Bosko

Lecturas del día

Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.

Oración matutina — primera lectura

2 Samuel 22

Y habló David a Jehová las palabras de este cántico, el día que Jehová le libró de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saul, y dijo: Jehová es mi roca, y mi fortaleza, y mi librador. Dios es mi peñasco, en él confiaré: mi escudo, y el cuerno de mi salud: mi fortaleza, y mi refugio: mi salvador, que me librarás de violencia. A Jehová digno de ser loado invocaré, y seré salvo de mis enemigos. Cuando me cercaron ondas de muerte, y arroyos de iniquidad me asombraron; Cuando las cuerdas del sepulcro me ciñeron, y los lazos de muerte me tomaron descuidado; Cuando tuve angustia, invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios, y él desde su templo oyó mi voz, mi clamor llegó a sus oídos. La tierra se removió, y tembló: los fundamentos de los cielos fueron movidos, y se estremecieron; porque él se airó. Subió humo de sus narices, y de su boca fuego consumidor, por el cual se encendieron carbones. Y abajó los cielos y descendió: una oscuridad debajo de sus pies. Subió sobre el querubim, y voló: aparecióse sobre las alas del viento. Puso tinieblas al derredor de sí como por cabañas: aguas negras, y espesas nubes. Del resplandor de su presencia se encendieron ascuas ardientes. Tronó de los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz. Arrojó saetas, y desbaratólos: relampagueó, y los consumió. Entonces aparecieron los manaderos de la mar, y los fundamentos del mundo fueron descubiertos por la reprensión de Jehová, por la respiración del resuello de su nariz. Extendió su mano de lo alto, y arrebatóme, y sacóme de las muchas aguas. Libróme de fuertes enemigos, de los que me aborrecían, los cuales eran más fuertes que yo. Los cuales en el día de mi calamidad me tomaron descuidado: mas Jehová fue mi bordón. Sacóme a anchura; me libró, porque puso su voluntad en mí. Pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a la limpieza de mis manos me dio la paga. Porque yo guardé los caminos de Jehová: y no me aparté impíamente de mi Dios. Porque delante de mí tengo todas sus ordenanzas: y sus fueros, no me retiraré de ellos. Y fui perfecto con él, y me guardé de mi iniquidad. Y pagóme Jehová conforme a mi justicia: y conforme a mi limpieza delante de sus ojos. Con el bueno eres bueno, y con el valeroso perfecto, eres perfecto. Con el limpio eres limpio: mas con el perverso, eres perverso. Y salvas al pueblo pobre: mas tus ojos, sobre los altivos, para abatirlos. Porque tú eres mi lámpara, oh Jehová: Jehová da luz a mis tinieblas. Porque en ti romperé ejércitos, y en mi Dios saltaré las murallas. Dios, perfecto su camino: la palabra de Jehová purificada, escudo es de todos los que en él esperan. Porque ¿qué Dios hay sino Jehová? ¿O quién es fuerte sino nuestro Dios? Dios es el que con virtud me corrobora, y el que escombra mi camino. El que hace mis pies como de ciervas, y el que me asienta en mis alturas. El que enseña mis manos para la pelea: y el que da que yo quiebre con mis brazos el arco de acero. Tú me diste el escudo de tu salud, y tu benignidad me ha multiplicado. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, para que no titubeasen mis rodillas. Perseguiré mis enemigos, y quebrantarlos he, y no me volveré hasta que los acabe. Consumirlos he, y herirlos he; que no se levantarán. Y caerán debajo de mis pies. Ceñísteme de fortaleza para la batalla, y postraste debajo de mí los que contra mí se levantaron. Tú me diste la cerviz de mis enemigos, de mis aborrecedores, y que yo los talase. Miraron, y no hubo quien los librase; a Jehová, mas no les respondió. Yo los quebrantaré como a polvo de la tierra: como a lodo de las plazas los desmenuzaré, y los disiparé. Tú me libraste de contiendas de pueblos: tú me guardaste para que fuese cabeza de gentes: pueblos que no conocía, me sirvieron. Los extraños titubeaban a mí; en oyendo me obedecían. Los extraños se desleían, y temblaban en sus encerramientos. Viva Jehová, y sea bendita mi roca: sea ensalzado el Dios, que es la roca de mi salvamento. El Dios, que me ha dado venganzas, y sujeta los pueblos debajo de mí, Que me saca de entre mis enemigos: tú me sacaste en alto de entre los que se levantaron contra mí: librásteme del varón de iniquidades. Por tanto yo te confesaré en las gentes, oh Jehová, y cantaré a tu nombre. El que engrandece las saludes de su rey: y el que hace misericordia a su ungido David, y a su simiente para siempre.

