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Lecturas del día

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Oración matutina — primera lectura

Josué 3:7-4:15

Entonces Jehová dijo a Josué: Desde aqueste día comenzaré a hacerte grande delante de los ojos de todo Israel: para que entiendan, que como fui con Moisés, así seré contigo. Tú pues mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del concierto, diciendo: Cuando hubiereis entrado hasta el cabo del agua del Jordán, pararéis en el Jordán. Y Josué dijo a los hijos de Israel: Llegáos acá, y escuchád las palabras de Jehová vuestro Dios. Y Josué tornó a decir: En esto conoceréis que el Dios viviente está en medio de vosotros; y que él echará de delante de vosotros al Cananeo, y al Jetteo, y al Heveo, y al Ferezeo, y al Gergeseo, y al Amorreo, y al Jebuseo: He aquí, el arca del concierto del Señoreador de toda la tierra pasa el Jordán delante de vosotros. Tomád pues ahora doce hombres de las tribus de Israel, de cada tribu uno; Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes, que llevan el arca de Jehová Señoreador de toda la tierra, fueren asentadas sobre las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se partirán: porque las aguas que descienden de arriba se detendrán en un montón. Y aconteció que partiendo el pueblo de sus tiendas para pasar el Jordán: y los sacerdotes delante del pueblo llevando el arca del concierto, Cuando los que llevaban el arca, entraron en el Jordán, y que los pies de los sacerdotes que llevaban el arca fueron mojados a la orilla del agua, (porque el Jordán suele reverter sobre todos sus bordes todo el tiempo de la segada,) Las aguas que descendían de arriba, se pararon como en un montón bien lejos de la ciudad de Adam, que está al lado de Sartán: y las que descendían a la mar de los llanos a la mar salada, se acabaron y fueron partidas, y el pueblo pasó en derecho de Jericó. Mas los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto de Jehová estuvieron en seco en medio del Jordán firmes, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán, y todo Israel pasó en seco. Y cuando toda la gente hubo acabado de pasar el Jordán, Jehová habló a Josué, diciendo: Tomád del pueblo doce varones, de cada tribu uno: Y mandádles, diciendo: Tomáos de aquí del medio del Jordán, del lugar donde están los pies de los sacerdotes firmes, doce piedras: las cuales pasaréis con vosotros, y asentarlas heis en el alojamiento donde habéis de tener la noche. Entonces Josué llamó doce varones los cuales él ordenó de entre los hijos de Israel de cada tribu uno: Y díjoles Josué: Pasád delante del arca de Jehová vuestro Dios por medio del Jordán, y cada uno de vosotros tome una piedra sobre su hombro, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; Para que esto sea señal entre vosotros. Y cuando vuestros hijos preguntaren a sus padres el día de mañana, diciendo: ¿Qué os significan estas piedras? Responderles heis: Que las aguas del Jordán fueron partidas delante del arca del concierto de Jehová cuando ella pasó el Jordán, las aguas del Jordán se partieron: y serán estas piedras por memoria para siempre a los hijos de Israel. Y los hijos de Israel lo hicieron así como Josué les mandó; que levantaron doce piedras del medio del Jordán, como Jehová lo había dicho a Josué, conforme al número de las tribus de los hijos de Israel; y pasáronlas consigo al alojamiento, y asentáronlas allí. Josué también levantó doce piedras en medio del Jordán; en el lugar donde estuvieron los pies de los sacerdotes, que llevaban el arca del concierto; y han estado allí hasta hoy. Y los sacerdotes, que llevaban el arca, se pararon en medio del Jordán, hasta tanto que se acabó todo lo que Jehová había mandado a Josué que hablase al pueblo conforme a todas las cosas que Moisés había mandado a Josué: mas el pueblo se dio priesa y pasó. Y cuando todo el pueblo acabó de pasar, pasó también el arca de Jehová, y los sacerdotes en presencia del pueblo. También pasaron los hijos de Rubén, y los hijos de Gad, y la media tribu de Manasés armados delante de los hijos de Israel, como les había dicho Moisés: Como cuarenta mil hombres armados a punto pasaron hacia la campaña de Jericó delante de Jehová, a la guerra. En aquel día Jehová engrandeció a Josué en ojos de todo Israel: y temiéronle, como habían temido a Moisés todos los días de su vida. Y Jehová habló a Josué, diciendo:

