Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
Empero la serpiente era astuta más que todos los animales del campo, que Jehová Dios había hecho: la cual dijo a la mujer: Cuanto más que Dios dijo: No comáis de todo árbol del huerto. Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos; Mas del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios; No comeréis de él, ni tocaréis en él, porque no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis. Mas sabe Dios, que en el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos; y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal. ¶ Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era deseable a los ojos, y árbol de codicia para entender: y tomó de su fruto, y comió, y dio también a su marido, y comió con ella. Y fueron abiertos los ojos de ellos ambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, e hiciéronse delantales. ¶ Y oyeron la voz de Jehová Dios, que se paseaba en el huerto al aire del día; y escondióse el hombre y su mujer de delante de Jehová Dios entre los árboles del huerto. ¶ Y llamó Jehová Dios al hombre, y díjole: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo; porque estaba desnudo: y escondíme. Y díjole: ¿Quién te enseñó, que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé que no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que diste para estar conmigo, ella me dio del árbol, y comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es esto que hiciste? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Porque hiciste esto, maldita serás más que todas las bestias, y que todos los animales del campo: sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicando multiplicaré tus dolores, y tus preñeces: con dolor parirás los hijos, y a tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Porque obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé, diciendo: No comerás de él: Maldita será la tierra por amor de ti: con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás yerba del campo. En el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado: Porque polvo eres, y al polvo serás tornado. Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva: por cuanto ella era madre de todos los vivientes. ¶ Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y vistiólos. Y dijo Jehová Dios: He aquí, el hombre es como uno de nos, sabiendo el bien y el mal: ahora pues, porque no meta su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y sacóle Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra, de que fue tomado. ¶ Y echó al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada flamante que andaba alrededor, para guardar el camino del árbol de la vida.
Oración matutina — segunda lectura
En el fin del sábado, así como iba amaneciendo el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro. Y, he aquí, fue hecho un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra de la puerta del sepulcro, y estaba sentado sobre ella. Y su aspecto era como un relámpago; y su vestido blanco como la nieve. Y del miedo de él los guardas temblaron, y fueron vueltos como muertos. Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Veníd, ved el lugar donde fue puesto el Señor; Y presto id, decíd a sus discípulos, que ha resucitado de los muertos; y, he aquí, os espera en Galilea: allí le veréis: he aquí, os lo he dicho. Entonces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y yendo a dar las nuevas a sus discípulos, He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Tengáis gozo. Y ellas se llegaron, y trabaron de sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dice: No temáis, id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea; y allá me verán. ¶ Y yendo ellas, he aquí, unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y juntados con los ancianos, habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, Diciendo: Decíd: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy. ¶ Mas los once discípulos se fueron a Galilea, al monte, donde Jesús les había ordenado. Y como le vieron, le adoraron; mas algunos dudaban. Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, enseñád a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y, he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo. Amén.
Oración vespertina — primera lectura
Y acaeció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la haz de la tierra, y les nacieron hijas, Viendo los hijos de Dios las hijas de los hombres que eran hermosas, tomáronse mujeres escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi Espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus días ciento y veinte años. Había gigantes en la tierra en aquellos días; y también después que entraron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos, estos fueron los valientes, que desde la antigüedad fueron varones de nombre. Y vio Jehová que la malicia de los hombres era mucha sobre la tierra, y que todo el intento de los pensamientos del corazón de ellos ciertamente era malo todo el tiempo. Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra; y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he creado de sobre la haz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil, y hasta el ave de los cielos; porque me arrepiento de haberlos hecho. ¶ Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová. Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, perfecto fue en sus generaciones: con Dios anduvo Noé. Y engendró Noé tres hijos, a Sem, a Cam, y a Jafet. Y corrompióse la tierra delante de Dios, e hinchióse la tierra de violencia. Y vio Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Y dijo Dios a Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí: porque la tierra está llena de violencia delante de ellos: y he aquí que yo los destruyo a ellos con la tierra. Hazte un arca de madera de cedro: harás apartamientos en el arca, y embetunarla has por de dentro y por de fuera con betún. Y de esta manera la harás: De trescientos codos la longura del arca, y de cincuenta codos su anchura, y de treinta codos su altura. Una ventana harás al arca, y a un codo la acabarás de la parte de arriba: y la puerta del arca pondrás a su lado de suelos bajos, segundos, y terceros le harás. Y yo, he aquí que yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne, en que haya espíritu de vida debajo del cielo: todo lo que hubiere en la tierra, morirá. Mas yo estableceré mi concierto contigo, y entrarás en el arca tú, y tus hijos, y tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo lo que vive, de toda carne, dos de cada uno meterás en el arca, para que tengan vida contigo: macho y hembra serán. De las aves según su especie, y de las bestias según su especie, de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada uno entrarán a ti, para que tengan vida. Y tú tómate de toda vianda que se come, y júntatela, y será para ti y para ellos por mantenimiento. E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Dios: así lo hizo.
Oración vespertina — segunda lectura
Y en cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, seáis ignorantes. Sabéis que eráis Gentiles, yendo, como eráis llevados, a los ídolos mudos. Por tanto os hago saber, que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y que nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Empero hay diferencias de dones; mas el mismo Espíritu. Y hay diferencias de ministerios; mas el mismo Señor. Y hay diferencias de operaciones; mas el mismo Dios es, el que obra todas las cosas en todos. Empero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría: al otro, palabra de ciencia por el mismo Espíritu: A otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu: A otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discernimiento de espíritus; y a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como él quiere. Porque de la manera que es uno el cuerpo, y tiene muchos miembros, empero todos los miembros de este un cuerpo, siendo muchos, son un mismo cuerpo, así también es Cristo. Porque por un mismo Espíritu somos todos bautizados en un mismo cuerpo, Judíos o Griegos, siervos o libres; y a todos se nos ha hecho beber en un mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo: ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos por sí en el cuerpo, como él quiso. Que si todos fueran un mismo miembro, ¿dónde estuviera el cuerpo? Mas ahora muchos miembros son, empero sin embargo un solo cuerpo. No puede el ojo decir a la mano: No te he menester: ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes, los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son mucho más necesarios; Y los miembros del cuerpo que estimamos menos dignos, a estos ceñimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos decentes, tienen más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad de nada; mas Dios templó a una el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; Para que no haya disensión en el cuerpo, sino que los miembros tengan el mismo cuidado los unos por los otros. De tal manera que si el un miembro padece, todos los miembros a una se duelen: o si el un miembro es honrado, todos los miembros a una se regocijan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero enseñadores, luego milagros, luego dones de sanidades, auxilios, gobernaciones, géneros de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿son todos enseñadores? ¿son todos hacedores de milagros? ¿Tienen todos dones de sanidades? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Empero deseád con vehemencia los mejores dones; y aun yo os enseño un camino más excelente.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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