Oración matutina — segunda lectura

Hechos 23

Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dijo: Varones y hermanos: yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. Y el sumo sacerdote, Ananías, mandó a los que estaban cerca de él que le hiriesen en la boca. Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios a ti, pared blanqueada; porque tú estas sentado para juzgarme conforme a la ley: ¿Y contra la ley me mandas herir? Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios vilipendias? Y Pablo dijo: No sabía yo, hermanos, que era el sumo sacerdote; porque escrito está: No hablarás mal del gobernador de tu pueblo. Entonces Pablo, viendo que la una parte era de Saduceos, y la otra de Fariseos, clamó en el concilio: Varones y hermanos, yo Fariseo soy, hijo de Fariseo, de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado. Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los Fariseos y los Saduceos; y la multitud fue dividida. (Porque los Saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los Fariseos confiesan ambas cosas.) Hubo, pues, un gran clamor; y levantándose los escribas que estaban de la parte de los Fariseos, contendían, diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre: que si algún espíritu le ha hablado, o un ángel, no peleemos contra a Dios. Y habiendo grande disensión, el tribuno temiendo que Pablo no fuese despedazado por ellos, mandó venir soldados y arrebatarle de en medio de ellos, y llevarle a la fortaleza. Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, le dijo: Confía Pablo: que como has testificado de mí en Jerusalem, así has de testificar también en Roma. ¶ Y venido el día, algunos de los Judíos se juntaron, y prometieron debajo de maldición, diciendo, que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo. Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración: Los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes, y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo. Ahora pues vosotros con el concilio hacéd saber al tribuno, que le saque mañana a vosotros, como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estamos aparejados para matarle. Entonces el hijo de la hermana de Pablo, oyendo de las asechanzas, vino, y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo. Y Pablo llamando a uno de los centuriones, dijo: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle. El entonces tomándole, le llevó al tribuno, y dijo: El preso Pablo llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte. Y el tribuno tomándole de la mano, y apartándose aparte con él, le preguntó: ¿Qué es lo que tienes de que darme aviso? Y él dijo: Los Judíos han concertado rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta. Mas tú no confíes de ellos; porque más de cuarenta varones de ellos le asechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que le hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa. Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto. Y llamados dos centuriones, les mandó que apercibiesen doscientos soldados, que fuesen hasta Cesarea, y setenta de a caballo, con doscientos lanceros para la tercera hora de la noche; Y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo a Pablo, le llevasen en salvo a Félix el gobernador; Escribiendo una carta que en suma contenía esto: Claudio Lisias a Félix gobernador excelente, salud. A este varón, tomado por los Judíos, y que le comenzaban a matar, libré yo, sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era Romano. Y queriendo saber la causa por qué le acusaban, le llevé al concilio de ellos. Y hallé que le acusaban de algunas cuestiones de la ley de ellos, mas que ningún crímen tenía digno de muerte, o de prisión. Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los Judíos, en la misma hora le envié a ti: mandando también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Bien hayas. Entonces los soldados tomaron a Pablo, como les era mandado, y le trajeron de noche a Antipatris. Y el día siguiente, dejando a los de a caballo que fuesen con él, se volvieron a la fortaleza. Y como llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él. Y el gobernador, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que era de Cilicia: Te oiré, dijo, cuando vinieren también tus acusadores. Y mandó que le guardasen en la audiencia de Heródes.

