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Lecturas del día

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Oración matutina — primera lectura

1 Samuel 2:1-27

Y Ana oró, y dijo: Mi corazón se alegra en Jehová, mi cuerno es ensalzado en Jehová, mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salud. No hay santo como Jehová: porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay fuerte como el Dios nuestro. No multipliquéis hablando grandezas, grandezas: cesen las palabras arrogantes de vuestra boca, porque el Dios de las ciencias es Jehová, y las obras magníficas a él le son prestas. Los arcos de los fuertes fueron quebrados, y los flacos se ciñeron de fortaleza. Los hartos se alquilaron por pan: y los hambrientos cesaron: hasta parir siete la estéril, y la que tenía muchos hijos enfermó. Jehová mata, y él da vida: él hace descender a los infiernos, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, y al menesteroso ensalza del estiércol, para asentarle con los príncipes: y hace que tengan por heredad asiento de honra: porque de Jehová son las columnas de la tierra, y él asentó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos; mas los impíos perecen en tinieblas, porque nadie con fuerza será valiente. Jehová, serán quebrantados sus adversarios: y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, y dará fortaleza a su rey, y ensalzará el cuerno de su Mesías. Y Elcana se volvió a su casa en Ramata: y el mozo ministraba a Jehová delante de Elí sacerdote. ¶ Mas los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová. Era la costumbre de los sacerdotes con el pueblo que cualquiera que sacrificaba sacrificio, venía el criado del sacerdote, cuando la carne estaba a cocer, trayendo en su mano un garfio de tres ganchos, Y hería con él en la caldera, o en la olla, o en el caldero, o en el pote; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían a todo Israel que venía a Silo. Asimismo antes de quemar el sebo, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que ase para el sacerdote: porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y respondíale el varón: Quemen de presto el sebo hoy, y después tómate como quisieres. Y él respondía: No, sino ahora la has de dar; de otra manera yo la tomaré por fuerza, Y así el pecado de los mozos era muy grande delante de Jehová: porque los hombres menospreciaban los sacrificios de Jehová. Y el mozo Samuel ministraba delante de Jehová vestido de un efod de lino. Y hacíale su madre una túnica pequeña, y traíasela cada año, cuando subía con su marido a sacrificar el sacrificio acostumbrado. Y Elí bendecía a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé simiente de esta mujer en lugar de esta petición que pidió a Jehová: y así se volvieron a su lugar. Y visitó Jehová a Ana, y concibió, y parió tres hijos, y dos hijas; y el mozo Samuel crecía delante de Jehová. Elí empero era muy viejo, y oía todo lo que sus hijos hacían a todo Israel; y como dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo del testimonio. Y díjoles: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros negocios malos. No, hijos míos; porque no es buena fama la que yo oigo: que hacéis pecar al pueblo de Jehová. Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán: mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Mas ellos no oyeron la voz de su padre: porque Jehová les quería matar. Y el mozo Samuel iba creciendo, y mejorándose delante de Dios, y delante de los hombres. ¶ Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así dijo Jehová: ¿No me manifesté yo manifiestamente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto, en la casa de Faraón?

Oración matutina — segunda lectura

Lucas 14

Y aconteció que entrando en casa de un príncipe de los Fariseos un sábado a comer pan, ellos le acechaban. Y, he aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él. Y respondiendo Jesús, habló a los doctores de la ley, y a los Fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió. Y respondiendo a ellos, dijo: ¿El asno o el buey de cual de vosotros caerá en un pozo, y él no le sacará luego en día de sábado? Y no le podían replicar a estas cosas. ¶ Y propuso una parábola a los convidados, atento como escogían los primeros asientos a la mesa, diciéndoles: Cuando fueres convidado de alguno a bodas, no te asientes en el primer lugar; porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él; Y viniendo el que te llamó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a tener el postrer lugar. Mas cuando fueres llamado, vé, y asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube más arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan a la mesa. Porque cualquiera que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será ensalzado. Y decía también al que le había convidado: Cuando haces comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; porque también ellos no te vuelvan a convidar, y te sea hecha paga. Mas cuando haces banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; Y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden pagar; mas te será pagado en la resurrección de los justos. ¶ Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos. ¶ El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó a muchos. Y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los convidados: Veníd, que ya todo está aparejado. Y comenzaron todos a una a escusarse. El primero le dijo: He comprado un cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por escusado. Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlos: ruégote que me tengas por escusado. Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir. Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces el padre de familias, enojado dijo a su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar. Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. Porque yo os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena. ¶ Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose les dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo. Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que ha menester para acabarla? Porque después que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen a hacer burla de él, Diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O cuál rey, habiendo de ir a hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? De otra manera, cuando el otro está aun lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada. Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué será salada? Ni para la tierra, ni aun para el muladar es buena: fuera la echan. Quien tiene oídos para oír, oiga.

