Today's Readings
The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.
First Reading
Exodus 18
Y oyó Jetro sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, como Jehová había sacado a Israel de Egipto: Y tomó Jetro, suegro de Moisés, a Séfora la mujer de Moisés, después que él la envió: Y a sus dos hijos, el uno se llamaba Gersom; porque dijo: Peregrino he sido en tierra ajena; Y el otro se llamaba Eliezer, porque dijo: El Dios de mi padre me ayudó; y me escapó de la espada de Faraón. Y llegó Jetro, el suegro de Moisés, y sus hijos, y su mujer, a Moisés en el desierto, donde tenía el campo, al monte de Dios. Y dijo a Moisés: Yo tu suegro Jetro vengo a ti, y tu mujer, y sus dos hijos con ella. Y Moisés salió a recibir a su suegro, e inclinóse, y besóle: y preguntáronse el uno al otro como estaban; y vinieron a la tienda. Y Moisés contó a su suegro todas las cosas que Jehová había hecho a Faraón y a los Egipcios por causa de Israel; y todo el trabajo que habían pasado en el camino, y como los había librado Jehová. Y alegróse Jetro de todo el bien, que Jehová había hecho a Israel, que le había escapado de mano de los Egipcios. Y Jetro dijo: Bendito sea Jehová, que os escapó de mano de los Egipcios, y de la mano de Faraón, que escapó al pueblo de la mano de los Egipcios. Ahora conozco que Jehová es grande más que todos los dioses; porque en lo que se ensoberbecieron contra ellos, los castigó. Y tomó Jetro, el suegro de Moisés, holocausto y sacrificios para Dios: y vino Aarón, y todos los ancianos de Israel a comer pan con el suegro de Moisés delante de Dios. ¶ Y aconteció, que otro día Moisés se asentó a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo sobre Moisés desde la mañana hasta la tarde. Y viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está sobre ti desde la mañana hasta la tarde? Y Moisés respondió a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios: Cuando tienen negocios, y vienen a mí, y yo juzgo entre el uno y el otro, y declaro las ordenanzas de Dios, y sus leyes. Entonces el suegro de Moisés le dijo: No haces bien: Desfallecerás del todo tú y también este pueblo que está contigo; porque el negocio es más pesado que tú; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz, yo te aconsejaré, y Dios será contigo. Está tú por el pueblo delante de Dios, y trata tú los negocios con Dios: Y enséñales las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde anden, y lo que han de hacer. Y tú proveerás de todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y pondrás sobre ellos príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez: Los cuales juzgarán al pueblo en todo tiempo: y será, que todo negocio grave te traerán a ti, y todo negocio pequeño juzgarán ellos; y alivia la carga de sobre ti, y llevarla han contigo. Si esto hicieres, y lo que Dios te mandare, tú podrás estar, y todo este pueblo también se irá en paz a su lugar. Entonces Moisés oyó la voz de su suegro, e hizo todo lo que él dijo. Y escogió Moisés varones de virtud de todo Israel, y púsolos por cabezas sobre el pueblo, príncipes sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta, y sobre diez; Los cuales juzgaban al pueblo en todo tiempo: el negocio arduo traíanlo a Moisés, y todo negocio pequeño juzgaban ellos. Y despidió Moisés a su suegro, y fuése a su tierra.
