Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
Oíd esta palabra que ha hablado Jehová contra vosotros, hijos de Israel: contra toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto. Dice así: A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra, por tanto visitaré contra vosotros todas vuestras maldades. ¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de concierto? ¿Bramará en el monte el león, sin hacer presa? ¿el leoncillo dará su bramido desde su morada, si no prendiere? ¿Caerá el ave en el lazo de la tierra, sin haber armador? ¿Alzarse ha el lazo de la tierra, si no se ha prendido algo? ¿Tocarse ha la trompeta en la ciudad, y el pueblo no se alborotará? ¿Habrá algún mal en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho? Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Bramando el león, ¿quién no temerá? hablando el Señor Jehová, ¿quién no profetizará? Hacéd pregonar sobre los palacios de Azoto, y sobre los palacios de tierra de Egipto, y decíd: Congregáos sobre los montes de Samaria, y ved muchas opresiones en medio de ella, y muchas violencias en medio de ella. Y no saben hacer lo recto, dijo Jehová, atesorando rapiñas y despojos en sus palacios. Por tanto el Señor Jehová dijo así: Enemigo vendrá que cercará la tierra; y derribará de ti tu fortaleza, y tus palacios serán saqueados. Así dijo Jehová: De la manera que el pastor escapa de la boca del león dos piernas, o la punta de una oreja, así escaparán los hijos de Israel, que moran en Samaria, al rincón de la cama, y al canto del lecho. Oíd, y protestád en la casa de Jacob, dijo Jehová, Dios de los ejércitos: Que el día que visitaré las rebeliones de Israel sobre él, visitaré también sobre los altares de Bet-el; y serán cortados los cuernos del altar, y caerán a tierra. Y heriré la casa del invierno con la casa del verano, y las casas de marfil perecerán; y muchas casas serán taladas, dijo Jehová.
Oración matutina — segunda lectura
Y había un hombre de los Fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabbi, sabemos que eres un maestro venido de Dios; porque nadie puede hacer estos milagros que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús, y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo? ¿puede entrar segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no renaciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Necesario os es nacer otra vez. El viento de donde quiere sopla; y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo, y le dijo: ¿Cómo puede ser esto? Respondió Jesús, y le dijo: ¿Tú eres un maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos; y lo que hemos visto, testificamos, y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis: ¿cómo creeréis, si os dijere cosas celestiales? Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, es a saber, el Hijo del hombre, que está en el cielo. ¶ Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado: Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que haya dado a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo; sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado; porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y ésta es la condenación, que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz, y no viene a la luz, porque sus obras no sean redargüidas. Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean hechas manifiestas, porque son hechas en Dios. ¶ Pasado esto, vino Jesús y sus discípulos a una tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba. Y bautizaba también Juan en Enón junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. Porque aun Juan no había sido puesto en la cárcel. Y hubo una cuestión entre algunos de los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificación. Y vinieron a Juan, y le dijeron: Rabbi, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tú diste testimonio, he aquí, bautiza, y todos vienen a él. ¶ Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo si no le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo; mas soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo. Así, pues, éste mi gozo es cumplido. A él conviene crecer; mas a mí descrecer. El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste selló, que Dios es verdadero; Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; porque no le da Dios el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano. El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida; sino que la ira de Dios queda sobre él.