Oración vespertina — primera lectura

1 Samuel 3

Y el mozo Samuel ministraba a Jehová delante de Elí, y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días, no había visión manifiesta. Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, y ya sus ojos comenzaban a oscurecerse que no podía ver, Y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba. Y Jehová llamó a Samuel; el cual respondió: Heme aquí. Y corriendo a Elí dijo: Heme aquí: ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado: tórnate y acuéstate. Y él se volvió, y acostóse. Y volvió otra vez Jehová a llamar a Samuel. Y levantándose Samuel vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado, vuelve, y acuéstate. Mas Samuel aun no conocía a Jehová, ni le había sido revelada palabra de Jehová. Jehová pues llamó la tercera vez a Samuel: y él levantándose vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces Elí entendió que Jehová llamaba al mozo. Y dijo Elí a Samuel: Vé, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla Jehová, que tu siervo oye. Así Samuel se fue, y acostóse en su lugar. Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: Samuel, Samuel. Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye. Y Jehová dijo a Samuel: He aquí que yo haré una cosa en Israel, que quien la oyere, le retiñan ambas sus orejas. Aquel día yo despertaré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa. Yo comenzaré; y acabaré. Y yo le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe: que sus hijos se han envilecido, y él no los ha estorbado. Y por tanto yo he jurado a la casa de Elí, que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con presentes. Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel tenía miedo de descubrir la visión a Elí. Llamando pues Elí a Samuel, díjole: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. Y él le dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Ruégote que no me la encubras. Así te haga Dios, y así te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo. Y Samuel se lo descubrió todo, que nada le encubrió. Entonces él dijo: Jehová es, haga lo que bien le pareciere. ¶ Y Samuel creció, y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de todas sus palabras. Y conoció todo Israel desde Dan, hasta Beer-seba, que Samuel era fiel profeta de Jehová. Así tornó Jehová a aparecer en Silo, porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo con palabra de Jehová.

Oración vespertina — segunda lectura

Filipenses 2

Por tanto, si hay en vosotros alguna consolación en Cristo, si algún refrigerio de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algunas entrañas y conmiseraciones, Cumplíd mi gozo en que penséis lo mismo, teniendo un mismo amor, siendo unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda, o por vana gloria; antes en humildad de espíritu, estimándoos inferiores los unos a los otros, No mirando cada uno a lo que es suyo, mas también a lo que es de los otros. Haya en vosotros los mismos sentimientos que hubo también en Cristo Jesús: El cual siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña ser igual a Dios; Mas se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho a semejanza de los hombres; Y hallado en su condición como hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y por lo cual Dios también le ensalzó soberanamente, y le dio nombre que es sobre todo nombre; Para que al nombre de Jesús toda rodilla de lo celestial, de lo terrenal, y de lo infernal se doble; Y que toda lengua confiese, que Jesu Cristo es Señor para la gloria de Dios el Padre. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, mas aun mucho más ahora en mi ausencia, obrád vuestra propia salud con temor y temblor. Porque Dios es el que en vosotros obra, así el querer como el hacer, según su buena voluntad. Hacéd todo sin murmuraciones, y sin disputas; Para que seáis irreprensibles, y sencillos, hijos de Dios, sin culpa, en medio de una raza torcida y perversa, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo, Reteniendo la palabra de vida; para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo, de que no he corrido en vano, ni trabajado en vano. Y aunque yo sea sacrificado sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me huelgo y me regocijo con todos vosotros. Y por esto mismo holgáos también vosotros, y regocijáos conmigo. Mas espero en el Señor Jesús, que os enviaré presto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo, conociendo vuestro estado. Porque a ninguno tengo tan del mismo ánimo conmigo, que esté sinceramente solícito por vosotros; Porque todos buscan lo que es suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Mas vosotros sabéis la prueba que se ha hecho de él, y es, que como hijo con su padre, él ha servido conmigo en el evangelio. Así que a éste espero enviaros, luego que viere como van mis negocios. Mas confío en el Señor que yo mismo también vendré prestamente a vosotros: Sin embargo tuve por cosa necesaria enviaros a Epafrodito, mi hermano, y compañero, y consiervo mío, mas vuestro mensajero, y el que ministraba a mis necesidades. Porque tenía deseo vehemente de ver a todos vosotros; y estaba lleno de pesadumbre de que hubieseis oído que había enfermado. Y cierto que enfermó hasta la muerte; mas Dios tuvo misericordia de él; y no solamente de él mas de mí también, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza. Así que le envío más presto, para que viéndole otra vez, os regocijéis, y que yo esté con menos tristeza. Recibídle, pues, en el Señor, con todo regocijo; y tenéd en estima a los tales; Porque por la obra de Cristo llegó hasta la muerte, exponiendo su vida para suplir vuestra falta en mi servicio.

Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

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