Lecturas del día
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Oración matutina — primera lectura
Este libro no tiene una edición de dominio público en tu idioma, así que este pasaje se muestra en inglés.
But upon the ungodly there came to the end indignation without mercy; For their future also God foreknew, How that, having changed their minds to let your people go, And having speeded them eagerly on their way, They would repent themselves and pursue them. For while they were yet in the midst of their mourning, And making lamentation at the graves of the dead, They drew upon themselves another counsel of folly, And pursued as fugitives those whom with intreaties they had cast out. For the doom which they deserved was drawing them to this end, And it made them forget the things that had befallen them, That they might fill up the punishment which was yet lacking to their torments, And that your people might journey on by a marvelous road, But they themselves might find a strange death. For the whole creation, each part in its several kind, was fashioned again anew, Ministering to your several commandments, That your servants might be guarded free from hurt. Then the cloud that shadowed the camp was seen, And dry land rising up out of what before was water, Out of the Red sea an unhindered highway, And a grassy plain out of the violent surge; By which they passed over with all their army, These that were covered with your hand, Having seen strange marvels. For like horses they roamed at large, And they skipped about like lambs, Praising you, O Lord, who was their deliverer. For they still remembered the things that came to pass in the time of their sojourning, How that instead of bearing cattle the land brought forth lice, And instead of fish the river cast up a multitude of frogs. But afterwards they saw also a new race of birds, When, led on by desire, they asked for luxurious dainties; For, to solace them, there came up for them quails from the sea. And upon the sinners came the punishments Not without the tokens that were given beforehand by the force of the thunders; For justly did they suffer through their own wickednesses, For grievous indeed was the hatred which they practised toward guests. For whereas the men of Sodom received not the strangers when they came among them; The Egyptians made slaves of guests who were their benefactors. And not only so, but God will visit the men of Sodom after another sort, Since they received as enemies those who were aliens; Whereas these first welcomed with feastings, And then afflicted with dreadful toils, Them that had already shared with them in the same rights. And moreover they were stricken with loss of sight (Even as were those others at the righteous man’s doors), When, being compassed about with yawning darkness, They sought every one the passage through his own door. For as the notes of a lute vary the character of the rhythm, Even so did the elements, changing their order one with another, Continuing always the same, each in its several sound; As may clearly be divined from the sight of the things that are come to pass. For creatures of the dry land were turned into creatures of the waters, And creatures that swim trode now upon the earth: Fire kept the mastery of its own power in the midst of water, And water forgat its quenching nature: Contrariwise, flames wasted not the flesh of perishable creatures that walked among them; Neither melted they the ice-like grains of ambrosial food, that were of nature apt to melt. For in all things, O Lord, you did magnify your people, And you did glorify them and not lightly regard them; Standing by their side in every time and place.
Oración matutina — segunda lectura
Y juntando sus doce discípulos, les dio virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. Y los envió a que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordones, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos vestidos. Y en cualquiera casa que entrareis, quedád allí, y salíd de allí. Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudíd de vuestros pies en testimonio contra ellos. Y saliendo ellos, rodeaban por todas las aldeas anunciando el evangelio, y sanando por todas partes. ¶ Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacía, y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan había resucitado de los muertos; Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algún profeta de los antiguos había resucitado. Y dijo Heródes: A Juan yo le degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. ¶ Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se apartó aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Betsaida. Lo cual como las gentes entendieron, le siguieron; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios; y sanó a los que tenían necesidad de cura. Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide la multitud, para que yendo a las aldeas y heredades de al derredor, se alberguen y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. Y les dice: Dádles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos peces, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta gente. Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacédlos recostar por ranchos de cincuenta en cincuenta. Y así lo hicieron; y recostáronse todos. Y tomando los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo los bendijo; y rompió, y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de la multitud. Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones. ¶ Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy yo? Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y él les dijo: ¿Mas vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios. Entonces él encomendándoles estrechamente, les mandó que a nadie dijesen esto, Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero día. Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame. Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará. Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él a sí mismo, o corra peligro de sí? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. ¶ Y aconteció que después de estas palabras, como ocho días, tomó a Pedro, y a Juan, y a Santiago, y subió a un monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente. Y, he aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías, Que aparecieron en gloria, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem. Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su gloria, y a los dos varones que estaban con él. Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para ti, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decía. Y estando él hablando esto, vino una nube que los hizo sombra; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd. Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado solo, y ellos callaron, y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto. ¶ Y aconteció el día siguiente, que bajando ellos del monte, un gran gentío le salió al encuentro; Y, he aquí, que un hombre de la multitud clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo el único que tengo. Y, he aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza de modo que echa espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole. Y rogué a tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y le despedazó; mas Jesús riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió a su padre. Y todos estaban fuera de sí de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: ¶ Ponéd vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían esta palabra; y les era encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra. ¶ Entonces entraron en disputa, cual de ellos sería el mayor. Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y le puso junto a sí, Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mí recibe; y cualquiera que me recibiere a mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande. Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo vedamos, porque no te sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo vedéis, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. ¶ Y aconteció que como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem. Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para aderezarle allí. Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba a Jerusalem. Y viendo esto sus discípulos, Santiago y Juan dijeron: Señor, ¿quiéres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como también hizo Elías? Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabéis de que espíritu sois: Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea. ¶ Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, yo te seguiré donde quiera que fueres. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline su cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre a mi padre. Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; mas tú vé, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Seguirte he, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios.
