Bosko

Today's Readings

The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.

First Reading

Ezekiel 46

Así dijo el Señor Jehová: la puerta del patio de adentro, que mira al oriente, será cerrada los seis días de trabajo; y el día del sábado se abrirá, y asimismo se abrirá el día de la nueva luna. Y el príncipe entrará de afuera por el camino del portal de la puerta, y estará al umbral de la puerta, (y los sacerdotes harán su holocausto y sus pacíficos;) e inclinarse ha a la entrada de la puerta, y saldrá: mas la puerta no se cerrará hasta la tarde. Y el pueblo de la tierra se inclinará delante de Jehová a la entrada de la puerta en los sábados, y en las nuevas lunas. Y el holocausto que el príncipe ofrecerá a Jehová el día del sábado, será seis corderos enteros, y un carnero entero; Y presente, un efa de flor de harina con cada carnero; y con cada cordero, presente don de su mano; y un hin de aceite con el efa. Mas el día de la nueva luna ofrecerá un becerro hijo de vaca entero, y seis corderos, y un carnero: serán enteros. Y hará presente de un efa de flor de harina con el becerro; y otro efa con cada carnero: mas con los corderos, conforme a su facultad; y un hin de aceite con cada efa. Y cuando el príncipe entrare, entrará por el camino del portal de la puerta, y por el mismo camino saldrá. Mas cuando el pueblo de la tierra entrare delante de Jehová en la fiestas, el que entrare por la puerta del norte, saldrá por la puerta del mediodía; y el que entrare por la puerta del mediodía, saldrá por la puerta del norte: no volverá por la puerta por donde entró, mas saldrá por la de en frente de ella. Y el príncipe, cuando ellos entraren, él entrará en medio de ellos: mas cuando ellos hubieren salido, él saldrá. Y en las fiestas, y en las solemnidades, será el presente un efa de flor de harina con cada becerro, y otro efa con cada carnero; y con los corderos, lo que le parciere; y un hin de aceite con cada efa. Mas cuando el príncipe libremente hiciere holocausto, o pacíficos a Jehová, abrirle han la puerta, que mira al oriente, y hará su holocausto, y sus pacíficos, como hace en el día del sábado: después saldrá, y cerrarán la puerta después que saliere. Y sacrificarás a Jehová cada día en holocausto un cordero de un año entero: cada mañana lo sacrificarás. Y harás con el presente todas las mañanas, la sexta parte de un efa de flor de harina, y la tercera parte de un hin de aceite para mezclar con la flor de harina: esto será presente para Jehová continuamente por estatuto perpetuo. Y sacrificarán el cordero, y el presente, y el aceite todas las mañanas en holocausto continuo. Así dijo el Señor Jehová: Si el príncipe diere algún don de su heredad a alguno de sus hijos, será de ellos: posesión de ellos será por herencia. Mas si de su heredad diere don a alguno de sus siervos, será de él hasta el año de libertad, y volverá al príncipe: mas su herencia de sus hijos será. Y el príncipe no tomará nada de la herencia del pueblo, por no defraudarlos de su posesión. De lo que él posee, dará herencia a sus hijos; porque mi pueblo no sea echado cada uno de su posesión. ¶ Y metióme por la entrada que estaba hacia la puerta a las cámaras santas de los sacerdotes, las cuales miraban al norte; y había allí un lugar a los lados del occidente. Y díjome: Este es el lugar donde los sacerdotes cocerán el sacrificio por el pecado, y por la expiación; allí cocerán el presente por no sacarlo al patio de afuera, para santificar el pueblo. Luego me sacó al patio de afuera, y trájome por los cuatro rincones del patio; y en cada rincón había un patio. En los cuatro rincones del patio había patios juntos de cuarenta codos de longitud, y de treinta de anchura: tenían una misma medida todos cuatro a los rincones. Y había una pared al derredor de ellos, al derredor de todos cuatro; y había chimeneas hechas abajo de las paredes al derredor. Y díjome: Estas son las casas de los cocineros, donde los servidores de la casa cocerán el sacrificio del pueblo.

Responsorial Psalm

Psalm 95

Veníd, alegrémosnos en Jehová: cantemos con júbilo a la Roca de nuestra salud. Anticipemos su rostro con alabanza: cantémosle alegres con salmos. Porque Jehová es Dios grande; y Rey grande sobre todos los dioses. Porque en su mano están las profundidades de la tierra: y las alturas de los montes son suyas. Porque suya es la mar, y él la hizo: y sus manos formaron la seca. ¶ Veníd, postrémosnos, y encorvémosnos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios: y nosotros el pueblo de su pasto, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba: como el día de Masa en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres, probáronme, también vieron mi obra. Cuarenta años combatí con la nación: y dije: Pueblo son que yerran de corazón, que no han conocido mis caminos: Por tanto yo juré en mi furor: No entrarán en mi holganza.

