Today's Readings
The Scripture readings appointed for today, with the full text in your language. Follow the daily readings for your tradition, every morning, in the Bosko app.
First Reading
Acts 5:17-26
¶ Entonces levantándose el sumo sacerdote, y todos los que estaban con él, (que es la secta de los Saduceos,) fueron llenos de ira, Y echaron mano a los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública. Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y estando en el templo, hablád al pueblo todas las palabras de esta vida. Ellos entonces, como oyeron esto, entraron por la mañana en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el sumo sacerdote, y los que estaban con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel; y enviaron a la cárcel, para que fuesen traídos. Y como vinieron los ministros, no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso, Diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y los guardas que estaban afuera delante de las puertas; mas cuando abrímos, a nadie hallamos dentro. Entonces como oyeron estas palabras el sumo sacerdote, y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendría a parar aquello. Y viniendo uno, les avisó, diciendo: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. Entonces el magistrado fue con los ministros, y los trajo sin violencia, porque tenían miedo del pueblo, de ser apedreados.
First Reading
Deuteronomy 28
Y será, que si oyendo oyeres la voz de Jehová tu Dios para guardar, para hacer todos sus mandamientos que yo te mando hoy, también Jehová tu Dios te pondrá alto sobre todas las gentes de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y alcanzarte han, cuando oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y el fruto de tu bestia: la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Bendito tu canastillo, y tus sobras. Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir. Dará Jehová tus enemigos, que se levantaren contra ti, heridos delante de ti: por un camino saldrán a ti, y por siete caminos huirán delante de ti. Enviará Jehová contigo a la bendición en tus cilleros, y en todo aquello en que pusieres tu mano, y bendecirte ha en la tierra que Jehová tu Dios te da. Confirmarte ha Jehová por pueblo santo suyo como te ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra, que el nombre de Jehová es llamado sobre ti, y temerte han. Y hacerte ha Jehová que te sobre el bien en el fruto de tu vientre, y en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, sobre la tierra que juró Jehová a tus padres que te había de dar. Abrirte ha Jehová su buen cillero, el cielo, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos: y prestarás a muchas gentes, y tú no tomarás emprestado. Y ponerte ha Jehová por cabeza, y no por cola: y serás encima solamente, y no serás debajo, cuando obedecieres a los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te mando hoy para que guardes y hagas. Y no te apartes de todas las palabras que yo os mando hoy, a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos para servirles. ¶ Y será si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para guardar, para hacer todos sus mandamientos, y sus estatutos, que yo te mando hoy, vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y alcanzarte han. Maldito serás tú en la ciudad, y maldito tú en el campo. Maldito tu canastillo, y tus sobras. Maldito el fruto de tu vientre, y el fruto de tu tierra, y la cria de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas. Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir. Y Jehová enviará en ti la maldición, quebranto y asombramiento en todo cuanto pusieres mano e hicieres, hasta que seas destruido, y perezcas presto a causa de la maldad de tus obras por las cuales me habrás dejado. Jehová hará que se te pegue mortandad hasta que te consuma de la tierra, a la cual entras para heredarla. Jehová te herirá de tísica, y de fiebre, y de ardor, y de calor, y de espada, y de hidropesía, y de ictericia; y perseguirte han hasta que perezcas. Y tus cielos, que están sobre tu cabeza, serán de metal; y la tierra que está debajo de ti, de hierro. Dará Jehová por lluvia a tu tierra polvo y ceniza; de los cielos descenderá sobre ti hasta que perezcas. Jehová te dará herido delante de tus enemigos: por un camino saldrás a ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos: y serás por estremecimiento a todos los reinos de la tierra. Y será tu cuerpo muerto por comida a toda ave del cielo, y bestia de la tierra, y no habrá quien las espante. Jehová te herirá de la plaga de Egipto y con almorranas, y con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. Jehová te herirá con locura y con ceguedad, y con pasmo de corazón. Y palparás al mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos y nunca serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve. Desposarte has con mujer, y otro varón dormirá con ella: edificarás casa, y no habitarás en ella: plantarás viña, y no la profanarás. Tu buey será matado delante de tus ojos, y tú no comerás de él: tu asno será robado de delante de ti, y no volverá a ti: tus ovejas serán dadas a tus enemigos, y no tendrás quien te salve. Tus hijos y tus hijas serán entregados a otro pueblo, y tus ojos lo verán, y desfallecerán por ellos todo el día: y no habrá fuerza en tu mano. El fruto de tu tierra y todo tu trabajo comerá pueblo que no conociste: y nunca serás sino oprimido y quebrantado todos los días. Y enloquecerás a causa de lo que verás con tus ojos. Herirte ha Jehová con mala sarna en las rodillas y en las piernas, que no puedas ser curado, desde la planta de tu pie hasta tu mollera. Jehová llevará a ti y a tu rey, que hubieres puesto sobre ti, a gente que no conociste tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos, al palo y a la piedra. Y serás por pasmo, por ejemplo y por fábula a todos los pueblos, a los cuales Jehová te llevará. Sacarás mucha simiente a la tierra, y cogerás poco; porque la langosta lo consumirá. Plantarás viñas y labrarás; mas no beberás vino, ni cogerás, porque el gusano lo comerá. Tendrás olivas en todo tu término, mas no te ungirás con el aceite: porque tu aceituna se caerá. Hijos e hijas engendrarás, y no serán para ti, porque irán en cautiverio. Toda tu arboleda y el fruto de tu tierra consumirá la langosta. El extranjero que estará en medio de ti subirá sobre ti encima, encima: y tú descenderás abajo, abajo. El te prestara a ti, y tú no prestarás a él: él será por cabeza, y tú serás por cola. Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y perseguirte han, y alcanzarte han hasta que perezcas: por cuanto no habrás oído a la voz de Jehová tu Dios guardando sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó. Y serán en ti por señal y por milagro, y en tu simiente para siempre: Por cuanto no serviste a Jehová tu Dios con alegría y con bondad de corazón por la abundancia de todas las cosas. Y servirás a tus enemigos, que Jehová enviare contra ti, con hambre, y con sed, y con desnudez, y con falta de todas las cosas: y él pondrá yugo de hierro sobre tu cuello hasta destruirte. Jehová traerá sobre ti gente de lejos, del cabo de la tierra, que vuele como águila, gente cuya lengua no entiendas; Gente fiera de rostro, que no alzará el rostro al viejo, ni perdonará al niño. Y comerá el fruto de tu bestia y el fruto de tu tierra, hasta que perezcas: y no te dejará grano, ni mosto, ni aceite, ni la cria de tus vacas, ni los rebaños de tus ovejas hasta destruirte. Y ponerte ha cerco en todas tus ciudades, hasta que caigan tus muros altos y encastillados, en que tú confías, en toda tu tierra: y cercarte ha en todas tus ciudades y en toda tu tierra, que Jehová tu Dios te dió. Y comerás el fruto de tu vientre, la carne de tus hijos y de tus hijas, que Jehová tu Dios te dió, en el cerco y en la angustia con que te angustiará tu enemigo. El hombre tierno en ti y el muy delicado, su ojo será maligno para con su hermano, y para con la mujer de su seno, y para con el resto de sus hijos, que le quedaren; Para no dar a alguno de ellos de la carne de sus hijos, que el comerá, porque no le habrá quedado en el cerco, y en la apretura con que tu enemigo te apretará en todas tus ciudades. La tierna en ti y la delicada, que nunca la planta de su pie probó a estar sobre la tierra de ternura y delicadez, su ojo será maligno para con el marido de su seno, y para con su hijo y para con su hija, Y para con su chiquita que sale de entre sus pies, y para con sus hijos que pariere, que los comerá escondidamente con necesidad de todas las cosas en el cerco y en la apretura con que tu enemigo te apretará en tus ciudades. Si no guardares para hacer todas las palabras de aquesta ley, que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y terrible: Jehová tu Dios; Jehová hará maravillosas tus plagas, y las plagas de tu simiente, plagas grandes, y firmes; y enfermedades malas y firmes: Y hará volver en ti todos los dolores de Egipto delante de los cuales temiste, y pegarse han en ti. Asimismo toda enfermedad y toda plaga, que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que tú seas destruido. Y quedaréis en pocos varones, en lugar de haber sido como las estrellas del cielo en multitud: por cuanto no obedeciste a la voz de Jehová tu Dios. Y será, que de la manera que Jehová se gozó sobre vosotros, para haceros bien, y para multiplicaros, así se gozará Jehová, sobre vosotros para echaros a perder, y para destruiros: y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para poseerla. Y esparcirte ha Jehová por todos los pueblos desde el un cabo de la tierra hasta el otro cabo de la tierra: y allí servirás a dioses ajenos que no conociste tú ni tus padres, al palo y a la piedra. Y ni aun en las mismas gentes reposarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo: que allí te dará Jehová corazón temeroso y caimiento de ojos, y tristeza de alma. Y tendrás tu vida colgada delante, y estarás temeroso de noche y de día, y no confiarás de tu vida: Por la mañana dirás: ¿Quién diese la tarde? y a la tarde dirás: ¿Quién diese la mañana? del miedo de tu corazón con que estarás amedrentado, y de lo que verán tus ojos. Y Jehová te hará tornar a Egipto en navíos, por el camino del cual te ha dicho: Nunca más volverás: y allí seréis vendidos a vuestros enemigos por esclavos y por esclavas, y no habrá quien os compre.
First Reading
1 Samuel 17:1-30
Y los Filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y congregáronse en Soco, que es en Judá, y asentaron campo entre Soco y Azeca en el término de Donmim. Y también Saul y los varones de Israel se juntaron, y asentaron el campo en el valle del Alcornoque: y ordenaron la batalla contra los Filisteos. Y los Filisteos estaban sobre el un monte de la una parte, e Israel estaba sobre el otro monte de la otra parte; y el valle estaba entre ellos. Y salió un varón del campo de los Filisteos entre los dos campos, el cual se llamaba Goliat de Get, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un almete de acero en su cabeza, vestido de unas corazas de planchas: y el peso de las corazas tenía cinco mil siclos de metal. Y sobre sus pies traía grebas de hierro, y un escudo de acero en sus hombros. El hasta de su lanza era como un enjullo de un telar, y el hierro de su lanza tenía seiscientos siclos de hierro, y su escudero iba delante de él. Y paróse, y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué salís a dar batalla? ¿No soy yo el Filisteo, y vosotros los siervos de Saul? Escogéd un varón de vosotros que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos. Y si yo pudiere más que él, y le venciere, vosotros seréis nuestros siervos, y nos serviréis. Y añadió el Filisteo: Yo he deshonrado hoy el campo de Israel: dádme varón que pelee conmigo. Y oyendo Saul y todo Israel estas palabras del Filisteo, fueron espantados, y hubieron gran miedo. Y David era hijo de un varón Éufrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos: y era este hombre en el tiempo de Saul viejo, y de grande edad entre los hombres. Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido a seguir a Saul en la guerra. Y los nombres de sus tres hijos, que habían ido a la guerra eran, Eliab el primogénito: el segundo Abinadab: y el tercero Samma. ¶ Y David era el menor. Y habiendo ido los tres mayores tras Saul, David había ido y vuelto de con Saul, para apacentar las ovejas de su padre en Belén. Venía pues aquel Filisteo por la mañana y a la tarde, y presentábase por cuarenta días. E Isaí dijo a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de esta cebada tostada, y estos diez panes, y llévalo presto al campo a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche llevarás al capitán, y vé a ver a tus hermanos, si están buenos, y tomarás prendas de ellos. Y Saul, y ellos, y todos los de Israel estaban al valle del Alcornoque peleando con los Filisteos. Y David se levantó de mañana, y dejando las ovejas a la guarda, cargóse y fuése, como Isaí le mandó: y vino a la trinchera al ejército, el cual había salido a la ordenanza, y ya tocaban alarma en batalla. Porque así los Israelitas como los Filisteos estaban en ordenanza, escuadrón contra escuadrón. Y David dejó la carga de sobre sí en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al escuadrón, y como llegó, preguntaba por sus hermanos, si estaban buenos. Y estando él hablando con ellos, he aquí aquel varón que se ponía en medio de los dos campos, que se llamaba Goliat, Filisteo de Get, que subía de los escuadrones de los Filisteos, hablando las mismas palabras, las cuales David oyó. Y todos los varones de Israel que veían aquel varón, huían delante de él, y tenían gran temor. Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto a aquel varón que sube? él sube para deshonrar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá de grandes riquezas, y le dará su hija, y hará franca la casa de su padre en Israel. Entonces habló David a los que estaban a par de él, diciendo: ¿Qué harán a aquel varón que venciere a este Filisteo, y quitare la deshonra de Israel? Porque ¿quién es este Filisteo incircunciso, para que deshonre los escuadrones del Dios viviente? Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al tal varón que le venciere. Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos varones, Eliab se encendió en ira contra David, y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido. Y David respondió: ¿Qué he hecho ahora? ¿Estas, no son palabras? Y apartándose de él hacia otros, habló lo mismo, y respondiéronle los del pueblo como primero.
