Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
La vid vacía a Israel, haciendo fruto para él: conforme a la multiplicación de su fruto, multiplicó altares: conforme a la bondad de su tierra, mejoraron sus estatuas. Apartóse su corazón. Ahora serán convencidos: el quebrantará sus altares, asolará sus estatuas. Porque ahora dirán: No tenemos rey, porque no temimos a Jehová; y el rey, ¿qué nos hará? Hablaron palabras jurando en vano, haciendo alianza; y el juicio florecerá en los surcos del campo como ajenjo. Por las becerras de Bet-aven serán atemorizados los moradores de Samaria; porque su pueblo lamentará por su causa; y sus sacerdotes se alegrarán a causa del, por su gloria que será perdida. Y aun también será él llevado en Asiria en presente al rey de Jareb: Efraím será avergonzado, Israel será confuso de su consejo. De Samaria fue cortado su rey, como la espuma sobre las haces de las aguas. Y los altares de Avén serán destruidos, el pecado de Israel: crecerá sobre sus altares espino y cardo, y dirán a los montes: Cubrídnos; y a los collados: Caéd sobre nosotros. Desde los días de Gabaa has pecado, o! Israel: allí estuvieron: no los tomó la batalla en Gabaa contra los inicuos. Yo los castigaré como deseo; y pueblos se juntarán sobre ellos cuando serán atados en sus dos surcos. Efraím, becerra domada amadora del trillar: mas yo pasaré sobre la hermosura de su pescuezo: yo haré llevar yugo a Efraím, arará Judá, quebrará sus terrones Jacob. Sembrád para vosotros a justicia, segád para vosotros a misericordia, arád para vosotros arada; porque el tiempo es de buscar a Jehová hasta que venga, y os enseñe justicia. Habéis arado impiedad, segasteis iniquidad, comeréis fruto de mentira; porque confiaste en tu camino, en la multitud de tus fuertes. Por tanto en tus pueblos se levantará alboroto, y todas tus fortalezas serán destruidas, como en la deshecha de Salmana en Bet-arbel el día de la batalla: la madre fue arrojada sobre los hijos. Así hará a vosotros Bet-el por la maldad de vuestra maldad: en la mañana cortando será cortado el rey de Israel.
Oración matutina — segunda lectura
Y como escaparon, entonces conocieron la isla, que se llamaba Melita. Y los bárbaros nos trataban con no poca humanidad; porque encendiendo un gran fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que nos estaba encima, y a causa del frío. Entonces habiendo Pablo allegado algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora huyendo del calor, le acometió a la mano. Y como los bárbaros vieron la bestia venenosa colgando de su mano, decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida: a quien, aunque escapado de la mar, la venganza sin embargo no le deja vivir. Mas él, sacudiendo la bestia en el fuego, ningún mal padeció. Empero ellos estaban esperando, cuando se había de hinchar, o de caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados de parecer, decían que era un dios. ¶ En aquellos lugares había unas heredades del hombre principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió, y nos hospedó tres días humanamente. Y aconteció, que el padre de Publio estaba en cama enfermo de fiebres y de disentería: al cual Pablo entró, y después de haber orado, le puso las manos encima, y le sanó. Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban, y fueron sanados: Los cuales también nos honraron de muchas honras; y habiendo de navegar, nos cargaron de las cosas necesarias. ¶ Así que pasados tres meses, navegamos en una nave Alejandrina, que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pollux. Y venidos a Siracusa, estuvimos allí tres días. De donde costeando al derredor, vinimos a Regio; y un día después ventando del austro, vinimos al segundo día a Puteoli: Donde hallando hermanos, nos rogaron que quedásemos con ellos siete días; y así vinimos hacia Roma: De donde oyendo de nosotros los hermanos, nos salieron a recibir hasta el Foro de Appio, y las Tres Tabernas: a los cuales como Pablo vio, dando gracias a Dios, tomó confianza. Y como llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto de la guardia; mas a Pablo fue permitido de estar por sí, con un soldado que le guardase. ¶ Y aconteció, que tres días después, Pablo convocó los principales de los Judíos: a los cuales como fueron juntos, les dijo: Yo, varones y hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de los padres, he sido sin embargo entregado preso desde Jerusalem en manos de los Romanos: Los cuales habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. Mas oponiéndose los Judíos, me fue forzoso de apelar a César: no como que tenga de qué acusar a mi nación. Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy atado con esta cadena. Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido cartas en cuanto a ti de Judea, ni viniendo alguno de los hermanos nos ha noticiado ni hablado algún mal de ti. Mas querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha. Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a su alojamiento, a los cuales exponía y testificaba el reino de Dios, procurando persuadirles las cosas que son de Jesús por la ley de Moisés, y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde. Y algunos asentían a lo que se decía, mas algunos no creían. Y como fueron entre sí discordes, se fueron, después de haberles dicho Pablo una palabra: Bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres, Diciendo: Vé a este pueblo, y díles: Oyendo oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñaron; porque no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane. Séaos pues notorio, que a los Gentiles es enviada esta salvación de Dios; y que ellos la oirán. Y habiendo dicho esto, los Judíos se salieron, y tenían entre sí gran contienda. Pablo empero quedó dos años enteros en su casa que tenía alquilada; y recibía a todos los que entraban a él, Predicando el reino de Dios, y enseñando las cosas que son del Señor Jesu Cristo, con toda libertad, y sin impedimento.
