Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
Entonces Jehová dijo a Josué: Desde aqueste día comenzaré a hacerte grande delante de los ojos de todo Israel: para que entiendan, que como fui con Moisés, así seré contigo. Tú pues mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del concierto, diciendo: Cuando hubiereis entrado hasta el cabo del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. Y Josué dijo a los hijos de Israel: Llegáos acá, y escuchád las palabras de Jehová vuestro Dios. Y Josué tornó a decir: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros; y que él echará de delante de vosotros al Cananeo, y al Jetteo, y al Heveo, y al Ferezeo, y al Gergeseo, y al Amorreo, y al Jebuseo: He aquí, el arca del concierto del Señoreador de toda la tierra pasa el Jordán delante de vosotros. Tomád pues ahora doce hombres de las tribus de Israel, de cada tribu uno; Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes, que llevan el arca de Jehová Señoreador de toda la tierra, fueren asentadas sobre las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán: porque las aguas que descienden de arriba se detendrán en un montón. Y aconteció que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán: y los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del concierto, Cuando los que llevaban el arca, entraron en el Jordán, y que los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la segada,) Las aguas que descendían de arriba, se pararon como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Sartán: y las que descendían a la mar de los llanos a la mar salada, se acabaron y fueron partidas, y el pueblo pasó en derecho de Jericó. Mas los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto de Jehová estuvieron en seco en medio del Jordán firmes, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán, y todo Israel pasó en seco. Y cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: Tomád del pueblo doce varones, de cada tribu uno: Y mandádles, diciendo: Tomáos de aquí del medio del Jordán, del lugar donde están los pies de los sacerdotes firmes, doce piedras: las cuales pasaréis con vosotros, y asentarlas heis en el alojamiento donde habéis de tener la noche. Entonces Josué llamó doce varones los cuales él ordenó de entre los hijos de Israel de cada tribu uno: Y díjoles Josué: Pasád delante del arca de Jehová vuestro Dios por medio del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; Para que esto sea señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres el día de mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Responderles heis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del concierto de Jehová cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se partieron: y serán estas piedras por memoria para siempre a los hijos de Israel. Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les mandó; que levantaron doce piedras del medio del Jordán, como Jehová lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; y pasáronlas consigo al alojamiento, y asentáronlas allí. Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán; en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto; y han estado allí hasta hoy. Y los sacerdotes, que llevaban el arca, se pararon en medio del Jordán, hasta tanto que se acabó todo lo que Jehová había mandado a Josué que hablase al pueblo conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué: mas el pueblo se dio priesa y pasó. Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, pasó también el arca de Jehová, y los sacerdotes en presencia del pueblo. También pasaron los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés armados delante de los hijos de Israel, como les había dicho Moisés: Como cuarenta mil hombres armados a punto pasaron hacia la campaña de Jericó delante de Jehová, a la guerra. En aquel día Jehová engrandeció a Josué en ojos de todo Israel: y temiéronle, como habían temido a Moisés todos los días de su vida. Y Jehová habló a Josué, diciendo:
Oración matutina — segunda lectura
En el fin del sábado, así como iba amaneciendo el primer día de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro. Y, he aquí, fue hecho un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, había revuelto la piedra de la puerta del sepulcro, y estaba sentado sobre ella. Y su aspecto era como un relámpago; y su vestido blanco como la nieve. Y del miedo de él los guardas temblaron, y fueron vueltos como muertos. Y respondiendo el ángel, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. Veníd, ved el lugar donde fue puesto el Señor; Y presto id, decíd a sus discípulos, que ha resucitado de los muertos; y, he aquí, os espera en Galilea: allí le veréis: he aquí, os lo he dicho. Entonces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y yendo a dar las nuevas a sus discípulos, He aquí, Jesús les sale al encuentro, diciendo: Tengáis gozo. Y ellas se llegaron, y trabaron de sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dice: No temáis, id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea; y allá me verán. ¶ Y yendo ellas, he aquí, unos de la guardia vinieron a la ciudad, y dieron aviso a los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y juntados con los ancianos, habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, Diciendo: Decíd: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. Y si esto fuere oído del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos; y este dicho ha sido divulgado entre los Judíos hasta el día de hoy. ¶ Mas los once discípulos se fueron a Galilea, al monte, donde Jesús les había ordenado. Y como le vieron, le adoraron; mas algunos dudaban. Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto id, enseñád a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y, he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo. Amén.
Oración vespertina — primera lectura
¶ Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y él respondió: No; mas yo soy el príncipe del ejército de Jehová: ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra adoró: y díjole: ¿Qué dice mi señor a su siervo? Y el príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo, y Josué lo hizo así. Jericó empero estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba, ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó, y a su rey con sus varones de guerra. Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra yendo al derredor de la ciudad una vez al día: y esto haréis seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca: y al séptimo día dareis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando tocaren luengamente el cuerno de carnero, como oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí. Y llamando Josué hijo de Nun los sacerdotes, díjoles: Llevád el arca del concierto: y siete sacerdotes lleven siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová. Y dijo al pueblo: Pasád, y cercád la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová. Y luego que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del concierto de Jehová los seguía. Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la congregación iba de tras del arca andando y tocando bocinas. Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga; Gritád: entonces daréis grita. El arca pues de Jehová dio una vuelta al derredor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche. Y Josué se levantó de mañana; y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová: Y los otros siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas: y los armados iban delante de ellos, y la congregación iba detrás del arca de Jehová: andando y tocando las bocinas. Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis días. Y al séptimo día, levantáronse cuando el alba subía, y dieron vuelta a la ciudad de esta manera siete veces: este día solamente dieron vuelta al rededor de ella siete veces. Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita; porque Jehová os ha entregado la ciudad. Mas la ciudad será anatema a Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Raab la ramera con todos los que estuvieren en casa con ella, vivirá, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos. Mas vosotros guardáos del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro sea consagrado a Jehová, y venga al tesoro de Jehová. Entonces el pueblo dio grita, y tocaron bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, el pueblo dio grita con muy gran vocerío, y el muro cayó debajo de sí: y el pueblo subió a la ciudad cada uno delante de sí: y tomáronla. Y destruyeron todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, a filo de espada.
Oración vespertina — segunda lectura
Si yo hablase en lenguas de hombres y de ángeles, y no tuviese caridad, soy hecho como metal que resuena, o platillo que retiñe. Y si tuviese el don de profecía, y entendiese todos los misterios, y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de manera que pudiese traspasar las montañas, y no tuviera caridad, nada soy. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer a pobres; y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tuviere caridad, de nada me sirve. La caridad es sufrida, es benigna: la caridad no tiene envidia: la caridad no es jactanciosa, no es hinchada, No se comporta indecorosamente, no busca lo que es suyo, no se irrita, no piensa mal, No se huelga en la injusticia, mas huélgase en la verdad: Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca se acaba: aunque las profecías se han de acabar, y cesar las lenguas, y desaparecer la ciencia. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos. Mas después que venga lo que es lo perfecto, entonces lo que es en parte será abolido. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, sabía como niño; mas cuando ya fui hombre hecho, puse a un lado las cosas de niño. Porque ahora vemos por espejo oscuramente; mas entonces, cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido. Y ahora permanece la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; empero la mayor de ellas es la caridad.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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