Lecturas del día
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Primera lectura
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos esta más cerca nuestra salvación, que cuando creíamos. La noche ya pasa, y el día va llegando: desechemos pues las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. Andemos honestamente, como de día: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia: Mas vestíos del Señor Jesu Cristo; y no penséis en la carne para cumplir sus deseos.
Salmo responsorial
Ensalzarte he, mi Dios y Rey; y bendeciré a tu nombre por el siglo y para siempre. Cada día te bendeciré; y alabaré tu nombre por el siglo y para siempre. Grande es Jehová, y digno de alabanza en gran manera; y su grandeza no puede ser comprendida. Generación a generación enarrará tus obras; y anunciarán tus valentías. La hermosura de la gloria de tu magnificencia, y tus hechos maravillosos hablaré. Y la terribilidad de tus valentías dirán; y tu grandeza recontaré. La memoria de la muchedumbre de tu bondad rebosarán; y tu justicia cantarán. Clemente y misericordioso es Jehová: luengo de iras, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos; y sus misericordias, sobre todas sus obras. Alábente, o! Jehová, todas tus obras; y tus misericordiosos te bendigan. La gloria de tu reino digan; y hablen de tu fortaleza: Para notificar a los hijos de Adam sus valentías; y la gloria de la magnificencia de su reino. Tu reino es reino de todos los siglos; y tu señorío en toda generación y generación. Sostiene Jehová a todos los que caen; y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todas las cosas esperan a ti; y tú les das su comida en su tiempo. Abres tu mano, y hartas de voluntad a todo viviente. Justo es Jehová en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras. Cercano está Jehová a todos los que le invocan: a todos los que le invocan con verdad. La voluntad de los que le temen, hará; y su clamor oirá, y los salvará. Jehová guarda a todos los que le aman; y a todos los impíos destruirá. La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne su santo nombre, por el siglo y para siempre.
Segunda lectura
Así pues sed imitadores de Dios, como hijos amados; Y andád en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros por ofrenda y sacrificio a Dios de olor suave. Mas la fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se miente entre vosotros, como conviene a santos: Ni palabras torpes, ni insensatas, ni truhanerías, que no convienen; sino antes hacimientos de gracias. Porque ya habéis entendido esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo, y de Dios. Nadie os engañe con palabras vanas; porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues participantes con ellos. Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor: andád como hijos de luz;
Evangelio
Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido del todo certificadas, Como nos las enseñaron los que desde el principio fueron testigos de vista, y ministros de la palabra: Háme parecido bueno también a mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Téofilo, Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado. ¶ Hubo en los días de Heródes rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; y su mujer era de las hijas de Aarón, llamada Elisabet. Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión. Y no tenían hijo; porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya avanzados en sus días. Y aconteció, que administrando Zacarías el sacerdocio delante de Dios en el orden de su clase, Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a quemar incienso, entrando en el templo del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y le apareció el ángel del Señor que estaba a la mano derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él. Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída; y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan; Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento; Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos; Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto. Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas. Y he aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho; por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban que él se tardase tanto en el templo. Y saliendo, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo; y él les hablaba por señas; y quedó mudo. Y fue, que cumplidos los días de su ministerio, se vino a su casa. Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo: Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
Las lecturas siguen el leccionario bizantino. El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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