Morning Prayer — First Lesson
1 Kings 1
Como el rey David se hizo viejo, y entrado en días, cubríanle de vestidos, mas no se calentaba. Y dijéronle sus siervos: Busquen a mi señor el rey una moza virgen, que esté delante del rey, y le caliente, y duerma en su seno, y calentará a mi señor el rey. Y buscaron una moza hermosa por todo el término de Israel, y hallaron a Abisag Sunamita, y trajéronla al rey. Y la moza era muy hermosa, la cual calentaba al rey, y le servía; mas el rey nunca la conoció. ¶ Entonces Adonías, hijo de Hagit, se levantó, diciendo: Yo reinaré. E hízose hacer carros y gente de a caballo, y cincuenta varones que corriesen delante de él. Y su padre nunca le entristeció en todos sus días para decirle: ¿Por qué haces así? Y también este era de hermoso parecer: y habíale engendrado después de Absalom. Y tenía tratos con Joab, hijo de Sarvia, y con Abiatar el sacerdote, los cuales ayudaban a Adonías. Mas Sadoc el sacerdote, y Banaías, hijo de Joiada, y Natán profeta, y Semeí, y Reihi, y todos los grandes de David no seguían a Adonías. Y sacrificó Adonías ovejas y vacas, y animales engordados, junto a la peña de Zohelet, que está cerca de la fuente de Rogel, y convidó a todos sus hermanos los hijos del rey, y a todos los varones de Judá, siervos del rey. Mas a Natán profeta, ni a Banaías, ni a los grandes, ni a Salomón su hermano, no convidó. Y habló Natán a Bersabée madre de Salomón, diciendo: ¿No has oído que reina Adonías hijo de Hagit, sin saberlo nuestro señor David? Ven pues ahora, y toma mi consejo, para que guardes tu vida, y la vida de tu hijo Salomón. Vé, y entra al rey David, y díle: ¿Rey, señor mío, no has tú jurado a tu sierva, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono? ¿Por qué pues reina Adonías? Y estando tú aun hablando con el rey, yo entraré tras ti, y acabaré tus razones. Entonces Bersabée entró al rey a la cámara, y el rey era muy viejo; y Abisag Sunamita servía al rey. Y Bersabée se inclinó, e hizo reverencia al rey, y el rey dijo: ¿Qué tienes? Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono. Y, he aquí que ahora Adonías reina; y ahora tú, rey mi señor, no lo supiste. Ha sacrificado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas; y ha convidado a todos los hijos del rey, y a Abiatar el sacerdote, y a Joab general del ejército; mas a Salomón tu siervo no ha convidado. Rey, señor mío, los ojos de todo Israel están sobre ti, para que les declares, quién se ha de asentar sobre el trono de mi señor el rey, después de él. Y acontecerá que cuando mi señor el rey durmiere con sus padres, que yo y mi hijo Salomón seremos tratados como pecadores. Y estando aun hablando ella con el rey, he aquí Natán profeta que vino. E hicieron saber al rey, diciendo: He aquí está Natán profeta: el cual como entró al rey postróse delante del rey, inclinando su rostro a tierra. Y dijo Natán: Rey señor mío, ¿has tú dicho: Adonías reinará después de mí, y él se asentará sobre mi trono? Porque hoy ha descendido, y ha sacrificado bueyes, y animales engordados, y muchas ovejas; y ha convidado a todos los hijos del rey, y a los capitanes del ejército, y también a Abiatar sacerdote, y, he aquí, están comiendo y bebiendo delante de él, y han dicho: Viva el rey Adonías. Mas ni a mí tu siervo, ni a Sadoc el sacerdote, ni a Banaías, hijo de Joiada, ni a Salomón tu siervo ha convidado. ¿Este negocio es mandado por mi señor el rey, sin haber declarado a tu siervo quién se había de sentar sobre el trono de mi señor el rey después de él? Entonces el rey David respondió, y dijo: Llamádme a Bersabée: y ella entró delante del rey, y púsose delante del rey. Y el rey juró, diciendo: Vive Jehová, que ha redimido mi alma de toda angustia, Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: Tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se asentará en mi trono en mi lugar, que así lo haré hoy. Entonces Bersabée se inclinó al rey su rostro a tierra, e inclinándose al rey dijo: Viva mi señor el rey David para siempre. Y el rey David dijo: Llamádme a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Banaías, hijo de Joiada. Y ellos entraron delante del rey. Y el rey les dijo: Tomád con vosotros los siervos de vuestro señor, y hacéd subir a Salomón mi hijo en mi mula, y llevádle a Gijón. Y allí le ungirán Sadoc sacerdote y Natán profeta por rey sobre Israel: y tocaréis trompeta, diciendo: Viva el rey Salomón. Y vosotros iréis detrás de él; y vendrá, y asentarse ha en mi trono, y él reinará por mí: porque a él he mandado, que sea príncipe sobre Israel y sobre Judá. Entonces Banaías, hijo de Joiada, respondió al rey, y dijo: Amén. Así lo diga Jehová, Dios de mi señor el rey. De la manera que Jehová ha sido con mi señor el rey, así sea con Salomón: y él haga mayor su trono, que el trono de mi señor el rey David. Y descendió Sadoc sacerdote, y Natán profeta, y Banaías, hijo de Joiada, y los Cereteos, y los Feleteos, e hicieron subir a Salomón sobre la mula del rey David, y lleváronle a Gijón. Y tomando Sadoc sacerdote el cuerno del aceite del tabernáculo, ungió a Salomón: y tocaron trompeta, y dijeron todo el pueblo: Viva el rey Salomón. Y todo el pueblo subió en pos de él, y cantaba el pueblo con flautas, y hacían grandes alegrías que parecía que la tierra se abría con el clamor de ellos. ¶ Y oyólo Adonías, y todos los convidados que con él estaban, que ya habían acabado de comer, y oyendo Joab el