Bosko

Lecturas del día

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Oración matutina — segunda lectura

Mateo 22

Y respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que hizo bodas a su hijo. Y envió sus siervos para que llamasen a los convidados a las bodas; mas no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decíd a los convidados: He aquí, mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados son muertos, y todo está aparejado: veníd a las bodas. Mas ellos no hicieron caso, y se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; Y otros, tomando sus siervos, afrentáronlos, y matáronlos. Y el rey, oyendo esto, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y puso a fuego su ciudad. Entonces dice a sus siervos: Las bodas a la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados, no eran dignos. Id pues a las salidas de los caminos, y llamád a las bodas a cuantos hallareis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. Y entró el rey para ver los convidados, y vio allí un hombre no vestido de vestido de boda. Y le díjo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Y a él se le cerró la boca. Entonces el rey dijo a los que servían: Atado de pies y de manos, tomádle, y echádle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados; mas pocos escogidos. ¶ Entonces idos los Fariseos, consultaron como le tomarían en alguna palabra. Y envían a él sus discípulos, con los de Heródes, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios; y que no te cuidas de nadie; porque no tienes acepción de persona de hombres: Dinos pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo a César, o no? Mas Jesús, entendida su malicia, les dice: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostrádme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Entonces les dice: ¿Cúya es esta figura, y lo que está encima escrito? Ellos le dicen: De César. Y les dice: Pagád, pues, a César lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios. Y oyendo esto se maravillaron, y dejáronle, y se fueron. ¶ Aquel día llegaron a él los Saduceos, que dicen no haber resurrección, y le preguntaron, Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se case con su mujer, y despertará simiente a su hermano. Fueron, pues, entre nosotros siete hermanos; y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generación, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta los siete. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿cúya de los siete será la mujer? porque todos la tuvieron. Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las escrituras, y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni se casan, ni se dan en matrimonio; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que es dicho por Dios a vosotros, que dice: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de los muertos, sino de los que viven. Y oyendo esto las multitudes estaban fuera de sí de su doctrina. ¶ Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca a los Saduceos, se juntaron a una; Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo: Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley? Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas. Y estando juntos los Fariseos, Jesús les preguntó, Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿Cúyo hijo es? Dícenle ellos: De David. El les dice: Pues, ¿cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Asiéntate a mi diestra, entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra: ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Oración vespertina — segunda lectura

1 Corintios 7

En cuanto a las cosas de que me escribisteis: bueno sería al hombre no tocar mujer. Mas por evitar las fornicaciones, cada varón tenga su mujer, y cada mujer tenga su marido. El marido pague a la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido. La mujer no tiene la potestad de su propio cuerpo, sino el marido; y por el semejante tampoco el marido tiene la potestad de su propio cuerpo, sino la mujer. No os defraudéis el uno al otro, sino fuere algo por tiempo, de consentimiento de ambos, por ocuparos en ayuno y en oración; y volvéd a juntaros en uno, porque no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Mas esto digo por permisión, no por mandamiento. Porque querría que todos los hombres fuesen como yo; empero cada uno tiene su propio don de Dios: uno de una manera, y otro de otra. ¶ Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les es si se quedaren como yo. Empero si no se pueden contener, cásense; que mejor es casarse, que quemarse. Mas a los casados mando, y no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido. Y si se apartare, quédese por casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer. Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer no creyente, y ella consiente para habitar con él, no la despida. Y la mujer que tiene marido no creyente, y él consiente para habitar con ella, no le deje. Porque el marido no creyente es santificado por la mujer; y la mujer no creyente es santificada por el marido; de otra manera vuestros hijos serían inmundos, empero ahora son santos. Mas si el no creyente se aparta, apártese; que el hermano, o la hermana, no está sujeto a servidumbre en semejantes casos: antes a paz nos llamó Dios. Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá salvarás a tu marido? ¿o de dónde sabes, oh marido, si quizá salvarás a tu mujer? Empero como el Señor repartió a cada uno, y como el Señor llamó a cada uno, así ande; y así yo lo ordeno en todas las iglesias. ¿Es llamado alguno circuncidado? no se haga incircunciso: ¿es llamado alguno en incircuncisión? no se circuncide. La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino la observancia de los mandamientos de Dios. Cada uno en la vocación en que fue llamado en ella se quede. ¿Eres llamado siendo siervo? no se te dé nada; mas también si puedes hacerte libre, usa antes de ello. Porque el que en el Señor es llamado siendo siervo, horro es del Señor: asimismo también el que es llamado siendo libre, siervo es de Cristo. Por precio sois comprados, no os hagáis siervos de los hombres. Cada uno, hermanos, en lo que es llamado en esto se quede para con Dios. ¶ Empero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno a causa de la aflicción actual; digo, que bueno es al hombre estarse así. ¿Estás atado a mujer? no procures soltarte. ¿Estás suelto de mujer? no busques mujer. Mas también si te casares, no pecaste; y si la virgen se casare, no pecó; pero aflicción en la carne tendrán los tales; mas yo os perdono. Esto empero digo, hermanos, que el tiempo es corto: lo que resta es, que los que tienen mujeres sean como si no las tuviesen; Y los que lloran, como si no llorasen; y los que se regocijan, como si no se regocijasen; y los que compran, como si no poseyesen; Y los que usan de este mundo, como no abusando de él; porque la apariencia de este mundo se pasa. Mas querría que estuvieseis sin cuidado. El soltero tiene cuidado de las cosas que pertenecen al Señor, como ha de agradar al Señor. Empero el casado tiene cuidado de las cosas que son del mundo, como ha de agradar a su mujer. Diferencia hay también entre la mujer casada y la virgen. La mujer por casar, tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; mas la casada, tiene cuidado de las cosas del mundo, como ha de agradar a su marido. Esto empero digo para vuestro propio provecho: no para echaros un lazo, sino para lo que es decente, y para que sin distracción sirváis al Señor. Mas si a alguno parece cosa fea en su virgen, que pase ya de edad, y así conviene que se haga, haga lo que quisiere; no peca, que se casen. Empero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, mas tiene poder sobre su voluntad, y determinó en su corazón esto, de guardar su virgen, hace bien. Así que el que da su virgen en casamiento, hace bien; mas el que no la da, hace mejor. ¶ La mujer casada está atada por la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es para ser casada con quien quisiere; solamente en el Señor. Empero más feliz es, según mi parecer, si se queda así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.

Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

Las lecturas del día, cada mañana

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