Bosko

Today's Readings

The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.

First Reading

Genesis 27

Y fue, que como Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron de vista, llamó a Esaú su hijo el mayor, y díjole: Mi hijo: y él respondió: Heme aquí. Y él dijo: He aquí, ya soy viejo; no sé el día de mi muerte: Toma pues ahora tus armas, tu aljaba y tu arco; y sal al campo; y toma para mí caza. Y házme guisados, como yo amo, y tráeme, y comeré, para que te bendiga mi alma antes que muera. Y Rebeca oyó, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo: y fuése Esaú al campo para tomar la caza que había de traer. Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí, yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo: Tráeme caza; y házme guisados, para que coma, y te bendiga delante de Jehová, antes que muera. Ahora pues, mi hijo, obedece a mi voz en lo que te mando. Vé ahora al ganado; y tómame de allá dos cabritos de las cabras buenos, y yo haré de ellos guisados para tu padre, como él ama. Y tú los llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte. Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo hombre sin pelos: Quizá me tentará mi padre, y tenerme ha por burlador; y traeré sobre mí maldición y no bendición. Y su madre le respondió: Hijo mío, sobre mí sea tu maldición: solamente obedece a mi voz, y vé, y tómamelos. Entonces él fue, y tomó, y trajo a su madre: y su madre hizo guisados, como su padre los amaba. Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú, su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor. E hízole vestir sobre sus manos, y sobre la cerviz donde no tenía pelos, las pieles de los cabritos de las cabras; Y dio los guisados y pan, que había aderezado, en la mano de Jacob su hijo. Y él vino a su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío? Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito: yo he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma. Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Qué es esto, que tan presto hallaste, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que se encontrase delante de mí. E Isaac dijo a Jacob: Llégate ahora, y palparte he, hijo mío, si eres mi hijo Esaú, o no. Y llegóse Jacob a su padre Isaac, y él le palpó, y dijo: La voz, la voz es de Jacob; mas las manos, las manos de Esaú. Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y bendíjole. Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y él respondió: Yo soy. Y dijo: Llégamelo, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él le llegó, y comió: y trájole vino, y bebió. Y díjole Isaac su padre: Llega ahora, y bésame, hijo mío. Y él se llegó, y besóle, y olió el olor de sus vestidos, y bendíjole, y dijo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová bendijo. Y Dios te dé del rocío del cielo, y de las grosuras de la tierra, y abundancia de trigo y de mosto. Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti. Sé señor de tus hermanos, e inclínense a ti los hijos de tu madre: malditos los que te maldijeren: y benditos los que te bendijeren. Y fue, que en acabando Isaac de bendecir a Jacob, solamente saliendo había salido Jacob de delante de Isaac su padre, y Esaú su hermano vino de su caza. E hizo también él guisados, y trajo a su padre; y dijo a su padre: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga tu alma. Entonces su padre Isaac le dijo: ¿Quién eres tú? Y él dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito Esaú. ¶ Entonces Isaac se estremeció de un grande estremecimiento, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que tomó caza, y me trajo, y yo comí de todo antes que tú vinieses? yo le bendije y será bendito. Como Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con exclamación muy grande y muy amarga; y dijo a su padre: Bendíceme también a mí, padre mío. Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición. Y él respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, que ya me ha engañado dos veces: tomóme mi primogenitura, y he aquí ahora, ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No me has guardado bendición? Isaac respondió, y dijo a Esaú: He aquí, yo le he puesto por tu señor, y a todos sus hermanos le he dado por siervos; de trigo y de vino le he fortalecido; ¿qué pues te haré a ti ahora, hijo mío? Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró. Entonces Isaac su padre habló, y díjole: He aquí, en grosuras de la tierra será tu habitación; y del rocío de los cielos de arriba: Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás: mas será tiempo cuando te enseñorees, y descargues su yugo de tu cerviz. ¶ Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición, con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarse han los días del luto de mi padre, y yo mataré a Jacob mi hermano. Y fueron dichas a Rebeca las palabras de Esaú su hijo mayor; y ella envió, y llamó a Jacob su hijo menor, y díjole: He aquí, Esaú, tu hermano, se consuela sobre ti para matarte. Ahora pues, hijo mío, obedece a mi voz, y levántate, y húyete a Labán mi hermano, a Harán: Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se vuelva. Hasta que se mitigue el furor de tu hermano de ti; y se olvide de lo que le has hecho: y yo enviaré, y te tomaré de allá; porque seré deshijada de vosotros ambos en un día. Y dijo Rebeca a Isaac. Fastidio tengo de mi vida a causa de las hijas de Jet. Si Jacob toma mujer de las hijas de Jet, como estas, de las hijas de esta tierra, ¿para qué quiero la vida?