Oración vespertina — primera lectura

2 Samuel 23

Estas son las postreras palabras de David. Dijo David hijo de Isaí: y dijo aquel varón que fue levantado alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave en cánticos de Israel: El Espíritu de Jehová ha hablado por mí, y su palabra ha sido en mi lengua. El Dios de Israel me ha dictado: El Fuerte de Israel habló: Señoreador de los hombres, justo señoreador en temor de Dios. ¶ Y como la luz de la mañana cuando sale el sol, de la mañana sin nubes resplandeciente, cuando cae lluvia sobre la yerba de la tierra: No será así mi casa para con Dios: mas él ha hecho conmigo concierto perpetuo, ordenado en todas las cosas y seguro; por lo cual a toda mi salud, y a toda mi voluntad no así hará producir. Mas los hijos de Belial serán como espinas arrancadas todos ellos, las cuales nadie toma con la mano: Mas el que quiere tocar en ellas, ármase de hierro, y de una asta de lanza, y son quemadas en su lugar. ¶ Estos son los nombres de los varones valientes que tuvo David. El que se asentó en cátedra de sabiduría, principal de los tres, Adino Hesneo, que una vez fue sobre ochocientos muertos. Después de este fue Eleazar, hijo de Dodo, hijo de Ahohi, entre los tres valientes que estaban con David, cuando desafiaron a los Filisteos, que se habían juntado allí a la batalla, cuando subieron los de Israel. Este levantándose hirió a los Filisteos hasta que su mano se cansó, y quedó su mano pegada a la espada. Aquel día Jehová hizo gran salud, y el pueblo se volvió en pos de él solamente a tomar el despojo. Después de este fue Samma, hijo de Age, Arareo: Que habiéndose juntado los Filisteos en una aldea, había allí una suerte de tierra llena de lentejas, y el pueblo había huido delante de los Filisteos: Este entonces se paró en medio de la suerte de tierra, y defendióla, e hirió a los Filisteos, y Jehová hizo una gran salud. Estos tres que eran de los treinta principales, descendieron y vinieron en tiempo de la siega a David a la cueva de Odollam: y el campo de los Filisteos estaba en el valle de Rafaim. David entonces estaba en la fortaleza, y la guarnición de los Filisteos estaba en Belén. Y David tuvo deseo, y dijo: ¡Quién me diera de beber del agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta! Entonces estos tres valientes rompieron en el campo de los Filisteos, y sacaron del agua de la cisterna de Belén, que estaba a la puerta, y tomaron, y trajéronla a David: mas él no la quiso beber, sino derramóla a Jehová, diciendo: Lejos sea de mí, oh Jehová, que yo haga esto. ¿La sangre de los varones que fueron por ella con peligro de su vida tengo de beber? Y no quiso beber de ella. Estos tres valientes hicieron esto. Y Abisaí hermano de Joab, hijo de Sarvia, fue el principal de tres: el cual alzó su lanza contra trescientos, los cuales mató, y tuvo nombre entre los tres. El fue el más noble de los tres, y el primero de ellos, mas no llegó a los tres primeros. Banaías, hijo de Joiada, hijo de un varón esforzado, grande en hechos, de Cabseel. Este hirió dos leones de Moab. Y él mismo descendió, e hirió un león en medio del foso en el tiempo de la nieve. Y el mismo hirió a un Egipcio, hombre de grande estatura; y el Egipcio tenía una lanza en su mano: y él descendió a él con un palo, y arrebató al Egipcio la lanza de la mano, y con su misma lanza le mató. Esto hizo Banaías, hijo de Joiada, y tuvo nombre entre los tres valientes. De los treinta fue el más noble; mas no llegó a los tres primeros. Y púsole David en su consejo. Asael hermano de Joab fue de los treinta: Elhanán, hijo de Dodo, de Belén: Semma de Harodi: Elica de Harodi. Heles de Falti: Ira, hijo de Acces, de Tecua: Abiezer de Anatot: Mobonnai de Husa: Selmón de Ahoh: Majarai de Netofat: Heleb, hijo de Baana de Netofat: Itai, hijo de Ribai, de Gabaat, de los hijos de Ben-jamín: Banaia de Faraton: Heddai del arroyo de Gaas: Abi-albón de Arbat: Azmavet de Barumi: Eliaba, de Salaboni. Los hijos de Jasén, Jonatán: Semma de Orori: Ahiam, hijo de Sarar, de Arar: Elifelet, hijo de Aasbai, hijo de Macati: Eliam, hijo de Aquitofel, de Gelon: Hesrai de Carmelo: Farai de Arbi: Igaal, hijo de Natán, de Soba: Bani de Gadi: Selec de Ammón: Naharai de Berot, escudero de Joab, hijo de Sarvia: Ira de Jetri: Gareb de Jetri: Urías Jetteo: todos treinta y siete.

Oración vespertina — segunda lectura

1 Juan 2

Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, un abogado tenemos para con el Padre, a Jesu Cristo el Justo: Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, mas también por los de todo el mundo. Y por esto sabemos que nosotros le hemos conocido, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le he conocido, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y no hay verdad en él. Mas el que guarda su palabra, el amor de Dios es verdaderamente perfecto en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. Hermanos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo, que habéis tenido desde el principio: el mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio. Otra vez os escribo un mandamiento nuevo, que es la verdad en él, y en vosotros; porque las tinieblas están pasando, y la verdadera luz ya alumbra. El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, el tal aun está en tinieblas todavía. El que ama a su hermano, está en la luz, y no hay escándalo en él. Empero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe donde se va; porque las tinieblas le han cegado los ojos. Hijitos, os escribo que vuestros pecados os son perdonados por causa de su nombre. Padres, os escribo que habéis conocido a aquel que es desde el principio. Mancebos, os escribo que habéis vencido al maligno. Hijitos, os escribo que habéis conocido al Padre. Padres, os he escrito que habéis conocido al que es desde el principio. Mancebos, yo os escribí que sois fuertes, y que la palabra de Dios mora en vosotros, y que habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, que es concupiscencia de la carne, y concupiscencia de los ojos, y soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre. Hijitos, ya es la postrera hora; y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado a ser muchos anticristos, por lo cual sabemos que ya es la postrimera hora. Ellos salieron de entre nosotros, mas no eran de nosotros; porque si fueran de nosotros, hubieran cierto permanecido con nosotros; empero esto es para que se manifestase que todos no son de nosotros. Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito, como si ignoraseis la verdad, mas como a los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad. ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? éste es el anticristo, que niega al Padre, y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. (Empero) cualquiera que confiesa al Hijo, tiene también al Padre. Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros; porque si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo, y en el Padre. Y esta es la promesa, la cual él nos prometió, que es vida eterna. Estas cosas os he escrito tocante a los que os engañan. Empero la unción que vosotros habéis recibido de él, mora en vosotros; y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe; mas como la unción misma os enseña de todas cosas, y es verdadera, y no es mentira, así como os ha enseñado, perseverád en él. Y ahora, hijitos, perseverád en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos por él en su venida. Si sabéis que él es justo, sabéd también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él.

Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

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