Today's Readings
The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.
Morning Prayer — First Lesson
2 Kings 12
En el séptimo año de Jehú comenzó a reinar Joas, y reinó cuarenta años en Jerusalem. El nombre de su madre fue Sebia de Beer-seba. E hizo Joas lo que era recto en ojos de Jehová todo el tiempo que le gobernó el sacerdote Joiada. Con todo eso los altos no se quitaron, que aun el pueblo sacrificaba, y quemaba perfumes en los altos. Y Joas dijo a los sacerdotes: Todo el dinero de las santificaciones, que se suele traer en la casa de Jehová, el dinero de los que pasan en cuenta, el dinero de las almas, cada uno según su precio, y todo dinero que cada uno mete de su libertad en la casa de Jehová: Los sacerdotes lo reciban, cada uno de sus familiares, los cuales reparen los portillos del templo, donde quiera que se hallare abertura. El año veinte y tres del rey Joas los sacerdotes no habían aun reparado las aberturas del templo. Y llamando el rey Joas al pontífice Joiada, y a los sacerdotes, díjoles: ¿Porqué no reparáis las aberturas del templo? Ahora pues no toméis más el dinero de vuestros familiares, sino dádlo para las aberturas del templo. Y los sacerdotes consintieron en no tomar más dinero del pueblo, ni tener cargo de reparar las aberturas del templo. Entonces el pontífice Joiada tomó un arca, e hízole en la tapa un agujero, y púsola junto al altar, a la mano derecha, a la entrada del templo de Jehová: y los sacerdotes que guardaban la puerta, ponían allí todo el dinero, que se metía en la casa de Jehová. Y cuando veían que había mucho dinero en el arca, venía el notario del rey, y el gran sacerdote, y contaban el dinero que hallaban en el templo de Jehová, y lo guardaban; Y daban el dinero aparejado en la mano de los que hacían la obra, y de los que tenían el cargo de la casa de Jehová, y ellos lo expendían con los carpinteros y maestros, que reparaban la casa de Jehová: Y con los albañiles y canteros; para comprar la madera, y piedra de cantería, para reparar las aberturas de la casa de Jehová, y en todo lo que se gastaba en la casa para repararla. Mas de aquel dinero que se traía a la casa de Jehová, no se hacían tazas de plata, ni salterios, ni lebrillos, ni trompetas: ni ningún otro vaso de oro, ni de plata, se hacía para el templo de Jehová. Porque lo daban a los que hacían la obra, y con él reparaban la casa de Jehová. Ni se tomaba cuenta a los varones en cuyas manos el dinero era entregado, para que ellos lo diesen a los que hacían la obra: porque ellos lo hacían fielmente. Mas el dinero por el delito, y el dinero por los pecados, no se metía en la casa de Jehová, porque era de los sacerdotes. ¶ Entonces subió Hazael rey de Siria, y peleó contra Get, y la tomó: y puso Hazael su rostro para subir contra Jerusalem. Y tomó Joas rey de Judá todas las ofrendas que había dedicado Josafat, y Joram, y Ocozías, sus padres, reyes de Judá, y las que él había dedicado, y todo el oro, que se halló en los tesoros de la casa de Jehová, y en la casa del rey, y enviólo a Hazael rey de Siria, y él se partió de Jerusalem. Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? ¶ Y levantáronse sus siervos, y conspiraron en conjuración, e hirieron a Joas en la casa de Mello, descendiendo él a Sella. Porque Josacar, hijo de Semaat, y Jozabad, hijo de Somer, sus siervos, le hirieron, y murió, y le sepultaron con sus padres en la ciudad de David, y reinó en su lugar Amasías su hijo.
Morning Prayer — Second Lesson
Matthew 13
Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. Y se allegaron a él grandes multitudes; y entrándose él en una nave, se sentó, y toda la multitud estaba en la ribera. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el que sembraba salió a sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino, y vinieron las aves, y la comieron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía tierra profunda: Mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque no tenía raíz. Y parte cayó entre espinas, y las espinas crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto; uno de a ciento, y otro de a sesenta, y otro de a treinta. Quien tiene oídos para oír, oiga. Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan; para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Oíd pues vosotros la parábola del que siembra. Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el Malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal; porque venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; mas la congoja de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y viene a quedar sin fruto. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, el que también da el fruto; y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que siembra buena simiente en su campo. Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la yerba salió, e hizo fruto, entonces la cizaña apareció también. Y llegándose los siervos del padre de familias, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de donde tiene cizaña? Y él les dijo: Algún enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Pues quieres que vayamos, y la cojamos? Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejád crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Cogéd primero la cizaña, y atádla en manojos para quemarla; mas el trigo allegádlo en mi alfolí. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: El cual a la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de todas las hortalizas; y se hace árbol, que vienen las aves del cielo, y hacen nidos en sus ramas. ¶ Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina, hasta que todo se leude. Todo esto habló Jesús por parábolas a la multitud; y nada les habló sin parábolas; Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca: rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo. ¶ Entonces, enviadas las multitudes, Jesús se vino a casa; y llegándose a él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo. Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre. El campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del reino; y la cizaña son los hijos del Malo; El enemigo que la sembró, es el diablo; la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. De manera que como es cogida la cizaña, y quemada a fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los estorbos, y los que hacen iniquidad; Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. ¶ También el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en un campo, el cual hallado, el hombre lo encubre; y de gozo de él, va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Asimismo el reino de los cielos es semejante a un hombre tratante, que busca buenas perlas: Que hallando una preciosa perla, fue, y vendió todo lo que tenía, y la compró. ¶ También el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en la mar, coge de todas suertes: La cual siendo llena, la sacaron a la orilla; y sentados cogieron lo bueno en vasijas, y lo malo echaron fuera. Así será en el fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Si, Señor. Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. ¶ Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí. Y venido a su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban fuera de sí, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y sus hermanos, Santiago, y Joses, y Simón, y Júdas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene éste todo esto? Y se escandalizaban en él; mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