Oración matutina — segunda lectura

Marcos 4

Y otra vez comenzó a enseñar junto a la mar, y se juntó a él una gran multitud, tanto que entrándose él en un barco, se sentó en la mar, y toda la multitud estaba en tierra junto a la mar. Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: Oíd: He aquí, el que sembraba salió a sembrar. Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego nació, porque no tenía la tierra profunda. Mas, salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenía raíz se secó. Y otra parte cayó en espinas; y crecieron las espinas, y la ahogaron, y no dio fruto. Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció; y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban al rededor de él con los doce, de la parábola. Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas se les hace todo; Para que viendo, vean y no vean; y oyendo, oigan y no entiendan; porque no se conviertan, y les sean perdonados sus pecados. Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas? El que siembra siembra la palabra. Y estos son los de junto al camino, en los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones. Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oído la palabra, luego la reciben con gozo; Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales; que en levantándose la tribulación, o la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan. Y estos son los que son sembrados entre espinas; los que oyen la palabra; Mas las congojas de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando ahogan la palabra, y viene a quedar sin fruto. Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto, uno a treinta, otro a sesenta, otro a ciento. Díjoles también: ¿Viene la luz para ser puesta debajo de un almud, o debajo de la cama? ¿No viene para ser puesta en el candelero? Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que no haya de venir en descubierto. Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Díjoles también: Mirád lo que oís: Con la medida que medís, os medirán otros; y será añadido a vosotros los que oís. Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Decía mas: Así es el reino de Dios, como si un hombre echase simiente en la tierra; Y durmiese y se levantase de noche y de día, y la simiente brotase y creciese como él no sabe. Porque la tierra de suyo frutifica, primero yerba, luego espiga, después grano lleno en la espiga. Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada. También decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿o con qué parábola le compararémos? Es como el grano de la mostaza, que cuando es sembrado en tierra es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra; Mas cuando fuere sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres; y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan hacer nidos debajo de su sombra. Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábola no les hablaba; mas a sus discípulos en particular declaraba todo. Y les dijo aquel día, cuando fue tarde: Pasemos a la otra parte. Y enviada la multitud, le tomaron así como estaba en la nave, y había también con él otros barquichuelos. Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en la nave, de tal manera que ya se llenaba. Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no te importa nada que perezcamos? Y levantándose él, riñó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fue hecha grande bonanza. Y a ellos dijo: ¿Por qué estáis tan medrosos? ¿Cómo es que no tenéis fe? Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?

