Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Oración matutina — primera lectura
Y aconteció después de la muerte de Saul, que vuelto David de la derrota de los Amalecitas, estuvo dos días en Siceleg: Y al tercero día aconteció, que llegó uno del campo de Saul, rotos sus vestidos, y esparcida tierra sobre su cabeza. Y llegando a David, postróse en tierra, y le hizo reverencia. Y preguntóle David: ¿De dónde vienes? Y él respondió: Heme escapado del campo de Israel. Y David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Ruégote que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos: también Saul, y Jonatán su hijo murieron. Y dijo David a aquel mancebo que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que Saul es muerto, y Jonatán su hijo? Y el mancebo que le daba las nuevas respondió: Por casualidad vine al monte de Gelboé, y, he aquí Saul que estaba recostado sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo: Y como él miró atrás, me vio, y me llamó: y yo dije: Heme aquí: Y él me dijo: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy Amalecita. Y él me volvió a decir: Yo te ruego que te pongas sobre mí, y me mates, porque me toman angustias, y aun toda mi alma está en mí. Yo entonces púseme sobre él, y le maté: porque sabía que no podía vivir después de su caída. Y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la ajorca que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor. Entonces David trabando de sus vestidos rompiólos, y lo mismo hicieron los varones que estaban con él. Y lloraron, y lamentaron; y ayunaron hasta la tarde por Saul y por Jonatán su hijo, y por el pueblo de Jehová, y por la casa de Israel, que habían caído a cuchillo. ¶ Y David dijo a aquel mancebo, que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, Amalecita. Y díjole David: ¿Cómo no hubiste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? Entonces David llamó a uno de los mancebos, y díjole: Llega, y mátale. Y él le hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues que tu boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová. Y endechó David a Saul y a Jonatán su hijo, con esta endecha. Y dijo, que enseñasen al arco a los hijos de Judá. He aquí que así está escrito en el libro del derecho. ¶ La gloria de Israel, muertos sobre tus collados: ¡cómo han caído los valientes! No lo denunciéis en Get, no deis las nuevas en las plazas de Ascalón; porque no se alegren las hijas de los Filisteos: porque no salten de gozo las hijas de los incircuncisos. Montes de Gelboé, ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros; ni seáis tierras de ofrendas: porque allí fue desechado el escudo de los valientes, el escudo de Saul, como si no hubiera sido ungido de aceite. Sin sangre de muertos, sin sebo de valientes, el arco de Jonatán nunca volvió atrás, ni la espada de Saul se tornó vacía. Saul y Jonatán amados y queridos en su vida, en su muerte tampoco fueron apartados. Más ligeros que águilas, más fuertes que leones. Hijas de Israel llorád sobre Saul, que os vestía de escarlata en placeres: que adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro. ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla, Jonatán, muerto en tus alturas! Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce; más maravilloso me fue tu amor, que el amor de las mujeres. ¡Cómo han caído los valientes, y perecieron las armas de guerra!
Oración matutina — segunda lectura
Estaba entonces enfermo un hombre llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (Era María la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.) Enviaron pues sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo. Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, y a su hermana, y a Lázaro. Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad se quedó dos días en aquel lugar donde estaba. Luego después de esto dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez. Dícenle sus discípulos: Rabbi, ahora poco procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas? El que anduviere de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. Dicho esto, díceles después: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy a despertarle del sueño. Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, bueno estará. Mas esto decía Jesús de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba de dormir de sueño. Entonces pues Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto; Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creáis; mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, el que se llama Dídimo, a sus condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él. Vino pues Jesús, y hallólo, que había cuatro días que estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios. Y muchos de los Judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas de su hermano. Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, le salió a recibir; mas María estaba sentada en casa. Entonces Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Mas sé que también ahora, todo lo que pidieres a Dios, te lo dará Dios. Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. Dícele Jesús: Yo soy la resurrección, y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá; Y todo aquel que vive, y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto? Ella le dice: Sí, Señor, yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que había de venir al mundo. Y esto dicho, se fue, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama. Ella, como lo oyó, se levanta prestamente, y viene a él. (Porque aun no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había salido a recibir.) Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano. Jesús entonces como la vio llorando, y a los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, gimió en espíritu, y se turbó, Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y lo verás. Jesús lloraba. Dijeron entonces los Judíos: ¡He aquí cómo le amaba! Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriera? Y Jesús, gimiendo otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, que era una cueva, la cual tenía una piedra puesta encima. Dice Jesús: Quitád la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya; que es muerto de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy porque me has oído. Y yo sabía que siempre me oyes; mas por causa del pueblo que está al rededor lo dije, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera. Entonces el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatádle, y dejádle ir. ¶ Entonces muchos de los Judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Mas algunos de ellos fueron a los Fariseos, y les dijeron lo que Jesús había hecho. Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los Fariseos juntaron concilio, y decían: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchos milagros. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada, Ni consideráis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda. Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo sacerdote de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. Así que desde aquel día consultaban juntos para matarle. De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas se fue de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraím; y estábase allí con sus discípulos. Y la pascua de los Judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse. Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá a la fiesta? Mas los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos habían dado mandamiento, que si alguno supiese donde estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen.