sonido de la trompeta, dijo: ¿Por qué se alborota la ciudad con estruendo? Estando aun él hablando, he aquí Jonatán, hijo de Abiatar sacerdote, vino, al cual dijo Adonías: Entra, porque tú hombre eres de esfuerzo, y traerás buenas nuevas. Y Jonatán respondió, y dijo a Adonías: Ciertamente nuestro señor el rey David ha hecho rey a Salomón. Y el rey ha enviado con él a Sadoc sacerdote, y a Natán profeta, y a Banaías, hijo de Joiada, y también a los Cereteos, y a los Feleteos, los cuales le hicieron subir en la mula del rey: Y Sadoc sacerdote y Natán profeta le han ungido en Gijón, por rey: y de allá han subido con alegrías, y la ciudad esta llena de estruendo; y este es el alboroto que habéis oído. Y también Salomón se ha asentado sobre el trono del reino. Y aun los siervos del rey han venido a bendecir a nuestro señor el rey David, diciendo: Dios haga bueno el nombre de Salomón más que tu nombre: y haga mayor su trono que el tuyo. Y el rey se inclinó sobre la cama. Y aun el rey habló así: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que ha dado hoy quien se asiente en mi trono viéndolo mis ojos. Ellos entonces se estremecieron, y levantáronse todos los convidados que estaban con Adonías, y se fue cada uno por su camino. Mas Adonías temiendo de la presencia de Salomón, levantóse, y fuése, y tomó los cuernos del altar. Y fue hecho saber a Salomón, diciendo: He aquí que Adonías tiene miedo del rey Salomón: porque ha tomado los cuernos del altar, diciendo: Júreme hoy el rey Salomón, que no matará a cuchillo a su siervo. Y Salomón dijo: Si él fuere virtuoso, ni uno de sus cabellos caerá en tierra: mas si se hallare mal en él, morirá. Y así envió el rey Salomón, y trajéronle del altar: y él vino, e inclinóse al rey Salomón. Y Salomón le dijo: Vete a tu casa.
Epistle
1 Corinthians 1:17-25
Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio: no en sabiduría de palabra, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo. Porque la predicación de la cruz a la verdad, insensatez es para los que se pierden; mas para los que se salvan, es a saber, para nosotros, poder de Dios es. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y la inteligencia de los entendidos haré venir a la nada. ¿En dónde está el sabio? ¿En dónde el escriba? ¿En dónde el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo? Porque por no haber el mundo conocido, en la sabiduría de Dios, a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar los creyentes por la insensatez de la predicación. Porque los Judíos piden señales, y los Griegos buscan sabiduría; Mas nosotros predicamos a Cristo crucificado, que es a los Judíos ciertamente tropezadero, y a los Griegos insensatez: Empero a los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque la insensatez de Dios es más sabia que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres.
First Reading
Job 41
¿Sacarás tú al Leviatán con el anzuelo; y con la cuerda que le echares en su lengua? ¿Pondrás tú garfio en sus narices; y horadarás tú con espina su quijada? ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿hablarte ha él a ti lisonjas? ¿Hará concierto contigo para que le tomes por siervo perpetuo? ¿Jugarás tú con él, como con pájaro? ¿y atarle has para tus niñas? ¿Harán banquete por causa de él los compañeros? ¿partirle han entre los mercaderes? ¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, y con francado de pescadores su cabeza? Pon tu mano sobre él: acordarte has de la batalla, y nunca más tornarás. He aquí que tu esperanza será burlada; por que aun a su sola vista se desmayarán. Nadie hay tan osado que le despierte: ¿quién pues podrá estar delante de mí? ¿Quién me previno para que yo se lo agradezca? todo lo que está debajo del cielo es mío. Y no callaré sus miembros, y la cosa de sus fuerzas, y la gracia de su disposición. ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿quién se llegará a él con freno doble? ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los ordenes de sus dientes espantan. La gloria de su vestido es escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente. El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos. El uno está pegado con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar. Con sus estornudos enciende lumbre; y sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen hachas de fuego, y proceden centellas de fuego. De sus narices sale humo, como de una olla, o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama. En su cerviz mora la fortaleza, y delante de él es deshecho el trabajo. Las partes de su carne están pegadas entre sí: está firme su carne en él, y no se mueve. Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de debajo. De su grandeza tienen temor los fuertes, y de sus desmayos se purgan. Cuando alguno le alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete, durará contra él. El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido. Saeta no le hace huir: las piedras de honda se le tornan armas. Toda arma tiene por hojarascas, y del blandeamiento de la pica se burla, Por debajo tiene agudas conchas: imprime su agudez en el suelo. Hace hervir como una olla la profunda mar; y tórnala como una olla de ungüento. En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que la mar es cana. No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer. Menosprecia toda cosa alta, es rey sobre todos los soberbios.