Responsorial Psalm

Psalm 119

Bienaventurados los perfectos de camino: los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios; y con todo el corazón le buscan. Ítem, los que no hacen iniquidad, andan en sus caminos. Tú encargaste tus mandamientos, que sean muy guardados. ¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos a guardar tus estatutos! Entonces no sería yo avergonzado, cuando mirase en todos tus mandamientos. Alabarte he con rectitud de corazón, cuando aprendiere los juicios de tu justicia. Tus estatutos guardaré: no me dejes enteramente. ¿Con qué limpiará el mozo su camino? cuando guardare tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado: no me dejes errar de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti. Bendito tú, o! Jehová, enséñame tus estatutos. Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. En el camino de tus testimonios me he regocijado, como sobre toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; y consideraré tus caminos. En tus estatutos me recrearé: no me olvidaré de tus palabras. Haz este bien a tu siervo; que viva, y guarde tu palabra. Destapa mis ojos; y miraré las maravillas de tu ley. Advenedizo soy yo en la tierra: no encubras de mi tus mandamientos. Quebrantada está mi alma de desear tus juicios todo el tiempo. Destruiste a los soberbios malditos, que yerran de tus mandamientos. Aparta de mí oprobio y menosprecio; porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se asentaron, y hablaron contra mí: meditando tu siervo en tus estatutos. También tus testimonios son mis delicias: los varones de mi consejo. Apegóse con el polvo mi alma: vivifícame según tu palabra. Mis caminos te conté, y respondísteme: enséñame tus estatutos. El camino de tus mandamientos házme entender; y meditaré en tus maravillas. Mi alma se destila de ansia: confírmame según tu palabra. Camino de mentira aparta de mí: y de tu ley házme misericordia. El camino de la verdad escogí: tus juicios he puesto delante de mí. Allegádome he a tus testimonios, o! Jehová, no me avergüences. Por el camino de tus mandamientos correré: cuando ensanchares mi corazón. Enséñame, o! Jehová, el camino de tus estatutos; y guardarle he hasta el fin. Dáme entendimiento, y guardaré tu ley; y guardarla he de todo corazón. Guíame por la senda de tus mandamientos; porque en ella tengo mi verdad. Inclina mi corazón a tus testimonios: y no a avaricia. Aparta mis ojos, que no vean la vanidad: avívame en tu camino. Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme. Quita de mí el oprobio que he temido; porque buenos son tus juicios. He aquí yo he codiciado tus mandamientos: en tu justicia avívame. Y véngame tu misericordia, o! Jehová: tu salud, conforme a tu dicho. Y daré por respuesta a mi avergonzador, que en tu palabra he confiado. Y no quites de mi boca palabra de verdad en ningún tiempo; porque a tu juicio espero. Y guardaré tu ley siempre, por siglo y siglo. Y andaré en anchura, porque busqué tus mandamientos. Y hablaré de tus testimonios delante de los reyes; y no me avergonzaré. Y deleitarme he en tus mandamientos, que amé. Y alzaré mis manos a tus mandamientos, que amé; y meditaré en tus estatutos. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo: en la cual me has hecho esperar. Esta es mi consolación en mi aflicción; porque tu dicho me vivificó. Los soberbios se burlaron mucho de mí: de tu ley no me he apartado. Acordéme, o! Jehová, de tus juicios antiguos, y me consolé. Temblor me tomó a causa de los impíos, que dejan tu ley. Canciones me son tus estatutos en la casa de mis peregrinaciones. Acordéme en la noche de tu nombre, o! Jehová, y guardé tu ley. Esto tuve, porque guardaba tus mandamientos. Mi porción, o! Jehová, dije, será guardar tus palabras. En tu presencia supliqué de todo corazón: ten misericordia de mí según tu dicho. Consideré mis caminos, y torné mis pies a tus testimonios. Apresuréme, y no me detuve, a guardar tus mandamientos. Compañías de impíos me han saqueado: mas no me he olvidado de tu ley. A media noche me levantaré a alabarte sobre los juicios de tu justicia. Compañero soy yo a todos los que te temieren; y guardaren tus mandamientos. De tu misericordia, o! Jehová, está llena la tierra: tus estatutos enséñame. Bien has hecho con tu siervo, o! Jehová, conforme a tu palabra. Bondad de sentido, y sabiduría enséñame, porque a tus mandamientos he creído. Antes que fuera humillado, yo erraba: mas ahora tu palabra guardo. Bueno eres tú, y bienhechor: enséñame tus estatutos. Compusieron sobre mí mentira los soberbios: mas yo de todo corazón guardaré tus mandamientos. Engrosóse su corazón como sebo: mas yo en tu ley me he deleitado. