Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
En el año diez y siete de Facee, hijo de Romelías, comenzó a reinar Acaz, hijo de Joatam rey de Judá. Cuando comenzó a reinar Acaz, era de veinte años, y reinó en Jerusalem diez y seis años: y no hizo lo que era recto en ojos de Jehová su Dios, como David su padre: Antes anduvo en el camino de los reyes de Israel; que aun hizo pasar por el fuego a su hijo, según las abominaciones de las gentes, las cuales Jehová echó de delante de los hijos de Israel. Asimismo sacrificó, y quemó perfumes en los altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol sombrío. Entonces subió Rasín rey de Siria, y Facee, hijo de Romelías, rey de Israel, a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Acaz, mas no la pudieron tomar. En aquel tiempo restituyó Rasín rey de Siria a Elat a Siria; y echó a los Judíos de Elat, y los Siros vinieron a Elat, y habitaron allí hasta hoy. Entonces Acaz envió embajadores a Teglat-palasar rey de Asiria, diciendo: Yo soy tu siervo y tu hijo, sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí. Y tomando Acaz la plata y el oro que se halló en la casa de Jehová, y en los tesoros de la casa real, envió al rey de Asiria un presente. Y el rey de Asiria consintió con él: y subió el rey de Asiria contra Damasco, y tomóla, y trasportó los moradores en Kir, y mató a Rasín. ¶ Y fue el rey Acaz a recibir a Teglat-palasar rey de Asiria a Damasco. Y viendo el rey Acaz el altar que estaba en Damasco, envió a Urías sacerdote el retrato y la descripción del altar, conforme a toda su hechura. Y Urías el sacerdote edificó el altar: conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo Urías el sacerdote, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco. Y venido el rey de Damasco, vio el altar, y el rey se acercó al altar, y sacrificó en él. Y encendió su holocausto, y su presente, y derramó sus libaciones, y esparció la sangre de sus pacíficos junto al altar. Y el altar de metal, que estaba delante de Jehová, hízole acercar delante de la frontera de la casa entre el altar y el templo de Jehová, y púsole al lado del altar hacia el aquilón. Y mandó el rey Acaz al sacerdote Urías, diciendo: En el grande altar encenderás el holocausto de la mañana, y el presente de la tarde, y el holocausto del rey, y su presente, y asimismo el holocausto de todo el pueblo de la tierra, y su presente, y sus libaciones; y toda sangre de holocausto, y toda sangre de sacrificio esparcirás sobre él: y el altar de metal será mío para preguntar. Y el sacerdote Urías lo hizo conforme a todas las cosas que el rey Acaz le mandó. Y cortó el rey Acaz las cintas de las basas, y quitóles las fuentes: y quitó el mar de sobre los bueyes de metal, que estaban debajo de él, y púsole sobre el solado de piedra. Y la tienda del sábado, que habían edificado en la casa, y el pasadizo de afuera del rey mudó a las espaldas de la casa de Jehová, por causa del rey de Asiria. Lo demás de los hechos de Acaz, que hizo, ¿no está todo escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Judá? Y durmió el rey Acaz con sus padres, y fue sepultado con sus padres en la ciudad de David: y reinó en su lugar Ezequías su hijo.
Oración matutina — segunda lectura
Entonces llegaron a Jesús ciertos escribas y Fariseos de Jerusalem, diciendo: ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan. Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué también vosotros traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque Dios mandó, diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldijere a padre o a madre, muera de muerte. Mas vosotros decís: Cualquiera que dijere a su padre o a su madre: Toda ofrenda mía a ti aprovechará; Y no honrare a su padre o a su madre, será libre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con su boca se acerca a mí, y con sus labios me honra; mas su corazón lejos está de mí. Mas en vano me honran enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres. Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entendéd. No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron? Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. Dejádlos: guias son ciegos de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. Y Jesús dijo: ¿Aun también vosotros sois sin entendimiento? ¿No entendéis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la necesaria? Mas lo que sale de la boca, del mismo corazón sale, y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. ¶ Y saliendo Jesús de allí, se fue a las partes de Tiro y de Sidón. Y, he aquí, una mujer Cananea, que había salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio. Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros. Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Así es Señor; pero los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. Entonces respondiendo Jesús, dijo: ¡O mujer! grande es tu fe: sea hecho contigo como quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora. ¶ Y partido Jesús de allí, vino junto al mar de Galilea; y subiendo en un monte, se sentó allí. Y llegaron a él grandes multitudes, que tenían consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos, y los echaron a los pies de Jesús, y los sanó: De tal manera, que las multitudes se maravillaron, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos; y glorificaron al Dios de Israel. Y Jesús llamando a sus discípulos, dijo: Tengo misericordia de la multitud, que ya hace tres días que perseveran conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino. Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran multitud? Y Jesús les dice: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Y mandó a las multitudes que se recostasen en tierra. Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, los rompió, y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. Y eran los que habían comido cuatro mil varones, sin las mujeres y los niños. Entonces despedidas las multitudes, subió en una nave, y vino a los términos de Magdala.