Morning Prayer — Second Lesson
Acts 25
Festo pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesarea a Jerusalem. Y comparecieron delante de él el sumo sacerdote, y los principales de los Judíos contra Pablo, y le rogaron, Pidiendo favor contra él, que le hiciese traer a Jerusalem, poniéndole asechanzas para matarle en el camino. Mas Festo respondió que Pablo estuviese guardado en Cesarea, y que él se partiría presto. Los que de vosotros pueden, dijo, desciendan conmigo, y si hay algún crímen en este varón, acúsenle. Y deteniéndose entre ellos no más de diez días, venido a Cesarea, el siguiente día se asentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído. El cual venido, le rodearon los Judíos que habían venido de Jerusalem, alegando contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar, Contestando Pablo por sí: Que ni contra la ley de los Judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en algo. ¶ Mas Festo, queriendo congraciarse con los Judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalem, y ser juzgado allá de estas cosas delante de mí? Y Pablo dijo: Ante el tribunal de César estoy, donde debo ser juzgado. A los Judíos no he hecho agravio alguno, como tú sabes muy bien. Porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso de morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie me puede entregar a ellos: a César apelo. Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado? a César irás. ¶ Y pasados algunos días, el rey Agripa y Berenice vinieron a Cesarea a saludar a Festo. Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró al rey la causa de Pablo, diciendo: Un varón ha sido dejado preso por Félix, Por el cual, cuando vine a Jerusalem, comparecieron ante mí los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los Judíos pidiendo condenación contra él. A los cuales respondí, no ser costumbre de los Romanos entregar a hombre alguno a la muerte, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderse de la acusación. Así que habiendo venido juntos acá, sin ninguna dilación el día siguiente sentado en el tribunal, mandé traer al hombre. Mas estando presentes sus acusadores, ningún crímen le opusieron de los que yo sospechaba. Sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su superstición, y de un cierto Jesús difunto, el cual Pablo afirmaba vivir. Y yo dudando en cuestión semejante, le dije, si quería ir a Jerusalem, y allá ser juzgado de estas cosas. Mas apelando Pablo a ser guardado para el juicio de Augusto, mandé que le guardasen, hasta que le envíe a César. Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también querría oír a ese hombre. Y él dijo: Mañana le oirás. Y al otro día viniendo Agripa y Berenice con mucho aparato, y entrado en el auditorio con los tribunos, y los varones más principales de la ciudad, mandándolo Festo, fue traído Pablo. Entonces Festo dijo: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros, veis a este hombre, por el cual toda la multitud de los Judíos me ha demandado en Jerusalem, y aquí también, gritando que no conviene que viva más. Mas hallando yo que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y apelando él mismo a Augusto, he determinado de enviarle. Del cual no tengo cosa cierta que escriba a mi Señor, por lo cual le he sacado ante vosotros, y mayormente ante ti, oh rey Agripa, para que habido examen, tenga que escribir. Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de los crímenes alegados contra él.
Responsorial Psalm
Psalm 33
Cantád justos en Jehová: a los rectos es hermosa la alabanza. Celebrád a Jehová con arpa: con salterio y decacordio cantád a él. Cantád a él canción nueva: hacéd bien tañendo con júbilo. Porque derecha es la palabra de Jehová: y toda su obra con verdad. Él ama justicia y juicio: de la misericordia de Jehová está llena la tierra. Con la palabra de Jehová fueron hechos los cielos: y con el espíritu de su boca todo el ejército de ellos. El junta, como en un montón, las aguas de la mar: él pone por tesoros los abismos. Teman a Jehová toda la tierra: teman de él todos los habitadores del mundo. Porque él dijo, y fue; él mandó y estuvo. Jehová hace anular el consejo de las gentes, y él hace anular las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón, por generación y generación. Bienaventurada la gente a quien Jehová es su Dios: el pueblo a quien escogió por heredad para sí. Desde los cielos miró Jehová; vio a todos los hijos de Adam. Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra. El formó el corazón de todos ellos; él entiende todas sus obras. El rey no es salvo con la multitud del ejército; el valiente no escapa con la mucha fuerza. Vanidad es el caballo para la salud; con la multitud de su fuerza no escapa. He aquí, el ojo de Jehová sobre los que le temen; sobre los que esperan su misericordia; Para librar de la muerte a sus almas; y para darles vida en la hambre. Nuestra alma esperó a Jehová; nuestro ayudador y nuestro escudo es él. Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en su santo nombre hemos confiado. Sea tu misericordia, o! Jehová, sobre nosotros, como te hemos esperado.
Gospel
Luke 10:1-9
Y después de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, a los cuales envió de dos en dos, delante de su faz a toda ciudad y lugar a donde él había de venir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogád al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Andád, he aquí, yo os envío como a corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie saludéis en el camino. En cualquier casa donde entrareis, primeramente decíd: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posád en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa. Y en cualquier ciudad donde entrareis, y os recibieren, coméd lo que os pusieren delante; Y sanád los enfermos que en ella hubiere, y decídles: Se ha allegado a vosotros el reino de Dios.
Responsorial Psalm
Psalm 109
¡O Dios de mi alabanza! no calles: Porque boca de impío, y boca de engañador se han abierto sobre mí: han hablado de mí con lengua mentirosa. Y con palabras de odio me rodearon; y pelearon contra mí sin causa. En pago de mi amor me han sido adversarios; y yo, hacía oración. Y pusieron contra mí mal por bien; y odio por mi amor. Pon sobre él al impío, y Satanás esté a su diestra. Cuando fuere juzgado, salga por impío, y su oración sea para pecado. Sean sus días pocos: tome otro su oficio. Sean sus hijos huérfanos; y su mujer viuda. Y anden sus hijos vagabundos, y mendiguen; y procuren de sus desiertos. Enrede el acreedor todo lo que tiene; y extraños saqueen su trabajo. No tenga quien le haga misericordia; ni haya quien tenga compasión de sus huérfanos. Su posteridad sea talada: en segunda generación sea raído su nombre. Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de sus padres; y el pecado de su madre no sea raído. Estén delante de Jehová siempre; y él corte de la tierra su memoria. Por cuanto no se acordó de hacer misericordia; y persiguió al varón afligido, y menesteroso, y quebrantado de corazón, para matarle. Y amó la maldición, y vínole; y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. Y vistióse de maldición como de su vestido; y entró como agua en sus entrañas, y como aceite en sus huesos. Séale como vestido con que se cubra; y en lugar de cinto con que siempre se ciña. Este sea el salario, de parte de Jehová, de los que me calumnían; y los que hablan mal contra mi alma. Y tú, Jehová Señor, haz conmigo por causa de tu nombre: escápame, porque tu misericordia es buena. Porque yo soy afligido y necesitado; y mi corazón está herido dentro de mí. Como la sombra cuando declina me voy; soy sacudido como langosta. Mis rodillas están enflaquecidas a causa del ayuno; y mi carne está falta de gordura. Yo he sido a ellos oprobio: mirábanme, y meneaban su cabeza. Ayúdame, Jehová Dios mío: sálvame conforme a tu misericordia; Y entiendan que esta es tu mano; que tú, Jehová, has hecho esto. Maldigan ellos, y bendigas tú; levántense, mas sean avergonzados: y tu siervo sea alegrado. Sean vestidos de vergüenza los que me calumnían; y sean cubiertos como de manto de su confusión. Yo alabaré a Jehová en gran manera con mi boca; y en medio de muchos le loaré: Porque él se pondrá a la diestra del pobre; para librar su alma de los que juzgan.