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca, que millares de oro y de plata. Tus manos me hicieron, y me compusieron: házme entender, y aprenderé tus mandamientos. Los que te temen, me verán, y se alegrarán; porque a tu palabra he esperado. Conozco, o! Jehová, que tus juicios son justicia, y que con verdad me afligiste. Sea ahora tu misericordia para consolarme, conforme a lo que has dicho a tu siervo. Vénganme tus misericordias, y viva; porque tu ley es mis delicias. Sean avergonzados los soberbios, porque sin causa me han calumniado: yo empero meditaré en tus mandamientos. Tórnense a mí los que te temen, y saben tus testimonios. Sea mi corazón perfecto en tus estatutos; porque no sea avergonzado. Desfalleció de deseo mi alma por tu salud, esperando a tu palabra. Desfallecieron mis ojos por tu dicho, diciendo: ¿Cuándo me consolarás? Porque estoy como el odre al humo: mas no he olvidado tus estatutos. ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿cuándo harás juicio contra los que me persiguen? Los soberbios me han cavado hoyos: mas no según tu ley. Todos tus mandamientos son verdad, sin causa me persiguen, ayúdame. Casi me han consumido por tierra: mas yo no he dejado tus mandamientos. Conforme a tu misericordia vivifícame; y guardaré los testimonios de tu boca. Para siempre, o! Jehová, permanece tu palabra en los cielos. Por generación y generación es tu verdad: tú afirmaste la tierra, y persevera. Por tu ordenación perseveran hasta hoy; porque todas ellas son tus siervos. Si tu ley no hubiese sido mis delicias, ya hubiera perecido en mi aflicción. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos; porque con ellos me has vivificado. Tuyo soy yo, guárdame; porque tus mandamientos he buscado. Los impíos me han aguardado para destruirme: mas yo entenderé en tus testimonios. A toda perfección he visto fin: ancho es tu mandamiento en gran manera. ¡Cuánto he amado tu ley! todo el día ella es mi meditación. Más que mis enemigos me has hecho sabio con tus mandamientos; porque me son eternos. Más que todos mis enseñadores he entendido; porque tus testimonios han sido mi meditación. Más que los viejos he entendido: porque he guardado tus mandamientos. De todo mal camino detuve mis pies, para guardar tu palabra. De tus juicios no me aparté; porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces han sido a mi paladar tus palabras! más que la miel a mi boca. De tus mandamientos, he adquirido entendimiento; por tanto he aborrecido todo camino de mentira. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbre a mi camino. Juré, y afirmé, de guardar los juicios de tu justicia. Afligido estoy en gran manera, o! Jehová: vivifícame conforme a tu palabra. Los sacrificios voluntarios de mi boca, ruégote, o! Jehová, que te sean agradables; y enséñame tus juicios. Mi alma está en mi palma de continuo: mas de tu ley no me he olvidado. Los impíos me pusieron lazo: empero yo no me desvié de tus mandamientos. Por heredad he tomado tus testimonios para siempre; porque son el gozo de mi corazón. Mi corazón incliné a hacer tus estatutos de continuo hasta el fin. Las cautelas aborrezco, y tu ley he amado. Mi escondedero y mi escudo eres tú, a tu palabra he esperado. Apartáos de mí los malignos, y guardaré los mandamientos de mi Dios. Susténtame conforme a tu palabra, y viviré, y no me avergüences de mi esperanza. Sosténme, y seré salvo; y deleitarme he en tus estatutos siempre. Tú atropellaste a todos los que yerran de