Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
Hijo mío, guarda mis razones, y encierra contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos, y vivirás; y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos: escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana; y a la inteligencia llama parienta: Para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña, que ablanda sus palabras. ¶ Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi ventana, Miré entre los simples, consideré entre los mancebos un mancebo falto de entendimiento, El cual pasaba por la calle, junto a su esquina; e iba camino de su casa, A la tarde del día, ya que oscurecía, en la oscuridad y tiniebla de la noche: Y veis aquí una mujer, que le sale al encuentro con atavío de ramera, astuta de corazón, Alborotadora y rencillosa: sus pies no pueden estar en casa: Ahora de fuera, ahora por las plazas: asechando por todas las encrucijadas. Y traba de él, y bésale; desvergonzó su rostro; y díjole: Sacrificios de paz he prometido, hoy he pagado mis votos: Por tanto he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu faz; y héte hallado. Con paramentos he emparamentado mi cama, alzados con cuerdas de Egipto. He sahumado mi cámara con mirra, áloes, y canela. Ven, embriaguémosnos de amores hasta la mañana: alegrémosnos en amores. Porque el marido no está en su casa, ha ido a un viaje muy largo: El saco del dinero llevó en su mano, el día de la fiesta volverá a su casa. Derribóle con la multitud de la suavidad de sus palabras: con la blandura de sus labios le compelió. Váse en pos de ella luego, como va el buey al degolladero, y como el insensato a las prisiones para ser castigado: De tal manera que la saeta traspasó su hígado: como el ave que se apresura al lazo, y no sabe que es contra su vida. Ahora pues hijos, oídme, y estád atentos a las razones de mi boca. No se aparte a sus caminos tu corazón; y no yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer muertos; y todos los fuertes han sido muertos por ella. Caminos del sepulcro son su casa, que descienden a las cámaras de la muerte.
Oración matutina — segunda lectura
Y aconteció que estando él orando en cierto lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando orareis, decíd: Padre nuestro, que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día dánosle hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación; mas líbranos de mal. Les dijo también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a media noche, y le dirá: Amigo préstame tres panes, Porque un mi amigo ha venido a mí de camino, y no tengo que ponerle delante; Y él dentro respondiendo, diga: No me seas molesto: la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte. Dígoos, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. Y yo os digo: Pedíd, y se os dará: buscád, y hallaréis: tocád, y os será abierto. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, es abierto. ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ¿o, si un pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O, si le pidiere un huevo, le dará un escorpión? Pues, si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que le pidieren de él? ¶ También echó fuera un demonio, el cual era mudo: y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron. Y algunos de ellos decían: Por Belzebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. Y otros, tentándole, pedían de él una señal del cielo. Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado; y casa dividida cae sobre casa. Y si también Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pie su reino? porque decís, que por Belzebú echo yo fuera los demonios. Pues si yo echo fuera los demonios por Belzebú, ¿vuestros hijos, por quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces. Mas si con el dedo de Dios yo echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee. Mas si otro más fuerte que él sobreviniendo le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama. Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándolo, dice: Me volveré a mi casa, de dónde salí. Y viniendo, la halla barrida y adornada. Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postrimerías del tal hombre peores que las primerías. ¶ Y aconteció, que diciendo él estas cosas, una mujer de la multitud levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste. Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan. ¶ Y juntándose las multitudes a él, comenzó a decir: Esta generación mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Porque como Jonás fue señal a los Ninivitas, así también será el Hijo del hombre a esta generación. La reina del austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y, he aquí, uno mayor que Salomón en este lugar. Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se arrepintieron; y, he aquí, uno mayor que Jonás en este lugar. ¶ Nadie pone en oculto una candela encendida, ni debajo de un almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la luz. La luz del cuerpo es el ojo: si pues tu ojo fuere sencillo, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso. Mira pues, que la luz que en ti hay, no sea tinieblas. Así que siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente como cuando una luz de resplandor te alumbra. ¶ Y después que hubo hablado, le rogó un Fariseo que comiese con él; y entrado Jesús, se sentó a la mesa. Y el Fariseo como lo vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer. Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad. ¡Insensatos! ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también lo de dentro? Empero de lo que tenéis, dad limosna; y, he aquí, todo os será limpio. Mas ¡ay de vosotros Fariseos! que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y el amor de Dios pasáis de largo. Empero estas cosas era menester hacer, y no dejar las otras. ¡Ay de vosotros Fariseos! que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. ¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! que sois como sepulturas que no parecen, y los hombres que andan encima no lo saben. Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros. Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, doctores de la ley! que cargáis los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros, ni aun con un dedo tocáis las cargas. ¡Ay de vosotros! que edificáis los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres. Cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros. Por tanto la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré a ellos profetas y apóstoles, y de ellos a unos matarán, y a otros perseguirán. Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo: Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías que murió entre el altar y el templo: En verdad os digo, será demandada de esta generación. ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que os alzasteis con la llave de la ciencia: vosotros no entrasteis, y a los que entraban impedisteis. Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariseos comenzaron a apretarle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas, Asechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle.