Oración vespertina — primera lectura
A los doce años de Acaz rey de Judá, comenzó a reinar Oséas, hijo de Ela, en Samaria sobre Israel nueve años. E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como los reyes de Israel, que fueron antes de él. Contra este subió Salmanasar rey de los Asirios, y Oséas fue hecho su siervo, y pagábale presente. Mas el rey de Asiria halló que Oséas hacía conjuración; porque había enviado embajadores a Sua rey de Egipto, y ya no pagaba presente al rey de Asiria como cada año: y el rey de Asiria le detuvo, y le aprisionó en la casa de la cárcel. Y el rey de Asiria subió contra toda la tierra, y subió contra Samaria, y estuvo sobre ella tres años. A los nueve años de Oséas tomó el rey de Asiria a Samaria, y trasportó a Israel en Asiria: y púsolos en Hala, y en Habor, junto al río de Gozán, y en las ciudades de los Medos. Porque como los hijos de Israel pecasen contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto, de dabajo de la mano de Faraón rey de Egipto, y temiesen a dioses ajenos, Y anduviesen en los estatutos de las gentes que Jehová había lanzado delante de los hijos de Israel, y de los reyes de Israel, que ellos hicieron; Y como los hijos de Israel cubrieron cosas no rectas contra Jehová su Dios, edificándose altos en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas hasta las ciudades fuertes; Y se levantasen estatuas y bosques en todo collado alto, y debajo de todo árbol sombrío, Quemando allí perfumes en todos los altos a la manera de las gentes, las cuales Jehová había traspuesto delante de ellos, y haciendo cosas muy malas para provocar a ira a Jehová. Sirviendo a los ídolos, de los cuales Jehová les había dicho: Vosotros no haréis esto; Entonces Jehová protestaba contra Israel, y contra Judá, por la mano de todos los profetas, y de todos los videntes, diciendo: Volvéos de vuestros caminos malos, y guardád mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo mandé a vuestros padres, y que os he enviado por mano de mis siervos los profetas. Mas ellos no obedecieron, antes endurecieron su cerviz, como la cerviz de sus padres, los cuales no creyeron en Jehová su Dios. Y desecharon sus estatutos, y su concierto, que él había concertado con sus padres, y sus testimonios, que él había protestado contra ellos: y siguieron la vanidad, y fueron hechos vanos: y en pos de las gentes, que estaban al rededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado, que no hiciesen a la manera de ellas. Y dejaron todos los mandamientos de Jehová su Dios, e hiciéronse vaciadizos dos becerros, e hicieron bosques, y adoraron a todo el ejército del cielo, y sirvieron a Baal. E hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por fuego, y adivinaron adivinaciones, y eran agoreros, y entregáronse a hacer lo malo en ojos de Jehová, provocándole a ira. Y Jehová se airó en gran manera contra Israel, y quitólos de delante de su rostro, que no quedó, sino solo la tribu de Judá. Mas ni aun Judá guardó los mandamientos de Jehová su Dios, antes anduvieron en los estatutos de Israel, los cuales hicieron. Y desechó Jehová toda la simiente de Israel, y afligiólos, y entrególos en manos de saqueadores, hasta echarlos de su presencia. Porque cortó a Israel de la casa de David, e hiciéronse rey a Jeroboam, hijo de Nabat, y Jeroboam rempujó a Israel de en pos de Jehová, e hízolos pecar gran pecado. Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam, que él hizo; no se apartaron de ellos; Hasta tanto que Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por mano de todos los profetas sus siervos, e Israel fue traspuesto de su tierra en Asiria hasta hoy. ¶ Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, y de Cuta, y de Ava, y de Emat, y de Sefarvaim, y púsolos en las ciudades de Samaria en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades. Y aconteció al principio, cuando comenzaron a habitar allí, que no temiendo ellos a Jehová, Jehová envió contra ellos leones que los mataban. Entonces ellos dijeron al rey de Asiria: Las gentes que tú traspasaste, y pusiste en las ciudades de Samaria, no saben la costumbre del Dios de aquella tierra, y él ha echado leones en ellos, y, he aquí, los matan, porque no saben la costumbre del Dios de la tierra. Y el rey de Asiria mandó, diciendo: Llevád allí a alguno de los sacerdotes que trajisteis de allá, y vayan, y habiten allá, y enséñenles la costumbre del Dios de la tierra. Y vino uno de los sacerdotes que habían trasportado de Samaria, y habitó en Bet-el, y enseñóles como habían de temer a Jehová. Mas cada nación se hizo sus dioses, y pusiéronlos en los templos de los altos que habían hecho los de Samaria; cada nación en su ciudad donde