tus estatutos; porque mentira es su engaño. Como escorias hiciste deshacer a todos los impíos de la tierra: por tanto yo he amado tus testimonios. Mi carne se ha erizado de temor de ti; y de tus juicios he tenido miedo. Juicio y justicia he hecho: no me dejes a mis opresores. Responde por tu siervo para bien: no me hagan violencia los soberbios. Mis ojos desfallecieron por tu salud, y por el dicho de tu justicia. Haz con tu siervo según tu misericordia; y enséñame tus estatutos. Tu siervo soy yo; dáme entendimiento, para que sepa tus testimonios. Tiempo es de hacer, o! Jehová: disipado han tu ley. Por tanto yo he amado tus mandamientos más que el oro, y más que el oro muy puro. Por tanto todos los mandamientos de todas las cosas estimé rectos: todo camino de mentira aborrecí. Maravillosos son tus testimonios; por tanto los ha guardado mi alma. El principio de tus palabras alumbra: hace entender a los simples. Mi boca abrí y suspiré; porque deseaba tus mandamientos. Mira a mí, y ten misericordia de mí: como acostumbras con los que aman tu nombre. Ordena mis pasos con tu palabra; y ninguna iniquidad se enseñoree de mí. Redímeme de la violencia de los hombres; y guardaré tus mandamientos. Haz que tu rostro resplandezca sobre tu siervo; y enséñame tus estatutos. Ríos de aguas descendieron de mis ojos; porque no guardaban tu ley. Justo eres tú, o! Jehová, y rectos tus juicios. Encargáste la justicia, es a saber, tus testimonios, y tu verdad. Mi zelo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras. Afinada es tu palabra en gran manera; y tu siervo la ama. Pequeño soy yo y desechado: mas no me he olvidado de tus mandamientos. Tu justicia es justicia eterna; y tu ley verdad. Aflicción y angustia me hallaron: mas tus mandamientos fueron mis delicias. Justicia eterna son tus testimonios: dáme entendimiento, y viviré. Clamé con todo mi corazón: respóndeme Jehová, y guardaré tus estatutos. Clamé a ti; sálvame, y guardaré tus testimonios. Previne al alba y clamé, esperé tu palabra. Previnieron mis ojos las veladas, para meditar en tus palabras. Oye mi voz conforme a tu misericordia, o! Jehová: vivifícame conforme a tu juicio. Acercáronse los que me persiguen a la maldad: alejáronse de tu ley. Cercano estás tú, Jehová, y todos tus mandamientos son verdad. Ya ha mucho que he entendido de tus mandamientos, que para siempre los fundaste. Mira mi aflicción, y escápame; porque de tu ley no me he olvidado, Pleitea mi pleito, y redímeme: vivifícame con tu palabra. Lejos está de los impíos la salud; porque no buscan tus estatutos. Muchas son tus misericordias, o! Jehová: vivifícame conforme a tus juicios. Muchos son mis persiguidores y mis enemigos; mas de tus testimonios no me he apartado. Veía a los prevaricadores, y carcomíame; porque no guardaban tus palabras. Mira, o! Jehová, que amo tus mandamientos: vivifícame conforme a tu misericordia. El principio de tu palabra es verdad; y eterno todo juicio de tu justicia. Príncipes me han perseguido sin causa: mas de tus palabras tuvo miedo mi corazón. Regocíjome yo sobre tu palabra, como el que halla muchos despojos. La mentira aborrezco, y abomino; tu ley amo. Siete veces al día te alabo sobre los juicios de tu justicia. Mucha paz tienen los que aman tu ley; y no hay para ellos tropezón. Tu salud he esperado, o! Jehová; y tus mandamientos he practicado. Mi alma ha guardado tus testimonios; y en gran manera los he amado. Guardado he tus mandamientos, y tus testimonios; porque todos mis caminos están delante de ti. Acérquese mi clamor delante de ti, o! Jehová: dáme entendimiento conforme a tu palabra. Venga mi oración delante de ti: escápame conforme a tu dicho. Mis labios rebosarán alabanza, cuando me enseñares tus estatutos. Hablará mi lengua tus palabras; porque todos tus mandamientos son justicia. Sea tu mano en mi socorro; porque tus mandamientos he escogido. Deseado he tu salud, o! Jehová; y tu ley es mis delicias. Viva mi alma, y alábete; y tus juicios me ayuden. Yo me perdí, como oveja que se pierde: busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos.