Oración vespertina — primera lectura
¿No clama la sabiduría; y la inteligencia da su voz? En los altos cabezos, junto al camino, a las encrucijadas de las veredas se para: En el lugar de las puertas, a la entrada de la ciudad: a la entrada de las puertas da voces: O! hombres, a vosotros clamo; y mi voz es a los hijos de los hombres. Entendéd simples astucia; y vosotros insensatos, tomád entendimiento: Oíd, porque hablaré cosas excelentes, y abriré mis labios para cosas rectas. Porque mi paladar hablará verdad; y mis labios abominan la impiedad. En justicia son todas las razones de mi boca: no hay en ellas cosa perversa, ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende; y rectas a los que han hallado sabiduría. Recibíd mi castigo, y no la plata; y ciencia, mas que el oro escogido. Porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas; y todas las cosas que se pueden desear, no se pueden comparar a ella. Yo, la sabiduría, moré con la astucia; y yo invento la ciencia de los consejos. El temor de Jehová es aborrecer el mal; la soberbia, y la arrogancia, y el mal camino, y la boca perversa aborrezco. Conmigo está el consejo, y el ser: yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza. Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia. Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra. Yo amo a los que me aman; y los que me buscan, me hallan. Las riquezas y la honra están conmigo, riqueza firme y justa. Mejor es mi fruto que el oro, y que el oro refinado; y mi renta, que la plata escogida. Por vereda de justicia guiaré, por medio de veredas de juicio. Para hacer heredar a mis amigos el ser, y que yo hincha sus tesoros. Jehová me poseyó en el principio de su camino, desde entonces, antes de sus obras. Eternalmente tuve el principado, desde el principio, antes de la tierra. Antes de los abismos fui engendrada; antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas: Antes que los montes fuesen fundados: antes de los collados, yo era engendrada. No había aun hecho la tierra, ni las plazas, ni la cabeza de los polvos del mundo. Cuando componía los cielos, allí estaba yo; cuando señalaba por compás la sobrehaz del abismo: Cuando afirmaba los cielos arriba: cuando afirmaba las fuentes del abismo: Cuando ponía a la mar su estatuto; y a las aguas, que no pasasen su mandamiento: cuando señalaba los fundamentos de la tierra: Con él estaba yo por ama, y fui en delicias todos los días, teniendo solaz delante de él en todo tiempo. Tengo solaz en la redondez de su tierra; y mis solaces son con los hijos de los hombres. Ahora pues, hijos, oídme; y bienaventurados los que guardaren mis caminos. Obedecéd la instrucción, y sed sabios; y no la menospreciéis. Bienaventurado el hombre que me oye, trasnochando a mis puertas cada día: guardando los umbrales de mis entradas. Porque el que me hallare, hallará la vida; y alcanzará la voluntad de Jehová. Mas el que peca contra mí, defrauda a su alma: todos los que me aborrecen, aman la muerte.
Oración vespertina — segunda lectura
Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz; (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad:) Aprobando lo que es agradable al Señor. Y no tengáis parte en las obras infrutuosas de las tinieblas; mas antes reprobadlas. Porque lo que estos hacen en oculto, torpe cosa es aun decirlo. Mas todas las cosas que son reprobadas, son hechas manifiestas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. Por lo cual dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirád, pues, que andéis avisadamente: no como necios, mas como sabios, Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. Por tanto no seáis imprudentes, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor. Y no os emborrachéis con vino, en el cual hay disolución; antes sed llenos del Espíritu; Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y salmeando al Señor en vuestros corazones; Dando gracias siempre por todas las cosas a Dios y al Padre en el nombre del Señor nuestro Jesu Cristo. Sujetándoos los unos a los otros en el temor de Dios. ¶ Las casadas sean sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el Salvador del cuerpo. Como pues la iglesia es sujeta a Cristo, así también las casadas lo sean a sus propios maridos en todo. Maridos, amád a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, Para santificarla, limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra, Para que la presentase a sí mismo, iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha. Así han también los maridos de amar a sus mujeres, como a sus mismos cuerpos: el que ama a su mujer, a sí mismo ama. Porque ninguno aborreció jamás su propia carne; antes la sustenta y regala, como también el Señor a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos. Por causa de esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y apegarse ha a su mujer; y los dos serán una misma carne. Este misterio grande es; mas yo hablo en cuanto a Cristo y a la iglesia. Empero vosotros también, cada uno en particular, ame tanto a su propia mujer como a sí mismo; y la mujer, mire que tenga en reverencia a su marido.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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