Bosko

Today's Readings

The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.

First Reading

Jeremiah 26

En el principio del reino de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá, fue esta palabra de Jehová, diciendo: Así dijo Jehová: Pónte en el patio de la casa de Jehová, y habla a todas las ciudades de Judá, que vienen para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé que les hablases: no detengas palabra. Quizás oirán, y se tornarán cada uno de su mal camino; y arrepentirme he yo del mal que pienso hacerles, por la maldad de sus obras. Decirles has: Así dijo Jehová: Si no me oyereis para andar en mi ley, la cual di delante de vosotros, Para oír a las palabras de mis siervos los profetas que yo os envío, madrugando y enviando, a los cuales no habéis oído: Yo pondré esta casa como Silo, y daré esta ciudad en maldición a todas las naciones de la tierra. Y oyeron los sacerdotes, y los profetas, y todo el pueblo, a Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová. Y fue que acabando de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablase a todo el pueblo, los sacerdotes, y los profetas, y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: Muerte morirás. ¿Por qué profetizaste en nombre de Jehová, diciendo: Esta casa será como Silo; y esta ciudad será asolada hasta no quedar morador? Y todo el pueblo se juntó contra Jeremías en la casa de Jehová. Y los príncipes de Judá oyeron estas cosas, y subieron de casa del rey a la casa de Jehová, y asentáronse en la entrada de la puerta nueva de Jehová. Y hablaron los sacerdotes y los profetas a los príncipes, y a todo el pueblo, diciendo: En pena de muerte ha incurrido este hombre, porque profetizó contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros oídos. Y habló Jeremías a todos los príncipes, y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió que profetizase contra esta casa, y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. Y ahora mejorád vuestros caminos, y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios; y arrepentirse ha Jehová del mal que ha hablado contra vosotros. En lo que a mí toca, he aquí, estoy en vuestras manos, hacéd de mí como mejor y más recto os pareciere: Mas sabéd de cierto, que si me matareis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, y sobre esta ciudad, y sobre sus moradores; porque, en verdad, Jehová me envió a vosotros, para que dijese todas estas palabras en vuestros oídos. Y dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en nombre de Jehová nuestro Dios ha hablado a nosotros. Y levantáronse algunos de los ancianos de la tierra, y hablaron a toda la congregación del pueblo, diciendo: Miquéas de Morasti profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: Así dijo Jehová de los ejércitos: Sión será arada como campo, y Jerusalem será montones, y el monte del templo en cumbres de bosque. ¿Matáronle luego Ezequías, rey de Judá, y todo Judá? ¿No temió a Jehová, y oró a la faz de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Y nosotros haremos tan grande mal contra nuestras almas? ¶ Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová, Urías, hijo de Semeí, de Cariat-jarim, el cual profetizó contra esta ciudad, y contra esta tierra conforme a todas las palabras de Jeremías. Y oyó el rey Joacim, y todos sus valientes, y todos sus príncipes sus palabras, y el rey procuró de matarle: lo cual entendiendo Urías, tuvo temor, y huyó, y se metió en Egipto. Y el rey Joacim envió hombres en Egipto, a Elnatán, hijo de Acor, y otros hombres con él a Egipto, Los cuales sacaron a Urías de Egipto, y le trajeron al rey Joacim, e hirióle a cuchillo, y echó su cuerpo en los sepulcros del vulgo. La mano empero de Ahicam, hijo de Safán, era con Jeremías, porque no le entregasen en las manos del pueblo para matarle.

Responsorial Psalm

Psalm 66

Dé alabanza a Dios toda la tierra. Cantád la gloria de su nombre: ponéd gloria en su alabanza. Decíd a Dios: ¡Cuán terrible eres en tus obras! por la multitud de tu fortaleza se te sujetarán fingidamente todos tus enemigos. Toda la tierra te adorará, y cantarán a ti: cantarán a tu nombre. Selah. Veníd, y ved las obras de Dios: terrible en hechos sobre los hijos de los hombres. Volvió la mar en seco: por el río pasaron a pie; allí nos alegramos en él. El se enseñorea con su fortaleza para siempre: sus ojos atalayan sobre las naciones: los rebeldes no serán ellos ensalzados. Selah. Bendecíd pueblos a nuestro Dios: y hacéd oír la voz de su loor. El que puso nuestra alma en vida: y no permitió que resbalasen nuestros pies. Porque tú nos probaste, o! Dios: afinástenos, como se afina la plata. Metístenos en la red: pusiste apretura en nuestros lomos. Hiciste subir varón sobre nuestra cabeza: entrámos en fuego y en aguas; y sacástenos a hartura. Entraré pues en tu casa con holocaustos: y pagarte he mis votos, Que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado. Holocaustos de engordados te ofreceré, con perfume de carneros: sacrificaré bueyes y machos de cabrío. Selah. Veníd, oíd todos los que teméis a Dios: y contaré lo que ha hecho a mi alma. A él hablé en alta voz: y fue ensalzado con mi lengua. Si yo viera iniquidad en mi corazón, no oyera el Señor. Ciertamente oyó Dios: escuchó a la voz de mi oración. Bendito Dios, que no apartó mi oración, y su misericordia de mí.

