.
Oración vespertina — primera lectura
Y el mozo Samuel ministraba a Jehová delante de Elí, y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días, no había visión manifiesta. Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, y ya sus ojos comenzaban a oscurecerse que no podía ver, Y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba. Y Jehová llamó a Samuel; el cual respondió: Heme aquí. Y corriendo a Elí dijo: Heme aquí: ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado: tórnate y acuéstate. Y él se volvió, y acostóse. Y volvió otra vez Jehová a llamar a Samuel. Y levantándose Samuel vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado, vuelve, y acuéstate. Mas Samuel aun no conocía a Jehová, ni le había sido revelada palabra de Jehová. Jehová pues llamó la tercera vez a Samuel: y él levantándose vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces Elí entendió que Jehová llamaba al mozo. Y dijo Elí a Samuel: Vé, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla Jehová, que tu siervo oye. Así Samuel se fue, y acostóse en su lugar. Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: Samuel, Samuel. Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí que yo haré una cosa en Israel, que quien la oyere, le retiñan ambas sus orejas. Aquel día yo despertaré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa. Yo comenzaré; y acabaré. Y yo le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe: que sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. Y por tanto yo he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes. Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel tenía miedo de descubrir la visión a Elí. Llamando pues Elí a Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. Y él le dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Ruégote que no me la encubras. Así te haga Dios, y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se lo descubrió todo, que nada le encubrió. Entonces él dijo: Jehová es, haga lo que bien le pareciere. ¶ Y Samuel creció, y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de todas sus palabras. Y conoció todo Israel desde Dan, hasta Beer-seba, que Samuel era fiel profeta de Jehová. Así tornó Jehová a aparecer en Silo, porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo con palabra de Jehová.
Segunda lectura
¿O ignoráis, hermanos, (pues hablo con los que saben la ley,) que la ley solamente se enseñorea del hombre entre tanto que vive? Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras él vive, está ligada a su marido por la ley; mas muerto el marido, ella está libre de la ley del marido. Así que viviendo el marido se llamará adúltera, si fuere de otro varón; mas si su marido hubiese muerto, está libre de la ley, de tal manera que no será adúltera, si fuere de otro marido. Así también vosotros, hermanos míos, estáis muertos a la ley por el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro esposo, es a saber, del que resucitó de los muertos, para que llevemos fruto a Dios. Porque mientras estábamos en la carne, los afectos del pecado que eran por la ley, obraban en nuestros miembros para llevar fruto a la muerte: Mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquello en que nos detenía presos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de la letra. ¶ ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Antes yo no conociera al pecado, sino por la ley; porque no conociera la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás. Empero el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, obró en mí toda suerte de concupiscencia; porque sin la ley el pecado estaba muerto. Así que, yo sin la ley vivía en algún tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí. Y hallé que el mandamiento, que de suyo era para vida, a mí era para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno. ¿Luego lo que es bueno, para mí me es hecho muerte? No, sino que el pecado, para mostrarse pecado, por lo bueno me obró la muerte; para que, por el mandamiento, el pecado se hiciese sobre manera pecaminoso. Porque ya sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido debajo del pecado. Porque lo que hago, no lo apruebo, pues el bien que quiero, no hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. Y si lo que no quiero, esto hago, consiento que la ley es buena. De manera que ya no obro yo aquello, sino el pecado que mora en mí. Porque yo sé que en mí, es a saber, en mi carne, no mora cosa buena; porque tengo el querer; mas obrar lo bueno, no lo alcanzo. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, esto hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, en queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley; que el mal habita conmigo. Porque según el hombre interior me deleito en la ley de Dios; Mas veo otra ley en mis miembros rebelándose contra la ley de mi espíritu, y llevándome cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy a Dios por Jesu Cristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con el espíritu sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Segunda lectura
Esta es la tercera vez que vengo a vosotros: en la boca de dos o de tres testigos constará toda palabra. Ya he dicho antes, y ahora digo otra vez como si estuviera ya presente; y ahora estando ausente lo escribo a los que pecaron antes, y a todos los demás, que si vengo otra vez, no perdonaré; Pues que buscáis la experiencia de Cristo que habla en mí, el cual no es flaco para con vosotros, antes es poderoso en vosotros. Porque aunque fue crucificado por flaqueza, vive empero por poder de Dios; porque también nosotros aunque somos flacos en él, empero viviremos con él por el poder de Dios hacia vosotros. Examináos a vosotros mismos si sois en la fe; probáos a vosotros mismos. ¿No sabéis vosotros mismos, como que Jesu Cristo es en vosotros, si no sois reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados. Oramos empero a Dios que ninguna cosa mala hagáis: no para que nosotros seamos hallados aprobados, mas para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos como reprobados. Porque ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad. Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros flacos, y que vosotros seáis fuertes; y aun deseamos esto, a saber, vuestra consumación. Por tanto os escribo esto estando ausente, por no usar, estando presente, de dureza, conforme al poder que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción. En fin, hermanos, hayáis gozo, seáis perfectos, consoláos, sintáis una misma cosa, vivíd en paz, y el Dios de paz y de caridad será con vosotros. Saludáos los unos a los otros con beso santo. Todos los santos os saludan. La gracia del Señor Jesu Cristo, y el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén. ¶ La segunda epístola a los Corintios fue escrita de Filipos, ciudad de Macedonia, por Tito, y Lúcas.