Second Reading

II Corinthians 5

Porque sabemos, que si la casa terrestre de éste nuestro tabernáculo se deshiciere, tenemos de Dios edificio, casa no hecha de manos, eterna en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando vehementemente ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación que es del cielo: Si es que fuéremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque los que estamos en este tabernáculo, gemimos estando sobre cargados; porque no querríamos ser desnudados, antes sobrevestidos, para que lo que es mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, el cual asimismo nos ha dado las arras del espíritu. Así que vivimos confiados siempre, sabiendo, que entre tanto que estamos en el cuerpo, ausentes estamos del Señor: (Porque por fe andamos, no por vista:) Estamos confiados, digo, y querríamos más bien peregrinar del cuerpo, y estar presentes con el Señor. Y por tanto procuramos, que o ausentes, o presentes, le seamos aceptos. Porque es menester que todos nosotros comparezcamos delante del tribunal de Cristo; para que cada uno reciba las cosas hechas en su cuerpo, según lo que hubiere hecho, sea bueno, o sea malo. Así que conociendo el terror del Señor, persuadimos a los hombres, mas a Dios somos hechos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias somos hechos manifiestos. No nos encomendamos otra vez a vosotros; antes os damos ocasión de gloriaros de nosotros, para que tengáis que responder a los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón. Porque si loqueamos, es para Dios, y si estamos en seso, es por vuestra causa. Porque el amor de Cristo nos constriñe: juzgando esto: Que si uno murió por todos, luego todos estaban muertos: Y que murió por todos, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que por ellos murió y resucitó. De manera que nosotros de aquí adelante a nadie conocemos según la carne; y si aun a Cristo conocimos según la carne, ahora empero ya no le conocemos más. De manera que si alguno es en Cristo, nueva criatura es. Lo viejo se pasó ya: he aquí todo es hecho nuevo. ¶ Y todas las cosas son de Dios, el cual nos reconcilió consigo por Jesu Cristo, y nos ha dado el ministerio de la reconciliación. Es a saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo consigo, no imputándoles sus pecados, y ha entregado a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que embajadores somos de Cristo, como si Dios os rogase por nosotros: os suplicamos de parte de Cristo, que os reconcilieis con Dios. Porque a él que no conoció pecado, hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Gospel

Acts 5

Mas un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión, Y defraudó parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, la depositó a los pies de los apóstoles. Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué hinchió Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases parte del precio de la heredad? Quedándose, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué has concebido esta cosa en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. Y levantándose los mancebos, le tomaron; y sacándole, le sepultaron. Y pasado el espacio como de tres horas, también su mujer entró, no sabiendo lo que había acontecido. Entonces Pedro le dijo: Díme. ¿Vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Si, en tanto. Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido; y sacarte han a ti. Y luego cayó a los pies de él, y espiró; y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. Y vino un gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas. ¶ Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; (y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. Y los que creían en el Señor se aumentaban más, así de varones como de mujeres.) Tanto, que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas concurría una multitud a Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos: los cuales todos eran curados. ¶ Entonces levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él, (que es la secta de los Saduceos,) fueron llenos de ira, Y echaron mano a los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública. Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y estando en el templo, hablád al pueblo todas las palabras de esta vida. Ellos entonces, como oyeron esto, entraron por la mañana en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el sumo sacerdote, y los que estaban con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel; y enviaron a la cárcel, para que fuesen traídos. Y como vinieron los ministros, no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso, Diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y los guardas que estaban afuera delante de las puertas; mas cuando abrímos, a nadie hallamos dentro. Entonces como oyeron estas palabras el sumo sacerdote, y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Y viniendo uno, les avisó, diciendo: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces el magistrado fue con los ministros, y los trajo sin violencia, porque tenían miedo del pueblo, de ser apedreados. Y como los trajeron, los presentaron en el concilio. Entonces el sumo sacerdote les preguntó, Diciendo: ¿No os mandamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre? y, he aquí, habéis henchido a Jerusalem de vuestra doctrina, ¿y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre? Y respondiendo Pedro y los otros apóstoles, dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste enalteció Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros le somos testigos de estas cosas, y lo es también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. ¶ Ellos en oyendo esto fueron heridos hasta el corazón, y consultaban de matarlos. Entonces levantándose en el concilio un Fariseo, llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles, Y les dijo: Varones Israelitas, mirád por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer. Porque antes de estos días se levantó Teudas, diciendo que era alguien; al cual se allegaron un número de varones, como de cuatrocientos, el cual fue muerto; y todos los que le creyeron, fueron disipados, y vueltos en nada. Después de éste se levantó Júdas el Galileo en los días del empadronamiento; y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también éste, y todos los que consintieron con él fueron dispersos. Y ahora os digo, dejáos de estos hombres, y dejádlos; porque si este consejo, o esta obra, es de los hombres, se desvanecerá; Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; porque no parezca que queréis pelear contra Dios. Y consintieron con él; y llamando a los apóstoles, habiéndolos azotado, les mandaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los soltaron. Mas ellos iban gozosos de delante del concilio, de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesús. Y todos los días no cesaban en el templo, y por las casas, de enseñar, y de predicar a Jesu Cristo.

A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)

Today's readings, every morning

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