Oración vespertina — primera lectura
Cuando Israel era muchacho, yo le amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Clamaban a ellos, así ellos se iban de su presencia: a los Baales sacrificaban, y a las esculturas ofrecían sahumerios. Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Efraím: levantóles en sus brazos, y no conocieron que yo los procuraba. Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida. No tornará a tierra de Egipto, mas el mismo Asur será su rey, porque no se quisieron convertir. Y caerá espada sobre sus ciudades, y consumirá sus aldeas: consumirlas ha a causa de sus consejos. Mas mi pueblo está colgado de la rebelión contra mí; y aunque le llaman al Altísimo, de ninguno de todos es ensalzado. ¿Cómo te dejaré, Efraím? ¿cómo te entregaré, Israel? ¿cómo te pondré como Adama, y te tornaré como Seboim? Mi corazón se revuelve dentro de mí, todos mis arrepentimientos son encendidos. No ejecutaré la ira de mi furor: no me volveré para destruir a Efraím; porque Dios soy, y no hombre: Santo en medio de ti, y no entraré en ciudad. En pos de Jehová caminarán: él bramará como león, él cierto bramará, y los hijos del occidente temblarán. Temblarán como ave los de Egipto, y como paloma los de la tierra de Asiria; y ponerlos he en sus casas, dijo Jehová. Cercóme con mentira Efraím, y con engaño la casa de Israel. Judá aun domina con Dios, y con los santos es fiel.
Oración vespertina — segunda lectura
Júdas, siervo de Jesu Cristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios el Padre, y conservados en Jesu Cristo: La misericordia, y la paz, y el amor os sean multiplicados. Amados, por la gran solicitud que tenía yo de escribiros tocante a la común salud, háme sido necesario escribiros, amonestándoos que os esforcéis a perseverar en la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han encubiertamente entrado sin temor ni reverencia de Dios: los cuales desde mucho antes habían estado ordenados para esta condenación, convirtiendo la gracia de nuestro Dios en disolución, y negando a Dios, que solo es el que tiene dominio, y a nuestro Señor Jesu Cristo. Quiéroos, pues, traer a la memoria que una vez habéis sabido esto, que el Señor habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, después destruyó a los que no creían: Y que a los ángeles que no guardaron su origen, mas dejaron su propia habitación, los ha reservado debajo de oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del grande día. Así como Sodoma y Gomorra, y las ciudades comarcanas, las cuales de la misma manera que ellos habían fornicado, y habían seguido desenfrenadamente en pos de otra carne, fueron puestas por ejemplo, habiendo recibido la venganza del fuego eterno. Y semejantemente también, estos adormecidos inmundos ensucian su carne, y menosprecian la potestad, y ultrajan las glorias. Pues cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió a usar de juicio de maldición contra él, antes le dijo: El Señor te reprenda. Mas estos maldicen las cosas que no conocen; y las cosas que naturalmente conocen, se corrompen en ellas como animales sin razón. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y han venido a parar en el error del premio de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. Estos son manchas en vuestros convites, que banquetean juntamente, apacentándose a sí mismos sin temor alguno: nubes sin agua, las cuales son llevadas de acá para allá de los vientos: árboles marchitos como en otoño, sin fruto, dos veces muertos, y desarraigados: Fieras ondas de la mar, que espuman sus mismas abominaciones: estrellas erráticas, a los cuales es reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas. De los cuales también profetizó Enoc, que fue el séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares; A hacer juicio contra todos, y a convencer a todos los impíos de entre ellos de todas sus malas obras, que han hecho infielmente, y de todas las palabras duras, que los pecadores infieles han hablado contra él. Estos son murmuradores querellosos, andando según sus concupiscencias, y su boca habla cosas soberbias, teniendo en admiración las personas por causa del provecho. Mas vosotros, amados, tenéd memoria de las palabras que de antes han sido dichas por los apóstoles de nuestro Señor Jesu Cristo; Como os decían, que en el postrer tiempo habría burladores, que andarían según sus malvados deseos. Estos son los que se separan a sí mismos, sensuales, no teniendo el Espíritu. Mas vosotros, oh amados, edificáos a vosotros mismos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo. Conserváos a vosotros mismos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesu Cristo, para vida eterna. Y recibíd a los unos en piedad, discerniendo; Y hacéd salvos a los otros por temor, arrebatándolos del fuego; aborreciendo aun hasta la ropa que es contaminada de tocamiento de carne. A aquel, pues, que es poderoso para preservaros de tropezadura, y para presentaros delante de su gloria, irreprensibles con alegría excesiva, A Dios solo sabio Salvador nuestro, sea gloria y magnificencia, imperio y potencia, ahora, y en todos siglos. Amén.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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