Responsorial Psalm
Psalm 119
Bienaventurados los perfectos de camino: los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios; y con todo el corazón le buscan. Ítem, los que no hacen iniquidad, andan en sus caminos. Tú encargaste tus mandamientos, que sean muy guardados. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando mirase en todos tus mandamientos. Alabarte he con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente. ¿Con qué limpiará el mozo su camino? cuando guardare tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes errar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, o! Jehová, enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. En el camino de tus testimonios me he regocijado, como sobre toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; y consideraré tus caminos. En tus estatutos me recrearé: no me olvidaré de tus palabras. Haz este bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. Destapa mis ojos; y miraré las maravillas de tu ley. Advenedizo soy yo en la tierra: no encubras de mi tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear tus juicios todo el tiempo. Destruiste a los soberbios malditos, que yerran de tus mandamientos. Aparta de mí oprobio y menosprecio; porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se asentaron, y hablaron contra mí: meditando tu siervo en tus estatutos. También tus testimonios son mis delicias: los varones de mi consejo. Apegóse con el polvo mi alma: vivifícame según tu palabra. Mis caminos te conté, y respondísteme: enséñame tus estatutos. El camino de tus mandamientos házme entender; y meditaré en tus maravillas. Mi alma se destila de ansia: confírmame según tu palabra. Camino de mentira aparta de mí: y de tu ley házme misericordia. El camino de la verdad escogí: tus juicios he puesto delante de mí. Allegádome he a tus testimonios, o! Jehová, no me avergüences. Por el camino de tus mandamientos correré: cuando ensanchares mi corazón. Enséñame, o! Jehová, el camino de tus estatutos; y guardarle he hasta el fin. Dáme entendimiento, y guardaré tu ley; y guardarla he de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi verdad. Inclina mi corazón a tus testimonios: y no a avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad: avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. Quita de mí el oprobio que he temido; porque buenos son tus juicios. He aquí yo he codiciado tus mandamientos: en tu justicia avívame. Y véngame tu misericordia, o! Jehová: tu salud, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado. Y no quites de mi boca palabra de verdad en ningún tiempo; porque a tu juicio espero. Y guardaré tu ley siempre, por siglo y siglo. Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos. Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes; y no me avergonzaré. Y deleitarme he en tus mandamientos, que amé. Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que amé; y meditaré en tus estatutos. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo: en la cual me has hecho esperar. Esta es mi consolación en mi aflicción; porque tu dicho me vivificó. Los soberbios se burlaron mucho de mí: de tu ley no me he apartado. Acordéme, o! Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé. Temblor me tomó a causa de los impíos, que dejan tu ley. Canciones me son tus estatutos en la casa de mis peregrinaciones. Acordéme en la noche de tu nombre, o! Jehová, y guardé tu ley. Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. Mi porción, o! Jehová, dije, será guardar tus palabras. En tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu dicho. Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios. Apresuréme, y no me detuve, a guardar tus mandamientos. Compañías de impíos me han saqueado: mas no me he olvidado de tu ley. A media noche me levantaré a alabarte sobre los juicios de tu justicia. Compañero soy yo a todos los que te temieren; y guardaren tus mandamientos. De tu misericordia, o! Jehová, está llena la tierra: tus estatutos enséñame. Bien has hecho con tu siervo, o! Jehová, conforme a tu palabra. Bondad de sentido, y sabiduría enséñame, porque a tus mandamientos he creído. Antes que fuera humillado, yo erraba: mas ahora tu palabra guardo. Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. Compusieron sobre mí mentira los soberbios: mas yo de todo corazón guardaré tus mandamientos. Engrosóse su corazón como sebo: mas yo en tu ley me he deleitado. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y de plata. Tus manos me hicieron, y me compusieron: házme entender, y aprenderé tus mandamientos. Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque a tu palabra he esperado. Conozco, o! Jehová, que tus juicios son justicia, y que con verdad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. Vénganme tus misericordias, y viva; porque tu ley es mis delicias. Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero meditaré en tus mandamientos. Tórnense a mí los que te temen, y saben tus testimonios. Sea mi corazón perfecto en tus estatutos; porque no sea avergonzado. Desfalleció de deseo mi alma por tu salud, esperando a tu palabra. Desfallecieron mis ojos por tu dicho, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo: mas no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? Los soberbios me han cavado hoyos: mas no según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad, sin causa me persiguen, ayúdame. Casi me han consumido por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. Conforme a tu misericordia vivifícame; y guardaré los testimonios de tu boca. Para siempre, o! Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. Por tu ordenación perseveran hasta hoy; porque todas ellas son tus siervos. Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya hubiera perecido en mi aflicción. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy yo, guárdame; porque tus mandamientos he buscado. Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. A toda perfección he visto fin: ancho es tu mandamiento en gran manera. ¡Cuánto he amado tu ley! todo el día ella es mi meditación. Más que mis enemigos me has hecho sabio con tus mandamientos; porque me son eternos. Más que todos mis enseñadores he entendido; porque tus testimonios han sido mi meditación. Más que los viejos he entendido: porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino detuve mis pies, para guardar tu palabra. De tus juicios no me aparté; porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces han sido a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. De tus mandamientos, he adquirido entendimiento; por tanto he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbre a mi camino. Juré, y afirmé, de guardar los juicios de tu justicia. Afligido estoy en gran manera, o! Jehová: vivifícame conforme a tu palabra. Los sacrificios voluntarios de mi boca, ruégote, o! Jehová, que te sean agradables; y enséñame tus juicios. Mi alma está en mi palma de continuo: mas de tu ley no me he olvidado. Los impíos me pusieron lazo: empero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a hacer tus estatutos de continuo hasta el fin. Las cautelas aborrezco, y tu ley he amado. Mi escondedero y mi escudo eres tú, a tu palabra he esperado. Apartáos de mí los malignos, y guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré, y no me avergüences de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo; y deleitarme he en tus estatutos siempre. Tú atropellaste a todos los que yerran de tus estatutos; porque mentira es su engaño. Como escorias hiciste deshacer a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha erizado de temor de ti; y de tus juicios he tenido miedo. Juicio y justicia he hecho: no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios. Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia. Haz con tu siervo según tu misericordia; y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo; dáme entendimiento, para que sepa tus testimonios. Tiempo es de hacer, o! Jehová: disipado han tu ley. Por tanto yo he amado tus mandamientos más que el oro, y más que el oro muy puro. Por tanto todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: todo camino de mentira aborrecí. Maravillosos son tus testimonios; por tanto los ha guardado mi alma. El principio de tus palabras alumbra: hace entender a los simples. Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos. Mira a mí, y ten misericordia de mí: como acostumbras con los que aman tu nombre. Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos. Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; y enséñame tus estatutos. Ríos de aguas descendieron de mis ojos; porque no guardaban tu ley. Justo eres tú, o! Jehová, y rectos tus juicios. Encargáste la justicia, es a saber, tus testimonios, y tu verdad. Mi zelo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. Afinada es tu palabra en gran manera; y tu siervo la ama. Pequeño soy yo y desechado: mas no me he olvidado de tus mandamientos. Tu justicia es justicia eterna; y tu ley verdad. Aflicción y angustia me hallaron: mas tus mandamientos fueron mis delicias. Justicia eterna son tus testimonios: dáme entendimiento, y viviré. Clamé con todo mi corazón: respóndeme Jehová, y guardaré tus estatutos. Clamé a ti; sálvame, y guardaré tus testimonios. Previne al alba y clamé, esperé tu palabra. Previnieron mis ojos las veladas, para meditar en tus palabras. Oye mi voz conforme a tu misericordia, o! Jehová: vivifícame conforme a tu juicio. Acercáronse los que me persiguen a la maldad: alejáronse de tu ley. Cercano estás tú, Jehová, y todos tus mandamientos son verdad. Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, que para siempre los fundaste. Mira mi aflicción, y escápame; porque de tu ley no me he olvidado, Pleitea mi pleito, y redímeme: vivifícame con tu palabra. Lejos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, o! Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. Muchos son mis persiguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Mira, o! Jehová, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia. El principio de tu palabra es verdad; y eterno todo juicio de tu justicia. Príncipes me han perseguido sin causa: mas de tus palabras tuvo miedo mi corazón. Regocíjome yo sobre tu palabra, como el que halla muchos despojos. La mentira aborrezco, y abomino; tu ley amo. Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia. Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropezón. Tu salud he esperado, o! Jehová; y tus mandamientos he practicado. Mi alma ha guardado tus testimonios; y en gran manera los he amado. Guardado he tus mandamientos, y tus testimonios; porque todos mis caminos están delante de ti. Acérquese mi clamor delante de ti, o! Jehová: dáme entendimiento conforme a tu palabra. Venga mi oración delante de ti: escápame conforme a tu dicho. Mis labios rebosarán alabanza, cuando me enseñares tus estatutos. Hablará mi lengua tus palabras; porque todos tus mandamientos son justicia. Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido. Deseado he tu salud, o! Jehová; y tu ley es mis delicias. Viva mi alma, y alábete; y tus juicios me ayuden. Yo me perdí, como oveja que se pierde: busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.