Second Reading

Ephesians 5

Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz; (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad:) Aprobando lo que es agradable al Señor. Y no tengáis parte en las obras infrutuosas de las tinieblas; mas antes reprobadlas. Porque lo que estos hacen en oculto, torpe cosa es aun decirlo. Mas todas las cosas que son reprobadas, son hechas manifiestas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. Por lo cual dice: Despiértate tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirád, pues, que andéis avisadamente: no como necios, mas como sabios, Redimiendo el tiempo, porque los días son malos. Por tanto no seáis imprudentes, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor. Y no os emborrachéis con vino, en el cual hay disolución; antes sed llenos del Espíritu; Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y salmeando al Señor en vuestros corazones; Dando gracias siempre por todas las cosas a Dios y al Padre en el nombre del Señor nuestro Jesu Cristo. Sujetándoos los unos a los otros en el temor de Dios. ¶ Las casadas sean sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el Salvador del cuerpo. Como pues la iglesia es sujeta a Cristo, así también las casadas lo sean a sus propios maridos en todo. Maridos, amád a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, Para santificarla, limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra, Para que la presentase a sí mismo, iglesia gloriosa, que no tuviese mancha, ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha. Así han también los maridos de amar a sus mujeres, como a sus mismos cuerpos: el que ama a su mujer, a sí mismo ama. Porque ninguno aborreció jamás su propia carne; antes la sustenta y regala, como también el Señor a la iglesia. Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne, y de sus huesos. Por causa de esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y apegarse ha a su mujer; y los dos serán una misma carne. Este misterio grande es; mas yo hablo en cuanto a Cristo y a la iglesia. Empero vosotros también, cada uno en particular, ame tanto a su propia mujer como a sí mismo; y la mujer, mire que tenga en reverencia a su marido.

Gospel

Matthew 6

Mirád que no hagáis vuestra limosna delante de los hombres, para que seáis mirados de ellos: de otra manera no tenéis galardón de vuestro Padre que está en los cielos. Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su galardón. Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha. Que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, él te recompensará en lo público. ¶ Y cuando orares, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en las esquinas de las calles en pie; para que sean vistos. De cierto que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando orares, entra en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. Y orando, no habléis inútilmente, como los paganos, que piensan que por su parlería serán oídos. No os hagáis pues semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de que cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea santificado tu nombre. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Dános hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonareis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial. Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. ¶ Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer a los hombres que ayunan. De cierto os digo, que ya tienen su galardón. Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, Para no parecer a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensará en lo público. ¶ No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan; Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. La luz del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso. Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la luz que en ti hay, son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas? Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno, y amará al otro; o se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios, y a las riquezas. Por tanto os digo: No os congojéis por vuestra vida, qué habéis de comer, o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirád a las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? ¿Mas quién de vosotros, por mucho que se congoje, podrá añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os congojáis? Aprendéd de los lirios del campo, como crecen: no trabajan, ni hilan: Mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fue vestido así como uno de ellos. Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os congojéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos cubriremos? (Porque los Gentiles buscan todas estas cosas;) porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas tenéis necesidad. Mas buscád primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os congojéis por lo de mañana; que el mañana traerá su congoja: basta al día su aflicción.

A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)

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