Lecturas del día
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Primera lectura
Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será abundantemente administrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por esto, yo no dejaré de amonestaros siempre de estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Porque tengo por justo, en tanto que estoy en este tabernáculo, de incitaros con amonestación: Sabiendo que brevemente tengo de dejar mi tabernáculo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia, que después de mi fallecimiento, vosotros podáis siempre tener memoria de estas cosas. Porque no os hemos dado á conocer la potencia y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas por arte compuestas; sino como habiendo con nuestros propios ojos visto su majestad. Porque él había recibido de Dios Padre honra y gloria, cuando una tal voz fué á él enviada de la magnífica gloria: Este es el amado Hijo mío, en el cual yo me he agradado. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos juntamente con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más permanente, á la cual hacéis bien de estar atentos como á una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones:
Salmo responsorial
LAS misericordias de Jehová cantaré perpetuamente; En generación y generación haré notoria tu verdad con mi boca. Porque dije: Para siempre será edificada misericordia; En los mismos cielos apoyarás tu verdad. Hice alianza con mi escogido; Juré á David mi siervo: diciendo. Para siempre confirmaré tu simiente, Y edificaré tu trono por todas las generaciones. (Selah.) Y celebrarán los cielos tu maravilla, oh Jehová; Tu verdad también en la congregación de los santos. Porque ¿quién en los cielos se igualará con Jehová? ¿Quién será semejante á Jehová entre los hijos de los potentados? Dios terrible en la grande congregación de los santos, Y formidable sobre todos cuantos están alrededor suyo. Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu verdad está en torno de ti. Tú tienes dominio sobre la bravura de la mar: Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas. Tú quebrantaste á Rahab como á un muerto: Con el brazo de tu fortaleza esparciste á tus enemigos. Tuyos los cielos, tuya también la tierra: El mundo y su plenitud, tú lo fundaste. Al aquilón y al austro tú los criaste: Tabor y Hermón cantarán en tu nombre. Tuyo el brazo con valentía; Fuerte es tu mano, ensalzada tu diestra. Justicia y juicio son el asiento de tu trono: Misericordia y verdad van delante de tu rostro. Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte: Andarán, oh Jehová, á la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrarán todo el día; Y en tu justicia serán ensalzados. Porque tú eres la gloria de su fortaleza; Y por tu buena voluntad ensalzarás nuestro cuerno. Porque Jehová es nuestro escudo; Y nuestro rey es el Santo de Israel. Entonces hablaste en visión á tu santo, Y dijiste: Yo he puesto el socorro sobre valiente; He ensalzado un escogido de mi pueblo. Hallé á David mi siervo; Ungílo con el aceite de mi santidad. Mi mano será firme con él, Mi brazo también lo fortificará. No lo avasallará enemigo, Ni hijo de iniquidad lo quebrantará. Mas yo quebrantaré delante de él á sus enemigos, Y heriré á sus aborrecedores. Y mi verdad y mi misericordia serán con él; Y en mi nombre será ensalzado su cuerno. Asimismo pondré su mano en la mar, Y en los ríos su diestra. El me llamará: Mi padre eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salud. Yo también le pondré por primogénito, Alto sobre los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia; Y mi alianza será firme con él. Y pondré su simiente para siempre, Y su trono como los días de los cielos. Si dejaren sus hijos mi ley, Y no anduvieren en mis juicios; Si profanaren mis estatutos, Y no guardaren mis mandamientos; Entonces visitaré con vara su rebelión, Y con azotes sus iniquidades. Mas no quitaré de él mi misericordia, Ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi pacto, Ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, Que no mentiré á David. Su simiente será para siempre, Y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, Y como un testigo fiel en el cielo. (Selah.) Mas tú desechaste y menospreciaste á tu ungido; Y te has airado con él. Rompiste el pacto de tu siervo; Has profanado su corona hasta la tierra. Aportillaste todos sus vallados; Has quebrantado sus fortalezas. Menoscabáronle todos los que pasaron por el camino: Es oprobio á sus vecinos. Has ensalzado la diestra de sus enemigos; Has alegrado á todos sus adversarios. Embotaste asimismo el filo de su espada, Y no lo levantaste en la batalla. Hiciste cesar su brillo, Y echaste su trono por tierra. Has acortado los días de su juventud; Hasle cubierto de afrenta. (Selah.) ¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿te esconderás para siempre? ¿Arderá tu ira como el fuego? Acuérdate de cuán corto sea mi tiempo: ¿Por qué habrás criado en vano á todos los hijos del hombre? ¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librarás su vida del poder del sepulcro? (Selah.) Señor, ¿dónde están tus antiguas misericordias, Que juraste á David por tu verdad? Señor, acuérdate del oprobio de tus siervos; Oprobio que llevo yo en mi seno de muchos pueblos. Porque tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado, Porque tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido. Bendito Jehová para siempre. Amén, y Amén.
Segunda lectura
EMPERO acerca de los tiempos y de los momentos, no tenéis, hermanos, necesidad de que yo os escriba: Porque vosotros sabéis bien, que el día del Señor vendrá así como ladrón de noche, Que cuando dirán, Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores á la mujer preñada; y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón; Porque todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios. Porque los que duermen, de noche duermen; y los que están borrachos, de noche están borrachos. Mas nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salud por nuestro Señor Jesucristo; El cual murió por nosotros, para que ó que velemos, ó que durmamos, vivamos juntamente con él. Por lo cual, consolaos los unos á los otros, y edificaos los unos á los otros, así como lo hacéis.
Evangelio
Y DESPUÉS de seis días, Jesús toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto: Y se transfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Y respondiendo Pedro, dijo á Jesús: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones: para ti uno, y para Moisés otro, y otro para Elías. Y estando aún él hablando, he aquí una nube de luz que los cubrió; y he aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento: á él oíd. Y oyendo esto los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. Entonces Jesús llegando, los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesús. Y como descendieron del monte, les mandó Jesús, diciendo: No digáis á nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos.
Las lecturas siguen el leccionario bizantino. El texto de las Escrituras es de dominio público. (Reina-Valera 1909)
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