Oración vespertina — primera lectura
Oíd esta palabra, porque yo levanto endecha sobre vosotros, casa de Israel. Cayó, nunca más se levantará la virgen de Israel: fue dejada sobre su tierra, no hay quien la levante. Porque así dijo el Señor Jehová: la ciudad que sacaba mil, quedará con ciento; y la que sacaba ciento, quedará con diez en la casa de Israel. Porque así dijo Jehová a la casa de Israel: Buscádme, y vivíd. Y no busquéis a Bet-el, ni entréis en Gálgala, ni paséis a Beer-seba; porque Gálgala será llevada en cautividad, y Bet-el será deshecha. Buscád a Jehová, y vivíd; porque no hienda, como fuego, a la casa de José, y la consuma, y no haya en Bet-el quien lo apague. Que convierten en ajenjo el juicio, y dejan en tierra la justicia. El que hace el Arcturo y el Orión, y las tinieblas vuelve en mañana, y hace oscurecer el día en noche: el que llama a las aguas de la mar, y las derrama sobre la haz de la tierra, Jehová es su nombre. El que da esfuerzo al robador sobre el fuerte, y que el robador venga contra la fortaleza. Aborrecieron en la puerta al reprensor, y al que hablaba lo recto abominaron. Por tanto por vuestro molestar al pobre, y recibís de él carga de trigo, edificasteis casas de sillares, mas no las habitaréis: plantasteis hermosas viñas, mas no beberéis el vino de ellas. Porque sabido he vuestras muchas rebeliones, y vuestros gruesos pecados: que afligen al justo, y reciben cohecho, y a los pobres en la puerta hacen perder su causa. Por lo cual el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo. Buscád lo bueno, y no lo malo, para que viváis: porque así será con vosotros Jehová Dios de los ejércitos, como decís. Aborrecéd el mal, y amád el bien, y ponéd juicio en la puerta: quizá Jehová Dios de los ejércitos habrá piedad de la resta de José. Por tanto así dijo Jehová Dios de los ejércitos, el Señor: En todas las plazas habrá llanto, y en todas las calles dirán; ¡Ay, ay! y al labrador llamarán a lloro, y a endecha, a los que supieren endechar. Y en todas las viñas habrá llanto, porque pasaré por medio de ti, dijo Jehová. ¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿para qué queréis este día de Jehová? Tinieblas, y no luz. Como el que huye de delante del león, y se topa con el oso; o, si entrare en casa, y arrime su mano a la pared, y le muerda la culebra. ¿El día de Jehová, no es tinieblas, y no luz: oscuridad, que no tiene resplandor? Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me darán buen olor vuestras congregaciones. Y si me ofreciereis holocaustos y vuestros presentes, no los recibiré: ni miraré a los sacrificios pacíficos de vuestros engordados. Quita de mí la multitud de tus cantares; y las salmodias de tus instrumentos no oiré. Y corra como las aguas el juicio, y la justicia como arroyo impetuoso. ¿Habéisme ofrecido sacrificios y presente en el desierto en cuarenta años, casa de Israel? Y ofrecisteis a Sicut, vuestro rey, y a Quión, vuestros ídolos, estrella de vuestros dioses que os hicisteis. Haréos pues trasportar de ese cabo de Damasco, dijo Jehová, Dios de los ejércitos es su nombre.
Oración vespertina — segunda lectura
Os rogamos, pues, hermanos, por la venida de nuestro Señor Jesu Cristo, y por nuestro allegamiento a él, Que no seáis conmovidos prestamente de vuestra firmeza de ánimo, ni seáis alborotados ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como de nuestra parte, como que el día de Cristo esté cerca. No os engañe nadie en manera alguna; porque no vendrá aquel día, sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición; El que se opone, y se levanta sobre todo lo que se llama Dios, o es adorado; tanto que, como Dios, se asiente en el templo de Dios, haciéndose parecer Dios. ¿No os acordáis que, cuando estaba con vosotros, os decía esto? Y vosotros sabéis qué es lo que le impida ahora, para que a su tiempo se manifieste. Porque ya se obra el misterio de iniquidad: solamente que el que ahora impide, impedirá hasta que sea quitado de en medio. Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con la claridad de su venida: A aquel cuya venida será según la operación de Satanás, con toda potencia, y señales, y milagros mentirosos, Y con todo engaño de iniquidad obrando en los que perecen: por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por tanto, pues, enviará Dios en ellos eficacia de engaño, para que crean a la mentira: Para que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, antes se complacieron en la iniquidad. Mas nosotros debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, amados del Señor, de que Dios os haya escogido, desde el principio, para salud, por medio de la santificación del Espíritu, y la fe de la verdad: A lo cual os llamó por nuestro evangelio para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesu Cristo. Así que, hermanos, estád firmes, y retenéd las tradiciones que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. Y el mismo Señor nuestro Jesu Cristo, y Dios y Padre nuestro, el cual nos amó, y nos dio consolación eterna, y buena esperanza por la gracia, Consuele vuestros corazones, y os confirme en toda buena palabra y obra.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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