Lecturas del día
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Primera lectura
Porque el que santifica y los que son santificados de uno son todos; por cuya causa no se avergüenza de llamarlos hermanos, Diciendo: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la iglesia salmearte he. Y otra vez: Yo confiaré en él. Y otra vez: He aquí yo, y los hijos que me dio Dios. Así que por cuanto los hijos participan de la carne y de la sangre, también él de la misma manera participó de las mismas cosas; para que por medio de la muerte redujese a la impotencia al que tenía la potencia de la muerte, es a saber, al diablo; Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre. Que ciertamente no toma a los ángeles, mas toma a la simiente de Abraham. Por lo cual fue necesario que en todo semejase a sus hermanos, para que fuese un sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo perteneciente a Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Porque en cuanto él mismo padeció, siendo tentado, es poderoso para también socorrer a los que son tentados.
Salmo responsorial
Rebosa mi corazón palabra buena: yo digo en mis obras del rey: mi lengua será como una pluma de escribano que escribe apriesa. Te hermoseaste más que los hijos de los hombres: la gracia se derramó en tus labios; por tanto te ha bendecido Dios para siempre. Cíñete tu espada sobre el muslo, o! Valiente, con tu gloria y con tu hermosura. Y con tu hermosura sé prosperado: cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, y de justicia: y tu diestra te enseñará terribilidades. Tus saetas agudas, con que caerán pueblos debajo de ti; en el corazón de los enemigos del rey. Tu trono, o! Dios, eterno y para siempre: vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia, y aborreciste la maldad: por tanto te ungió Dios, tu Dios, con aceite de gozo más que a tus compañeros. Almizcle, y sándalos, y ámbar son todos tus vestidos, desde los palacios de marfil, donde te alegraron. ¶ Hijas de reyes entre tus ilustres: está la reina a tu diestra con corona de Ofir. Oye, hija, y mira, e inclina tu oído: y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre. Y deseará el rey tu hermosura: porque él es tu Señor, e inclínate a él. Y la hija de Tiro con presente suplicará tu favor: todos los ricos del pueblo. Toda ilustre es la hija del rey de dentro: de engastes de oro es su vestido. Con vestidos bordados será llevada al rey, vírgenes en pos de ella: sus compañeras serán traídas a ti. Serán traídas con alegrías y gozo: entrarán en el palacio del rey. En lugar de tus padres serán tus hijos: hacerles has príncipes en toda la tierra. Haré memoria de tu nombre en toda generación y generación: por lo cual pueblos te alabarán eternalmente y para siempre.
Segunda lectura
¡Ay de la corona de soberbia, de los borrachos de Efraím, y de la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza, del valle fértil, oprimidos del vino! He aquí que la valentía, y la fortaleza de Jehová viene como turbión de granizo, y como torbellino trastornador, como ímpetu de recias aguas que salen de madre, que con fuerza derriba a tierra. Con los pies será hollada la corona de soberbia de los borrachos de Efraím. Y será la flor caduca de la hermosura de su gloria, que está sobre la cabeza del valle fértil, como la breva temprana, que viene primero que los otros frutos del verano, la cual, en viéndola el que la ve, en teniéndola en la mano, se la traga. ¶ En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria, y diadema de hermosura a los residuos de su pueblo: Y por espíritu de juicio al que se sentare sobre la silla del juicio; y por fortaleza a los que harán retraer la batalla hasta la puerta. Mas también estos erraron con el vino, y con la sidra se entontecieron. El sacerdote y el profeta, erraron con la sidra, fueron trastornados del vino, entonteciéronse con la sidra, erraron en la visión, tropezaron en el juicio. Porque todas las mesas están llenas de vómito y suciedad, hasta no haber lugar. ¿A quién se enseñará ciencia, o a quién se hará entender doctrina? ¿a los quitados de la leche? ¿a los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandamiento tras mandamiento: renglón tras renglón, renglón tras renglón: un poquito allí, otro poquito allí: Porque con labios tartamudos, y en lengua extraña hablará a este pueblo, A los cuales él dijo: Este es el reposo: dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; y no quisieron oír. Serles ha pues la palabra de Jehová: Mandamiento tras mandamiento, mandamiento tras mandamiento: renglón tras renglón, renglón tras renglón: un poquito allí, otro poquito allí, que vayan, y caigan por las espaldas, y se desmenucen, y se enreden, y sean presos.
Evangelio
Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo: Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres. ¶ Y al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea, que se llama Nazaret, A una virgen desposada con un varón que se llamaba José de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel a donde estaba ella, dijo: Tengas gozo, altamente favorecida, el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres. Mas ella, como le vio, se turbó de su hablar; y pensaba que salutación fuese esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, que concibirás en el vientre, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, e Hijo del Altísimo será llamado, y le dará el Señor Dios el trono de David su padre; Y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá cabo. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varón. Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y, he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido un hijo en su vejez; y éste es el sexto mes a ella que era llamada la estéril; Porque ninguna cosa es imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra. Y el ángel se partió de ella.
Las lecturas siguen el leccionario bizantino. El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
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