Second Reading

II Thessalonians 3

En fin, hermanos, orád por nosotros, que la palabra del Señor corra libremente, y sea glorificada, así como lo es entre vosotros: Y que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no todos tienen fe. Mas fiel es el Señor que os confirmará, y os guardará de mal. Y tenemos confianza de vosotros en el Señor, que hacéis y haréis lo que os hemos mandado. El Señor enderece vuestros corazones en el amor de Dios, y en la paciencia de Cristo. ¶ Os denunciamos empero, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesu Cristo, que os apartéis de todo hermano que anduviere fuera de orden, y no conforme a la tradición que recibió de nosotros; Porque vosotros sabéis de qué manera es menester imitarnos; porque no nos hubimos desordenadamente entre vosotros: Ni comimos de balde el pan de nadie; antes trabajamos con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos a ninguno de vosotros. No porque no tuviésemos potestad, mas por darnos a vosotros por dechado, para que nos imitaseis. Porque aun estando con vosotros os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no ocupándose en cosa alguna, sino en indagar lo que no les importa. Y a los que son tales, mandámosles y rogámosles por nuestro Señor Jesu Cristo, que trabajando con silencio coman su propio pan. Mas vosotros, hermanos, no desfallezcáis en bien hacer. Y si alguno no obedeciere a nuestra palabra por esta epístola, notád al tal, y no le tratéis para que se avergüence. Empero no le tengáis como a enemigo, sino amonestádle como a hermano. Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz de toda manera. El Señor sea con todos vosotros. La salutación de mi propia mano, de Pablo, que es mi signo en todas mis cartas. Así yo escribo. La gracia del Señor nuestro Jesu Cristo sea con todos vosotros. Amén. ¶ La segunda carta a los Tesalonicenses fue escrita de Aténas.

Gospel

Matthew 17

Y después de seis días Jesús toma a Pedro, y a Santiago, y a Juan su hermano, y los saca aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol; y sus vestidos brillantes como la luz. Y, he aquí, les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Y respondiendo Pedro, dijo a Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres cabañas; para ti una, y para Moisés otra, y para Elías otra. Estando aun hablando él, he aquí, una nube de luz que los cubrió; y, he aquí, una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; a él oíd. Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. Entonces Jesús llegando, les tocó, y dijo: Levantáos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, a nadie vieron, sino a solo Jesús. Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos. Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué pues dicen los escribas, que es menester que Elías venga primero? Y respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas. Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron: antes hicieron en él todo lo que quisieron. Así también el Hijo del hombre padecerá de ellos. Los discípulos entonces entendieron que les hablaba de Juan el Bautista. ¶ Y como ellos llegaron a la multitud, vino a él un hombre hincándosele de rodillas, Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y le he presentado a tus discípulos, y no le han podido sanar. Y respondiendo Jesús, dijo: ¡O generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele acá. Y reprendió Jesús al demonio, y salió de él; y el mozo fue sano desde aquella hora. Entonces llegándose los discípulos a Jesús aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera? Y Jesús les dijo: Por vuestra infidelidad; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Mas este género de demonios no sale sino por oración y ayuno. ¶ Y estando ellos en Galilea, les dijo Jesús: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres; Y le matarán; mas al tercero día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. Y como llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro maestro no paga las dos dracmas? Y él dice: Sí. Y entrado él en casa, Jesús le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? ¿Los reyes de la tierra, de quién cobran los tributos, o el censo? ¿de sus hijos, o de los extraños? Pedro le dice: De los extraños. Dícele entonces Jesús: Luego francos son los hijos. Mas porque no los ofendamos, vé a la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómale, y abierta su boca hallarás un estatero, dásele por mí, y por ti.

A daily plan reading through Scripture in course. Bible text is in the public domain. (Reina-Valera Antigua 1865)

Today's readings, every morning

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