Second Reading
Acts 1
Hemos hablado primero, oh Téofilo, de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer, y a enseñar, Hasta el día en que, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fue recibido arriba: A los cuales, después de haber padecido, se mostró también vivo con muchas pruebas infalibles, apareciéndoseles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios. Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dice, de mí. Porque Juan a la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos días después de estos. Entonces los que se habían juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor, restituirás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, mirándole ellos, fue alzado, y una nube le recibió, y le quitó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, he aquí, dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos; Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habéis visto ir al cielo. Entonces se volvieron a Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado. Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro y Santiago, y Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, y Simón el Zelador, y Júdas, hermano de Santiago. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. ¶ Y en aquellos días Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo: (el número de nombres de los que estaban juntos era como de ciento y veinte:) Varones y hermanos, era menester que se cumpliese esta Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Júdas, que fue el guía de los que prendieron a Jesús, El cual era contado con nosotros, y tenía parte de este ministerio. Este pues adquirió un campo con el salario de su iniquidad, y colgándose reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron. Y esto fue notorio a todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo sea llamado en su propia lengua Aceldama, esto es: Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella: y, Tome otro su obispado. Conviene, pues, que de estos varones, que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros, Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue tomado arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección. Y señalaron a dos, a José, que se llama Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y a Matías. Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual has escogido de estos dos, Para que tome parte de este ministerio, y apostolado, del cual cayó por prevaricación Júdas, para irse a su propio lugar. Y les echaron las suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
Gospel
Matthew 10
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda dolencia. Y los nombres de los doce Apóstoles son estos: El primero, Simón, que es llamado Pedro, y Andrés, su hermano: Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan su hermano: Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Mateo el publicano: Santiago, hijo de Alfeo, y Lebeo, que tenía el sobrenombre de Tadeo: Simón de Cana, y Júdas Iscariote, que también le entregó. Estos doce envió Jesús, a los cuales dio mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no iréis, y en ciudad de Samaritanos no entréis: Mas íd antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicád, diciendo: El reino de los cielos ha llegado. Sanád enfermos, limpiád leprosos, resucitád muertos, echád fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. No proveáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas, Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordón; porque el obrero digno es de su alimento. Mas en cualquiera ciudad o aldea, donde entraréis, buscád con diligencia quien sea en ella digno, y morád allí hasta que salgáis. Y entrando en la casa, saludádla. Y si la casa fuere digna, que vuestra paz venga sobre ella; mas si no fuere digna, que vuestra paz vuelva sobre vosotros. Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salíd de aquella casa o ciudad, y sacudíd el polvo de vuestros pies. De cierto os digo: Que el castigo será más tolerable a la tierra de Sodoma, y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad. He aquí, yo os envió, como a ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Y guardáos de los hombres; porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán. Y aun ante gobernadores, y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio contra ellos, y los Gentiles. Mas cuando os entregaren, no os congojéis cómo, o qué habéis de hablar; porque en aquella hora os será dado que habléis. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. El hermano entregará al hermano a la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que lo soportare hasta el fin, éste será salvo. Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor. Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al mismo padre de familias llamaron Belzebú, ¿cuánto más a los de su casa? Así que no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y nada oculto que no haya de saberse. Lo que os digo en tinieblas, decídlo en luz; y lo que oís al oído, predicádlo desde los tejados. Y no tengáis miedo de los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: teméd antes a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? Y uno de ellos no caerá a tierra sin vuestro Padre. Y vuestros cabellos también, todos están contados. No temáis pues: más valéis vosotros que muchos pajarillos. Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo también delante de mi Padre, que está en los cielos. No penséis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o a madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o a hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. El que recibe a un profeta en nombre de profeta, galardón de profeta recibirá; y el que recibe a un justo en nombre de justo, galardón de justo recibirá. Y cualquiera que diere a uno de estos pequeñitos un jarro de agua fría solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, que no perderá su galardón.
A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)
Today's readings, every morning
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