Segunda lectura
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es engendrado de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Porque éste es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son graves. Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, es a saber, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesu Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. También son tres los que dan testimonio en la tierra, el espíritu, y el agua, y la sangre; y estos tres son uno. Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios, ha hecho mentiroso a Dios; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y éste es el testimonio, es a saber, que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene vida.
Segunda lectura
Así que todos los que somos perfectos, tengamos estos mismos sentimientos; y si en alguna cosa los tenéis diferentes, esto también os revelará Dios. Empero a lo que hemos ya llegado, vamos por la misma regla, y sintamos una misma cosa. ¶ Hermanos, sed juntamente imitadores de mí, y mirád los que anduvieren así, como nos tenéis a nosotros por dechado. (Porque muchos andan, de los cuales os he dicho muchas veces, y ahora también lo digo, aun llorando, que enemigos son de la cruz de Cristo: Cuyo fin es la perdición: cuyo dios es el vientre, y su gloria es en la confusión de ellos, que piensan solo en lo terreno.) ¶ Mas nuestra vivienda es en los cielos, de donde también esperamos el Salvador, al Señor Jesu Cristo; El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para que sea hecho semejante a su cuerpo glorificado, según el poder eficiente por el cual puede también sujetar a sí todas las cosas.
Evangelio
De cierto, de cierto os digo, que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal ladrón es y robador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y como ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen; porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños. Esta parábola les dijo Jesús; mas ellos no entendieron qué era lo que les decía. Volvióles pues Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores, mas no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en grande abundancia. Yo soy el buen pastor: el buen pastor su alma da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, cuyas no son proprias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo arrebata, y dispersa las ovejas. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, Como el Padre me conoce a mí, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil: aquellas también he de traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. Y volvió a haber disensión entre los Judíos por estas palabras. Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está loco: ¿para qué le oís? Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? Y hacíase la fiesta de la dedicación en Jerusalem, y era invierno. Y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón. Y rodeáronle los Judíos, y le dijeron: ¿Hasta cuándo traes suspensa nuestra alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Respondióles Jesús: Os lo he dicho, y no lo creísteis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, estas dan testimonio de mí. Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen; Y yo les doy vida eterna, y para siempre no perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, mayor que todos es; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y mi Padre somos uno. ¶ Entonces volvieron a tomar piedras los Judíos, para apedrearle. Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ellas me apedreáis? Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por la buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Dioses sois? Si llamó dioses a aquellos, a los cuales vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿A mí que el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas; porque dije: Soy el Hijo de Dios? Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque a mí no creáis, creéd a las obras, para que conozcáis y creáis, que el Padre es en mí, y yo en él. Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos, Y volvióse tras el Jordán, a aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan, y se estuvo allí. Y muchos venían a él, y decían: Juan a la verdad ningún milagro hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad. Y muchos creyeron allí en él.
