Today's Readings
The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.
First Reading
Isaiah 57
Perece el justo, y no hay quien eche de ver; y los varones piadosos son recogidos, y no hay quien entienda que delante de la aflicción es recogido el justo. Vendrá la paz, descansarán sobre sus camas todos los que andan delante de él. Y vosotros, llegáos acá, hijos de la agorera: generación de adúltero y de fornicaria. ¿De quién escarnecisteis? ¿Contra quién ensanchasteis la boca, y alongasteis la lengua? ¿Vosotros no sois hijos rebeldes, simiente mentirosa? ¿Qué os calentáis con los alcornoques debajo de todo árbol sombrío? ¿qué sacrificáis los hijos en los valles debajo de los peñascos? En las polidas peñas del valle es tu parte: estas, estas son tu suerte. A estas también derramaste derramadura, ofreciste presente. ¿No me tengo de vengar de estas cosas? Sobre el monte alto y enhiesto pusiste tu cama: allí también subiste a sacrificar sacrificio. Y tras la puerta y el lumbral pusiste tu memorial; porque a otro que a mí te descubriste; y subiste, y ensanchaste tu cama, e hiciste con ellos alianza: amaste su cama donde quiera que veías. Y fuiste al rey con óleo, y multiplicaste tus olores: y enviaste tus embajadores lejos, y abatístete hasta el profundo. En la multitud de tus caminos te cansaste, y no dijiste: No hay remedio: hallaste lo que buscabas; por tanto no te arrepentiste. ¿Y a quién reverenciaste y temiste? ¿Por qué mientes? que no te has acordado de mí, ni te vino al pensamiento. ¿No he yo disimulado, y nunca me has temido? Yo publicaré tu justicia y tus obras, que no te aprovecharán. Cuando clamares, líbrente tus allegados: que a todos ellos llevará el viento, tomará la vanidad: mas el que en mí espera, tendrá la tierra por heredad, y poseerá el monte de mi santidad; ¶ Y dirá: Allanád, allanád: barréd el camino, quitád los tropiezos del camino de mi pueblo. Porque así dijo el Alto y sublime, el que habita en eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Que tengo por morada la altura y la santidad; y con el quebrantado y abatido de espíritu habito, para hacer vivir el espíritu de los abatidos, y para hacer vivir el corazón de los quebrantados. Porque no tengo de contender para siempre, ni para siempre me tengo de enojar; porque el espíritu por mí fue vestido, y yo hice las almas. Por la iniquidad de su codicia me enojé, y le herí: escondí mí rostro, y me ensañé; y fue el rebelde por el camino de su corazón. Sus caminos vi, y sanarle he; y pastorearle he, y darle he consolaciones a él y a sus enlutados. Crío fruto de labios, paz, paz al lejano y cercano, dijo Jehová, y le sano. Mas los impíos, como la mar en tempestad, que no se puede reposar; y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.
Responsorial Psalm
Psalm 74
¿Por qué o! Dios, nos has desechado para siempre? ¿por qué ha humeado tu furor contra las ovejas de tu dehesa? Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de tiempo antiguo: cuando redimiste la vara de tu heredad, este monte de Sión, donde has habitado. Levanta tus pies a los asolamientos eternos: a todo enemigo que ha hecho mal en el santuario. Tus enemigos han bramado en medio de tus sinagogas: han puesto en ellas sus señas, señas. Nombrado era, como si lo llevara al cielo, el que metía las hachas en el monte de la madera para el edificio del santuario. Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tus santuarios, el tabernáculo de tu nombre han ensuciado en tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez: quemaron todas las sinagogas de Dios en la tierra. No vemos ya nuestras señales: no hay más profeta, ni hay con nosotros quien sepa: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo, o! Dios, nos afrentará el angustiador? ¿blasfemará el enemigo perpetuamente tu nombre? ¿Por qué retráes tu mano, y tu diestra la escondes dentro de tu seno? Y Dios ha sido mi rey de tiempo antiguo: el que obraba saludes en medio de la tierra. Tú hendiste la mar con tu fortaleza: quebrantaste cabezas de ballenas en las aguas. Tú magullaste las cabezas del leviatán: le diste por comida al pueblo de los desiertos. Tú abriste fuente y río: tú secaste ríos impetuosos. Tuyo es el día, tuya también es la noche: tú aparejaste la lumbre y el sol. Tú estableciste todos los términos de la tierra: el verano y el invierno tú los formaste. Acuérdate de esto, que el enemigo ha dicho afrentas a Jehová: y que el pueblo insensato ha blasfemado tu nombre. No entregues a las bestias el alma de tu tórtola: y no olvides para siempre la compañía de tus afligidos. Mira al concierto: porque las oscuridades de la tierra se han henchido de habitaciones de violencia. No vuelva avergonzado el abatido: el afligido y el menesteroso alabarán tu nombre. Levántate, o! Dios, pleitea tu pleito: acuérdate de tu injuria con que el insensato te injuria cada día. No olvides las voces de tus enemigos: el tropel de los que se levantan contra ti sube continuamente.