Oración vespertina — primera lectura

Josué 5:13-6:21

¶ Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desnuda en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y él respondió: No; mas yo soy el príncipe del ejército de Jehová: ahora he venido. Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra adoró: y díjole: ¿Qué dice mi señor a su siervo? Y el príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita tus zapatos de tus pies; porque el lugar donde estás es santo, y Josué lo hizo así. Jericó empero estaba cerrada, bien cerrada, a causa de los hijos de Israel; nadie entraba, ni salía. Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó, y a su rey con sus varones de guerra. Cercaréis pues la ciudad todos los hombres de guerra yendo al derredor de la ciudad una vez al día: y esto haréis seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca: y al séptimo día dareis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando tocaren luengamente el cuerno de carnero, como oyereis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá debajo de sí: entonces el pueblo subirá cada uno en derecho de sí. Y llamando Josué hijo de Nun los sacerdotes, díjoles: Llevád el arca del concierto: y siete sacerdotes lleven siete bocinas de cuernos de carneros delante del arca de Jehová. Y dijo al pueblo: Pasád, y cercád la ciudad; y los que están armados pasarán delante del arca de Jehová. Y luego que Josué hubo hablado al pueblo, los siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, pasaron delante del arca de Jehová, y tocaron las bocinas: y el arca del concierto de Jehová los seguía. Y los armados iban delante de los sacerdotes que tocaban las bocinas, y la congregación iba de tras del arca andando y tocando bocinas. Y Josué mandó al pueblo, diciendo: Vosotros no daréis grita, ni se oirá vuestra voz, ni saldrá palabra de vuestra boca, hasta el día que yo os diga; Gritád: entonces daréis grita. El arca pues de Jehová dio una vuelta al derredor de la ciudad, y viniéronse al real, en el cual tuvieron la noche. Y Josué se levantó de mañana; y los sacerdotes tomaron el arca de Jehová: Y los otros siete sacerdotes llevando las siete bocinas de cuernos de carneros, fueron delante del arca de Jehová, andando siempre y tocando las bocinas: y los armados iban delante de ellos, y la congregación iba detrás del arca de Jehová: andando y tocando las bocinas. Así dieron otra vuelta a la ciudad el segundo día, y volviéronse al real: de esta manera hicieron por seis días. Y al séptimo día, levantáronse cuando el alba subía, y dieron vuelta a la ciudad de esta manera siete veces: este día solamente dieron vuelta al rededor de ella siete veces. Y como los sacerdotes hubieron tocado las bocinas la séptima vez, Josué dijo al pueblo: Dad grita; porque Jehová os ha entregado la ciudad. Mas la ciudad será anatema a Jehová, ella con todas las cosas que están en ella: solamente Raab la ramera con todos los que estuvieren en casa con ella, vivirá, por cuanto escondió los mensajeros que enviamos. Mas vosotros guardáos del anatema, que ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, porque no hagáis anatema el campo de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata, y el oro, y vasos de metal y de hierro sea consagrado a Jehová, y venga al tesoro de Jehová. Entonces el pueblo dio grita, y tocaron bocinas: y aconteció que como el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, el pueblo dio grita con muy gran vocerío, y el muro cayó debajo de sí: y el pueblo subió a la ciudad cada uno delante de sí: y tomáronla. Y destruyeron todo lo que había en la ciudad, hombres y mujeres, mozos y viejos, hasta los bueyes, y ovejas, y asnos, a filo de espada.

Oración vespertina — segunda lectura

2 Corintios 1

Pablo, apóstol de Jesu Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a la iglesia de Dios que está en Corinto, con todos los santos que están por toda la Acaya. Gracia a vosotros, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesu Cristo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesu Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación. El que nos consuela en todas nuestras tribulaciones; para que podamos nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros mismos somos consolados de Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por Cristo nuestra consolación. Y si somos atribulados, es por vuestra consolación y salvación, la cual es eficiente en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, es por vuestra consolación y salvación. Y nuestra esperanza de vosotros es firme, estando ciertos que como sois participantes de las aflicciones, así también lo seréis de la consolación. Porque, hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia, que sobre manera fuimos cargados sobre nuestras fuerzas, de tal manera que aun dudábamos de la vida. Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta los muertos: El cual nos libró de tamaña muerte, y nos libra: en el cual esperamos que aun nos librará; Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por el don alcanzado para nosotros por medio de muchas personas, por muchas también sean dadas gracias por nosotros. Porque nuestra gloria es esta, es a saber, el testimonio de nuestra conciencia, que en simplicidad y sinceridad de Dios, no en sabiduría carnal, mas en la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y más con vosotros. Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también reconocéis; y espero que aun hasta el fin las reconoceréis: Como también en parte nos habéis reconocido que somos vuestra gloria, como también vosotros sois la nuestra, en el día del Señor Jesús. ¶ Y en esta confianza quise primero venir a vosotros, porque tuvieseis otro segundo beneficio: Y pasar por vosotros a Macedonia; y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser llevado por vosotros a Judea. Así que pretendiendo esto, ¿usé quizá de liviandad? ¿o lo que pienso hacer, piénsolo según la carne, para que haya en mí sí, sí, y no, no? ¶ Antes como Dios es fiel, nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no. Porque el Hijo de Dios, Jesu Cristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado por mí, y Silvano, y Timoteo, no ha sido sí y no; mas en él ha sido sí. Porque todas las promesas de Dios son en él sí, y en él Amén para gloria de Dios por nosotros. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios: El cual también nos selló, y nos dio las arras del Espíritu en nuestros corazones. Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, de que por perdonaros, no he venido hasta ahora a Corinto: No que nos enseñoreamos de vuestra fe; antes somos ayudadores de vuestro gozo, porque por la fe estáis en pie.

Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)

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