Evening Prayer — First Lesson
2 Kings 13
En el año veinte y tres de Joas, hijo de Ocozías, rey de Judá, comenzó a reinar Joacaz, hijo de Jehú, sobre Israel en Samaria, y reinó diez y siete años. E hizo lo malo en ojos de Jehová, y siguió los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel, y no se apartó de ellos. Y encendióse el furor de Jehová contra Israel, y entrególos en mano de Hazael rey de Siria, y en mano de Ben-adad, hijo de Hazael, perpetuamente. Mas Joacaz oró a la faz de Jehová, y Jehová le oyó: porque miró la aflicción de Israel, que el rey de Siria los afligía. Y dio Jehová salvador a Israel, y salieron de debajo de la mano de Siria, y habitaron los hijos de Israel en sus estancias, como antes. Con todo eso no se apartaron de los pecados de la casa de Jeroboam, el que hizo pecar a Israel: en ellos anduvieron, y también el bosque permaneció en Samaria. Porque no le había quedado pueblo a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, y diez carros, y diez mil hombres de a pie; que el rey de Siria los había destruido, y los había puesto como polvo para trillar. Lo demás de los hechos de Joacaz, y todo lo que hizo, y sus valentías, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Joacaz con sus padres, y sepultáronle en Samaria: y reinó en su lugar Joas su hijo. El año treinta y siete de Joas rey de Judá comenzó a reinar Joas, hijo de Joacaz, sobre Israel en Samaria, y reinó diez y seis años. E hizo lo malo en ojos de Jehová: no se apartó de todos los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, el que hizo pecar a Israel: en ellos anduvo. Lo demás de los hechos de Joas, y todas las cosas que hizo, y sus valentías con que trajo guerra contra Amasías rey de Judá, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Joas con sus padres, y asentóse Jeroboam sobre su trono: y Joas fue sepultado en Samaria con los reyes de Israel. ¶ Eliseo estaba enfermo de su enfermedad, de la cual murió. Y descendió a él Joas rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: Padre mío, padre mío, carros de Israel, y su gente de a caballo. Y díjole Eliseo: Toma el arco y las saetas. Entonces él tomóse el arco y las saetas. Y dijo Eliseo al rey de Israel: Encabalga tu mano sobre el arco. Y él encabalgó su mano sobre el arco. Entonces Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. Y dijo: Abre la ventana de hacia el oriente. Y como él la abrió, dijo Eliseo: Tira. Y tirando él, dijo Eliseo: Saeta de salud de Jehová, y saeta de salud contra Siria: porque herirás a los Siros en Afec hasta consumirlos. Y tornóle a decir: Toma las saetas: y después que el rey de Israel las hubo tomado, díjole: Hiere la tierra. Y él hirió tres veces, y cesó. Entonces el varón de Dios enojado con él, le dijo: A herir cinco o seis veces, herirías a Siria hasta no quedar ninguno; empero ahora tres veces herirás a Siria. Y murió Eliseo, y sepultáronle. Entrado el año vinieron ejércitos de Moabitas en la tierra. Y aconteció que queriendo unos sepultar un hombre, súbitamente vieron al ejército, y arrojaron al hombre en el sepulcro de Eliseo: y fue, y tocó el muerto los huesos de Eliseo, y revivió, y levantóse sobre sus pies. ¶ Así que Hazael rey de Siria afligió a Israel todo el tiempo de Joacaz. Mas Jehová tuvo misericordia de ellos, y compadecióse de ellos, y mirólos por amor de su concierto con Abraham, Isaac, y Jacob: y no quiso destruirlos, ni echarlos de delante de sí hasta ahora. Y murió Hazael rey de Siria, y reinó en su lugar Ben-adad su hijo. Y volvió Joas, hijo de Joacaz, y tomó de mano de Ben-adad, hijo de Hazael, las ciudades que él había tomado de mano de Joacaz su padre en guerra: porque tres veces le hirió Joas, y restituyó las ciudades a Israel.
Evening Prayer — Second Lesson
Romans 14
Al enfermo en la fe recibídle, sin andar en contiendas de opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro enfermo come legumbres. El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú, quién eres, que juzgas el siervo ajeno? Para su señor está en pie, o cae; mas, se afirmará: que poderoso es Dios para afirmarle. Uno juzga que hay diferencia entre día y día: otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su mismo ánimo. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come; porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios. Porque ninguno de nosotros vive para sí; y ninguno muere para sí. Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió a vivir, para enseñorearse así de los muertos como de los que viven. Mas tú ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también ¿por qué menosprecias a tu hermano? porque todos hemos de comparecer delante del tribunal de Cristo. Pues escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla; y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí. Así que, no juzguemos más los unos a los otros; mas antes juzgád esto, que nadie ponga tropiezo al hermano, o ocasión de caer. Yo sé, y estoy persuadido en el Señor Jesús, que nada hay de suyo inmundo; mas a aquel que piensa ser inmunda alguna cosa, a aquel le es inmunda. Empero si por causa de tu comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme a la caridad. No eches a perder con tu comida a aquel por el cual Cristo murió. Que no se hable mal, pues, de vuestro bien: Porque el reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es acepto a los hombres. Sigamos pues lo que hace a la paz, y a la edificación de los unos a los otros. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; mas malo es para el hombre que come con ofensa. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se enflaquezca. ¿Tú, tienes fe? Ténla contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba. Mas el que duda, si comiere, es condenado, porque no comió con fe; y todo lo que no es de fe, es pecado.
Readings follow the 1662 Book of Common Prayer (public domain). Scripture text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)
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