Responsorial Psalm
Psalm 118
Alabád a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia. Diga ahora Israel: Que para siempre es su misericordia. Digan ahora la casa de Aarón: Que para siempre es su misericordia. Digan ahora los que temen a Jehová: Que para siempre es su misericordia. Desde la angustia llamé a Jehová; y Jehová me respondió con anchura. Jehová es por mí: no temeré lo que me haga el hombre. Jehová es por mí entre los que me ayudan: por tanto yo veré venganza en los que me aborrecen. Mejor es esperar en Jehová, que esperar en hombre. Mejor es esperar en Jehová, que esperar en príncipes. Todas las gentes me cercaron: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Cercáronme, y tornáronme a cercar: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Cercáronme como abejas, fueron apagados como fuego de espinos: en nombre de Jehová, que yo los talaré. Rempujando me rempujaste para que cayese: mas Jehová me ayudó. Mi fortaleza y mi canción es Jehová; y él me ha sido por salud. Voz de jubilación y de salud hay en las tiendas de los justos: la diestra de Jehová hace valentías. La diestra de Jehová sublime: la diestra de Jehová hace valentías. No moriré, mas viviré; y contaré las obras de Jehová. Castigando me castigó Jehová: mas no me entregó a la muerte. Abrídme las puertas de la justicia: entraré por ellas, alabaré a Jehová. Esta puerta de Jehová, los justos entrarán por ella. Alabarte he; porque me oíste; y me fuiste por salud. ¶ La piedra que desecharon los edificadores, ha sido por cabeza de esquina. De parte de Jehová es esto, y es maravilla en nuestros ojos. Este es el día que hizo Jehová: gozarnos hemos y alegrarnos hemos en él. Ruégote, o! Jehová, salva ahora: ruégote, o! Jehová, haz ahora prosperar. Bendito el que viene en nombre de Jehová: os bendecimos desde la casa de Jehová. Dios es Jehová, que nos ha resplandecido: atád víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. Dios mío eres tú, y a ti alabaré: Dios mío, a ti ensalzaré. Alabád a Jehová, porque es bueno; porque para siempre es su misericordia.
Responsorial Psalm
Psalm 113
Alabád siervos de Jehová, alabád el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito desde ahora y hasta siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, sea alabado el nombre de Jehová. Alto sobre todas las naciones es Jehová: sobre los cielos es su gloria. ¿Quién como Jehová nuestro Dios, que ha enaltecido su habitación? Que se abaja para ver en el cielo, y en la tierra: Que levanta del polvo al pobre; y al menesteroso alza del estiércol: Para hacerle sentar con los príncipes, con los príncipes de su pueblo. Que hace habitar en familia a la estéril, tornándola madre de hijos alegre. Alelu-Jah.
Evening Prayer — First Lesson
1 Kings 3
Y Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, porque tomó por mujer la hija de Faraón, y trájola en la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalem al derredor. Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los altos; porque aun no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos. Mas Salomón amó a Jehová andando en la institución de su padre David, solamente sacrificaba, y quemaba olores en altos. E iba el rey a Gabaón, porque aquel era el alto principal, y sacrificaba allí: mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar. ¶ Y aparecióse Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y dijo Dios: Pide lo que quisieres, que yo te dé. Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, de la manera que él anduvo delante de ti con verdad, con justicia, y con rectitud de corazón para contigo: y tú le has guardado esta tu grande misericordia, que le diste un hijo que se asentase en su trono, como parece en este día. Ahora pues, Jehová Dios mío, tú has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre: y yo soy mozo pequeño, que ni sé entrar, ni salir: Y tu siervo está en medio de tu pueblo, al cual tú elegiste: un pueblo grande, que ni se puede contar, ni numerar por su multitud. Da pues a tu siervo corazón dócil para juzgar a tu pueblo: para entender entre lo bueno y lo malo: porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante de Adonaí, que Salomón pidiese esto. Y díjole Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, mas demandaste para ti inteligencia para oír juicio: He aquí, yo lo he hecho conforme a tus palabras: he aquí que yo te he dado corazón sabio y entendido tanto, que no haya habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levante otro como tú. Y aun también las cosas que no pediste, te he dado: riquezas y gloria, que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días. Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como tu padre David anduvo, yo alargaré tus días. Y como Salomón despertó, vio que era sueño: y vino a Jerusalem, y presentóse delante del arca del concierto de Jehová, y sacrificó holocaustos, e hizo pacíficos: e hizo banquete a todos sus siervos. ¶ En aquella sazón vinieron dos mujeres rameras al rey, y presentáronse delante de él. Y dijo la una mujer: ¡Ay! señor mío, yo y esta mujer morábamos en una misma casa: y yo parí en casa con ella. Y aconteció, que al tercero día después que yo parí, esta parió también: y morábamos nosotras ambas, que ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en una casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y esta se levantó a media noche, y tomóme mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y púsole a su lado, y púsome a mi lado su hijo muerto. Y como yo me levanté por la mañana para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto. Y yo le miré por la mañana, y, he aquí que no era mi hijo, que yo había parido. Entonces la otra mujer dijo: No: mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No: tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y de esta manera hablaban delante del rey. El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Entonces dijo el rey: Traédme una espada: y trajeron al rey una espada. Y el rey dijo: Partíd por medio el niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces aquella mujer cuyo era el hijo vivo, dijo al rey (porque sus entrañas se le encendieron por su hijo, y dijo): ¡Ay! señor mío, dad a esta el niño vivo, no le matéis. Y la otra dijo: Ni a mí, ni a ti, sino partídle. Entonces el rey respondió, y dijo: Dad a esta el hijo vivo, y no le matéis: ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio, que había juzgado el rey, y hubieron temor del rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.