Second Reading
Romans 5
Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por nuestro Señor Jesu Cristo: Por el cual también tenemos entrada por la fe en esta gracia, en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación obra paciencia; Y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza; Y la esperanza no nos avergüenza; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos es dado. Porque Cristo, cuando éramos aun sin fuerza, a su tiempo murió por los impíos. Porque apenas morirá alguno por un justo; aunque quizá por uno bueno podrá ser que alguno aun osare morir. Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. Luego mucho más, ahora justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, ya reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no solo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesu Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación. ¶ Por tanto, de la manera que el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte; y la muerte así pasó a todos los hombres porque todos pecaron; (Porque hasta la ley el pecado estaba en el mundo; mas el pecado no es imputado, no habiendo ley. Mas reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun sobre los que no pecaron a la manera de la rebelión de Adam, el cual es figura del que había de venir. Mas no como el delito, así también fue el don gratuito; porque si por el delito de uno murieron muchos, mucho más la gracia de Dios, y el don por la gracia que es de un solo hombre, Jesu Cristo, abundó para muchos. Ni tampoco de la manera que fue por uno que pecó, así también el don; porque el juicio a la verdad fue de un pecado para condenación, mas el don gratuito es de muchos delitos para justificación. Porque si por el delito de uno reinó la muerte por causa de uno, mucho más los que reciben la abundancia de la gracia, y del don de la justicia reinarán en vida por uno solo, Jesu Cristo.) Así que, de la manera que por el delito de uno vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por la justicia de uno vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida. Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno muchos serán hechos justos. La ley empero entró para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; Para que de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna, por Jesu Cristo Señor nuestro.
Gospel
Luke 22
Y estaba cerca el día de la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua. Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas procuraban como le matarían; mas tenían miedo del pueblo. Y entró Satanás en Júdas, que tenía por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce. Y fue, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de como se le entregaría. Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. Y prometió; y buscaba oportunidad para entregarle a ellos sin estar presente la multitud. ¶ Y vino el día de los panes sin levadura, en el cual era menester matar la pascua. Y envió a Pedro, y a Juan, diciendo: Id, aparejádnos la pascua, para que comamos. Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que la aparejemos? Y él les dijo: He aquí, como entraréis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguídle hasta la casa donde entrare; Y decíd al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer la pascua con mis discípulos? Entonces él os mostrará un gran cenadero aderezado, aparejádla allí. Y yendo ellos halláronlo todo como les había dicho; y aparejaron la pascua. Y como fue hora, se sentó a la mesa; y con él los doce apóstoles. Y les dijo: Con deseo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca. Porque os digo, que no comeré más de ella, hasta que sea cumplido en el reino de Dios. Y tomando la copa, habiendo hecho gracias, dijo: Tomád esto, y distribuídlo entre vosotros. Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomando pan, habiendo hecho gracias, lo rompió, y les dio, diciendo: éste es mi cuerpo, que por vosotros es dado; hacéd esto en memoria de mí. Asimismo también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama. Con todo eso, he aquí, la mano del que me entrega está conmigo en la mesa. Y a la verdad el Hijo del hombre va según lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! Ellos entonces comenzaron a preguntar entre sí, cual de ellos sería el que había de hacer esto. ¶ Y hubo también entre ellos una contienda, quién de ellos parecía ser el mayor. Entonces él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que precede, como el que sirve. Porque ¿cuál es mayor, el que se asienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se asienta a la mesa? mas yo soy entre vosotros como el que sirve. Empero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis tentaciones: Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordenó a mí; Para que comáis y bebáis en mi mesa en mi reino; y os asentéis sobre tronos juzgando a las doce tribus de Israel. ¶ Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí, que Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte; y tú cuando te conviertas, confirma a tus hermanos. Y él le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo, tanto a la cárcel, como a la muerte. Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy, antes que tú niegues tres veces que me conoces. Y a ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. Entonces les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa, tómela; y también su alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y cómprela. Porque os digo, que aun es menester que se cumpla en mí aquello que está escrito: Y con los malos fue contado; porque lo que está escrito de mí, su cumplimiento tiene. Entonces ellos dijeron: Señor, he aquí, dos espadas hay aquí. Y él les dijo: Basta. ¶ Y saliendo, se fue, según su costumbre, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orád para que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa esta copa de mí, empero no se haga mi voluntad, mas la tuya. Y le apareció un ángel del cielo esforzándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y fue su sudor como gotas grandes de sangre, que descendían hasta la tierra. Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza. Y les dijo: ¿Qué, dormís? Levantáos, y orád que no entréis en tentación. ¶ Estando aun hablando él, he aquí, una multitud de gente, y el que se llamaba Júdas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó a Jesús, para besarle. Entonces Jesús le dijo: ¿Júdas, con un beso entregas al Hijo del hombre? Y viendo los que estaban junto a él lo que había de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos con espada? Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, y le quitó la oreja derecha. Y respondiendo Jesús, dijo: Dejád hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. Dijo después Jesús a los príncipes de los sacerdotes, y a los capitanes del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: ¿Cómo a ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. ¶ Y prendiéndole, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose todos al derredor, se sentó también Pedro entre ellos. Y como una criada le vio que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y éste con él era. Entonces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. Y un poco después viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente también éste estaba con él; porque es Galileo. Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho. Antes que el gallo dé voz me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. Y los hombres que tenían a Jesús, burlaban de él, hiriéndole. Y cubriéndole herían su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió? Y decían otras muchas cosas injuriándole. Y como fue de día, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron a su concilio, Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creereis; Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis; Mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará a la diestra del poder de Dios. Y dijeron todos: ¿Luego tú eres el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros lo decís, que yo soy. Entonces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oído de su boca.
A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)
Today's readings, every morning
Bosko brings the daily readings for your tradition to your day — with a reflection, the full Bible in 30 translations, and the liturgical calendar, in 18 languages.