Oración vespertina — primera lectura
Y envió Jehová a Natán a David: el cual viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre. El rico tenía ovejas y vacas asaz: Mas el pobre ninguna cosa tenía, sino una sola cordera, que había comprado, la cual él había criado, y había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado de pan, y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su regazo: y teníala como a una hija. Y vino uno de camino al hombre rico: y él no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar al caminante que le había venido: sino tomó la oveja de aquel hombre pobre, y aderezóla para el varón que le había venido. Entonces el furor se le encendió a David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte: Y que él pagará la cordera con el cuatro tanto: porque hizo esta tal cosa, y no tuvo misericordia. Entonces Natán dijo a David: Tú eres aquel varón. Así dijo Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saul. Yo te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además de esto, te di la casa de Israel y de Judá. Y si esto es poco, yo te añadiré tales y tales cosas. ¿Por qué pues tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías Jetteo heriste a cuchillo, y tomaste por tu mujer a su mujer, y a él mataste con la espada de los hijos de Ammón. Por lo cual ahora no se apartará espada de tu casa perpetuamente, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías Jetteo, para que fuese tu mujer. Así dijo Jehová: He aquí, yo despierto sobre ti mal de tu misma casa: y yo tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual dormirá con tus mujeres en la presencia de este sol. Porque tú lo hiciste en secreto, mas yo haré esto delante de todo Israel, y delante del sol. Entonces dijo David a Natán: Pequé a Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha trasportado tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este negocio hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido muriendo morirá. ¶ Y Natán se volvió a su casa. Y Jehová hirió al niño, que la mujer de Urías había parido a David, y enfermó gravemente. Y David rogó a Dios por el niño; y ayunó David ayuno, y vino, y pasó la noche acostado en tierra. Y levantáronse los ancianos de su casa a él, para hacerle levantar de tierra, mas él no quiso, ni comió con ellos pan. Y al séptimo día el niño murió; y sus siervos no osaban hacerle saber que el niño era muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aun vivía le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿pues cuánto más mal le hará si le dijéremos: el niño es muerto? Mas David viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño era muerto: y dijo David a sus siervos: ¿Es muerto el niño? Y ellos respondieron: Muerto es. Entonces David se levantó de tierra, y lavóse, y ungióse, y mudó sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Y después vino a su casa, y demandó, y pusiéronle pan, y comió. Y dijéronle sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño viviendo aun, ayunabas y llorabas: ¿y él muerto, levantástete, y comiste pan? Y él respondió: Viviendo aun el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe, si Dios habrá compasión de mí, que viva el niño? Mas ahora que ya es muerto, ¿para qué tengo de ayunar? ¿Podréle yo más volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí. ¶ Y consoló David a Bersabée su mujer, y entrando a ella durmió con ella, y parió un hijo, y llamó su nombre Salomón, al cual Jehová amó.
Oración vespertina — segunda lectura
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Y lo que has oído de mí entre muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que serán idóneos para enseñar también a otros. Tú, pues, sufre trabajos como fiel soldado de Jesu Cristo. Ninguno que milita, se envuelve en los negocios de esta vida por agradar a aquel que le escogió por soldado. Y aun también el que pelea en la palestra, no es coronado si no hubiere peleado legítimamente. El labrador, para recibir los frutos, es menester que trabaje primero. Entiende lo que digo: déte, pues, el Señor entendimiento en todo. Acuérdate que Jesu Cristo, de la simiente de David, resucitó de los muertos, conforme a mi evangelio: Por el cual sufro trabajos, como malhechor, hasta verme entre prisiones; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto todo lo sufro por amor de los escogidos, para que ellos también consigan la salud que es en Cristo Jesús, con gloria eterna. ¶ Palabra fiel: Que si morimos con él, también viviremos con él: Si sufrimos, también reinaremos con él: si le negamos, él también nos negará: Si no creemos, él empero se queda fiel: no se puede negar a sí mismo. Recuérdales estas cosas, protestando delante del Señor, que no tengan contiendas en palabras, que para nada aprovechan, sino para trastornar a los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, obrero que no tiene de qué avergonzarse, que distribuye bien la palabra de verdad. Mas aléjate de los promovedores de disputas profanas y vanas, porque mucho aprovecharán en la impiedad. Y la palabra de ellos corroerá como gangrena; de los cuales es Himeneo, y Fileto, Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección ha ya pasado, y trastornan la fe de algunos. ¶ Mas el fundamento de Dios está firme, el cual tiene este sello: Conoce el Señor los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que nombra el nombre de Cristo. Empero en una casa grande, no solamente hay vasos de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y asimismo unos para honra, y otros para deshonra. Así que el que se purificare de estas cosas, será vaso para honra santificado y útil para los usos del Señor, y aparejado para toda buena obra. También, huye de los deseos juveniles; mas sigue la justicia, la fe, la caridad, la paz, con los que invocan al Señor de limpio corazón. ¶ Empero las cuestiones insensatas e insulsas desecha, sabiendo que engendran contiendas. Y el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino manso para con todos, apto para enseñar, sufrido; Que con mansedumbre instruya a los que resisten; por si quizá Dios les dé que se arrepientan, y conozcan la verdad; Y que se despierten y se desenreden del lazo del diablo, los que son tomados vivos por él según su voluntad.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
En Bosko las lecturas del día te esperan cada mañana — marca cada una como leída para no perder nunca el hilo, léelas en cualquiera de las 30 traducciones y detente en una breve reflexión. Las lecturas diarias de tu tradición, con seguimiento y siempre a mano.