Oración vespertina — primera lectura
Este libro no tiene una edición de dominio público en tu idioma, así que este pasaje se muestra en inglés.
All wisdom comes from the Lord, And is with him forever. The sand of the seas, and the drops of rain, And the days of eternity, who shall count? The height of the heaven, and the breadth of the earth, And the deep, and wisdom, who shall search them out? Wisdom has been created before all things, And the understanding of prudence from everlasting. To whom has the root of wisdom been revealed? And who has known her shrewd counsels? There is one wise, greatly to be feared, The Lord sitting upon his throne: He created her, And saw, and counted her, And poured her out upon all his works. She is with all flesh according to his gift; And he gave her freely to those who love him. The fear of the Lord is glory, and exultation, And gladness, and a crown of rejoicing. The fear of the Lord will delight the heart, And will give gladness, and joy, and length of days. Whoso fears the Lord, it will go well with him at the last, And in the day of his death he will be blessed. To fear the Lord is the beginning of wisdom; And it was created together with the faithful in the womb. With men she laid an eternal foundation; And with their seed will she be had in trust. To fear the Lord is the fulness of wisdom; And she satiateth men with her fruits. She will fill all her house with desirable things, And her garners with her produce. The fear of the Lord is the crown of wisdom, Making peace and perfect health to flourish. He both saw and counted her; He rained down skill and knowledge of understanding, And exalted the honor of those who hold her fast. To fear the Lord is the root of wisdom; And her branches are length of days. Unjust wrath can never be justified; For the sway of his wrath is his downfall. A man that is longsuffering will bear for a season, And afterward gladness will spring up to him; He will hide his words for a season, And the lips of many will tell forth his understanding. A parable of knowledge is in the treasures of wisdom; But godliness is an abomination to a sinner. If you desire wisdom, keep the commandments, And the Lord will give her to you freely: For the fear of the Lord is wisdom and instruction; And in faith and meekness is his good pleasure. Disobey not the fear of the Lord; And come not to him with a double heart. Be not a hypocrite in the mouths of men; And take good heed to your lips. Exalt not yourself, lest you fall, And bring dishonor upon your soul; And so the Lord will reveal your secrets, And will cast you down in the midst of the congregation; Because you came not to the fear of the Lord, And your heart was full of deceit.
Oración vespertina — segunda lectura
Por esta causa yo Pablo, el prisionero de Cristo Jesús por amor de vosotros los Gentiles, Visto que habéis oído de la dispensación de la gracia de Dios que me ha sido dada para con vosotros: Es a saber, que por revelación me fue declarado el misterio, (como antes he escrito en breve: Lo cual leyendo podéis entender cual sea mi inteligencia en el misterio de Cristo:) El cual misterio en otras edades no fue entendido de los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: Que los Gentiles habían de ser coherederos, e incorporados, y participantes de su promesa en Cristo por el evangelio: Del cual yo soy hecho ministro, por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado, según la operación de su poder. A mí, digo, el menor de todos los santos, es dada esta gracia de anunciar entre los Gentiles el evangelio de las riquezas inescrutables de Cristo; Y de enseñar con claridad a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas por Jesu Cristo: Para que a los principados y potestades en los cielos sea ahora hecha notoria por la iglesia la multiforme sabiduría de Dios, Conforme al propósito de los siglos, que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro: En el cual tenemos libertad y entrada con confianza por la fe de él. ¶ Por tanto os ruego, que no desmayéis por causa de mis tribulaciones por vosotros, lo cual es vuestra gloria. Por causa de esto hinco mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesu Cristo: (De quien toma nombre toda la familia en los cielos y en la tierra:) Que os dé conforme a las riquezas de su gloria, que seáis corroborados con poder en el hombre interior por su Espíritu: Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que arraigados y afirmados en amor, Podáis comprender con todos los santos cual sea la anchura, y la longitud, y la profundidad, y la altura; Y conocer el amor de Cristo, que sobrepuja a todo entendimiento; para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. A aquel, pues, que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos, o entendemos, conforme al poder que obra en nosotros, A él, digo, sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades del siglo de los siglos. Amén.
Las lecturas siguen el Libro de Oración Común de 1662 (dominio público). El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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