habitaba. Los de Babilonia hicieron a Soccot-benot, y los de Cuta hicieron a Nergel, y los de Emat hicieron a Asima. Los Heveos hicieron a Nebahaz, y a Tartac. Y los de Sefarvaim quemaban sus hijos con fuego a Adramelec y a Anamelec dioses de Sefarvaim. Y temían a Jehová, e hicieron de ellos sacerdotes de los altos, que les sacrificaban en los templos de los altos. Y temían a Jehová, y honraban también a sus dioses, según la costumbre de las gentes, que habían hecho traspasar de allí. Hasta hoy hacen como primero, que ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos, ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos, que mandó Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso por nombre Israel: Con los cuales Jehová había hecho concierto, y les mandó, diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les sacrificaréis. Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con potencia grande, y brazo extendido, a este temeréis, a este adoraréis, a este sacrificaréis. Los estatutos, y derechos, y ley, y mandamientos que os dio por escrito, guardaréis, haciéndolos todos los días, y no temeréis dioses ajenos. Y no olvidaréis el concierto que hice con vosotros, ni temeréis dioses ajenos; Sino a Jehová vuestros Dios teméd, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. Mas ellos no oyeron: antes hicieron según su costumbre antigua. Así temieron a Jehová aquellas gentes, y juntamente sirvieron a sus ídolos: y asimismo sus hijos y sus nietos, como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.
Oración vespertina — segunda lectura
Encomiéndoos a Febe nuestra hermana, la cual está en el servicio de la iglesia que está en Cencreas: Que la recibáis en el Señor como es propio de santos; y que le ayudéis en cualquiera cosa en que os hubiere menester; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo también. Saludád a Priscila y a Aquila, mis coadjutores en Cristo Jesús: (Que pusieron sus cuellos al degolladero por mi vida, a los cuales no doy gracias yo solo, mas aun todas las iglesias de los Gentiles:) Asimismo a la iglesia que está en su casa. Saludád a Epeneto, amado mío, que es las primicias de Acaya para Cristo. Saludád a María, la cual ha trabajado mucho por nosotros. Saludád a Andrónico y a Junia, mis parientes, y mis compañeros en prisiones, los cuales son insignes entre los apóstoles; los cuales fueron en Cristo antes que yo. Saludád a Amplias, amado mío en el Señor. Saludád a Urbano, nuestro ayudador en Cristo Jesús, y a Staquis, amado mío. Saludád a Apéles, aprobado en Cristo. Saludád a los que son de Aristóbulo. Saludád a Herodión, mi pariente. Saludád a los que son de Narciso, los que son en el Señor. Saludád a Trifena, y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludád a la amada Perside, la cual ha trabajado mucho en el Señor. Saludád a Rufo, escogido en el Señor; y a su madre y mía. Saludád a Asincrito, a Flegonte, a Hérmas, a Patrobas, a Hérmes, y a los hermanos que están con ellos. Saludád a Filologo, y a Julia, a Nereo, y a su hermana, y a Olímpas, y a todos los santos que están con ellos. Saludáos los unos a los otros con santo beso. Os saludan las iglesias de Cristo. Y os ruego, hermanos, que miréis por los que causan disensiones y escándalos contrarios a la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartáos de ellos. Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesu Cristo, sino a sus vientres; y con suaves palabras y buenas razones engañan los corazones de los sencillos. Porque vuestra obediencia divulgada es por todos lugares; así que, me regocijo por causa de vosotros; mas quiero que seáis sabios en el bien, y simples en el mal. Y el Dios de paz quebrantará presto a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia del Señor nuestro Jesu Cristo sea con vosotros. Amén. Os saludan Timoteo, mi coadjutor, y Lucio, y Jasón, y Sosipáter mis parientes. Yo Tercio, que escribí esta epístola, os saludo en el Señor. Salúdaos Gayo, mi huésped, y de toda la iglesia. Salúdaos Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto. La gracia de nuestro Señor Jesu Cristo sea con todos vosotros. Amén. Y al que puede confirmaros según mi evangelio, y la predicación de Jesu Cristo, según la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos, Mas manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas según el mandamiento del Dios eterno, declarado a todas las naciones para que obedezcan a la fe: A el solo Dios sabio, sea gloria por Jesu Cristo para siempre. Amén. ¶ Fue escrita de Corinto a los Romanos, y enviada con Febe servidora de la iglesia de Cencreas.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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