Oración vespertina — segunda lectura
Mas si habéis resucitado con Cristo, buscád lo que es de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Ponéd vuestro corazón en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque muertos estáis, y vuestra vida está guardada con Cristo en Dios. Cuando se manifestare Cristo, que es nuestra vida, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Hacéd morir, pues, vuestros miembros que están sobre la tierra, es a saber, la fornicación, la inmundicia, la molicie, la mala concupiscencia, y la avaricia, la cual es idolatría: Por las cuales cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de rebelión: En las cuales vosotros también andabais en otro tiempo, cuando vivíais en ellas. Mas ahora dejáos también vosotros de todas estas cosas; ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca: No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del hombre viejo con sus hechos, Y habiéndoos vestido del nuevo, el cual es renovado en el conocimiento, conforme a la imagen del que le creó: Donde no hay Griego ni Judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni Escita, siervo ni libre; mas Cristo es todo y en todo. Vestíos, pues, (como los escogidos de Dios, santos, y amados) de entrañas de misericordia, de benignidad, de humildad de espíritu, de mansedumbre, de longanimidad: Soportándoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros, si alguno tuviere queja contra otro: a la manera que Cristo os perdonó, así también perdonád vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, el cual es el vínculo de la perfección. Y la paz de Dios reine en vuestros corazones: a la cual asimismo sois llamados en un mismo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros abundantemente en toda sabiduría; enseñándoos, y exhortándoos los unos a los otros con salmos, e himnos, y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hiciereis, en palabra, o en obra, hacédlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios y al Padre por medio de él. ¶ Casadas, estád sujetas a vuestros propios maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amád a vuestras mujeres, y no les seáis desabridos. Hijos, obedecéd a vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, porque no se desalienten. Siervos, obedecéd en todo a vuestros señores según la carne, no sirviendo al ojo, como los que agradan a los hombres, sino con sencillez de corazón, temiendo a Dios. Y todo lo que hiciereis hacédlo de corazón, como mirando al Señor, y no a los hombres: Estando ciertos que del Señor recibiréis el premio de la herencia; porque al Señor Cristo servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere; que no hay respeto de personas.
Evangelio
¶ Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con la mujer; mas ninguno le dijo: ¿Qué preguntas, o, qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Veníd, ved un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho: ¿si es quizá el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbi, come. Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Le ha traído alguien de comer? Díceles Jesús: Mi comida es, que yo haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros, que aun hay cuatro meses hasta la siega? He aquí, yo os digo: Alzád vuestros ojos, y mirád las regiones; porque ya están blancas para la siega. Y el que siega recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega. Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Me dijo todo cuanto he hecho. Mas viniendo los Samaritanos a él, le rogaron que se quedase allí; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él. Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos le hemos oído; y sabemos, que verdaderamente éste es el Cristo, el Salvador del mundo.
Evangelio
¶ Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. ¶ No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan; Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón.
Evangelio
Y en este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios. Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos? Yo os digo, que no: antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis así. O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? Yo os digo, que no: antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis así. Y decía esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña; y vino a buscar fruto en ella, y no halló. Y dijo al viñero: He aquí, tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo: córtala, ¿por qué hará inútil aun la tierra? Él entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que yo la escave, y la estercole. Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después. ¶ Y enseñaba en una sinagoga en sábados. Y, he aquí, una mujer que tenía espíritu de enfermedad diez y ocho años había, y andaba agobiada, así que en ninguna manera podía enhestarse. Y como Jesús la vio, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad. Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba a Dios. Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo al pueblo: Seis días hay en que es menester obrar: en estos pues veníd, y sed curados; y no en día de sábado. Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, o su asno del pesebre, y le lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que he aquí, que Satanás la había ligado diez y ocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en día de sábado? Y diciendo él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; y todo el pueblo se regocijaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas. ¶ Y decía: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y a qué le compararé? Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole un hombre le metió en su huerto; y creció, y fue hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios? Semejante es a la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado. ¶ Y pasaba por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando a Jerusalem. Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Porfiád a entrar por la puerta angosta; porque yo os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán; Después que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzaréis a estar fuera, y tocar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo él, os dirá: No os conozco de donde seáis. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seáis: apartáos de mí todos los obreros de iniquidad. Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viereis a Abraham, y a Isaac, y a Jacob, y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera. Y vendrán del oriente, y del occidente, y del norte, y del mediodía, y se sentarán en el reino de Dios. Y, he aquí, hay postreros, que serán primeros; y hay primeros, que serán postreros. ¶ Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí; porque Heródes te quiere matar. Y les dijo: Id, y decíd a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado. Empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalem. ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados a ti, ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina recoge su nidada debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, os es dejada vuestra casa desierta; y os digo, que no me veréis, hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Un plan diario que recorre la Biblia de forma continua. El texto de la Biblia es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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