Lecturas del día
Las lecturas bíblicas señaladas para el día, con el texto completo en tu idioma. Sigue cada mañana las lecturas diarias de tu tradición, en la app de Bosko.
Primera lectura
Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos esta más cerca nuestra salvación, que cuando creíamos. La noche ya pasa, y el día va llegando: desechemos pues las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de luz. Andemos honestamente, como de día: no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia: Mas vestíos del Señor Jesu Cristo; y no penséis en la carne para cumplir sus deseos.
Salmo responsorial
Los cielos cuentan la gloria de Dios; y el extendimiento denuncia la obra de sus manos. El un día pronuncia palabra al otro día, y la una noche a la otra noche declara sabiduría. No hay dicho, ni palabras, ni es oída su voz. En toda la tierra salió su línea, y al cabo del mundo sus palabras: para el sol puso tabernáculo en ellos. Y él como un novio que sale de su tálamo, alégrase, como un gigante, para correr el camino. Del un cabo de los cielos es su salida, y rodea por sus cabos; y no hay quien se esconda de su calor. ¶ La ley de Jehová perfecta, que vuelve el alma, el testimonio de Jehová fiel, que hace sabio al pequeño. Los mandamientos de Jehová rectos, que alegran el corazón: el precepto de Jehová puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová limpio que permanece para siempre, los derechos de Jehová, verdad, todos justos. Deseables más que el oro, y más que mucho oro afinado: y dulces más que miel, y que licor de panales. Tu siervo también es amonestado con ellos: en guardarlos, gran salario. Los errores, ¿quién los entenderá? de los encubiertos líbrame. Asimismo de las soberbias detén a tu siervo, que no se enseñoreen de mí: entonces seré perfecto, y seré limpio de gran rebelión. Sean voluntarios los dichos de mi boca; y el pensamiento de mi corazón delante de ti, o! Jehová, roca mía, y mi redentor.
Segunda lectura
Porque quiero que sepáis cuán gran combate yo sufro por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca vieron mi rostro en la carne; Para que se consuelen sus corazones, estando juntamente aunados en amor, y para alcanzar todas las riquezas de plenitud de entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios, y del Padre, y de Cristo: En el cual están escondidos todos los tesoros de sabiduría, y de conocimiento. Y esto digo para que nadie os engañe con palabras seductoras. Porque aunque esté ausente en el cuerpo, en el espíritu sin embargo estoy presente con vosotros, gozándome, y mirando vuestro buen orden, y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto de la manera que habéis recibido al Señor Jesu Cristo, así andád en él, Arraigados, y sobreedificados en él, y afirmados en la fe, así como os ha sido enseñado, abundando en ella con hacimiento de gracias.
Evangelio
Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido del todo certificadas, Como nos las enseñaron los que desde el principio fueron testigos de vista, y ministros de la palabra: Háme parecido bueno también a mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Téofilo, Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado. ¶ Hubo en los días de Heródes rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; y su mujer era de las hijas de Aarón, llamada Elisabet. Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión. Y no tenían hijo; porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya avanzados en sus días. Y aconteció, que administrando Zacarías el sacerdocio delante de Dios en el orden de su clase, Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en suerte a quemar incienso, entrando en el templo del Señor. Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. Y le apareció el ángel del Señor que estaba a la mano derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él. Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída; y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan; Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento; Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos; Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto. Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas. Y he aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho; por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban que él se tardase tanto en el templo. Y saliendo, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo; y él les hablaba por señas; y quedó mudo. Y fue, que cumplidos los días de su ministerio, se vino a su casa. Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se escondió por cinco meses, diciendo: Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
Las lecturas siguen el leccionario bizantino. El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera Antigua 1865)
Las lecturas del día, cada mañana
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