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Philippians 4
Por lo cual, hermanos míos, amados y deseados, mi gozo y mi corona, estád así firmes en el Señor, amados míos. A Euodias ruego, y ruego a Sintique, que tengan unos mismos sentimientos en el Señor. Asimismo te ruego también a ti, fiel compañero de yugo, ayuda a aquellas mujeres que combatieron juntamente conmigo por el evangelio, con Clemente también, y los demás mis ayudadores, cuyos nombres están en el libro de la vida: Regocijáos en el Señor siempre: otra vez digo, que os regocijéis. Vuestra modestia sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. De nada estéis solícitos; sino que en todo dénse a conocer vuestras peticiones delante de Dios por la oración, y el ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús. En fin, hermanos, que todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo santo, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre: si hay alguna virtud, y si hay alguna alabanza, pensád en las tales cosas. Lo que aprendisteis, y recibisteis, y oísteis, y visteis en mí, esto hacéd; y el Dios de paz será con vosotros. ¶ Empero en gran manera me regocijé en el Señor, de que al fin ya reverdecisteis en tener cuidado de mí, de lo cual en verdad estabais solícitos; mas os faltaba la oportunidad. No es que hablo en cuanto a necesidad; porque yo he aprendido a contentarme con lo que tuviere. Sé tan bien estar humillado, como sé tener abundancia; donde quiera y en todas cosas soy instruido así para estar harto como para sufrir hambre, lo mismo para tener abundancia como para padecer necesidad: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Todavía, hicisteis bien en que comunicasteis conmigo en mi tribulación. Ya sabéis también vosotros, oh Filipenses, que al principio del evangelio, cuando me partí de Macedonia, ninguna iglesia comunicó conmigo en materia de dar y de recibir, sino vosotros solos; Porque aun estando yo en Tesalónica, me enviasteis lo necesario una y dos veces. No que yo solicite dádivas, mas solicito fruto que abunde para vuestra cuenta. Empero todo lo tengo, y aun más de lo suficiente: estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor de suavidad, sacrificio acepto y agradable a Dios. Y mi Dios suplirá todo lo que os falta, conforme a sus riquezas, en gloria por Cristo Jesús. Al Dios, pues, y Padre nuestro sea gloria por siglos de siglos. Amén. Saludád a todos los santos en Cristo Jesús: os saludan los hermanos que están conmigo. Os saludan todos los santos; y mayormente los que son de casa de César. La gracia del Señor nuestro Jesu Cristo sea con todos vosotros. Amén. ¶ Escrita de Roma a los Filipenses por Epafrodito.
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I John 5
Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y cualquiera que ama al que ha engendrado, ama también al que es engendrado de él. En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Porque éste es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son graves. Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, es a saber, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesu Cristo, que vino por agua y sangre: no por agua solamente, sino por agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. También son tres los que dan testimonio en la tierra, el espíritu, y el agua, y la sangre; y estos tres son uno. Si recibimos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios es mayor; porque éste es el testimonio de Dios, que ha testificado de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios, ha hecho mentiroso a Dios; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y éste es el testimonio, es a saber, que Dios nos ha dado vida eterna, y que esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene vida. Yo he escrito estas cosas a vosotros que creeis en el nombre del Hijo de Dios; para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que demandáremos, también sabemos que tenemos las peticiones que le hubiéremos demandado. Si alguno viere pecar a su hermano pecado que no es de muerte, demandará a Dios, y él le dará vida; digo a los que pecan no de muerte. Hay pecado de muerte: por el cual yo no digo que ruegues. Toda iniquidad es pecado; empero hay pecado que no es de muerte. Bien sabemos que cualquiera que es nacido de Dios, no peca; mas el que es engendrado de Dios, se guarda a sí mismo, y el maligno no le toca. Sabido tenemos que somos de Dios, y todo el mundo está puesto en el maligno. Empero sabemos que el Hijo de Dios es venido, y nos ha dado entendimiento, para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesu Cristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna. Hijitos, guardáos de los ídolos. Amén.
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1 Timothy 3:1-13
Palabra verdadera es esta: Si alguno apetece obispado, obra excelente desea. Es necesario, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, vigilante, templado, de buenas costumbres, hospedador, apto para enseñar, No amador del vino, no heridor, no codicioso de ganancias torpes, mas moderado, no pendenciero, ajeno de avaricia: Que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad; Porque el que no sabe gobernar su casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? No neófito, porque hinchándose de orgullo, no caiga en condenación del diablo. Y conviene que tenga también testimonio de los de afuera; porque no caiga en vituperio, y en lazo del diablo. ¶ Los diáconos asimismo sean honestos, no de dos lenguas, no dados a mucho vino, no amadores de torpes ganancias: Que tengan el misterio de la fe con limpia conciencia. Y estos también sean antes probados; y así ministren, si fueren hallados irreprensibles. Asimismo sus mujeres sean honestas, no detractoras, templadas, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, que gobiernen bien sus hijos, y sus casas. Porque los que ejercieren bien el oficio de diácono, ganan para sí un buen grado, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús.
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1 John 3:1-10
Mirád cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Amados míos, ahora somos nosotros los hijos de Dios, y aun no es manifestado lo que hemos de ser: empero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él; porque le veremos como él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro. Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; porque el pecado es la transgresión de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca: cualquiera que peca, no le ha visto, y no le ha conocido. Hijitos, ninguno os engañe: el que hace justicia es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado; porque su simiente mora en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.
Gospel
Matthew 8
Y como descendió Jesús del monte, seguíanle grandes multitudes. Y, he aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fue limpiada. Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste. ¶ Y entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, Y diciendo: Señor, mi criado está echado en casa paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo vendré, y le sanaré. Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techumbre; mas solamente di con la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre debajo de potestad; y tengo debajo de mi potestad soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Y oyéndolo Jesús, se maravilló; y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y yo os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se asentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos; Mas los hijos del reino serán echados en las tinieblas de afuera: allí será el llanto, y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Vé, y como creíste, así sea hecho contigo. Y su criado fue sano en el mismo momento. ¶ Y vino Jesús a casa de Pedro, y vio a su suegra echada en la cama, y con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. Y como fue ya tarde, trajeron a él muchos endemoniados, y echó de ellos los demonios con su palabra, y sanó todos los enfermos; Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: El tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. ¶ Y viendo Jesús grandes multitudes al rededor de sí, mandó que se fuesen a la otra parte del lago. Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, seguirte he donde quiera que fueres. Y Jesús le dijo: Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recostar su cabeza. Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre a mi padre. Y Jesús le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos. ¶ Y entrando él en una nave, sus discípulos le siguieron. Y, he aquí, fue hecho en la mar un gran movimiento, de manera que la nave se cubría de las ondas; y él dormía. Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos. Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces levantado reprendió a los vientos y a la mar; y fue grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y la mar le obedecen? ¶ Y como él llegó a la otra parte en el territorio de los Gergesenos; le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, así que nadie podía pasar por aquel camino. Y, he aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido ya acá a molestarnos antes de tiempo? Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo. Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos que vayamos en aquel hato de puercos. Y él les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron al hato de los puercos; y, he aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y murieron en las aguas. Y los porqueros huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados. Y, he aquí, toda la ciudad salió a encontrar a Jesús; y cuando le vieron, le rogaban que se fuese de sus términos.
Evening Prayer — Second Lesson
1 John 4
Amados, no creáis a todo espíritu; sino probád los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo. En esto se conoce el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesu Cristo es venido en carne, es de Dios; Y todo espíritu que no confiesa que Jesu Cristo es venido en carne, no es de Dios; y este tal espíritu es espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque el que en vosotros está, es mayor que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios: el que conoce a Dios, es nuestro escuchador: el que no es de Dios, no nos presta oídos. Por esto conocemos el espíritu de verdad, y el espíritu de error. Carísimos, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Y cualquiera que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios en nosotros, en que Dios envió su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor, no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para ser propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha así amado, debemos también nosotros amarnos los unos a los otros. Ninguno vio jamás a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros. En esto conocemos que moramos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto, y testificamos que el Padre ha enviado a su Hijo para ser Salvador del mundo. Cualquiera que confesare que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido, y creído el amor que Dios tiene por nosotros. Dios es amor; y el que mora en amor mora en Dios, y Dios en él. En esto es perfecto el amor con nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, que cual él es, tales somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor tiene castigo. De donde el que teme, no es perfecto en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él primero nos amó. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios, que no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: Que el que ama a Dios, ame también a su hermano.
Gospel
Luke 5:1-11
Y aconteció, que estando él junto al lago de Genesaret, la multitud se derribaba sobre él por oír la palabra de Dios. Y vio dos naves que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrado en una de estas naves, la cual era de Simón, le rogó que la desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la nave al pueblo. ¶ Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Entra en alta mar, y echád vuestras redes para pescar. Y respondiendo Simón, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron tan gran multitud de peces, que su red se rompía. E hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra nave, que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas naves de tal manera que se anegaban. Lo cual viendo Simón Pedro, se derribó a las rodillas de Jesús, diciendo: Sálte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador. Porque temor le había rodeado, y a todos los que estaban con él, a causa de la presa de los peces que habían tomado: Y asimismo a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora tomarás hombres. Y como llegaron a tierra las naves, dejándolo todo, le siguieron.
Gospel
John 4:39-42
Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Me dijo todo cuanto he hecho. Mas viniendo los Samaritanos a él, le rogaron que se quedase allí; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él. Y decían a la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos le hemos oído; y sabemos, que verdaderamente éste es el Cristo, el Salvador del mundo.
Gospel
Matthew 13
Y aquel día, saliendo Jesús de casa, se sentó junto a la mar. Y se allegaron a él grandes multitudes; y entrándose él en una nave, se sentó, y toda la multitud estaba en la ribera. Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el que sembraba salió a sembrar. Y sembrando, parte de la simiente cayó junto al camino, y vinieron las aves, y la comieron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y nació luego, porque no tenía tierra profunda: Mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque no tenía raíz. Y parte cayó entre espinas, y las espinas crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto; uno de a ciento, y otro de a sesenta, y otro de a treinta. Quien tiene oídos para oír, oiga. Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas a ellos no es concedido. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo está engrosado, y de los oídos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan; para que no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y del corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane. Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron. Oíd pues vosotros la parábola del que siembra. Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndola, viene el Malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. Mas no tiene raíz en sí, antes es temporal; porque venida la aflicción o la persecución por la palabra, luego se ofende. Y el que fue sembrado en espinas, éste es el que oye la palabra; mas la congoja de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y viene a quedar sin fruto. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, el que también da el fruto; y lleva uno a ciento, y otro a sesenta, y otro a treinta. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que siembra buena simiente en su campo. Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y como la yerba salió, e hizo fruto, entonces la cizaña apareció también. Y llegándose los siervos del padre de familias, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿Pues de donde tiene cizaña? Y él les dijo: Algún enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Pues quieres que vayamos, y la cojamos? Y él dijo: No; porque cogiendo la cizaña, no arranquéis también con ella el trigo. Dejád crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Cogéd primero la cizaña, y atádla en manojos para quemarla; mas el trigo allegádlo en mi alfolí. ¶ Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: El cual a la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de todas las hortalizas; y se hace árbol, que vienen las aves del cielo, y hacen nidos en sus ramas. ¶ Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina, hasta que todo se leude. Todo esto habló Jesús por parábolas a la multitud; y nada les habló sin parábolas; Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca: rebosaré cosas escondidas desde la fundación del mundo. ¶ Entonces, enviadas las multitudes, Jesús se vino a casa; y llegándose a él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la cizaña del campo. Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre. El campo es el mundo; la buena simiente son los hijos del reino; y la cizaña son los hijos del Malo; El enemigo que la sembró, es el diablo; la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. De manera que como es cogida la cizaña, y quemada a fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los estorbos, y los que hacen iniquidad; Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga. ¶ También el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en un campo, el cual hallado, el hombre lo encubre; y de gozo de él, va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Asimismo el reino de los cielos es semejante a un hombre tratante, que busca buenas perlas: Que hallando una preciosa perla, fue, y vendió todo lo que tenía, y la compró. ¶ También el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en la mar, coge de todas suertes: La cual siendo llena, la sacaron a la orilla; y sentados cogieron lo bueno en vasijas, y lo malo echaron fuera. Así será en el fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. Díceles Jesús: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Si, Señor. Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. ¶ Y aconteció que acabando Jesús estas parábolas, pasó de allí. Y venido a su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban fuera de sí, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría, y estas maravillas? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y sus hermanos, Santiago, y Joses, y Simón, y Júdas? ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene éste todo esto? Y se escandalizaban en él; mas Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos.
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